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Revista mexicana de sociología

versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503

Rev. Mex. Sociol vol.68 no.4 México oct./dic. 2006

 

Artículos

 

Desarrollo humano, bienestar subjetivo y democracia: confirmaciones, sorpresas e interrogantes

 

Human Development Subjective Well-Being and Democracy: Confirmations, Surprises and Questions

 

Benjamín Temkin* y José del Tronco**

 

* Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Columbia. Profesor-investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México. Temas de especialización: sociología política y psicología política. Dirección: Carretera al Ajusco núm. 377, col. Héroes de Padierna, C.P 14200, Delegación Tlalpan, México, D. F. Teléfono: 3000 0200, fax: 3000 0284; Correo electrónico: temkin@flacso.edu.mx.

** Maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México, y candidato a doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Temas de especialización: evaluación de políticas públicas con perspectiva de género, comportamiento político. Dirección: carretera al Ajusco núm. 377, Col. Héroes de Padierna, C.P. 14200, Delegación Tlalpan, México, D. F. Teléfono: 3000 0200; fax: 3000 0284; Correo electrónico: jdeltronco@hotmail.com.

 

Recibido: 8 de diciembre de 2005.
Aceptado: 5 de septiembre de 2006
.

 

Resumen

Este trabajo analiza la relación entre el bienestar y la valoración de la democracia a nivel mundial, destacando la importancia tanto de la dimensión objetiva como de la subjetiva del bienestar. Como resultado del análisis, se sostiene que la valoración ciudadana de la democracia será mayor en aquellos países donde la diferencia entre el desarrollo humano y el bienestar subjetivo sea menor; es decir, donde las condiciones "objetivas" no resulten muy alejadas del grado de satisfacción con la vida y de felicidad de los ciudadanos.

Palabras clave: democracia, bienestar subjetivo, desarrollo humano, cultura cívica, desempeño económico.

 

Abstract

This article analyzes the relationship between well-being and the assessment of democracy worldwide, highlighting the importance of both the objective and subjective dimensions of well-being. As a result of the analysis, civic assessment of democracy is expected to be higher in countries where the difference between human development and subjective well-being is lower; in other words, where "objective" conditions are not that far from the degree of satisfaction with citizens' life and happiness.

Key words: democracy, subjective well-being, human development, civic culture, economic performance.

 

INTRODUCCIÓN

Durante las últimas tres décadas, una oleada democratizadora relativamente universal ha venido cubriendo los distintos sistemas políticos a lo largo y ancho de las diversas regiones geográficas y culturales a nivel mundial. Si bien existen interesantes excepciones a esta tendencia, dicho fenómeno ha despertado el interés de la comunidad académica especializada por explicar los diversos factores asociados, no sólo al origen y permanencia de los nuevos regímenes democráticos, sino a los efectos producidos por esta nueva institucionalidad sobre el bienestar de las poblaciones nacionales donde ella se ha establecido.

En relación con las distintas estrategias metodológicas para medir el bienestar de las poblaciones (nacionales, regionales y/o locales), e independientemente de las innumerables controversias suscitadas en distintos campos de las ciencias sociales respecto de conceptos tales como calidad de vida, satisfacción vital, bienestar o felicidad, se han alcanzado, al menos, ciertos consensos: 1) el índice de desarrollo humano parece ser un indicador "objetivo" relativamente eficaz y "aceptado" para medir el nivel de bienestar de una sociedad en términos de salud, educación e ingreso; 2) el bienestar como concepto tendría, a su vez, una dimensión fundamental de carácter subjetivo; 3) este bienestar subjetivo estaría compuesto por dos facetas esenciales: una centrada en aspectos afectivo-emocionales, referidos a los estados de ánimo del sujeto —más feliz o menos feliz—, y otra enfocada hacia aspectos cognitivo-valorativos, referidos a la evaluación de qué tan satisfecho se siente un individuo con su propia vida (Cuadra y Florenzano, 2003).

Tomando en cuenta distintos indicadores relativos al bienestar objetivo y subjetivo, y vinculándolos con los hallazgos obtenidos a partir del análisis de la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey) de 2000, este trabajo intentará, desde un abordaje exploratorio, arrojar luz sobre distintas relaciones y posibles correlatos entre el bienestar objetivo y el subjetivo, la valoración de la democracia y algunas importantes variables políticas (institucionales e ideológicas) en 74 países de las diversas regiones geográficas del mundo.1

Este trabajo se plantea los siguientes objetivos: en primer lugar, analizar qué tan fuerte es la relación entre una alta valoración de la democracia y la existencia de indicadores de bienestar —ya objetivos, como un alto desarrollo humano, un elevado ingreso per cápita y una amplia extensión de las libertades individuales; ya subjetivos, como elevados niveles de felicidad y satisfacción con la vida. En segundo término, presentar cómo se agrupan los países de la muestra en relación con las variables de bienestar y democracia, y cuáles son las características comunes y divergentes entre y en el interior de los grupos y, finalmente, reflexionar acerca de los elementos objetivos o subjetivos que podrían contribuir a aumentar o disminuir la probabilidad de alcanzar una mayor valoración democrática por parte de los ciudadanos.

Retomando los consensos prevalecientes respecto de las medidas objetivas y subjetivas de bienestar, e intentando plasmarlos de acuerdo con los intereses de esta investigación, se utilizarán para el análisis dos indicadores de bienestar: el índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),2 y un índice de bienestar subjetivo3 —elaborado especialmente para este trabajo a partir de la WVS,4 y compuesto por la sensación de felicidad de la persona más el grado de satisfacción con su propia vida5—, para analizar qué tanta relación muestran ambos con los niveles de institucionalización, calidad y valoración de la democracia a nivel mundial.6

 

LAS MEDIDAS DE BIENESTAR

Desde su lanzamiento en 1990 por el PNUD, el Informe sobre Desarrollo Humano (HDR7), ha definido al desarrollo humano como un proceso de ampliación de las opciones de la gente. Estas opciones son ampliadas aumentando las capacidades y los funcionamientos de los seres humanos. Las tres capacidades esenciales para un desarrollo humano satisfactorio consisten en que la gente pueda vivir una vida larga y saludable, alcance altos niveles de instrucción, y cuente con los recursos necesarios para tener un nivel decente de vida. Si no se logran esas capacidades básicas, simplemente no se cuenta con suficientes alternativas y muchas oportunidades de realización siguen siendo inaccesibles (HDR, 1993).

