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Frontera norte

versión On-line ISSN 2594-0260versión impresa ISSN 0187-7372

Frontera norte vol.35  México ene./dic. 2023  Epub 26-Jun-2023

https://doi.org/10.33679/rfn.v1i1.2306 

Artículos

Narrativas juveniles sobre el narcotráfico en Sinaloa: ingreso, riesgos y planes a futuro

Jairo Elí Valdez Bátiz 1  
http://orcid.org/0000-0002-3708-4098

Víctor Horacio Esparza Bernal 2  
http://orcid.org/0000-0003-0960-6378

César Jesús Burgos Dávila 3  
http://orcid.org/0000-0001-7701-8266

Traducción:

Erika Morales

1Universidad Autónoma de Sinaloa, México, jairobatiz@gmail.com

2Universidad Autónoma de Sinaloa, México, victoresparza.fce@uas.edu.mx

3Universidad Autónoma de Sinaloa, México, cj.burgosdavila@uas.edu.mx


Resumen

El objetivo de este artículo es comprender las experiencias, valoraciones y la construcción de sentido del narcotráfico desde las juventudes. El trabajo de campo se realizó durante 2018 y 2019 en Culiacán, Sinaloa. Se hizo una aproximación cualitativa a la comprensión sociocultural del narcotráfico. Se entrevistó a 16 jóvenes entre 18 y 29 años que colaboran o colaboraron con el narcotráfico. En los resultados sobresalen: las motivaciones y experiencias de ingreso al narcotráfico; la permanencia, valoración de riesgo y consecuencias de las actividades realizadas; la construcción de planes a futuro dentro y fuera del narcotráfico. Se concluye que el ingreso y la permanencia de las juventudes al narcotráfico se da por la idealización de una vida exitosa, por la retribución económica, la aceptación, la legitimidad y el reconocimiento del narcotráfico en el contexto. Para las juventudes el narcotráfico se constituye como espacio de trabajo, de proyección y construcción de futuro.

Palabras clave: narcotráfico; violencia; juvenicidio; Culiacán; Sinaloa

Abstract

The article’s objective is to understand the youth experiences, assessment, and meaning construction of drug trafficking. The fieldwork was carried out in 2018 and 2019 in Culiacán, Sinaloa. A qualitative approach was made to the sociocultural understanding of drug trafficking. We interviewed 16 young persons between the ages of 18 to 29 who collaborated or were involved with drug trafficking. The results highlight drug trafficking entrance motivation and experience; permanence, risk assessment, and consequences of the activities carried out; making plans within and outside drug trafficking. It is concluded that young people join and remain in drug trafficking due to the idealization of a successful life, economic retribution, acceptance, legitimacy, and recognition of drug trafficking in the context. For young people, drug trafficking is constituted as a space for work, projection, and building a future.

Keywords: drug trafficking; violence; juvenicide; Culiacán; Sinaloa

INTRODUCCIÓN4

En los últimos años el narcotráfico se ha convertido en una de las principales problemáticas en México. La inseguridad y las violencias asociadas al narcotráfico son cotidianas y trastocan las prácticas sociales, las formas de pensar, maneras de interactuar y situarse en el entorno (Reguillo, 2021). En México el incremento de las violencias responde a un acumulado histórico. El recrudecimiento de la violencia mantiene relación con la implementación de estrategias políticas de seguridad que se han justificado desde la “guerra contra el narcotráfico”, así como con las disputas y dinámicas de los grupos criminales por el control de los territorios (Astorga, 2015).

Siguiendo a Moreno et al. (2016), el Estado mexicano concibe al narcotráfico como una actividad ilícita y una fuente de perturbación que amenaza a la seguridad nacional. Para Ramírez (2011) el narcotráfico ha adquirido particularidades desde dimensiones históricas, políticas, sociales, económicas y culturales que se manifiestan a escala local. En la vida cotidiana el narcotráfico permea la educación, la economía, las estructuras gubernamentales, las relaciones políticas, las estrategias de seguridad, la salud pública y otras esferas del escenario público (Moreno et al., 2016). En su dimensión cultural, el narcotráfico trastoca a personas implicadas en la actividad (Valenzuela Arce, 2002) y a quienes mantienen distancia (Moreno, 2014).

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi, 2021b) en México existe un incremento en la percepción de la inseguridad y la violencia. El Inegi (2021a) documenta que de 2015 a 2021, 208 603 personas fueron asesinadas en México. De acuerdo con Santiago Roel, director del medio informativo Semáforo Delictivo, 80 por ciento de los homicidios en México están asociados con el narcotráfico (Semáforo, 2021, párr. 4). En este escenario, Sinaloa es “una región caliente de homicidios” (Inegi, 2019, p. 27). El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (IMER Noticias, 2021) documenta que Culiacán ocupa la posición 25 en la lista de ciudades más violentas del mundo, con una tasa de 49.41 homicidios por cada 100 000 habitantes. Por otro lado, Casillas (2021) reporta que en Sinaloa aumentaron 70 por ciento las desapariciones forzadas, predominando las de personas entre 13 y 18 años de edad.

