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Estudios fronterizos

versión impresa ISSN 0187-6961

Estud. front vol.10 no.20 Mexicali jul./dic. 2009

 

Reseñas

 

Elaine Levine (coord.), La migración y los latinos en Estados Unidos. Visiones y conexiones

 

Maximiliano Gracia Hernández*

 

México, UNAM, CISAN, 2008, 445 pp.

 

* Profesor–investigador. Universidad del Mar, campus Huatulco. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Correos electrónicos: gracia@correo.unam.mx ; maximiliano@huatulco.umar.mx.

 

El tema del libro coordinado por Elaine Levine es apasionante, además de representar una referencia obligada en el marco actual de una posible reforma migratoria en Estados Unidos. La migración es un fenómeno que preocupa, en particular porque dicho proceso tiene consecuencias tanto para los países expulsores, como México, como para los receptores, en este caso Estados Unidos.

En La migración y los latinos en Estados Unidos. Visiones y conexiones, Levine, como coordinadora, abarca cinco grandes temas: 1. Puntos de partida, puntos de llegada y puntos de retorno; 2. Algunas percepciones en México sobre la migración y los migrantes; 3. Incorporación laboral y social de los migrantes en Estados Unidos; 4. Algunas experiencias de los hijos de migrantes en las escuelas de Estados Unidos; y 5. Construyendo la identidad latina, políticas migratorias y participación política de los latinos en Estados Unidos.

En un primer momento, el libro aborda los procesos de identidad que desarrollan los migrantes del estado de Oaxaca en las ciudades norteamericanas a las que llegan. Se describe así los procesos de identidad de los migrantes en cada uno de estos lugares, en los cuales forman organizaciones tanto formales como informales que les permiten subsistir e identificarse con el "otro". Dicha formación de grupos y organizaciones se fijan por contextos históricos y contextuales específicos, los cuales se encuentran determinados por las características de los lugares de expulsión y de admisión.

De esta manera, los migrantes, al pertenecer a una organización, obtienen identidad y una valoración positiva de su origen. Para las minorías establecidas fuera de sus lugares de origen, su fuerza consiste en ganar espacios a partir de una identidad común.

Asimismo, en otro apartado, se analiza la influencia que tiene la migración de la mixteca poblana en Ciudad Nezahualcóyotl, en el Estado de México, y en Nueva York, Estados Unidos.

Según estos casos, la migración interna en México desempeña un papel relevante en el proceso de organización de la migración internacional, pues define destinos, rutas internacionales y lugares de cruce en la frontera México–Estados Unidos, aunado a la determinación de lugares de retorno, diferentes del de origen.

Se muestra la forma en que las personas se relacionan en un mismo circuito migratorio a lo largo de periodos históricos extensos; no obstante, la concepción de circuito migratorio en esta investigación implica no sólo la vinculación entre espacios geográficos ligados por migraciones o por desplazamientos temporales, sino también la construcción de otros lugares conectados a partir de vínculos y prácticas transnacionales, por lo que los procesos de vinculación entre los espacios analizados no implica necesariamente haber emigrado ni tener relaciones de parentesco, sino estar involucrado en una red a través de vínculos que se pueden considerar débiles.

En otro trabajo de esta obra se analiza la aportación cultural de los grupos étnicos (nahuas) en Estados Unidos. Se demuestra que la heterogeneidad o características de la población latina en Estados Unidos está dibujada por la presencia de inmigrantes de grupos étnicos (nahuas). El artículo afirma que a través del modelo de las capitales migratorias se interpreta los trayectos de un grupo indígena.

Según la autora, la participación de los migrantes en las dinámicas económicas y culturales empuja reconfiguraciones socioculturales no sólo en los lugares de origen, sino también en los lugares de destino, al lado de otros grupos que enriquecen los perfiles latinos en Estados Unidos.

Asimismo, se analiza el fenómeno migratorio internacional del estado de Veracruz, dinámica que se caracteriza por su carácter explosivo y masivo, así como por sus altos costos humanos y monetarios.

En este tema se presenta un panorama de la migración internacional desde Veracruz, a través de un enfoque regional de la migración interna y foránea en el sur del estado.

A lo largo del artículo se analizan los determinantes económicos que obligan a emigrar, tal es el caso de la crisis de la ganadería bovina en el campo veracruzano. Se aborda el perfil sociodemográfico de los migrantes, sus motivos y metas migratorias, sus recursos y formas de financiamiento.

El trabajo presenta además una interesante investigación acerca de la función de las remesas como mecanismo de ahorro y de inversión agrícola, mostrando que la migración internacional de Veracruz es consecuencia del proceso de globalización en doble sentido: porque excluyó a la economía de Veracruz de su nueva división del trabajo a nivel internacional, y porque los campesinos y trabajadores veracruzanos emprendieron "su globalización desde abajo", abrieron brechas en las alambradas y aprovecharon los circuitos y las redes tejidas por la globalización de las comunicaciones.

