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Investigación bibliotecológica

On-line version ISSN 2448-8321Print version ISSN 0187-358X

Investig. bibl vol.28 n.64 México Sep./Dec. 2014

 

Reseñas

 

M. WILHITE, JEFFREY. 85 years IFLA. A History and Cronology of Sessions 1927—2012

 

Por Marisa Rico Bocanegra

 

Berlin/Boston: International Federation Library Associations and Institutions, De Gruyter Saur, 2012. 359 p.

 

IFLA (Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias) es para los bibliotecarios una importante fuente de información sobre tendencias y trabajo disciplinario, así como la representación mundial de la profesión y los intereses sobre servicios bibliotecarios, por lo que resulta fundamental que se conozcan sus objetivos y actividades realizadas.

En el año 2012 Jeffrey M. Wilhite se dio a la tarea de elaborar un resumen de 75 años sobre la historia y la cronología de las sesiones que ha llevado a cabo IFLA. Es relevante dicha publicación porque describe de manera cronológica y gráfica nombres de personajes ilustres, lugares y situaciones que dan pie al conocimiento de una parte que corresponde a la historia de la disciplina bibliotecaria y la tendencia, vista desde una perspectiva mundial, de una Federación Internacional que indudablemente nos marca e influye desde sus inicios.

El libro está compuesto de modo sustancial por dos partes: una introducción a la historia de IFLA y una cronología de las sesiones de 1927 a 2012. La primera parte describe la génesis de IFLA el 30 de septiembre de 1927, en la reunión anual de la Asociación de Bibliotecas de Edimburgo, Escocia, en el Reino Unido. La Federación comenzó con 15 miembros de 15 países diferentes, y en 2012, en el 85 aniversario de esta federación, IFLA contabilizó 1 500 miembros en 151 países.

Se describe en este libro el trabajo de la IFLA, en la década de los veinte, como definitorio para que se formulara la idea de un grupo de personas que funcionara como un comité, llamado Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas (IFLA). Los años treinta son descritos por el autor como un momento de crecimiento y desafío de la nueva Federación, pues a mediados de la década IFLA era ya un organismo bien establecido que mantenía reuniones regulares; sin embargo, no se había hecho mucho por lograr el contacto personal entre los líderes bibliotecarios del mundo: sin la colaboración internacional efectiva en el campo de la bibliotecología no era posible un crecimiento mayor. Fue durante esos años que la IFLA sufría por ser percibida como un "club", en referencia a su pequeñez y la informalidad en la realización de negocios. Y en realidad, en los años que antecedieron a la Segunda Guerra Mundial la IFLA no produjo muchos resultados tangibles. Fueron años de desarrollo que se caracterizaron por un constante aumento en el número de sus miembros y la asistencia entusiasta a las reuniones, como lo muestra el volumen de las Actas anuales, el incremento de las contribuciones de los miembros sobre los logros nacionales, así como un número creciente de subcomités.

La IFLA en 1950, según el autor, se parecía mucho a la IFLA de la década de 1930, pero con algunas excepciones notables. La afiliación creció pero no de manera exponencial, como lo hizo en décadas posteriores, y la organización permaneció firmemente plantada en Europa. Se revisaron los estatutos y se añadió la planificación a largo plazo, pero la estructura se mantuvo básicamente como había sido desde que la Federación se inició en 1927. La financiación se incrementó por la subvención de la Unesco, pero no fue tan grande como muchos hubieran querido. Las sesiones progresaron hacia 1955 con el Tercer Congreso Internacional de Bibliotecas y Centros de Documentación en Bruselas, Bélgica.

La mayor diferencia en IFLA en 1950 y los primeros años fue la interacción de la Federación con los documentalistas. A partir de 1951, comenzaron las sesiones de IFLA que se celebrarían junto con las Conferencias FID. En 1954, con respecto a esto, el presidente Bourgeois dijo: "Otra muy clara ventaja de esta colaboración, que ha sido aceptada por todos los interesados con vacilaciones e incluso reticencias, será permitir que las [...] federaciones se den a conocer mejor, para delimitar su campo de acción y de redondeo de ciertos ángulos que hasta ahora han causado fricción. Quién sabe —todas las esperanzas están permitidas, tal vez vamos a aprender por fin […] en dónde termina la bibliotecología y dónde comienza la documentación". Las ventajas de estas reuniones incluyeron la consolidación de dos viajes internacionales, una conferencia para los asistentes y permitieron que la cabeza de cada organización enfrentara a la otra, aprovechando las similitudes.

El balance de los años sesenta de la IFLA fue un periodo de gran crecimiento, con un aumento del número de miembros que pasó de 81 en 1960, a 231 en 1969. Este crecimiento fue el resultado del cambio en las leyes en 1964, que crearon el nuevo miembro "asociado"; la apertura de IFLA hacia el mundo. Este crecimiento se refleja en una reunión, donde los asistentes comenzaron a participar cada vez más, a veces con resultados no tan positivos; cabe mencionar que también se precisaba de un mayor financiamiento, con el cual IFLA no contaba. Por suerte, para finales de esa década, las finanzas se vieron favorecidas y la Federación se encontró en un lugar más fuerte. En el campo de los hitos, los años sesenta tuvieron su cuota, incluida la Conferencia Parisina Internacional sobre Principios de Catalogación de 1961, la creación de la primera Secretaría permanente en 1962 y, en 1963, la publicación de Libraries in the World: A Long—Term Program for IFLA de su presidente, Gustav Hofmann. Esto marcó el punto de inflexión de la Federación como un organismo verdaderamente internacional.