En el contexto antes descrito, las juventudes son la población más afectada por la narcoviolencia. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Red por los Derechos de la Infancia en México [REDIM], 2021), 30 000 niñas y niños habían sido captados por grupos delictivos en 2015. Para 2018, se documentó que más de 460 000 niños y jóvenes participaban en actividades asociadas con el narcotráfico. Entre 2018 y 2021 fueron asesinadas 110 000 personas, una tercera parte fueron hombres y mujeres entre 15 y 29 años de edad (REDIM, 2021).

Retomando a Almonacid (2022) abordar las juventudes y el narcotráfico en México no es solo referirse a la experiencia de la violencia directa, sino también a lo relacionado con la marginalidad, la vulnerabilidad, la desigualdad, la exclusión, la falta de oportunidades y la exposición a las violencias. Al analizar la condición juvenil en relación al narcotráfico, Urteaga Castro-Pozo y Moreno Hernández (2020, p. 49) sostienen que “las juventudes más estigmatizadas, discriminadas y asesinadas son aquellas en situación de precariedad”. Por su parte, Reguillo (2015, p. 65) sitúa a las juventudes en una “sociedad bulímica” que las y los engulle para expulsarlos:

En narcofosas, en la forma de cuerpos ejecutados y torturados; en la forma de cuerpos que ingresan a las maquilas como dispositivos al servicio de la máquina; como migrantes; como sicarios, halcones, hormigas, mulas al servicio del crimen organizado; como soldados sacrificables en las escalas más bajas de los rangos militares.

Nateras Domínguez (2016b) sostiene que para las juventudes las instituciones educativas han dejado de representar un medio de movilidad social para la configuración de un futuro alentador. En el ámbito laboral se vislumbran pocas oportunidades, precarización y dificultades de ingreso incluso para los profesionistas especializados, lo que posibilita la informalidad laboral y la incorporación de jóvenes a actividades ilícitas. Para Rivera (2022) las juventudes viven procesos normalizados de vulnerabilidad y la precarización acumulada. Esto conduce a un desencanto con el presente, a la construcción de un futuro desde la incertidumbre, a asumir identidades inseguras y con poca proyección para desarrollarse socialmente a través del trabajo. En un contexto de desigualdad y de pocas oportunidades donde el narcotráfico encuentra en los jóvenes su “mano de obra barata” (Comisión Economica para América Latina y el Caribe, 2000; Nateras Domínguez, 2016a).

En contraparte, el narcotráfico bosqueja esas posibilidades negadas. Se configura como un modelo de identificación, un lugar, una vía de reconocimiento y de prestigio social (Nateras Domínguez, 2016b). Se legitima como algo atractivo y prometedor a partir del imaginario de poder (Ovalle, 2010b; Reyes et al., 2015, 2017). La participación de las juventudes en el crimen organizado se construye como una vía para la resolución de necesidades y la ilusión de un enriquecimiento inmediato (Rivera, 2022). De esta forma, el narcotráfico gana aceptación social (Moreno et al., 2016) por su capacidad de ofertar un sentido de pertenencia, de futuro y de solución a necesidades desatendidas por el Estado, más allá de lo económico (Nateras Domínguez, 2016a; Ovalle, 2005; Reguillo, 2021; Villatoro, 2013).

Valenzuela Arce (2015, 2019) advierte que la precariedad y la desacreditación identitaria coloca a las juventudes en zonas prescindibles a la ilegalidad. Esto posibilita la construcción de cuerpos juveniles que no merecen vivir y por tanto pueden ser sacrificados, convirtiéndose en víctimas del “juvenicidio”, un fenómeno estructural e histórico que atraviesa el territorio mexicano (Berlanga, 2015).

Retomar la noción de juvenicidio para comprender el narcotráfico implica reconocer la existencia de una criminalización masiva y muerte violenta de jóvenes que son sometidos a condiciones de vulnerabilidad que les orilla a la paralegalidad (Reguillo, 2015; Valenzuela Arce, 2015). Las juventudes son desechadas y fácilmente reemplazables (Valenzuela Arce, 2021). Son jóvenes que terminan reducidos a “cifras de la violencia”, es decir, víctimas sin identidad, sin un rostro.