Para la autora de este apartado, la migración interna a la frontera norte precedió y acompañó a la migración a Estados Unidos, pero evidenció sus límites para subsidiar la reproducción social de las familias campesinas; las nuevas generaciones no transitan por ellas, se van directo al otro lado.

Ya entrados en materia, se presenta una conceptualización del migrante mexicano a través del tiempo. Se analiza el cambio de percepción de los mexicanos hacia los migrantes, y las circunstancias históricas en las que transcurrió el proceso migratorio mexicano hacia Estados Unidos, así como las condiciones y las formas adoptadas actualmente. Para la autora de estas ideas, desde los diferentes órganos de gobierno, los emigrantes mexicanos que abandonaban el país para ir a trabajar a Estados Unidos eran considerados "desertores" y por lo tanto relegados como "traidores". Esta situación se prolongó durante décadas hasta que la migración internacional cobró especificidad al volverse masiva, entendiéndose entonces como parte del proceso productivo mundial con su propia dinámica e impactos en diversas esferas de la vida nacional. El libro en cuestión también analiza los casos de Apatzingán y Fresnillo, y su vinculación con la violencia. Se argumenta que estos municipios dan origen a los flujos migratorios y a la vez generan en su interior violencia, prostitución, abandono, etcétera.

Para el autor que estudia estos casos, en las zonas de alta migración internacional se modifican las pautas culturales de reproducción de la familia y de la comunidad, además de que la población más afectada por este fenómeno es la más vulnerable: ancianos y niños.

La obra da cuenta también del complejo mundo de la población hispana o latina. Se presenta una revisión de los antecedentes de esta población y se analiza la composición del conjunto por lugar de nacimiento y de origen.

Se consideran las características de la población blanca, negra y asiática como elementos de comparación con la hispana, mostrando que los mexicanos son los que presentan los niveles educativos más bajos y por ende tienen las mayores desventajas en el campo laboral, lo cual les origina menores niveles de ingreso.

La población hispana en Estados Unidos ha incrementado su poder político y económico como consecuencia de la formación académica y laboral, que se han convertido en elementos fundamentales para alcanzar estándares económicos y sociales cercanos a los que tienen los ciudadanos de Estados Unidos.

Por otra parte, la obra analiza el impacto que han tenido los inmigrantes en algunas regiones de Carolina del Norte y Iowa, en particular los efectos sobre el trabajo, la educación, la salud y otras aéreas de la vida. Así, se revisan los antecedentes de la inmigración latina, para posteriormente demostrar que la industria de los alimentos en dichas regiones ha dirigido el proceso de la nueva inmigración, y es que muchas industrias y sectores de la sociedad, especialmente las del ramo de alimentos y agrícola, necesitan para funcionar de fuerza de trabajo inmigrante. En Carolina del Norte y Iowa, a los inmigrantes se les recibe con empleos, viviendas y tiendas especializadas en la venta de artículos de sus regiones de origen.

En una interesante y novedosa aportación al conocimiento, el libro replantea el concepto que permite explicar los flujos migratorios y buscar nuevas visiones heurísticas. Para lograr lo anterior, se analizan los factores de expulsión buscando demostrar que la globalización, con sus nuevas formas de acumulación, está estableciendo una nueva división internacional del territorio.

Se argumenta que en el marco de la globalización se incrementa el número de países receptores y expulsores de migrantes, lo que pone de relieve la polarización mundial y la nueva funcionalidad de los trabajadores migrantes.

De esta manera, la migración que se desarrolla desde la época de los noventa tiene características distintas a las anteriores, resultado, en primer lugar, del incremento de la población indocumentada, y, segundo, de la pérdida de los salarios reales, consecuencia del incremento en la oferta laboral migrante en los países receptores.

Por otra parte, se examina el caso de los salvadoreños en Estados Unidos, su historia y la naturaleza de su disgregación. El trabajo respectivo analiza la naturaleza de los lazos que mantiene la población migrante con sus comunidades de origen. La autora pretende demostrar que la migración representa cada vez más una estrategia de vida para las familias rurales y urbanas en El Salvador, porque las remesas les aseguran sustentar su supervivencia.

Los salvadoreños en el exterior tienen la capacidad para permanecer ligados a sus comunidades de origen y luchar por los derechos de los inmigrantes. Para ello se organizan en asociaciones, las cuales desempeñan una importante función al cohesionar a la comunidad, forjar y dar validez a una identidad migrante compartida y reforzar los lazos con el lugar de origen.

En su participación, Elaine Levine analiza la relación entre los espacios sociales transnacionales construidos por los migrantes, su inserción en el mercado laboral del país receptor y las perspectivas o la falta de éstas.

Su artículo reflexiona acerca de la movilidad social y económica que enfrentan los hijos de migrantes en el contexto estadounidense. Profundiza en el análisis de la vida en los barrios latinos y estudia el perfil ocupacional de los migrantes, la evolución reciente de la estructura salarial y el desempeño académico de los hijos de migrantes en escuelas estadounidenses.

La autora afirma que la falta de oportunidad de ascenso socioeconómico para las segundas generaciones no limitará el flujo continuo de nuevos migrantes, porque aun las peores condiciones de vida y de trabajo que ofrece Estados Unidos, son todavía mucho mejores que las prevalecientes en sus países de origen.

