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Argumentos (México, D.F.)

versión impresa ISSN 0187-5795

Argumentos (Méx.) vol.27 no.74 México ene./abr. 2014

 

Diversa

 

Urbanización rural y economía agrícola de sobrevivencia en la Delegación Milpa Alta

 

Roberto Bonilla Rodríguez*

 

* Candidato a doctor en geografía, Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Maestría en geografía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Licenciatura en economía por la Facultad de Economía de la UNAM. Profesor de asignatura de la Facultad de Economía de la UNAM.

 

Resumen

El propósito de este artículo es explicar cómo converge la desigualdad social y la fragmentación del espacio en el proceso urbano del Distrito Federal y cómo emergen, en consecuencia, economías de sobrevivencia en la población que muchas veces terminan por construir espacios específicos. Se presenta el caso de la actividad agrícola en la Delegación Milpa Alta, donde confluyen aspectos socioeconómicos e históricos que no han sido asimilados por la urbanización y que, por el contrario, con el cultivo del nopal se ha conformado una economía que es relevante para la reproducción social de la población relacionada con éste, como un proceso de urbanización rural que hace posible también la construcción social de un espacio peculiar.

Palabras clave: desigualdad social, fragmentación del espacio, economías de sobrevivencia, construcción social del espacio, urbanización rural.

 

Abstract

The purpose of this article is to explain how social inequality converges and fragmentation of space in the urban process of the Federal District and as they emerge, accordingly, economies of survival in the population that often end up construct specific spaces. We present the case of agriculture in Milpa Alta, where socio-economic and historical confluence that have not been assimilated by urbanization and, on the contrary, with the cultivation of nopal has conformed an economy the is relevant for the social reproduction of the population connected with it, as a rural urbanization process also makes possible the social construction of a quirky space.

Key words: social inequality, fragmentation of space, survival economies, social reproduction, social construction of space, rural urbanization.

 

Introducción

En las condiciones generales de desigualdad social en las que se inscribe México, sobresale la permanencia de un proceso económico que no ha logrado eliminar o menguar de manera significativa la iniquidad en la distribución del ingreso, sobre todo debido a la falta de crecimiento económico suficiente y sostenido. Esta situación se enmarca en el actual proceso de globalización o mundialización económica que ha incrementado la brecha del desarrollo económico y la desigualdad social entre países, y al interior de países subdesarrollados como México, y que se ha reflejado en el creciente desempleo, la migración internacional de la población, el deterioro del medio ambiente y el empoderamiento social del crimen organizado (Castells, 2001:26, 392). Asimismo, se da en el contexto del proceso de urbanización mundial en el que si bien las ciudades son consideradas como la principal vía de integración a las condiciones del capitalismo global1 y como el espacio clave de su reproducción económica (Harvey, 2008), no obstante, es donde la desigualdad social adopta formas que la hacen más evidente con la fragmentación del espacio urbano (Kozak, 2011:22).2

En México, sin duda, la falta de crecimiento económico ha sido la causa fundamental para no alcanzar mejores condiciones de desarrollo social, este estancamiento es una constante desde que, entre 1933-1981, el indicador del producto interno bruto (PIB) creció 6.1% en promedio anual, ya que para el periodo 1982-2010 solamente lo hizo en un 2.2 por ciento (INEGI, en Heath, 2013).

Este estancamiento, que tiene diferentes interpretaciones,3 ha traído como consecuencia social relevante la escasa creación de empleos formales y bien remunerados ya que entre 1983-2010 fueron menos de la tercera parte de empleos requeridos para cubrir su demanda, resintiéndose, además, la pérdida del 71.1% de poder adquisitivo del salario mínimo real (Calva, 2012:11). Ahora bien, las tasas de desempleo en los últimos años no han sido el verdadero problema poque incluso algunas veces han sido inferiores a las de otros países más desarrollados, lo más problemático es que mucha población se ha sumado a la economía informal y al subempleo.4 Así, en 2010 se llegó a 12.6 millones de personas en la economía informal y 3.9 millones en el subempleo y para mayo de 2013 habían aumentando a 13.7 millones de personas en la primera y casi cuatro millones en el segundo.5

Este escenario, que se ha hecho permanente en la economía del país, ha recreado mayores condiciones para el aumento de la pobreza, la cual en 2010 llegó a 52 millones de mexicanos, un poco más de tres millones con respecto a 2008, de ellos 11.7 millones estaban en situación de pobreza extrema, ello nos deja ver que solamente 21.8% de la población total se encuentra en condiciones satisfactorias de vida (Coneval, 2012). Pero aún más, la pobreza nacional que se creía parte del México rural atrasado ahora lo es también de la población urbana porque ha rebasado en su incremento a la rural, así lo índica la “Tendencia laboral de la pobreza urbana” ya que entre el primer semestre del 2008 y el de 2011 la pobreza urbana creció de tal manera que redujo 21% la capacidad adquisitiva de la población de las ciudades, mientras que en la rural sólo lo hizo en 7 por ciento (El Universal, 25 de julio de 2011).