Sin embargo, el ámbito del desarrollo humano parece ser más amplio del que ofrece, en principio, el índice elaborado por las Naciones Unidas. Como destaca el mismo Human Development Report (2002),

la dignidad de la persona requiere que sea libre y pueda participar en la formación y la administración de las normas e instituciones que la gobiernan. Un hombre pobre que no puede pagar la escolarización de sus hijos y tiene que hacerlos trabajar en el campo es una clara muestra de deficiencia desde el punto de vista del desarrollo humano. Una mujer pudiente y con estudios que no puede votar en las elecciones por el mero hecho de ser mujer, también lo es (p. 13).

Así, desde las oportunidades políticas, económicas y sociales para alcanzar un alto grado de creatividad y autoexpresión, pasando por la sensación de libertad individual y de confianza en los demás, hasta el respeto por sí mismos y la conciencia de pertenecer a una comunidad,8 constituyen elementos altamente valorados por las personas para vivir una vida mejor. Parafraseando a Amartya Sen, la democracia es un valor universal (1999).

En este mismo sentido, la importancia del enfoque del desarrollo humano —más allá de las críticas que ha recibido su medición a través del IDH (Kanbur, 2002; Sen, 1999; Ravallion, 1996; Sirinivasan, 1994)—, radica en su intención de plasmar la idea de que el desarrollo sólo es tal en la medida en que es resultado de la acción de los individuos y de los grupos sociales; es producto de la inclusión y de la participación, y ello es posible cuando las oportunidades de realización individual en un ámbito social están generalizadas y garantizadas por los marcos institucionales y patrones de conducta (normas y valores sociales) compartidos (PNUD, 1993).

Por su parte, el concepto de bienestar subjetivo ha adquirido una creciente importancia. De hecho, los abordajes más recientes en la medición del bienestar, particularmente en países en desarrollo, han analizado las mejoras en felicidad o satisfacción de los individuos con su vida como el objetivo más importante del desarrollo, analizando sus correlaciones con diversos factores económicos y sociales (Rojas, 2005; Harkness, 2004; Easterlin, 2003, Berkman y Glass, 2000). Es importante señalar que el bienestar subjetivo constituye un área general e interdisciplinaria de interés científico y no se reduce al análisis de las respuestas emocionales de las personas (Diener et al., 1999). El bienestar subjetivo se refiere, en efecto, a lo que las personas piensan y sienten acerca de sus vidas y a las conclusiones cognoscitivas y afectivas que ellos alcanzan cuando evalúan su existencia (Cuadra y Florenzano, 2003).

Como fue mencionado, muchos estudios han venido realizándose con el ánimo de explicar los determinantes del bienestar subjetivo, tanto a nivel mundial como local. En este caso, y dado el estrecho margen disponible, nos concentraremos en presentar algunas dimensiones adicionales de bienestar subjetivo —además de las planteadas—; en establecer sus relaciones con los indicadores objetivos del bienestar, y en indagar los posibles correlatos entre ambos tipos de bienestar y los niveles de institucionalización, desempeño y valoración de los regímenes democráticos a nivel mundial.

Como se hará notar en el análisis empírico, podemos anticipar que los datos recogidos por la WVS confirman una relación positiva y significativa entre el grado de bienestar subjetivo y los niveles de desarrollo humano a nivel nacional. Por tanto, ambos pueden ser buenos indicadores de bienestar, y el índice de desarrollo humano es un buen predictor de los niveles de bienestar subjetivo en un país. Sin embargo, la correlación no es perfecta, y esto significa que hay puntos de quiebre. Sin entrar en la polémica relacionada con los cambios relativos en los niveles de bienestar subjetivo que acompañan a cambios en los niveles de bienestar objetivo, consideramos preferible trabajar con ambos indicadores de bienestar.9 Ello permite analizar de manera más detallada alrededor de qué factores se dan las divergencias y, en especial para el caso que nos ocupa, distinguir qué diferencias encontramos en torno a la democracia y el bienestar a nivel mundial.

 

ALGUNOS HALLAZGOS EMPÍRICOS DE LA RELACIÓN ENTRE DEMOCRACIA Y BIENESTAR

Confirmaciones

Al analizar la realidad mundial de una manera preliminar, no resulta sorprendente encontrar altas correlaciones entre el índice de desarrollo humano de un país y el porcentaje de población de dicho país que goza de altos ingresos, altos niveles educativos y buena salud ya que, de alguna forma, todos ellos son componentes del IDH.

Tampoco resulta del todo sorpresivo el hecho de que el nivel de desarrollo humano muestra una estrecha y significativa relación con algunas variables político-institucionales "objetivas", como las libertades civiles o los derechos políticos, ambas incluidas en el índice de Libertad elaborado por Freedom House (2000), o aquellas que componen el índice de institucionalidad democrática desarrollado por el Polity Project (2003).10

En este sentido, un desarrollo humano alto está positiva y significativamente correlacionado con un nivel elevado de libertades ciudadanas y con una institucionalidad política más sólida. Sumado a ello, pueden destacarse variables adicionales asociadas positivamente a las anteriores, a menudo utilizadas como indicadores de la efectividad y calidad del gobierno. Estas variables son: a) el nivel de "voz" (como indicador de rendición de cuentas o accountability vertical); b) la estabilidad política; c) el imperio de la ley (como indicador de la extensión e imparcialidad del estado de derecho); d) el nivel de gobernabilidad (como indicador de la efectividad del gobierno en términos de calidad burocrática, costos de las transacciones y orientación al ciudadano de los sistemas de salud pública), y e) el nivel de transparencia (o anticorrupción).11

Cuadro 1

Este cuadro muestra que los indicadores de libertades civiles y políticas y de "buen gobierno" están altamente relacionados entre sí, como también con ambos indicadores de bienestar.

