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Argumentos (México, D.F.)

versão impressa ISSN 0187-5795

Argumentos (Méx.) vol.20 no.53 México Jan./Abr. 2007

 

Dossier

 

La educación republicana y la desigualdad social

 

José Blanco

 

Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Economía.

 

Resumen

Este ensayo revisa algunos principios del concepto República, y ve sus grandes diferencias respecto de la práctica histórica efectiva. Alude brevemente al caso mexicano y realiza un examen somero de las profundas desigualdades sociales en materia educativa en México. Estas desigualdades representan grandes debilidades para la cohesión social en un país que difícilmente puede ser llamado República.

Palabras clave: República, educación, México

 

Abstract

This essay in an examination of the various meanings and differences of the notion of Republic, as seen through history from a factual, as opposed to theoretical, standpoint. There is a brief allusion to the case of Mexico with a summary of the deep social inequalities inherent in the Mexican educational system. These inequalities represent substantial obstacles to social cohesion in a country that has yet to achieve the prestige of calling itself a Republic.

 

¿CUÁL REPÚBLICA?

Hay temas o conceptos en el pensamiento social que, desde el momento en que trabamos contacto ellos, causan inquietud y zozobra. Es el caso cuando hablamos de República. Si exploramos algunos caminos recorridos por el pensamiento de quienes se han ocupado del problema, o miramos la práctica efectiva, la experiencia histórica de las repúblicas que en el mundo han sido, todo parece volverse evanescente. República puede significarlo casi todo y por eso, significando tanto y tan diverso, este concepto siempre vivió en el páramo de la anfibología.1

Salvo el consenso amplio existente al referirnos a República por oposición a toda forma de gobierno absolutista, repúblicas o formas republicanas en el concepto y en la historia ha habido en número crecido. En una república la soberanía reside en el pueblo, reza una definición común. Parece que república y democracia tienden a igualarse; pero hay monarquías democráticas, como las monarquías parlamentarias, con un ejecutivo propuesto por el monarca al Congreso, después de haber sido elegido por los ciudadanos (España o Inglaterra).

La República de Platón se componía de "clases sociales" que, "coherentemente", se correspondían con lo que él consideraba los elementos básicos del alma humana: el apetito, la razón y el ánimo: qué lejos de nuestros días. Por tanto su república ideal estaba compuesta de una clase comercial (identificada con el apetito), una clase ejecutiva (equivalente a la razón) integrada por administradores y soldados responsables del cumplimiento de las leyes, y por los reyes filósofos (el ánimo) que ejercían como legisladores . La responsabilidad de mantener una polis organizada con armonía, se alcanzaba mediante un republicanismo con frecuencia asociado con los fines establecidos por un pequeño sector de la comunidad que percibía, según Platón, lo que constituye el bien común. Esta república era, en realidad, diríamos hoy, un despotismo ilustrado respecto de los pares (los griegos), al tiempo que todos erigían su república sobre una organización económica esclavista. Aunque es sabido que para los griegos los esclavos no eran humanos.

No lejos de Platón, Aristóteles distinguía entre una monarquía aristocrática, de una tiranía oligárquica. La primera era la "buena" porque gobernaría por el bien del Estado, mientras la segunda lo haría en beneficio de sus propios intereses. Igualmente distinguía la democracia (mala forma de gobierno) contra la politeia, su contraria, la buena. En la democracia los pobres, que eran mayoría, acabarían demandando colectivamente una igualdad que aplastaría la iniciativa individual. Con la politeia, una "clase media capaz" resolvería con justicia conflictos entre ricos y pobres, y permitiría el gobierno de los muchos sin los problemas y el caos asociados con los regímenes organizados de los muchos. Y, desde luego, era impensable volver a todos capaces, porque estos estaban dedicados a pensar, y alguien debía trabajar y resolver la producción material. En una nuez, este era el punto de vista racional de unas de las mayores cabezas que ha dado la humanidad.

James Madison, llamado el "padre de la Constitución de los Estados Unidos", coincidía con la idea de politeia aristotélica, si bien era preciso resolver la formación de un gobierno justo y estable, mediante la solución de un problema meramente técnico: que el "pueblo" eligiera a sus gobernantes, ya que éstos, con mucha menor probabilidad sacrificarían el bien público, como seguro ocurriría con una democracia directa: según Madison, las democracias "puras", en las que el pueblo gobernaba de forma directa, "siempre han sido espectáculos de turbulencia y de enfrentamiento".