De esta manera, la desigualdad social expresada en el desempleo, la informalidad y la pobreza,6 es la principal condición en la que se ha realizado la urbanización en México y por ello ha tenido como consecuencia el aumento de la diferenciación socioespacial.7 En esta condición es que surgen “economías mercantiles independientes” que se relacionan con la economía informal o con actividades precarias, como la artesanía tradicional o los oficios, o en actividades del ámbito rural en delegaciones de poca urbanización y con presencia de medio natural o ecológico como Cuajimalpa, Tlalpan, Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, que tienen como propósito principal la reproducción social de la población y que por lo regular no se relacionan totalmente con la economía capitalista, nacional y global, pero que existen al lado de ésta.8

Estas economías, que en este escrito se han denominado de sobrevivencia,9 en muchos casos han terminado por construir espacios sociales de características particulares (como por ejemplo, los tianguis, las colonias de comercialización de productos importados o ilegales, los asentamientos humanos irregulares, etcétera) que se diferencian de otros que tienen una mayor integración con la economía mundial, el flujo de información y la inversión financiera.10 O de otros más que son emblemáticos de la urbanidad, en los que se integran usos de suelo habitacional y comercial que los hacen espacios autosuficientes, multifuncionales y de alto nivel de vida.11

En este artículo, se pretende la explicación y comprensión de economías de sobrevivencia basadas en las actividades agrícolas como es el caso de la Delegación Milpa Alta, la cual desde hace más de cinco décadas se ha consolidado como un proceso peculiar de urbanización rural que se ha constituido como una alternativa real de reproducción social de la población relacionada principalmente con el cultivo del nopal, resultando a su vez en la construcción social de un espacio diferenciado, tanto al interior de la delegación como en el contexto del proceso urbano del Distrito Federal.

 

La urbanización rural en Milpa Alta

El proceso urbano en México se distingue, en general, por la presencia de una fuerte asimetría urbana entre ciudades compactas con alta densidad de la población y ciudades difusas de muy baja densidad (Pradilla, 2011).12 Esta característica ha sido en mucho propiciada por las inadecuadas políticas de planeación urbana de los gobiernos, lo que genera desorden urbano, irregularidad del uso del suelo y especulación inmobiliaria, junto con las condiciones de diferenciación socioespacial ya referidas, resulta en una estructura urbana que en su dinámica va quedando socialmente segregada y funcionalmente fragmentada (Bazzant en Pradilla, 2011:213).

La Delegación Milpa Alta es un ejemplo de las condiciones particulares que puede adoptar la urbanización en México, porque si bien es una de las 16 unidades político-administrativas de la estructura interna del Distrito Federal y se ha imbricado directamente con su proceso de urbanización desde hace mucho, no obstante, siempre ha manifestado condiciones de dispersión urbana en su espacio socialmente construido.

Esta condición urbana interna de Milpa Alta, le confiere una especificidad por la persistencia de actividades económicas relacionadas con el ámbito rural que han terminado por constituir un proceso de urbanización rural.13 Este proceso, en su explicación y comprensión, no puede ser abordado sólo como una interface o zona de transición de la dicotomía rural-urbano que parte del supuesto de que lo rural, aun cuando tome diversas formas, terminará por desaparecer con el avance de la urbanización, sea en el Distrito Federal, la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM)14 o en una estructura regional urbana más amplia.15 En ello, se debe partir de la manera en cómo se relacionan y articulan condiciones exógenas del avance del proceso de urbanización en su funcionalidad económica de intercambio de mercancías, de actividades o de flujos e interacción entre la población de Milpa Alta, con las condiciones endógenas en las que las actividades rurales tienen como prioridad la sobrevivencia de esta población y que contienen aspectos culturales, ecológicos e históricos, de relevancia.

Así, en las condiciones urbanas específicas de Milpa Alta se puede comenzar a destacar la escasa compactación urbana e infraestructura de grandes autoservicios comerciales, las instituciones financieras, los centros de entretenimiento, los restaurantes, y las pocas vías de intercomunicación terrestre, por el contrario, es muy fuerte la presencia de espacio sembrado de cultivos y de actividades relacionadas con su comercialización.

Por otra parte, se denotan condiciones de urbanización difusa que se explican porque los principales núcleos de población están conformados como pueblos tradicionales, e incluso originarios,16 éstos son doce y mientras que algunos se integran y tienen mayores condiciones de urbanización interna, como es el caso de la cabecera delegacional de Villa Milpa Alta y los cuatro pueblos conurbados, otros se dispersan en el espacio de la Delegación, sobresaliendo la enorme extensión de superficie de cobertura vegetal y de actividad agrícola o agropecuaria (Figura 1). En donde, además, se presentan asentamientos humanos irregulares como efecto más claro del avance de la urbanización,17 éstos se detectaron a mediados de 1990 y en 2009 fueron 122 abarcando 403.18 hectáreas18 y han afectado a casi todos los pueblos; pero más en los que comparten límites con Tláhuac y Xochimilco (Figura 1).

