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Argumentos (México, D.F.)

versión impresa ISSN 0187-5795

Argumentos (Méx.) vol.26 no.72 México may./ago. 2013

 

Dossier. Ruy Mauro Marini: 40 años de Dialéctica de la dependencia

 

Sobre dialéctica, superexplotación y dependencia. Notas acerca de Dialéctica de la dependencia

 

Jaime Osorio*

 

* Profesor/investigador en el Departamento de Relaciones Sociales de la UAM-Xochimilco. Imparte docencia en el posgrado en estudios latinoamericanos de la UNAM. Miembro del SNI, nivel III. Su libro más reciente se titula Estado, biopoder, exclusión. Análisis desde la lógica del capital, UAM -Xochimilco/Anthropos, Barcelona, 2012.

 

Resumen

Con Dialéctica de ¿a dependencia, de Ruy Mauro Marini, la teoría social latinoamericana logró culminar un largo esfuerzo en aras de formular una teoría del capitalismo dependiente y de las leyes que lo reproducen. En el seno de diversas características, la superexplotación de la fuerza de trabajo se erige en el elemento fundamental, al articular y explicar las tendencias presentes en la reproducción del capital en la región. Se argumenta en este escrito que es el propio desarrollo del valor el que alimenta las tendencias a violentarlo. Asimismo se enfatiza la dimensión política del análisis de Marini, destacando las responsabilidades de las clases dominantes locales en la reproducción de la dependencia.

Palabras clave: dependencia, superexplotación, reproducción del capital, América Latina.

 

Abstract

With Ruy Mauro Marini's Dialéctica de la dependencia, Latin-American social theory culminated a long effort seeking to formulate a theory of Dependant Capitalism and the laws that reproduce it. At the center of diverse characteristics, the superexploitation of labour force becomes a fundamental element as it articulates and explains the present tendencies of capital reproduction in the region. In the present article it is argued that it is the own development of the value witch feed its tendencies to damage it. At the same time, the political dimension of Marin's analysis is emphasized, accentuating the responsibility of local ruling classes in the reproduction of dependency.

Key words: dependence, over exploitation, capital reproduction, Latin America.

 

1

No fueron pocos los esfuerzos llevados a cabo por cientistas sociales de muy diversas disciplinas por dar cuenta de las particularidades de América Latina en las primeras seis décadas del siglo XX, y particularmente entre las décadas de 1940 y I960, ahí es cuando la región se erigió en un verdadero problema teórico. Los temas del atraso (que incorporará los del [sub]desarrollo) y los referidos al carácter de la revolución y sus tareas constituyeron los ejes en torno a los cuales giraron las principales propuestas y discusiones, que a poco andar pondrán de manifiesto su profunda imbricación. Destacar el carácter semifeudal o capitalista de la región implicaba no sólo señalar los quehaceres tácticos y estratégicos en el terreno político, sino ofrecer también argumentos para entender el atraso o madurez capitalista de la región. De igual forma señalar tareas y proyectos a fin de alcanzar el desarrollo o salir del atraso (como iniciar y ampliar la industrialización) implicaba definir no sólo los sujetos sociales que debían llevar adelante las tareas a realizar (burguesía industrial, Estado), sino también las clases sociales y sectores que impedían avanzar (como agrupamientos agrarios o mineros oligárquicos).

Lo económico y lo político estaban estrechamente imbricados en las preguntas sobre el qué hacer para salir del atraso y del subdesarrollo, o cómo acumular fuerzas para transformar el orden social prevaleciente. La Revolución Cubana al final de la década de 1950 destrabó y multiplicó estas discusiones, y obligó a todas las fuerzas sociales y políticas con proyectos en juego a precisar y profundizar sus posiciones en torno al carácter de la región en materia de desarrollo y de su transformación política.

Esta estrecha ligazón entre debates teórico/políticos y proyectos reales de agrupamientos sociales, fueran clases, fracciones o sectores, o diversas expresiones representacionales, como partidos, movimientos o núcleos académicos, constituye uno de los elementos relevantes para comprender la riqueza de los problemas planteados y de las respuestas alcanzadas por el pensamiento social latinoamericano en aquellos años, un periodo sin parangones en la historia de este pensamiento.

 

2

Asumir América Latina como un problema teórico y político implicó un profundo cuestionamiento de las más elaboradas formulaciones provenientes desde las diversas escuelas y corrientes que debatían, desde la receta rostowniana, dominante en la economía convencional, para la cual el problema del atraso de la región sólo obedecia a la carencia de reformas y transformaciones, las que en la medida que se pusieran en marcha permitirían superar etapas y alcanzar el desarrollo, siguiendo el modelo de los países industrializados; pasar críticamente por la formulación cepalina de centros y periferias y debatir sus propuestas sobre la industrialización como fórmula para retener el progreso técnico. Al fin y al cabo, según esa propuesta, el problema del subdesarrollo era resultado de un asunto comercial entre naciones, propiciado por el deterioro de los términos de intercambio, en perjuicio de la región, proceso que se revertiria con la puesta en marcha del proceso de industrialización. No era un problema menor en esta última formulación asumir el atraso como resultado de un proceso externo, los intercambios entre naciones, lo que implicaba no cuestionar el papel de las clases dominantes locales, al final víctimas de los centros desde esta mirada, ni develar las formas de reproducción del capital, asuntos que pasarán a primer plano cuando avanzada la industrialización en la región, se mostrará que los problemas del atraso no sólo no se resolvían bajo aquel proyecto, sino que emergían otros nuevos, como el crecimiento de la pobreza en los centros urbanos, una temprana monopolización y nuevas transferencias de recursos y ganancias a los centros imperialistas, ahora por la compra de equipos y tecnologías para la industria, y debido al papel de socio del capital extranjero en las inversiones en el sector secundario.

