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Frontera norte

versión impresa ISSN 0187-7372

Frontera norte vol.22 no.44 México jul./dic. 2010

 

Reseña bibliográfica

 

Regiones y religiones en México. Estudios de la transformación sociorreligiosa

 

Salvador Pérez Ramírez

 

Alberto Hernández y Carolina Rivera, coords.México, El Colef/Ciesas/Colmich, 2009

 

Profesor–investigador de El Colegio de Michoacán Dirección electrónica: salvador@colmich.edu.mx

 

En esta obra se aborda la composición del campo social religioso en las últimas décadas y muestra un panorama donde gran parte de la población mexicana era aglutinada por una religión —la católica— y su transición a un paisaje donde los fieles han diversificado sus creencias, abriendo un mosaico de nuevas prácticas y propuestas religiosas, asumiendo un papel dinámico en medio de un contexto tirante de carácter sociohistórico y, en gran medida, económico.

El precedente inmediato de Regiones y religiones en México. Estudios de ¡a transformación sociorreigiosa, coordinado por Alberto Hernández y Carolina Rivera, se encuentra en el Atlas de la diversidad religiosa en México (De la Torre y Gutiérrez, 2007), en el cual se analizó el proceso de diversificación de las religiones. Allí fue abordada la multicausalidad del cambio religioso. El análisis estadístico ha trascendido la frontera entre aquella obra y la que me ocupa para internarse en el complejo campo de las creencias religiosas.

Los autores de esta obra abren una ventana al conocimiento de la diversificación religiosa en la república mexicana, cuya efervescencia —apuntan— ha tenido lugar desde hace 30 años pero su inicio se vislumbra un par de décadas más atrás. Dichos antecedentes son analizados a lo largo del texto de manera que se pueda seguir en cada región los variados escenarios de corte histórico, social y económico, que han hilvanado esta compleja trama del campo religioso y que este estudio desteje para los lectores de forma bastante comprensible.

A lo largo de nueve capítulos, divididos en cuatro apartados, los autores consiguen un atinado acoplamiento entre el concepto de región y el estudio de un fenómeno social complejo. Cabe mencionar la relevancia del último apartado que, a su modo y mediante el recurso de las imágenes, invita a incursionar en el mundo donde descansan las representaciones sociales religiosas.

Los aportes generales son señalados en la discusión final de la obra, donde los coordinadores señalan que "el escenario religioso mexicano ha seguido una trayectoria caracterizada por una correlación de fuerzas históricas, sociales y económicas generales, a la vez que los proyectos de instituciones religiosas y las creencias de las personas, y cómo las adaptaciones internas ejercen su impacto reforzando y suplementando esas tendencias de la historia, que van mucho más allá de los confines del campo estrictamente religioso" (p. 255). En esta reseña me limitaré a enumerar algunos de los resultados emergidos de una propuesta metodológica que combina tanto datos demográficos como etnográficos, mostrando algunos aspectos del panorama religioso y lo que los autores han encontrado en cada una de las regiones del país.

Carolina Rivera, después de un repaso de la población y la pluralidad religiosa en el sureste, pone énfasis en los procedimientos de las nuevas iglesias para conseguir fieles, en un ambiente de creencias costumbristas y tradicionales, en donde se mezclan elementos católicos presentes y pasados, unidos a su vez con rituales de carácter agrícola, cuyas prácticas desembocan en nuevas expresiones culturales proclives a la renovación o creación de nuevos patrimonios simbólicos. Gran parte de ello, según nos dice la autora, es producto de los nuevos procesos económicos y productivos que funcionan como impulsores de la diversidad religiosa.

Felipe Vázquez y Carolina Rivera han encontrado que la gente "sin religión" repunta en la región Golfo, debido posiblemente a un ambiente con gran diversidad religiosa. Han encontrado también que existe un amplio recibimiento de los grupos cristianos no católicos, tanto las iglesias protestantes y evangélicas (históricas, pentecostales y otras) como bíblicas no evangélicas (adventistas del Séptimo Día e Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida como la Iglesia mormona). Tales observaciones surgen contextualizadas en un estudio previo de las comunidades de los estados de Veracruz y Tabasco, así como de la población indígena en su relación con la petrolización de la economía.