Retomando a Almonacid (2022), es pertinente hacer un abordaje psicosocial del narcotráfico y de las juventudes para profundizar en su dimensión simbólica: las vivencias, las prácticas, el pensamiento social y las formas de interpretación que le dan sentido al narcotráfico en el contexto donde se sitúan las juventudes. Desde esta perspectiva, también es posible explorar las formas en las que las y los jóvenes descifran, valoran y justifican su contacto o participación con el narcotráfico (Moreno, 2014; Zavala, 2012). Al respecto, para los fines de este artículo se plantean las siguientes interrogantes: 1) ¿Cómo se da y cuáles son las motivaciones, experiencias, valoraciones y justificaciones en el proceso de ingreso y permanencia de hombres y mujeres jóvenes al narcotráfico en Sinaloa?; 2) ¿Qué significados construyen las juventudes al ingresar y realizar actividades relacionadas con el narcotráfico en Sinaloa?; 3) ¿Cuáles son y cómo valoran los riesgos y las consecuencias de participar en el narcotráfico en Sinaloa?

MÉTODO

Esta investigación cualitativa está orientada a la comprensión sociocultural y biográfica de las juventudes (Reguillo, 2012; Strauss y Corbin, 2002). Como sugiere Carles Feixa (2003), es una aproximación al pensamiento social, a las prácticas cotidianas y a las formas de significación de las y los jóvenes que participan o han participado en el narcotráfico para comprender sus experiencias desde el contexto donde se sitúan.

Se realizaron 16 entrevistas a profundidad a hombres y mujeres jóvenes entre 18 y 29 años de edad. Las entrevistas se desarrollaron en Culiacán, Sinaloa en dos períodos: de octubre de 2017 a febrero de 2018 (Valdez, 2018) y de abril a julio de 2019 (Esparza, 2020). La participación de las y los entrevistados fue voluntaria. Previo a cada entrevista se les informó sobre el anonimato y se les explicó la finalidad del estudio, así como las condiciones de su participación.

En esta investigación, se asumió que abordar la experiencia de las juventudes en relación al narcotráfico es un tema sensible. Para Lee (1993) son sensibles aquellas indagaciones donde el tema, la presencia y los intereses de investigación pueden asumirse como una amenaza o ser percibidos como intrusivos y poco accesibles. En este caso, al hablar sobre narcotráfico, las personas entrevistadas pueden manifestar incomodidad al compartir experiencias incriminatorias o abordar prácticas ilegales. Además, es delicado cuando la experiencia compartida es un riesgo para el entrevistador o el entrevistado en el contexto donde se investiga.

Por la sensibilidad del tema, en algunos casos a las y los participantes se les facilitó el guion de la entrevista para que identificaran los campos temáticos en extenso. Durante las entrevistas se les aclaró que podían evadir aquellos temas considerados delicados. También se enfatizó que no era necesario profundizar en detalles comprometedores, por ejemplo, nombres, fechas, lugares, acciones específicas. Así mismo, se les pidió su consentimiento para grabar las entrevistas dejando claro que la información sería tratada con fines académicos.

La estructura de las entrevistas se dividió en tres apartados: 1) valoraciones sobre el fenómeno del narcotráfico y motivaciones para incorporarse a la narcoactividad; 2) permanencia, experiencias y significaciones en torno a las actividades, los riesgos y consecuencias de su participación; 3) las expectativas y planes a futuro dentro y fuera del narcotráfico.

Se realizaron entrevistas a hombres y mujeres jóvenes de Culiacán, Sinaloa para profundizar en el contexto y la perspectiva sociocultural que éstos tienen sobre el narcotráfico. Otro aspecto que se consideró fue que las y los entrevistados hubieran realizado actividades relacionadas con el narcotráfico. En este punto, fue valioso conocer desde sus propias vivencias la experiencia, su conocimiento sobre el narcotráfico y las valoraciones sobre el ingreso, la permanencia y la percepción del riesgo. En el cuadro 1 se exponen las características sociodemográficas de las y los colaboradores.

Cuadro 1. Características sociodemográficas de las y los entrevistados 

Participante Género Edad Origen Incorporación Escolaridad
Alex Hombre 18 Culiacán Adolescencia Preparatoria
Irene Mujer 21 Badiraguato Adolescencia Licenciatura
Mariela Mujer 22 Badiraguato Infancia Licenciatura
David Hombre 23 Culiacán Juventud Preparatoria
Antonio Hombre 24 Badiraguato Infancia Licenciatura
Julián Hombre 27 Culiacán Adolescencia Licenciatura
Roberto Hombre 28 Culiacán Adolescencia Licenciatura
Sergio Hombre 28 Badiraguato Infancia Preparatoria
Daniel Hombre 29 Culiacán Juventud Posgrado
Rodrigo Hombre 23 Mazatlán Adolescencia Secundaria
Miguel Hombre 24 Badiraguato Infancia Posgrado
Martha Mujer 27 Culiacán Juventud Licenciatura
Dulce Mujer 25 Badiraguato Juventud Licenciatura
Valeria Mujer 22 Culiacán Juventud Preparatoria
Karely Mujer 23 Culiacán Juventud Preparatoria
Rubí Mujer 19 Mazatlán Adolescencia Secundaria

Fuente: Elaboración propia con base en datos sociodemográficos de las y los participantes.

