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Investigación bibliotecológica

versión impresa ISSN 0187-358X

Investig. bibl vol.24 no.51 México may./ago. 2010

 

Reseña

 

BRUCE, CHRISTINE AND CANDY PHILIP. Information literacy around the World. Advances in programs and research

 

por Francisco Xavier González y Ortiz

 

Centre for Information Studies, Charles Sturt University, Wagga Wagga, New South Wales, 2000, 304 p.

 

El texto nos recuerda que en el año 1980 el interés por usar y tener un acceso efectivo a la tecnología de información simplemente no existía, en tanto que hoy educadores, bibliotecarios y hacedores de políticas han percibido en muy pocos años, la importancia adquirida por el término information literacy, y también lo significativo que se ha vuelto el hecho de contar con una ciudadanía que incorpore este difícil término de alfabetización para la información. Sería quizá más adecuado hablar de "alfabetización para la sociedad de la información", pero lo que no es tan claro, en mi opinión, es que nosotros merezcamos plenamente el término de una "sociedad de la información".

De hecho en México ni siquiera discutimos o analizamos suficientemente el tema de la alfabetización para la información, o la alfabetización informativa, cuando en los Estados Unidos la "information literacy" es ya desde hace tiempo un subcampo de la bibliotecología y ciencias de la información y, sobre todo, es también una exigencia que ha ido siendo absorbida por todos los grados de su educación, incluido el jardín de niños. Es decir que la "alfabetización para la información" se ha convertido en una exigencia cultural para prácticamente toda la sociedad, y por eso sus maestros e investigadores (y los bibliotecarios también) están intentando difundir ampliamente el término. Nosotros estamos reaccionando mucho más lentamente.

Aunque el vocablo compuesto information literacy enfrentó en Estados Unidos también algunos problemas, el hecho de haber surgido en su habitat y cultura propios le allanó pronto todos los caminos. El mismo término, sin embargo provocó entre nosotros mayor dificultad por ser una lengua distinta, y quizá no le dimos toda la importancia que se merecía, ni analizamos a fondo sus implicaciones.

Resultó así que al traducir literacy, encontramos que el Diccionario

Simon & Schuster's nos dice que significa la "capacidad de leer y escribir, (y) alfabetismo", dos palabras que significan lo mismo; porque alfabetizar, quiere decir, según el Diccionario de uso del Español: 1 "ordenar cosas alfabéticamente" y 2 "enseñar a leer y escribir a alguien" y una nota de alcance que remite a "Educar". Resulta así que entre literacy significando "capacidad de leer y escribir, y alfabetismo", y alfabetizar significando "ordenar alfabéticamente, enseñar a leer y escribir, y educar", las diferenciaciones no resultaban claras y eso hizo difícil la compresión misma del término, y por ende, su traducción.

Lo más razonable hubiera sido traducir esta "palabra" (locución) como: "educar para la información" pero en ese entonces un vocablo tal no parecía tener mucho sentido; hoy lo tendría, pero nos quedamos con alfabetizar para la información, aunque no parece haber un acuerdo amplio al respecto. La locución, más que palabra, ganará su lugar por derecho propio, en lo cual tiene mucho que ver nuestra necesidad de ella; en la cultura norteamericana obtuvo ya pleno reconocimiento: Information Literacy.

Tomando esto en cuenta, nosotros tendríamos entonces que educar a nuestra población, o alfabetizarla, decimos, para la información; pero lo subyacente ahora claramente, es que lo que tenemos que hacer es enseñarle a nuestra población a aprender lo que ahora contemporáneamente necesita para funcionar en un medio distinto, más complejizado por la tecnología y que naturalmente incluye el poder manejar adecuadamente tal tecnología y lo que ésta implica, y por eso exige: information literacy; es decir, estar informado o alfabetizado para funcionar adecuadamente en la sociedad de la información.

