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Argumentos (México, D.F.)

versión impresa ISSN 0187-5795

Argumentos (Méx.) vol.23 no.63 México may./ago. 2010

 

Dossier "Nosotros somos su crisis": debates sobre la crisis económica mundial

 

Espejos de la crisis económica mundial. La crisis alimentaria y las alternativas de los productores de granos básicos en México

 

Olivia Acuña Rodarte* y Miguel Meza Castillo**

 

* Maestra en desarrollo rural por la UAM–Xochimilco. Profesora–investigadora en el Departamento de Relaciones Sociales de la misma Universidad.

** Doctor en desarrollo rural por la UAM–Xochimilco. Profesor–investigador de la UAM–Xochimilco, actualmente con la Cátedra Óscar Uribe Villegas.

 

Resumen

La crisis económica mundial ha tenido múltiples manifestaciones. Una de ellas es la crisis alimentaria, que en México provocó la elevación abrupta de los principales alimentos, contribuyendo con ello al incremento de la pobreza. El objetivo central de este artículo es desentrañar las causas de fondo de la crisis alimentaria como una expresión de la mundial. Particularmente se analiza la incidencia de la especulación del capital financiero y el incremento de los precios del petróleo en el mercado de productos agrícolas. Asimismo, es importante analizar cómo se han construido una serie de alternativas desde las organizaciones de productores de granos básicos no sólo para resistir esta situación, sino para revertir las políticas neoliberales, las cuales se ubican como las causas estructurales de esta crisis. Las propuestas campesinas han sido vastas, pero nos concentraremos en las encaminadas a la lucha por la soberanía alimentaria, ya que ésta ha desplegado innovadas formas de movilización social como producto de procesos de articulación con diversos actores rurales y urbanos.

Palabras clave: crisis económica, crisis alimentaria en México, especulación del capital financiero, mercado de productos agrícolas, organizaciones de productores de granos básicos, soberanía alimentaria.

 

Abstract

The economic crisis that has affected the entire world has had several manifestations. One of them is the food crisis that in our country, among other things, has caused an abrupt rise in the main food supplies prices, contributing in this way to the increase of poverty levels. This article aims to unravel the ultimate causes of this food crisis as an expression of the global crisis. Thus the article focuses on the impact of financial speculation and the rise of oil prices in the agricultural products market. Likewise, it is particularly necessary to analyze how basic grain producers' organizations have developed a series of alternative strategies in order not only to resist this situation, but to revert the neoliberal policies that are identified as the structural causes of this crisis. The peasants' proposals are many; however we will focus on those aiming for food sovereignty since they have shown innovative ways of social mobilization as a result of the articulation processes with divers rural and urban actors.

Key words: economic crisis, food crisis in Mexico, financial speculation, agricultural products market, basic grains producers, food sovereignty.

 

La crisis financiera global, derivada del colapso de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos en agosto de 2007, se expandió rápidamente hacia otros sectores dando lugar a una profunda recesión económica mundial. Paralelamente, la crisis ambiental se agudiza y las crisis energética y alimentaria se agravan como resultado del incremento de los precios de los combustibles y de los comestibles. Las crisis financiera, económica, energética, alimentaria y ambiental cuestionan seriamente a las políticas neoliberales y ponen en crisis al actual modelo de acumulación de capital.

La crisis alimentaria, provocada por el incremento dramático de los precios de los alimentos, ha afectado el derecho a la alimentación —uno de los derechos humanos más importantes— y ha empujado a una sexta parte de la población mundial y a una quinta parte de la mexicana a una situación de hambre. La situación, ya de por sí dramática, se puede agravar, pues varias de las causas que provocaron el aumento desmesurado de los precios son estructurales y pueden provocar nuevas alzas en el futuro inmediato. Por eso, en el marco de la gran crisis del sistema capitalista, la alimentaria es la más importante y, por lo mismo, requiere de acciones y respuestas rápidas.

La grave situación alimentaria, que vivió su fase más crítica el primer semestre de 2008, ha demostrado una vez más que el mercado por sí solo no resolverá el problema, pues tiene fallas profundas. Se requiere un cambio de paradigma: pasar de la "seguridad alimentaria" a la "soberanía alimentaria", y en este cambio de paradigma es fundamental poner atención nuevamente en la agricultura —después de tres décadas de abandono—, impulsar la participación de los pequeños productores de alimentos y reorientar las funciones del Estado.

En este artículo analizamos las causas y efectos del aumento de precios de los comestibles y de la crisis alimentaria; algunos de los factores que provocaron la pérdida de la soberanía alimentaria, y las respuestas, acciones y propuestas de un sector de productores agrícolas organizados, no solamente para resistir ante la crisis de alimentos, sino también para recuperar la soberanía alimentaria.

 

INCREMENTO DE LOS PRECIOS INTERNACIONALES DE LOS ALIMENTOS Y CRISIS ALIMENTARIA

Después de un periodo de 30 años en el que los precios internacionales de los alimentos mantuvieron una relativa estabilidad, en 2002–2003 empezaron a manifestar tendencia al alza; en 2006 dicha tendencia adquirió mayor fuerza, y en el primer semestre de 2008 alcanzó su pico más alto desde la década de 1970. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en la primera mitad del 2008 "los precios de los alimentos eran 40% superiores a los de 2007 y 76% respecto a los de 2006".1

En relación con los productos agrícolas más importantes para nuestro país, de acuerdo con datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SIAP–Sagarpa), el precio del maíz aumentó 184% entre junio de 2006 y junio de 2008, el del trigo 127%; el del sorgo 122%; el del arroz 120%, y el del frijol negro 52% (Cuadro 1).2

El incremento desmesurado de los precios de los alimentos en un periodo tan corto, provocó una aguda crisis alimentaria, cuyo efecto inmediato más grave fue el aumento del número de hambrientos. La FAO estima que sólo entre 2007 y 2008, 115 millones de personas fueron empujadas al hambre crónica, sumándose a los más de 850 millones a las que ya les estaba faltando el alimento,3 y actualmente los organismos financieros internacionales afirman que son un poco más de mil millones. Según The Economist Intelligence Unit (EIU), "el Banco Mundial estima que el número de quienes viven con menos de 1.25 dólares al día se elevará en 89 millones entre 2008 y 2010, y en 120 millones el de quienes sobreviven con menos de dos dólares diarios.4

En México, los efectos negativos del incremento de los precios internacionales de los alimentos no son menores. De acuerdo con un informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el porcentaje de personas en condición de pobreza alimentaria —con ingresos insuficientes para adquirir una canasta básica de alimentos, incluso si los destinan exclusivamente para este fin— pasó de 13.8 a 18.2% entre 2006 y 2008. En tan sólo tres años, el número de habitantes en condiciones de pobreza alimentaria aumentó un poco más de cinco millones, al pasar de 14.4 a 19.5 millones,5 lo que nos muestra la gravedad de la crisis alimentaria.

