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Investigación bibliotecológica

versión impresa ISSN 0187-358X

Investig. bibl vol.21 no.42 México ene./jun. 2007

 

Artículos

 

Definiendo la lectura, el alfabetismo y otros conceptos relacionados

 

Defining reading, literacy and other related concepts

 

Adolfo Rodríguez Gallardo *

 

*Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas de la UNAM, México. jadolfo@servidor.unam.mx

 

Artículo recibido: 25 de abril de 2005
Artículo aceptado: 6 de junio de 2006

 

Resumen

Por mucho tiempo, pero particularmente durante el siglo pasado, el alfabetismo y la lectura han sido objeto de interés por parte de la comunidad académica y de organismos internacionales. Esta situación ha puesto al descubierto la existencia de diferentes enfoques relacionados con la definición del alfabetismo y la lectura, especialmente tras reconocerse su influencia en el desarrollo socioeconómico y su vinculación con los derechos fundamentales de las personas.

Este trabajo analiza el significado de los términos alfabetismo, lectura y otros relacionados; así como la forma en que han variado a lo largo de la historia como producto del desarrollo de la civilización; y señala que éstos no sólo son importantes en sí mismos sino también en tanto que su medición varia en función del concepto que se elija.

Palabras clave: Lectura; Alfabetismo; Analfabetismo; Alfabeta; Analfabeta; Leer; Escribir.

 

Abstract

For some time now, but particularly during the last century, literacy and reading have been objects of interest for the academic community and international agencies. This situation has brought into the open the existence of different approaches to the definition of literacy and reading, especially once their influence on socioeconomic development and its link with basic human rights have been recognized.

This paper analyses the meaning of such terms as literacy and reading, as well as how these have changed throughout history as products of the development of civilization. It shows that these terms are not only important in themselves but also inasmuch as their measurement varies according to the definition chosen.

Keywords: Reading, Literacy; Illiteracy; Literate; Illiterate; Writing.

 

INTRODUCCIÓN

A simple vista dilucidar lo que significa leer y determinar quién está alfabetizado parece muy simple. Sin embargo si se analizan con cuidado las diferentes acepciones que han existido y se tienen respecto de lo que significa leer o ser alfabeta se puede advertir que estos conceptos no son muy claros. Contar con una definición que sea aceptada por todos y que haya prevalecido durante todo el tiempo es extremadamente complicado, pues el significado de los conceptos ha cambiado durante el desarrollo de la civilización; se han agregado elementos relacionados con una amplia variedad de campos del conocimiento y esto ha producido que el mismo término exprese ideas diferentes.

Es importante tener presente cuál es el concepto de alfabeta para que la medición y evaluación del alfabetismo tengan un marco de referencia sólido. Si utilizamos como punto de partida la aseveración de que alfabeta es aquella persona que sabe leer, las estadísticas pueden resultar muy alentadoras; si por el contrario usamos el criterio, que repasaremos más adelante, relacionado con la escolaridad o con pruebas sobre utilización y comprensión de la lectura, el panorama se ensombrece. Tal vez el aspecto más sobresaliente relacionado con el alfabetismo surgido en los últimos años sea el interés por determinar qué tan bien se lee. Por ello es importante tener claro cómo definimos la lectura y cuál es el nivel de alfabetismo antes de poder establecer relaciones entre ambos.

En la actualidad no poseer la capacidad de leer constituye una seria limitante para el desarrollo individual y social, por ello se busca la manera de dotar a quienes se encuentran en esta condición de los conocimientos necesarios para que aprendan a leer y escribir. En la antigüedad la situación era completamente diferente, la persona analfabeta no veía limitado su desarrollo por carecer de la habilidad para leer y escribir, y el concepto que tenía la sociedad de ella era totalmente distinto al que tenemos hoy en día.

La UNESCO en Literacy for life: education for all 1 describe una situación dramática en la que no obstante todos los programas nacionales, locales e internacionales para erradicar el analfabetismo, la quinta parte de la población mundial; es decir, 771 millones de personas adultas son analfabetas de acuerdo con las "formas convencionales de medir". Y son precisamente esas medidas las que dificultan determinar con certeza cuántos analfabetos existen, pues como se demostrará en este trabajo, la definición de analfabeta es muy complicada dado que existen múltiples enfoques a este respecto. El mismo documento nos dice que la falta de capacidad lectora es una violación a los derechos humanos porque priva a las personas del acceso a la información y a la cultura escrita. Aunque este derecho a la alfabetización no existe como tal, forma parte esencial del derecho a la educación y éste nos conduce al ejercicio de otras facultades,

[El analfabetismo] constituye un impedimento para la realización de las capacidades humanas y el logro de la justicia y el desarrollo económico y social, particularmente para las mujeres".2

Como resultado del trabajo de la UNESCO se ha generado una larga lista de documentos, resolutivos y declaraciones internacionales que establecen que la educación es un derecho humano, que está relacionado con los niños, los adultos y las mujeres y se ha reconocido la necesidad de asegurar que todos reciban una formación básica que les permita progresar.3

La falta de capacidad lectora está asociada estrechamente con la pobreza, tanto en el sentido económico como en su sentido más amplio que involucra la privación de posibilidades. La lectura fortalece la capacidad de los individuos, las familias y las comunidades, de satisfacer sus necesidades de salud, educación, participación política, economía, cultura y servicios.

Pero con todo lo importante que es la lectura, por sí sola no puede solucionar, entre otros, los problemas de pobreza, malnutrición o desempleo. Sin embargo es un factor sin el que no se pueden superar los problemas sociales y eco-nómicos de las sociedades desarrolladas y en especial de aquellas en desarrollo.4

Como se advierte en los párrafos anteriores, algunos especialistas incluyen en la definición de alfabeta la satisfacción de ciertas necesidades, principalmente aquellas relacionadas con el impacto que supone la capacidad de leer. En este trabajo esperamos analizar cuidadosamente estos distintos enfoques.

Wagner5 señala que a lo largo de la historia los estudiosos del fenómeno de la lectura han buscado definirla, afrontando diversas dificultades, ya que más de una disciplina la cultiva. En el estudio de la lectura convergen todas las ciencias sociales, desde la psicología y la lingüística hasta la historia, la antropología, la sociología, la demografía y la pedagogía; y el universo humano que cubre la lectura va de la niñez a la ancianidad. Por ello algunas de las definiciones que se han dado representan puntos de vista encontrados que, además, son defendidos con pasión, pues de la definición que se acepte dependerá el universo de quienes carecen de la capacidad para leer.

 

LA LECTURA Y LA COMUNICACIÓN DE LAS IDEAS

En forma muy amplia y elemental es posible afirmar que la lectura es el proceso mediante el cual una persona es capaz de descifrar lo que otra ha escrito con el propósito de comunicar una idea, preservar un conocimiento o transmitir un mensaje. Se ha dicho que la escritura es una extensión de la memoria; cuando los hombres no están seguros de poder retener en la mente el conocimiento sobre un tema determinado han recurrido a la escritura para su preservación;6 del mismo modo ésta se ha empleado para poder mandar mensajes de un lugar a otro sin necesidad de que el autor o emisor del mensaje esté presente.