La relevancia actual del espacio rural de Milpa Alta se muestra con los datos del Cuadro 1 ya que en el periodo 1992-2010 el tipo de suelo agrícola aumentó 3.7% a pesar de que el suelo urbano casi se duplica, mostrándonos con ello que este último crecimiento no se hizo en detrimento del primero, como normalmente ha sucedido en el Distrito Federal.19 Asimismo, con estos datos se verifica la enorme diferencia que el suelo agrícola y de bosques y vegetación representan con respecto al suelo de uso urbano, que sólo es10% del total de la superficie a pesar de su incremento en el periodo.

En estas condiciones de urbanización asimétrica y difusa en un entorno de ruralidad y medio ambiente, es que la delegación siempre ha sido la menos poblada, en 2010 tenía 130 582 habitantes que representaban 1.5% del total del Distrito Federal, en cambio es la segunda en extensión territorial sólo por debajo de Tlalpan con 19.2% del total, por ello su densidad de población siempre ha sido muy baja (INEGI, 2010).

Respecto a las actividades agropecuarias, los datos del Cuadro 2 refieren que la población de Milpa Alta relacionada en las Unidades de Producción Agropecuarias y Forestales (UPAF)20 suma 25 951 personas, que utiliza mayormente trabajo familiar, ya que es casi el doble del contratado, y que la participación femenina se destaca tanto en el trabajo como por ser responsables ejidatarias y comuneras de las Unidades de Producción Agropecuarias y Forestales.

Con ello, se puede comenzar a derivar que las actividades en el agro de Milpa Alta se realizan en condiciones productivas precarias relacionadas con la tierra ejidal y comunal, y sus formas de organización, con una gran participación de los agricultores y su familia. Y agregar otras características señaladas por el Censo agrícola, ganadero y forestal 2007 (INEGI, 2007) que refieren que la superficie agrícola es de temporal en 99.2% de las UPAF; en 32.3% de estas unidades se utilizan únicamente herramientas manuales; en 16% se usa fuerza de trabajo o de tracción animal y en 17.4% no se utilizan herramientas ni tracción animal o mecánica; es decir, en casi dos terceras partes de UPAF es muy bajo el nivel de tecnificación, sólo en 19% se utiliza algún tipo de maquinaria y en 15.3% se combina lo último con fuerza de tracción animal.

Sin embargo, también los datos del Cuadro 2 empiezan a dar evidencia de que la actividad agropecuaria, a pesar de su precariedad, es relevante para una cantidad considerable de población que en conjunto suman 38 475 personas, ya sea como participantes directos o como dependientes económicos del productor resaltando en ello que estos últimos representan un poco más de la mitad de quienes participan efectivamente en las actividades agropecuarias.21

Esta relevancia económica del sector primario en la población se puede entender mejor si se comparan estos datos con los de la población ocupada en los otros sectores económicos. En cuanto al terciario, que incluye al comercio y los servicios, según el Censo económico 2009 es el de mayor número de unidades económicas en Milpa Alta y ocupaba 9 031 personas en 2008, las que se relacionan mucho más al comercio al menudeo ya que al mayoreo sólo es el 3.6% (INEGI, 2009).22 En el caso del sector industrial, los datos refieren que ocupaba 1 565 personas, las que, según datos delegacionales (Delegación Milpa Alta, 2009), se ubican en pequeñas industrias, talleres de artesanías y cooperativas de entre una y diez personas, que elaboran globos aerostáticos, artículos de piel y plata, muebles de madera, cuerdas para guitarra, bordados y tejidos de tela, así como mayormente en la elaboración de mole en San Pedro Atocpan23 (son 117 “moleros” asociados en cinco cooperativas de entre una y 10 personas, lo cual contrasta con la existencia de sólo tres empresas grandes) y derivados del nopal como salmuera, champúes, mermeladas y medicinas naturales, de éstas sobresalen: Incubadora Hueyetlahuilli Tlacotense, Beneficiadora de Nopal Azteca, Agroindustrias Nopalli (Nopalmex), Agroindustria Nopalmilli, Nopalzin, Nopaltlali, Verde Esmeralda, Citlamina y Sociedad Productora Rural Huellitlahullanque, que surten a los supermercados de la Ciudad de México y algunas han llegado a exportar, pero sin mucho éxito (Sagarpa, 2012).