En principio, estos resultados son esperables y no menos alentadores.13 Sin embargo, nos dicen poco acerca de las valoraciones subjetivas de la libertad, de la orientación democrática de las preferencias ciudadanas y de la relación que se pueda establecer entre esta última y mayores niveles de bienestar objetivo y subjetivo. A continuación se presenta un cuadro con dimensiones subjetivas de libertades individuales y bienestar.14

Cuadro 2

Este análisis nos permite observar que la relación entre bienestar y libertades subjetivas también es fuerte y significativa. Entre mayor es el nivel de desarrollo humano, mayor la preocupación por temas relacionados con la autorrealización, el ambiente, la creatividad e independencia en el trabajo, la autonomía personal16 y la participación. Estos temas han sido habitualmente identificados como indicadores del grado de "posmaterialismo de una sociedad", a partir del trabajo pionero de Maslow (1954) retomado y profundizado por Inglehart y sus colegas en los Eurobarómetros y estudios culturales sobre la Comunidad Europea de 1971, 1976, 1977, 1990 y 1997.17

En este punto, entonces, altos índices de desarrollo humano suelen estar acompañados de mayores niveles de posmaterialismo. Finalmente, las sociedades con mayor bienestar objetivo son también aquellas en las que sus ciudadanos confían más en la conducta de sus semejantes anónimamente. Esto significa que cuanto más desarrolladas son las sociedades, más parecen contar con una suerte de capital social e institucional que sancionará las conductas oportunistas y desincentivará su uso por parte de los individuos; o más bien, que cuanto mayor es este capital social (en términos de confianza anónima e institucional), mayores son las probabilidades de que una sociedad alcance altos niveles de desarrollo humano.

Sorpresas

En relación con el objetivo de nuestro trabajo, intentamos averiguar cuál era la relación entre bienestar y existencia de libertades, y democracia. El primer dato sorprendente fue que, a pesar de la fuerte conexión entre desarrollo humano, institucionalidad democrática, generalización de libertades civiles, buen gobierno, transparencia institucional y capital social, por un lado, y bienestar subjetivo por el otro, un hecho resulta particularmente revelador y ciertamente enigmático: que los indicadores de bienestar y libertades "objetivos" muestran una relación más bien tenue con variables cruciales relacionadas con las percepciones y opiniones sobre la política y en particular con la valoración de la democracia. Un hallazgo particularmente interesante y hasta desconcertante es que a pesar de que —como lo anotamos arriba— el nivel de bienestar objetivo está claramente conectado con las instituciones, procesos y libertades democráticas, la valoración positiva de la democracia no está correlacionada significativamente con el nivel de desarrollo humano ni, de manera general, con la existencia de dichas libertades.

De hecho, y como un dato no menos interesante, la única variable actitudinal (de opinión política) —entre las recogidas por la Encuesta Mundial de Valores analizadas en este trabajo— que muestra una significativa (aunque débil) relación con el nivel de IDH, es la de autoposicionamiento de los individuos en la escala izquierda-derecha.18 Debe mencionarse, sin embargo, que al controlar la relación por ingreso per cápita, observamos que esta última tendencia (más felices cuanto más a la izquierda) tiene excepciones, en especial en países pobres.19

Interrogantes

A partir de estos hallazgos, algunos esperables y otros más sorprendentes, se plantea entonces una pregunta fundamental: ¿Como puede explicarse el hecho de que factores objetivos de orden económico y social como aquellos que forman parte del IDH (PNUD, 2003), y de la institucionalidad y gobernanza democráticas (Freedom House, 2000; Polity Project, 2003; World Bank, 2001), que muestran una estrecha relación con factores subjetivos tales como la felicidad, la satisfacción con la vida y con la confianza entre los individuos, parecen no estar asociados —a nivel global— con la valoración que los individuos hacen del sistema político que los gobierna, o con la democracia como tipo de régimen político?

La interrogante se vuelve más compleja si se toma en consideración el hecho de que los factores subjetivos que sí están relacionados con el IDH y con la institucionalidad democrática, tales como el bienestar subjetivo y la confianza entre los individuos, mantienen una fuerte y positiva conexión tanto con la valoración de la democracia como forma de gobierno, como con el juicio que se hace del sistema político vigente. A continuación presentamos dos posibles respuestas a este interrogante, basadas cada una de ellas en una corriente de pensamiento dentro de la literatura especializada.

El enfoque culturalista de la democracia: la importancia de los valores

La democracia es, por definición, un sistema en el cual "el futuro no está escrito; sólo el pueblo puede escribirlo" (Przeworski, 1995: 14).20 Esto significa que el régimen democrático es, entre otras cosas, la institucionalización de la incertidumbre en términos de su desempeño. En contraste con el carácter incierto de los resultados, el respeto a las normas que rigen los procesos de resolución de los conflictos es lo único que está garantizado.

Esta "ética procedimental" está caracterizada, a su vez, por una competencia abierta a la participación.21 Esta competencia, en principio acatada y legitimada por los representantes de los distintos intereses en conflicto, se erige en el umbral normativo y analítico mínimo para la existencia de un régimen democrático (Przeworski, 1995).

En su versión tradicional, la tesis culturalista de la democracia sostiene que la supervivencia de las instituciones democráticas depende del grado de extensión de la cultura cívica en la sociedad (Almond y Verba, 1963). Estos valores son expresados mediante las actitudes aún más básicas. En un trabajo pionero (aunque algo pasado de moda), Griffith, Plamenatz y Pennock (1956) sostuvieron que el conocimiento no es suficiente para poder determinar si los comportamientos humanos son correctos o están equivocados. Es necesaria, para ello, cierta dosis de motivación que por lo general es provista por el sentimiento de patriotismo y la fe religiosa, y el comportamiento político no es la excepción. En este caso los autores sostienen que en aquellos países con mayoría de población adherida a la tradición judeo-cristiana, la probabilidad de supervivencia de la democracia es mayor. De hecho, "era en la fortaleza o debilidad de dichas creencias donde radicaba el desafío más importante a la vigencia de la instituciones democráticas" (p. 104).

En su versión más moderna, la tesis culturalista de la democracia sostiene que la supervivencia de las instituciones democráticas depende de la medida en que los valores propios de dicha democracia han logrado dejar "huella" en la cultura de los ciudadanos durante el proceso de socialización22 (Eckstein, 1988). Sería el arraigo de valores como "flexibilidad, confianza, eficacia, apertura a nuevas ideas y experiencias, tolerancia de la diversidad, y una actitud de respeto hacia la autoridad intermedia entre la sumisión y el rechazo total", el elemento determinante para que dicho sistema se establezca en forma duradera en una sociedad (Pye y Verba, 1965), de manera más o menos independiente del desempeño que dicho régimen pueda ofrecer.23

En relación con nuestro objeto de estudio, la implicación sería que en aquellos contextos sociales donde tales valores no fueran los dominantes, difícilmente pudiera valorarse la democracia como régimen (lo que afectaría su legitimidad), y menos aún establecerse en forma estable y duradera (Inglehart et al., 1996).