En el segundo semestre de 2008 los precios internacionales de los alimentos comenzaron a bajar, pero sin alcanzar los niveles de 2006; sin embargo, en el primer semestre de 2009 nuevamente empezaron a mostrar una trayectoria alcista.

Entre junio y diciembre de 2008 el precio internacional del maíz disminuyó 41%, el del trigo 38%, el del arroz 26%, el del sorgo 46%, el de la soya 43% y el del frijol 16%. Pero, entre diciembre de 2008 y junio de 2009 nuevamente volvieron a subir. En este último periodo la cotización del maíz subió 14%, la de trigo 10%, la de sorgo 17%, la de soya 41% y la del frijol 18% —una cotización más alta incluso que la de junio de 2008—, la única que descendió fue la del arroz (Cuadro 2).6

De acuerdo con EIU, "en los primeros 10 meses de 2009, los precios de los alimentos subieron 9.8%. Productos como el té, chocolate y azúcar —fuentes importantes de calorías en algunas partes— alcanzaron sus niveles más altos en 30 años.7

 

EL INCREMENTO DE LOS PRECIOS DE LOS ALIMENTOS Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA EN MÉXICO

El encarecimiento de los comestibles en los últimos años ha sido factor fundamental de un mayor desequilibrio de la balanza de alimentos mexicana, y por tanto de la dependencia de nuestro país hacia el exterior en ese renglón tan sensible. En 2008, el déficit representó un aumento de 251% en relación con el reportado en 2006, último año en que los precios internacionales de los comestibles se mantuvieron estables.

De acuerdo con cifras oficiales,8 en 2008 el déficit de la balanza alimentaria fue de 4 919 millones de dólares, pues mientras el costo de las importaciones de alimentos sumó 20 695 millones de dólares, el de las exportaciones fue de 15 776 millones.9 Los productos que muestran un mayor desequilibrio son los cereales: el déficit en maíz pasó de 1 101 millones de dólares en 2006 a 2 391 millones en 2008;10 en trigo aumentó de 610.1 millones de dólares a 1 246.9 en el mismo periodo, mientras que en arroz las importaciones alcanzaron en 2008 un monto de 379.8 millones de dólares.11 Solamente estos tres productos —fundamentales para la alimentación de los mexicanos— representan 82% del déficit de la balanza comercial de alimentos.

Es indiscutible que el encarecimiento de los comestibles es una de las principales causas del aumento del déficit de la balanza de alimentos y, en general, de la balanza comercial; sin embargo, las causas de fondo se encuentran en la imposición del nuevo modelo de acumulación de capital, el cual se sustenta en la liberalización de los mercados de productos, financieros y de servicios. En este sentido, Armando Bartra señala:

[...] tanto los gobiernos priístas como panistas, renunciaron a la seguridad alimentaria basada en autoproducción y en reservas estratégicas propias, los argumentos han sido que los países de la gran franja equinoccial no tienen vocación cerealera y es más razonable que importen granos baratos a que los produzcan caros. Para quienes conservaran la producción de básicos, los gobiernos neoliberales establecieron un periodo muy corto para lograr la eficiencia y la competencia.12

 

EL DESMANTELAMIENTO DE LA PRODUCCIÓN DE GRANOS EN MÉXICO

Desde 1982, nuestro país experimentó un cambio radical de modelo de desarrollo que se ha sustentado en la liberalización económica, privatización de las empresas y entidades públicas, desregulación de la economía e impulso a la inversión privada —extranjera principalmente— como motor del crecimiento económico.

La imposición del modelo neoliberal en México en la década de 1980 se inserta en la reestructuración de la economía mundial en función de las necesidades de acumulación del capital financiero y de las megacorporaciones trasnacionales de los países desarrollados, en el contexto de la llamada tercera revolución industrial—revolución científico–tecnológica impulsada por el desarrollo de la informática, las telecomunicaciones, la transportación y logística masiva de mercancías, las llamadas ciencias de la vida, la nanotecnología, etcétera.

Como consecuencia de las políticas de ajuste estructural impuestas a México por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el gobierno de Miguel de la Madrid (1982–1988) inició un proceso acelerado de apertura comercial como parte de los prerrequisitos exigidos para la adhesión de nuestro país al Acuerdo General de Aranceles y Tarifas (GATT) en 1986. De esta manera, se determinó sustituir los permisos previos de importación por un sistema de aranceles decrecientes, y en algunos casos se mantuvo un sistema de cuotas de importación. La presión del gobierno de Estados Unidos, del capital financiero internacional y de las corporaciones trasnacionales se exacerbó cuando arribó al poder Carlos Salinas de Gortari.

En este contexto, entre 1988 y 1994 se llevan a cabo las reformas más radicales en el sector agroalimentario y rural del país desde la Revolución y el cardenismo. Se reforma el sistema de crédito rural, eliminando los subsidios y poniéndolo en sintonía con el mercado; se redefine la política de subsidios mediante el Programa Nacional de Solidaridad; se reforma el artículo 27 constitucional; se privatizan o cierran las principales empresas paraestatales de impulso al sector, entre ellas Fertilizantes Mexicanos, Instituto Mexicano del Café; desaparecen los precios de garantía de arroz, trigo, sorgo, soya, cártamo, copra, algodón, restringiéndose la operación de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), al acopio de maíz y frijol, se crea Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria (Aserca) en previsión del cierre de Conasupo; se firma el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); se modifica la Ley Federal del Agua, y se pone en operación el Programa de Apoyos Directos al Campo (Procampo).