Si se comparan estas cifras de la población ocupada con las del Censo de población y vivienda 2010, se tiene una considerable variación ya que según éste el sector terciario ocupaba 36 374 personas de un total de 53 888 ocupadas en los tres sectores en Milpa Alta (INEGI, 2010), esta cantidad es mucho más que las ocupadas en el sector primario, sin embargo, ello se debe a que la mayoría sale a trabajar al sector terciario en otras partes de la ciudad (así lo deja ver, su diferencia con los datos del Censo económico). En cuanto al sector industrial, el Censo de población establece que ocupa casi 9 000 personas, dato muy superior al del Censo económico, lo que muestra también la gran cantidad de población que sale a trabajar en la industria. En cuanto al sector primario, el Censo de población establece que ocupa 14.9% de población, un poco más de 8 000 personas, lo que contrasta con los datos más desglosados del Cuadro 2 (que establece que son 12 095 personas, si se suma las contratadas y el trabajo familiar) y deja suponer que, al contrario de los otros sectores económicos, no sale población a trabajar en ese sector y sí se recibe de otras partes.

Sea como fuere, la participación de la población ocupada en el sector primario es relevante y se puede apreciar mejor con los datos por cada pueblo, que es como sigue: Villa Milpa Alta (y los pueblos conurbados de San Agustín Ohtenco, San Juan Tepenáhuac y San Jerónimo Miacatlán) con 21.1%, San Francisco Tecoxpa con 20.2%, San Lorenzo Tlacoyucan con 53%, Santa Ana Tlacotenco con 13.3%, San Pablo Oztotepec con 5.4%, San Pedro Atocpan con 4.7%, San Antonio Tecómitl con 2.7%, San Salvador Cuauhtenco con 2.1% y San Bartolomé Xicomulco con 8.8% (Ciudad de México-Seduvi, 2011:31-32).24

Los pueblos de la zona conurbada de Villa Milpa Alta y los tres que le siguen, y que se encuentran más cerca, tienen la más alta ocupación de población en el sector agropecuario y se debe a una mayor relevancia de la agricultura y en ésta sobresale el cultivo del nopal, tal como se explicará enseguida.

 

Agricultura y economía de sobrevivencia en Milpa Alta

La presencia de la actividad agrícola en Milpa Alta tiene antecedentes históricos que datan cuando era el Señorío de Malacachtepec Momoxco bajo el dominio del Imperio Azteca (Chavira en Gomezcésar, 1992). Siglos después, su readecuación más relevante sucede a inicios de 1940 con la introducción del cultivo del nopal, la cual fue impulsada por la decadencia del cultivo del maguey y por las bondades naturales que ofrecía el nopal como una planta perenne que es productiva entre 15 y 20 años, porque brota casi todo el año, necesita poca agua y por su alto potencial de comercialización como alimento debido a su bajo costo, condiciones que hicieron posible que su cultivo se extendiera.

En esta situación, además, converge la permanencia de un régimen de tenencia comunal de la tierra,25 que permitió recuperar en mucha población la memoria histórica de arraigo a la agricultura y sus costumbres, lo cual fue fundamental en el significado que adquiere el cultivo del nopal (Bonilla, 2009). Según datos oficiales, para 2010 el 94.5% de su superficie total, 28 464 hectáreas, sigue siendo de tierra comunal, agregando la tierra de 1 007 ejidatarios de los ejidos de Santa Ana Tlacotenco, San Jerónimo Miacatlán, San Juan Tepenáhuac, San Francisco Tecoxpa ómitl, que suman 1 802 hectáreas.26

Estas condiciones endógenas de la actividad agrícola en Milpa Alta, nos facilitan comprender porqué tiene relevancia, lo cual se puede reforzar con los datos del Cuadro 3 ya que entre 1992-2010 la superficie sembrada se incrementó en 9.2%, en este aumento sobresale el nopal que representa alrededor de la mitad del total, y que junto con el maíz suman un poco más del 80%, por consiguiente, la producción total aumentó 12.2 por ciento.

El cultivo del nopal siempre ha sido importante, su superficie sembrada creció casi tres veces en el periodo de mayor auge, entre 1975-1992, hasta sumar 4 024 hectáreas27 y como lo muestran los datos del Cuadro 3 en las siguientes dos décadas se mantuvo e incluso se siguió incrementando, lográndose producir cerca de 300 mil toneladas al año.28

Así, se puede afirmar que el cultivo del nopal como una actividad mercantil29 es el que mejor ha sido readaptado por los campesinos para sobrellevar en las parcelas, ubicadas tanto en el área urbana como en la rural, la dependencia de la lluvia, la escasa utilización de maquinaria y, por ende, el mayor uso de procedimientos rudimentarios en su siembra y cosecha, permiten aprovechar mejor las condiciones precarias de producción.