En un salto teórico relevante, y articulando lo que inicialmente aparecía desarticulado, se señalará más adelante que desarrollo y subdesarrollo constituyen las dos caras de un mismo y único proceso: el despliegue y expansión del capitalismo como sistema mundial. En ese despliegue el desarrollo no es posible sin generar subdesarrollo, y éste sólo es el otro resultado, necesario, del desarrollo. También se formuló que la dependencia implica que ciertas economías se encuentran condicionadas por el desarrollo y expansión de otras economías, a las que se encuentran sometidas, reforzando la idea que el sistema mundial capitalista constituye una unidad diferenciada de diversos capitalismos, y que es desde esa unidad y del papel y lugar diferenciado de esos capitalismos desde donde será posible asir el hilo para explicar ahora el particular capitalismo dependiente que toma forma en América Latina.

 

3

Desde ese horizonte, el problema planteado exigía pasar de nociones fundamentalmente descriptivas, que subyacían en las categorías y conceptos prevalecientes, y de nociones relacionales, pero que no daban cuenta del contenido sustantivo de aquellas relaciones, a una andamiaje teórico explicativo que hiciera explicito el contenido y las consecuencias de aquellas relaciones. Esto implicaba una critica radical a una historia económica preocupada con poner de manifiesto la inexorable sucesión de modos de producción; al sociologismo que hace de la lucha de clases la explicación de todo, aunque sin aportar nada para explicar la lucha de clases misma; a la teoría económica imperante, refugiada en modelos derivados de los rumbos y características del mundo desarrollado; a las fugas eclécticas y a la ortodoxia entendida como repetición, corrientes y tendencias que desde diversas vertientes teóricas prevalecian en las explicaciones sobre el carácter del capitalismo latinoamericano.

Era necesario recrear el marxismo, no conformarse con repetir a Marx, porque el problema, fundamentar la existencia de una nueva modalidad de capitalismo y definir sus leyes tendenciales, en el marco de sus relaciones en el seno del sistema mundial capitalista, era inédito. Eso es lo que abrió a la teoría y al marxismo el libro Dialéctica de la dependencia1 No más, pero tampoco menos.

 

4

En la ruta de explicaciones abiertas con Dialéctica de la dependencia fueron muchas las posiciones que se vieron confrontadas. Lo que estaba en juego, hemos visto, no era una simple formulación teórica. Era de manera inmediata y simultánea, una propuesta política y una toma de posición sobre la actualidad de la revolución en la región. Desde las teorías clásicas del desarrollo, cepalinos/estructuralistas y desarrollistas, intelectuales orgánicos de las clases dominantes locales y del gran capital imperialista, hasta el marxismo ortodoxo resintieron el golpe, e hicieron de la formulación de Marini el centro de sus criticas, desde que se conocieron algunos de sus avances iniciales.2 Éstas se recrudecieron cuando Dialéctica de la dependencia hizo su aparición como libro en 1973. La ofensiva contrainsurgente y contrarrevolucionaria que se desató con fuerza en el continente en las décadas de l970 y 1980, con la multiplicación de dictaduras militares y gobiernos civiles autoritarios, ofensiva que se extendió hacia Europa y Estados Unidos con el advenimiento de gobiernos conservadores como el de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, alcanzó también a las universidades de la región, expresándose en la marginación o reclusión del marxismo en los planes y programas de estudio, en el creciente abandono ya no sólo de su núcleo articulador, sino también de sus categorías. Ya no se hablará de clases sino de sociedad civil o de ciudadanos; ya no de dominación, sino de gobernabilidad, y no de explotación, sino de desigualdad social o de pobreza. En ese largo trecho de derrotas, asistiremos a su vez a la reconversión de numerosas e importantes franjas de intelectuales marxistas.

En un escenario de esta naturaleza, junto a tantas pérdidas, el abandono y olvido de las formulaciones de Marini aparecen como peccata minuta, propiciando que sus planteamientos fueran excluidos de la discusión y desconocidos para un número importante de nuevas generaciones de estudiosos en la región. Una muestra paradigmática de lo anterior se vivió en Brasil, la propia tierra de Marini, en donde sus principales escritos recién comienzan a ver la luz, en portugués, en los últimos 15 años. El peso intelectual y político de Fernando Henrique Cardoso, quien llegó a la presidencia de aquel país, no es ajeno a esta situación, más allá de los elementos antes señalados.3

 

5

Marini enumera y explica un conjunto de procesos que constituyen particularidades del capitalismo dependiente, entre los que destacan la ruptura del ciclo del capital, esto es, el desfase entre la esfera de la producción y la esfera de la realización, sea en mercados exteriores y/o en la esfera alta de consumo local; el predominio de los trabajadores como productores y su irrelevancia como consumidores; el peso de la plusvalía extraordinaria y la dificultad de trasladar la acumulación al campo de la plusvalía relativa; la transferencia de valor a las economías imperialistas por el intercambio desigual; la forma aguda que asumen los procesos de concentración y centralización de capitales; finalmente, pero no lo menos relevante, una organización productiva sustentada en la superexplotación.

