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Investigación bibliotecológica

versão On-line ISSN 2448-8321versão impressa ISSN 0187-358X

Investig. bibl vol.23 no.47 Ciudad de México Jan./Abr. 2009

 

Reseñas

 

LUCÍA MEGÍAS, JOSÉ MANUEL. Aquí se imprimen libros: la imprenta en la época del Quijote

 

por: Idalia García

 

Prólogo de Julián Martín Abad. Madrid: Imprenta Artesanal Ollero & Ramos, 2005. 184 p.

 

Para la mayor parte de las personas es difícil apreciar todo el proceso que da por resultado un libro debido a la facilidad que supone la escritura con los medios tecnológicos actuales. En efecto, para cualquier usuario de una computadora, construir un texto con un tamaño de márgenes, un interlineado, o que incluya diversos tipos de letras y en varios tamaños puede no resultar complicado. Sin embargo, que todo texto se convierta en un libro no resulta un proceso tan sencillo incluso con las técnicas modernas, como bien lo saben los diseñadores y, por supuesto, los autores.

Es por esta condición que la lectura del libro que reseñamos nos parece tan acertada para mostrarnos el fabuloso mundo de la imprenta antigua. Gracias a textos como éste podemos comprender la diferencia que existe entre la obra de un autor y su materialización en forma de libro. Es decir, como el pensamiento de una persona se convierte en un objeto construido para ser leído y se trata también de una mercancía diseñada para un lector que involucra a diversos actores y grupos sociales insertados en redes económicas, sociales y culturales. Todos los involucrados dejarán huella en cada libro producido, tanto en nuestro presente como en el pasado.

Este libro habla de otros libros y nos acerca a una parte de nuestro legado bibliográfico a través de una ventana privilegiada que nos permite mirar cada detalle del proceso de impresión de un texto como si se tratara de "un mosaico de pensamiento plasmado sobre el papel" (p. 7). El libro de Lucía Megías es también el resultado de un homenaje a un gran libro y a su autor: el Quijote de Cervantes. Se trata de la edición que se dio con la exposición madrileña sobre la técnica impresora que se empleaba en la época en que un hombre enloqueció por la lectura y se lanzó a los caminos con las aventuras de su imaginación. De ahí el título de este formidable mosaico de letras e imágenes: "Aquí se imprimen libros". Esta es la frase que Don Quijote,

vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes... de lo que se contento mucho, porque hasta entonces no avia visto emprenta alguna,1

como nos recuerda el pasaje novelesco que narra el paseo que el loco caballero hizo por Barcelona.

En ese establecimiento, nuestro personaje

vio tirar en una parte, corregir en otra, componer en esta, enmendar en aquella, y finalmente toda aquella maquina que en las emprentas grandes se muestra.2

Al igual que Don Quijote, tenemos la oportunidad de mirar con detalle no sólo el proceso de impresión, sino a cada uno de los operarios y sus oficios, a los procesos y, a la formidable maquinaria que permitió la impresión de libros por más de trescientos años. Por eso este libro constituye una travesía entre el texto mismo de los libros, pero no estrictamente enguanto al significado de las palabras, sino más bien a la forma en que se construyeron todas esas palabras antes de ser impresas.

Probablemente todas esas técnicas hubiesen pasado inadvertidas si no hubiera sido por el asombro que generaron en sus propios contemporáneos. Es gracias al rastro que nos dejaron autores como Diego de Saavedra, impresores como Alonso Víctor de Paredes, y otros como Cristóbal Suárez de Figueroa, que se pudo construir nuevamente una prensa antigua y con ésta emprender la aventura que permite entrar en este libro para conocer los detalles de la impresión.

El escrito no podía tener mejor principio que una explicación acerca de la técnica impresora de la mano de Julián Martín Abad, quien nos acerca a un léxico propio que define a útiles y procedimientos de una historia que comienza con la fabricación de los tipos móviles: pequeños pedazos de plomo que en realidad son de una aleación de plomo, estaño y antimonio, y que se podían hacer tallando en un punzón de acero el perfil de cada letra o signo, para luego incrustarlo en una pieza de cobre que recibía el nombre de matriz. Esta pieza sería la base de un molde, en el que se vertía el metal líquido para formar un tipo, que viene a ser "una representación tridimensional de una letra" (p. 15). Con las matrices y los punzones se podían hacer numerosos tipos, según la necesidad y la posibilidad de los impresores.

Los tipos móviles se guardaban en cajetines y fueron los instrumentos fundamentales para los tres procesos que implicaban la impresión de un libro, que son: composición, casado e imposición, y la tirada. Sin embargo previamente se debían tomar decisiones relacionadas con el papel, el formato, las páginas o folios, la decoración e ilustración, los márgenes y el interlineado que iba a tener un libro y que podrían reflejarse en los contratos de impresión. Una vez tomadas estas decisiones, se realizaba la fase conocida como cuenta del original, proceso mediante el cual se calculaba la cantidad de texto manuscrito que iba a integrar una página impresa con las características editoriales acordadas previamente.3

Dicha cuenta del original, daba lugar al primer proceso de impresión que realizaba el cajista, ya que se marcaba el original para poder realizar la composición, para lo cual el cajista disponía de los tipos colocados tanto en las denominadas caja alta como caja baja, una especie de mesa con la superficie inclinada. Con este procedimiento, Martín Abad nos introducirá con detalle en los posteriores procesos, y nos explicará cómo trabajaba el cajista con cada uno de sus utensilios para formar un texto línea por línea en su componedor. Posteriormente, en el casado e imposición se construía cada forma con sus reclamos, signaturas y numeración; es decir, las páginas que serían impresas en una secuencia ya determinada.