Las transformaciones neoliberales experimentadas por el sector agroalimentario y rural en el periodo salinista colocaron al país en una gran incertidumbre, pues la participación estatal —mediante mecanismos como los precios de garantía y las compras de las cosechas por medio del sistema Conasupo—, que había logrado regular el mercado de los principales granos básicos, se abandonó. En este nuevo escenario, las compras nacionales de maíz pasaron del 68.9% en 1993, al 45.2% en 1997, para finalmente disminuir al 12% en 1992. Además, habría que señalar que desde 1995, en el marco de una política gradual de retiro del mercado, Conasupo participó como comprador de última instancia.13

 

LOS EFECTOS DE LAS POLÍTICAS NEOLIBERALES EN EL SECTOR DE GRANOS

Como consecuencia de la desregulación de los mercados y del abandono de políticas de fomento a la producción agropecuaria, desde hace poco más de dos décadas el país importa cada vez volúmenes mayores de alimentos, y no obstante que —de acuerdo con la FAO— los precios de los cereales se mantuvieron más o menos estables entre 1985 y 2006,14 con el aumento de las importaciones de alimentos en ese periodo ha salido un monto cada vez mayor de divisas, y en los últimos tres años debido al incremento continuo y desmesurado de los precios de los alimentos el costo de importar comestibles en lugar de producirlos localmente le ha salido excesivamente caro al país.

En la presente década, la transferencia de divisas al exterior por concepto de importación de alimentos se ha incrementado sistemáticamente, y de forma más acelerada que las exportaciones; de tal manera que el déficit de la balanza alimentaria pasó de 1 161 millones en 2000 a 4 919 millones en 2008.15

Los datos duros demuestran que la liberalización comercial a la que le han apostado los gobiernos neoliberales, en lugar de establecer un mejor equilibrio de los flujos comerciales entre países —como argumentan los defensores de esta política—, ha acrecentado la dependencia de México hacia el exterior, en particular hacia los Estados Unidos, a tal punto que la soberanía alimentaria en México —entendida como "la facultad y el derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas agrícolas, pesqueras, alimentarias y de tierra que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus circunstancias únicas"— se ha perdido.16

Paralelamente, la producción nacional se vio severamente afectada, pues para 1990 la superficie dedicada a granos básicos disminuyó a un ritmo anual de 1.05% y la producción registró un estancamiento, ya que creció menos de 1%. En cuanto al consumo, mientras que en 1990 sólo 19.8% del consumo aparente nacional provenía de las importaciones, para 2006 ya era de más del 30 por ciento.17

La pérdida de la soberanía alimentaria de México no se debe solamente a que en el país no se producen los suficientes alimentos para abastecer a la población, sino sobre todo —y esto es quizás lo más preocupante y peligroso— a que cada vez depende en mayor medida del exterior y de las empresas trasnacionales que controlan la comercialización de los alimentos y de los insumos básicos para la producción agropecuaria, las cuales —como sabemos— se mueven en función de la obtención de la máxima ganancia sin importarles que la gente se muera de hambre.

Si apostarle a las ventajas comparativas y a la supuesta "seguridad alimentaria", con el argumento de que sale más barato importar alimentos que producirlos internamente, es un atentado contra la "autosuficiencia" y la soberanía alimentaria, hoy la situación se torna aún más grave, ya que el presupuesto federal no alcanza y tenemos un peso devaluado.18

Ahora bien, aunque el gobierno de Felipe Calderón anunció en mayo de 2008 un programa para enfrentar la crisis alimentaria, éste se sustentó en ahondar la apertura comercial de los granos básicos y una serie de recursos destinados principalmente a medianos y grandes productores, mientras que continuó una lógica de apoyar asistencialmente mediante el programa Oportunidades a los campesinos pobres. En este sentido, Blanca Rubio plantea que estas medidas tuvieron sólo un carácter emergente y que no intentaron resolver estructuralmente el problema.19

 

LAS CAUSAS DEL INCREMENTO DE LOS PRECIOS Y DE LA CRISIS ALIMENTARIA

Las causas del incremento de los precios internacionales de los alimentos, y por tanto de la crisis alimentaria, son diversas y se presentan de forma combinada. Destacan, entre ellas, el aumento de los costos de la energía y los fertilizantes vinculados al precio del petróleo, el aumento de la superficie sembrada con productos utilizados como materia prima para la producción de biocombustibles, la baja en la producción agropecuaria por factores climatológicos, el incremento de la demanda de alimentos de países como China e India, las bajas reservas alimenticias y la especulación financiera.

En general, hay coincidencias sobre las causas determinantes de la crisis, pero sobre la importancia relativa que tiene cada una de ellas hay un gran debate. Tratar de desentrañar la relevancia de algunas de ellas es importante, ya que nos permitirá vislumbrar si —como señala la FAO— los precios altos y la evolución de los mismos se deben a un cambio "fundamental del comportamiento de los mercados de productos básicos agrícolas",20 y si estamos ante la perspectiva de un periodo de precios altos.

De los factores que se mencionan como causales del incremento de los precios internacionales de los alimentos, ha perdido fuerza el relativo a las importaciones de China e India, pues sus compras en el exterior han bajado en forma considerable. De acuerdo con la FAO, las importaciones de cereales de ambos países han pasado de una media anual de aproximadamente 14 millones de toneladas a comienzos de la década de 1980 a seis millones de toneladas en los últimos tres años, lo que significa que el crecimiento de la demanda de cereales para la alimentación animal en esos países, al menos hasta hace poco tiempo, se satisfacía a partir de fuentes nacionales. La India ha sido uno de los principales exportadores de alimentos. En la mayoría de los años comprendidos entre 1995 y 2007, la cantidad de trigo, arroz y carne exportada superó a la importada.21 Además, como resultado de la crisis alimentaria y ante la evidencia de que el mercado falló, tanto China como India han decidido producir alimentos en tierras rentadas en otros países, en vez de importarlos.

Por otra parte, también es indiscutible que la disminución en la producción de los países exportadores de alimentos por factores climatológicos y las bajas en las reservas alimenticias mundiales, inciden en el incremento de los precios.