Cada uno de estos elementos y procesos alcanza en Dialéctica de la dependencia grados diversos de desarrollo. Pero no todos tienen el mismo peso en la configuración y funcionamiento del capitalismo dependiente, a pesar de su imbricación y articulación unitaria. Marini es contundente en la jerarquización que establece y así lo señala: "el fundamento de la dependencia es la superexplotación del trabajo".4 Y para aclarar la imprecisión de hablar "del trabajo" y no "de la fuerza de trabajo", y que se refiere con superexplotación a los procesos de violación del valor de la fuerza de trabajo, sea en su dimensión diaria, sea en su dimensión total, Marini precisa unas páginas más adelante: "la superexplotación se define [...] por la mayor explotación de la fuerza física del trabajador [...] y tiende normalmente a expresarse en el hecho de que la fuerza de trabajo se remunere por debajo de su valor'.5

Marini era consciente que la superexplotación, en tanto violación del valor de la fuerza de trabajo, era y es un recurso generalizado en el sistema mundial capitalista, idea que reitera en un escrito de 1996.6 No desconocía que la "reducción del salario por debajo de su valor"7 constituye, según Marx, uno de los mecanismos a los cuales recurre el capital para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia, como no desconoce el sinnúmero de señalamientos de Marx donde establece juicios como el siguiente: "Al estudiar la producción de plusvalía, partimos siempre del supuesto de que el salario representa, por lo menos, el valor de la fuerza de trabajo. Sin embargo, en la práctica la reducción forzada del salario por debajo de este valor tiene una importancia demasiado grande [...]. Gracias a esto, el fondo necesario de consumo del obrero se convierte de hecho [...] en un fondo de acumulación de capital"8

¿Qué puede significar entonces la afirmación que la superexplotación es el fundamento de la dependencia, si tal proceso es uno al cual recurre el capital en el conjunto del sistema mundial capitalista?

Junto a la generalización de enormes pérdidas en materia de beneficios sociales, de salarios directos e indirectos, de mayores jornadas y de deterioro de condiciones laborales en general de los trabajadores del llamado mundo central, aunados a la clásica elevación de la intensidad por la mayor productividad, la superexplotación ha tendido a expandirse al calor de la actual crisis mundial, por lo que se nos presenta no sólo en el mundo dependiente, sino también en el capitalismo central e imperialista.

Pero antes de juicios apresurados, dando por sentado que hablamos de un proceso de iguales cualidades, aquí y allá, es pertinente recordar que Marini sostiene en Dialéctica de la dependencia que "las combinaciones de formas de explotación capitalista se llevan a cabo de manera desigual en el conjunto del sistema, engendrando formaciones sociales distintas según el predominio de una forma determinada"9

Por ello cabria preguntarse: el hecho innegable que aquí y allá se haga presente la superexplotación ¿indica que en el capitalismo imperialista y en el dependiente ésta tiene la misma significación, alcanza el mismo predominio, tiene las mismas repercusiones en la reproducción del capital, genera las mismas formaciones sociales? Si así fuese tendríamos que decir claramente que Marini se equivocó al ubicarla como fundamento de la dependencia, y debiéramos darnos al trabajo de explicar en dónde radica la particularidad de esto que llamamos capitalismo dependiente, si consideramos que esta noción tiene algún sentido.

Lo primero que debemos destacar es que en tiempos de crisis mundial, como los actuales, el capitalismo, en cualquier formación social, sea subdesarrollada o desarrollada, dependiente o imperialista, recurre a la superexplotación como forma para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia, como ya lo señala Marx. Más aún, la superexplotación también se hace presente en periodos normales en el mundo desarrollado sobre ciertas franjas obreras, particularmente migrantes, con o sin papeles, a partir de bajos salarios y largas jornadas, y bajo la intensidad en la mayoría de los trabajadores locales. El problema no es por tanto constatar que el capital superexplota en condiciones de crisis, y a franjas obreras reducidas o bajo la intensificación en situaciones normales de reproducción: la respuesta es obvia: claro que el capital lo ha hecho, lo hace y lo hará. Pero este —me parece— no es el problema.

Quienes observan que la superexplotación opera en el conjunto del sistema, y proclaman sin más que constituye por tanto un proceso generalizado, minimizando o diluyendo su papel en el capitalismo dependiente, realizan la siguiente extensión lógica: si la superexplotación tiene presencia histórica en el conjunto del sistema, esto significa que tiene la misma relevancia teórica en el conjunto del sistema.