Para la fase de análisis se transcribieron las entrevistas. Posteriormente, desde una lógica narrativa se sistematizaron y analizaron los contenidos temáticos (Braun y Clarke, 2006). A partir de un proceso de codificación inductiva (Strauss y Corbin, 2002) se identificaron las significaciones socioculturales sobre el narcotráfico. Siguiendo a Vázquez (1994) se agruparon las categorías en campos temáticos por afinidad de sentido: 1) los motivos de las juventudes para ingresar al narcotráfico; 2) la permanencia y la valoración de riesgos y consecuencias a las que se exponen; 3) los planes a futuro que construyen dentro y fuera de la narcoactividad.

RESULTADOS

Proximidad psicosocial e incorporación a la narcoactividad

Para las y los jóvenes la cercanía y familiaridad con el narcotráfico son elementos que facilitan la incorporación. Esta proximidad se construye en la vida cotidiana a través de la interacción con la familia, las amistades y al mantener contacto con personas que realizan actividades asociadas al crimen organizado (Moreno y Flores, 2015). También son relevantes las condiciones y el contexto donde se sitúan las y los jóvenes. Irene, durante la entrevista, relató que inició en el narcotráfico en su adolescencia ayudando a su familia en la siembra, cosecha y limpia de mariguana. Para ella, estas actividades fueron “un trabajo más” que le permitía tener “dinero propio” y le facilitó continuar con sus estudios. Para la joven, este trabajo es un medio legítimo “para sobrevivir” en la sierra de Badiraguato:

Tiene que ver mucho el ambiente de la familia. Porque si tú, desde chiquito, miras que tu papá se dedica a eso, tus hermanos se dedican a eso, puede que no te dediques, pero es lo que miras pues, eso te enseñan. No te enseñan a otra cosa (Irene, comunicación personal, 27 de mayo de 2019).

Desde el mismo contexto, Mariela resaltó las pocas oportunidades laborales como motivo de ingreso:

[Ingresan por] la necesidad de sobrevivir yo creo. O sea, de decir “yo tengo que salir adelante sí o sí”. Porque siendo sinceros, por ejemplo, de donde yo vengo [Badiraguato], o vives de eso o te mueres de hambre, porque no hay más (Mariela, comunicación personal, 24 de mayo de 2019).

Estas experiencias coinciden con otras investigaciones cuyos resultados resaltan que las condiciones económicas, la falta de oportunidades laborales y la ausencia de apoyos del Estado favorecen el ingreso y la participación en el narcotráfico (Almanza et al., 2018; Gómez y Almanza, 2021). Por otro lado, en los fragmentos citados sobresale que Mariela e Irene participaron en el narcotráfico gracias a la enseñanza, el cuidado y el consentimiento familiar. Sus actividades eran puntuales y por tiempos breves. Sin embargo, en sus familias se les aconsejaba “dedicarse a estudiar” y “salir adelante”. Se trata de mujeres jóvenes introducidas a la actividad de forma gradual, bajo la protección de algún hombre integrante de su familia, lo cual tiene relación con las construcciones de género en la distribución y asignación de tareas asociadas al narcotráfico (Valdez, 2018).

En contraste, para Julián la figura paterna sirvió como modelo. Para él la incorporación al narcotráfico era un “camino lógico a seguir”. En su adolescencia tenía pleno conocimiento de las actividades de su padre.

Hubo un tiempo que mi apá trabajó en un periódico. Vivíamos humildemente. Después se metió a trabajar con un padrino [narcotraficante] y fue donde prosperó él. Se hizo más de negocio. Era de que iba de una ciudad a otra (…) Cerraba tratos. (…) Entonces, no es de que me haiga querido meter, sino que como que ya, pues no te tienes de otra. O haces las cosas bien o te quedas acá pues. No puedes estar en contra, porque pues al final de cuentas (…) casi todo, muchas cosas han venido de allá pues (Julián, comunicación personal, 3 de junio de 2019).

Julián aprovechó la experiencia y el posicionamiento de su padre para abandonar los estudios, buscar independencia financiera e ingresar a una escuela de aviación para ser piloto. Su objetivo era mover droga sin ponerse en riesgo en otras actividades. En este caso, la familia fungió como escenario para moldear valores, roles y prácticas que le permiten la continuidad en actividades relacionadas con el narcotráfico (Valenzuela Reyes et al., 2017). Fernández Velázquez (2018, p. 99) señala que las dinámicas familiares se cohesionan y fortalecen principios comunes “cuando se trata de la vida en torno a una actividad estigmatizada por la ilegalidad”.

