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Estudios fronterizos

versión On-line ISSN 2395-9134versión impresa ISSN 0187-6961

Estud. front vol.20  Mexicali  2019  Epub 11-Dic-2019

http://dx.doi.org/10.21670/ref.1906027 

Artículos

Narrativas de reforzamiento de la frontera: El rol del saber y el poder de las comunicaciones

a El Colegio de la Frontera Norte, Dirección Regional Noroeste, Ciudad Juárez, Chihuahua, México, correo electrónico: spena@colef.mx

Resumen:

El objetivo del artículo es analizar y explicar la paradoja del porqué el saber objetivo basado en “datos y hechos” es insuficiente para crear una narrativa que conduzca a una integración y cooperación más profunda, y de esa manera producir una frontera más fluida, funcional, e integrada. La pregunta central es ¿por qué la narrativa de reterritorialización, que refuerza las diferencias y solidifica la frontera, ha prevalecido? El marco teórico que guía el análisis se fundamenta en el concepto de frónesis, que es un tipo de saber práctico a través del cual los actores sociales llegan a un acuerdo cuando éste no puede lograrse por medio de la racionalidad científica. El tema de poder juega un rol importante en el análisis -particularmente, la relación entre el saber y el poder de la comunicación para articular una narrativa de diferenciación. La conclusión es que el poder de la industria militar y de vigilancia ha tenido mayor influencia en darle forma a la política fronteriza comparada con el poder de la academia y el conocimiento científico.

Palabras clave: Conocimiento y poder; frontera Estados Unidos-México; frontera y poder; poder de las comunicaciones

Introducción

En las últimas décadas, la frontera México-Estados Unidos ha sido objeto de narrativas y racionalidades contrapuestas. Por un lado, un discurso derivado de los procesos neoliberales de globalización implica políticas para “desterritorializar” las fronteras y construir una comunidad transnacional donde las fronteras se vuelven líquidas o sean más fáciles de cruzar. Por otro lado, un discurso de “reterritorialización” que enfatiza las diferencias y fortalece la noción de frontera como barrera y amenaza, solidificando así las fronteras (Bauman, 2007>, pp. 1-26; Bauman, 2012, pp. 1-15). La elección de Donald J. Trump es un intento de volver a la visión geográfica euclidiana de las fronteras como una línea física y un proceso de refuerzo de la diferenciación para separar a los que pertenecen y a los que se excluyen (Newman, 2003).

La pregunta principal que se pretende responder en este ensayo es: ¿por qué ha prevalecido la narrativa de la “reterritorialización”, de reforzar las diferencias y solidificar la frontera, a pesar de que existe evidencia (comercio, inversión extranjera directa, etc.) que demuestra que una frontera más fluida es un activo económico importante para ambos países? El objetivo general de este trabajo es analizar y explicar la paradoja de por qué el conocimiento objetivo basado en “hechos y datos concretos” ha sido insuficiente para forjar una narrativa, particularmente en el lado estadounidense, que conduzca a una cooperación más profunda y haga que la frontera México-Estados Unidos sea más fluida, funcional, e integrada. El propósito es principalmente teórico y se basa en algunos hechos empíricos para ilustrar más que para probar.

Reconozco que hay un vasto conjunto de conocimientos producidos por académicos de relaciones internacionales, entre otros, que podrían ser útiles. Sin embargo, el objetivo de este artículo es poner a prueba la propuesta de Flyvbjerg (2001) de emplear la “frónesis” como enfoque teórico para explicar el refuerzo de la frontera como una barrera. El concepto de frónesis (Flyvbjerg, 2001, pp. 110-128) se basa en la idea aristotélica de “sabiduría práctica” y es una de las virtudes éticas que Aristóteles identifica como un tipo de conocimiento. Según Flyvbjerg (2001, pp. 25-37) las ciencias sociales han llegado a un punto en el que se enfrentan al nihilismo y carecen de significado debido a las actuales guerras científicas (Ross, 1996), entre filosofías positivistas y relativistas. Según Bent Flyvbjerg (2001, pp. 110-128), la frónesis puede dar un nuevo significado a las ciencias sociales y superar la dicotomía ontológica de la objetividad y el relativismo cultural. La frónesis toma en consideración las relaciones sociales en torno a cuestiones de poder y “racionalidad de valores” para proporcionar una explicación ontológica más realista del mundo social. Según Aristóteles (Aristotle, 2009, pp. 105-107), la sabiduría práctica o Frónesis es el tipo de razón que es fundamental en una sociedad, para establecer creencias a través de la deliberación, cuando la ciencia o la objetividad pura no logran hacerlo. Una premisa básica derivada de un análisis fronético es que el poder es clave para racionalizar y dar forma a una realidad (Flyvbjerg, 2001, pp. 110-128).

El tema principal del documento es la manera en que se despliega y ejerce el poder para racionalizar y dar forma a una realidad. Una de las limitaciones de Flyvbjerg (2001, pp. 88-109) es que carece de una teorización del poder y proporciona una explicación muy limitada sobre el tipo de poder que es relevante tener en cuenta (Forester, 2001). Este artículo argumenta que al combinar el conocimiento fronético y el poder de las comunicaciones se obtiene una línea de investigación útil; particularmente, al explorar cómo se produce el conocimiento sobre el objeto (es decir, la frontera), por parte de quién, y con qué propósito. El poder de las comunicaciones (Castells, 2007; Castells, 2013, pp. 10-53) se utiliza como una manera de descubrir cómo se está produciendo un mensaje en la sociedad en red para dar forma a la “verdad” sobre el objeto (es decir, la frontera); el papel de los medios de comunicación tradicionales y de las redes sociales es de particular interés. La hipótesis principal es que el complejo industrial de vigilancia militar ha sido el actor más influyente detrás del tipo de conocimiento que da forma a la política fronteriza. Además, la elección de Trump -basada en puntos de vista antiinmigrantes, anticomercio y antimexicanos- ha mostrado el poder de las comunicaciones, a través de las redes sociales en los EE.UU., para formar mentes y opiniones sobre la frontera en un ambiente de deliberación. Como se discutirá más adelante, la elección de Trump es un ejemplo de continuidad para ilustrar el poder de la comunicación, como las redes sociales, como una herramienta para reforzar las fronteras simbólicas a través de medios materiales como las barreras físicas y las tácticas militares, en lugar de una plataforma de debate pragmático veraz donde la gente, a través de medios intersubjetivos, lleguen a un “acuerdo de la situación” como en la visión de Habermas de la acción comunicativa (Habermas, 1985).