El asunto central, como lo destaca Marini en la cita anterior, es señalar cuáles son las formas de explotación predominantes en las distintas formaciones sociales, en periodos de reproducción "normales" y a qué franjas de la población trabajadora afectan y qué efectos tienen en la reproducción del capital. Éste es el problema central: qué efectos tienen el predominio de unas u otras formas de explotación y de superexplotación en los procesos de reproducción del capital. Ahí está la clave de las diferenciadas formaciones sociales. Analizar la superexplotación de manera aislada, ajena a estos problemas, nos llevará con seguridad por derroteros equivocados.

 

6

Como ya sabemos, existen tres formas de superexplotación: una es la apropiación de parte del fondo de consumo del trabajador para ser traspasado al fondo de acumulación del capital, o el pago inmediato, a la hora de la compra-venta de la fuerza de trabajo, de un salario inferior al valor de esa fuerza; otra es la prolongación de la jornada, que puede implicar un desgaste prematuro de los trabajadores, con lo que el capital se estaría apropiando hoy de años futuros de vida, que al no ser remunerados de manera adecuada afectan el valor total de la fuerza de trabajo.10 La tercera forma de superexplotación va asociada a la elevación de la productividad, que permite a su vez la elevación de la intensidad del trabajo o la reducción de los "poros muertos" en las horas de trabajo, —el capital quisiera que todos los segundos fuesen tiempo de producción de valor— y que puede implicar como en el caso anterior agotamientos prematuros y la apropiación de años futuros de trabajo y de vida, sin compensaciones equivalentes o posibles de recuperar. Aqui, como en la extensión de la jornada, es el fondo de vida el que se ve expropiado.

De estas tres formas sostengo que es la apropiación de parte del fondo de consumo de los trabajadores por el capital la que tiene la mayor significación en el conjunto de procesos de superexplotación que definen la reproducción del capital en las economías dependientes y en las derivaciones políticas a los problemas que antes he señalado. Con el pago de un salario que de manera inmediata implica la apropiación de parte sustantiva del fondo de consumo de los trabajadores, éstos permanecen condenados a no participar de manera sustantiva en el mercado interno; se manifiesta así que los trabajadores importan al capital eje de la acumulación como productores, más no como consumidores; ello propicia que se genere una estructura productiva que dé las espaldas a: las necesidades mayoritarias, a alentar la ruptura del ciclo del capital, a crear patrones de reproducción volcados a los mercados exteriores y/o a los estrechos mercados internos de alto poder de consumo, a la concentración por tanto de los ingresos, a establecer bases muy frágiles para la generación de comunidades ilusorias, y con ello a que el Estado se construya sobre cimientos débiles, fracturados, y a que la lucha de clases tome dimensiones de elevada confrontación de manera recurrente. En definitiva esta forma de la superexplotación es la que mejor se articula con el conjunto de procesos que definen la reproducción del capital en las formaciones sociales dependientes.

La apropiación de parte del fondo de consumo lanza de manera prematura al mercado laboral a niños y adolescentes y deja disponibles a los trabajadores a tener que aceptar prolongaciones de la jornada como forma de acceder al pago de horas extras, siendo esta extensión de la jornada la forma que sigue en relevancia del punto de vista de sus efectos en el conjunto de la reproducción del capital en el capitalismo dependiente.

Pero también el pago de salarios por debajo del valor diario de la fuerza de trabajo, en tanto cristaliza social e históricamente, tiene consecuencias en la fijación de los salarios medios de una formación social, por lo que arrastra a la baja los salarios del resto de trabajadores, a pesar que algunas franjas no perciban ingresos superexplotativos, lo que convierte a esas economías, las dependientes y a la superexplotación en "condición necesaria del capitalismo mundial",11 por su impacto y relevancia en la fijación de las tasas de ganancia en el conjunto del sistema capitalista.

Con el auge del trabajo domiciliario y el salario a destajo, en medio de salarios que violan el valor, la intensificación del trabajo asume nuevos bríos en el capitalismo dependiente. Sin embargo la intensidad sigue en lo fundamental asociada a procesos de elevada productividad, y a acompañarse de salarios por encima de la media, lo que le permite a estos últimos trabajadores una participación en el mercado interno de mayor relevancia. Pero su desgaste prematuro será una constante y con ello el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo al paso de la intensidad.

El incremento del consumo de capas asalariadas de bajos niveles de ingreso, por la vía de la expansión del crédito mediante empresas que comercian bienes semidurables, como televisores, muebles o refrigeradores, y extensos pagos reducidos, pero que a la larga incrementan enormemente el precio real de los productos, constituye algunas de las formas de incrementar el poder de compra, proceso que disciplina a estos sectores por las deudas contraídas y abre las puertas para su disposición a la prolongación de jornadas y la intensificación. En franjas asalariadas de un poder de consumo más elevado, dicha disciplina social y laboral se logra por el temor a la pérdida de empleos y con ello de los bienes durables (viviendas, autos, etcétera) adquiridos.

En las economías avanzadas el capitalismo puede acompañar la elevación de la productividad con la intensificación, pero ello no margina a esos trabajadores del consumo, por el contrario, en condiciones normales (no de crisis como la actual) tiende a elevarlo. En periodos de crisis, sin embargo, la afectación de salarios e incrementos de la jornada, aunado a la mayor intensidad, también se harán presentes en el mundo central.