Enrique Marroquín y Alberto Hernández resaltan que, debido a sus composiciones étnica y orográfica, con 16 grupos etnolingüísticos de los troncos mixteco–zapotecas, Oaxaca ha sido siempre de complicado acceso: "la difícil geografía, las pésimas comunicaciones, la dispersión de las comunidades, la diversidad de lenguas indígenas, los conflictos con caciques, la falta de catequistas, hacen del ministerio sacerdotal una labor agotadora y compleja" (p. 96). Marroquín y Hernández desgranan concienzudamente la expansión de religiones diferentes a la católica en la región, encabezada por los grupos pentecostales, Testigos de Jehová, adventistas y mormones, en ese orden. Completan su trabajo con un repaso de la presencia protestante en los municipios oaxaqueños y el cambio religioso en la entidad y en la zona mixteca, para finalizar con una mención al sistema de santos en las culturas mesoamericanas y la crisis de la comunidad tradicional.

En el capítulo siguiente, a cargo de Isabel Osorio y Claudia Rangel, se menciona como primer dato que 99 por ciento de la población guerrerense de mediados del siglo pasado era católica, y enseguida saber que para el año 2000 ya se había reducido a 89 por ciento. Un cambio nada halagador para el culto hasta entonces preponderante y cuya persistencia se transforma al ritmo de los acontecimientos estatales en materia económica, por ejemplo, la explotación intensiva de la madera, los crecientes flujos de población rural hacia las ciudades y el extranjero, así como el fomento y crecimiento del turismo. Tales factores —indican— y otros más añejos como la presencia del Instituto Lingüístico de Verano en la década de 1940 han promovido la aparición y crecimiento de cultos como los de las iglesias Bautista, Presbiteriana y Universal que han logrado mimetizar sus ritos con otros de corte ancestral, dando lugar a la aparición de rituales agrícolas como la Cruz del Jilote y la Cruz de Mayo. El pentecostalismo, a su vez, ha conseguido afianzarse en la región incorporando consejos de ancianos, a la usanza tradicional, e incluyendo a personas locales en su fila de ministros o pastores en tanto que el uso de la lengua indígena también ha servido de anclaje.

En la segunda parte de la obra, Carlos Garma tomó, a manera de motivo, una serie de preguntas planteadas por Guillermo Bonfil en relación con la efervescencia de la diversificación religiosa en México, para ofrecernos un análisis circunscrito al Distrito Federal, al Estado de México, a Morelos, Puebla y Tlaxcala. Esta región es revisada a la luz de la interrogante: ¿cómo se expresa espacialmente la religión? y otras del mismo tenor. El autor destaca la importancia de la religión en el centro de México en la configuración de la región e incluso de la nación mediante siete contextos principales: elevada concentración de población indígena; establecimiento de una capital virreinal que unía los poderes imperiales con los eclesiales; rivalidad de Puebla de los Ángeles con la anterior capital por la primacía eclesial; reconocimiento de la Virgen de Guadalupe como santa patrona; la pugna entre conservadores y liberales y la difusión de la secularización y la laicidad; el crecimiento de la zona metropolitana y su papel como impulsora de flujos migratorios y de nuevas necesidades espirituales, y la consolidación de una gran diversidad religiosa.

Por su parte, María Gabriela Garret hace hincapié en cómo los flujos migratorios que parten de las comunidades indígenas del estado de Hidalgo hacia el extranjero o hacia el interior del país han traído como consecuencia una transformación significativa en la composición religiosa de estos grupos y en el papel que juegan el crecimiento y el desarrollo de centros urbanos regionales, los cuales aparte de funcionar como polos de atracción migratoria también se desempeñan como "centros 'difusores', tanto de los movimientos no católicos como de los catolicismos 'reformados' después del Concilio Vaticano II" (p. 158). La movilidad poblacional y el desarrollo económico regional son propuestas por la autora como ingredientes para la "descatolización" de la población hidalguense.