Las causas de la crisis alimentaria en torno a las cuales el debate es más fuerte son las relacionadas con el aumento de la producción de productos agrícolas como materias primas para la producción de biocombustibles y el de la especulación del capital financiero, tanto en el mercado de productos agrícolas como en el petrolero.

El incremento de la demanda de algunos productos agrícolas para la producción de biocombustibles, entre los que destacan el maíz como materia prima para la producción de etanol y la colza para la producción de biodisel, es una de las razones de mayor peso para explicar el aumento de los precios de los alimentos en los últimos años.

En relación con el maíz, de los 40 millones de toneladas que aumentó su consumo mundial en 2007, 75% correspondió a la producción de etanol, y tan sólo en los Estados Unidos su empleo para producir biocombustibles representó cerca de 30% del consumo nacional total en ese año.22 Por otro lado, la intensidad de la reacción de los precios tuvo relación también con el rápido ritmo —2 a 3 años— al que se materializó dicha demanda y con su concentración en los Estados Unidos —más del 90%—, uno de los principales exportadores de maíz.23

La FAO, el Banco Mundial y el FMI estiman que entre el 15 y el 30% del aumento del precio de los alimentos se debe al impacto de los biocombustibles.24

Sin duda, destinar maíz a producir etanol es una causa importante del incremento de su precio, pero hay que matizar un poco esta afirmación, pues si bien es verdad que cada vez se destina más maíz para la producción de biocombustibles, también lo es que las exportaciones de los Estados Unidos no han disminuido, pues mientras en 2003–2004 exportó 17% de la cosecha de maíz, en 2007–2008 el porcentaje fue de un poco más del 19%; es decir, el volumen del exportador más importante del cereal, en lugar de bajar, aumentó debido a la buena cosecha de ese año.

El problema no radica solamente en que cada vez se destine más maíz a la producción de etanol, sino también en que el incremento de la superficie sembrada del grano es a costa de otros cultivos destinados a la alimentación. De acuerdo con la FAO, en 2007 las plantaciones de maíz se incrementaron cerca de 18% a costa de la reducción de las áreas de soya y trigo, una de las razones del aumento de precios de estos productos.

Pero, si bien es cierto que el incremento acelerado de la demanda de maíz para producir etanol repercute en el aumento desmesurado de los precios de los alimentos, no lo es menos que la especulación en los mercados financieros. La especulación financiera tiene efectos importantes en las alzas de las cotizaciones por dos vías: por un lado, directamente sobre el incremento de los precios de los alimentos y, por otro, de manera indirecta al presionar al alza los precios del petróleo y el fertilizante.

Las instituciones financieras internacionales, e incluso la FAO, minimizan la importancia que ha cobrado la especulación en el mercado de futuros de los productos agrícolas en el aumento de los precios de los alimentos. Para el FMI "es el aumento de los precios el que fomenta los flujos entrantes de fondos de inversión en los mercados de futuros de productos agrícolas y no a la inversa", mientras que para la FAO también "es más probable que la especulación y los flujos entrantes de fondos de inversión hayan sido generados por el incremento de precios y no que los hayan causado".25

Sin embargo, existen evidencias de que el incremento de precios de los alimentos está vinculado con el fenómeno especulativo. La fuerte crisis del sistema financiero mundial y el desplome de las acciones de la gran mayoría de las empresas, propiciados por la explosión de la burbuja de los créditos de alto riesgo que hacen poco atractivo el mercado bursátil,26 ha provocado que buena parte de las inversiones se coloquen en activos como materia primas, incluyendo los cereales, lo que agudiza el factor especulativo en este mercado y da lugar a una gran volatilidad en los precios. Según la misma FAO:

[...] el declive de los mercados mundiales de propiedades y títulos resultó en un flujo entrante de fondos en los mercados de futuros financieros de productos agrícolas en busca de beneficios [por lo que] la actividad comercial mundial [en estos mercados] se ha multiplicado por más de dos en los últimos cinco años [...] en los primeros nueve meses de 2007 esta actividad se incrementó 30% sobre el valor del año previo, y entre 2005 y 2008 los operadores no comerciales doblaron prácticamente su proporción de intereses abiertos en los mercados de futuros del maíz, el trigo, y la soya.27

De acuerdo con Sinclair Steward y Paul Waldie, los fondos de cobertura28 y otras fuentes de fondos especulativos están volcando millones de dólares a los commodities,29 para escapar de los resbaladizos mercados de valores y de la contracción del crédito; con ello alejan aún más la existencia de alimentos del alcance de los sectores pobres.30 En el mismo sentido, los analistas Ritterbusch and Associates señalan que:

[... ] la renovada atracción de las materias primas como un vehículo de inversión contrasta con el poco atractivo del mercado bursátil [...] Mientras más operadores abandonan los mercados accionarios, el atractivo de las materias primas como vehículo de inversión se ha reforzado [...] El oro alcanzó un máximo de un mes, mientras que los futuros de maíz estadounidense treparon a un nivel récord.31

Según Steward y Waldie, se estima que el monto de dinero especulativo en futuros32 de commodities fue menor a 45 000 millones de dólares en 2000 y trepó a 4 175 000 millones de dólares en 2007.33 En la misma tesitura la consultoría Ag Resourse sostiene que en la Bolsa Mercantil de Chicago, donde se negocian contratos para entrega a futuro de unos 30 productos alimenticios de gran consumo mundial, las inversiones totales en los índices de maíz, soya y carnes de res y porcino aumentaron de 10 mil millones a 42 mil millones de dólares de 2006 a 2007. Por su parte, la Asociación Nacional de Granos y Alimentación de Estados Unidos publicó el año pasado un reporte en el que señala que fondos especuladores controlaban 30% del total de los contratos futuros no líquidos o listos para la entrega. Finalmente, según algunas estimaciones, los fondos de inversión controlan ahora entre 50 y 60% del trigo comercializado en los más grandes mercados mundiales de commodities.34

Esto es importante porque en la medida en que se siga expandiendo el mercado financiero de futuros, no se implementen mecanismos de regulación y control y se mantengan los ingredientes tóxicos que provocaron la crisis financiera reciente, la especulación financiera afectará los precios de los productos agrícolas, por lo que las cotizaciones de estas materias primas estarán expuestas a fuertes fluctuaciones.