Tanto las personas como las sociedades han sido clasificadas como analfabetas o como lectoras, así por ejemplo los individuos que poseen la habilidad de comunicarse con otros mediante el uso del lenguaje escrito son considerados alfabetas y quienes no poseen esa habilidad como analfabetas. Del mismo modo, las sociedades que poseen una lengua escrita son llamadas sociedades alfabetas y las que carecen de ellas son denominadas no alfabetas o pre-alfabetas.7 Ser alfabeta no consiste en ser capaz de darle un nombre o un sonido a un carácter escrito; tampoco implica la ubicación pasiva de una imagen almacenada en algún lugar del cerebro con la que pueda relacionarse una palabra escrita. La lectura es un proceso activo, autodirigido por el lector en muchas formas y con múltiples propósitos.8 Freiré y Macedo sugieren que aprender a leer y a escribir significa crear y establecer la expresión escrita de aquello que puede ser dicho oralmente.9

La capacidad de poder descifrar lo escrito está estrechamente relacionada con la de escribir; no se puede encontrar una sin la otra, pero normalmente se estudian por separado debido a que su enseñanza y transmisión se efectúan en forma separada. Esto quiere decir que es posible enseñarle a una persona a leer pero no necesariamente a escribir, situación que no se presenta a la inversa; es decir, nadie que sepa escribir desconoce o carece de la habilidad de leer.10 Puesto que la lectura es una derivación de la lengua hablada, constituye el código de un código, es la forma visual de un medio oral y auditivo.11

 

LOS CONCEPTOS

La idea que habitualmente se evoca ante la referencia a una persona alfabetizada, o que sabe leer, ha cambiado con el correr de los siglos. La evolución de los conceptos ha complicado el estudio del fenómeno a tal grado que no es fácil saber si se habla de individuos con las mismas características, y si los niveles de alfabetismo son semejantes entre una sociedad y otra. Esta situación ha provocado que, aunque parece fácil saber quién sabe leer y quién no, dependiendo del concepto que se tenga de la lectura, el resultado de un estudio puede ser muy diferente al de otro. Los términos adquieren diferente significado en los grupos o naciones en función de sus tradiciones culturales, religiosas, económicas y de la perspectiva social de cada grupo.12 Ésta es una de las razones por las que resulta difícil encontrar una definición común, pues sus funciones, significados y métodos varían de un grupo cultural a otro, sin que ninguno tenga la exclusividad de la razón.13

Son dos las principales tendencias que surgen al definir la lectura y la alfabetización. La primera, de carácter meramente mecánico, se relaciona con la labor de descifrar lo escrito, mediante la transcripción de frases, la pronunciación de las palabras escritas y la obtención de un significado de lo que está impreso. La segunda línea de interpretación con respecto a la lectura guarda relación con una concepción ya no sólo mecánica, sino con la interpretación personal que cada lector le da al mensaje escrito o impreso, la reacción que genera lo leído, la evaluación de las ideas del autor y la obtención de un mayor entendimiento de lo expresado por otros.14

Se suele pensar que la forma en que las personas conceptúan la lectura y la escritura es una sola y que ésta es compartida por todos. En realidad las ideas que se tienen sobre ambas prácticas nos llevan a pensar en múltiples visiones que cambian dependiendo de una variedad de factores, entre ellos la edad, la educación, las actividades cotidianas y los gustos personales, y que tratar de resolver el problema de la lectura con una visión estrecha no produce el éxito deseado dada la complejidad del fenómeno.15

Las expectativas y las habilidades para leer son generalmente diferentes según con la edad. Los niños, mozos, mancebos y viejos no se acercan a la lectura de la misma forma; algunos no saben cómo leer, mientras otros no tienen el deseo o bien han olvidado cómo hacerlo.16

Sin embargo autores como Vilanova y Moreno parecen pensar que los paradigmas que se han creado sobre el mejoramiento individual y social promovidos por la lectura resultan no del todo acertados y están cargados de prejuicio y mito:

Los políticos e investigadores polemizan en torno al significado de la alfabetización desde el punto de vista histórico y actual para describirla, comprenderla e interpretarla en sus múltiples facetas y coyunturas y para paliar el analfabetismo considerado como un handicap y como una causa de marginación social. Este desconocimiento ha abonado el mito de la alfabetización contribuyendo a que arraigara la conciencia de que urgía alfabetizar. Porque según el mito la utilización del alfabeto permite el pensamiento lógico y analítico, los conceptos abstractos, el pensamiento crítico y racional, una actitud escéptica e interrogante, el reconocimiento de la importancia del tiempo y del espacio y una diferenciación entre historia y prehistoria. Además, la alfabetización impulsa gobiernos complejos, democráticos y modernos, la riqueza y la productividad, la estabilidad política, la urbanización y hasta el control de la natalidad. Por otra parte, nos hacemos innovadores, bien orientados, cosmopolitas, liberales y humanos, menos aptos para la delincuencia y más propicios para aceptar responsablemente derechos y deberes.17

Por el tono empleado, parece que Vilanova y Moreno dudan de que todas las bondades señaladas puedan ser obtenidas como resultado de la promoción de la alfabetización en un país. Si bien es cierto que entre todas las ventajas enumeradas y el alfabetismo no existe una relación automática de causa-efecto, también lo es que sí hay cierta relación y que sin alfabetización muy difícilmente se pueden lograr todos los beneficios ya señalados. En realidad se observa una relación en la que la alfabetización es una causa necesaria, pero no suficiente para explicar la superación de todas las trabas sociales mencionadas. Nadie espera que milagrosamente la alfabetización solucione la problemática descrita, porque aunque el analfabetismo es un problema importante, no es el más importante de los asuntos que afectan a una sociedad, y lograr una sociedad lectora no es el objetivo más importante de una comunidad.18

Langer hace una distinción entre el alfabetismo, como el acto de leer y escribir, y el alfabetismo como una forma de pensamiento y un discurso. Leer y escribir, como el nivel más bajo de actividad, involucran muy poco pensamiento alfabeta, por lo que pueden ser consideradas casi como actividades mecánicas de desciframiento de textos; mientras que ser alfabeta presupone una actividad intelectual compleja en las formas de pensar y procesar lo leído.19

Aun hay quien piensa que leer y escribir no son sino una tecnología de la comunicación, esta idea resulta difícil de aceptar para aquellos que ven en la lectura una actividad de profundo contenido humanístico, alejada del carácter mecánico que su similitud con la tecnología presupone. Sin embargo, si se piensa que leer y escribir implica el manejo de una forma o técnica de codificación de ideas y de desciframiento de lo escrito para comunicar a dos personas, la idea de que la lectura y la escritura son tecnologías de la comunicación no resulta tan descabellada, aunque sí chocante para algunos académicos.20

Graff sostiene que la lectura y la alfabetización son, ante todo, un grupo de tecnologías o un grupo de técnicas de comunicación para descifrar y reproducir materiales escritos o impresos.21 Weaver ofrece la idea de que hablar es un comportamiento innato en el ser humano y que esta habilidad se ha desarrollado durante siglos, que las personas no tienen que ir a la escuela para aprender a hablar porque la convivencia con otros individuos que hablan una misma lengua las llevará a aprender ese idioma; sin embargo leer y escribir no son habilidades innatas.22 Aunque leer es el paso previo o primario, escribir depende de contar precisamente con la posibilidad de leer.23

En el mismo sentido encontramos que la capacidad lectora se percibe como parte de la tecnología del pensamiento, ya que permite formularnos a nosotros mismos una representación del mundo: el lenguaje y la lectura se utilizan para definir la realidad de otros, pero especialmente nuestra realidad.24

Pero esta tecnología, por importante que sea no puede explicar por sí misma el funcionamiento de la sociedad, aunque sin ella tampoco se puede describir el desarrollo social.25

 

EL DESARROLLO CONCEPTUAL

Analicemos las características que han tenido la lectura y la escritura a lo largo de la historia y los hombres que las han conceptualizado.