Por tanto, como toda competencia que genera ganadores y perdedores, la democrática debe contar con una cultura donde la derrota sea aceptada. Dicho de otra forma, el juego democrático caracterizado por su periodicidad, incertidumbre y transitoriedad de los resultados sólo es posible si el respeto generalizado a estas normas prevalece por sobre los intereses de dominio particulares.24

Los enfoques "cultural-racionalista"y "utilitarista":25 estabilidad por desempeño

Los enfoques "racionalistas" tanto en su versión rational culturalist como en la de political economy, sostienen que la estabilidad del régimen democrático está muy relacionada con su efectividad. En el primer caso, las actitudes políticas de los ciudadanos son relevantes, pero a diferencia de los culturalistas tradicionales, aquellas son "racionales" y cambian (en el corto plazo) en función del desempeño gubernamental (Lane, 1992; Remmer, 1996; Whitefield y Evans, 1998). En la medida en que no se alcanzan logros socioeconómicos —los cuales son muy importantes como elementos legitimadores—, la valoración del régimen disminuye y su estabilidad corre peligro.

Por su parte, la escuela de la economía política analiza la estabilidad democrática como resultado exclusivo del desempeño económico de las instituciones. Las actitudes políticas de los ciudadanos y, por tanto, el concepto de legitimidad como tal, no tienen ninguna relevancia. Desde los trabajos pioneros (Arrow, 1953; Downs, 1957 y 1991) hasta los más recientes (Baum y Lake, 2003; Przeworski, 2002, entre otros), esta corriente sostiene la existencia de una relación positiva entre desarrollo económico y supervivencia de las instituciones democráticas. La explicación, en términos más o menos lineales, sería:

la existencia previa de ciertos umbrales de desarrollo económico, que permiten a dichas sociedades darse el lujo de disfrutar de las libertades y los mecanismos de resolución de conflictos (más eficientes por más inclusivos pero también más lentos y menos ejecutivos26) propios de un régimen democrático (Barro, 1996; citado por Fitoussi, 2004).27

Por lo tanto, de acuerdo con las perspectivas más preocupadas por el desempeño de la democracia, su valoración o su estabilidad como sistema de resolución de conflictos y asignación de bienes estará en función de qué tanto bienestar dicho régimen sea capaz de producir.28 Asumiendo la importancia de las actitudes políticas individuales, en la medida en que la ciudadanía privilegia el desempeño por sobre los mecanismos de deliberación, agregación y representación de intereses, las probabilidades de que procesos de fuerte deslegitimación (desvalorización) de un gobierno deriven en la caída del régimen democrático, sería de esperar que no fueran insignificantes (Linz, 1991).

En este trabajo, retomando el abordaje racional-culturalista (en su versión "economicista"), se pretende analizar cuál es la relación entre los niveles de bienestar (especialmente en su dimensión subjetiva) y la valoración de la democracia. A continuación se presentan los resultados del análisis.

 

EVIDENCIA EMPÍRICA Y RESPUESTA ALTERNATIVA

Lo que arrojan los datos recogidos por la Encuesta Mundial de Valores y analizados a partir de técnicas estadísticas univariadas (correlaciones y mínimos cuadrados ordinarios) y multivariadas (diferencias de medias, análisis de cluster o conglomerados), es que la valoración de la democracia no muestra una relación lineal ni significativa con indicadores de bienestar objetivo, en especial con el índice de desarrollo humano. Ello, a pesar de que —valga la redundancia— existe una relación positiva entre el nivel de desarrollo humano y la presencia de libertades políticas e instituciones democráticas.

En principio, esto parecería contradecir la tesis utilitarista presentada más arriba. En cuanto al grado de asociación entre la valoración de la democracia y el arraigo de una cultura democrática, medirla en términos cualitativos es un ejercicio complejo que excede el margen de este trabajo. Sin embargo, podemos hacer dos apuntes interesantes al respecto: a) en primer lugar, sí existe una relación nada desdeñable entre ambos, medida por la duración en años del régimen democrático en forma continuada, cuando se analiza sólo a países con regímenes democráticos;29 b) en segundo término, y paradójicamente, la relación pierde fuerza y significancia cuando se incluyen en la muestra países no democráticos, cuya población también valora a la democracia en términos muy positivos.30

A su vez, la medida en que la democracia es apreciada o valorada como sistema de gobierno, muestra una fuerte y significativa asociación con una serie de indicadores actitudinales que podrían interpretarse con un mix de ambos factores —el desempeño y los valores culturales.31 Entre los elementos más relacionados con una alta valoración de la democracia, encontramos: a) el nivel de confianza entre los miembros de la sociedad; b) el grado de importancia que se atribuye a la política; c) el nivel de bienestar subjetivo; d) el índice de postmaterialismo; e) el nivel de valoración positiva del sistema político reinante; f los niveles de transparencia percibidos por los individuos y, final y especialmente, g) una variable no observable, construida especialmente para este trabajo, que mide "la brecha entre el bienestar objetivo de la sociedad (IDH) y el grado de felicidad personal y satisfacción con su propia vida experimentado por los individuos".

Este trabajo, en principio, no sostiene como hipótesis la existencia de algún mecanismo causal entre algunas de las variables (objetivas y subjetivas del bienestar) y la valoración de la democracia. Su motivación era puramente exploratoria. Sin embargo, se realizó un análisis de regresión lineal múltiple para determinar cuál de los indicadores de bienestar utilizados podría ofrecer mayor aporte explicativo a la variación de la valoración democrática.32 El modelo utilizado fue el siguiente:

Y = β0 + β1 X1 +... + βη Χη + ε

donde Y es la variable dependiente "valoración de la democracia",33 β0 es la constante que indica el valor de la ordenada al origen (Y) cuando X es igual a cero, y cada β mide el cambio producido en la valoración de la democracia por un cambio en una unidad de cada variable independiente X más un término de error ε.

El análisis de mínimos cuadrados ordinarios nos muestra que, entre las variables usadas en el modelo, la que mejor predice una alta valoración democrática por parte de la ciudadanía es precisamente la diferencia entre la sensación de bienestar subjetivo y el nivel de desarrollo humano (IDH) de la sociedad. Adicionalmente, hay dos variables que aportan un valor explicativo a la variación de la valoración democrática. Una de ellas es la "estabilidad del sistema político", una suerte de indicador de efectividad que mide la ausencia de violencia y de amenazas de desestabilización institucional (tensiones étnicas, conflictos armados, disturbio social, amenaza terrorista y golpes militares, entre otros), y la segunda es el "ingreso per cápita", indicador objetivo de bienestar.