En lo que parece ser una constante nacional, y abriendo el tercer apartado de esta obra, Elizabeth Juárez encuentra a la migración como un factor importante para que se pueda dar un cambio en términos religiosos. Afirma que otras dinámicas caracterizan a esta región: altos niveles de marginación y pobreza, sobre todo en localidades indígenas, y la asociación de prácticas católicas populares con ritos ancestrales en la ejecución de prácticas agrícolas; lo que no obsta para que en algunas comunidades como Amealco, con 25.15 por ciento de analfabetismo y un grado de marginación alto, conserve su confesión católica. Observando la región centro norte, la autora nos muestra una perspectiva que destaca el comportamiento religioso de los estados de Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí y Zacatecas; además, apoyándose en el Censo general de población y vivienda (INEGI, 2000) trae a foco los rasgos y particularidades económicas, sociales y religiosas de esta parte del país. A diferencia de las regiones mencionadas anteriormente, ésta se define con un alto grado de catolicismo, incluso en las zonas indígenas de Guanajuato y Querétaro la autora reporta un índice de 95.55 por ciento y de 80.90 por ciento de población católica. Por supuesto, esta región no es ajena a las incursiones y al crecimiento de otros credos cuya importancia en orden decreciente es el siguiente: Testigos de Jehová, iglesias pentecostales, Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y las iglesias protestantes históricas.

¿Por qué razones tiene más presencia la religión católica en la región centro? Para responder a tal pregunta, Cristina Gutiérrez Zúñiga hace fijar la mirada en el proceso evangelizador llevado a cabo durante el período colonial a través de "una infraestructura de control territorial que, iniciada con la intensiva labor de las órdenes monásticas desde los primeros años, permanece hasta nuestros días, así como la 'densidad' de las devociones del catolicismo popular a que dio origen dicha estrategia evangelizadora" (p. 201). En ese mismo sentido es bastante esclarecedor el mapa donde la autora indica la repartición de las fundaciones conventuales hacia 1570 y que coincide con la región centro sur. Este capítulo finaliza con un análisis comparativo de la composición demográfica de las feligresías.

La explicación al cambio religioso en la región norte del país, correspondiente a los estados de Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León y Tamaulipas, la encuentran Gloria Galaviz, Olga Odgers y Alberto Hernández en dos elementos históricos: a) el proceso de conquista y evangelización y b) el poblamiento del territorio a partir de la instalación y desarrollo de centros industriales. En este estudio, perteneciente al último apartado del libro, los autores identifican el cambio en la composición religiosa en las últimas tres décadas del siglo XX. Igualmente, buscan aprehender la formación de la diversidad religiosa en el norte de México a partir de la integración regional en el período colonial, de los esfuerzos por poblar el área en el México independiente y el crecimiento demográfico iniciado a fines del siglo xix. El análisis de dos casos particulares coronan este trabajo: El Valle de los Cirios en el municipio de Ensenada y Los menonitas del norte de México.

Es digno de mencionar el esfuerzo de los autores por trascender la separación que se hace comúnmente entre estudios de tipo cuantitativo y de corte cualitativo; además, a lo largo de la obra se observan los antecedentes históricos y los nuevos ingredientes sociales, culturales y económicos que contextualizan el fenómeno de la diversificación religiosa. Los nuevos movimientos religiosos responden, pues, a nuevas necesidades y ésta es una de las principales razones por las que estos movimientos, ya sean emergentes o derivados de otros ya existentes, se hagan prontamente de su universo de fieles en lo que al parecer es la clave de su éxito en la creciente oferta de las nuevas religiones. Esta dinámica de las religiones boyantes ofrece ahora posibilidades para que los creyentes puedan incluso acceder a nuevas creencias hechas "a la medida", o como se les conoce en el medio, "a la carta".

 

Bibliografia

De La Torre, Renée y Cristina Gutiérrez Zuñiga, coords., 2007, Atlas de la diversidad religiosa en México, México, CIESAS–El Colegio de Jalisco/El Colegio de la Frontera Norte/El Colegio de Michoacán/Universidad de Quintana Roo/ Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación/Conacyt.        [ Links ]

Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), 2000, XII Censo general de población y vivienda, México, 2000.        [ Links ]