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Argumentos (México, D.F.)

versão impressa ISSN 0187-5795

Argumentos (Méx.) vol.24 no.66 México Mai./Ago. 2011

 

Dossier. Ciudades y políticas urbanas

 

Procesos de recualificación y relegación en la ciudad de Buenos Aires. Repensando la noción de ciudad-fragmento y la despolitización de lo urbano

 

Mónica Beatriz Lacarrieu*, María Florencia Girola**, Ana Gretel Thomasz***, María Paula Yacovino****, Vanina Lekerman***** y María Eugenia Crovara******

 

* Doctora en ciencias antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Investigadora Independiente del Conicet. Directora del Programa de Antropología de la Cultura, FFyL, UBA.

** Doctora en ciencias antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Investigadora Asistente del Conicet. Integrante del Programa de Antropología de la Cultura, FFyL, UBA.

*** Doctora en ciencias antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Becaria posdoctoral del Conicet. Integrante del Programa de Antropología de la Cultura, FFyL, UBA.

**** Profesora en ciencias antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Becaria doctoral del Conicet. Integrante del Programa de Antropología de la Cultura, FFyL, UBA.

***** Licenciada en ciencias antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Integrante del Programa de Antropología de la Cultura, FFyL, UBA.

****** Magíster en sociología y ciencias políticas, Flacso. Integrante del Programa de Antropología de la Cultura, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

 

Resumen

En este artículo nos proponemos discutir y complejizar aquellas perspectivas teóricas sobre las ciudades contemporáneas que han sido construidas en torno a la categoría de fragmentación. Los numerosos estudios basados en este concepto han favorecido -a nuestro juicio- una visión despolitizada y segmentada de la urbe (tanto en términos espaciales como sociales); al tiempo que han tendido a describir dinámicas que —como la gentrificación/recualificación y la relegación— ocurrirían simultánea y separadamente, plasmando así territorios diferenciados y claramente delimitados. En virtud de esta concepción, las metrópolis devendrían una yuxtaposición de retazos aislados y uniformes, autónomos y carentes de conexión; evocando con fuerza la imagen de una ciudad estallada. A lo largo de estas páginas procuramos repensar y problematizar estos enfoques a partir de las investigaciones, de corte etnográfico, que venimos desarrollando en contextos de recualificación y relegación de la ciudad de Buenos Aires. Esta experiencia de trabajo de campo no sólo nos ha llevado a reflexionar sobre la insoslayable dimensión política de las actuales formas de ''hacer ciudad'', sino que también nos ha permitido establecer vínculos e interacciones entre las situaciones y procesos estudiados.

Palabras clave: política urbana, fragmentación, gentrificación/recualificación, relegación, ciudad de Buenos Aires.

 

Abstract

The purpose of this article is to discuss and delve into some of the theoretical perspectives about contemporary cities which have been created around the fragmentation category. In our opinion, the numerous studies based on this concept, have favoured a depoliticized and segmented vision of the metropolis (in spatial as well as social terms), and at the same time had aimed at describing the dynamics that —as in the case of gentrification, requalification and relegation among others— had taken place simultaneously and separately, thus depicting different and clearly delimited territories. By virtue of the above-mentioned, the metropolis would become a juxtaposition of isolated and uniform pieces, independent and unconnected, which would be strongly evoking the image of an exploded city. All throughout these pages, we will aim at rethinking and challenging these approaches, considering the ethnographic research being developed in contexts of requalification and relegation in the city of Buenos Aires. This work experience in the field led us not only to reflect on the inevitable political dimension of the current ways of ''making city'', but also allowed us to establish links and interactions between the analysed processes and situations.

Key words: urban policy, fragmentation, gentrification/renewal processes, relegation, Buenos Aires city.

 

INTRODUCCIÓN

Hablar de política(s) urbana(s) en las ciudades contemporáneas implica partir de dos asuntos cruciales en la producción aparentemente despolitizada de lo urbano. En primer término, la tendencia a describir y pensar las urbes desde su propia autofragmentación espacial con evidentes consecuencias sobre procesos socioeconómicos y culturales. En segundo lugar, y por efecto mismo de esta idea fuerza, se enfatiza en la mercantilización de la ciudad o bien en su configuración como ''objeto/producto'' de consumo, omitiendo sin duda, las condiciones políticas que permean el ''hacer ciudad''.

Autores como Jordi Borja y Marta Aguilar apuestan a que el planeamiento estratégico y su incidencia en un conjunto lógico de acciones e intervenciones sobre ciertos espacios de la ciudad, constituye en sí mismo una forma de hacer política urbana.1 No obstante, y a pesar de que la planificación urbana en líneas generales es un capítulo especial derivado de la elaboración y puesta en práctica de políticas urbanas, el planeamiento estratégico, como su adjetivación lo indica, constituye un instrumento de intervención desligado de orientaciones políticas. Asimismo, y aun cuando con cierto esfuerzo lo pensáramos como herramienta política para la producción de lo urbano, resulta sorprendente que prioriza el sentido privatista y económico de esa producción que aunque atravesada por el poder público, tiende a desnaturalizar la dimensión política en términos integrales. El planeamiento estratégico se produce y reproduce más allá del campo de lo político, mucho más cerca del ámbito mercantilista, nutriéndose de ''eventos culturales'', intervenciones puntuales, de sentido competitivo y creación de imágenes necesarias a ese carácter.2

Según señalaron hace bastantes años John O'Connor y Derek Wynne, este tipo de planeamiento estaría respondiendo a una lógica unilineal y unidireccional del capital que pretende generar espacios totalmente programados (una idea defendida por Sharon Zukin).3 Esta visión, sin embargo, es resultado de una mirada más académica que ''real'' de nuestras ciudades, en las que generalmente, no sólo como investigadores sino también como sujetos urbanos que además estudiamos problemas urbanos, tendemos a simplificar, abstraer, clasificar, reducir ciertas ideas claves que fortalecen preconceptos también acuñados por los medios de comunicación. Como remarcó alguna vez Gérard Althabe, refiriéndose al papel que los antropólogos asumimos en pos de dar cuenta de la realidad social, somos nosotros mismos quienes, a partir de nuestras clasificaciones o análisis conceptuales, podemos contribuir al fortalecimiento de estereotipos que ya dejamos de profundizar porque los damos por sentado.4

De ahí que un objetivo central de este artículo consista en promover la desnaturalización de lo obvio o de lo consensuado sin más, poniendo de manifiesto que planeamiento estratégico y fragmentación son —como veremos— dos caras que se subsumen en una y que tienden a la construcción despolitizada de las metrópolis actuales, cuestión que no se traduce necesariamente en la ausencia de políticas urbanas sino, en todo caso, en la negación de lo político en las nuevas formas de producir ciudad.