Otra causa reconocida del incremento de los precios de los alimentos es el aumento de las cotizaciones del petróleo. El alza de precios del hidrocarburo impacta al de los alimentos de varias formas: fomenta la producción de biocombustibles y, por lo tanto, la demanda de maíz y otros productos agrícolas para su producción, presiona al alza el precio de los fertilizantes e incrementa los costos de energía y el transporte.

Entre 2006 y 2008 estos factores se combinaron e incidieron en el incremento dramático de los precios de los productos agrícolas. De febrero de 2006 a julio de 2008 el precio del petróleo West Texas Intermediate (WTI) aumentó 111%, al pasar de 68.70 a 144.95 dólares por barril. El alza en el precio del hidrocarburo estimuló la producción de biocombustibles y la demanda de maíz para su producción, pues, como bien señala la FAO, "cuanto mayores son los precios del petróleo, más económicamente viable se vuelve la producción de biocombustibles y más crece la demanda de productos agrícolas para su empleo como materias primas.35

Por otra parte, la elevación acelerada del precio del petróleo provocó que los precios de los fertilizantes se dispararan. Entre los primeros meses de 2007 y los primeros de 2008, la urea subió 31%, el nitrato de amonio 85% y el fosfato diamónico 163 por ciento.36

Según el Sistema de Información Comercial–México (SIC–M), aun cuando en 2008 el volumen importado de fertilizante disminuyó un poco en relación con 2006, el monto del pago por dicho abono se incrementó notablemente al pasar de 840.7 millones de dólares en 2006 a 1 707.9 millones en 2008.37

Después de que el petróleo alcanzó su cotización más alta en julio de 2008, descendió aceleradamente a fines de ese mismo año hasta rondar los 30 dólares por barril, para después volver a subir. Actualmente el precio está más o menos a la mitad del pico máximo de 2008. En los tres últimos años los precios del hidrocarburo han tenido la mayor volatilidad de la historia reciente.

Al igual que en los productos agrícolas, los precios del petróleo ya no se explican solamente por el juego de la oferta y la demanda, en ellos desempeña un papel muy importante la expansión del mercado financiero de futuros y su carácter altamente especulativo. Según el Banco de Pagos Internacionales (BIP), a finales de 2007 se invirtieron nueve billones de dólares en ese mercado de materias primas en calidad de activos, de lo cuales al menos la mitad se fueron al mercado petrolero.38

 

LA VOLATILIDAD DE LOS PRECIOS

Debido a la relevancia que han adquirido el capital especulativo y la movilidad del capital líquido con la liberalización del mercado financiero, actualmente la volatilidad es una característica implícita de los mercados, en particular de materias primas.

Las fluctuaciones de los precios de los alimentos en un periodo breve, han sido mucho mayores que en el pasado, sobre todo en cereales y semillas oleaginosas. De acuerdo con la FAO, en los primeros cuatro meses de 2008, la volatilidad de los precios del trigo y el arroz alcanzó cuotas récord: la del precio del trigo era el doble del nivel del año anterior, mientras que la del precio del arroz era cinco veces mayor.39

Esta volatilidad refleja una mayor incertidumbre de los mercados, y la falta de certidumbre es el ambiente ideal del capital financiero especulativo, pues entre menos previsibles sean los cambios en los precios internacionales de los productos agrícolas mayores serán las posibilidades de conseguir grandes ganancias especulando en los mercados financieros de futuros.

Ante las políticas neoliberales que han deteriorado las condiciones de vida de los productores de granos en México y la pérdida de la soberanía alimentaria profundizada por el incrementos de los precios de los alimentos y la crisis alimentaria, los productores de granos básicos no se han quedado con los brazos cruzados y han realizado diversas acciones para tratar de contrarrestar los efectos negativos del neoliberalismo y recuperar la soberanía alimentaria. En el siguiente apartado veremos las alternativas que han desplegado.

 

LAS ALTERNATIVAS DE LOS PRODUCTORES DE GRANOS BÁSICOS FRENTE A LA CRISIS DE LOS ALIMENTOS. LA LUCHA POR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA

Enfrentarse a las nuevas condiciones del mercado resulta sumamente complicado, de tal suerte que construir alternativas viables ha obligado a desplegar una constante y creativa renovación organizativa, social y política por parte de los productores de granos básicos.

En esta dinámica, la movilización social de los campesinos ha tenido la claridad de disputar continuamente los mercados regionales, pero además demandar la revisión de las políticas neoliberales. Es decir, no basta solamente competir en el mercado, sino que es obligado proyectar la lucha hacia un nuevo marco regulatorio por parte del Estado. En este sentido se ubican las demandas centrales de lo que fue el Movimiento El Campo No Aguanta Más (MECNAM), y de lo que hoy en día es el movimiento en torno a la campaña "Sin Maíz no hay País".40

La discusión por la soberanía alimentaria comenzó a cobrar vida significativamente desde agosto de 1996, dos años después de la entrada en vigor del TLCAN y de sus primeros efectos en los productores de granos, pero en 2003 logró colocarse en la agenda nacional precisamente con las primeras movilizaciones del MECNAM.

No es casual, 2003 marcaba casi diez años de apertura comercial, y los campesinos —que históricamente han generado excedentes para el mercado— comenzaron a resentir más claramente los efectos de ésta, así es que podríamos decir que el MECNAM surgió y se consolidó al calor de los primeros signos de la crisis alimentaria.

En este terreno, en los últimos años las manifestaciones más importantes del movimiento campesino nacional, también han reivindicado de manera sobresaliente el tema alimentario.

Si bien la lucha por la soberanía alimentaria se convierte en el centro de las movilizaciones a partir de principios del presente siglo, es importante ubicar sus antecedentes inmediatos hacia 1996, año en que se realiza el primer Foro Nacional por la Soberanía Alimentaria.41 El evento, promovido en el marco de la Cumbre Mundial de la Alimentación organizada ese año por la FAO en Roma, planteó como los principales temas de discusión: ¿cuál es el futuro de la alimentación en México?, ¿cómo podría ser una política de Estado en materia alimentaria? El principal acuerdo de los participantes en el Foro fue emprender una campaña nacional contra el hambre y por la soberanía alimentaria.