El resto del documento se divide en tres secciones. La primera sección ofrece un análisis de cómo los estudiosos de la frontera han examinado las cuestiones de poder, racionalidad y fronteras para establecer un punto de partida. La siguiente sección se centra en responder a las preguntas orientadoras que Flyvbjerg (2001, pp. 53-65) propone, las cuales son: 1) ¿Adónde vamos? 2) ¿Quién gana y quién pierde, por qué medios de poder? Esta es la pregunta más importante. 3) ¿Es deseable? y 4) ¿Qué se debe hacer? En la última sección se presentan algunas conclusiones y reflexiones.

Fronteras, saber, y poder: Marco teórico

Antes de ahondar en los temas de poder en la frontera México-Estados Unidos, es importante revisar algunos de los argumentos (Heyman, 2017; Newman, 2003, p. 22; Paasi, 2010; Paasi, 2011; Salter, 2006; Slack, Martínez, Lee y Whiteford, 2016; Sparke, Sidaway, Bunnell y Grundy-Warr, 2004) que se están formulando con respecto al poder y las fronteras. Sparke et al. (2004, p. 488 citando a O’Tuathail), argumentan que el territorio necesita ser reconceptualizado como un régimen de prácticas triangulado entre la institucionalización del poder, la materialización del lugar, y la idealización de los “pueblos”. Paasi (2011, pp. 11-12) argumenta que se ha prestado poca atención a la cuestión de cómo el poder social está involucrado en el proceso de construcción de la región. El autor concluye que las identidades regionales en la práctica:

… son típicamente discursos de científicos, políticos, administradores, activistas culturales, o empresarios que pretenden distinguir una región de otras. Tales clasificaciones se basan inevitablemente en ciertas elecciones, en las que algunos elementos se eligen para constituir una narrativa de identidad y otros se excluyen. Por lo tanto, son expresiones de poder para delimitar, nombrar, y simbolizar el espacio y los grupos de personas (Passi, 2011, p. 14).

Newman (2003, p. 22), en la misma línea, argumenta que las fronteras son instituciones que gobiernan el grado de “inclusión/exclusión”, y que las élites de poder deciden quiénes son excluidos y “ven la frontera como una institución que protege a los que están ‘dentro’ o ‘aquí’ del impacto negativo (percibido) de los que han sido excluidos y están ‘fuera’ o ‘allá’” (Newman, 2003, p. 14). Slack et al. (2016, p. 8) se centran en cómo las políticas de “estrategia de disuasión” son moldeadas por el poder del Estado con una lógica militarizada con énfasis en infligir “dolor, sufrimiento, y trauma como disuasión”. Heyman (2017, p. 46) adopta un enfoque crítico y relacional, y muestra cómo el poder intenta abordar la paradoja del “desarrollo desigual y combinado en la frontera”, en donde los puntos de vista de las “élites gerencialistas” -de un espacio más funcionalista- compiten con los puntos de vista de la derecha centrados en las fronteras simbólicas y la vigilancia. En resumen, la revisión muestra que las fronteras son construcciones sociales basadas en las subjetividades de las personas, donde la política y las relaciones de poder son los escenarios para resolver las diferencias y poner en práctica (las políticas) las ideas. Salter (2006) va más allá del análisis del poder desde la perspectiva macro de la frontera hacia un análisis de cómo se pone en acción el poder utilizando los conceptos de Foucault de la biopolítica como prácticas de inclusión/exclusión. Salter (2006, p. 173) argumenta que el concepto de biopolítica ayuda a explicar y comprender la forma en que la obediencia y la elección se estructuran a través de una red de poder/conocimiento. Las políticas antiterroristas puestas en práctica para investigar a las personas han hecho que los académicos presten atención a las relaciones de poder entre el soberano y el control los cuerpos; este poder biopolítico se ejerce en todo tipo de cruces fronterizos, incluidos los aeropuertos, en forma de tecnologías de poder como la biométrica, las huellas dactilares, los escaneos oculares, etc. (Salter, 2006, pp. 169-174).

Bauman (2012, pp. 8-11) argumenta que uno de los principales atributos de la modernidad fue la forma en que se concibe el tiempo y el espacio. Mientras que el espacio era fijo, el tiempo era dinámico. El panóptico, según Bauman (2012, pp. 9-11), es un ejemplo de poder de la modernidad asociado a la necesidad de vigilancia profesional. La vigilancia de fronteras y la seguridad son ejemplos de esta sólida modernidad. Las instituciones de seguridad fronteriza, como la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) son ejemplos de instituciones sólidas que tienen empotrado el poder panóptico moderno del Estado nación.

En los análisis anteriores, el refuerzo de las fronteras (es decir, la diferenciación) implica relaciones de poder. El poder ayuda a dar forma y racionalizar las narrativas que retratan las fronteras como amenazas, fuera de control, “tierra de nadie”, etc. Los análisis anteriores explican cómo se ejerce el poder para institucionalizar las fronteras como procesos de diferenciación y exclusión. El punto de partida de este trabajo, sobre el poder, es que ancla el presente análisis del poder y las fronteras con el marco conceptual de Foucault (1980, pp. 55-165) y Bourdieu (2003, pp. 220-228) sobre la relación entre conocimiento y poder. También se utilizó la idea de Castells (2007; Castells, 2013, pp. 10-53) en torno al tema del poder de las comunicaciones.

Las ideas de Foucault (1980, pp. 55-165) y Bourdieu (2003, pp. 220-228) son útiles para explorar la cuestión de quién decide qué conocimiento es más aceptado por el corpus social para producir una narrativa que impulse la elaboración de políticas. Además, la idea de Castells (2007; Castells, 2013, pp. 10-53) del poder de las comunicaciones se utilizará para explicar el papel de los medios de comunicación de masas y las redes sociales, específicamente el éxito de Donald Trump en el uso de las redes sociales para ser elegido mediante el empleo de una narrativa de diferenciación en torno a un discurso anti-TLCAN y antimexicano.