Para llevar adelante este propósito reflexionaremos sobre procesos urbanos que acontecen en la ciudad de Buenos Aires dado que, quienes elaboramos este escrito, hemos desarrollado en los últimos años exploraciones etnográficas en espacios de esta urbe que experimentaron mutaciones asociadas al planeamiento estratégico; como así también en ámbitos que permanecieron al margen de las iniciativas de reestructuración.5 Nuestro interés se centrará, pues, en el abordaje crítico —construido desde una perspectiva comparativa y confrontativa— de ciertas acciones e intervenciones urbanísticas que han cobrado forma en la aglomeración, con la intención de debatir sobre el lugar que toma(n) la(s) política(s) urbana(s) en el contexto porteño. Pero antes de iniciar el análisis de las situaciones y procesos empíricos que aquí nos convocan, será preciso realizar unos breves comentarios que permitan situar teóricamente nuestra discusión.

 

CIUDAD DUAL, CIUDAD TRIPARTITA: NOTAS SOBRE LA FRAGMENTACIÓN URBANA

En las últimas tres décadas, la noción de fragmentación ha estado constante en los debates académicos sostenidos por los especialistas del mundo urbano, volviéndose una suerte de categoría ubicua en las reflexiones sobre las grandes ciudades contemporáneas. Acuñado a fines de la década de 1980 por la sociología estadounidense, el concepto se expandió rápidamente hacia diversos rincones del globo y hoy permanece como un término omnipresente que resume cierto discurso dominante en torno a las metrópolis. Los partidarios de la fragmentación afirman que los procesos de globalización económica/tecnológica se han convertido en el factor explicativo de las transformaciones urbanas que vienen teniendo lugar tanto en Europa Occidental y Estados Unidos como en América Latina. De acuerdo con estas visiones, las tendencias de cambio apuntan a la constitución de ciudades-archipiélago, de urbes discontinuas conformadas por islas o segmentos espacialmente desconectados (en buena medida debido al establecimiento de fronteras/barreras materiales) y socioculturalmente uniformes.

Como bien ha destacado Ángela Giglia, las indagaciones articuladas en torno a la fragmentación coinciden en describir a las ciudades actuales a partir de un par de rasgos fundamentales: por un lado, la crisis y desaparición del espacio público como ámbito de encuentro y convivencia entre sujetos heterogéneos (con la subsiguiente proliferación de espacios privados/cerrados, vigilados y de acceso restringido) y, por otro lado, la conformación de universos sociales homogéneos que —a modo de compartimentos estancos— reducen la sociabilidad a un reconocimiento entre pares.6

Sobre la base de estas premisas generales, las investigaciones suelen diferir en cuanto a las formas que adopta la fragmentación, a saber: la dualización o la tripartición urbana. Según los planteos de Manuel Castells y Saskia Sassen, las megaciudades del presente son, ante todo, ciudades duales divididas en torno a dos territorios bien definidos: a) espacios estratégicos reestructurados por iniciativas del mercado y/o Estado; b) áreas residuales conformadas por zonas industriales que han devenido en espacios marginales. Así, mientras que una parte de las ciudades —habitada y apropiada por sectores incluidos en la economía global— es objeto de inversiones en equipamiento e infraestructura; otra parte —reservada a los excluidos— se sumerge en una ''zona de sombras y olvido'' (según la metáfora de Saskia Sassen) constituida por amplias áreas remanentes libradas al abandono.7

Según los planteos de autores como Jacques Donzelot y Olivier Mongin, en cambio, las aglomeraciones responden a una estructuración tripartita basada en la concurrencia de tres procesos, velocidades o ritmos principales: a) la gentrificación (del latín gentry: nobleza) o rehabilitación y reconversión de los centros históricos a partir del reciclaje de antiguos edificios; b) la relegación o devaluación y deterioro estructural (social y edilicio) de las viviendas públicas —especialmente de aquellas que asumen la forma de grandes complejos habitacionales—; c) la periurbanización o expansión de la ciudad hacia suburbios residenciales con seguridad que se han consolidado como nuevas centralidades.8

A pesar de las divergencias —que aquí no detallaremos— entre el modelo de la ciudad dual y en tres velocidades (''villes a tro is vitesses'' en el francés original), cabe remarcar que todos los teóricos de la fragmentación han contribuido a cimentar una mirada parcial y segmentada de la urbe, identificando la concurrencia de procesos socioespaciales que se desenvolverían en forma paralela y sin vínculos entre sí. Estas concepciones de la ciudad fracturada generadas desde la academia se han visto reforzadas y retroalimentadas por la supremacía ejercida en el pensamiento urbano contemporáneo por parte del planeamiento estratégico; una modalidad que, como ya adelantáramos en la Introducción, ha procurado ''hacer ciudad'' a partir de la recomposición de sus porciones degradadas.9 A nuestro entender, la no-complejización de esta visión de la ciudad estallada —profundamente arraigada entre especialistas y legos— implica, como bien sostiene Shanti Pillai, una estigmatización de lo urbano desde las jergas académicas; vale decir, una reproducción de terminologías abstractas (en cierto modo vacías y estereotipadas) que obstruyen la comprensión de realidades urbanas concretas.10

Si bien la visión asociada a fragmentación urbana aparece como un ''dato natural'' (fundado en una perspectiva espacialista desde la cual sería legítimo discutir sobre muros que separan una villa de emergencia de un barrio de mayor nivel socioeconómico) y, por ende, disociado de propuestas y planes urbanísticos; son precisamente los proyectos estratégicos los que contribuyen al diseño de ''fragmentos'' mediante operaciones microquirúrgicas que actúan sobre lugares circunscriptos y cristalizados como espacios que, desde la recualificación, son convertidos —al decir de Jéróme Monnet— en ''lugares fuera de lo común'' taxativamente distantes de aquellos relegados de dichas operatorias.11

 

LA CULTURA COMO RECURSO, O EL OSCURECIMIENTO DE LO POLÍTICO

El proyecto urbano inserto en el denominado ''planeamiento estratégico'' supone un modelo intervencionista en el que la cultura suele ser el recurso por excelencia. La idea de intervención cultural niega la de proceso(s) vinculado(s) con la recualificación / renovación / regeneración urbana. Desde esta visión intervencionista, además de omitir la dimensión procesual de estos modelos, los mismos se manifiestan despolitizados. La negación de la dimensión política de tales propuestas fortalece la visión natural/ naturalista de la conformación de los espacios urbanos. Esta perspectiva favorece, asimismo, una descontextualización en términos procesuales y políticos de los esquemas antes comentados de ''ciudad dual'' o ''ciudad en tres velocidades''.