Para empezar, entre los primeros individuos que podían leer y escribir pronto se formaron grupos que se convertirían en las clases mejor educadas y poderosas de la sociedad; entre estos grupos se encontraban los gobernantes y los sacerdotes. En el extremo opuesto estaban aquellos individuos que no poseían la habilidad de leer y escribir, y que dependían de otras personas para decodificar textos y de esta forma realizar sus funciones con cierto grado de eficiencia.

No se cuenta con mucha información sobre lo que en realidad significaba saber leer en las sociedades antiguas; los datos disponibles se refieren fundamentalmente a la cultura occidental; por ejemplo, a través de Platón se tiene noticia de la oposición de Sócrates respecto al uso de la lectura y la escritura como un medio de hacer un análisis racional.26 El principal argumento de Sócrates contra el uso de la escritura y la lectura es que éstas no fomentan la reflexión sobre un asunto, que sí logra el diálogo e intercambio oral de las ideas. Sócrates expresa que la lectura no facilita el intercambio de opiniones y que además no favorece que se ejercite la memoria en la que ve una fuente de análisis y enriquecimiento cultural. Por tanto este filósofo griego no concebía al alfabetismo como algo positivo y esencial para el desarrollo de la sociedad y de los individuos.

En la antigüedad la lectura fue una actividad social debido fundamentalmente a que la mayoría de las personas no sabían leer y escribir, la lectura se hacía en voz alta, aun cuando el lector estuviera solo, ésta era la práctica normal. Por esta razón llama tanto la atención el hecho de que San Agustín describa a San Ambrosio como un lector silencioso. Los pocos que tenían las habilidades y conocimientos para leer contaban con una amplia masa de oyentes que seguían el contenido de los materiales leídos en voz alta. En este contexto la lectura no excluía a quienes no sabían leer, también estaba hecha para ellos. Esta práctica se extendió por centurias y aún en el Siglo de Oro español la mayoría de los textos estaban hechos para ser leídos en voz alta como lo demuestra Margit Frenk en su libro Entre la voz y el silencio.

Durante una época los sacerdotes, que solían leer y escribir, se convirtieron en los intermediarios entre los hombres y la divinidad y en guardianes del conocimiento.

Savater,27 al reflexionar sobre el surgimiento del pensamiento humanístico, señala que en la antigüedad los dioses no pretendían, ni requerían para su culto, que quedaran por escrito sus verdades y sus principios. Son los dioses modernos —los de las grandes religiones monoteístas como el judaismo, el cristianismo y el islamismo— quienes dejan tras de sí libros que contienen sus principios fundamentales. Las religiones modernas sostienen que esos libros son obra divina y que, en consecuencia, para llegar a Dios los individuos deben saber leer o en su defecto contar con un clero que interprete y divulgue los textos, como en el caso del catolicismo. Si bien en un principio fueron los sacerdotes quienes tuvieron la mayor necesidad de leer, posteriormente será al individuo común a quien se le demandará que lo haga.

En la Edad Media el término literati aplicaba a las personas que sabían leer, especialmente en latín, pues las lenguas vernáculas no se habían desarrollado lo suficiente, o sólo lo habían hecho de forma oral. La literatura que se producía tenía un marcado tinte religioso, pero también era utilizada para fines jurídicos y científicos entre otros. Una abrumadora cantidad de textos se produjeron en latín y los únicos que tuvieron acceso a ellos fueron quienes sabían leer en esa lengua, por lo tanto, el concepto alfabeta estaba relacionado con la habilidad de leer en latín y las implicaciones para aquellos que no sabían leer eran muy claras al quedar excluidos de la sociedad por su incultura. Se ha dicho que la cultura en esa época se refugió en los monasterios; si bien es cierto que son esas instituciones las que guardan la cultura escrita también lo es que no todos los miembros de las congregaciones religiosas sabían leer y escribir. Es posible que algunos de los maravillosos copistas que nos legaron extraordinarias obras, primorosamente iluminadas y copiadas, sólo fueran reproductores de los textos que tenían frente a ellos y que no pudieran leer su contenido.

Durante mucho tiempo escribir fue en realidad una actividad técnica, en la que se empleaban instrumentos como el papel, las plumas y las tintas; no era necesario saber leer para poder copiar la escritura de un libro a otro. Después del año 1300 el término literatus vino a significar las habilidades mínimas para leer en latín. Con la difusión de las lenguas vernáculas, particularmente después de la Reforma, el término se aplicó a la persona que podía leer y escribir en su lengua materna.28

El surgimiento de la imprenta de tipos móviles permitió la producción de un mayor número de copias de la misma obra y con ello la posibilidad de acceder a la lectura se vio favorecida, y si bien es cierto que esta imprenta resultó de gran ayuda, también lo es que la mayoría de las personas no sabía leer y escribir. Se ha sostenido que no se hubiera podido lograr la reforma protestante sin la imprenta de tipos móviles, y esto puede ser cierto, pero igual lo es que su empleo no fue instantáneo, aunque con el paso del tiempo nació una relación de interdependencia. La imprenta, al favorecer la lectura, amplió la demanda de nuevos materiales y la necesidad de producir obras en forma más rápida y un mayor número de ejemplares.

En realidad no es fácil determinar si el avance tecnológico produce más lectores o el incremento de los lectores demanda mejores formas de producir libros. Graff29 sostiene que una de las grandes innovaciones de la Reforma fue el reconocimiento de que la lectura, potencialmente peligrosa o subversiva, podía ser empleada como una herramienta o como un medio de educación y adiestramiento (si se controlaba adecuadamente) en una escala en que no se había usado hasta entonces.

La Iglesia Católica no fomentaba el desarrollo de lectores, más bien pretendía controlar la lectura de los fieles. Por ello, en el Concilio de Trento, estableció con toda claridad que la enseñanza de la religión católica estaba basada principalmente en el clero y que los católicos podían leer la Biblia, aunque para ello establecía cuáles eran los libros autorizados y reconocidos como parte de la fe católica. Todavía en el Catecismo, publicado por Juan Pablo II en 1993, se confirmaba que la verdadera fe era transmitida principalmente mediante el sacerdote; no prohibía la lectura de la Biblia, pero marcaba ciertos lineamientos bajo los cuales habría de leerse. Esto es, mientras para algunas religiones la lectura representaba el camino para llegar a la divinidad, para otras era tan sólo una opción más y no el principal medio para acceder ella.