Los conceptos de Foucault (1980, pp. 78-108) de conocimiento dominante y “subyugado”, y de Bourdieu (2003, pp. 163-170; Bourdieu, 2014, pp. 162-175) de “poder simbólico” son útiles y proporcionan un puente a la idea de Castells (2007; Castells, 2013, pp. 10-53) de poder de comunicación. Tanto Foucault (1980, pp. 5-165) como Bourdieu (2003, pp. 163-170; Bourdieu, 2014, pp. 162-175) cuestionan la idea de que la producción de conocimiento es un retrato objetivo y libre de juicios de valor como la ciencia social positivista lo supone; más bien, el conocimiento es el producto de las relaciones de poder, y quienes están en el poder son los que deciden qué conocimiento se convierte en válido, se considere mainstream y sea aceptado por la sociedad. Foucault (1980, p. 82) explica cómo algunas ideas o formas de producir conocimiento se vuelven predominantes sobre otras formas de “conocimientos subyugados… que han sido descalificados por ser inadecuados para su tarea o insuficientemente elaborados: conocimientos ingenuos, situados en la parte inferior de la jerarquía, por debajo del nivel requerido de cognición o cientificidad”. Ejemplos del conocimiento subyugado incluyen “conocimiento con sentido común, conocimiento popular”, etc. Bourdieu (2014, pp. 162-175) explora la cuestión de cómo domina el dominante y argumenta que es a través del poder simbólico que el dominante crea relaciones de fuerza, así como relaciones de significado; este tipo de poder se ejerce de “manera invisible, de modo que la gente no es consciente de su existencia misma [y] el propio ejercicio de este poder depende de esta falta de conciencia”.

Foucault (1980, pp. 109-133) enfatiza en cómo algunas narrativas a través de las relaciones conocimiento-poder llegan a ser dominantes. Bourdieu (2014, pp. 162-175) por su parte, destaca las formas en que esas narrativas de poder a través de compartir significados se convierten en parte del cuerpo social. Por lo tanto, el poder del conocimiento y los discursos están vinculados y es necesario reproducirlos a través de diferentes canales de comunicación. Castells (2007, pp. 240-243; Castells, 2013, pp. 10-53) argumenta que la comunicación política como medio para crear una narrativa y acción social ha cambiado dramáticamente con el surgimiento de las redes sociales. Los canales de comunicación típicos, como los medios de comunicación de masas (periódicos, televisión, radio), ya no tienen el monopolio de ser guardianes o filtros intermedios de noticias y narrativas entre los políticos y la sociedad; las redes sociales han proporcionado nuevos canales de comunicación directa entre la política y la sociedad, a menudo pasando por alto los medios tradicionales. Esta nueva alternativa ha cambiado drásticamente la forma en que se producen, reproducen y disputan las narrativas. La elección de Trump, debido al peculiar colegio electoral y a pesar de que obtuvo menos votos que Hillary Clinton, es un ejemplo del poder de las redes sociales como medio para difundir una narrativa de diferenciación que un porcentaje considerable del corpus social aceptó; el muro fronterizo entre Estados Unidos y México es una pieza central de esta narrativa que refuerza las fronteras simbólicas. Los estándares tradicionales de la veracidad de la información en los medios de comunicación basados en la comprobación de hechos y la ética de la comunicación objetiva se enfrentan a otros canales de comunicación de masas (por ejemplo, Fox News), como las redes sociales (Breitbart News Network), donde la gente busca opiniones de redes con ideas afines, para reforzar sus puntos de vista, convertirse en hechos aceptados y presentar una narrativa y una realidad alternativa a los medios de comunicación de masas tradicionales.

La Figura 1 muestra el marco analítico para entender la lógica que impulsa el poder y la acción en la frontera. Existen formas de conocimiento que pueden ser procesos comunicativos objetivos, subjetivos o intersubjetivos. Se enfatiza la idea de que el conocimiento es poder y un recurso que se ejerce para reforzar la diferenciación. El ejercicio del poder es instrumental; el poder es un medio para lograr el fin de mantener símbolos que se consideran mayoritarios (tradiciones culturales, lengua, etc.) o dominantes, y también el poder es capaz de dar forma a la realidad cerrando “contra conductas” (Foucault, 2004, pp. 191-226; Bourdieu, 2003, pp. 43-65) movimientos e ideas. El poder de las comunicaciones (Castells, 2007; Castells, 2013, pp. 20-53) juega un papel importante en la producción y reproducción de aquellos relatos que conducen a acciones políticas excluyentes (legislación y asignación de recursos para reforzar una frontera material y simbólica).

Figura 1 Marco analítico: Poder y racionalidad 

Las ideas de Foucault y Bourdieu no son incompatibles con la idea de la sabiduría práctica de Aristóteles (Aristotle, 2009, pp. 105-107), quien identifica cinco formas de “sabiduría” o razón a través de las cuales la gente “afirma o niega la verdad”. Estas son: una forma teórica en la que la ciencia es la forma de producir conocimiento; y una forma práctica en la que la deliberación es una forma de crear razón a través de la sabiduría práctica. Las otras tres son intuición, sabiduría filosófica, y arte. Según Aristóteles (Aristotle, 2009, pp. 105-107), la sabiduría práctica es el conocimiento que se forma a través de la deliberación. Un sujeto con sabiduría práctica es aquel que es capaz de “deliberar” sobre “qué tipo de cosas conducen a la buena vida en general [y] a una capacidad de actuar con respecto a las cosas que son buenas o malas para el hombre” (Aristotle, 2009, p. 106). En resumen, la sabiduría práctica se trata de cosas sobre las que “es posible deliberar” (Aristotle, 2009, p. 108).

Este ensayo argumenta que este marco conceptual proporciona una ruta para poder responder a las cuatro preguntas básicas planteadas por Flyvbjerg (2001, pp. 53-65) que se utilizan para explorar cómo el poder es capaz de dar forma, producir y reproducir una narrativa de reforzamiento y diferenciación de la frontera. En resumen, las narrativas fronterizas no están necesariamente impulsadas por el objetivismo ontológico de la sabiduría científica racional, sino más bien por la sabiduría práctica, en la que la deliberación es un medio para construir y racionalizar una narrativa y en la que la “racionalidad de los valores” desempeña un papel clave.

Poder en la frontera de EE.UU. y México: Un enfoque fronético

Flyvbjerg (2001, pp. 53-65) propone cuatro preguntas que son relevantes para operacionalizar la frónesis como estrategia de investigación metodológica. Las preguntas son: ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Quién gana y quién pierde, y a través de qué medios de poder? ¿Es deseable? ¿Qué se puede hacer? Esta sección emplea estas preguntas como una forma de organizar la discusión en torno a la cuestión del conocimiento práctico y los poderes de comunicación.