A nuestro juicio, las metáforas mediante las cuales se intenta comprender las nuevas formas de producir ciudad (ya sea en su variante dual o tripartita) se basan en una lógica de la separación o la ruptura que se expresa en tres dimensiones: a) en un plano espacialista —la noción de ''fragmento'' daría cuenta de ello—; b) en un sentido temporal —las velocidades incitan a una lectura que separa y jerarquiza con base en ritmos óptimos y/o lentificados o hasta movimientos a-rítmicos, también podríamos aventurar que paralizados/estancados—; c) en un plano evolutivo —de hecho, cuando Jacques Donzelot se refiere al ''barrio'' como problema de las ciudades actuales, no se refiere a cualquier barrio sino a aquellos que han quedado ligados a la relegación, a espacios y actores ''involutivos'' y congelados en el estadio ''primitivo'' de una línea que llevaría al progreso, a la cima en la cual podríamos ubicar otros estadios y velocidades que se mueven en forma separada de estos espacios y tiempos de la relegación.12

Fragmentación e intervencionismo diluyen, asimismo, todas aquellas ambigüedades y tensiones que se producen no sólo en el seno de las situaciones de recualificación, sino incluso en la interacción entre dichas situaciones y aquellas asociadas con la relegación urbana. La cultura, como principio de estructuración de las ciudades actuales, aparece como un recurso asociado al estilo de vida antes que como asunto crucial de lo político. Los actores asociados al mercado —como ha ocurrido en la recualificación del Centro Histórico de la ciudad de San Pablo por ejemplo— hablan de ''estrategias de recualificación'' a las que se oponen las políticas sociales.13

Siguiendo a Pierre Bourdieu, la noción de estrategia no se traduce en obediencia a la regla sino que es el producto de un cálculo conciente y racional desde el cual se ''elige'' el mejor partido posible dentro del juego. Vale decir que se trataría del resultado del ''sentido práctico como sentido del juego, de un juego social particular, históricamente definido''. La estrategia que permite, como bien sostiene este autor, la inclusión del agente en la acción, coloca no obstante el asunto —al menos en lo que refiere en los fenómenos que estamos analizando— en racionalidades asociadas al mercado.14 De este modo, mientras la cultura se vuelve un instrumento apropiado a la gestión y administración del espacio, lo político queda anclado en lo social y desmerecido en su sentido urbano.

Si lo cultural se vuelve a-político, lo social parece constituirse por oposición, ya que es visto por los actores asociados al planeamiento estratégico como campo político-estatal. Así, el mercado se ocuparía de estrategias culturales impuestas a la reconfiguración de la ciudad, mientras que el poder público debería controlar y regular la producción y reproducción de la pobreza urbana. En cualquiera de los casos se incita a una despolitización de lo urbano, pues se elimina de la discusión la producción compleja que se desarrolla entre apropiaciones, reapropiaciones y disputas por los espacios en cuestión, en donde se encuentran implicados diferentes y desiguales actores sociales comprometidos con el ''hacer y producir ciudad''.

Frente a estas cuestiones, y parafraseando a Susan Wright, cabe preguntarse: ¿cómo empezar a mirar esta utilización de la cultura en diversos campos de lo urbano por parte de quienes toman decisiones dentro del campo de la política, y desde ahí analizar los efectos sobre los diversos actores sociales involucrados, especialmente sobre los vistos como ''no productores culturales''?; ¿a qué lógicas pertenecen las operaciones de recualificación: a aquellas del juego electoralista, de los imperativos de la competitividad, de los principios de la sostenibilidad o del discurso global formulado por los organismos internacionales que intervienen sobre el lugar directa o indirectamente?15

Según nuestro parecer, este interrogante se responde considerando que los procesos de recualificación/regeneración urbana, y por ende también los ligados a la relegación, se constituyen a partir de discursos y prácticas asociados a las políticas públicas. En este sentido, se trata de procesos políticos que exceden a un único partido político, porque como ha señalado Julien Rebotier en relación con la ciudad de Recife, ''la naturaleza de las políticas de recualificación de los centros es menos el producto de la ideología política de un partido o de una administración, que el resultado de un juego complejo de alianzas locales y socios circunstanciales para el cual la complejidad de las elecciones no es de menor importancia''.16 Sin embargo, como también señala este autor, la política pública urbana precisa de horizontes temporales más largos. Sus conclusiones son bien importantes toda vez que focaliza el análisis del centro de Recife no sólo en relación con la retórica que hoy prevalece en torno de la cultura como recurso sino, principalmente, haciendo dialogar los procesos de recualificación con las políticas públicas urbanas —con el telón de fondo de la coyuntura electoral pero al mismo tiempo reflexionando sobre las continuidades/discontinuidades vinculadas a los partidos gobernantes y en torno a las cuales se debilitan y/o fortalecen dichos procesos o producen efectos negativos o no sobre los sectores empobrecidos, entre otras cuestiones.