Desde la preeminencia del salario por debajo del valor diario de la fuerza de trabajo y de prolongaciones de la jornada, con menor peso de la intensidad, puede sostenerse que la superexplotación es el fundamento de la dependencia y sólo del capitalismo dependiente, en tanto incide en las formas que asume el conjunto del proceso de reproducción del capital y genera formaciones sociales específicas.

Lo anterior no significa desconocer que el grueso de la población inmigrante, mucha de ella sin papeles, es sometida a condiciones de superexplotación en materia de apropiación del fondo de consumo y de prolongación de la jornada en los países llamados centrales, y que cumplen un papel nada despreciable en la fijación de la tasa de ganancia en esas economías. Pero, sin embargo, en condiciones de reproducción normal, no son esas las condiciones de trabajo ni de vida del grueso de la población trabajadora en esas economías, por lo que su situación, por grave que sea, no define ahí las modalidades de reproducción del capital. Igual afirmación se puede hacer respecto a los trabajadores que en el capitalismo dependiente perciben ingresos y condiciones de trabajo que están por encima de la superexplotación imperante: no es su situación la que define las modalidades predominantes en la reproducción del capital. En pocas palabras, no es lo mismo un capitalismo que superexplota principalmente, en condiciones normales, pagando salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo o prolongando la jornada, que otro en donde las formas de explotación predominantes son la intensidad y la prolongación de la jornada. Las consecuencias en cómo el capital se reproduce en uno y otro caso son radicalmente diferentes, como diferentes son las formas de existencia y de vida de la población trabajadora y la organización de la vida en común.

 

7

Otra piedra con la cual se tropiezan algunos críticos de Dialéctica de la dependencia refiere a la lógica como asumen la llamada ley del valor y su vigencia. Su señalamiento podría resumirse así: mientras más se expande y avanza el capitalismo, más se expande y avanza la ley del valor, con lo cual el valor y sus mediaciones —en precios de producción y precios de mercado— se van convirtiendo en el piso sobre el cual se tienden a generalizar los intercambios mercantiles. Cualquier proceso que se aparte de esta lógica —sostienen— funcionaría como una "anormalidad" que tarde o temprano tenderá a ser corregida por el avance inexorable de la tendencia de la ley del valor así entendida.

Fundamentar además una teoría del capitalismo dependiente, como lo hace Marini sobre la formulación de la estructural y permanente violación del valor de la fuerza de trabajo, o en la fijación de precios de mercancías por arriba del valor, que propicia intercambios desiguales en desmedro de las economías dependientes, se presenta a estos críticos como una aberración que atenta contra aquellos principios de un capitalismo que camina en extender la ley del valor.

Un asunto de abstracción histórica en Marx ("al estudiar la producción de la plusvalía, partimos siempre del supuesto de que el salario representa, por lo menos el valor de la fuerza de trabajo")12 es asumido como un asunto válido para cualquier dimensión de lo histórico. Pero en esas dimensiones de lo histórico ocurre que "la reducción forzada del salario por debajo de ese valor tiene una importancia demasiado grande", por lo que a pesar del supuesto anterior, hemos visto que Marx indica: "detengámonos un momento a examinarla",13 poniendo de manifestó la negación presente en la vigencia de la ley del valor.

La dialéctica materialista señala que todo proceso se conforma de aquello que lo afirma como tal y de aquello que al mismo tiempo lo niega. La negación no es algo ajeno y externo a los procesos. Por el contrario, es lo que explica el movimiento desde el interior mismo de lo que la ciencia burguesa sólo ve como algo quieto y estable.

Porque la realidad es dialéctica y opera en la negación es que podemos afirmar que el capitalismo es simultáneamente civilización y barbarie, proposición que constituye una aberración para la lógica formal. Todas las grandes ideas marxianas están atravesadas por la negación: la ley general de la acumulación capitalista señala que a mayor riqueza y concentración, el capital ineludiblemente genera un mayor polo de pobreza y mayor miseria en la sociedad; el mismo proceso de concentración de medios de vida y de producción que da vida a la burguesía constituye el proceso de despojo y desnudez de su negación, la clase de los proletarios.

Es porque Marini escribe justamente la dialéctica del proceso de dependencia —(por lo que el título del libro no es simplemente un saludo a la retórica)— que de manera permanente pone atención sobre las contradicciones y las negaciones que aquel proceso genera. Por ello, en específico sobre el tema que nos ocupa, sostiene que "el desarrollo de las relaciones mercantiles sienta las bases para que una mejor aplicación de la ley del valor tenga lugar, pero simultáneamente —enfatiza Marini— crea todas las condiciones para que jueguen los distintos resortes mediante los cuales el capital trata de burlar [...]",14 o negar esa ley.