Años más tarde, como producto del movimiento campesino y de la concertación entre los grupos parlamentarios de los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD), es aprobada la Ley de Desarrollo Rural Sustentable (LDRS). Aunque ésta es limitada para implantar cambios de fondo en la política agroalimentaria y de desarrollo rural, se logra por primera vez en la legislación mexicana que el concepto de soberanía alimentaria se incorpore como uno de los objetivos centrales, y en ella también se establece la obligación del gobierno federal de crear reservas de alimentos.

En 2007, en el contexto de las movilizaciones de enero de ese año y como producto de la llamada "Declaración del Zócalo", se elaboró una propuesta por la soberanía alimentaria en la que se planteaba entre otras cosas: un "programa emergente de impulso a la producción y productividad sustentable de maíz y frijol —y de una canasta alimentaría básica— bajo los principios de soberanía alimentaria; la constitución de una reserva estratégica de maíz blanco que impida la especulación; la renegociación del capítulo agropecuario del TLCAN, para excluir del mismo al maíz blanco y al frijol, y el combate a los oligopolios y la especulación en el sector agroalimentario.42

En junio del mismo año se lanzó oficialmente otra iniciativa en torno a la lucha por la soberanía alimentaria: la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y por la Reactivación del Campo "Sin Maíz no hay País y sin Frijol Tampoco. ¡Pon a México en tu boca!". La campaña fue impulsada por organizaciones de la CONOC, ANPAB–Barzón, CNPA, AMAP, GEA, Greenpeace, Comercio Justo México, Instituto Maya, Oxfam y más de 300 organizaciones, intelectuales, artistas, científicos y ciudadanos de pie.43 A partir de ahí, múltiples, vigorosas y creativas manifestaciones han caracterizado esta lucha por el derecho a la alimentación.44

Una de las últimas estrategias desarrolladas por las organizaciones campesinas para enfrentar la crisis alimentaria ha sido impulsar la creación de una reserva de alimentos. Contenida como una obligación en la Ley de Desarrollo Rural Sustentable, los productores organizados conjuntamente con otras agrupaciones civiles y académicas han discutido sobre la constitución de dicha reserva.

La propuesta concreta, desplegada como uno de los resultados del Foro Reserva Estratégica de Alimentos realizado en 2008, propone la creación de un fondo de 1 500 millones de pesos para manejar un inventario de productos sensibles y colocarlos en las regiones deficitarias en maíz. Los objetivos de una reserva estratégica son: contrarrestar la especulación nacional e internacional; favorecer la venta de la cosecha nacional y el abasto a precios accesibles a los centros de consumo rural y urbano; fomentar la productividad agrícola, al menos en los alimentos básicos para la población; proteger a los productores nacionales y ofrecer alimento a la población ante la escasez en los mercados e independencia de las importaciones.

Hay que señalar que si bien en el contexto de la crisis alimentaria de 2008, el gobierno federal se pronunció por la creación de una reserva de alimentos, en septiembre de 2009 se retractó, al considerar que esta medida distorsionaría los precios del mercado.

Estas manifestaciones sociales han adquirido un carácter nacional y han tenido una gran trascendencia en tanto han incorporado a otros sectores de la sociedad; sin embargo, la lucha cotidiana por la soberanía alimentaria está en las localidades y regiones en las que los productores agrícolas organizados enfrentan día a día a las empresas agroalimentarias que concentran el mercado de granos.

En las regiones, las estrategias de las organizaciones de productores de granos básicos son múltiples. A partir del trabajo colectivo han logrado compactar la oferta de granos y con ello buscar mejores precios; han creado instrumentos financieros para anticipar el pago de sus socios; han impulsado políticas de subsidios para apoyar la comercialización y han buscado diversos mecanismos para agregar valor a sus cosechas.

Una parte de estos campesinos organizados han tenido que construir mercados alternativos que los han llevado a vender sus cosechas a Diconsa y a la industria de la masa y la tortilla, sector que resulta una opción frente a los grandes consumidores45 y al que se acude ofreciendo el maíz con cierto valor agregado —almacenamiento, envasado, conservación, encostalado, cribado o transportación. En la disputa por los mercados agroalimentarios, estos canales de comercialización resultan ser una opción, porque mendiante la organización es posible ofertar un producto y servicios adecuados a las necesidades de los consumidores.46 La apuesta a futuro, sin embargo, es construir mercados alternativos solidarios que permitan intercambiar la producción campesina con zonas de consumo también campesinas.

Es decir, la lucha por la soberanía alimentaria es una batalla cotidiana en las regiones productoras de alimentos, a partir de estrategias sociales de organización que se expresan en alternativas económicas para mejorar las condiciones de comercialización. En este sentido, es importante señalar que los campesinos lo hacen desde la organización social, pues sin ésta los productores quedan en manos de las comercializadoras privadas.

La estrategia principal es lo que las organizaciones llaman "administración campesina de la oferta" o "reordenamiento del mercado": mecanismo de intervención en el mercado que se expresa por medio de diferentes modalidades en las distintas regiones y cultivos, pues otra característica del mercado agroalimentario es que éste opera diferenciadamente en las zonas productoras y con dinámicas distintas por cultivo e incluso por ciclo productivo, de tal manera que tendríamos que hablar en principio de la existencia de mercados regionales y de una lucha por parte de los campesinos excedentarios que se ubica en el ciclo primavera–verano, ya que en este periodo se concentran los productores temporaleros.47

La acción social desde este nivel genera alternativas concretas no sólo de resistencia, sino que modifican realmente las condiciones de "hacer" mercado. Sin embargo, estas experiencias tienen que articularse con otros niveles de resistencia y de transformación, y en ese sentido es que la movilización social que generó el MECNAM y la Campaña Sin Maíz no hay País, adquieren sentido en la lucha por la soberanía alimentaria.

 

CONCLUSIONES

La especulación financiera es la causa principal de la crisis y de la pérdida de la soberanía alimentaria; es resultado de la liberalización de los mercados financieros y de productos impulsada por las políticas neoliberales como parte de un nuevo modelo de acumulación de capital.

La apertura comercial que impusieron los organismos financieros internacionales a los países en vías de desarrollo, mientras que los países desarrollados siguen subsidiando a sus productores, fue determinante en la pérdida de la soberanía alimentaria del país.