Desde esta perspectiva, tanto el ya mencionado Julien Rebotier como Manuel Delgado, remarcan que la ''ocupación material y simbólica de la ciudad'' contribuye a la conformación institucionalizada y legítima de una nueva ''política de lugares''.17 Esta política induce, según Laurent Faret, a la configuración de un ''sistema de lugares'' —no por sistema podemos decir que desconflictivizados y desjerarquizados—, constituidos también a partir de prácticas espaciales —retomando a Michel De Certeau. Las nuevas políticas urbanas ''de matriz identitaria'' según Otilia Fiori Arantes, pero también las prácticas espaciales ciudadanas, apuntan a una conformación urbana desigual, reevaluando ciertas zonas mientras que se devalúan otras, una operatoria que no cristaliza sino que promueve desplazamientos y cambios propios de la lógica espacial.18

Aunque acordamos con Loïc Wacquant en que una vasta proporción de la bibliografía sobre los procesos de recualificación cultural reproducen para esos distritos la tendencia general de las políticas públicas de invisibilizar al pobre urbano —ya sea dispersándolo (a partir de la demolición y desconcentración del alojamiento público) o conteniéndolo en espacios reservados (distritos estigmatizados de perdición)—; el problema no sólo se asienta en que dichos estudios dejan afuera el rol crucial del Estado, sino que ignoran la producción funcional de grupos sociales recualificados y las tensiones conflictivas que hacen de estos procesos fenómenos inestables, ambiguos, inciertos y en muchos casos inacabados.19

En este sentido, y como podrá apreciarse en los secesos empíricos que comentaremos a continuación, la puesta en juego del planeamiento estratégico y su definición en torno del carácter hegemónico que se da a la recualificación cultural urbana, coloca el acento en la idea de la city en tanto ''ciudad como espacio y objeto y sujeto de negocios'' —según palabras de Carlos Vainer. Esta perspectiva mercantilista del espacio urbano no sólo redefine el lugar del poder público en función del mercado, sino que además obstruye la visión asociada a la polis según la cual ''los ciudadanos se invisten de ciudadanía política a través de un permanente proceso de reconstrucción y reapropiación de los espacios públicos''.20

Cuando Sharon Zukin niega la constitución de ''identidades de resistencia'' puesto que ''en este paisaje la identidad socioespacial resulta simplemente de aquello que consumimos'', está restringiendo el ''hacer ciudad'' al mercado y al consumo, al tiempo que omite procesos de convergencia de negociaciones y renegociaciones en los que actúan diversos actores sociales, funcionales o no a la recualificación cultural. De ahí que la despolitización sobre la que hemos reflexionado en este apartado no sea sólo un problema de focalización en el Estado —y especialmente en el poder público local—, sino fundamentalmente de inclusión de la dimensión política que opera a partir de los habitantes de la ciudad, quienes contribuyen en la producción compleja y política de lo urbano.

 

CENTRALIDAD ''RECUPERADA'', CENTRALIDAD ''AMENAZADA'': TENSIONES ENTRE PROCESOS DE RECUALIFICACIÓN Y RELEGACIÓN EN BUENOS AIRES

Desde comienzos de la década de 1990, la ciudad de Buenos Aires ha experimentado una serie de procesos de producción de valor del espacio urbano que incidieron en el remozamiento de sus áreas centrales e involucraron a diversos actores sociales —funcionarios, urbanistas, agentes privados y ciudadanos. Tanto la renovación del casco histórico situado en San Telmo, como las transformaciones ocurridas en el barrio del Abasto o Puerto Madero, y la recuperación/invención de espacios públicos a partir de ''acciones artísticas'' que tuvieron lugar en La Boca y Barracas, representan sendos ejemplos de intervenciones de corte estratégico que han apuntado a la transformación de lo existente en términos de imagen-espectáculo, pasado-patrimonio y arte-cultura. Estos recursos son propios de un urbanismo de tipo escenográfico que, al decir de Giandomenico Amendola, ha venido a sustituir —si bien no de plano, ni en forma radical— la planificación urbana basada en el zonage moderno-funcionalista; atenuando así este rígido ordenamiento territorial y enfatizando en la belleza y el diseño como nuevos principios de estructuración de las ciudades. Este autor ha señalado que el montaje de escenas urbanas apunta a la consolidación de una ciudad de lugares únicos y ''pintorescos'' que se distinguen en el continuum metropolitano por determinados valores y signos. Si bien los escenarios modelados por el urbanismo escenográfico difieren según las ciudades y regiones, se trata de una tendencia que en lo urbano se materializa en torno a los procesos de gentrification/recualificación.21

Dentro de la interesante casuística de procesos de recualificación urbana que ofrece Buenos Aires, la reconversión de Puerto Madero constituye un ''caso'' paradigmático. Esta operación comenzó a gestarse alrededor de 1989, cuando las reformas político-económicas emprendidas por el entonces presidente Carlos Menem brindaron el sustrato jurídico para la conformación de la Corporación Antiguo Puerto Madero Sociedad Anónima (de ahora en adelante CAPMSA); una entidad pública integrada por representantes del Estado nacional y municipal. Actuando bajo el marco del derecho privado, esta flamante empresa pasó a comandar un proyecto urbano de envergadura consistente en la recuperación de un extenso sector portuario (170 ha), abandonado y en desuso, pero que poseía una inmejorable ubicación —junto a la ribera del Río de la Plata, la Reserva Ecológica Costanera Sur y el casco histórico de la ciudad.

La intención de los funcionarios de la CAPMSA de convertir a Puerto Madero en un ''barrio cultural'' orientó una de las primeras y más resonantes medidas de la entidad: la venta de los antiguos depósitos de granos de arquitectura inglesa —verdadero emblema del pasado agroexportador del país—, los cuales fueron adquiridos por compradores privados y reciclados para nuevos usos. La apelación a la cultura-patrimonio imprimió, pues, un sello distintivo al proceso de reconversión y embellecimiento de este barrio donde hoy conviven hoteles de lujo, complejos de oficinas (con presencia de empresas nacionales e internacionales), conjuntos residenciales de alto estándar y un importante polo gastronómico.22

Detrás de la invocación a diversos recursos estratégico-escenográficos permanecía, no obstante, el objetivo último y primordial de toda la operatoria: la recuperación de un área central a partir de la restauración de sus espacios públicos —tales como calles, bulevares, plazas, malecones, puentes peatonales y vehiculares. En este sentido, estimamos que el proceso de recualificación de Puerto Madero debe ser analizado en relación con ciertos discursos y prácticas, con determinadas retóricas y políticas urbanas que han procurado persistentemente —con matices y diferencias según el contexto histórico y el tinte partidario del gobierno porteño— fomentar múltiples usos del espacio público. Esta intención de reinventar la vida ciudadana en un ámbito concebido como instancia de encuentro, socialización y celebración de la diversidad ha quedado plasmada en las significativas palabras de un ex-miembro de la Corporación y artífice principal del Plan Maestro, quien sostuvo que Puerto Madero debía constituirse como la ''postal que expresara la vuelta del país a la democracia''.23