Los criterios para evaluar y definir la lectura y a quién se ha de considerar como alfabeta han cambiado a lo largo de la historia. Durante la última parte del Siglo XX surge una gran preocupación porque la totalidad de las personas sepan leer y escribir, actitud que no existía anteriormente; si bien es cierto que este interés es genuino, también lo es que el problema se aborda desde una óptica individual, según la cual se piensa que es conveniente y adecuado para las personas aprender a leer y escribir, pero no se contempla el problema en su magnitud social. El criterio sobre quién debe ser considerado alfabeta se ha modificando con los años, y de sólo ser un buen deseo que la gente supiera leer y escribir se llegó a la convicción de que no es posible que una sociedad se desarrolle si sus miembros carecen de una adecuada capacidad lectora. Aquí hay que detenerse un instante para aclarar qué es una adecuada capacidad, pues para diferentes sociedades y países, ésta puede ir desde la destreza para leer unas cuantas palabras, o extenderse hasta llegar a la aplicación de tal habilidad en la vida diaria, incluyendo la aritmética aplicada a ciertos propósitos.

Como ha establecido la UNESCO en su último reporte sobre lectura en el mundo, publicado en 2005, existen factores que influyen en la definición del término alfabeta que han sido determinados por la investigación académica, las agendas institucionales, el contexto nacional, los valores culturales y la experiencia personal. Sin embargo, son tres los principales enfoques en el estudio de la lectura y el alfabetismo: 1) considerar que es un proceso simple en el que se adquieren las habilidades básicas para aprender un grupo de destrezas y habilidades; 2) observar cómo esas habilidades pueden ser usadas de forma que contribuyan al desarrollo socio económico; y 3) provocar el desarrollo de la capacidad para alertar el conocimiento social y la reflexión crítica como base para el cambio personal y social.30

La definición de lo que significa leer y lo que es ser alfabeto varía de un país a otro como se puede documentar en una amplia literatura.

No sólo es difícil definir qué es alfabetismo, algunos estudios han tratado de establecer su relación con la educación elemental, que en la mayoría de los casos se da por supuesta, aunque esto no haya sido comprobado del todo.31 Se piensa que si los sistemas educativos elementales fueran buenos no existirían problemas nacionales de analfabetismo o escasa lectura; sin embargo existen países que cuentan con sistemas educativos exitosos y que sin embargo tienen problemas de analfabetismo de distinto tipo. En el mismo sentido es conveniente reflexionar si es posible encontrar un pueblo alfabeta y lector que carezca de una adecuada educación básica. Es necesario explorar aún más la relación que existe entre estos dos fenómenos para poder entender la problemática y lograr formular soluciones, no sólo para el problema de la lectura y la alfabetización, sino para el de la educación elemental.

Por otra parte, las definiciones lingüísticas no nos ayudan a dilucidar nuestras dudas. Veamos cómo se definen los términos relacionados con la lectura, el alfabetismo o el analfabetismo en tres idiomas diferentes: español, inglés y francés.

La Real Academia de la Lengua Española define a la lectura, entre otras acepciones, como la "acción de leer"32 y a esta última como "pasar la vista por lo escrito o impreso, comprendiendo la significación de los caracteres empleados".33 Sobre el término alfabeta, sólo indica que es un adjetivo usado en Colombia, Costa Rica, Ecuador, Paraguay y República Dominicana, que quiere decir "que sabe leer y escribir,"34 en tanto que la palabra analfabeta, ésta señala a alguien "que no sabe leer".35 En esta misma obra el analfabetismo está definido como la "falta de instrucción elemental en un país, referida especialmente al número de sus ciudadanos que no saben leer".36

De las definiciones anteriores hay que destacar la de analfabeta ya que no incluye la posibilidad de escribir como una parte del proceso mismo. De este último término la Real Academia ofrece las siguientes concepciones "representar las palabras o las ideas con letras y otros signos trazados en papel u otra superficie [...] 2. Trazar las notas y demás signos de la música".37

En la actualidad el término alfabetismo se ha aplicado a otras muchas actividades para expresar que una persona posee los conocimientos básicos para realizar esas actividades; como por ejemplo: alfabetismo informativo (information literacy) que es empleada para expresar que se poseen los conocimientos esenciales para localizar información por sí mismo; alfabetismo computacional, que se cuenta con los conocimientos básicos para poder utilizar y aprovechar los equipos de cómputo y el manejo de los programas de las computadoras.

El uso del término alfabetismo en el contexto anterior es controversial, pues la lectura no es un mero conocimiento básico, sino que es una actividad y un conjunto de herramientas que posibilitan el acceso a la cultura y a la superación personal y social.

En Inglés, el diccionario Webster explica que literacy es la cualidad o estado de ser literate (letrado) alfabeta38 y respecto de esta última palabra nos dice: "1. a Educado, culto b: capaz de leer y escribir".39 No proporciona una definición del término alfabetismo, pero si de analfabetismo y de analfabeto, así entonces señala que illiteracy40 es la calidad o estado de ser analfabeto, illiterate41 que significa la incapacidad para leer o escribir.

Según el Oxford English Dictionary la palabra literacy no es usada en inglés sino hasta finales del siglo XIX; sin embargo, el concepto es más antiguo y posiblemente ya se usaba en la segunda mitad del siglo XVI. Lord Chesterton escribió en 1792 que un analfabeta era aquella persona ignorante del griego y el latín, es decir, el concepto guardaba relación con lo que para la fecha se consideraba una formación completa. La lectura en lenguas romances, como se ha señalado es impulsada por el protestantismo en el siglo XVI.42

Pero en inglés se utiliza además la palabra read para designar la lectura, este término tiene varios significados diferentes y algunos de ellos aportan mayor conocimiento a la temática que nos ocupa. Así en su primer acepción read significa recibir o tomar sentido (de letras o símbolos) por medio de pasar la vista sobre lo escrito; también significa estudiar el movimiento (de los labios) con formulaciones mentales de lo expresado en la comunicación; leer en voz alta las palabras escritas o impresas; y aprender de lo que uno ha visto escrito o impreso; tiene además otras acepciones que no son relevantes a nuestro estudio. En este término se incluye el aspecto de aprendizaje del contenido de lo escrito y no solamente el desciframiento de la escritura, y contempla además la acción de leerle en voz alta a otras personas. Este documentó nos lleva un paso más allá de la definición convencional sobre lo que es la lectura: a la comunicación.

En francés se usan normalmente los términos alphabétisme, analphabétisme écriture, illetrisme, lecteur y lire entre otros.43

Analphabéte es un adjetivo que se aplica a la persona que no sabe leer ni escribir; analphabétisme, es el sustantivo empleado para designar al conjunto de personas analfabetas de un país. Alphabétique, adjetivo, es lo propio del alfabeto o lo que se apoya en el alfabeto. En francés el término alphabétisme existe para significar dos cosas: la primera es la enseñanza de la escritura y de la lectura, y la segunda es distinguir aquellos integrantes de una comunidad que saben leer. Alphabétisme también se emplea para el sistema de escritura que se basa en un alfabeto en contraposición a aquel que se basa en símbolos.