El narcotráfico ha permeado la vida cotidiana y los grupos de las juventudes (Rincón, 2013). Además de la familia, las amistades son un medio que facilita la invitación e incorporación al narcotráfico. En la experiencia de Roberto:

[Entré] cuando yo tenía 14 años por un amigo que me invitó a trabajar con él. Le ayudaba a lavar las avionetas. Íbamos solo los sábados, lavábamos entre tres y cinco, limpiándolas por fuera y por dentro, y pues a mí siempre me llamaron la atención. El primer día que fuimos el tío de mi amigo nos dio una vuelta, y yo me emocioné mucho. Nunca me había emocionado tanto hasta ese entonces. Te digo siempre me llamaron la atención las avionetas (Roberto, comunicación personal, 10 de enero de 2018).

Roberto cursaba la secundaria y trabajaba con el objetivo de tener ingresos extras para apoyar a su familia. A partir de ese contacto aprendió de manera informal a manejar avionetas hasta convertirse en piloto aviador.

Valeria también se incorporó al narcotráfico por una amiga. Inició en una casa de cambio. Posteriormente trabajó para un grupo de narcotraficantes a quienes cambiaba dólares a moneda nacional y recibía propinas considerables por esa actividad:

Yo entré por una amiga que conocía desde la secundaria. Yo necesitaba trabajo y pues ella un día me dijo que si quería trabajar en lo que ella hacía. Yo ya sabía a qué se dedicaba, pero hasta ese día ella me explicó así al cien por ciento, y pues yo le dije que sí. La verdad no fue nada complicado. Un día me dijo, me explicó, al otro día ya estaba trabajando e incluso cobrando (Valeria, comunicación personal, 17 de marzo de 2018).

Para Chacón (2016) el ingreso al narcotráfico se da desde la precarización, la desprotección social y la marginación. Ante tales condiciones, las juventudes deciden poner en riesgo su integridad física para servir a alguien de mayor nivel. Así, el narcotráfico se convierte en la escuela de la muerte en la que se enseña una pedagogía de la violencia, se incorporan normas, valores y principios y se adoptan roles que aseguran la funcionalidad de la actividad (Almonacid, 2022). Siguiendo a Valdez (2018), las amistades configuran un sentido de pertenencia para las juventudes, facilitan elementos identitarios y códigos de socialización que fortalecen sus relaciones sociales y favorecen las dinámicas al interior del narcotráfico.

El narcotráfico provee no sólo poder económico sino también reconocimiento y prestigio (Nateras Domínguez, 2016a). Alex se incorporó al narcotráfico durante el bachillerato “para que no le contaran”, para “alardear, tener feria [dinero] y poder”. El ingreso económico lo usaba para salir con sus amistades y con mujeres. Era importante “demostrar” que podía comprar productos costosos, “presumir” y ser reconocido entre sus amistades. Sirvan como ejemplo los siguientes fragmentos:

La mayoría de los que están entrando últimamente, que son muchos (…) Es por querer alardear o quieren tener feria. O que se les hace fácil. El poder, el poder más que nada les gusta a los plebes tontos hoy en día (…) Porque tengo un amigo que entró y es de dinero, él quería el poder, él quería el respeto. Quería la intimidación que da el estar armado, el estar empecherado6 (Alex, comunicación personal, 6 de mayo de 2019).

La verdad yo siempre quise eso, llegar a ser reconocido, respetado como los de los corridos. Que me reconozcan y digan “ese vato es bien cabrón” y creo que hasta ahora lo he logrado. Mis amigos, mi familia me respeta. Saben que no le saco a nada y que soy capaz de hacer todo, sobre todo por ellos. Y si un día me lleva la catrina pues ni modo, pero me van a recordar como el cabrón que soy y con eso me doy por bien servido (Rodrigo, comunicación personal, 9 de febrero de 2018).

En los fragmentos anteriores sobresalen construcciones sociales asociadas a las masculinidades situadas (Córdova y Hernández, 2016) en las que son importantes el poder, la virilidad, la valentía y la dominación masculina (Urrecha et al., 2021; Valdez, 2018). Además, se visibiliza el deseo por la distinción y la legitimación social del narcotráfico (Córdova, 2005; Ovalle, 2010b; Reyes et al., 2017). Como señalan Moreno et al. (2016, p. 257), el consumo representa “una lucha simbólica con la que se busca ‘dar una impresión’, ‘hacer creer’ e ‘inspirar respeto o confianza’. Así, el vestir y el consumo son prácticas sociales en las que se visibiliza el poder económico del mundo del narcotráfico”. Del mismo modo, el acceso a un consumo ostentoso refleja un ascenso social y se convierte en una motivación que justifica el ingreso al narcotráfico (Almanza et al., 2018; Gómez y Almanza, 2021).