Cuadro 3

A continuación se presenta en la gráfica 1 la distribución de países en relación con estas dos variables: en el eje de abcisas (x), la diferencia entre el bienestar objetivo y subjetivo (IDH), y en el eje de coordenadas (y), la valoración democrática. En la misma se puede ver, abajo a la derecha, que los países cuyos ciudadanos valoran menos la democracia son a su vez aquellos donde la brecha entre bienestar subjetivo e índice de desarrollo humano es mayor, mientras que a medida que nos desplazamos arriba y a la izquierda nos encontramos con los casos opuestos.

Este fenómeno parece explicarse parcialmente por el hecho de que algunos de los países donde la democracia es más valorada —aparte de aquellas naciones más desarrolladas donde este régimen tiene larga data y ha convivido la mayor parte de su más reciente historia con periodos de crecimiento económico e incrementos más o menos constantes del bienestar de sus poblaciones— son naciones históricamente atravesadas por guerras o dictaduras y actualmente en procesos de transición y pacificación. Estos países están dando, o esperan dar en breve, sus primeros pasos con el régimen democrático y, por lo tanto, sus libertades civiles y derechos políticos (de acuerdo con los datos existentes sobre estabilidad, estado de derecho e imperio de la ley y gobernabilidad) no están aún ampliamente extendidos.35

Cuadro 4

Por otro lado, entre los países que menos valoran la democracia (y a la política como actividad) se encuentran aquellos cuyos regímenes democráticos se han instaurado o reinstaurado en circunstancias económicas de emergencia (periodos de hiperinflación, recesión o altos déficits fiscales —América Latina—, o transformaciones radicales de los sistemas de propiedad y regímenes de acumulación —Europa central y oriental—), que han condicionado el desempeño de los gobiernos. Es por ello que tales democracias no han logrado aún legitimarse de manera positiva frente a la ciudadanía en forma generalizada.

Por tal motivo, presentamos el mismo análisis realizado sólo sobre una muestra de países democráticos. Dado que la relación entre libertades democráticas y niveles de bienestar (objetivo y subjetivo) es fuerte y significativa, el siguiente análisis permitirá saber si el hallazgo presentado resultaba válido sólo ante la presencia de países "excepcionales" (no democráticos y con brechas entre bienestar subjetivo y objetivo).

La siguiente gráfica presenta la relación entre la diferencia que existe entre el bienestar objetivo y el subjetivo experimentado por un país y la valoración de la democracia de sus ciudadanos pero, en este caso, a partir de una muestra en la que se incluyen sólo países democráticos.

En la muestra de países democráticos, la relación es aún más fuerte, efecto que en principio parece confirmar las implicaciones presentadas más arriba.

Algunos matices

A pesar de este hallazgo, y con objeto de presentar un análisis más integral, se decidió realizar un ajuste utilizando el índice de desarrollo humano como variable de control. Dado que existía una correlación positiva y significativa entre ingreso per cápita y valoración de la democracia, y que la relación entre esta última variable y el IDH es muy alta, se consideró que tal ajuste ampliaría la riqueza del análisis, independientemente de contradecir o no los primeros resultados. Así, se formaron tres grupos de países (desarrollo humano alto, medio y bajo) a partir de los criterios utilizados por el Human Development Report (2003), en los que se analizó una vez más la relación entre bienestar objetivo, bienestar subjetivo y valoración democrática.

Cuadro 6

Pueden verse, adicionalmente al IDH y al índice de bienestar subjetivo, otros indicadores de bienestar (ingreso per cápita, desigualdad, diferencia entre IDH e índice de bienestar subjetivo), así como de las orientaciones políticas y culturales predominantes (posición ideológica y valoración de la política como actividad).

Una de las primeras constataciones a partir de este ajuste es que efectivamente existe una relación positiva y significativa entre desarrollo humano y valoración de la democracia en el grupo de países con una alto IDH, algo que no sucede, sin embargo, en los dos grupos restantes. Muy por el contrario, en el grupo de IDH bajo, la relación entre valoración de la democracia y desarrollo humano es significativa pero fuertemente negativa, mientras que en el grupo de IDH medio tal relación también es negativa aunque no resulta significativa estadísticamente. En estos grupos de países, esto es, los de bajo y medio desarrollo humano, una vez más es la brecha entre el nivel de IDH y el bienestar subjetivo el elemento más asociado a la valoración de la democracia.

Para terminar de corroborar la fortaleza de la relación entre la valoración de la democracia y la amplitud de la diferencia entre el bienestar objetivo y el subjetivo, se realizó un análisis de conglomerados en torno a las medias para analizar cómo se agrupaban los países en relación con el grado de valoración otorgado a la democracia.

Tenemos así, en función de los resultados del análisis, distintos tipos de escenarios respecto de la valoración de la democracia a nivel mundial: 1) en primer lugar, la democracia es muy valorada en aquellas naciones donde el régimen democrático, arraigados sus valores cívicos a lo largo del tiempo, ha constituido un marco institucional de libertad y ciudadanía que no ha impedido (y que en alguna medida pudo haber propiciado) incrementos en los niveles de bienestar económico y social. Estos ejemplos están constituidos por países con altos índices de bienestar objetivo en todos los aspectos (la mayor parte de los países del grupo 5). Algunos de los casos más claros son Dinamarca, Irlanda, Bélgica, Grecia y Portugal, estos dos últimos como una muestra reciente de desarrollo en contextos democráticos;38 2) en segundo término, asistimos a un escenario donde los valores democráticos están en periodo de consolidación o no han podido arraigar suficientemente por la intermitencia de las experiencias democráticas históricas, pero luego de un tiempo se han incrementando los niveles de libertad de sus poblaciones. Aquí la valoración hacia la democracia tiende a crecer (República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia) y en alguno de los casos, como el chileno, alcanza niveles de países desarrollados. 3) Una tercera imagen, similar pero opuesta a la anterior, es la de aquellos países donde la cultura política democrática no ha tenido tiempo suficiente para arraigar en los valores de la población y donde además los niveles de bienestar, en democracia, han disminuido, en algunos casos dramáticamente. Las repúblicas de la ex unión soviética muestran casi todas ellas características similares en torno a esta cuestión siendo Rusia, precisamente, el caso extremo. Debe señalarse que estos países son los que muestran, a su vez, los niveles más elevados de desajuste entre el bienestar objetivo y el grado de satisfacción vital de toda la muestra.39 4) Finalmente, los países que aún no han tenido experiencias democráticas, o éstas son muy recientes (inferiores a cinco años en el año 2000). Aquí, paradójicamente, la democracia es muy valorada, quizás más como aspiración o como ideal que no ha podido ser experimentado aún en la práctica y alrededor del cual se generan enormes expectativas. Por lo general, son países cuyos niveles de ingreso per cápita, de libertades civiles y políticas y de transparencia son bajos, como Egipto, Vietnam, Jordania, o Nigeria, donde tampoco está arraigada una cultura cívica ni una institucionalidad democrática, pero las cuales, en apariencia, sus ciudadanos aspiran a alcanzar.