En el cultivo del nopal se destaca que la superficie sembrada y el número de campesinos agricultores se haya concentrado, según datos del Cuadro 4 y por paradójico que parezca, en la cabecera delegacional de Villa Milpa Alta y en los pueblos conurbados de San Agustín Ohtenco, San Jerónimo Miacatlán, San Juan Tepenáhuac y San Francisco Tecoxpa (los últimos tres, como ya se dijo, cuentan con un ejido) que suman alrededor de tres cuartas partes del total delegacional y que junto con los otros pueblos nopaleros, San Lorenzo Tlacoyucan y Santa Ana Tlacotenco, contienen casi la totalidad de superficie sembrada y de campesinos agricultores en el periodo 1992-2003. En consecuencia, el cultivo es muy poco en San Pablo Oztotepec, San Pedro Atocpan y San Antonio Tecómitl, y en los pueblos de San Salvador Cuauhtenco y San Bartolomé Xicomulco no se cultiva desde entonces.

Para 2008, e inexplicablemente, la fuente oficial de los datos no presenta números absolutos de la superficie sembrada ni el número de productores para cada uno de los pueblos; solamente manejan cifras porcentuales sobre un total de 2 404 hectáreas sembradas (dato que es muy inferior a la superficie sembrada de 1992 a 2010 anotada en el Cuadro 3). No obstante, nos indican que la concentración sigue en los mismos siete pueblos ya que aun cuando disminuye en Villa Milpa Alta, aumentó en San Francisco Tecoxpa, San Lorenzo Tlacoyucan y Santa Ana Tlacotenco.

Los montos ya señalados de la superficie sembrada, así como la producción y la permanencia del cultivo del nopal en siete pueblos, muestran que ésta es una actividad agrícola que no presenta signos de decaimiento,30 a pesar de que, y paradójicamente, se sigue realizando con base en la agricultura de características tradicionales, tal como se desprende del último estudio oficial sobre el cultivo de nopal en Milpa Alta realizado
en 2008-2009 (OEIDRUS-DF, 2010), y que son:

1) La superficie sembrada depende casi en su totalidad de lluvia de temporal, ya que sólo 0.8% de productores usa algún tipo de riego.

2) Existe una fuerte atomización de las parcelas, porque la mayoría mide entre un cuarto y una hectárea, por lo que sólo 6% mide más de una.

3) Los agricultores realizan la mayor parte de las labores de forma manual, con herramientas como el machete, carretillas y bombas manuales para fumigar. Además, la fuerte atomización de las parcelas, el relieve accidentado y la poca regularidad de la siembra, por ser el nopal un cultivo perenne, hacen poco costeable el uso de maquinaria, incluso del tractor.

4) Se depende en gran parte del subsidio delegacional, principalmente para abono orgánico (estiércol de origen bobino), para asistencia técnica en el manejo de la parcela y para otros insumos en especie, los cuales solamente no se le otorgan a un 1% de productores.

5) En las labores agrícolas se utiliza más trabajo familiar que contratado, con una alta participación femenina, tal como se evidenció con los datos del Cuadro 2.

Sin embargo, el principal problema es la comercialización del nopal, que ha redundado en la dificultad para vender toda la producción, para obtener un mayor ingreso y para mejorar la calidad de vida de los productores (Sagarpa, 2012), a pesar de la puesta en práctica de posibles soluciones como la celebración de ferias anuales y la construcción de un enorme Centro de Acopio.31

En esta problemática de la comercialización se pueden destacar varios factores. El primero se refiere a las fuertes variaciones de la oferta durante las temporadas estacionales en las que brota el nopal: una, es de alta producción y va de marzo hasta agosto, en ésta el precio se puede desplomar hasta cinco pesos por un ciento (también se comercializa en canasto, caja, bote o bulto, pero en cualquier presentación la enorme variación del precio es la misma) y en el mejor de los casos se mantiene entre 25 y 60 pesos; otra, es de baja producción y se corresponde con el invierno, en donde los precios pueden subir diez veces; pero sólo pocos productores lo aprovechan porque no le afectan las heladas o por contar con invernaderos. Otro factor es la fuerte intermediación de compradores que llegan de muchas partes al Centro de Acopio de Villa Milpa Alta y cuyo destino final es en 81.3% al Distrito Federal, 10.4% a otras entidades del país e incluso 0.3% a otros países. Un factor más es la presencia cada vez mayor de revendedores que limpian el nopal y lo venden a un precio mucho mayor.32 Finalmente, habrá que destacar la fuerte competencia que se enfrenta con el municipio de Tlalnepantla en el estado de Morelos.33

En estas condiciones contrastantes del cultivo del nopal valdría preguntarse si existen otros motivos, además de la bondad productiva de la planta, que generen la persistencia de su cultivo a pesar de la dificultad económica para hacerle redituable. La respuesta parece sustentarse en otros factores sociales muy peculiares que han resignificado en la población una identidad cultural basada en el arraigo a la tierra y las tradiciones y que, en su articulación con la tenencia comunal y ejidal, han hecho de la actividad agrícola del cultivo del nopal no sólo una fuente de obtención de beneficio e ingreso, sino la única que les permite seguir reproduciéndose, individual y socialmente, en sus condiciones actuales y deseables de vida.