Cualquier enciclopedia especializada puede informarnos las que los historiadores han identificado como repúblicas. Como la república embrionaria de la antigua confederación de tribus hebreas que existió en Palestina desde el siglo XV a.C., hasta el establecimiento de la monarquía hacia el año 1020 a.C.2 Con excepción de las mujeres y los esclavos (solamente), todos los miembros de la comunidad podían participar en la elección de sus administradores y aspirar a un cargo público. Se han identificado como repúblicas las ciudades–Estado de Grecia; Cartago; Roma, que lo fue durante 500 años; las ciudades comerciales del norte de Italia, la Liga Hanseática, Ginebra bajo Calvino. Pero en estos Estados, democracia y república no se confunden. La de Calvino es una teocracia. Y aun, en un gran salto histórico, consignemos a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, también república. República son una enorme cantidad de formas de organización de la sociedad, donde a veces se carece absolutamente de democracia.

La independencia de Estados Unidos habría de tener una influencia decisiva sobre la idea de república por la que luchaban una parte de los revolucionarios franceses. Llegado el momento, la Asamblea Nacional Constituyente francesa dispuso el inicio de su principal tarea, la redacción de una Constitución. En el preámbulo, denominado Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, los delegados formularon, como se sabe, los ideales de la Revolución, sintetizados más tarde en los tres principios: Liberté, Égalité, Fraternité.

No puede haber duda sobre la evidente y resbaladiza anfibología de los términos que sintetizan esos principios republicanos. Libertad: cientos de reflexiones distintas nos acompañan hasta el día de hoy; ¿Igualdad? América Latina es uno de los espacios continentales de mayor desigualdad en el mundo, y en ese tema México es de los punteros; Fraternidad: ¿cuál?; ¿puede haberla en un marco de desigualdad feroz?3

Por otra parte, hablar de igualdad de oportunidades nos ubica en el mismo terreno abstracto de la igualdad frente a la ley de la sociedad moderna. Una igualdad no real, sino ficción jurídica. Es así que la guerra de los modernos ha sido una línea continua.

Por supuesto, todos los conceptos sociales tienen una necesaria carga histórica. Otra cosa es que, en su propio tiempo, de la República se dijera lo que no era, como en el caso de la República francesa.

 

EDUCACIÓN Y REPÚBLICA

El debate sobre el alcance de la educación en una República democrática, ha sido extremadamente polarizado. En Francia, jacobinos y cordeliers, girondinos y montagnards mostraron diferencias profundas no sólo sobre el alcance de las bases de la república y de la democracia, sino específicamente del alcance y la organización de la educación. Jacobinos y cordeliers temían a la educación de masas como a los demonios en que creían. Un ejemplo destacado del miedo de las clases dominantes a la instrucción de las masas, la hallamos en esta perla de Sir Joseph Banks, presidente de la Royal Society inglesa, quien en 1803, para oponerse a la creación de escuelas elementales, dijo:

En teoría, el proyecto de dar una educación a las clases trabajadoras es ya bastante equívoco y, en la práctica, sería perjudicial para su moral y su felicidad. Enseñaría a las gentes del pueblo a despreciar su posición en la vida en vez de hacer de ellos buenos servidores en agricultura y en los otros empleos a los que les ha destinado su posición. En vez de enseñarles subordinación les haría facciosos y rebeldes, como se ha visto en algunos condados industrializados. Podrían entonces leer panfletos sediciosos, libros peligrosos y publicaciones contra la Cristiandad. Les haría insolentes ante sus superiores; en pocos años, el resultado sería que el gobierno tendría que utilizar la fuerza contra ellos.

Las diferencias nada las ha fatigado. El sentimiento adocenado y aristocratizante de las clases dominantes continúan en todas partes, después de más de dos siglos de ocurrida la Revolución Francesa, y la instauración de la República par excellence.4 Las clases dominantes han tenido históricamente un temor extremo a la democracia y a la educación de la sociedad como conjunto. La educación de masas aparece en todas partes llena de héroes que defendían este proyecto como un programa humanista, pero en ninguna parte la educación logró tener el alcance de universalidad que alcanzó el sufragio.