Por otro lado, écrire designa al trazado de los signos gráficos que representan una lengua; en tanto que écrit es el sustantivo utilizado para designar aquello que está escrito o ha sido trazado por la escritura y écriture se emplea para nominar la representación gráfica de una lengua.

El vocablo illettré, que puede fungir como adjetivo y como sustantivo, se aplica para nombrar a la persona que no sabe leer ni escribir; es sinónimo de ignorante y analfabeta; lecteur es el nombre que recibe la persona que lee en voz alta; y lire es la acción material de leer, de descifrar lo que está escrito, pasar los ojos sobre lo que está escrito.

Como se puede observar por las definiciones lingüísticas anteriores, existen algunas similitudes en los tres idiomas pero también diferencias que no nos ayudan a comprender el fenómeno claramente. El elemento común que se obtiene del análisis de estos términos es que la lectura se describe como el hecho de reconocer caracteres escritos manualmente o impresos. Otras dimensiones de estos conceptos —entre ellas el aprendizaje, la comprensión y el impacto social— no son comunes para los tres idiomas. Además el estudio lingüístico de los términos, no permite deducir indicios que guíen a la evaluación de la lectura en términos de conocimiento y habilidades, como lo es el nivel de estudios, entre otros.

Desde mediados del siglo XX el estudio de la lectura y el alfabetismo, o la insuficiencia de éste, ha sido abordado no sólo como una actividad educativa, sino desde diferentes perspectivas, entre las que se encuentran las psicológicas, económicas, lingüísticas, sociológicas, antropológicas, filosóficas e históricas. Esta diversidad de enfoques ha ocasionado que el concepto de lectura y alfabetismo amplíe su cobertura y en consecuencia que su significado se haya vuelto más complejo, pero en general se puede decir que está relacionado con los aspectos educativos y del conocimiento.

De todas las posibilidades que nos ofrecen las distintas disciplinas para abordar la lectura, hemos adoptado las cuatro que ofrece el estudio de la UNESCO, pues parecen sintetizar adecuadamente las diferentes vertientes de análisis sobre la lectura y el analfabetismo.

La lectura como un conjunto de habilidades autónomas. Este acercamiento nos lleva a contemplar la lectura y la escritura como la posesión y dominio de las habilidades para decodificar tanto lo que se escribe como lo que se lee. Este punto de vista es el que acepta la mayoría de los estados para cuantificar el nivel de lectura de sus habitantes; también es el que utilizan las enormes campañas de alfabetización que los países en desarrollo aplican para combatir el analfabetismo. Es por ello que se presentan programas "milagrosos" en los que, en plazos relativamente cortos (en tres meses por ejemplo) se puede lograr que una persona analfabeta deje de serlo. Este enfoque está asociado al reconocimiento fonético de letras y palabras, que en sociedades anglosajonas está relacionado con el deletreo para identificar las palabras y su significado.

Este es el nivel más elemental de lo que algunos identifican como lectura y como alfabetización. Siguiendo este criterio muchos gobiernos presentan cifras muy satisfactorias de abatimiento del analfabetismo; sin embargo si se usaran criterios más estrictos, como los que veremos más adelante, el panorama ya no sería tan halagüeño. Aun a este nivel hay autores que han expresado que la eliminación del analfabetismo "se ha convertido en una meta para el crecimiento económico, el progreso y el que una cultura pase de ser oral a escrita".44

A finales de la década de los años 1950 surge un nuevo concepto para evaluar el alfabetismo, el numeracy.45 Este concepto implica la idea de que la persona debe poseer, como parte de los conocimientos básicos para ser considerada alfabeta, la capacidad de realizar las operaciones esenciales de la aritmética. Algunos casos, entre ellos el de la OCDE,46 incluían las cuatro operaciones fundamentales, saber sumar, restar, multiplicar y dividir; posteriormente otras autoridades en la materia han reducido la habilidad aritmética a sumar y restar.

Hay que decir que esta concepción ha contado con una corriente que se opone fuertemente a incluir entre los conceptos básicos de la lectura los de la aritmética.

Para concluir recurramos a Cope y Kalantzis, quienes sintetizan el tema diciendo que

"la lectura [reading] en el sentido más amplio de la palabra, sigue siendo una parte esencial de la noción de alfabetización [literacy]. Así la lectura puede significar no sólo la decodificación y comprensión de palabras, sino también la interpretación de signos, símbolos, pinturas y sonidos, los cuales varían dependiendo del contexto social".47

Otra opinión sobre este asunto, en la que se enfatizan los aspectos de habilidad o técnica, es la que señala que

"La capacidad lectora o alfabetismo está relacionada, sobre todo, con la capacidad humana para usar un conjunto de técnicas para codificar y reproducir materiales escritos o impresos. La escritura y la impresión son dos técnicas mecánicas separadas".48

La lectura como una práctica aplicada y fija. Dado que el enfoque de la lectura como la aplicación de una serie de habilidades no resultó suficiente para algunos estudiosos, se pensó que ésta debería ser aplicada en forma relevante. Algunos estudios realizados bajo este enfoque han sido los trabajos sobre analfabetismo funcional, el cual en un principio puso el acento de su impacto en el desarrollo socioeconómico. Las disertaciones sobre analfabetismo funcional han asumido con frecuencia que la lectura puede ser enseñada como un grupo de habilidades de carácter universal, que pueden ser aplicadas en cualquier parte y, que hay sólo una forma de lectura, la que todos deben aprender en la misma forma. La lectura es vista como neutral e independiente del contexto social.49

En este enfoque encontramos ya una diferencia de importancia, pues se incluyen los aspectos sociales con los que se relaciona la lectura; sin esta relación la lectura es considerada como una actividad de muy poca importancia, sólo en el contexto social se entiende y valora la lectura.

Este punto de vista objeta que los individuos sean calificados como alfabetos o analfabetos por sus conocimientos de la lectura, puesto que muchos de los que son calificados como carentes de estas habilidades hacen uso de prácticas de lectura en su vida diaria.

La lectura como un proceso de aprendizaje. Esta perspectiva entrevé en la lectura un amplio proceso que posibilita el aprendizaje más que un producto limitado al mismo proceso. Posiblemente quien personifica mejor este enfoque es el educador Paulo Freiré para quien lo importante y destacado es que mediante la lectura no sólo se pueden leer textos, sino que también se puede leer el mundo social, el medio ambiente de los individuos.

"Toda lectura de la palabra es precedida por la lectura del mundo. Empezando por la lectura del mundo que los lectores traen a los programas de alfabetización (lectura determinada por la clase y la sociedad) la lectura de la palabra remite al lector a la lectura previa del mundo, lo que en realidad es una relectura".50

La lectura como texto. La lectura tiene muchas formas de ser representada como por ejemplo por tema, estilo literario, género, lector a la que está dirigida (niños, adultos, etcétera), científica, técnica, y de divulgación.