 

8

Tratando el intercambio entre naciones, donde unas producen bienes manufacturados (o bienes tecnológicamente más avanzados) y otras producen materias primas, Marini sostiene que las primeras, por "el mero hecho" de que "produzcan bienes que las demás no producen, o no lo pueden hacer con la misma facilidad, permite que las primeras eludan la ley del valor, es decir, vendan sus productos a precios superiores a su valor, configurando así un intercambio desigual ",15 en desmedro de las naciones tecnológicamente menos avanzadas. Sostiene a su vez que la superexplotación implica "remunerar" la fuerza de trabajo "por debajo de su valor",16 lo que implica violaciones a la ley del valor. Que "llamada a coadyuvar a la acumulación de capital con base en la capacidad productiva del trabajo, en los países centrales, América Latina debió hacerlo mediante una acumulación fundada en la superexplotación del trabajador", y que "en esa contradicción radica la esencia de la dependencia latinoamericana".17 Y más adelante sostiene que "la economía dependiente —y por ende la superexplotación del trabajo— [esto es, la violación del valor] aparece como una condición necesaria del capitalismo mundial",18 y no como un elemento puramente accidental y que se mueve ajeno a las leyes que rigen ese capitalismo mundial. Destaquemos por último en estas breves pinceladas sobre el papel de la negación en Dialéctica de la dependencia, que "la superexplotación no corresponde a una supervivencia de modos primitivos de acumulación de capital, sino que es inherente a ésta y crece correlativamente al desarrollo de la fuerzaproductiva del trabajo",19 por lo que se expande al avance de la acumulación capitalista; que no es previa a ésta, o sólo compatible con estadios primarios de acumulación.

Creo que las citas anteriores son suficientes para poner de manifiesto que la dialéctica en el marxismo nada tiene que ver con procesos donde sólo existe lo positivo, el ser sin su negación, y por tanto sin contradicciones. En el asunto particular que nos ocupa, el capitalismo avanza expandiendo la ley del valor, pero alentando simultáneamente los mecanismos que la violentan y la niegan. Por ello desarrollo y también dependencia, por ello conocimiento y tecnología, pero también intensificación y superexplotación, procesos simultáneamente modernos y contemporáneos, pero contradictorios.

 

9

Frente a la formulación de Fernando Henrique Cardoso de que el capitalismo industrial se sustenta en la producción de plusvalía relativa, por lo que las formas de explotación previas (plusvalía absoluta), pueden tener relevancia histórica, pero carecen, sin embargo, de relevancia teórica, afirmación con la cual Cardoso intenta descalificar por irrelevancia teórica la superexplotación como fundamento del capitalismo dependiente, Marini responde en el postscriptum de Dialéctica que si así fuese Marx no se hubiera ocupado de estudiar la plusvalía absoluta y, más serio aún, no "la habría integrado, en tanto que concepto básico, en su esquema teórico".20

Marini agrega que el problema real con Cardoso en este punto es "si las formas de explotación que se alejan de la que engendra la plusvalía relativa [...] deben ser excluidas del análisis del modo de producción capitalista", para señalar que "el equívoco de Cardoso está en responder afirmativamente a esta cuestión",21 ya que "las formas superiores de la acumulación capitalista"22 no excluyen ni se dan con independencia de las formas inferiores.

La idea que subyace en este señalamiento es que el desarrollo de la plusvalía relativa como forma avanzada del desarrollo del capitalismo no implica la eliminación —ni teórica ni histórica— de formas distintas de explotación, sino, por el contrario, que su persistencia y expansión son correlativas a la expansión de las formas avanzadas.

A esto apunta el señalamiento que Marini formula en páginas más adelante: "la superexplotación no corresponde a una supervivencia de modos primitivos de acumulación de capital, sino que es inherente a ésta y crece correlativamente al desarrollo de la fuerza productiva del trabajo".23

 

10

Cada cierto tiempo, y como parte de un ritual semejante a los propiciados por culturas antiguas para aplacar a algún dios vengador o para exorcizar a algún espíritu maligno, surgen proclamas que nos señalan que nuevas economías han roto con el atraso y el subdesarrollo, y que se encaminan a las metas y beneficios de las regiones y economías llamadas desarrolladas. Corea del Sur inicialmente, luego Malasia y Singapur, hoy China, quizá también India y posiblemente Brasil. Lo primero que sorprende es el ruido generado por la economía convencional en estas posibles situaciones: si el capitalismo es una organización que conduce al desarrollo ¿por qué tanto ruido?

Sobre estos rituales periódicamente repetidos parece pertinente hacer algunas precisiones. En un nivel teórico general la teoría marxista de la dependencia señala que en el seno del sistema mundial capitalista para que se genere desarrollo en alguna región o economía, necesariamente se tiene que extender o intensificar el subdesarrollo, en la misma región o en otras economías dentro del sistema mundial. Porque lo que llamamos desarrollo tiene como uno de sus componentes centrales la concentración en alguna región o economía de trabajo y riqueza particularmente producidas por pueblos y economías que por razones de simple despojo —(en condiciones de relaciones coloniales) o por intercambio desigual (precios monopólicos sobre los que se tiene ventajas en términos tecnológicos, u otras modalidades)— son expropiados por medio de las reglas que organizan las relaciones económicas internacionales, unido al incremento de la explotación de la población trabajadora y de transformaciones tecnológicas en las economías que caminarían al desarrollo.