La observación etnográfica nos ha llevado a comprobar, sin embargo, que las estrategias urbanísticas de ordenamiento y estetización desplegadas en este rincón de la ciudad han tendido a favorecer la utilización individual y con fines recreativos del espacio público; cuyas cualidades paisajísticas fueron largamente ponderadas: ''los espacios públicos son distintos, mucho más tranquilos [...] todo el mundo hace hincapié en la seguridad, a mí me parece más la calidad del ambiente, tenés más parques, calles más anchas, está todo más cuidado, más limpio''.24

De nuestra experiencia de investigación se desprende que las intervenciones recualificadoras y purificadoras practicadas en Puerto Madero han puesto en juego mecanismos de ciudadanización novedosos y basados en la constitución de ''vecinos'' (término despolitizado / desconflictivizado pero de uso creciente) que participan en calidad de residentes o transeúntes contemplativos; una concepción que va claramente en detrimento de la conformación de ''ciudadanos'' en virtud de su participación en la esfera pública y urbano-cívica.25

La exploración también nos ha permitido constatar que la recualificación cultural y la relegación urbana no se desenvuelven en forma separada sino, por el contrario, en una compleja interacción que genera contradicciones y conflictos. En este caso, la situación de relegación se materializa, por un lado, en la persistencia de ciertos usos imprevistos e ''indebidos'' de la Costanera Sur —cuya rambla constituye un paseo muy apreciado por los residentes de Puerto Madero. Se trata, como bien han destacado Mercedes Pico y María Paula Yacovino, de apropiaciones innobles e indeseables que disputan —y en cierto modo ''amenazan'' por su atrevimiento— los sentidos otorgados al espacio reestructurado y entre las cuales podemos mencionar: la venta de comestibles en puestos ambulantes (con la consiguiente parada de chóferes de colectivos o camiones de carga), la presencia de cartoneros y personas en situación de calle, la realización ocasional de recitales y corsos que atraen a sectores populares, la oferta nocturna de prostitución.26

Por otro lado, la relegación también se expresa mediante la instalación de precarias viviendas en algunos de los coquetos parques de Puerto Madero y en los espacios públicos aledaños. Esta coexistencia de expectativas y usos sobre los espacios públicos —que se traduce en recurrentes conflictos respecto de las apropiaciones correctas de los mismos— pone de relieve la necesidad de ponderar estos procesos de renovación en el contexto de proyectos políticos específicos.

La permanencia de la villa Rodrigo Bueno a escasos metros del elegante barrio constituye, por último, la expresión más visible de la relegación. Este asentamiento, que creció silenciosamente desde fines de la década de 1980, adquirió una repentina visibilidad mediático-política cuando se consolidó la reconversión de Puerto Madero y, desde entonces, ha sufrido varios intentos de desalojo.27 A fin de dar cuenta de las tensiones en torno a las que se conforman los espacios recualificados y relegados, interesa mencionar las contradictorias relaciones que unen a los habitantes del precario asentamiento con Puerto Madero. Para los primeros, Puerto Madero representa una amenaza a su permanencia en la zona (dado que el proceso recualificador incentivó las iniciativas de expulsión de los sectores populares) y, simultáneamente, la oportunidad de obtener un puesto de trabajo (ya que este mismo proceso recualificador estimuló la demanda de obreros de la construcción, empleadas domésticas, niñeras y jardineros, por parte de los sectores de alto nivel adquisitivo que residen en Puerto Madero).28

Los procesos de renovación que tuvieron como epicentro San Telmo también permiten ejemplificar la confluencia —tensa y ambigua— de tendencias urbanas aparentemente divergentes. Declarado oficialmente como centro histórico de la ciudad en 1978, este barrio fue —con mayor fuerza a partir de entonce— objeto de sucesivas operatorias público-privadas que procuraron preservar un lugar que poseía las marcas del pasado colonial. En la década de 1990 el poder local produjo una serie de intervenciones que consolidaron un relato oficial de San Telmo basado en la monumentalización y la cultura-patrimonio, mientras que más contemporáneamente fue la iniciativa privada la que potenció su transformación en la línea de la recualificación —complementando así el accionar público.

En efecto, desde el 2003, aproximadamente, proliferaron en San Telmo las galerías de arte, los restaurantes de comida étnica, los hostels para albergue de turistas extranjeros, los bares notables y los pubs temáticos, así como elegantes boutiques y locales de venta de antigüedades, artesanías y productos de diseño. Al mismo tiempo se establecieron ahí sectores sociales de clase media-alta con fines residenciales, tanto de origen local como extranjero. Si bien es cierto que estos cambios, y la valorización inmobiliaria que los acompañó, tendieron a desplazar e incluso a expulsar a los sectores populares residentes en San Telmo desde hacía décadas, no es menos cierto que algunas agrupaciones barriales integradas por dichos sectores recurrieron a distintas estrategias a fin de disputar un lugar en este espacio urbano y poder continuar en él.

A modo de ejemplo podemos citar a una asamblea vecinal que no sólo asiste a los pobres y desheredados de San Telmo por medio de diversas actividades comunitarias (comedor, merendero, auxilio médico), sino que también monta una feria dominical de artesanías orientada mayoritariamente al turismo. La asamblea se vale de este espacio tanto para denunciar y cuestionar el proceso expulsivo que pesa sobre las franjas populares, como para visibilizar y reafirmar su derecho a permanecer ahí. Algunas de las iniciativas que actúan en tal sentido son la venta de un periódico, el reparto de volantes, la colocación de carteles y pancartas que informan a paseantes y turistas acerca de la situación sociohabitacional que padece una porción de la población residente.

Aunque se trata de una microdisputa local, es sugerente notar que el mismo proceso de recualificación que atrajo turistas a San Telmo impulsando el desplazamiento de los sectores populares, también posibilitó que un segmento de estos grupos desfavorecidos ocupara una porción de este espacio urbano por medio de una actividad cultural; actividad utilizada tanto para obtener recursos económicos del turismo como para disputar las implicancias negativas de la recualificación —vale decir, la tendencia a la expulsión.