En la primera mitad del siglo XX, en los países desarrollados, las clases dominantes requirieron de un mínimo de educación para todos, y un máximo de educación para las élites dirigentes. Más tarde, en el espacio desarrollado, inclusive la educación superior se convirtió en una necesidad extendida. Pero invariablemente en un marco efectivo de desigualdad. Nunca fue lo mismo estudiar en Columbia, Harvard, Cornell, Princeton, Pennsylvania, Yale, Darmouth, o Brown (la Ivy League), que en cualquiera otra institución de educación superior de Estados Unidos. O estudiar en la École Politechnique, o en la École Normale Supérieure de Francia, que en las muchas decenas de instituciones de educación superior de ese país. Ciertamente existen posibilidades, y a los estadounidenses y a los franceses siempre les interesó, incorporar a los miembros de las clases bajas con talento, a sus propias élites.

En la segunda mitad del siglo XX aparece la educación de masas, también en numerosos espacios subdesarrollados, tras una historia llena de continuas demandas, pero en casi todas las nuevas repúblicas, la educación desembocó en una acentuada desigualdad social más.

Las demandas de orden económico o político electoral por las que históricamente han luchado las clases dominadas, no han tenido su correspondiente, ni en su intensidad ni en su alcance, respecto de la educación. Ha sido una demanda más débil, que se explica por la misma pobreza económica (que obliga a tener que incorporarse al mercado de trabajo a una edad temprana, abandonando la escuela), y por la propia miseria, medida en años de escolaridad, de las mayorías.

Cuando llegó la globalización, la república comenzó a pasar a la historia, con toda su anfibología, y en ese proceso se halla. Las cosas, con el neoliberalismo global, cambian, para volverse mucho más abiertamente excluyentes. No parecen necesarios los discursos anfibológicos.

 

UN APUNTE HISTÓRICO DE LA EDUCACIÓN MEXICANA

En México, durante la Colonia y antes de la Revolución, la educación estaba expresamente pensada y organizada no para las masas, sino para la delgada élite colonizada. En el siglo XIX se hicieron algunos intentos por reformar la enseñanza e imponer la educación a una escala mayor: una necesidad de la oligarquía que prosperaba.5

En los inicios del siglo XX, con un nuevo empuje del arribo del capital extranjero, surgió la necesidad de adiestrar a los obreros en el manejo de los nuevos instrumentos de trabajo. Entonces alguna educación comenzó a llegar al pueblo con el propósito de satisfacer la nueva demanda de fuerza de trabajo, con capacitación. Pero durante los años de la Revolución la educación pasó a un tercero o cuarto plano. Carranza y la promulgación de la Constitución de 1917, impulsaron en alguna medida la educación, que fue adquiriendo un papel importante para el Estado, por lo que comenzó a impartirla gratuitamente en todo el país: sobre todo a partir de 1921, cuando desde la UNAM se creó la Secretaría de Educación Pública, con José Vasconcelos a la cabeza: ninguna República podía subsistir, por más antidemocrática que fuera, en medio de un mar de ignorancia alarmante, cuando ya la teoría de la relatividad general de Albert Einstein había sido publicada (1915; la teoría de la relatividad especial es de 1905).

La Constitución Política de 1857 estableció una forma de gobierno republicana, representativa, demócrata y federal. Así definía la Constitución la forma de gobierno de la nación –ficción jurídica pura–; en los hechos con ella gobernó Porfirio Díaz, un autócrata, que creara una dictadura oligárquica. Ello no fue óbice para que, bajo esa dictadura se dieran importantes avances en el desarrollo económico y comercial: nuevas plantas industriales, extensión de las vías de ferrocarril, obras públicas, mejoramiento de puertos y construcción de edificios públicos. Díaz finalmente pudo incorporar al conjunto del mermado territorio al poder del Estado mexicano. De otra parte, muchas de las nuevas empresas fueron financiadas y manejadas por extranjeros ya que otorgó concesiones al capital francés, estadounidense e inglés que llegó a acaparar casi la totalidad de la minería, el petróleo y los ferrocarriles, entre otros, sin permitir que los trabajadores mexicanos ocuparan puestos de responsabilidad. Evidentemente este conjunto de cambios exigía cuadros técnicos y administrativos, y ese fue el estímulo para impulsar, si bien en modesta medida, la educación en todos sus niveles.