El problema toma matices distintos, nuestra sociedad no es enteramente una Sociedad de la Información tal y como ésta existe en, por ejemplo, los Estados Unidos. Las diferencias educativas, económicas, sociales, etc. son obvias y nos separan por mucho de esa nación y no nos extenderemos en esa dirección. Sería excesivo llamar a la nuestra una Sociedad de la Información propiamente dicha, porque eso implicaría igualarnos en más de un sentido con Estados Unidos u otras naciones también más desarrolladas que nosotros, algo que obviamente no podemos hacer.

¿Por qué no somos una sociedad de la información propiamente dicha? Porque nuestra población no posee las herramientas que necesita para enfrentar las exigencias de una sociedad tal, donde no basta con estar alfabetizado sino que hace falta manejar diestramente las herramientas más elementales, entre las cuales se cuenta en primerísimo lugar un buen manejo del idioma, lo que incluye, sobre todo, que se lea, escriba (y comprenda) adecuadamente, además de tener un manejo más o menos regular de las matemáticas básicas y nociones de física y química. Nosotros no cumplimos plenamente con esos estándares. Los resultados de PISA 2000, y los informes subsecuentes de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) avalan nuestro decir.

No olvidar las diferencias que nos separan de otras naciones en cuanto a desarrollo es algo que debemos mantener presente para no engañarnos y caer en confusiones o ambigüedades en el uso de estas nociones. Volvamos entonces a "educar para la información" o "educar para (la sociedad) de información", sin olvidar que estamos hablando de nuestra sociedad y no de la estadunidense; ni olvidar tampoco que hablamos de una nueva sociedad por obra y gracia de las Tecnologías de la Información y Comunicación. Así, ahora debemos educar, y no sólo alfabetizar a nuestra población puesto que esto último no nos ha ayudado ni siquiera a que nuestra población utilice la alfabetización como la poderosa herramienta que realmente es; es decir, no nos ha ayudado a saber leer y escribir adecuadamente, y ello dificulta nuestro movimiento en este mundo cada vez más tecnologizado, difícil y desarrollado.

Es sin duda evidente que estamos inmersos en una sociedad que desborda información por todos lados; quizá ése, entre otros, sea el verdadero problema de las llamadas sociedades de la información, por lo que el problema no es sólo nuestro. Pero estamos hablando de un cierto tipo de sociedad diferente de la anterior, hablamos de la sociedad de la información y estamos considerando que formamos parte de esa sociedad, pero no somos una sociedad como la norteamericana (aunque hoy enfrente algunos problemas) y eso, entre otras muchas cosas, marca diferencias importantes entre nosotros y nuestras sociedades; no lo perdamos de vista.

Así, lo que tendríamos que hacer sería bastante más complejo que sólo "alfabetizar"; tendríamos, literalmente, que educar a nuestra población (o mejor dicho re–educarla o reorientarla) "para la sociedad de la información", lo cual con todo y ser algo sustancialmente más difícil que sólo "educarla" nos presenta guías, y retos quizá enormes pero que están ahí y que debemos y podemos enfrentar, sobre todo pensando en nuestra población futura; sin que esto quiera decir, en absoluto, que podemos olvidarnos de la actual, a la cual tenemos que ayudar de manera diferente a adecuarse a esta sociedad de la información: Tal es el reto educativo que compartimos con todas las ciencias y todos los educadores del país.

Este libro nos presenta esas situaciones que han surgido en todo el mundo en relación con la information literacy, y las diversas formas en que las han enfrentado, con lo cual parecen haber orientado sus poblaciones hacia ese futuro que ya está aquí "el mundo de la información". El texto nos informa qué y más o menos cómo han hecho en lugares diversos al intentar resolver esta problemática a la que sin duda nos enfrenta hoy la información. El asunto es muy complejo y lo que subrayan los autores diversos es que la solución implica cambios profundos en la educación y depende de la manera en que cada país enfrente esos problemas.

Es evidente que lo que hay que hacer con estas enormes cantidades de información es saber manejarla, ordenarla, almacenarla y recuperarla, lo cual se hace ahora a través de las TIC, que sin embargo prosiguen su impresionante paso innovatorio, subrayando la necesidad de la educación continua; es decir, durante toda la vida. Otro más de los elementos que debe incluir nuestra nueva educación.