Desde la lógica del valor no existen vías que permitan eludir esta situación. Si hoy China, India o Brasil caminan en la ruta de procesos hacia el desarrollo, como muchos señalan, podríamos preguntarnos de dónde y cómo alcanzan estas economías valores que les estarían abriendo las puertas en tal dirección y, por tanto, el trabajo de qué pueblos estarían alimentando esa posibilidad, además de la agudización de todos los mecanismos de explotación de sus propias poblaciones trabajadoras.

Si nos remitimos a situaciones más concretas, la teoría marxista de la dependencia afirma que a lo menos desde el periodo en que América Latina se constituye en una región formalmente independiente hasta lo que conocemos, no se ha generado en esa etapa histórica una burguesía autónoma, fuerte, con proyectos y con la voluntad política que le dé la capacidad de liderar procesos orientados al desarrollo. En esas condiciones, frente a una burguesía local y regional que se ha sometido a los proyectos de otros capitales, generalmente imperialistas, sin autonomía, sin voluntad política y sin proyectos propios, el subdesarrollo generado sólo conduce a nuevos proyectos o patrones de reproducción en donde lo que prevalece es el "desarrollo del subdesarrollo", en la feliz formulación de Frank, y a nuevas y más agudas formas de dependencia.

 

11

No ha sido la teoría marxista de la dependencia la que ha hecho incapaz a la burguesía latinoamericana de encabezar proyectos de desarrollo; lo que sí ha hecho esta teoría ha sido poner en evidencia esa incapacidad, explicando las razones de dicha conducta social y política. El análisis realizado por esta teoría ha evidenciado la candidez y las falacias de los llamados de organismos internacionales y de sectores académicos que luego de extensos y descriptivos estudios concluyen —como cartas de niños a los reyes magos— sobre lo bueno que sería tener burguesías dinámicas, autónomas, comprometidas con el conocimiento y el desarrollo tecnológico, con la construcción de sociedades de conocimiento, con burguesías dispuestas a crear mercados internos pagando mejores salarios al grueso de la población trabajadora.

Esos llamados parten del supuesto que la burguesía latinoamericana se comportará de un modo distinto a cómo realmente actúa. Esos estudios se quedan exactamente donde debieran realmente comenzar: explicándonos qué hay en el desarrollo capitalista latinoamericano y en la condición de dependencia que provoca la emergencia de las clases dominantes que realmente tenemos, y no las que algunos desean tener, o que idílicamente suponen que surgieron en otras regiones.

 

12

En este contexto la teoría marxista de la dependencia pone signos de interrogación a las festivas y livianas interpretaciones que nos hablan hoy en América Latina de que estamos en presencia de fuerzas y proyectos neodesarrollistas, de la mano de la burguesía argentina, brasileña, chilena o mexicana. Recordemos que la noción "desarrollismo" surgió a mediados del siglo pasado, bajo la impronta de una burguesía industrial que jugaba con las ilusiones de sacar a la región del atraso, de resolver rezagos, de incorporar al grueso de la población al bienestar, de encabezar en definitiva un proyecto de desarrollo. No es necesario hacer aquí el recuento de los caminos que recorrió aquella historia. Basta indicar que entrados en la segunda década del siglo XXI América Latina en su conjunto, y cada economía con sus particularidades, viven experiencias en donde alcanzar los niveles salariales de la década de 1960 ya se presenta como un triunfo enorme, con cuatro décadas en donde los niveles de vida del grueso de la población han sufrido serias mermas, la desigualdad social se ha elevado a niveles inusitados y la pobreza y miseria golpea a millones de hogares, a pesar de los triunfos que cada tanto se reclaman en su combate.

 

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No es difícil señalar que las tesis fuertes de Dialéctica de la dependencia no sólo alcanzan expresión en la historia pasada de la región, sino que en nuestros días asumen una enorme actualidad. La puesta en marcha del nuevo patrón de reproducción del capital, el exportador de especialización productiva, forjado en los últimos 40 años, pone de manifiesto serios desajustes, desequilibrios, vulnerabilidad y grados de dependencia de la región. La construcción de una nueva economía exportadora se ha llevado a cabo sustentada en la exacerbación de múltiples mecanismos de despojo y explotación a fin de hacer competitivas a las economías regionales en los mercados exteriores. La propia condición exportadora del nuevo patrón denota la preeminencia de los mercados exteriores como campo de realización, en desmedro del consumo y de la dinamización del mercado interno conformado por el grueso de la población trabajadora. Se ha conformado así no cualquier economía exportadora sino una que da las espaldas a las necesidades de los productores, abriendo mayores espacios para traspasar parte del fondo de consumo de los trabajadores a los fondos de acumulación, así como prolongaciones de la jornada, y con ellos agravar la superexplotación estructural presente en la región. No ha sido mera coincidencia entonces el rumbo conjunto del crecimiento y dinamismo de las exportaciones regionales y el derrumbe de los salarios y la precarización de los empleos, así como el avance de la desocupación y del subempleo en las últimas tres o cuatro décadas, y débilmente frenado en algunos casos, pero siempre, en el caso de los salarios, por debajo de los niveles de las décadas de 1960 o 1970. Con ello la estructura productiva más dinámica poco o nada tiene que ver con las necesidades del grueso de la población.