El último proceso, la tirada, dará lugar a la explicación detallada de las partes que constituyen una prensa antigua. Esta parte del libro representa un fascinante acercamiento a cada porción de la maquinaria y de la función que amplía en el proceso de impresión. De esta manera prácticamente veremos levantarse con el armazón, la estructura y sus piernas, que serán el soporte de todas las piezas como el sombrero, que se encaja en la parte superior, los someros, tablones horizontales entre las piernas, o la piedra que, encajada, recibirá la forma tipográfica construida entre otras diecisiete partes que se pueden apreciar con detalle en una fotografía (pp. 132–133), que reproduce la prensa que se ha construido.

La complejidad de la maquinaria y los esfuerzos necesarios para que funcionara, son precisamente los que hacen que esa tarea se denomine "prensa manual". Ninguna de las tareas y procedimientos necesarios para imprimir un libro, eran sencillos; por el contrario, requerían paciencia y conocimiento porque de ellos dependía todo impreso.

A partir de este tramo, el libro que reseñamos se enriquece con una cuidadosa selección de imágenes y textos que logran reflejar el arte de imprimir y todos sus avatares. Las imágenes son detalles de libros antiguos, de manuscritos y de grabados que reflejan el trabajo de los impresores antiguos, por lo que poemos ver a éstos desde diferentes perspectivas y tendencias estéticas, componiendo, tirando, corrigiendo.

Mientras que los textos son testimonios que traen la voces del pasado para contarnos asuntos de la imprenta, son también objetos que impacta a su sociedad. Resalta la opinión de varios personajes que cuentan su propia perspectiva y vivencia acerca de la cultura escrita. Quejas, alabanzas y advertencias, dan cuenta de un complejo mundo social en el que se confrontaron diversos intereses. Pero también se mencionan los otros ingredientes necesarios: los tipos, el papel y la tinta que reclaman, y obtienen, su puntual importancia. Lucía Megías tampoco se ha olvidado de explicar las tareas del corrector y el cajista, quienes dan inicio a tan fascinante proceso, pero también considera al librero y al encuadernador que dan inicio a otra historia: la del mundo social del libro.

"Aquí se imprimen libros" termina con la descripción detallada del proceso de construcción de una réplica de la prensa de imprimir de Juan de la Cuesta, el primer impresor del Quijote. La tarea no era fácil, pues no se trataba meramente de construir un objeto museístico sino una maquinaria "con el máximo rigor histórico" y en funcionamiento. Acompañan a esta explicación varias fotografías que testifican la complejidad de la tarea emprendida, pero para que nos demos cuenta del inmenso territorio de conocimiento que implica la producción de libros antiguos, Lucía Megías ha integrado una selecta bibliografía comentada que es a la vez un gusto y un reto para todos los interesados en esta temática.

Es inevitable imaginar después de esta travesía textual e iconográfica, a los impresores novohispanos en sus talleres, haciendo contratos con los autores, decidiendo los formatos, preocupándose por el papel y la tinta, enfadándose con los operarios y los aprendices, temiendo a sus colegas y realizando una empresa bajo la vigilancia de las autoridades y del Santo Tribunal de la Inquisición. Es irremediable recordar a Antonio Espinosa, trabajando en el taller de Juan Pablos y decidiendo iniciar su propio taller, o a todos aquellos que desde las cárceles inquisitoriales buscaban salvar el patrimonio de una familia. Que un taller de imprenta con todos sus instrumentos, tuviese continuidad era una verdadera fortuna de la cual sólo gozaron algunos privilegiados.

Este libro, también lleva por comparsa un DVD con una sinfonía de imágenes, música y diálogo que son una verdadera gozada. Sin duda su lectura es ampliamente recomendable para todo público, especializado y profano. Vale la pena, emprender

un viaje que se hace en primera persona: viendo y oyendo y casi tocando a los verdaderos protagonistas de estas técnicas tan apasionantes como (casi) desconocidas (p. 8).

 

NOTAS

1 Miguel de Cervantes. Segunda parte del ingenioso cavallero don Quixote de la Mancha... Con privilegio en Madrid: por Juan de la Cuesta, 1615, Cap. 62, fol. 242r, (edición facsímile de la Real Academia Española, Madrid, 1976).

2 Ibídem.

3 Sonia Garza Merino, "La cuenta del original" en Imprenta y crítica textual en el Siglo de Oro, estudios publicados bajo la dirección de Francisco Rico, Valladolid: Universidad, Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, 2000, p. 74.

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