Las TIC, nos dicen, pueden ayudarnos estimulando el desarrollo, pero sólo si son empleadas de forma innovativa y promueven nuevos enfoques en relación con el aprendizaje y superan los métodos tradicionales de enseñanza. Dicen

los enfoques pedagógicos —y ciertamente el entero ambiente educativo— necesitan cambiar para avanzar en la educación (p. 44).

Es decir que los cambios que necesitamos son de gran magnitud y abarcan todos los niveles, incluido el jardín de niños. Es un cambio de tamaño cultural y para eso es necesario que nos movamos todos, y empezar a tener resultados implica varios años, quizá un decenio como mínimo.

Deberemos enfrentar esta situación de la información aprendiendo realmente cómo saber usarla (y esto implica el manejo tecnológico necesario y, como ya vimos, siempre cambiante, y consecuentemente la educación durante toda la vida, un enfoque que tendríamos que incorporar) y manejarla para obtener de ella todo lo que necesitamos, para cualquier cosa que necesitemos...

Podríamos empezar con estar "alfabetizados para la sociedad de la información". Esto es para poder vivir y sobrevivir adecuadamente en la sociedad actual y futura, cualquiera que sea el giro que ésta tome. Pero éste no es, sin duda, un cometido fácil.

"Seguir aprendiendo siempre" y empezar por dominar las capacidades o competencias o pericias o destrezas, para llevar un aprendizaje independiente e innovativo dentro de nuestras comunidades ricas en información. La innovación (o el cambio) es un ingrediente necesarísimo porque tenemos que adecuar los usos de la tecnología a nuestra realidad y a nuestras necesidades, por eso no debemos simplemente copiar lo que hacen (sobre todo los estadunidenses, como casi siempre hemos hecho) sino acomodarlo todo a nuestra conveniencia, porque nuestra sociedad es muy diferente. Mucho se ha empezado a hacer, pero mucho nos falta.

Nuestras premisas de partida son también distintas ¿cómo hacer llegar la educación para la sociedad de información a más personas, y cómo democratizar más nuestra sociedad y reducir las injusticias existentes? Las respuestas no son fáciles y hay que marcar las diferencias con nuestros vecinos y cuidar que todo esto no se convierta en una brecha más entre nosotros. Pero eso, lo sabemos bien, sólo es fácil decirlo.

Por lo pronto Bruce y Candy se preguntan ¿qué sigue? Con pocos recursos y bibliotecas, que es lo típico ¿cómo puede llegarse a más gente?, ¿ cómo pueden incrementarse y mantenerse ésas sus capacidades o habilidades a través de los años? Las mismas preguntas tenemos nosotros, pero debemos recordar que para nosotros son mucho más difíciles de responder.

Otras preguntas que deben mantenerse vigentes, dicen los autores, son: ¿estamos logrando lo que queríamos?, ¿podríamos hacerlo mejor? ¿estamos tocando los temas pertinentes? Seguimiento e interrogantes que deben ser también continuas y que, de nuevo incluyen cambios, redirecciones, y evaluaciones eficaces y no burocráticas (peligro que sigue acechando a nuestra sociedad). Los esfuerzos que hay que hacer deben ser efectivos y más amplios en el futuro. ¿Si es así para ellos, cómo será el reto para nosotros?

El tema de la alfabetización para la información es sin duda todavía complejo, desordenado y difícil; y sobre todo estos autores no consideran a la alfabetización informativa

como la enseñanza de un conjunto de capacidades, sino como un proceso que puede y debería transformar tanto las enseñanzas como la cultura de las comunidades para bien (p. xii).

Por eso nuestra idea de re–educar para la sociedad de la información. Pero las políticas y las teorías no son suficientes (y ni siquiera han sido planteadas entre nosotros), lo que importa es su implantación y "la forma en que esto puede impactar a la enseñanza" (ambas citas página xii).