Por su puesto, a pesar de esos esfuerzos educativos, la distancia entre la ignorancia generalizada de las masas mexicanas y los descubrimientos científicos de punta, eran un mundo insondable.

Después de la Revolución –que en todo aspecto podría haberse considerado una era de liberación y de pasos hacia delante–, se dejaron de lado los proyectos porfiristas para la educación, y se abandonó la posibilidad de legislar abiertamente en materia de educación. La cortedad de miras de Villa y de Zapata estaba asociada a la inmensa ignorancia de las masas que dirigían. No es extraño que ambos dirigentes hayan sido derrotados política y militarmente por el Ejército Constitucionalista (aunque la política aconsejara, especialmente al ala izquierda del Ejército Constitucionalista, asumir de formas diversas las demandas de los ejércitos populares derrotados.

Pancho Villa era analfabeta, aunque aprendió a leer y a escribir en una cárcel de la Ciudad de México, cuando Francisco I. Madero llegó al poder. Las tropas zapatistas en su mayoría no sabían hablar español. Los rebeldes finalmente vieron en la educación la vía para aprender a defender sus derechos. Hablamos de todos modos de una educación extraordinariamente elemental. Por otro lado, se hizo notar el importante papel que desempeñaban los maestros en la educación dentro de la visión revolucionaria. Al terminar la etapa armada se promulgó una ley que garantizaba la defensa de sus prestaciones. Y, de otra parte, aunque las escuelas normales ya existían desde el siglo XIX, no fue sino hasta los años veinte del siglo pasado cuando tuvieron importancia en los ámbitos escolares.

Con la designación de José Vasconcelos, que pasó de la UNAM a la Secretaría de Educación, se plasmó un principio central en la Constitución de 1917, que es el primer tema importante de la Carta Magna. En el artículo tercero se concreta una necesidad primaria para la sociedad: el Estado como institución que debe impartir educación, instrucción básica en ese momento. Por cierto una educación pensada esencialmente para ambientes urbanos. En el campo, donde habían quedado los combatientes revolucionarios, no se sabía qué hacer. No se abandonó, se instruyó a maestros para que cada uno diera algún tipo de instrucción en alguna comunidad de acuerdo con sus necesidades, una especie de misiones educativas o culturales allí donde no hubiera escuelas. En otros términos, la profundidad del atraso era de tales dimensiones, que puede decirse que vivíamos en otra era histórica, al vernos frente a los avances científicos y técnicos ya existentes en el mundo. El proyecto nunca alcanzó la dimensión total territorial del país: llegó a algunas zonas, y se privilegió al Distrito Federal.

Paradójicamente, el laicismo –que pronto penetró en la escuela– había avanzado desde la época del presidente Juárez (Francia logra la separación del Estado y la Iglesia en 1905), lo que habría de suscitar el estallido de la guerra cristera en la tercera década del siglo XX. Una expresión del significado decisivo de mantener el control de la educación del pueblo o, por mejor decir, la lucha por revertir la no–educación eclesiástica: nostalgia de la Colonia.

La situación del campo cambió con las ideas socialistas del presidente Cárdenas. Los profesores fueron convertidos en los actores fundamentales del cambio social, ello sin abandonar los centros urbanos. Durante la administración cardenista fue creado el Instituto Politécnico Nacional y la UNAM alcanzaba su autonomía en 1929.

"Que la luz de estos claros muros sea como la aurora de un México nuevo, de un México espléndido", dijo José Vasconcelos al inaugurar el 9 de julio de 1922, el edificio que hasta la fecha alberga a la Secretaría de Educación Pública. Desde aquellos días de grandes expectativas, puestas en la educación, hasta el periodo de Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública del 23 de diciembre de 1943 al 30 de noviembre de 1946, la educación básica, especialmente la instrucción primaria, fue una cruzada vigorosa por incorporar a las masas a ese mínimo de aproximación a las primeras letras, a los primeros números, a las primeras nociones del mundo con base científica.