Como ya se ha dicho, el objetivo principal de esta sección es ilustrativo, en lugar de buscar la validez externa a través de datos empíricos. Los datos o casos utilizados son, en su mayoría, para ejemplificar y fortalecer los argumentos teóricos desarrollados en el trabajo. Un análisis estadístico detallado de los datos de redes sociales está más allá del alcance de este trabajo.

¿Hacia dónde nos dirigimos?

La frontera México-Estados Unidos ha experimentado, en las últimas décadas, un proceso dialéctico de desterritorialización y reterritorialización (Fuentes y Peña, 2010) típico de la globalización (Brenner, 1999; Harvey, 2006, pp. 9-68; Sassen, 2007, pp. 45-96). Esto significa que mientras el capital y los bienes fluyen más libremente a través de las fronteras; los flujos de mano de obra no calificada y de personas, procedentes de los países vecinos más pobres, están más restringidos en general por las naciones receptoras más ricas (Boehmer y Peña, 2012, pp. 274-277). Al mismo tiempo que se modernizan y amplían infraestructuras como puentes, instalaciones portuarias, etc., para facilitar el comercio transfronterizo, se despliegan en la frontera vallas y una tecnología de vigilancia más sofisticada (Boyce, 2016, pp. 255-257) para detectar los cruces no autorizados (por ejemplo, migrantes indocumentados y mercancías ilícitas) (Slack et al., 2016). Sohn (2014) indica que la globalización fue una importante fuerza motriz para que los Estados cedieran parte de su soberanía a las “burocracias transnacionales” para implementar algún proceso de desterritorialización (es decir, hacer que las fronteras sean más fluidas y eficientes) con el fin de asegurar la acumulación de capital. Bauman (2007, pp. 5-26; Bauman, 2012, pp. 1-15) argumenta que la globalización es un proceso de “licuefacción” de viejas instituciones “sólidas”, un proceso que crea resultados negativos como la incertidumbre, inseguridad, e inestabilidad, descritas como la “trinidad impía” de la “liquidez moderna”.

Los ataques terroristas en Estados Unidos el 11/09/2001 reforzaron la sensación de inseguridad y regresaron al Estado nación reafirmando su poder policial (Foucault, 2004, pp. 311-361) como una función clave para proteger la seguridad de la población; por lo tanto, acentuaron las políticas territoriales más restrictivas en las fronteras entre Estados Unidos y México para manejar la incertidumbre y la inseguridad (Slack et al., 2016). Los atentados terroristas han deshecho los limitados intentos del transnacionalismo y la gobernanza multinivel transfronteriza en favor de un enfoque neorrealista más tradicional (Morgenthau, 2014) basado en la noción de utilizar el poder policial para mantener el control del territorio y sus fronteras (Foucault, 2004, pp. 311-361). La frontera México-Estados Unidos se ha convertido en uno de los escenarios donde las políticas de seguridad se han materializado, al hacer que la frontera sea físicamente más visible y más difícil de cruzar, es decir, se ha ejercido el poder para reforzar las diferencias y la separación. Como señala Newman (2003), las fronteras son procesos de diferenciación y existen como una institución para proteger a los que están “dentro” de los peligros de lo que está “fuera” de la frontera.

La frontera México-Estados Unidos, que nunca ha sido concebida en términos relacionales espaciales puras, ha reforzado la concepción euclidiana del gobierno fronterizo. Según Harvey (2006, pp. 119-148), una concepción euclidiana del espacio enfatiza los atributos geográficos y físicos de la demarcación; así, la frontera se convierte en un contenedor de procesos que codifica lo que está “dentro” y lo que está “fuera” (Taylor, 2003, pp. 102-108). Las políticas y acciones de diferenciación de Estados Unidos en la frontera tienen como objetivo proteger lo que Bourdieu (2003, pp. 220-228) llama el poder simbólico (por ejemplo, el lenguaje hegemónico, la identidad, etc.) de aquellos que tienen el control de amenazas “externas” (cultura, terrorismo, migración sin documentos, drogas, valores antidemocráticos, etc.).

La política fronteriza, particularmente después del 11 de septiembre, se dirige hacia un énfasis en la frontera como una diferenciación o una “mixofobia” (Bauman, 2007, pp. 86-93) definida por los poseedores de poder en Washington y algunos estados como Texas y Arizona. La realidad fronteriza está siendo modelada y definida por los poderosos y, en particular, por el “complejo de vigilancia-industrial” (Hayes, 2012; Lyon, 2010). Utilizando los conceptos de Bauman (2007, pp. 86-93; Bauman, 2012, pp. 182-184), añadiría que la idea de un muro fronterizo es una respuesta “mixofóbica” por parte de un segmento de la sociedad estadounidense afectado por los dos aspectos negativos de la globalización: incertidumbre e inseguridad. Donald Trump ha explotado y reforzado con éxito, a través de las redes sociales, la ansiedad de un segmento de la sociedad estadounidense. La narrativa que ha logrado racionalizar la frontera es que la frontera sur es la fuente de esos efectos de “trinidad impía”, por lo que es necesario construir una “armadura” para mantener la “...isla de tranquilidad acogedora y hogareña en un mar de turbulencia e inhospitalidad” (Bauman, 2012, p. 182). En resumen, nos dirigimos hacia una frontera material que separa, diferencia, expulsa y niega la entrada a quienes son etiquetados como un riesgo (Newman, 2003, pp. 19-20) al poder simbólico, descrito como valores nacionales. Heyman (2017) equipara esta política como un “apartheid fronterizo” en el sentido de que algunos segmentos de los residentes de las fronteras tienen prohibido entrar en el espacio estadounidense. Las órdenes ejecutivas de Trump han identificado a dos grupos principales considerados como un riesgo para el poder simbólico: el primero comprende a los inmigrantes indocumentados que llegan a través de la frontera sur (mexicanos y centroamericanos), y es por eso que se necesita un muro fronterizo; el segundo engloba a los ciudadanos de siete países con mayoría de población musulmana (Siria, Irak, Irán, Somalia, Libia, Yemen y Sudán), considerados como a la vanguardia del islamismo radical y como una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos. La administración Trump recientemente ha explotado y retratado como una “invasión” a los solicitantes de asilo de los países centroamericanos, utilizando así el poder ejecutivo para declarar una “emergencia nacional” en la frontera. La interrupción de los flujos fronterizos y la sensacionalización del problema a través de las redes sociales y medios masivos, es una forma de sensacionalizar su mensaje político que continuará hasta las próximas elecciones. El sistema democrático y los medios de comunicación volverán a ser un medio para debatir y establecer creencias que no pueden ser resueltas por medios objetivos.