En otras experiencias, la incorporación no es voluntaria. En zonas marcadas por la vulnerabilidad, la ilegalidad y por desigualdades económicas, sociales y estructurales se posibilita el reclutamiento forzado de jóvenes por organizaciones criminales (Rivera, 2022; Valenzuela Arce, 2019). La apropiación de personas es un acto juvenicida legítimo de los cárteles de la droga. Rodrigo, en su adolescencia fue reclutado como halcón y distribuidor de droga:

A mí me reclutaron cuando iba en la secundaria. Yo vivía en una colonia a la salida de Mazatlán. Nos juntábamos todas las tardes ahí en la cuadra para jugar béisbol en la calle. Una tarde llegaronlos sicarios a ofrecernos trabajo con ellos y pues les dijimos que no. Se fueron y al otro día volvieron, pero esta vez ya no lo pidieron, lo ordenaron, y si no, pues nos iban a matar y a nuestras familias. Así nos amenazaron y pues ni modo, ahí ya no te puedes negar (Rodrigo, comunicación personal, 9 de febrero de 2018).

Permanencia y desarrollo profesional

En la narrativa de las y los jóvenes el narcotráfico se configura como una vía para desarrollarse profesionalmente. Para Ovalle (2010a) las actividades relacionadas con el narcotráfico cuentan con la aceptación y legitimidad de amplios sectores sociales. De esta forma, distintas tareas son concebidas como una “ocupación” o “actividad económica” en tanto que requieren de la experiencia y el trabajo a cambio de una remuneración.

Daniel se incorporó al narcotráfico mientras cursaba sus estudios universitarios en química. Para el joven, la retribución económica del narcotráfico duplica el ingreso al que se puede aspirar en un empleo formal:

Encontrar un lugar donde gane lo que aquí gano está muy difícil. Intenté entrar en un laboratorio médico pero la paga es muy poca por todo el trabajo que se hace. Te explotan y te pagan muy mal. Entonces, si aquí estoy haciendo lo que me gusta y me está yendo muy bien, entonces pues ¿por qué me voy a ir? (Daniel, comunicación personal, 25 de enero de 2018).

Como sugiere Ovalle (2010a), el narcotráfico incorpora la profesionalización y el conocimiento especializado para potencializar su mercado. Según la narrativa de las y los entrevistados, existen pocas oportunidades laborales para los profesionistas y sobresalen la precariedad laboral y los sueldos bajos. En este marco, formar parte de las organizaciones criminales es un proyecto viable donde las juventudes se puedan desarrollar laboral y profesionalmente. Así se describe en las siguientes experiencias:

Pues mira, [mi esposo] trabajaba de gerente en una tienda, y pues no nos faltaba nada, pero no salíamos de vacaciones, no podíamos comprarnos ropa, teníamos muchas restricciones, y la verdad eso no es vida. No tiene sentido estar nomás viendo que a los demás les va bien y una ahí batallando. Aunque no me iba mal, trabajaba casi doce horas diarias y pues con el sueldo podía vivir, pero con lo necesario. Aquí hago prácticamente lo mismo que hacía en mi anterior trabajo [de contadora]. Pero aquí trabajo la mitad de tiempo y me pagan tres veces más. Ni loca me salgo (Valeria, comunicación personal, 17 de marzo de 2018).

Yo no me salgo porque pues esto fue lo que me dio a mí ser piloto, que es lo que más me gusta (…) Y siendo sincero, la verdad en este país, en las condiciones en las que yo crecí, si no hubiese sido por la organización, nunca me hubiera subido a un avión, ni siquiera de pasajero (Roberto, comunicación personal, 10 de enero de 2018).

Algunos jóvenes, al concebir el narcotráfico como “actividad económica laboral”, minimizan el riesgo. Inician realizando actividades que no son tipificadas como delito por el Código Penal. Sirva como ejemplo la experiencia de Rubí:

Tengo una amiga que se salió y ahorita está muy bien, no le ha pasado nada. Pero yo no me salgo porque la verdad no quiero, estoy muy a gusto. Sí, pues sé que es ilegal, pero es mi fuente de ingresos. Aparte yo nunca he matado a nadie. Sólo hago lo que me toca y ya (Rubí, comunicación personal, 8 de abril de 2018).

Sin embargo, conforme continúan y ganan confianza pueden desarrollar otras actividades que, si bien son más redituables, también implican más riesgos (Valdez, 2018).

Riesgos y consecuencias

Las y los jóvenes, al incorporarse al narcotráfico, evalúan los peligros y las posibles consecuencias. La valoración de los riesgos es compensada por los beneficios, las ganancias económicas, el reconocimiento y el prestigio de pertenecer a organizaciones delictivas. Así lo planteó Julián:

Primero que nada, el riesgo es que puedes perder muchas cosas. Arriesgas casi todo, pues arriesgas patrimonio, relación familiar. Son varios riesgos, pero uno sabe los riesgos que toma. Y es como un juego, sabes a lo que le apuestas y a lo que no. Estás apostando. Puedes ganar, puedes perder. Es un juego como el que es ludópata (…) Puedes ganar, yo que ando en lo de la cosecha, tengo buena cosecha esta temporada y saco calidad. Gano respeto, puedo ganar oportunidades de trascender más, hacer algo más grande, con más apoyo y con apoyo de la gente (Julián, comunicación personal, 3 de junio de 2019).