Cuadro 7

Cuadro 8

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

En resumen, parecería que la valoración de la democracia es una suerte de mix entre valores arraigados, expectativas y constatación efectiva de resultados que no parecen depender lineal ni directamente de elementos objetivos, económicos o institucionales, como el ingreso per cápita o los índices de libertad e institucionalización política. Más allá de las relaciones presentadas (tanto en la muestra total como en los grupos segmentados por nivel de desarrollo humano), son las experiencias que dichas sociedades hayan tenido o aspiren a tener con regímenes democráticos, el factor que parece determinar la valoración positiva o negativa de los mismos.

La evidencia muestra, entonces, que una explicación plausible del fenómeno es mucho más compleja de lo esperado. Por una parte, pareciera que más que una cuestión cultural —de valores democráticos arraigados—, la valoración de la democracia dependería de la productividad reciente o esperada (en términos de estabilidad e ingreso per cápita) de los regímenes democráticos. Sin embargo, parecería ser necesaria cierta dosis de "optimismo" para aceptar los déficits de desempeño de muchas de las democracias reales, hecho corroborado en aquellos países donde el bienestar subjetivo es significativamente superior al objetivo. Por tanto, adicionalmente a las libertades sustantivas que las personas hayan podido o esperen adquirir gracias a la democracia,40 los ciudadanos de los países donde la democracia es ampliamente valorada son gente con altos niveles de bienestar subjetivo.

Todo ello remite la atención futura de la investigación a dos temas que parecen fundamentales: uno es la variabilidad de las expectativas y su relación con los contextos, y el otro las historias sociales y personales en que las mismas son moldeadas. ¿Cómo entender que en países de desarrollo humano bajo como Nigeria o de niveles de desigualdad preocupantes como México o El Salvador, el bienestar subjetivo esté entre los más altos a nivel mundial, o no existan diferencias relativas entre el bienestar subjetivo de los distintos grupos socioeconómicos?41 ¿Estamos, en estos casos, en presencia de expectativas adaptativas que permiten a los individuos ser felices a pesar de sus penurias cotidianas, porque ya han internalizado su situación a lo largo del tiempo? O más bien, quienes dicen estar felices, ¿son aquellos que han mejorado su situación en los últimos tiempos y tienen expectativas de mejora en el futuro, a pesar de su precaria actualidad? ¿Es este fenómeno, aunque en la dirección contraria, el que explica los bajos niveles de valoración a la democracia en Europa del Este y en los países de la antigua URSS?

Este tipo de interrogantes refuerza la importancia de los análisis dinámicos de la realidad y confirma que la incorporación de la dimensión subjetiva en el análisis del bienestar es imperativa, tanto en la búsqueda de "verdades" que motiva la investigación científica, como en el logro de mayores niveles de libertad y calidad de vida que motiva —o al menos debería motivar— el diseño de las políticas públicas.

 

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Notas

1 Tal como señala el HDR, hay en la actualidad más países democráticos que en ningún tiempo pasado. De 147 países de los que se tienen datos, 121 (82%) cuentan con todos o varios de los elementos propios de las democracias formales. Sin embargo, la democratización verdadera es algo más que las elecciones. Necesita de la consolidación de instituciones democráticas y del fortalecimiento de prácticas ciudadanas, con la inclusión de las normas y los valores democráticos en todos los ámbitos de la sociedad (HDR, 2002: 14).

2 A partir de aquí, IDH

3 El índice fue elaborado a partir de dos preguntas: 1) ¿Qué tan satisfecho se siente con su propia vida?, y 2) ¿Cuál es su sensación de felicidad?

4 World Values Survey (Encuesta Mundial de Valores), proyecto encabezado por R. Inglehart, profesor de la Harvard University.

5 Si bien algunos autores provenientes de la psicología como Casullo, proponen como tercera dimensión del bienestar subjetivo la dimensión vincular (relaciones sociales), uno de los objetivos de este trabajo es precisamente la revelación de dichas relaciones en función del grado de bienestar subjetivo como atributo individual.

6 Es necesario realizar aquí una aclaración metodológica. La encuesta ha sido aplicada a individuos en distintos países, y casi todas las variables son categóricas. Para inferir algunas conclusiones de ellas en términos nacionales, se agregaron los datos de los individuos de cada país a partir de la construcción de variables continuas cuyo rango va de 0 a 1. El procedimiento se detalla más adelante.

7 Human Development Report, de acuerdo con sus siglas en inglés.

8 Todos ellos indicadores subjetivos del bienestar; es decir, relacionados con las percepciones individuales respecto de sus funcionamientos y realizaciones.

9 Por ejemplo, en el caso de Europa del Este, donde el desarrollo humano disminuyó marcadamente durante los años noventa.

10 En este trabajo se utilizará una variable de "falta de libertad" construida a partir de datos de Freedom House (2000) y del Polity Project (2003) que va de 1 (máxima falta de libertad) a -1 (máxima libertad), y toma en cuenta: libertades civiles, derechos políticos y libertad de prensa por parte de Freedom House, así como competitividad en la elección del jefe del Ejecutivo, apertura y regulación de la designación del mismo, límites a su poder, y competencia y regulación de la participación, por parte del Polity Project.

11 Las primeras cuatro variables fueron elaboradas por el Banco Mundial a partir de datos recogidos por una variedad de fuentes entre las que se encuentran Economist Intelligence Unit, PRS Group y Business Environment Risk Intelligence. El indicador de transparencia fue elaborado por Transparency International, con base en la opinión de empresarios y líderes sociales y de opinión en cada nación.