Con el argumento economicista miope de que es mejor para el país importar alimentos que producirlos aquí, los gobiernos neoliberales le apostaron a la apertura comercial y a la desregulación, enarbolando a las supuestas ventajas comparativas y la rentabilidad como dos de su principios fundamentales, sin ponderar los efectos económicos y sociales que esta política tendría en el sector rural.

El abandono del Estado de sus funciones como regulador dejó el campo libre a las grandes empresas —trasnacionales y nacionales— comercializadoras de materias primas, las que en buena medida controlan el comercio de los cereales y de insumo como el fertilizante, las semillas y los herbicidas. Es decir, la "mano invisible del mercado" ha dado lugar a la mano visible de grandes grupos empresariales que operan como verdaderos monopolios.

Por otro lado, con la reforma del sistema financiero mundial y la liberalización del mercado financiero impulsados por el "Consenso de Washington", el capital financiero ha acrecentado su importancia en los mercados de las materias primas.

Como apunta Chenais, la desregulación y liberalización favorecieron enormemente la movilidad del capital, lo que trajo consigo "la implementación de una economía internacional de valorización del capital bajo su forma financiera".48 La especulación es una característica del actual modelo de acumulación capitalista. Especular con los precios de los alimentos, como lo hacen las grandes empresas trasnacionales y los fondos de cobertura en aras de obtener mayores ganancias, es atentar contra la vida de millones de pobres de todo el mundo y en particular de México.

Frente a esta situación, los productores de granos básicos en México, los excedentarios principalmente pero incluso los de autoconsumo, han impulsado una serie de alternativas para darle continuidad a su actividad central: la producción de alimentos. El papel histórico que cumplió la agricultura campesina como proveedora de alimentos se ha desdibujado como efecto de las políticas neoliberales; sin embargo, a pesar del escenario adverso, millones de campesinos en México han desplegado diversas e innovadoras estrategias para resistir y revertir sus efectos. La lucha por la soberanía alimentaria atraviesa el quehacer cotidiano de las organizaciones por construir mercados alternativos; proponer, discutir y empujar políticas de fomento para la producción de granos básicos y por la formación de alianzas con diversos sectores de la sociedad en torno de la importancia de la producción autosuficiente de alimentos. Todas estas expresiones de la lucha por la soberanía alimentaria son también un reflejo de la crisis económica mundial, sin lugar a dudas, su objetivo es revalorar la agricultura campesina.

 

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NOTAS

1 Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, El estado de los mercados de productos básicos agrícolas, 2009, FAO, División de Comunicación, Roma, 2009.

2 Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera SIAP–Sagarpa, Boletín del mercado internacional agropecuario, núms. 3/16, México.

3 Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Aumento de los precios de los alimentos: hechos, perspectivas, impacto y acciones requeridas, junio, 2008.

4 La Jornada, 1 de diciembre de 2009.

5 Coneval, Comunicado de prensa, núm. 006/09, julio de 2009.

6 SIAP–Sagarpa, Boletín del mercado internacional agropecuario, núms. 21/26, México.

7 La Jornada, México, 1 de diciembre de 2009.

8 Grupo de trabajo: Banxico, INEGI, SAT, SE [www.banxico.go.mx/tipo/estadística/indet/httm].

9 Del total del costo de las importaciones de 2008, 22% corresponde a cereales; 17% a semillas, frutos oleaginosos y frutos diversos; 15% a carnes y despojos comestibles; 7% a leche, lácteos y miel; 7% a grasas animales y vegetales; 5% a preparaciones alimenticias diversas; 4% a frutas y frutos comestibles; 4% a bebidas y vinagre; y el resto a otros rubros.

10 Según Alberto Cárdenas, ex secretario de la Sagarpa, tan sólo en 2007 se importaron 10 millones de toneladas de maíz. La Jornada, México, 27 de junio de 2008.

11 INEGI, Boletín de información oportuna del sector alimentario, abasto y comercialización, núm. 277, mayo de 2008.

12 Armando Bartra, "Fin de fiesta. El hambre recorre el mundo", Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, nueva época, año 21, núm. 57, "Crisis alimentaria: abundancia y hambre", mayo–agosto, UAM–Xochimilco, México, 2008.

13 Jubenal Rodríguez y Víctor Suárez, "Privatización de ANDSA y Boruconsa: el fin de la soberanía alimentaria y el principio de la soberanía de las corporaciones agroalimentarias multinacionales", en Luciano Concheito y María Tarrío (coords.), Privatización en el mundo rural. Las historias de un desencuentro, UAM–Xochimilco, México, 1998.

14 FAO, "Aumento de los precios de los alimentos: hechos, perspectivas, impacto y acciones requerida", conferencia de alto nivel sobre la seguridad alimentaria mundial: los desafíos del cambio climático y la bioenergía, del 3 al 5 de junio de 2008.

15 En 2008, la transferencia de divisas al exterior por importación de alimentos —20 695 millones de dólares— representó un poco más del total del presupuesto federal para el campo en ese mismo año.

16 El concepto de soberanía alimentaria fue puesto en el centro del debate a principios de la década de 1990 por la organización Vía Campesina —que agrupa a productores de diferentes partes del mundo y se ha convertido en una idea fuerza—, reconocida por organismos como la FAO; sin embargo, este organismo utiliza más bien el concepto seguridad alimentaria que se refiere a que "todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana". Los conceptos muestran diferencias muy importantes.

17 Blanca Rubio, "De la crisis hegemónica financiera a la crisis alimentaria. Impacto sobre el campo mexicano", Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, nueva época, año 21, núm. 57, "Crisis alimentaria: abundancia y hambre", mayo–agosto, UAM–Xochimilco, México, 2008.

18 En nuestro país —vinculado al dólar estadounidense y con una moneda más débil—, la depreciación del peso frente al dólar encarece aún más la importación de alimentos y afecta el déficit de la balanza alimentaria. Así sucedió en el segundo semestre de 2008, cuando entre septiembre y octubre el peso sufrió una fuerte devaluación frente al dólar de alrededor del 20%; de manera que el país pagó más, a pesar de que los precios internacionales de varios de los alimentos bajaron en el segundo semestre de ese año.