Para Sergio, oriundo de Badiraguato, implicado desde la infancia en la producción de marihuana y amapola, el narcotráfico es un “juego” en el que la muerte es un riesgo latente. En algunos casos, este riesgo se compensa con un estilo de vida de goce y “al límite”. Véanse los siguientes testimonios:

Cuando uno le entra a este negocio pues ya sabes lo que te puede pasar. Ya sabes que un día estás vivo y puede que al otro ya te estén enterrando. Por eso hay que vivir la vida a tope, darte tus gustos, siempre contento con los tuyos porque no sabes si al otro día vas a estar. Esta movida así es, no hay más y pues ni modo, es parte de este juego y yo decidí jugarlo (…) Tanto mi familia como yo estamos conscientes de eso. Como te menciono, este juego así se juega (…) Cuando me muera quiero que en mi tumba y en mi cruz pongan una foto mía para que cuando vayan a visitarme me vean y me recuerden, recuerden lo bueno que fui con todos (Sergio, comunicación personal, 19 de enero de 2018).

El día que me tuerzan,7 ya le dije a mi gente que no quiero que me lloren. Quiero que me celebren, que se arme una fiesta de tres días, que no falte la cerveza, la banda y la carne asada. Y que donde me entierren me construyan una casa para cuando me vayan a visitar estén todos contentos conmigo. Ahí los voy a estar esperando siempre con alegría como he sido en vida, así quiero que me recuerden (Rodrigo, comunicación personal, 9 de febrero de 2018).

Las juventudes en las organizaciones delictivas son las primeras enviadas a matar a sus rivales o a morir en los enfrentamientos (Valenzuela Arce, 2015, 2021). Para Valencia (2010) se trata de una mercantilización de la muerte donde se administra a “sujetos endriagos” pertenecientes a una clase proletaria, ubicados en la marginación; jóvenes que hacen de la violencia “una forma de vida, de trabajo, de socialización y de cultura” (Valencia, 2010, p. 93).

Cabe señalar que no todos los jóvenes pasan a ser necesariamente blancos de violencia y muerte. Los riesgos y los peligros varían a partir de las actividades que se desempeñan: mientras que para unos son ser capturados, que se desplome la avioneta en la que viajan o que les roben la mercancía, para otros es el secuestro, la desaparición, la tortura, matar o morir en una disputa entre rivales. Así lo relató Julián:

Empieza la guerra y empezamos a ir por gente pues, baleados, llevábamos armas. Una vez me tocó, compré el periódico (…) Ya estaba viendo que detienen a fulanito y va llegando una camioneta con una tanda de cholos,8 era pa’ pelear pues, puros de que se iban a morir y ya no iban a regresar. Y yo los veía así, un chingo de gente, nunca ni uno ya regresó (…) Los llevábamos a que los mataran pues, o a que mataran, porque ya sabíamos que había guerra (…) Iban a la peni9 y sacaban reos de la peni y nosotros nos los llevábamos y ellos iban y se pegaban el tiro10 allá (Julián, comunicación personal, 3 de junio de 2019).

Planes a futuro

El narcotráfico permite a las y los jóvenes construir planes a corto, mediano y largo plazo, ya sea dentro o fuera de la organización. En algunas entrevistas, la participación en el narcotráfico se mencionó como una “actividad transitoria” que les permite estudiar, trabajar, ahorrar, invertir y crear negocios lícitos. Desde la experiencia de Mariela:

Hay jóvenes que son de pensamiento muy abierto que sí se visualizan haciendo otra cosa. Ahorita yo he escuchado que los jóvenes ya no se quieren quedar allá [en la sierra]. Ellos mueren por terminar de estudiar para venirse y buscar otras oportunidades (…) Yo he escuchado que muchas personas, he escuchado que hasta familias enteras se vienen. Familias completas que dicen “esto ya no está dejando” [el narcotráfico]. Entonces, mejor se vienen a buscar otra manera de vivir, pues otro trabajo (Mariela, comunicación personal, 24 de mayo de 2019).

Para David, el estudio de una carrera universitaria representa un proyecto viable que le permite alejarse de las actividades de riesgo:

No espero nada de la carrera, sino [que] espero de mí. Espero poder salir adelante y que (…) sea lo que realmente me gusta, porque me gustan las tierras. Pero espero que me guste [alguna de las] ciencias que enseñen ahí (…) quiero hacer invernadero de tomate, piña, chiles, es lo que me gustaría, realmente es lo que espero aprender (Daniel, comunicación personal, 25 de enero 2018).