De ello dan evidencia entrevistas realizadas a campesinos de los siete pueblos nopaleros. En un primer indicador del grado de arraigo a la agricultura se conoce que del total de campesinos, casi la mitad tiene más de 20 años de dedicarse a esta actividad y que 8.9% tiene más de 40, en la otra mitad las tres quintas partes tienen más de 10 años (Cuadro 5).

Se conoce también que el motivo más importante para dedicarse a la agricultura es por tradición heredada en las familias, esta situación resulta más obvia en los campesinos de mayor arraigo ya que en tres cuartas partes de los que tienen más de 40 años de dedicarse a la agricultura es así, e incluso es un poco más en los que tienen de 31 a 40, no obstante, en los restantes rangos el porcentual es significativo porque el más bajo es de alrededor de la mitad de campesinos que se dedican a la agricultura por tradición (Cuadro 5).

Los indicadores anteriores explican, en mucho, porqué los campesinos que se relacionan con la actividad agrícola con el propósito de hacer negocio sólo sean 16.7% y que ello suceda en los dos rangos de menor tiempo de dedicarse a la agricultura. Asimismo, es la razón de que para la mayoría de campesinos la actividad agrícola les representa la posibilidad de permanecer en su lugar de origen, por ello a la pregunta de si pensaban continuar cultivando la tierra, 86.7% del total respondió afirmativamente (Cuadro 5).

En general, y resumiendo, el sentido de pertenencia o de fuerte arraigo a la tierra y sus costumbres, tiene como trasfondo la recuperación de la memoria histórica del significado que tiene la agricultura como alternativa viable de reproducción social que se acepta porque se corresponde con los parámetros de su manera de vivir y convivir socialmente.34 Lo cual hace que la actividad agrícola que se lleva a cabo en los siete pueblos nopaleros, no sea estimada principalmente por criterios de rentabilidad empresarial, basados en lógicas de producción ampliadas y acumulación de dinero, sino por constituirse como una economía de sobrevivencia que permite contrarrestar la presión de la urbanización por cambiar su forma de vida, lograr su reproducción y sobrellevar la desigualdad social de este país.

 

Conclusiones

El proceso de urbanización rural complementaria que se lleva a cabo en los siete pueblos nopaleros de Milpa Alta, es una muestra de cómo se puede construir socialmente un espacio con la práctica de una economía agrícola de condiciones precarias, pero donde convergen aspectos históricos y culturales que hacen posible mantenerle como una alternativa de reproducción social para la población y, en consecuencia, como una forma de vida acorde con sus propias expectativas, si bien funcionalmente relacionada de muchas maneras con el entorno urbano del Distrito Federal, e incluso con el resto del país, no obstante, tiene una independencia que le caracteriza como una economía de sobrevivencia.

En el contexto de incertidumbre económica y precariedad social en el que se encuentra México, la población más afectada seguirá optando por soluciones prácticas, como en el caso de la agricultura del nopal, para allegarse condiciones efectivas en la satisfacción de sus necesidades básicas, ello es una realidad insoslayable que necesita ser interpretada desde enfoques no reduccionistas, sino comprensivos de su significado social actual.

 

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Notas

1 Esta relevancia de las ciudades ya la apuntaban hace tiempo autores como John Friedmann (1987) y Saskia Sassen (1991).

2 La fragmentación, dice este autor, se ha referido más a los efectos en la infraestructura urbana, con enfoques como: la ciudad archipiélago, derramada (sprawl), dual, fracturada, cuarteada, astillada, erosionada, compartimentada y difusa.

3 Una reseña muy completa de esta diversidad se encuentra en Calderón y Sánchez (2012).

4 Jonathan Heath (2013:92), con base en INEGI, define al trabajo informal como “[...] una ocupación que utiliza recursos de los hogares, pero sin constituirse como empresas” y como subempleo a “[...] la necesidad que tiene una persona de trabajar más, independientemente de la naturaleza (formal e informal) de la actividad” (Heath, 2013:92).

5 INEGI, Banco de información económica [http://www.inegi.org.mx/sistemas/bie/], consulta 25 de mayo y 15 de junio 2013.

6 Así, incluso, se ha desperdiciado nuestro “bono demográfico” de contar con mayor población en edad productiva que la económicamente dependiente ya que buena parte de esta población a engrosado la informalidad y los flujos de trabajadores emigrantes (Calva, 2012).

7 Desde otro enfoque, las consecuencias de esta diferenciación socioespacial ya han sido explicadas como “segregación urbana” en países de América Latina (Clichevsky, 2000).