¿Quién gana y quién pierde, y a través de qué medios de poder?

El objetivo de esta sección es ilustrar la idea de Foucault sobre cómo se despliega el poder en la producción de conocimiento que se convierte en la fuerza motriz de la creación de políticas, así como el conocimiento que se emplea para racionalizar acciones que al final sirvieron a unos intereses poderosos y a la narrativa de reforzamiento de la frontera.

Esta pregunta se responde examinando primero a algunos actores clave y preguntándose quién se beneficia y quién pierde con la aplicación de las políticas de seguridad-vigilancia en la frontera. El análisis de Heyman (2012, pp. 267-269) es una clave importante para dar una respuesta sobre quiénes son los ganadores de las políticas de diferenciación y reforzamiento de la frontera material. El autor explora algo que es desconcertante para muchos estudiosos de la frontera: ¿por qué la conveniencia de los flujos en la frontera, que funciona a favor del capitalismo global, se ve gravemente socavada? Heyman (2012, pp. 263-265) concluye que los recursos se asignan a favor de la “aplicación de la ley entre puertos” en lugar de a favor de la “operación portuaria”. En otras palabras, los recursos se gastan en operaciones de interdicción contra la “economía ilícita” (Andreas, 2004, p. 648), como las drogas y el tráfico de personas, que cruzan por lugares no autorizados (es decir, “entre puertos” de entrada), en lugar de facilitar los flujos de bienes y personas examinados para cruzar por puertos de entrada autorizados.

Este artículo sostiene que el capitalismo global en la frontera en forma de producción maquiladora sigue siendo rentable a pesar de los costos incurridos por los retrasos en el cruce de la frontera; en otras palabras, las ganancias marginales de acelerar los flujos en la frontera no son suficientes para invertir en un cabildeo más agresivo para lograr una mayor eficiencia en la frontera. Una historia diferente es la perspectiva de imponer un “impuesto o tarifa de ajuste fronterizo” de 20%, que podría tener un impacto sustancial, especialmente si México toma represalias que podrían interrumpir toda la cadena de producción mundial. Trump incluso tuvo que dar marcha atrás cuando el 29 de marzo de 2019 amenazó con cerrar la “maldita frontera”. Sin embargo, hay otro actor que se beneficia de la “aplicación de la ley entre puertos” y que se refiere a lo largo del análisis como el “complejo vigilancia-industrial” (Hayes, 2012). El “complejo de vigilancia-industrial” es definido por Hayes (2012) como un “matrimonio entre tecnología y seguridad” que vincula a gobiernos, agencias estatales y corporaciones en la misma línea de la vigilancia líquida. Según Hayes (2012, p. 170), citando el informe de Visiongain, en 2010 los gastos mundiales en seguridad nacional superaron los 178 000 millones de dólares; la seguridad fronteriza en forma de vigilancia perimetral y vigilancia terrestre y aérea no tripulada ascendió a 15 800 millones de dólares. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos gasta más de mil millones de dólares al año en I+D en seguridad (Hayes, 2012, p. 173).

En Estados Unidos, las agencias relacionadas con el “complejo industrial de vigilancia”, como el DHS, la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), entre otras, y los contratistas asociados con la puesta en marcha de tecnologías de vigilancia, son los grandes ganadores. Para poner las cosas en perspectiva y tener una dimensión de la cuestión, aquí hay algunos datos en términos monetarios. El presupuesto para el año fiscal 2016 autorizado para el DHS fue de 64 858 484 000 dólares (Department of Homeland Security [DHS], 2016); la proporción del presupuesto del DHS asignado a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) es igual a 21% (13 565 294 000). Aplicando cálculos estimados de manera informal, el presupuesto total de gastos de cinco estados fronterizos mexicanos -Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, y Tamaulipas- es aproximadamente equivalente (96%) al presupuesto total asignado a CBP.1 El presupuesto asignado a la CBP de 2000 a 2009 aumentó en 230%, de 1 006 millones a 3 500 millones y casi se cuadruplicó a 13 500 millones en 2016. El personal de la patrulla fronteriza se duplicó en una década, llegando a 17 499 personas; en 2015, a 20 183 agentes de la patrulla fronteriza; en la frontera sur, en 1992, había 3 555 agentes y en 2008, 15 442 (un aumento de 334%). El otro lado de la historia es que las detenciones de migrantes indocumentados alcanzaron su punto más alto en el año 2000 con 1.65 millones y desde entonces ha habido una disminución constante (Nunez-Neto, 2008, pp. 13-19; U.S. Customs and Border Protection, 2015a). Según el Pew Research Center, la migración neta mexicana a Estados Unidos ha disminuido constantemente de 2009 a 2012; hubo 5.9 millones en 2012 en comparación con 6.4 millones en 2009; la explicación es que hay un aumento en las salidas y una disminución en las llegadas (Passel y D'Vera, 2014, p. 9). Sin embargo, la frontera de México sigue siendo un puente para otros migrantes, en particular hacia los niños no acompañados centroamericanos, llegando a una crisis en 2014 con 68.541 detenciones de menores (U.S. Customs and Border Protection, 2015b). En 2018 y 2019 otra gran ola de centroamericanos está teniendo lugar en forma de caravanas; la gran diferencia es que ahora esos migrantes son familias que huyen de la violencia y buscan asilo en Estados Unidos que en lugar de jóvenes, esta vez en su mayoría son hombres en busca de trabajo. El “complejo industrial de vigilancia”, como la CBP, así como los que se dedican a la prestación de servicios de consultoría y tecnología, se verán muy afectados si la frontera entre México y Estados Unidos se vuelve sin fisuras o “líquida” y no hay una mayor necesidad de vigilancia fronteriza. Esta es una razón importante por la que las narrativas y los discursos que provienen de este grupo de poderosos señalen que la frontera es un lugar peligroso y que, por lo tanto, es necesario asignar más recursos para reforzarla y hacerla más segura. La administración Trump sigue la misma política al tratar de aumentar el personal de vigilancia en la frontera, se ha fijado el objetivo de contratar a 5 000 agentes adicionales de la patrulla fronteriza y 10 000 agentes del ICE, además de que quiere atenuar los procedimientos de contratación, como la prueba del polígrafo, para acelerar el proceso.