La década de 1970, según Jeffrey, dio a luz una serie de acontecimientos de primera para IFLA. No sólo tuvo como primera mujer a la Secretaria General, sino también a su Presidenta. La reunión llevó a cabo su primera presesión y su primera exposición de tecnología, pero la expresión global de la década de 1970 para IFLA fue una época de extraordinario crecimiento. La institución comenzó la década de 1970 con 257 miembros y para 1979 contaba con 906.

Sin embargo este nivel de crecimiento y el aumento del papel aceptado internacionalmente requerían un fortalecimiento de la organización; los estatutos y la constitución se debían revisar para adaptarse a una federación más grande. Un producto de este crecimiento y desarrollo fue un programa de publicaciones coordinado con el directorio de la IFLA y la revista, que se estrenaron en esa década.

La década de 1980 fue una época de crecimiento geográfico con base en la evolución organizativa interna de la organización de la Federación, comparada con la década de 1970. Después de su reestructuración en 1976, la IFLA floreció y se expandió, lo que le permitió celebrar su primera reunión en Asia, en África y en Australia, todo en un periodo de 10 años.

Los miembros de la IFLA crecieron sólo marginalmente (de 966 en 1980 pasaron a 1265 en 1989) y la propia Federación continuó creciendo internamente. Nuevas iniciativas aparecieron en la década de 1980, como la Disponibilidad Universal de Publicaciones y el Programa de Promoción de Bibliotecología (ALP). En medio de este crecimiento todavía hubo retos, como en 1981, cuando China se comprometió a unirse sólo si la IFLA reducía el número de miembros de las asociaciones de Taiwán.

La década de 1990 para la IFLA, como para el resto del mundo desarrollado, fue impulsada por los logros tecnológicos que finalmente alcanzaron a todo el mundo. En 1993 se creó el sitio web de la IFLA, "IFLANET"; la Federación comenzó a usar el correo electrónico y más tarde Internet para conectarse con el mundo. Al final de esa década la mayor parte del trabajo de la IFLA se hizo ya en línea, incluyendo la publicación de documentos y la organización de sus reuniones. En 1988, en Ámsterdam, Países Bajos, en la sesión de apertura se lanzaron bolas de hilo de colores a la audiencia para representar el sentido de la frase "tejer a todos en la web".

Fue ésta una época de cierto crecimiento para la IFLA, sus miembros aumentaron de 1 243 a 1 623; fue una época de innovaciones. En 1994 se celebraron sesiones por primera vez en América Latina y el Caribe. En 1996 se celebró finalmente en China un periodo de sesiones, mientras que en 1999 se celebró un periodo de sesiones por primera vez en un país en desarrollo, Tailandia. En 1990 también se desarrollaron mecanismos de financiación internos, así como la libertad de acceso a la información y libertad de expresión (FAIFE).

El nuevo milenio trajo su cuota de desafíos al mundo, así como a la IFLA, pero la Federación perseveró y siguió creciendo y evolucionando. En el 2000 los Estatutos y el Reglamento fueron revisados una vez más, lo que implicó una nueva estructura y cambios progresivos. En 2001 se celebró la primera votación por correo para elegir presidente. También en el 2001 la IFLA alcanzó el cenit de su membrecía con 155 países miembros. En 2002, las mesas redondas de IFLA fueron disueltas y las conferencias se comenzaron a llamar "Congreso Mundial de Bibliotecas e Información". IFLA celebró su 75 aniversario en la Conferencia de 2002 en Glasgow, Escocia, Reino Unido, con una membrecía de 1 711 miembros en 151 países. El año 2006 vio el pináculo de la afiliación a la IFLA, con 1 784 registrados. El 2008 produjo nuevos estatutos y en el 2009 se celebró la 75a sesión de IFLA en Milán, Italia. Simultáneamente Internet no sólo creció, sino que se convirtió en la herramienta de comunicación más utilizada de la década; esto le permitió a IFLA incluir herramientas como los blogs de conferencias y los tuits, rastreados y archivados en su sitio web.

En su 85 aniversario, durante las sesiones del Congreso Mundial de Bibliotecas e Información: Conferencia General y Asamblea de Helsinki, Finlandia, la IFLA se presentó en forma. Con el desarrollo de 1930, la diligencia de 1940, la determinación de 1950, el internacionalismo de 1960, el crecimiento de 1970, la aventura de 1980 y la tecnología de 1990 y 2000, la IFLA continuó ampliándose.

La segunda parte del libro es descrita como una cronología que determina el orden temporal de los acontecimientos históricos relevantes para IFLA y sus integrantes, y es detallada y acompañada por una magnífica galería fotográfica.

Indudablemente, como lo menciona el autor de este libro, IFLA mira con orgullo hacia adelante y continúa redefiniendo su papel como organización líder en el mundo de la biblioteconomía internacional, el encargado de los bibliotecarios de todo el mundo y el guardián de los conocimientos sobre la disciplina. A través de los años buenos y aún en los de guerra, mediante expansiones y depresiones; desde libros en Internet y más allá, la IFLA no ha dejado de crecer y expandirse hacia el progreso futuro.

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