8 Estas “economías mercantiles independientes” siempre han existido al lado y en articulación con la economía capitalista, desde que ésta surgió y aun ahora que es hegemónica; actualmente han resurgido por el abandono de las políticas del Estado benefactor (Quijano, en Boaventura de Sousa Santos, 2011). En la Introducción de este libro, B. de Sousa Santos y César Rodríguez clasifican estas economías en dos: 1) las que se ubican como alternativas dentro del contexto de una economía capitalista y que son las cooperativas, las asociativas de fuerte influencia del socialismo de mercado y las de desarrollo alternativo o “desde abajo” (de principios igualitarios y ecológicos) y; 2) las que se plantean como alternativas radicales al desarrollo capitalista.

9 La “economía de sobrevivencia” se comprende como la actividad económica mercantil para crearse las condiciones de reproducción social de la población, más que para regenerar la lógica de obtención de una ganancia que les permita acumular riqueza y capital y crecer como empresa.

10 Como son el corredor de Paseo de la Reforma del Centro de la Ciudad de México y el megaproyecto comercial y financiero de Santa Fe en la Delegación Cuajimalpa. Para conocer este último, puede consultarse Margarita Pérez, 2010.

11 Un ejemplo de ello son el Centro Comercial de Polanco, el Proyecto Antares, Parques Polanco, City Santa Fe en Cuajimalpa y Torre Libertad en Reforma, a los que se le ha denominado “miniciudades” urbanas (El Universal, 30 de septiembre de 2006, Sección Ciudad, p. 1).

12 De acuerdo con este autor, la urbanización actual en México no se puede explicar por modelos o esquemas “[...] elaborados en y para épocas, formaciones sociales y patrones de acumulación de capital ya superadas, como la llamada teorías de los lugares centrales, o los esquemas radiocéntricos de la Escuela Ecológica de Chicago, en sus versiones originales, o ‘modernizadas’...” (Pradilla, 2011:258).

13 Y que se propone como un concepto teórico de explicación alternativo a otros como: “sub-urbanización”, “periurbanización” y “urbanización difusa”. Véanse al respecto, Giuseppe Dematteis (1998) y Javier Delgado et al. (2008).

14 La ZMVM, hasta el 2005, se conformaba por las 16 delegaciones del DF, 58 municipios del Estado de México y uno de Hidalgo; en donde el DF es la ciudad central (Sedesol-Conapo-INEGI, 2007).

15 Especificidad urbana que tampoco puede ser explicada por “[...] el porcentaje de población económicamente activa ocupada en actividades no agrícolas, el porcentaje de población que reside en localidades clasificadas como mixtas y urbanas y la densidad de población” (Sedesol-Conapo-INEGI, 2007:19). Pero tampoco por la definición del INEGI que establece en los censos de población y vivienda, en la que se considera urbanas a las localidades mayores de 2 500 habitantes y rurales a las de menor cantidad.

16 Los pueblos originarios se definen como “[...] descendientes de un proceso de compleja continuidad histórica de las poblaciones que habitaban antes de la Conquista lo que ahora es el Distrito Federal [...] y porque conservan instituciones políticas, culturales y sociales derivadas de su relación con la defensa del territorio y de los recursos naturales” (GDF-Sederec). Además, la mayoría de estos pueblos aún presenta una estructura interna ortogonal y reticular de manzanas cuadradas de 80 x 80 o de 100 x 100 metros, que parte de una zona central y que, en su extensión, se va distribuyendo en barrios tradicionales (Bazant, 2000:96-97).

17 Ello a pesar de que el total de la superficie de Milpa Alta es suelo de conservación, según lo establece el Programa general de ordenamiento ecológico del Distrito Federal, elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente (SMA) y la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (Corena) del Gobierno del Distrito Federal, aprobado en abril de 2000. En él se divide el Distrito Federal para fines operativos y administrativos, en suelo urbano y de conservación, este último abarca áreas culturales, sitios arqueológicos, ecosistemas naturales, áreas naturales protegidas y tierras agropecuarias de pueblos rurales, que suma 59% del total y se considera esencial para conservar los servicios ambien­tales como el agua y la regulación del clima.

18 El problema de los asentamientos irregulares en suelo de conservación afecta a nueve delegaciones del DF; en 2009 fueron 851y abarcan 2 721 hectáreas (GDF-SMA, 2010).

19 La tierra comunal y ejidal de los núcleos agrarios del Distrito Federal tiene una disminución del 34.1% para 1994 y para 2000 ya sólo quedan 46 de los 96 originarios (INEGI-GDF, 2002; GDF-SMA-Corena, 2000).

20 Es de resaltar que en las UPAF es esencial la actividad agrícola, porque está presente en 98.4% del total que reportaron actividad productiva en 2007 (INEGI, 2007).