Por otro lado, hay jóvenes que proyectan su futuro desde la permanencia en el narcotráfico; buscan realizar las mismas u otras actividades en las que se iniciaron y ascender en la estructura de la organización. Véase en el siguiente testimonio:

A mí me interesa hacerlo, cosechar medicinal, porque hay dos tipos de cosechas en el otro lado,11 lo que es medicinal y la recreativa (…) Cuando lo haces medicinal todo lo que cosechas es para ti, pero no puedes vender, pero como puedes cosechar todo para ti, tienes más. Tienes más producto en mejor calidad sin perder ganancias. Entonces ya todo lo que tienes no lo ocupas vender tú (…) pues tienes gente que se encarga de distribuirla y ya tienes más ganancias (…) Esto lo de lo legal pues es algo que también le tiro pues. Mientras sea ahorita ilegal, pues uno tiene que seguirle dando, porque no puedes esperar (Julián, comunicación personal, 3 de junio de 2019).

Conozco personas que viven al día. ¿Cómo le explico?, están trabajando ahora, pero pues “capaz y mañana me lo tumban,12 y ya no voy a tener nada qué hacer”. Entonces, yo no los veo que tengan proyectos a futuro (Mariela, comunicación personal, 24 de mayo de 2019).

El último testimonio hace referencia al no-futuro (Esparza, 2020) que se presenta en el eslabón más débil donde las juventudes son utilizadas, explotadas y precarizadas (Almonacid, 2022) y no cuentan con planes más allá del presente inmediato.

CONCLUSIONES

La incorporación de jóvenes al narcotráfico se da a partir de las interacciones cercanas y de las significaciones situadas en un contexto sociocultural-histórico concreto. En Sinaloa el narcotráfico representa para las juventudes un ideal de vida exitosa, a partir del acceso a bienes económicos: por el estilo de vida ostentoso, por el acceso a consumos culturales que brindan prestigio, y a su vez, por la aceptación, la legitimidad y el reconocimiento debido a la actividad en el contexto.

El narcotráfico ha trastocado la vida cotidiana y los escenarios donde socializan las juventudes. Como sugieren Moreno y Flores (2015), las y los jóvenes mantienen un “alto contacto” con el narcotráfico, es decir, se acepta su presencia en el entorno inmediato y consideran viable y legítima su incorporación. En las narrativas de las y los participantes, el contexto, las amistades y el entorno familiar son referentes importantes para el ingreso, la permanencia y la salida de las organizaciones criminales.

Las juventudes que ingresan y participan en las actividades del narcotráfico se encuentran situadas y sitiadas en zonas precarizadas y prescindibles a la ilegalidad (Nateras Domínguez, 2016b; Valenzuela Arce, 2021). El narcotráfico permite a las juventudes la construcción de planes a futuro, la adopción de estilos de vida y un espacio de identificación social. En los resultados se encontró que para las y los jóvenes el narcotráfico es un escenario que les permite desarrollarse profesionalmente y ejercer dentro de las organizaciones criminales. El narcotráfico se fortalece como un espacio de ocupación laboral en un contexto donde se acrecienta la desigualdad, se acentúa el desempleo, se precarizan las condiciones de trabajo y se nulifica la proyección de futuro.

Las juventudes participan en el narcotráfico conociendo, enfrentando y aceptando los riesgos y las consecuencias; lo hacen para obtener bienes económicos o para adquirir reconocimiento y prestigio frente a los demás. Para las y los jóvenes sinaloenses la muerte es un riesgo latente al participar en el narcotráfico. Los cuerpos juveniles se han convertido en una fuerza de trabajo valiosa y son tratados como moneda de cambio para producir, distribuir, ganar o defender territorios. A la vez, representan el eslabón más débil en la estructura del narcotráfico y desde ahí garantizan ganancias económicas para las organizaciones delictivas.

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4El artículo se adscribe al proyecto “Construcción social del narcotráfico y la violencia en jóvenes sinaloenses” financiado por el Programa de Fomento y Apoyo a Proyectos de Investigación (PROFAPI 2022: con el código PRO_A4_013) e inscrito en la Dirección General de Investigación y Posgrado de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Además, los autores colaboran en PRONACES SH-319127 con el proyecto “Cultura, narcotráfico, violencias y juvenicidios en Sinaloa. Análisis para su comprensión, incidencia y transformación”.

6Refiere a que porta una pechera antibalas.

7Entiéndase “el día que me maten”.

8Jóvenes pandilleros.

9Penitenciaría.

10Entiéndase “…se peleaban allá”.

11Se refiere a Estados Unidos.

12Entiéndase “…me quitan el trabajo”.

Recibido: 17 de Mayo de 2022; Aprobado: 20 de Octubre de 2022

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