En otro apartado de la obra se estudian los logros educacionales de una segunda generación de migrantes en Nebraska. Se revisan estadísticas acerca del grado de escolaridad de las generaciones mexicanas asentadas en Nebraska, y se describen la formación del capital humano y las barreras a la incorporación social de los estudiantes inmigrantes en dicha región.

Según las autoras de este trabajo, Nebraska es un nuevo destino para los migrantes latinoamericanos, además de que dicho estado tiene escaso sentimiento antiinmigrante, no comparado con otros destinos migratorios tradicionales.

En cuanto a las oportunidades de estudio de los migrantes, el libro presenta las experiencias de jóvenes habitantes en dos poblados del sudeste de Estados Unidos (uno en el noreste de Alabama y otro en el noroeste de Georgia), en relación con sus opciones académicas después de la high school y sus perspectivas de vida a futuro.

Se llega a la conclusión de que los jóvenes mexicanos en Estados Unidos enfrentan muchas barreras para poder dar seguimiento a sus estudios, lo que determinará su trabajo a futuro y su nivel socioeconómico como adultos.

Así, los hijos de migrantes que logran obtener educación y capacitación pueden alcanzar mejoras laborales comparadas con la que sus padres obtuvieron.

En otro capítulo, el libro examina diferentes maneras fructíferas de conceptualizar la educación desde una perspectiva binacional. Según su autora, los programas bilingües ayudan a los educadores y a los formuladores de políticas a entender e incorporar bases culturales binacionales para la educación y, por tanto, a ser capaces de trabajar más eficazmente con los estudiantes inmigrantes de ascendencia mexicana; además, facilitan la aculturación de los inmigrantes en los sistemas educativos estadounidenses.

La autora presenta los beneficios y experiencias de los programas educativos Hidalgo y libra, los cuales ayudan a los estudiantes mexicanos inmigrantes a ajustarse a su nuevo contexto cultural y a mantener el entusiasmo por aprender, lo que propicia la permanencia y disminuye el nivel de deserción escolar.

Por otra parte, se describe el proceso de formación de la identidad de los mexicano–americanos, y se analiza el periodo histórico que va de 1847 a inicios de la década de los ochenta del siglo pasado, describiendo los requerimientos para asimilarse a la cultura anglosajona y convertirse en un estadounidense con base en el paradigma del crisol étnico.

Se analiza el papel que ha tenido la población mexicano–americana en los asuntos económicos, políticos y sociales, y el liderazgo y la influencia de los activistas o líderes mexicano–americanos en la búsqueda de la igualdad de condiciones.

La autora de este trabajo considera que la identificación étnica–cultural del pueblo chicano le significa un signo de exclusión social y su modo de vida representa un signo de exclusión económica, por lo que se ve obligado a vivir segregado. Afirma que los mexicano–americanos han enfrentado numerosos obstáculos para su asimilación cultural en Estados Unidos, en comparación con otros inmigrantes procedentes de Europa, África, Oriente Medio, Oceanía e incluso Asia. Esto ha sido consecuencia de los obstáculos políticos–económicos que el gobierno estadounidense ha establecido en contra de ese grupo en particular.

En otro punto del libro se abordan dislocaciones y transmutaciones de identidad en la población latino–estadounidense posterior al 11 de septiembre de 2001. Se analiza la manera en que los ataques del 11 de septiembre redefinieron la identidad de la población latino–estadounidense.

El trabajo concluye que no es necesario vivir en Estados Unidos para saber que la xenofobia, en particular la mexifobia, es real, es cotidiana, se produce e incluso se exporta. El miedo ante la amenaza de nuevos posibles ataques mantiene a la sociedad norteamericana en un todo permanente de incertidumbre.

Ya casi para finalizar, el libro contrasta las contradicciones inherentes entre las actitudes y la retórica crecientemente conservadora y antiinmigrante. Así, el triunfo de los demócratas en ambas cámaras abre una importante ventana de productividad para los trabajadores migrantes, principalmente indocumentados. Se afirma además que el tema migratorio es singular porque el ex presidente Bush y los demócratas pudieron conjuntar intereses comunes para hacer una reforma migratoria integral, la cual fue obstaculizada por la mayoría republicana; por su parte, el gobierno de Felipe Calderón debe elaborar un proyecto de política migratoria y formar un buen equipo de interlocutores mexicanos que ejerzan cabildeo en los sectores, organizaciones, cámaras estadounidenses, Iglesia católica, sindicatos y grupos de líderes latinos.

Finalmente, el libro cierra con una reflexión acerca de la identidad latinoamericana contemporánea; para ello, define el significado de la identidad latina en Estados Unidos, aborda la discusión de los latinos como participantes activos de la sociedad estadounidense, y concluye que la identidad latina ayuda a los pueblos latinoamericanos en Estados Unidos a construir las alianzas políticas necesarias para marcar y afirmar su presencia y su visibilidad como miembros de la nación.