12 Las variables utilizadas son:

IDH: Es el índice de desarrollo humano (2003) y es conceptualizado como medida objetiva de bienestar. Va de 0 (mínimo desarrollo humano) a 1 (máximo desarrollo humano).

Bien_subj: Es una medida de bienestar subjetivo compuesta por la sensación de felicidad más satisfacción con la vida de las personas por país. Variable ponderada entre 1 (máximo bienestar subjetivo, sólo se da cuando 100% de los individuos del país afirman tener el máximo nivel de satisfacción con su vida y de felicidad) y 0 (mínimo bienestar subjetivo, si todos afirman no estar en absoluto felices ni satisfechos con su vida).

Iliberalismo: es una medida del grado de carencia de institucionalización democrática y libertades civiles y políticas, compuesta por dos índices altamente correlacionados como son el índice de Libertad de Freedom House (2000) y el índice de Institucionalización o "Polity" del Polity Project (2003). Variable ponderada entre 1 (máxima carencia de libertades y polity) a -1 (mínima carencia). Por ello debe leerse al revés; es decir, una correlación con índice negativo (como por ejemplo la existente con el IDH) está expresando que la relación entre desarrollo humano y falta de libertades es negativa o viceversa.

Transpar: Es el Índice de Transparencia o Anticorrupción medido por Transparency International (2003). Va de 1 (máxima transparencia) a 0 (máxima opacidad).

Voice: Medida de rendición de cuentas de los gobiernos a la ciudadanía. Elaborada por el Banco Mundial. Va de -2.5 (mínima rendición de cuentas) a 2.5 (máximo nivel de rendición de cuentas o accountability).

Estab_pol: Mide el grado de orden y ausencia de violencia existente en el país. También elaborada por el Banco Mundial, su rango es de -2.5 (mínima estabilidad) a 2.5 (máxima estabilidad política).

R_law: Es la medida de extensión de la ley pública en el territorio. Elaborada asimismo por el Banco Mundial, comparte el rango de -2.5 (máximo grado de extensión) a 2.5 (imperio de la ley mínimo).

Gobernab: Es una variable que mide cuestiones relativas a la eficiencia y eficacia del gobierno (la calidad de su burocracia, la orientación ciudadana de su servicio, etc.). Es construida por el Banco Mundial (al igual que las tres anteriores) y comparte el rango de -2.5 (gobernabilidad mínima) a 2.5 (máxima gobernabilidad). Para mayor detalle, véase el Human Development Report, 2002, de PNUD.

13 Si bien no debe soslayarse que algunos de estos indicadores puedan alcanzar tan alta correlación por estar midiendo cuestiones muy similares.

14 Se incluye asimismo el índice de Desarrollo Humano.

15 Las variables utilizadas aquí son:

IDH: Es el índice de desarrollo humano (2003). Véase nota 12.

Confianza: Nivel de confianza en el prójimo por país. Variable ponderada (con la misma metodología que el bienestar subjetivo) entre 0 (mínima confianza) y 1 (máxima confianza).

Bien_subj: índice de bienestar subjetivo. Explicado en la nota 12.

Ind_posmat: Índice de posmaterialismo. Mide la importancia de cuestiones propias de las sociedades posmateriales (autoexpresividad, participación, ambiente) en relación con las cuestiones relativas a seguridad, y necesidades básicas del individuo (materiales). Variable ponderada entre 0 (totalmente material) y 1 (totalmente posmaterial).

Pos_ideolog: Ponderación de la posición ideológica promedio de los ciudadanos, donde 0 es izquierda extrema y 1 derecha extrema.

16 Medido por el índice de autonomía de la Encuesta Mundial de Valores (2000).

17 Índice construido a partir de los resultados por Inglehart en distintos proyectos de investigación sobre valores entre 1970 y la actualidad. Citado por Díez (2001).

18 Es interesante analizar en este caso, que el IDH está asociado a una orientación ideológica de izquierda (r = -.288), mientras que la valoración democrática está asociada mayormente a una orientación ideológica de derecha (r = .278).

19 Hay dos elementos esenciales que deben remarcarse. El primero es que los países con un desarrollo humano menor son los que suelen presentar posturas ideológicas más extremas. Pero los que están a la izquierda muestran un bienestar subjetivo claramente menor a los que están en la derecha. Más allá del caso de los países de la antigua URSS y de Europa del Este, Zimbabwe es el país que se ubica más a la izquierda de toda la muestra, y es no sólo uno de los cinco países con más bajo IDH, sino que también está entre los de menor bienestar subjetivo. Por su parte, Vietnam es el país que se ubica más a la derecha del continuo, y entre los países más cercanos están El Salvador, Tanzania y Bangladesh, todos países relativamente pobres y de IDH medio o bajo. Sin embargo, su bienestar subjetivo es mucho mayor que el de sus pares izquierdistas. El segundo elemento es que cuando hablamos de izquierda o derecha debemos relativizar tal afirmación porque en un continuo donde 0 es izquierda extrema y 1 derecha extrema, la gran mayoría de los países están a la derecha de la media. Entre los de desarrollo humano alto, por ejemplo, sólo Francia (.4855), España (.4739) y Eslovenia (.499) se ubican a la izquierda de la media. Quien está más a la derecha en este grupo es México (.6650)

20 Frase expresada por Adolfo Suárez, primer ministro de la naciente democracia española "posfranquista" en su discurso de asunción. Citado por Przeworski (1995).

21 En palabras de Przeworski, la competencia entre intereses en conflicto es suficiente para explicar la dinámica de la democracia. Una vez reconocidos unos derechos políticos suficientemente amplios para admitir la presencia de intereses en conflicto, el resto se desprende por sí sólo, aunque la participación efectiva diste mucho de ser universal.

22 Habitualmente se utiliza el ejemplo de la República de Weimar para justificar este aserto. Dicho ejemplo, según los defensores de esta tesis, explica cómo una constitución democrática —de las más modernas y sofisticadas de su época— chocó contra los valores autoritarios persistentes en la sociedad germana, cuyo arraigo fue un obstáculo insalvable para la consolidación del régimen democrático.

23 Esto significaría que la legitimidad del régimen democrático, elemento que, de Weber a la fecha, resulta esencial para cualquier régimen de este tipo, no estaría tanto en función de los resultados del gobierno en turno sino de los principios que sustentan dicha autoridad.