Cambiando el enfoque a la cuestión del saber y el poder, se sostiene que el “complejo de vigilancia-industrial” ha tenido éxito en dirigir el conocimiento producido en las instituciones académicas para servir a sus intereses, y validar y solidificar su poder ganado. Tradicionalmente, se piensa que el conocimiento científico es objetivo y sin prejuicios. Sin embargo, como argumenta Bourdieu (2014, p. 163), el poder simbólico tiene la característica de ser “un ejercicio de manera tan invisible que las personas desconocen su existencia y los que están sujetos a él son los primeros de ellos, ya que el propio ejercicio de este poder depende de esta falta de conciencia”, mientras que los académicos siguen creyendo en la objetividad y racionalidad pura de su conocimiento, es claro que algunos conocimientos académicos sirven al poder.

Por lo tanto, academias y universidades en los EE.UU. están en el lado ganador con el dinero recibido para financiar la investigación. Las universidades se han subido al tren del régimen de seguridad nacional poniendo la investigación aplicada y el conocimiento científico a disposición del “complejo de vigilancia-industrial”. El DHS ha certificado 15 programas en universidades como Centros de Excelencia (COEs, por sus siglas en inglés) en ciencia y tecnología de seguridad nacional; algunos de ellos justo en la frontera (Hayes, 2012, pp. 173). Por ejemplo, la Universidad de Arizona y la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) codirigen el Centro Nacional de Seguridad Fronteriza e Inmigración; el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la UTEP es parte de esa iniciativa (U.S. Department of Homeland Security, 2015). Un centro de nueva creación que también se ocupa de asuntos fronterizos en la Universidad de Houston es el Center for Borders, Trade, and Immigration Research (CBTIR); los otros COEs se centran en una variedad de temas relacionados con la seguridad nacional, tales como resiliencia costera (Universidad de Carolina del Norte), infraestructura crítica (Universidad de Illinois, Urbana-Champaign), conciencia del dominio ártico (Universidad de Alaska, Anchorage), visualización y análisis de datos (Purdue y Rutgers), localización de amenazas relacionadas con explosivos (Universidad del Nordeste), defensa de zoonosis y enfermedades animales (Texas A&M y Universidad Estatal del Estado de Kansas), instituto de protección y defensa de alimentos (Universidad de Minnesota), seguridad marítima (Stevens Institute of Technology), análisis de riesgos y análisis económico de eventos terroristas (Universidad del Sur de California), estudio del terrorismo y las respuestas al terrorismo (Universidad de Maryland), seguridad marítima, de las islas y del medio ambiente remoto y extremo (Universidad de Hawái y Stevens Institute of Technology), evaluación de riesgos microbianos (Universidad de Michigan, Universidad de Drexel y Agencia de Protección del Medio Ambiente), peligros costeros (UNC -Chapel Hill y Jackson State University), preparación y respuesta a eventos catastróficos (Johns Hopkins University), el Centro Nacional de Seguridad en el Transporte de Excelencia compuesto por varias instituciones como Long Island University en Riverhead, Universidad de Arkansas, Universidad de Connecticut, Rutgers University, Texas Southern University y Tougaloo College.

En el lado opuesto, los centros de investigación que se centran en temas fronterizos más amplios, como la gobernanza fronteriza, la desigualdad, los derechos humanos y la “seguridad humana” (Slack et al., 2016), etc., son mucho menos en el lado estadounidense. Las instituciones académicas mexicanas prestan más atención a los asuntos de integración y no relacionados con la seguridad. Estas instituciones representan lo que Foucault (1980, pp. 78-108) denominó conocimiento “subyugado”, o en términos de poder, son ejemplos de narrativas contrarias que tienen mucho menos fuerza para inducir cambios y acciones políticas en la frontera, o para influir en una narrativa y un discurso a nivel nacional y binacional. Pocos centros en los estados fronterizos de los EE.UU., como el UC-San Diego Center for US-Mexico Studies, se enfocan en las relaciones entre Estados Unidos y México: la Universidad Estatal de San Diego tenía un programa binacional de administración pública que no pudo sobrevivir más allá de su primera cohorte de estudiantes binacionales; la Escuela de Estudios Transfronterizos de Arizona es quizá la única que ofrece un título de doctorado en estudios transfronterizos; centros que se enfocan en estudios fronterizos per se, el Centro Udall de la Universidad de Arizona que se enfoca en temas ambientales incluyendo recursos naturales transfronterizos, el Centro para América Latina y Estudios Fronterizos de la Universidad Estatal de Nuevo México, la Escuela de Asuntos Públicos de la Universidad de Texas en Austin LBJ; el Centro de Estudios Interamericanos y Fronterizos de la Universidad de Texas en El Paso, por mencionar algunos; Texas A&M International en Laredo, Texas, tiene la Iniciativa Global y un programa de excelencia internacional sin fines de lucro. Del lado mexicano, El Colegio de la Frontera Norte, un centro de investigación con presencia a lo largo de la frontera mexicana, enfocado en una variedad de temas fronterizos, publica la revista académica Frontera Norte; la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) con su revista Estudios Fronterizos; y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez están entre las universidades ubicadas en estados fronterizos y ciudades que producen conocimiento sobre la frontera. Es importante mencionar la Asociación de Estudios Fronterizos que publica el Journal of Borderlands Studies.

Hasta ahora el análisis se ha centrado en cómo el poder y el conocimiento en la frontera se convierten en un objeto que se construye socialmente a través del poder de la deliberación, por ello, es importante reflexionar sobre el tema del poder de las comunicaciones, utilizando el marco teórico de Castells (2007; Castells, 2013, pp. 10-53) para explicar cómo se produce el conocimiento y cómo se delibera y se difunden los hechos para conformar una realidad fronteriza; en resumen, la frontera es un objeto socialmente en pugna. Barack Obama fue uno de los primeros en mostrar el poder de las redes sociales como una herramienta para construir una organización y recaudar fondos capaces de elegir un presidente. La elección de Trump, como presidente de Estados Unidos, acaba de reafirmar el papel de las redes sociales (Twitter) como un importante instrumento de deliberación y poder de comunicación para dar forma a una narrativa fronteriza; y la arena electoral es una forma de resolver cuál es más convincente.