 

LA REPÚBLICA MEXICANA Y SU SISTEMA EDUCATIVO HOY: MISERIA Y DESIGUALDAD

México ha tenido momentos brillantes de la actuación de masas, momentos lúcidos de los gobernantes como algunos anotados anteriormente. Esos episodios brillantes no han cambiado sustantivamente la vida social mexicana en el rubro educativo. Si se ve la estadística educativa en sí misma, los avances pueden parecer formidables. Si se comparan con otras experiencias nacionales, o si se les ubica frente al avance del conocimiento, aparece descarnada la miseria educativa mexicana.

México es, para ir directo al centro de nuestro mayor trance social, una de las patrias más cercanas al corazón de la desigualdad social profunda. Los siguientes datos conforman una muestra, desde distintos ángulos, de lo que pasa con la relación entre desigualdad y educación. Veamos en primer lugar lo que ocurre con la población económicamente activa en la actualidad (Cuadro 1).

Como puede verse el 10 por ciento de las personas más pobres de la PEA no pueden terminar la instrucción primaria. En el otro extremo, las personas ubicadas en el decil X cuentan con algo más de 13 años de escolaridad: 2.4 veces más que el decil I. La relación puede no parecer tan impresionante. Nótese, sin embargo, que el 70 por ciento de la PEA (hasta el decil VII) no cuenta con secundaria completa. México, entonces, no sólo es un país con alta desigualdad, inclusive en la escolaridad, sino también un país con muy baja escolaridad promedio nacional (9.03 años promedio de la PEA), lo que es parte sustantiva de la explicación de su bajo nivel de ingreso per capita. Esta clase de desigualdad conforma, al mismo tiempo, un obstáculo inmenso al desarrollo del país. Veamos la evolución de los 3 niveles educativos, en perspectiva histórica (Gráfica 1).

Revisemos, en primer lugar, el rezago educativo. En este caso hablamos de una definición internacional, y comprende las siguientes categorías: sin instrucción, primaria incompleta, primaria completa, y secundaria incompleta. En 1960 la población en rezago ascendía al 94.8 por ciento.

Ayer, en 1960, vivíamos en las cavernas de la ignorancia en relación con un desarrollo del conocimiento que ya era imposible entonces enumerar en términos de descubrimientos científicos y desarrollos técnicos. Anotemos unos cuantos datos relevantes sobre el tema.

Hacia fines del siglo XX la revista inglesa Time realizó un estudio apoyado en encuestas y opiniones de diversas publicaciones en todo el mundo, con el objetivo de resumir los últimos 100 años del desarrollo humano, atizado por una convulsionada atmósfera de guerras, descubrimientos científicos, desarrollo tecnológico y nuevas enfermedades. Time no jerarquizó con algún criterio su acopio informativo, sino que se limitó a expresar las distintas divergencias de los encuestados y de los reportes de diversas publicaciones.6

Estos son los hechos de carácter científico más significativos del siglo, en el orden de importancia que resultó de la encuesta realizada:

1. Descubrimiento de la Penicilina (Sir Alexander Fleming, 1927 )
2. El enunciado del la Teoría Cuántica (Max Planck, 1900)
3. La radiodifusión y televisión (Reginald Aubrey, John Logie Baird, 1925)
4. El descubrimiento del Láser (A. Rutherford, 1913)
5. El descubrimiento del código genético (James Watson, Francis Crick, 1953)
6. La ecuación de la teoría de la relatividad: E = mc2 (Albert Eintein, 1905)
7. La demostración de la teoría del Big Bang (Edwin Hubble, 1956)
8. El descubrimiento de la radiactividad (Esposos Curie – Joliot – Curie, 1910)
9. La creación del microchip y la fibra óptica (Karmeling Onnes, 1970)
10. La clonación completa de un ser vivo (oveja Dolly) (Ian Wilmut, 1997)
11. Primer vuelo espacial tripulado por humanos (Yuri Gagarin, 1961)
12. Primer trasplante de corazón (Barnard, 1967)
13. Creación de la Microsoft Corporation (Bill Gates, Paul Allen, 1985)
14. Aislamiento del virus VIH (Luc Montagnier, 1983)
15. Primer viaje a la Luna (Neil Armstrong, Edwin Aldrin, 1969)

Como se observa, no está ahí la cibernética electrónica (sí, algunas de sus bases) y su pariente inmediato, la informática, la biogenética, la biotecnología, la nanotecnología y más. A estos hechos cimeros (no todos), no tendríamos porque no añadir (sin posibilidad de enumerar), los cientos de miles de objetos de uso personal, instrumentos, enseres, medios de transporte, medios de comunicación, y mucho más, que usamos todos los días a todas horas, y que son producto, en su aplastante mayoría, de innovaciones técnicas de diversa complejidad, producto del siglo XX. El aporte del mundo subdesarrollado y de México en particular, es tan insignificante, que demanda un microscopio para ser visto.