En este enfoque es importante preguntarse si todas estas modalidades de textos son relevantes para el mejoramiento social e individual. Si suponemos que la lectura promueve el desarrollo, habría que analizar si toda lectura logra ese objetivo o sólo aquella que se destina expresamente a ese propósito.

Posiblemente el enfoque que incluye contenido social y nacional de la lectura y la alfabetización se inicia en 1947 cuando la UNESCO adopta la declaración de los derechos humanos. Entre éstos se encuentran el derecho a la igualdad de oportunidades, que permea toda la declaración universal; el derecho a la información, que se encuentra plasmado en los artículos 19 y 26; y el derecho a la educación vinculado estrechamente con la alfabetización y la capacidad lectora. El derecho a la lectura o alfabetización está incluido en el derecho a la educación y por ello, a partir de la adopción de esta Declaración Universal de los Derechos Humanos, el interés en la lectura se vio fortalecido.

En el contexto que el derecho a la educación brinda se celebraron, y aún se siguen celebrando, multitud de reuniones de organismos multinacionales, nacionales, regionales y locales para estudiar la problemática de la lectura y tratar de encontrar formas de solucionar los problemas de analfabetismo, baja capacidad lectora y la falta de hábitos de lectura. No se intenta hacer un recuento de lo tratado en esas reuniones, pero sí señalar algunos aspectos que nos parecen relevantes al definir la lectura y el alfabetismo, así como algunos pasos que han sido dados por algunas instituciones y que han cambiado la definición de ambos vocablos.

La UNESCO definió la lectura de forma general y superficial al decir que alfabeta es la persona que es capaz de leer un mensaje sencillo "una persona es alfabeta si puede interpretar, tanto mediante la lectura como de la escritura, una oración corta y simple que esté relacionada con su vida diaria".51 De acuerdo con esta definición prácticamente toda persona que sea capaz de juntar letras y palabras y decodificar su significado es considerada lectora o alfabeta. Si a esto añadimos que la mayoría de los índices de alfabetismo se construyen con sólo preguntarles a las personas si saben leer y escribir, se entenderá el por qué de los bajos niveles de analfabetismo que se reportan. Es más, hay en América Latina una corriente, impulsada por Cuba, que pretende enseñar a leer y escribir a las personas en tan sólo unos cuantos meses y con ello eliminar el analfabetismo, casi como por obra de magia. Claro que esto es mejor que nada, pero es sólo el primer paso que debe venir acompañado de una educación escolarizada que les permita a las personas incorporar la lectura en forma fructífera a su vida diaria.

Esta forma tan general de definir la lectura y el alfabetismo es común aun entre algunos autores que han hecho aportes importantes en la materia, como es el caso de Goody y Watt, quienes inician su artículo The Consequences of Literacy con una frase contundente "La alfabetización es la habilidad de leer y escribir";52 esta afirmación carece de matiz respecto de los niveles que se deben satisfacer para poder ser calificado como alfabeta. Además de esto se insiste en que leer es el proceso por medio del cual se extrae información de un texto. La habilidad lectora tiene varios grados, que van desde reunir letras y palabras y poder descifrar lo escrito, que es el nivel más bajo, hasta comprender la información contenida en el texto. La información no es el conjunto de signos alfabéticos sino lo que el texto significa, la idea que trasmite.53

Cipolla54 propone la clasificación de semi analfabeto aunque acepta que es muy difícil definirla, y con este pensamiento parece estar de acuerdo con Graff55 quien asegura que casi nadie es totalmente analfabeto, porque aunque sea elementalmente, casi todas las personas pueden leer un poco.

La definición más general a la que hemos hecho referencia sirve de base a la mayoría de los países para cuantificar su grado de alfabetismo. La técnica empleada comúnmente en tal cuantificación es la censal, en la que un encuestador le pregunta a la persona entrevistada si sabe leer y escribir, y donde la respuesta proporcionada es tomada como válida y no se utiliza ningún otro parámetro para comprobar la exactitud de la información. En la pregunta —y por tanto en la respuesta— no se incluye la habilidad aritmética que algunos expertos, organismos internacionales y ONG piensan que debe formar parte de las habilidades necesarias para ser calificado como alfabeta.

Barton56 argumenta que la lectura va más allá del mero acto de descifrar signos alfabéticos y que presupone la comprensión del significado del texto; después de todo, el escritor utiliza una serie de letras y palabras que le ayudan a dar sentido a un pensamiento o sentimiento, que quiere dejar plasmado o compartir con otras personas que sean capaces de descifrar los signos alfabéticos y de entender el significado que el autor le ha dado.

Por su parte, Robinson57 sostiene que leer no es solamente una habilidad para describir letras y palabras sino que es, además, un conducto para entender parlamentos abstractos y complejos. Por este motivo es muy importante que después de superar la primera fase, consistente en el reconocimiento de letras y palabras, se tenga la capacidad de ir más lejos. Para este autor la capacidad lectora es: 1) la habilidad para manejar el código de la escritura y para que las marcas que se encuentran en el papel tengan sentido; 2) la habilidad para obtener información del código; 3) la habilidad para darle un significado personal y social a la información obtenida; 4) la habilidad para actuar a partir de ese significado; y 5) la habilidad para realizar deducciones y entender otras estructuras cognoscitivas a partir de los conocimientos adquiridos y para encontrar nuevas interpretaciones.

En la Conferencia sobre Educación de Adultos, celebrada en Canadá en 1960, los participantes propusieron la realización de una campaña en el ámbito mundial para erradicar el analfabetismo en unos pocos años. No obstante que se aprobó esta resolución, y que otras reuniones propusieron acuerdos similares, el problema del analfabetismo siguió teniendo características alarmantes porque cientos de miles de habitantes del planeta continuaron sin saber leer y escribir.

Muchas organizaciones internacionales abandonaron el esquema de un apoyo masivo a las campañas de alfabetización y en su lugar se adoptó un enfoque más relacionado con el capital humano.58

Por ejemplo, en las resoluciones del Congreso Mundial de Ministros de Educación sobre la Erradicación del Analfabetismo celebrada en Terán en 1965, por primera vez se enfatizó la estrecha relación que existe entre alfabetismo y desarrollo, por lo que se propuso el concepto de analfabetismo funcional. Este concepto se refiere a los grupos grandes o pequeños que existen en la sociedad y los cuales habiendo sido alfabetizados mediante su asistencia a la escuela u otros medios no pueden hacer uso de la lectura en su vida cotidiana; es decir, que no son capaces de entender y llenar un documento con el que puedan solicitar un servicio o un empleo, entre otras cosas.