Las redes sociales han cambiado las reglas del juego de la comunicación política, los medios tradicionales se enfrentan ahora a un contrapoder en las redes sociales. Como se mencionó anteriormente, los medios de comunicación tradicionales (televisión, radio, periódicos) se consideraban la cuarta rama del poder y se consideraba necesario contar con un medio de comunicación libre que no solo dijera la verdad acerca del poder, sino que hiciera responsables a los que detentan el poder mediante la verificación de los hechos sobre la verdad. Los medios de comunicación eran un intermediario importante de hechos y verdades entre la política y el público; si los medios de comunicación no informaban de ello, un evento o un hecho no existía en la opinión pública. Sin embargo, las redes sociales han cambiado drásticamente el papel de los medios de comunicación de masas como un filtro importante de verdades y hechos; la verdad y los hechos son ahora deliberados no solo en los medios de comunicación de masas, sino también en las redes sociales. Trump logró que el TLCAN, el muro fronterizo, la migración indocumentada, y las drogas fueran temas en las elecciones, utilizando las redes sociales como canal para deliberar y pasar por alto a los medios tradicionales. Una de las críticas es que los hechos en las redes sociales no son “conocimiento” exacto o veraz; por lo tanto, se debe llamar a esta era política “post-verdad”, al punto que el Diccionario de Oxford la llamó la palabra internacional del 2016. Las redes sociales articulan una red de personas que no necesariamente buscan hechos para formarse una opinión, sino más bien una red que reafirme las opiniones preconcebidas, independientemente de su veracidad o falta de ella.

El hecho es que las redes sociales frente a los medios académicos tienen más poder e influencia en la formación de los puntos de vista de la gente. El votante promedio no ve los hechos de una manera objetiva para formar su opinión, más bien selecciona hechos u opiniones que validen o apoyen sus creencias ya preconcebidas sobre la “verdad” acerca de la frontera que le ayuden a actuar, esto es sabiduría práctica. Las elecciones en Estados Unidos muestran que casi la mitad -de los votantes estadounidenses de las regiones de los estados del Medio Oeste, donde el “cinturón de óxido” está localizado y afectado por las fuerzas de la globalización- de hecho tienen, en general, una visión negativa de México, y en particular, del TLCAN y de la frontera. Por lo tanto, están dispuestos a apoyar políticas que refuercen las fronteras en forma de muros y vallas para proteger y/o recuperar su poder simbólico y su identidad.

¿Es deseable? y ¿qué se puede hacer?

Esta sección combina las dos preguntas porque no se pueden considerar por separado. La respuesta a si la tendencia y la dirección es deseable o no está vinculada a las estrategias y acciones que deben seguirse. La respuesta a la pregunta de si es deseable es una cuestión de deliberación, como sugeriría Aristóteles. La deseabilidad, además de la percepción y la razón, es uno de los tres aspectos asociados con el “alma” que conduce a la acción, y “el origen de la acción es la elección y esa elección es el deseo y el razonamiento con miras a un fin” (Aristotle, 2009, p. 103).

El comercio y el medio ambiente fueron elementos importantes de la narrativa y las políticas fronterizas, desde los años ochenta hasta los acontecimientos del 11 de septiembre, proporcionando cierta cohesión y galvanizando la acción basada en la cooperación y un fin común. El TLCAN y la creación de instituciones ambientales como la Comisión de Cooperación Ambiental Fronteriza (BECC, por sus siglas en inglés) son ejemplos de la gobernanza fronteriza basada en objetivos y fines acordados. Sin embargo, desde el 11 de septiembre se ha vuelto más difícil llegar a un acuerdo sobre metas y fines. La frontera y su significado simbólico es un ejemplo de un problema “perverso” (Blanco, 1994, pp. 21-25), donde no se acuerdan las metas ni se conocen las tecnologías sociales para resolver los problemas, por lo tanto, la única forma de salir del dilema es a través de la deliberación. El hecho es que la narrativa que ha prevalecido es la que propone el “complejo seguridad-industrial” de que la frontera es una amenaza y está fuera de control (Slack et al., 2016). Por lo anterior, la acción deseable sería crear una narrativa que se convierta en un contrapoder (Foucault, 1980, pp. 134-145) para poder competir con éxito en las diferentes arenas (burocracias gubernamentales, legislaturas, congresos, tribunales, elecciones, etc.) donde la verdad sobre la frontera está siendo deliberada y establecida.

Existe la necesidad de crear una narrativa alternativa que conduzca hacia un estado donde la frontera sea vista como un activo o recurso (Sohn, 2014) importante para el capitalismo y la acumulación de capital bajo la globalización, enfatizando, por lo tanto, la “operación portuaria” en lugar de las operaciones de prohibición “entre puertos” (Heyman, 2012, pp. 263-264), y donde se respeten los derechos civiles y humanos de las personas (Pallitto y Heyman, 2008, pp. 327-329). En resumen, una frontera sin fisuras basada en espacios de flujos y relacional que produzcan simbolismos compartidos, en lugar de una frontera material euclidiana que enfatiza las barreras físicas geográficas y la separación. ¿Cómo se puede alcanzar este deseo?

Una estrategia es hacer que el conocimiento producido en el mundo académico sea más relevante, no solo basado en principios científicos sólidos, sino también en hacerlo útil en las árenas de deliberación. Es imperativo crear un discurso alternativo. Los centros de ciencia e investigación pueden ser recursos importantes para crear una narrativa diferente; los Centros de Excelencia pueden emplearse no solo para estudiar temas de seguridad, sino también formas de cooperación. En las últimas décadas, México ha construido un capital humano considerable a través de instituciones académicas como El Colegio de la Frontera Norte, la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), entre otras ubicadas en la frontera. Las instituciones mexicanas y estadounidenses a lo largo de los estados fronterizos necesitan no solo ser centros de producción de conocimiento, sino también parte de la discusión en los foros de deliberación para poder influir en las narrativas. La investigación fronteriza debe basarse en asociaciones y estrategias de investigación intersubjetivas que permitan a los investigadores fronterizos escuchar y aprender desde otras perspectivas y entre sí.

