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Investigación bibliotecológica

versión impresa ISSN 0187-358X

Investig. bibl vol.25 no.55 México sep./dic. 2011

 

Comentario

 

Don Juan de Palafox y Mendoza y Don Francisco Fabián y Fuero ilustres personajes novohispanos seducidos por las bibliotecas y por la educación

 

Reconocer y divulgar lo que nuestros antepasados han realizado por el acceso a la información y a la cultura a través de las bibliotecas y las instituciones universitarias es no sólo un compromiso sino también una obligación.

En México, aunque rara vez lo recordemos, contamos con numerosos y valiosos personajes que desde el siglo XVI lucharon porque en nuestro país se contara con los adelantos tecnológicos y las instituciones que permitieran tener acceso a la lectura y el conocimiento. Como ejemplo Fray Juan de Zumárraga y don Antonio de Mendoza, quienes solicitaron que México contara con una imprenta y una universidad para beneficio de los habitantes de la Nueva España.

Sin duda otro de los personajes novohispanos más importantes y cercanos a nuestra profesión fue don Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659). Donjuán, virrey y arzobispo de México, fue gran promotor de la educación, de la música y del arte, especialmente en Puebla donde también apoyó la terminación de su magnífica catedral.

Don Juan es muy relevante para los universitarios mexicanos porque cuando fue universitario en Salamanca y Sigüenza, al darse cuenta de las circunstancias irregulares y confusas en que vivía legalmente la Real Universidad, como visitador de la Universidad por cédula real del 19 de diciembre de 1639, manifestó la necesidad de redactar nuevas Constituciones o estatutos, las cuales terminó hacia 1645. Palafox ya había muerto cuando las constituciones fueron publicadas por vez primera en 1668, por la Viuda de Bernardo Calderón: Estatutos y Constituciones de la Imperial y Regia Universidad de México, y en 1775 lo fueron por segunda vez como Constituciones de la Real y Pontificia Universidad de México. Segunda edición, dedicada a nuestro señor don Carlos III, por Felipe de Zúñiga y Ontiveros en 1775. Fueron éstas las normas que más influencia tuvieron en la trayectoria de la Real Universidad.

En estas constituciones encontramos muchos antecedentes de las tradiciones manifiestas en el protocolo o ritual que todavía se sigue actualmente para obtener un grado universitario; por ejemplo que el examen sea público, que el jurado lo presida el maestro que tiene más antigüedad, que el más nuevo sea el primero que interrogue al alumno en la réplica, que después de la deliberación y votos del jurado el alumno sea declarado aprobado o reprobado. Una vez aprobado, el alumno debe hacer el juramento o protesta y los maestros al final reciben una "propina".

En el mundo estrictamente bibliotecario Palafox y Mendoza no sólo tiene importancia por haber establecido la primera biblioteca pública en México y en América, sino también por haber señalado la importancia que implica tener libre acceso a la información, como lo asenté en el artículo publicado en el número anterior de esta revista. Sin embargo, esa biblioteca que Palafox donó al Seminario Tridentino de Puebla no sería tan conocida si otro religioso no hubiera continuado su labor al dotarla de esa maravillosa estantería por la que la Biblioteca Palafoxiana es reconocida y apreciada mundialmente, se trata de don Francisco Fabián y Fuero.

Carlos III nombró a don Francisco Fabián y Fuero (1719-1801) obispo de Puebla en el año de 1765, y éste se dedicó con mucho interés a actualizar los estudios en el Seminario del que decía "era archivo de las letras y el taller donde se han cultivado y fomentado tantos y tan dignos ministros del altar". Entre los medios para llevar a cabo la reforma necesaria, la biblioteca era muy importante, por lo que donó su propia biblioteca el 9 de diciembre de 1771 y consiguió también la donación de una buena parte de los libros de los jesuítas por orden del virrey, lo que incrementó notablemente el tamaño de la biblioteca y necesariamente requirió un nuevo local.

Fabián y Fuero mandó entonces construir el nuevo local siguiendo el modelo de las bibliotecas barrocas europeas, especialmente la de la Universidad de Salamanca, y reforzó su reglamento como biblioteca pública. La biblioteca ocupó el segundo piso del nuevo edificio, en donde actualmente sigue en funciones.

La Biblioteca Palafoxiana, que ha recibido el reconocimiento de Unesco como Memoria del Mundo, no es sólo el bello local y la estantería que la contiene, sino esencialmente la labor y la visión de dos hombres ilustres: el ahora beato Juan de Palafox y Mendoza y Francisco Fabián y Fuero, quienes merecen el amplio reconocimiento de los universitarios y de los bibliotecarios del siglo XXI.

 

Rosa María Fernández de Zamora