Más que un fin en sí mismo, la alfabetización debe ser vista como una forma de preparar a los individuos para poder ejercer sus roles sociales, cívicos y económicos que van más allá de los rudimentarios límites del entrenamiento en la alfabetización que consisten meramente en la enseñanza de la lectura y la escritura.59

Al mismo tiempo otros estudiosos, entre ellos Bormuth, establecen una definición más amplia:

Una persona puede ser calificada como alfabeta en este sistema [educativo] cuando es capaz de obtener la información que necesita de los materiales que debe leer. Y esto es independiente de que nosotros veamos el asunto desde el punto de vista del lector, del editor o de la sociedad. De aquí que una persona deba considerarse como alfabeta o analfaeta sólo con relación a su capacidad de dar lectura a un material en particular; el estatus relativo a ese material puede ser modificado ya sea instruyendo a la persona o adecuando los materiales a lo que ésta ha aprendido.60

Para fortalecer el punto de vista sobre la lectura como un instrumento social, encontramos que Sylvia Scribner61 ha resaltado el enfoque de la lectura como un acto social. Al respecto dice "[...] el hecho más sencillo y definitivo es que la lectura es un acto social; los individuos de una sociedad sin un sistema de escritura no se convierten en alfabetos". Todo acto de lectura incluye una comunicación entre los escritores y los lectores por medio del texto, por lo tanto, para entender el significado de la lectura para los participantes en este acto debemos analizar la naturaleza del texto y las actividades y experiencias asociadas con el rol del lector y del escritor.

Entre los acuerdos que se lograron en el Simposio Internacional organizado por la UNESCO en Persépolis estuvo la acotación a las definiciones que ya había ofrecido esa organización, también se agregó que la lectura o alfabetización creaba las condiciones para adquirir una conciencia crítica sobre las contradicciones de la sociedad en la cual viven las personas, y sobre sus objetivos.62

Reuniones posteriores tendieron a identificar los programas de alfabetización funcional con la educación continua, y en 1978 la UNESCO adoptó una nueva definición de lectura funcional o alfabetismo funcional que aún está vigente y que establece lo siguiente:

Una persona es alfabeta funcional cuando puede realizar aquellas actividades en las que se requiere leer para tener un funcionamiento efectivo en su grupo y comunidad, y cuyos logros en la lectura, la escritura y la aritmética le permitan continuar utilizando esas habilidades para su desarrollo personal y el de su comunidad, posibilitándolo para tener una participación activa en la vida de su país.63

Abundando en este tema, al revisar algunos de los resultados de las conferencias mundiales que se han realizado en los países industrializados de 1981 a 1994, se encontró que en esos encuentros se definió al analfabeta como "alguien que no puede integrarse porque tiene dificultades para leer, por ejemplo, un horario de salidas y llegadas en una estación ferroviaria".64 Es conveniente aclarar que, como lo ha establecido Venezky65 y sus colaboradores, el concepto de analfabeta funcional sólo es aplicable a los adultos y a los jóvenes casi adultos, y que en ningún momento se puede aplicar a los niños ya que éstos están todavía en el periodo en que pueden recibir una educación escolarizada. Un analfabeta funcional es la persona que aprendió a leer y, quien, por diferentes causas, entre ellas el desempleo de esta habilidad en su vida social, olvidó como hacerlo.

Powell66 profundiza en esta definición y concluye que el analfabetismo funcional desempeña un papel crítico en la medida en que transitamos de una sociedad industrial a la era de la información; sin embargo a pesar de que se dice que poseer las habilidades para leer y escribir facilita la trasmisión de información, éstas no necesariamente demandan una reflexión crítica. Es decir, la posesión de esas habilidades es necesaria para la lectura y el alfabetismo, pero no suficiente para que el lector pueda realizar la lectura de forma reflexiva y profunda estableciendo relaciones entre los diferentes elementos que se encuentran en el texto y los que deben ser deducidos (o inferidos) de éste por no encontrarse explícitos en la redacción del documento. En el umbral de la sociedad de la información, poseer el conocimiento que constituye la materia prima para el desarrollo hará una gran diferencia, por ello quien carezca de la posibilidad de informarse e incorporar el conocimiento a su vida diaria quedará al margen de la corriente principal de la evolución social y cultural.

Del mismo modo en que el alfabetismo empezó a ganar terreno como elemento esencial para el desarrollo social y económico de los individuos, las comunidades y la sociedad, Paulo Freiré contribuyó al entendimiento del proceso de alfabetización. Freiré ligó el alfabetismo a la creación de la conciencia de las personas y la función de la lectura, la escritura y la aritmética al proceso de liberalización del hombre. Mediante la concienciación, el hombre puede leer y entender el mundo que lo rodea permitiéndole comprender mejor las contradicciones de la sociedad. Vista así, la lectura no tiene un fin en sí misma; su propósito es fungir como un instrumento de liberalización de los individuos en una sociedad compleja. El enfoque de Freiré tuvo un gran impacto y, durante muchos años, la lectura y la alfabetización se han pensado como el proceso que ayuda a liberalizar al hombre de las contradicciones sociales que lo encadenan al atraso y la dependencia.

Siguiendo esta escuela se ha dicho que la concepción que una sociedad tiene de un analfabeta está asociada a la que tiene de una persona; ser analfabeta implica estar asociado al lado oscuro de la sociedad, por lo tanto, el analfabetismo es un elemento más de marginación social. Los criterios que esa sociedad establece para clasificar quién es alfabeta o lector, son constituidos con el deseo de excluir a una parte de la sociedad.67

Otra forma de entender el alfabetismo y la lectura se refiere a lo que las personas hacen con la lectura; lo verdaderamente importante es saber qué es lo que ocasiona el hecho de leer y escribir en las personas. En este caso el énfasis no está puesto en las habilidades sino en los efectos que ser alfabeta produce en la conducta y en la vida de los individuos y las comunidades.68

Como ya se ha mencionado, en 1995 la OCDE publicó su Literacy, economy and society: results of the first international adult literacy survey. Este estudio aportó información relevante sobre la lectura y la alfabetización de adultos, sin embargo en esta ocasión sólo nos ocuparemos de la distinción que se establece, por primera vez, sobre las características que debe reunir una persona para ser clasificada como alfabeta. El estudio rompe con la concepción de que el alfabetismo es algo que los adultos tienen o no tienen, tampoco define al adulto alfabeta en función del nivel de estudios alcanzado o mediante exámenes basados en el grado de escolaridad y su supuesta relación con la mayor o menor complejidad de los textos aplicables a cada grado. En lugar de eso, el estudio construyó una definición fundada en la conducta; así un adulto alfabeta es aquel que usando información impresa o escrita, para una sociedad funcional, logra alcanzar las metas propias y desarrollar el conocimiento propio y el potencial. Para arribar al concepto anterior los expertos que participaron en el estudio decidieron segmentar la lectura o el alfabetismo, en función de cada una de las tareas que apoya, en tres grupos de herramientas relevantes y diversas.

Esos tres segmentos son: 1) lectura de prosa, que no es otra cosa que poseer los instrumentos para entender y usar la información que se encuentra en textos como editoriales, noticias, relatos, poemas y novelas; 2) lectura documental, que implica poseer el conocimiento y las herramientas que se requieren para localizar y usar la información contenida en varios formatos, incluyendo solicitudes de trabajo, nóminas, horarios de transportación, mapas, tablas y gráficas; y 3) lectura aritmética, la que supone contar con los conocimientos y herramientas requeridas para hacer operaciones aritméticas solas o en forma secuencial como las necesarias para mantener al día una chequera, calcular una propina, completar una forma de pedido o determinar el monto de los intereses de un préstamo.