Lo que se propone aquí es reunir las iniciativas importantes y contemporáneas sobre alfabetización para la información, con la finalidad de ayudar a aprender comparando y saber lo que se ha hecho de Suráfrica a Australia, Nueva Zelandia y Canadá en muchos contextos y situaciones diferentes. Y las respuestas parecen coincidir: hay que enfrentar la situación yendo hacia los intereses propios, y los interesados, y ayudarlos a averiguar lo que les hace falta y enseñarles toda la información que hay y la manera en que ésta se puede ubicar, recuperar y, sobre todo, manejar; es decir, saber cómo y qué hacer con esa información. Y esto incluye sobre todo la capacitación en todos los sentidos, lo cual quiere decir aprender cómo manejar la información y también aprender a manejar las tecnologías necesarias (que para colmo están cambiando constantemente).

Pero eso tendríamos que hacerlo con todo el país, con la población escolar en todos sus niveles, con lo cual el reto se multiplica y convierte en un problema enorme, porque este mundo se ha vuelto más complejo para todos nosotros. ¿No son ejemplo de esto las personas mayores que no pueden, y al mismo tiempo a veces no quieren, "ponerse al día" en cuanto al mundo informativo en tanto éste es un poco demasiado complejo para ellos, quizá demasiado nuevo y quizá ya no para su generación?

Muchos simplemente parecemos no habernos dado cuenta de que la información está de pronto aquí. No la habíamos visto como ahora tenemos que verla en toda su inevitable superabundancia. Y no la habíamos visto porque, simplemente no estaba ahí como sin duda lo está hoy, de hecho en demasiados lugares y contextos, y bajo aspectos que hasta todavía hace muy poco no estaban a nuestra visión o alcance.

Pero ahí está la alfabetización informativa, para que sobre todo educadores en todos los niveles, y bibliotecarios (y en realidad todos) —con base en "el pensamiento crítico", el "aprendizaje basado en recursos" y el "aprendizaje para toda la vida"— describan las capacidades que pueden ayudarnos a localizar y usar la información que hoy viene en gran variedad de formatos, así como las capacidades intelectuales para localizarla, y las técnicas o "herramientas" que son indispensables para adaptarse exitosamente a la cantidad de los rápidos cambios sociales y quizá sobre todo técnicos, en nuestro caso, para participar en esta sociedad que está emergiendo a un crecimiento basado mucho más que antes y de manera definitiva en información basada en el conocimiento que borbotea por todos lados, muchas veces sin poder ser aprovechado a fondo por quien desconoce los nuevos caminos y cambios de esta sociedad de la información.

Es un hecho que casi todos nosotros tendremos que enfrentar y que deberemos tratar de extender y llevar hacia las grandes mayorías que se han quedado y siguen estando al margen de muchos de los beneficios que puede acarrear un manejo efectivo de la información; una alfabetización para la información, para aprender con ayuda de esa alfabetización. En cómo hacerlo es donde entra este libro, del que describo pocos datos, e intentaré ahora mostrar algunos ejemplos de cómo han enfrentado algunos de ellos (individuos, grupos, universidades, países a veces, etcétera) ciertos problemas específicos y por tanto también necesariamente de maneras diversas, en tanto que la information literacy no puede ser una para todos y más bien debe adecuarse en cada caso a la situación.

Así en los primeros 10 capítulos lo que se aborda son ejemplos de políticas y no siempre guías para los posibles capacitadores en alfabetización informativa. Se trata más bien de programas de alfabetización para la información que hablan sobre personas, políticas y potenciales porque creen que la manera en que las personas usen la información es" ...la clave de su empoderamiento, su desarrollo, e incluso su felicidad."

Y un poco más adelante también nos dicen que lo que hay que hacer es

...crear ideas, hallar direcciones, adquirir capacidades (ésta creo que es muy importante, porque hay que estar dispuesto a hacer cosas nuevas y de maneras distintas), obtener apoyo o confirmación, obtener motivación, calmarse o relajarse, obtener placer y felicidad y alcanzar metas (Dervin,1992). El paréntesis en la cita es mío.