19 Blanca Rubio, "De la crisis hegemónica financiera...", op. cit.

20 FAO, El estado de los mercados de productos básicos agrícolas..., op. cit.

21 Idem.

22 La Unidad de Inteligencia de The Economist estimó que el consumo de maíz en el ciclo 20092010 llegará a un récord de 788 millones de toneladas, un aumento de 2.3% respecto del año previo, y que la mayor parte del incremento en el consumo está determinado por la producción de etanol a base de maíz en Estados Unidos. Según esta misma fuente, la utilización de maíz para fines industriales consumirá 200 millones de toneladas, 12 millones más que en el año previo y, de este total, 120 millones de toneladas serán usadas para la producción de etanol.

23 FAO, El estado de los mercados de productos básicos..., op. cit.

24 Idem.

25 Idem.

26 En los primeros meses de 2008, el índice Dow Jones Industrial Average (DJIA) de la bolsa de Nueva York se ubicó en su más bajo nivel desde septiembre de 2006, al acumular un retroceso de 13.47% desde el colapso de la hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos ocurrido a principios de agosto de 2007.

27 FAO, El estado de los mercados de productos básicos..., op. cit.

28 Los fondos de cobertura son como bancos de apuestas: operan inversiones de alto riesgo con el dinero de otras personas.

29 El significado tradicional de commodities se circunscribió al de materias primas; actualmente, la definición legal utilizada en Estados Unidos es: commodity es todo aquello que sea subyacente en un contrato de futuros de una bolsa de commodities establecida.

30 Sinclair Steward y Paul Waldie, "U.S. food producers, spectulators square off", The Globe and Mail, 23 de abril de 2008, Canadá [http://wvww.theglobealandmail.com].

31 La Jornada, México, 28 de junio de 2008.

32 Los mercados de futuro son aquellos en los que los inversionistas no compran o venden un commodity tangible como el arroz o el trigo, sino que apuestan a las variaciones del precio.

33 Sinclair Steward y Paul Waldie, "U.S. food producers, spectulators square off", op. cit.

34 Idem.

35 FAO, El estado de los mercados de productos básicos... , op. cit.

36 Idem.

37 Sistema de Información Comercial México, Valor y volumen de las importaciones de granos y fertilizantes 2006–2008, Secretaría de Economía, México. Según esta fuente, en 2006, 2007 y 2008 se importaron 3.1, 3.2 y 2.7 millones de toneladas de fertilizante, respectivamente.

38 Intelligence Unit, The Economist, "Petróleo: especuladores en la mira", La Jornada, México, 29 de julio de 2008. En plena escalada de los precios del petróleo, George Soros afirma que se está acumulando un muro de dinero —200 millones de dólares según las últimas cuentas— en el precio futuro del petróleo en particular, y que este dinero especulativo es en parte responsable del aumento constante del precio del hidrocarburo. Cree que los mercados pueden estar equivocados y que las burbujas pueden estallar debido a la actividad especulativa.

39 FAO, El estado de los mercados de productos básicos..., op. cit.

40 La lucha por la soberanía alimentaria ha sido una exigencia del movimiento campesino mexicano, al menos desde 1995, recuperada en 2003 por el MECNAM y consolidada por la Campaña "Sin Maíz no hay País" desde 2007. La estrategia ha tenido importantes avances y se ha colocado en el debate no sólo por los evidentes saldos negativos de la política neoliberal, sino ante todo porque la agricultura mundial entró en una nueva fase de precios altos y el avance de la hambruna. Véase La Jornada del Campo, México, 13 de mayo de 2008.

41 En ese foro se definió a la soberanía alimentaria como la libertad, la capacidad y el derecho de comunidades, regiones y naciones para decidir las estrategias productivas, de abasto, de comercialización y de consumo de alimentos. Para poder ejercer esta soberanía se requiere ante todo de autonomía política y económica, y la existencia de suficientes reservas nacionales e internacionales y el libre acceso a ellas. En el caso de México, todas estas premisas son hoy inexistentes, y ponen en riesgo la supervivencia de amplios sectores de la población. La soberanía alimentaria debe incluir autosuficiencia en la producción de los principales productos básicos: maíz, frijol, trigo, cebada, sorgo, soya y otras oleaginosas. El concepto de soberanía resulta más adecuado y completo que el de seguridad alimentaria promovido por la FAO, el cual puede adecuarse indistintamente a estrategias de autosuficiencia y de ventajas comparativas de mercado, fomentando la dependencia de un mercado internacional de granos. Véase Víctor Carrera Suárez, "Políticas públicas para la agricultura mexicana con base en el consenso y la certidumbre: el caso de la Ley de Planeación para la Soberanía y la Seguridad Agroalimentaria y Nutricional", tesis de licenciatura, UACh, México, 2008.

42 La Jornada, México, 1 de febrero de 2007.

43 La Jornada del Campo, México, 12 de febrero de 2008.

44 La campaña busca reunir un millón de firmas de apoyo que serán enviadas al Congreso y al gobierno federal para exigir que se vigilen las importaciones y exportaciones de maíz y frijol; prohibir la siembra de maíz transgénico en México; aprobar el derecho constitucional a la alimentación y la Ley de Planeación para la Soberanía y Seguridad Agroalimentaria y Nutricional por la Cámara de Senadores; y promover que el maíz mexicano y las expresiones culturales que involucra se inscriban en la Lista de Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, por la Unesco.

45 Se calcula que la industria de la masa y la tortilla cuenta entre 45 mil y 60 mil establecimientos a escala nacional y que procesa cerca de tres millones de toneladas de maíz al año. Este sector no cuenta con infraestructura; tiene una demanda constante semana a semana; generalmente requieren de un maíz muy cribado y aquintalado a la puerta de su molino, condiciones que se convierten en oportunidades para los productores organizados.

46 Entrevista con Ismael Flores, director de Siacomex–ANEC, 22 de julio de 2009.

47 La complejidad del mercado y de las estrategias para enfrentarlo, están asociadas al hecho de que la producción de granos básicos se concentra en un corto periodo, mientras que la demanda es constante, de tal manera que hay que "administrar" las cosechas lo mejor posible porque de ello dependen mejores condiciones de comercialización.

48 François Chenais, La mundialización financiera. Génesis, costos y desafíos, Losada, México, 2006.

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