Las dinámicas acontecidas en la porción sur de Parque Patricios nos brindan, por último, otro elemento para problematizar la noción de fragmentación y la mirada despolitizada de lo urbano que suele asociársele. En este caso, se trata de procesos en primera instancia asociados a la relegación, pero que —paradójica y simultáneamente— reenvían también a los fenómenos de recualificación urbana. Este complejo entrecruzamiento nos permite vislumbrar las disputas y conflictos que determinados sectores sociales suelen librar en torno a los usos y apropiaciones de la ciudad; poniendo asimismo de relieve que dichos conflictos y disputas no se circunscriben a los espacios recualificados sino que alcanzan incluso a los relegados.

A semejanza de otros barrios localizados en la franja sur de la ciudad de Buenos Aires (como Barracas y Nueva Pompeya), Parque Patricios sur supo ser, durante la primera mitad del siglo XX, un ''enclave'' netamente industrial y proletario. En la actualidad es un área empobrecida, desindustrializada y deteriorada, caracterizada por su deficiente infraestructura y poblada por sectores pauperizados de clase media sin mayores perspectivas de reascenso social. Si bien en tal sentido puede ser pensado como una zona relegada (en consonancia con los planteos de Olivier Mongin), también es dable definirlo como un espacio urbano residual habitado por población superfina (en los términos expresados por Zigmunt Bauman).29

Cabe remarcar, en relación con este punto, que en el último decenio el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires puso en marcha en este barrio un conjunto de acciones públicas destinadas a abordar la problemática padecida por franjas sociales carentes de vivienda y empleo estable. De hecho, a instancias de la apertura de un Hogar de Tránsito, de un Parador Nocturno y de la edificación de un conjunto habitacional en Parque Patricios sur, se establecieron ahí familias en situación ''de emergencia habitacional'' —según la expresión recurrentemente utilizada por el poder público local— que habían sido desplazadas simbólica o materialmente de espacios recualificados. El Hogar de Tránsito y el Parador Nocturno dependen del área de Desarrollo Social del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; mientras que el complejo habitacional fue levantado por un movimiento de trabajadores desocupados en el marco de un programa focalizado y autogestionario de edificación de viviendas dependiente del Instituto de Vivienda de la Ciudad.

Así, en contraste con Puerto Madero y San Telmo, barrios embellecidos y reencan-tados por el poder público e intervenidos con el objeto de transmutar en lugares utópicos (fenómenos que como lo señalamos no se produjeron de forman acabada ni tampoco sin disputas ni resistencias), Parque Patricios sur parece haber sido implícita o explícitamente definido por el Estado como un lugar distópico. Vale decir, como campo de aplicación de un conjunto de políticas sociales destinadas a garantizar el derecho a la vivienda de grupos sociales pauperizados e imposibilitados de acceder a la misma a partir de los mecanismos de mercado.

Es interesante notar que aunque el establecimiento de dichos sectores sociales en este espacio urbano fue un proceso impulsado y asistido públicamente, fue al mismo tiempo fuertemente resistido e impugnado por la población ''histórica'' de Parque Patricios. Aunque no profundizaremos aquí este aspecto, cabe destacar que dicha resistencia marca ya una primera tensión con respecto a la supuesta homogeneidad interna de los fragmentos urbanos —en este caso de uno relegado. Es factible suponer que en tanto constituía un área deteriorada y habitada por capas empobrecidas, Parque Patricios sur fue recortado por el poder público como un área ''apta'' para que otros sectores sociales, igualmente vulnerables, se establecieran ahí a fin de efectivizar su derecho a la vivienda. No obstante, dicho recorte fue puesto en cuestión por una población local que se ha negado a compartir ''su'' espacio urbano con sectores sociales que, si bien habían experimentado un profundo proceso de descenso social, reconocían como diferentes.

La caracterización de Parque Patricios sur como contenedor de población superflua y lugar distópico carente de atractivos y riqueza simbólica fue también impugnada, aunque de otro modo, por los propios sectores sociales que se instalaron ahí merced a la puesta en práctica de las iniciativas públicas en cuestión. En este sentido, el movimiento político-social que edificó el conjunto habitacional antes referido apeló a diversos recursos culturales a fin de neutralizar la resistencia opuesta por la población local a su establecimiento en el barrio. Para legitimar su presencia y reafirmar su derecho a la ciudad/vivienda, el movimiento de desocupados desplegó diversas acciones: a) la celebración de festivales y encuentros culturales abiertos a la ciudadanía; b) la estetización del conjunto habitacional; c) la invención y activación de un patrimonio histórico. Los encuentros culturales se asentaron en la reivindicación de la diversidad cultural y el multiculturalismo, visibilizando y exhibiendo expresiones artístico-culturales tales como danzas, rituales, gastronomía y artesanías ''típicas'' de diversos Estados nacionales del continente americano (en particular de Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina).

Por su parte, la expresión ''estetización'' del conjunto habitacional alude al bello y singular diseño arquitectónico que adoptó la obra (realizada por el mismo prestigioso estudio de arquitectura que comandó la remodelación de elegantes centros comerciales porteños), cuya imagen se sitúa en las antípodas de los conjuntos habitacionales modernistas de interés social edificados en Buenos Aires durante el siglo XX. La expresión también remite a otros detalles estilísticos entre los que se cuentan: el uso de ladrillo a la vista en las fachadas de la edificación, las tonalidades pasteles con las que fue coloreada la obra —rosa, lila, lavanda, amarillo tenue—, el embellecimiento de los espacios de uso común por medio de la incorporación de abundante vegetación, y la edificación de una plaza pública con sectores parquizados, bancos y faroles.

En cuanto a la invención de un patrimonio histórico, interesa apuntar que la obra fue edificada en un terreno en el que se erigía un inmenso establecimiento fabril en desuso, y que un sector del mismo fue mantenido en pie como epítome del período histórico en el que Parque Patricios sur fue un polo industrial. Cabe comentar, finalmente, que el movimiento político-social que llevó adelante el proyecto de edificación de las viviendas colocó placas conmemorativas, en distintos sitios de la obra, en honor a ''luchadores del campo popular''.

 

PALABRAS FINALES

En estas páginas hemos procurado discutir y problematizar un conjunto de propuestas de acción y de perspectivas teóricas sobre las ciudades contemporáneas construidas en torno a: a) la estrategia de intervención territorial conocida como planeamiento estratégico; b) la difundida noción de fragmentación urbana, un concepto que se ha instalado sin matices en el debate académico para aludir al carácter fracturado/ segmentado de las metrópolis actuales. Para cumplimentar nuestro objetivo hemos centrado la atención en procesos específicos que vienen teniendo lugar en la ciudad de Buenos Aires, generando así una mirada situada que reveló la complejidad y la particularidad de ciertos fenómenos urbanos locales.