La desigual distribución de los ingresos y la aguda concentración de la riqueza, en donde un 5 o 10% de la población se apropia del 40% o más de la riqueza generada pone de manifiesto la consolidación de un estrecho pero poderoso mercado interno de alto poder de consumo, que satisface sus necesidades con la producción, ensamble o maquila industrial local, cuando existe, de bienes suntuarios, sean Ipads, celulares, televisores, o autos, y de bienes importados, agudizando la presencia de una reducida y estrecha modernidad en medio de la barbarie generalizada y de vidas sometidas a la indignidad.

 

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Si las tesis económicas no ofrecen tregua a miradas conmiserativas frente a la barbaridad impuesta por la lógica del capital en el mundo dependiente, las tesis políticas tampoco ofrecen tregua para soluciones políticamente correctas. Sólo el fin de las relaciones de poder imperantes puede abrir un horizonte de vida digna a las mayorías de la región.

 

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Dejando de lado el postscriptum, En torno a Dialéctica de la dependencia, escrito para su primera edición, Dialéctica de la dependencia cuenta con 64 páginas de 49 golpes por 29 líneas, lo que expresado en cuartillas tamaño carta, con renglones de 80 caracteres con 28 líneas, a 1.5 de interlineado, nos da un aproximado entre 40 a 45 cuartillas, dependiendo del tipo de letra del original. En esas pocas páginas, con una enorme síntesis de lenguaje, se produjeron las principales explicaciones hasta hoy conocidas sobre las razones de la dependencia latinoamericana y de sus tendencias fundamentales. Arduos años de estudio y de militancia se condensan en esas pocas páginas, cargadas de futuro.

 

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Notas

1 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la dependencia, Serie Popular, Ediciones Era, México, 1973.

2 Un adelanto de la primera parte de Dialéctica de la dependencia, Ediciones Era, México, 1973, fue publicado en la revista Sociedady Desarrollo, núm. 2, enero-marzo 1972, Ceso, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Chile, Santiago, pp. 35-51, bajo el titulo "Dialéctica de la dependencia: la economía exportadora". La respuesta inicial fue el articulo de Fernando Henrique Cardoso "Notas sobre el estado actual de los estudios sobre dependencia", en Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, núm. 4, diciembre 1972, Flacso, ELAS, ISIS, Santiago. Ya publicada Dialéctica de la dependencia, Cardoso junto con José Serra volverá a criticar las tesis de Marini, ahora en un tono mucho más belicoso, en el articulo "Las desventuras de la dialéctica de la dependencia", el cual es respondido por Marini en un sustancioso escrito: "Las razones del neodesarrollismo (o porqué me ufano de mi burguesía)", ambos en Revista Mexicana de Sociología, núm. 78, Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, México, 1978.

3 Cardoso publicaba sus criticas a Marini en Brasil con gran difusión, pero hacia lo imposible para que las tesis y escritos de Marini no fueran conocidas. Véase sobre este asunto de Fernando Correo Prado su articulo "História de um nao debate: a trajetória da teoría marxista da dependencia no Brasil", en Comunicacao & Política, v. 29, núm. 2, 2011.

4 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la... , op. cit., p. 91.

5 Ibid, pp. 92-93. (cursivas nuestras). Para un desarrollo de la noción de superexplotación véase Jaime Osorio, "Fundamentos de la superexplotación", en Razón y Revolución, núm. 25, Buenos Aires, 2013,

6 Véase "Proceso y tendencias de la globalización capitalista", en La teoría social latinoamericana. Cuestiones contemporáneas, t. IV, Ruy Mauro Marini y Márgara Millán (coords.), UNAM/Ediciones El Caballito S.A., México, 1996, p. 65. En las páginas que siguen proporciono dos propuestas en donde se puede inscribir la cita anterior, y que ponderan el sentido de la superexplotación como un proceso general en el sistema capitalista.

7 Precisándose a pie de página, tanto en la edición del Fondo de Cultura Económica, como en la de Siglo XXI Editores, de El capital, de acuerdo con la edición en alemán, que se trata de "reducción del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo". Para la edición del FCE, tomo III, p. 235. Para la de Siglo XXI Editores, t. III, vol. 6, p. 301.

8 K. Marx, El capital, t. I, FCE, México, 1973, p. 505.

9 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la..., op. cit., p. 93 (cursivas nuestras).

10 Hay un punto en que ni siquiera la mayor remuneración compensa el mayor desgaste, por la imposibilidad de recuperar las energías en las horas de descanso, dado el desgaste producido.

11 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la..., op. cit., p. 91.

12 Se parte de un supuesto determinado (el salario representa el valor de la fuerza de trabajo) para la explicación de un problema determinado (cómo se produce la plusvalía). No es un supuesto válido para cualquier análisis o explicar cualquier problema.

13 Karl Marx, El capital, op. cit., p. 505.

14 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la... , op. cit., pp. 32-33.

15 Ibid., pp. 34-35.

16 Ibid., p. 42.

17 Ibid., p. 49.

18 Ibid., p. 91.

19 Ibid., p. 98.

20 Ibid., p. 93.

21 Equívoco que se repite en los intérpretes "positivos" (y que desconocen la negación) en la ley del valor.

22 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la..., op. cit., p. 93.

23 Ibid, p. 98.

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