24 Ello remite al problema de las condiciones originales donde esta cultura puede florecer. Sin intentar meternos de lleno en la cuestión, una posible respuesta sería: en contextos relativamente poco desiguales, donde las probabilidades de alternancia en el poder son mayores, y por lo tanto los incentivos de mantenerse dentro de la competencia democrática son también altos. Si los resultados estuviesen predeterminados o fueran completamente indeterminados, tales incentivos no existirían (Przeworski, 1995: 20). Como vemos, incluso en la versión culturalista, todo el tiempo se filtra la importancia de elementos como los incentivos y las estrategias individuales de los actores.

25 Si bien el adjetivo "economicista" puede ser un poco forzado, ya que lo importante a resaltar es el criterio utilitarista de la evaluación del sistema político por contraposición a un criterio normativo o cultural, a menudo han sido dimensiones económicas las utilizadas para medir el desempeño de los regímenes políticos.

26 Para indagar esta relación inversa entre eficiencia y decisión, remitirse al seminal trabajo de J. Buchanan y G. Tullock, El cálculo del consenso (1985).

27 Dice Barro: "El análisis cuantitativo indica que el efecto global [de un incremento de la democracia sobre el crecimiento] es ligeramente negativo [...] Existen índices de una relación no lineal en la que más democracia aumenta el crecimiento cuando las libertades políticas son escasas, pero en cambio la deprime cuando se alcanza un nivel moderado de libertad política". Debido a que lo esencial para la eficacia económica es que los mercados sean libres y los derechos de propiedad estén garantizados, el régimen político ideal es aquel que permite alcanzar mejor dichos objetivos (Fitoussi, 2004). Las cursivas son nuestras.

28 Un elemento no explicado por estas aproximaciones es la permanencia de regímenes democráticos en sociedades donde el desempeño de los mismos ha sido bastante deficiente como en el caso de la India o, incluso, aunque más recientemente, de las democracias latinoamericanas.

29 Ello significa que en los regímenes democráticos más consolidados (que llevan mayor cantidad de años sin interrupciones autoritarias) la valoración de la democracia es mayor.

30 Ambas relaciones, como veremos, aumentan cuando controlamos por ingreso per cápita o IDH.

31 Inglehart y sus colegas "culturalistas" han recibido duras críticas en torno a sus hallazgos acerca de la fuerte relación entre cultura cívica y estabilidad (Jackman y Miller, 1996), por considerarse que estas relaciones eran producto de un sesgo de selección en la muestra. Sin embargo, e independientemente de que ello fuera cierto o no, este trabajo muestra que una alta valoración de la democracia es posible allí donde este régimen nunca ha existido, o donde sus instituciones no han tenido una duración suficiente (en contraposición al pasado autoritario) como para dejar huella en los valores de una sociedad. Esto último sin deslegitimar por completo la tesis culturalista; al menos la relativiza y realza la importancia de las expectativas individuales y su satisfacción, es decir, del desempeño esperado (por la ciudadanía) y observado durante los años de democracia.

32 Dado el carácter continuo de las variables, se procedió a la realización de este tipo de análisis. Sin embargo, consideramos para trabajos posteriores la posibilidad de realizar análisis más complejos y no lineales (regresión logística) para determinar qué factores aumentarían la probabilidad de que un individuo valore más positivamente a la democracia.

33 Compuesta por las siguientes dos preguntas: a) "¿Considera usted que a pesar de sus problemas la democracia es mejor?", y b) Tener un régimen político democrático es: 1. Muy bueno, 2. Bueno, 3. No muy bueno, 4. Nada bueno.

34 IDH-Ifel: Brecha entre el índice de desarrollo humano del país y su nivel de bienestar subjetivo. Medida construida como una diferencia entre ambos en donde al índice de desarrollo humano (que va de 1 -máximo- a 0 -mínimo- HDR, 2003) se le resta la proporción de ciudadanos que dicen estar muy felices en el país.

35 En este sentido, valga aclarar que su número es reducido en la muestra y tal vez por ello afecten, pero no en forma determinante, a la "estabilidad política" como elemento explicativo de la valoración de la democracia.

36 Val_pol: Es una medida ponderada del grado de valoración de la política como actividad, por país. Estandarizada entre 0 (mínima valoración) y 1 (valoración máxima).

Val_democ: Mide la valoración positiva de la democracia como régimen político en cada país. Ponderada entre 0 (valoración mínima) y 1 (máxima valoración).

GDP capita: Mide el ingreso per cápita de cada país en 2003. Datos obtenidos del HDR, 2003. Se atribuyó el valor 1 a Luxemburgo (por ser el país de mayor ingreso per cápita) y al resto se le asignó un valor entre 1 y 0 en relación con el nivel de aquel país.

Bien_subj: Índice de bienestar subjetivo. Véase nota 12.

IDH-Ifel: Véase nota 34.

Desigualdad: Nivel de concentración del ingreso en el país, medido por el Índice de Gini (HDR, 2003).

Pos_ideolog: Ponderación de ubicación ideológica de la ciudadanía por país, donde 0 es extrema izquierda y 1 extrema derecha.

37 Una vez constituidos los grupos, se calcularon sus niveles promedio de bienestar para saber cuál de las dos dimensiones, la objetiva o la subjetiva, se encontraba más fuertemente asociada a la valoración democrática.

38 Es necesario remarcar, a pesar de no haber espacio para una explicación mayor, que en los casos de Grecia y Portugal (como de España e Irlanda también), las transferencias económicas de la unión Europea jugaron un papel fundamental en la integración económica (bastante equitativa) de esos países en la Comunidad y, por tanto, en su desarrollo económico reciente. Resta explorar y analizar estudios que hayan trabajado este fenómeno en relación con la consolidación democrática en dichos países (dado que España, Portugal y Grecia son democracias relativamente recientes, instauradas hacia mediados de la década de los setenta).

39 Si bien a ellos podrían agregarse países como Zimbabwe y Pakistán, es de notar que estos últimos presentan niveles de bienestar subjetivo y objetivo bastante inferiores.

40 Esta afirmación no desconoce la importancia de los valores como cimientos sobre los que se apoya la legitimidad del régimen democrático; establece más bien que dichos valores son más difíciles de arraigar allí donde la experiencia democrática no ha rendido los frutos que de ella se esperaban.

41 Afirmaciones sustentadas en el análisis de los datos de la Encuesta Mundial de valores (2000).

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