Por medio de este escrito intentamos cuestionar teórica y empíricamente la visión de una ciudad dividida en ''retazos''; poniendo de relieve la simultaneidad/convergencia temporal de tendencias urbanas aparentemente inconexas y la superposición, en un mismo espacio, de prácticas/relaciones sociales que se enfrentan y tensionan. Tales entrecruzamientos dan cuenta, a nuestro entender, de las distorsiones e interferencias que se registran en el interior de los ''mosaicos'' urbanos pretendidamente uniformes desde las miradas hegemónicas. En este sentido hemos visto, a partir de los procesos ocurridos en Parque Patricios sur por ejemplo, que muchos de los recursos que integran el repertorio de la recualificación (énfasis en la estética/cultura/patrimonio) también emergen en contextos de relegación.

Las consideraciones vertidas también nos inducen a pensar, en el caso específico de Buenos Aires, que el análisis de las intervenciones puntuales que tienen lugar en esta urbe no debe hacernos perder de vista la vigencia de un proyecto político más amplio desde el cual se define y redefine permanentemente quién ''merece vivir'' en la ciudad, y quién tiene derecho a apropiarse de sus espacios públicos. Así, lejos de ratificar la tesis sobre la despolitización-fragmentación de la metrópolis, el análisis realizado pone de manifiesto cómo en situaciones y contextos disímiles, el Estado interviene favoreciendo o restringiendo ciertas accesibilidades y apropiaciones del espacio urbano (se promueve, por ejemplo, la accesibilidad de grupos medios-altos a Puerto Madero y San Telmo, y la de sectores bajos en Parque Patricios sur). Pero si bien las investigaciones en curso nos llevan a contemplar la relevancia del Estado como actor interviniente y regulador/definidor del espacio urbano, también reconocemos la necesidad de recuperar las estrategias específicas que los grupos sociales concretos despliegan a fin de apropiarse/controlar/significar el espacio público.

Nuestra apuesta consiste, pues, en profundizar el análisis aquí presentado, desestimando las lecturas estereotipadas y simplificadoras de lo urbano para seguir develando tramas, iluminando lugares disputados, y reconociendo la conflictividad y heterogeneidad social de las metrópolis contemporáneas.

 

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NOTAS

* Este artículo fue realizado en el marco del proyecto ''Etnografía de los espacios públicos urbanos: procesos de tensión entre lo social y lo cultural en la ciudad de Buenos Aires''. Proyecto de Investigación Plurianual 2010-2012 (otorgado por Res. 845/10), CONICET. Directora: Dra. Mónica Lacarrieu; co-directora: Dra. María Florencia Girola.

1 Jordi Borja, ''Un cambio de ciclo o un cambio de época'', 2010 [http://www.revistalafactoria.eu]; Marta Aguilar, ''Devenir de supuestos: de los universales a los criollos'', en Max Welch Guerra (ed.), Buenos Aires a la deriva. Transformaciones urbanas recientes, Biblos, Buenos Aires, 2005. Mediante la noción de planeamiento estratégico, estos autores aluden a una forma específica de operar sobre el territorio que implica la iluminación selectiva de determinadas ''porciones'' urbanas que suponen ventajas diferenciales para el despliegue de negocios inmobiliarios en manos de actores privados o de alianzas mixtas. Surgido a comienzos de la década de 1980 en las vanguardias del pensamiento urbanístico europeo, el planeamiento estratégico ha inspirado procesos de reestructuración en diversas ciudades españolas -Barcelona, Bilbao, Madrid-; las que a su vez han estimulado iniciativas similares en América Latina -especialmente en Buenos Aires desde la década de 1990.

2 Recordemos en este punto las reflexiones de Otilia Fiori Arantes, ''Pasen y vean... Imagen y city-marketing en las nuevas estrategias urbanas'', Punto de Vista, núm. 66, 2000, pp. 13-15. Esta autora demostró que el predominio de proyectos de animación cultural que procuran insuflarle ''vida'' a las metrópolis —mediante la apelación al patrimonio, los grandes eventos, los entretenimientos, el arte público, etcétera- ha sido un rasgo distintivo del planeamiento estratégico; una modalidad de intervención territorial que apunta a construir imágenes urbanas positivas, fuertes y atractivas.

3 John O'Connor y Derek Wynne, ''Das margens para o centro. Produçao e consumo de cultura en Manchester'', en Carlos Fortuna (org.), Cidade, Cultura e Globalizaçao. Ensaios de Sociologia, Celta Editora, Oeiras, 1997. Sharon Zukin, ''Paisagens urbanas pós-modernas: mapeando cultura y poder'', Revista do Patrimonio Histórico e Artístico Nacional, núm. 24, 1996, pp. 205-219.

4 Gérard Althabe, ''Lo microsocial y la investigación antropológica de campo'', en Gérard Althabe y F. Shuster (comp.), Antropología del presente, Edicial, Buenos Aires, 1999.

5 Las reflexiones del artículo se nutren de las distintas investigaciones de campo, de cuño etnográfico, llevadas adelante por las autoras. Tanto la retroalimentación entre trabajo conceptual y trabajo empírico, así como la recuperación de las construcciones de sentido realizadas por los diversos actores involucrados en la constitución de las situaciones-procesos bajo estudio, son características esenciales del enfoque etnográfico adoptado. La indagación empírica efectuada hasta el momento ha incluido la realización de recorridos observacionales y entrevistas abiertas —tanto formales como informales— con distintos actores sociales vinculados con las temáticas analizadas.

6 Ángela Giglia, ''¿Es posible la urbanidad en las megaciudades?'', Préactes du Séminaire PRISMA 3, Toulouse, 2000.

7 Manuel Castells, ''La ciudad de la nueva economía'', 2000 [http://www.lafactoriaweb.com]; Saskia Sassen, La ciudad global: Nueva York, Londres, Tokio, Eudeba, Buenos Aires, 1999.

8 Jacques Donzelot, ''La ville á trois vitesses: relegation, périurbanisation, gentrification'', Revue Esprit, núm. 263, París, 2004; Olivier Mongin, La condición urbana. La ciudad a la hora de la mundialización, Paidós, Buenos Aires, 2006. Mientras que la gentrificación y la relegación representan conceptos de suma relevancia para este artículo, la periurbanización no será objeto de análisis y sólo la mencionamos a fin de completar el esquema elaborado por estos autores.