Otra estrategia es explorar y replicar el programa Erasmus implementado por la Unión Europea para promover programas educativos transfronterizos y transnacionales, de modo que los ciudadanos de ambos países puedan aprender unos de otros y descubrir que hay más cosas que los unen que cosas que los separan. No conozco programas de doble titulación relacionados con la formulación de políticas públicas que permitan a los profesionales del otro lado de la frontera aprender cómo funcionan las cosas en ambos lados de esta. Hay un programa en línea ofrecido por El Colegio de la Frontera Norte sobre Estudios Fronterizos México-Estados Unidos cuyo objetivo es capacitar a personas que entienden la frontera y que pueden ofrecer soluciones políticas, por lo tanto, hay una falta de comprensión del proceso político por ambas partes; este tipo de conocimiento es necesario para avanzar en una agenda coherente por parte de las personas fronterizas binacionales y biculturales. Ha habido algunos esfuerzos de programas de doble titulación que no han sido sostenidos; por ejemplo, un programa entre la UABC y la Universidad Estatal de San Diego para ofrecer un título conjunto en planificación y administración fronteriza. Es importante desarrollar programas binacionales con grado universitario para capacitar a futuros líderes y especialistas en políticas que ofrezcan nuevas narrativas. Una etapa intermedia podría ser el aumento del intercambio académico entre profesores y estudiantes, créditos dobles, etc. Es importante desarrollar un capital humano transfronterizo que sea el medio no solo para construir una burocracia profesional transnacional, sino también para facilitar e influir sobre la acción en los ámbitos de deliberación.

La última estrategia, pero no por ello menos importante, es lo que México puede hacer en alianza con otros actores poderosos. Este artículo sostiene que la visión de la soberanía de México debe ser reconceptualizada y debe dejar de actuar como un “puercoespín sensible” (Davidow, 2004, pp. xi-xvii) que reacciona ante cualquier acción menor, moverse de los discursos de victimización hacia un enfoque más pragmático y ejerce cualquier poder blando (es decir, puntos de vista positivos que el mundo tiene sobre el país) con que cuente (Meyer, 2016). Es necesario ir más allá de la Doctrina Estrada, basada en la noción de soberanía, respeto, y derecho a la autodeterminación de cada nación y no intervención. Es importante cabildear y ofrecer una narrativa diferente a la que retrata el “complejo seguridad-industrial”, en los espacios de deliberación donde se forman las verdades. México puede aprender mucho de Israel. Silva-Herzog (2016) en un editorial pone el tema de una manera muy elocuente, en relación a la narrativa de Trump, diciendo que: El gobierno mexicano [antes de las elecciones] no ha sido capaz de defender una asociación que sea benéfica para ambas naciones, y que también plantee complejos desafíos. No se trata solamente de ponerle apodos o adjetivos al agresor [Donald Trump].

Para defender esta asociación benéfica es necesario formar alianzas con corporaciones multinacionales, congresistas pro-México y pro TLCAN, gobernadores estatales, etcétera; todos los actores en torno al TLCAN y fronteras más fluidas para convertirse en un contrapoder del “complejo seguridad-industrial”.

Conclusiones

Este artículo ha sido un intento de utilizar la frónesis como una herramienta metodológica y analítica para explicar los procesos y dinámicas de refronterización que tienen lugar en la frontera México-Estados Unidos. Es importante no olvidar la pregunta principal del documento: ¿Por qué ha prevalecido la narrativa de “reterritorialización” de reforzar las diferencias y solidificar la frontera, a pesar de que existen pruebas (comercio, inversión extranjera directa, etc.) que demuestran que una frontera sin fisuras es un activo económico importante para ambos países? La respuesta a la pregunta de por qué el conocimiento objetivo carece de influencia política en un contexto en el que existen “problemas perversos” en el que no hay acuerdo sobre los objetivos y la definición del problema, ni sobre las tecnologías sociales para encontrar soluciones (Blanco, 1994, pp. 21-25). Así, la única manera de definir el problema o la realidad es a través de la deliberación y las relaciones de poder, donde la “racionalidad valorativa” juega un papel clave en la producción del conocimiento. La frontera México-Estados Unidos fue un estudio de caso emblemático para realizar un análisis de cómo el poder de la comunicación juega un papel clave en la definición de la realidad y la agenda de políticas fronterizas. Las cuatro preguntas orientadoras utilizadas para abordar las relaciones de poder me permiten deconstruir las relaciones de poder para comprender la elaboración de una narrativa de refuerzo y diferenciación de fronteras en forma de muros y vallas. Después de todo, como sugiere Bauman (2007, pp. 5-26; Bauman, 2012, pp. 1-15), las fronteras son una manifestación tangible de una institución “sólida” diseñada para gestionar el miedo y la ansiedad que los extranjeros causan a los “internos”.

La lista de ganadores y perdedores solo pretendía ser ilustrativa, no exhaustiva, de todo el conjunto de actores fronterizos. La lista permitió centrarse en lo que se consideraba como los temas más urgentes desde el punto de vista académico. La futura agenda de investigación por realizar es ampliar la lista de actores fronterizos y analizar no solo quién gana y quién pierde con una barrera fronteriza, sino también cómo se muestra y se ejerce el poder para racionalizar y producir una realidad fronteriza.

Las elecciones intermedias en Estados Unidos en noviembre de 2018 ofrecieron una vez más un escenario en el que es muy probable que el poder de las comunicaciones desempeñe un papel importante. A través de las redes sociales ha capitalizado políticamente y explotado a su favor la caravana de migrantes centroamericanos que pasan por México con la esperanza de obtener asilo en Estados Unidos, nuevamente Trump retrata a los migrantes como “invasores”, mientras que las redes sociales y los medios de comunicación principales están jugando un papel crucial en esto. Las elecciones de mitad de periodo, a pesar de que los demócratas tomaron el control de la Cámara de Representantes, no fueron tan catastróficas como algunos expertos sugieren para la administración Trump. El Senado de Estados Unidos sigue siendo un aliado muy poderoso de la política de reforzamiento de la frontera. La dirección que tomará la Corte Suprema en el futuro es una pregunta abierta. Trump ha logrado algunas victorias en el sistema judicial.

Este enfoque ofreció una nueva vía para indagar sobre la formulación de políticas y la política. A diferencia de los enfoques tradicionales, que asumen la “racionalidad pura”, este artículo centra el papel de la “sabiduría práctica” como una forma de relaciones de poder en los espacios de deliberación, y cómo estas determinan los resultados de las políticas. Este trabajo es un intento de explicar los procesos de refronterización desde una perspectiva de conocimiento, poder y comunicación y de adoptar un enfoque postpositivista de las ciencias sociales que pone el énfasis en el poder y la comunicación (Bernstein, 2010; Flyvbjerg, 2001); un paso adelante del objetivismo ontológico y el subjetivismo.

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Recibido: 01 de Noviembre de 2018; Aprobado: 11 de Abril de 2019

* Autor para correspondencia: Sergio Peña, correo electrónico spena@colef.mx

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