Lo que se hace pronto evidente es que ha emergido un rango muy amplio de modelos y programas que se aplican sobre todo en las escuelas, pero también en los lugares de trabajo, en la comunidad y en la educación continua, como la educación de adultos, modalidad que permite la actualización en una carrera o área específica. En educación superior las iniciativas cruzan los límites disciplinarios, institucionales e incluso racionales, pues la alfabetización informática tiene poco de específico al estar diseñada para ayudarle a las personas a acceder y usar la información en sus diversas formas, al ser un complejo de capacidades y habilidades o competencias que le permiten a la gente acceder a y usar la información; un complejo de modos o maneras de trabajar con la información.

Para terminar traduzco ciertos puntos de vista que prevalecen en algunos de estos estudios. INFOLIT es el nombre de uno de estos proyectos que nos muestran parte de los enfoques que se están haciendo en este caso en Sudáfrica:

En el contexto de la globalización, el aprendizaje continuo y la rectificación o reajuste se han convertido en imperativos más que en valores nobles o que 'sería bueno' tener (nice to have). En un contexto que enfatiza el aprendizaje independiente es importante notar que la información y el conocimiento son entidades dinámicas y en constantes estados de flujo y crecimiento: 'Mientras que la tecnología crea ventajas comparativas hechas por el hombre, dándose cuenta de que [...] la ventaja (advantage) requiere una fuerza de trabajo que está capacitada desde arriba hasta abajo. Las competencias de la fuerza de trabajo serán el arma competitiva clave en el siglo XXI. La capacidad intelectual creará las nuevas tecnologías, pero la mano de obra capacitada serán los brazos y piernas que le permitirán a uno emplear —para ser los amos del bajo costo— el producto nuevo y las tecnologías procesadoras que están siendo generadas. [...] La gente se moverá; pero más lentamente que todo lo demás. La gente capacitada será la única ventaja competitiva sustentable.

Si la ruta hacia el éxito es inventar nuevos productos, la educación del 25% más listo de la fuerza de trabajo es crítica. Alguien dentro de ese grupo inventará los nuevos productos de mañana. Si la ruta hacia el éxito pasa por ser el más barato y mejor productor de productos, nuevos o viejos, la educación del 50% que se encuentra abajo se mueve hacia el centro del escenario. Esta parte de la población debe administrar esos nuevos procesos. Si ese 50% de más abajo no puede aprender lo que tiene que aprenderse, no podrán emplearse los nuevos procesos de alta tecnología. (Thurow 1992 pp. 51–52)'.

Estas citas ameritarían análisis, pero ya me he extendido demasiado. Espero que sin embargo el enfoque mercantilista les resulte elocuente. No quiero con esto sugerir que los otros artículos muestran esta tendencia. Ni tampoco que las implicaciones económicas son algo que no hubiera que tomar en cuenta.

No puedo evitar, lo siento, unapost data más o menos larga:

Se trata de una metáfora sobre la information literacy que surgió con la lectura de este libro: una alfabetización para la información implica la creación de una interfaz, puesto que las cosas no eran antes como hoy entre la información y el ser humano: Déjenme recordar u ofrecer la definición de interfaz:

—Se trata de una

...superficie que constituye o forma un límite común entre dos cuerpos, espacios o fases (Memam Webster's Dictionary, 1993),

por ejemplo la capa que se forma entre el agua y el aceite; o la piel, considerada como una interfaz entre el adentro y el afuera del cuerpo humano.

He aquí otra acepción de interfaz:

—es el lugar en el que (o donde) sistemas independientes y con frecuencia no relacionados se encuentran y sobre el que actúan o se comunican uno con el otro

(Ibidem, las traducciones son mías). La interdisciplinariedad sería entonces la búsqueda de una gran interfaz entre dos ciencias, algo tan complejo como es nuestra propia piel (que nos diferencia del mundo entero).

Así la alfabetización para la información sería también la búsqueda de una compleja interfaz entre los estudiantes (o la población) y nada menos que un área del conocimiento que denominamos la información y que, por su naturaleza implica muchas cosas; a saber: la información en sí misma y lo que se necesita para enfrentarla adecuadamente (tecnología y un nuevo tipo de conocimiento que además deberá ser 'durante toda la vida', e implicar nuevos enfoques y actitudes, y muchos cambios que es necesario incorporar y que sigue generando este mundo nuestro délas TIC).