21 Ello es relevante porque el agro mexicano desde la década de 1970 pierde la autosuficiencia en alimentos básicos y desde la década de 1980, con el cambio al modelo económico neoliberal, se inicia un permanente deterioro que le aleja de ser una alternativa productiva o fuente de ingreso relevante para millones de campesinos tradicionales. Este problema ha sido documentado por ejemplo en Julio Moguel (1992); José Luis Calva (1992); Blanca Rubio (2008:35-52).

22 Este censo contiene datos definitivos del año 2008 y considera “Personal ocupado total” a: 1) el personal dependiente de la razón social: 2) el personal remunerado; 3) los propietarios, familiares y otros trabajadores no remunerados y; 4) el personal no dependiente de la razón social.

23 La elaboración del mole surge con la primera feria realizada en 1977 y desde entonces se repite cada año, en ello se ha dependido de traer de otros estados del país el total de ingredientes que llevan las variedades de mole, aun cuando San Pedro Atocpan siempre ha contado con tierra para sembrar pero ya se ha abandonado la actividad agrícola (Medina, en Gomezcésar, 1992).

24 Cabe aclarar que se utilizaron estos datos estimados porque el Censo de Población y Vivienda 2010 de INEGI no reporta la población ocupada por localidades, como son los pueblos de Milpa Alta.

25 La defensa de la tierra comunal, y en ésta de los bosques, tiene mucha historia en Milpa Alta, a mediados del siglo pasado y después durante más de 40 años fue causa de grandes conflictos por el intento de despojo (Flores, en Gomezcésar, 1992). En la actualidad sigue su defensa ya que en 2011, y junto con campesinos de otras cuatro delegaciones del DF, los comuneros lograron cancelar el proyecto vial de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes llamado “Arco sur”, que afectaba sus bosques y tierras (El Sol de México, 9 de diciembre de 2011).

26 Los datos de la tierra comunal y ejidal son de la Subdirección de Tenencia de la Tierra de la Delegación Milpa Alta y fueron tomados de Ciudad de México/Seduvi, Programa de Desarrollo Urbano de Milpa Alta, 2010:34-35.

27 Datos de 1975 obtenidos de Delegación Milpa Alta, 1976. Y para 1990 de INEGI/GDF, 1999.

28 En este monto de producción también tiene que ver la permanencia de altos rendimiento, esto se puede comprobar con los datos del Cuadro 3 ya que al relacionar la producción con la superficie sembrada se tiene que en 1992 el rendimiento fue de 71.6 toneladas por hectárea y que para 2010 apenas disminuye a 68 toneladas.

29 Es decir, como una actividad que produce esencialmente mercancías para el mercado y no sólo para el autoconsumo del agricultor, como sucede en gran medida con el caso del maíz en Milpa Alta. Al respecto de esto último, en un trabajo de campo de 90 entrevistas a campesinos agricultores de nopal, realizadas del 10 de abril al 5 de mayo del 2007 y del 7 al 30 de marzo del 2008, y de las que se tomarán otros datos más adelante, se pudo constatar que muchos además cultivaban maíz principalmente de autoconsumo.

30 Su relevancia en el empleo de la población es significativa ya que en un año se realizan 3 116 000 jornadas para producirlo y 1 600 000 jornadas para limpiarlo de espinas (Imagen agropecuaria. 2010).

31 El Centro de Acopio del Nopal fue construido por la Delegación de Milpa Alta en el año 2000, se ubica en Villa Milpa Alta y fue precisamente una respuesta a la demanda campesina para contar con mejores condiciones de venta, en éste se comercializa todos los días del año alrededor del 80% del nopal, otro 9% se lleva a la central de abastos del DF y sólo menos del 1% se vende directamente para agroindustrias (OEIDRUS-DF, 2010:126-127).

32 Por ello es que don Pedro, que ha sido nopalero por 27 años, menciona: “[...] el cultivo del nopal ya sólo es negocio para los intermediarios y para los que lo limpian” (Entrevista, 18 de abril de 2007).

33 En 2004, según datos oficiales del estado de Morelos, en Tlalnepantla 90% de sus 7 000 habitantes se dedica a actividades relacionadas con el nopal y en cuyo cultivo se obtenían hasta 250 toneladas de producción diaria [www.mural.com/estadosartículo/345149/], 13 de julio de 2012.

34 Esto se percibe en la opinión de don Francisco, con 83 años y campesino desde siempre, cuando menciona su orgullo de ser nopalero y de vivir en Milpa Alta y relata cómo algunos campesinos sí lograron hacerse algo ricos con el nopal y otros como él no, pero que lo seguirán cultivando porque: “El nopal ya no te hace rico, pero tampoco te mata de hambre” (entrevista a Francisco Rojas Granados, 27 de abril del 2007).

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