Hagamos dos consideraciones adicionales respecto de las cifras de la Gráfica 1. La primera, ciertamente hay un cambio dramático entre 1960 y 2005, pero ciertamente también el indicador no ha cambiado su definición a pesar del gigantesco avance del conocimiento. Contar con sólo secundaria incompleta, podía ser visto como rezago en 1960; pero en 2005, contar con una licenciatura es ya rezago respecto de la magnitud del conocimiento referido, en una universidad mexicana, en número elevado de casos. Es decir, quienes están hoy en rezago están más lejos del conocimiento acumulado, que quienes lo estaban en 1960 respecto del conocimiento acumulado en aquel año. Véase, complementariamente, que en 1960 sólo 1 por ciento de la población poseía estudios superiores.

En 2005, el segmento de población con estudios superiores había aumentado notablemente, pero sólo había llegado al 13 por ciento de la población. En efecto, se trata de otro ángulo de la desigualdad; en 2005, 13 de cada 100 personas entre 25 y 64 años contaban con estudios superiores; el resto estaban excluidos. ¿Podemos llamar República a esta opereta de Liberté, Égalité, y Fraternité?

Traiga el lector, ahora, a su propia consideración, además, la baja calidad media de los estudios superiores del país, sus brechas inmensas, su total falta de coordinación nacional; la ruina escolar en que se encuentra la instrucción básica oficial;7 y el embudo constituido por el bachillerato, el nivel educativo con la menor tasa de absorción y la mayor tasa de abandono.

Aristóteles vio la monarquía aristocrática y la tiranía oligárquica, como términos antitéticos y se pronunció a favor de la primera. México ha probado ser las dos cosas simultáneamente: una República aristocrática sexenal tirano–oligárquica. Luego llegó Fox. Y esa misma República apareció vestida de espesa niebla.

 

NOTAS

1 Para la escolástica salmantina centrada en el deber ser, la anfibología es una Dubia sermonis sententia, vale decir, un engaño escondido en un discurso que parece muy lejos de llevar tal cosa dentro.

2 He aquí cómo la idea común de que la república es una forma de organización social posterior a la monarquía, está lejos de ser parte de la historia efectiva.

3 De acuerdo con la "Encuesta de Gastos e Ingreso de lo Hogares", realizada por INEGI, en 2004 los ingresos promedio de las personas ubicadas en el decil X eran de 33 559 pesos, frente a 1 178 de las personas ubicadas en el decil I. Una relación de 28.5 a 1. El decil X, a su vez también está agudamente estratificada, pues hay personas que ganan sumas que se cuentan en millones por día.

4 Hago caso omiso de la corta vida de la Primera República y de los vaivenes que le siguieron.

5 En la Colonia la única institución que podía educar era la Iglesia tanto para hombres como para mujeres. La educación estaba dividida y la mayoría de los hombres estudiaba en las escuelas religiosas y las mujeres en los conventos. Las principales instancias donde se impartía la educación eran escuelas dedicadas a una ciencia o arte en particular. Tales sitios eran el Palacio de Minería, la Academia de San Carlos, el Colegio de San Ildefonso o la Real y Pontificia Universidad; pero la gran mayoría de la población era marginada de tales espacios.

6 Para este estudio Time encuestó a 1245 personalidades, revisó alrededor de 456 artículos y procesó alrededor de 841 bases de datos en todo el planeta, a fin de obtener una mayor claridad y veracidad en los resultados.

7 El 5 de octubre de 2006, el diario Reforma consignó: De acuerdo con la SEP, "México está reprobado en Matemáticas y Español [...] 6 de cada 10 alumnos que concluyen la secundaria no cuentan con conocimientos básicos en la primera materia y 4 de cada 10, en la segunda. En el caso de primaria, los resultados tampoco son alentadores, pues 7 de cada 10 se ubicaron en los niveles de logro elemental e insuficiente [...]".

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