9 No es casual, en este sentido, que el planeamiento estratégico también sea mundialmente conocido con el nombre de ''política de diseño del fragmento''; tal como lo explicita Marta Aguilar. ''Devenir de supuestos: de los universales a los criollos'', en Max Welch Guerra (ed.), Buenos Aires a la deriva. Transformaciones urbanas recientes, Biblos, Buenos Aires, 2005.

10 Shanti Pillai, ''La ciudad sin cuerpo y sin cuerpos: comentarios sobre el papel de las jergas académicas para estigmatizar lo urbano'', en Fernando Carrión, (comp.), La ciudad, escenario de comunicación, Flacso, Quito, 1999.

11 Jérôme Monnet, ''O álibi do patrimonio. Crise de cidade, gestao urbana e nostalgia do passado'', Revista do Patrimonio Histórico e Artístico Nacional, núm. 24, 1996, pp. 189-204.

12 Jacques Donzelot, ''La ville á trois vitesses: relegation, périurbanisation, gentrification'', Revue Esprit, núm. 263, París, 2004.

13 Retomamos en este punto el argumento de Arjun Appadurai al referirse a la diversidad cultural: Arjun Appadurai, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización, Trilce-FCE, Montevideo, 2001.

14 Pierre Bourdieu, Cosas dichas, Gedisa, Barcelona, 1993.

15 Wright, Susan, ''The politization of culture'', Anthropology Today, vol. 14, núm. 1, 1998, pp. 21-37.

16 Julien Rebotier, ''Pratiques et enjeux des politiques publiques de requalification du centre-ville de Recife: entre la ville durable et la ville globale'', Colloque Réinvestir le ''centre''. Politiques de requalification, transformation urbaines et pratiques citadines dans les quartiers centraux des grandes villes d'AmériqueLatine, París, 2006.

17 Manuel Delgado, ''Las estrategias de memoria y olvido en la construcción de la identidad urbana: el caso de Barcelona'', en Diego Herrera Gómez (coord.), Ciudad y cultura. Memoria, identidad y comunicación, Ediciones Universidad de Antioquia, Medellín, 1998.

18 Laurent Faret, ''Mobilité spatiale et territorialité. De la diversité de formes de construction du rapport aux lieux'', Seminaire PRISMA, Université de Toulouse-Le Mirail, 2001, pp. 46-59.; Michel De Certeau, La invención de lo cotidiano. 1. Artes de hacer, Universidad Iberoamericana/ITESO, México, 1996; Otilia Fiori Arantes, ''Pasen y vean... Imagen y city-marketing en las nuevas estrategias urbanas'', Punto de Vista, núm. 66, 2000, pp. 13-15.

19 Loïc Wacquant, ''Relocating Gentrificacion: the working class, science and the state in recent urban research'', International Journal of Urban and Regional Research, vol. 32, 2008, pp. 198-205.

20 Carlos Vainer, ''Patria, Empresa e mercadoria. Notas sobre a estratégia discursiva do Planejamento Estratégico Urbano'', en Otilia F. Arantes, C. Vainer y E. Maricato (eds.), A Cidade do pensamento único. Desmanchando consensos, Editora Vozes, Petrópolis, 2000.

21 Giandomenico Amendola, La ciudad posmoderna. Magia y miedo de la metrópolis contemporánea, Celeste Ediciones, Madrid, 2000.

22 ''[...] queremos que Puerto Madero sea un barrio cultural. Por eso proyectamos varios museos y universidades y pusimos en valor numerosos edificios históricos'' (presidente de la CAMPSA, Diario La Nación, 28 de enero de 2001). En una entrevista realizada en junio de 2004, un funcionario de la Corporación comentaba: ''[...] la gran disyuntiva en 1990 era por dónde empezar, entonces hubo unanimidad de criterios de empezar esta operación de ejecución del Plan Maestro por la reconversión de los galpones, y la verdad es que esta operación a la ciudad le significó aumentar su valor patrimonial'' (entrevista realizada por M.F. Girola, V. Lekerman y M.P. Yacovino). El mismo interlocutor recurría también a la cultura-patrimonio para justificar la rehabilitación de la Costanera Sur, un espacio contiguo a Puerto Madero: ''[...] es una pieza de un increíble valor arquitectónico, estuvo diseñada por Benito Carrasco y paisajísticamente por Forestier [...] su reconversión fue de un alto valor patrimonial e histórico'' (entrevista realizada por M.F. Girola, V. Lekerman y M.P. Yacovino).

23 Entrevista a ex-integrante de la CAPMSA por M.E. Crovara y M.P. Yacovino en mayo de 2009. El entrevistado se refiere al retorno de la democracia en 1983, tras siete años de dictadura militar.

24 Entrevista a residente de Puerto Madero por M.E. Crovara y M.F. Girola en marzo de 2009.

25 Cabe remarcar, en relación con este punto, que el proyecto Puerto Madero no se ligó a ninguna política social específica, ni destinó ningún porcentaje de suelo para programas de vivienda pública en una ciudad con un histórico y considerable déficit habitacional, apuntando solamente a los complejos residenciales destinados a sectores de alto poder adquisitivo. Graciela Novoa, ''Puerto Madero: un proyecto bisagra'', en Max Welch Guerra (ed.), Buenos Aires a la deriva. Transformaciones urbanas recientes, Biblos, Buenos Aires, 2005.

26 Mercedes Pico, María Paula Yacovino y Jimena Ramírez Casas, ''Espacio público y recualificación urbana. Construcción simbólica del espacio público en Puerto Madero'', V Jornadas de Investigación en Antropología Social, Universidad de Buenos Aires, 2008.

27 Según datos del Instituto de Vivienda de la Ciudad, la villa Rodrigo Bueno contaba con 774 familias y 2 139 habitantes en noviembre de 2009.

28 Como vemos, el proceso de recualificación de Puerto Madero ha incidido, simultánea y contradictoriamente, en la expulsión y consolidación de la villa Rodrigo Bueno.

29 Olivier Mongin, La condición urbana. La ciudad a la hora de la mundialización, Paidós, Buenos Aires, 2006. Zygmunt Bauman, Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias, Paidós, Buenos Aires, 2005.