Para poder medir el nivel de competencia en los tres tipos de lectura, se construyó una escala que incluye las características de cada uno de ellos y sus cinco niveles o prototipos.69 Con este enfoque no sólo se desea saber si una persona sabe leer o no, sino medir su nivel de conocimientos y habilidades; en otras palabras no sólo se busca saber si la persona sabe leer y escribir sino qué tan bien lo puede hacer. Este estudio se ha aplicado en muchas naciones y en la actualidad es conocido como el examen PISA por sus siglas en inglés (Programme for International Student Assessment).

En algunos países los resultados del examen PISA revelan sociedades lectoras, pero en otros los efectos han sido desastrosos y mostrado una clara contradicción con las estadísticas oficiales, pues a diferencia de los censos y las encuestas el objetivo de la prueba es medir qué tan bien se lee en los distintos grupos y niveles.

En síntesis se puede decir que la orientación de la encuesta realizada por la OCDE no se basa en preguntarle a las personas si saben leer, sino en enfatizar qué tan bien leen y de ello se ha derivado la graduación que se presenta en la próxima página.

La Canadian Organization for Development throught Education en su ILY: year of opportunity (1990) plantea las características que una mujer debe satisfacer para ser considerada alfabeta; esta escala, con algunas pequeñas modificaciones y agregados, sirve también para los hombres y mide si una persona es capaz de hacer la lectura eficiente de varios textos: leer las etiquetas de latas y cajas; leer el horario de autobuses y trenes; encontrar números telefónicos en un directorio; leer un contrato, un seguro de gastos médicos, un título de propiedad o una renuncia; leer un mapa; leer instrucciones médicas; ayudar a los hijos con sus tareas; leer el menú de un restaurante; leer los signos de tránsito en un camino; obtener un trabajo que exija las habilidades de leer y escribir; leer las advertencias en las etiquetas de pesticidas y productos venenosos; leer una carta de un pariente o amigo y responderla y mantener en orden sus propias cuentas.70

Durante los últimos años de la década de 1980 la definición de alfabetismo se amplió y el término alfabetización se relacionó con adjetivos tales como informativa, tecnológica, computacional, entre otras, que como ya se ha dicho anteriormente asumen una connotación relativa a los conocimientos mínimos en un campo de la actividad humana, y no necesariamente de los conocimientos básicos sin los cuales no se puede tener acceso al conocimiento. Hay una diferencia entre el conocimiento de la lectura que hace posible el acceso a otros conocimientos y los conocimientos básicos que permiten el acceso a la información exclusivamente.

En 2002 la UNESCO declaró que la década comprendida entre 2003 y 2012 estará dedicada a la eliminación del analfabetismo y la promoción de la lectura. Mediante los trabajos que se desarrollarán en esta década se espera obtener los siguientes resultados para el año 2012:

• Lograr un importante progreso en los objetivos 3 y 5 establecidos en el Foro Mundial sobre la Educación celebrado en Dakar, Senegal, en abril del 2000:

"3. Velar porque las necesidades de aprendizaje de todos los jóvenes y adultos se satisfagan mediante un acceso equitativo a un aprendizaje adecuado y a programas de preparación para la vida activa" 71

"5. Suprimirlas disparidades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria de aquí al año 2005 y lograr antes de 2015 la igualdad entre los géneros en la educación, en particular garantizando a las niñas un acceso pleno y equitativo a una educación básica de buena calidad, así como un buen rendimiento" 72

• Lograr que todos los estudiantes obtengan un manejo adecuado de las herramientas para la lectura y la vida

• Crear un ambiente de lectura sustentable y en crecimiento

• Mejorar la calidad de vida

La UNESCO excluye de esta actividad todas las áreas en las que se ha utilizado la terminología alfabetismo computacional, tecnológico, etcétera.

Veamos ahora los conceptos que aceptan y emplean los diversos países para definir y clasificar qué entienden cuando dicen que una persona tiene las habilidades necesarias para la lectura y que por tenerlas es considerada como alfabetas.

Como se ha demostrado, en la actualidad la definición de lo que significa leer y/o ser alfabeta sigue contando con diversas interpretaciones. Por ello un buen número de países basan su clasificación empleando como criterio de división "la habilidad para leer fácilmente o con dificultad una carta o un periódico". Esta definición es poco clara ya que no es lo mismo leer con dificultad que sin ella; en la medida que se lee con mayor facilidad los grados de comprensión de lo que se lee aumentan. Otros países definen el alfabetismo como "la habilidad para leer y escribir oraciones simples" en esta definición se ha agregado el aspecto relacionado con la escritura que en la anterior estaba ausente; sin embargo no establece qué tipo de material debe poder leer la persona, si se trata de un periódico, una carta, o un cuento, entre otros. En algunas naciones plurilingües o con más de una lengua oficial no siempre se determina el idioma en el cual deberá leerse o escribirse.

Otros países definen al alfabeta y la capacidad lectora por el número de ciclos escolares que éste ha cursado, lo cual también varía de un país a otro. Para algunos un alfabeta es aquel que sabe leer y escribir aunque nunca haya ido a la escuela, como es el caso de Malí; otros, como Estonia, requieren que se haya concluido la escuela primaria; en Santa Lucía se ha fijado como parámetro siete años de escolaridad, para otros muchos como los Estados Unidos este nivel se ha fijado en nueve años de escolaridad.73

Chali sostiene que una adecuada alfabetización es aquella que se obtiene con doce años de escolaridad.74 Hisch también sostiene que la evaluación de la lectura y de la escritura no se puede hacer en abstracto, sino que debe hacerse en el contexto de una educación formal y conocimientos específicos, pues ser alfabeto no es sólo saber leer y escribir, sino poseer un mínimo de conocimientos sobre diversas áreas del conocimiento que permitan que los individuos sean considerados cultos.75 Para Kozol76 quien no lee a un nivel de 9.5 años de escolaridad tendrá serios problemas de integrarse plenamente a la sociedad.

El criterio de escolaridad no ha sido siempre el mismo, los niveles educativos vinculados con la lectura han cambiado. En los últimos 60 años los criterios se han transformado y se han vuelto cada vez más exigentes, por lo que han pasado del tercero de educación elemental a ocho años de educación.77 Incluso algunos autores han planteado la necesidad de que las personas cuenten con 12 años de escolaridad (lo que corresponde a haber terminado la educación media) para poder funcionar adecuadamente en una sociedad tecnológica.78 Esta forma de medir el alfabetismo está relacionada más con criterios aplicables a los niños que asisten a la escuela y que cursan los niveles básicos de educación, que con criterios relativos a los adultos. Nadie analizaría a un adulto analfabeta con base en la escolaridad que tiene, sino en su habilidad para leer y escribir.79

Otro criterio que dificulta la definición de alfabeta y de la capacidad lectora es la edad cuando se la utiliza como variable de control; hay naciones que consideran lector a un niño(a) a partir de los seis años de edad, en tanto que otras lo hacen a partir de los 15 años. Los niveles de alfabetismo y la capacidad lectora se relacionan con la edad de la siguiente manera:

a) Cuando se considera a alguien como lector a partir de los seis años de edad se da por sentado que quienes no saben leer y escribir son los únicos analfabetas. Las personas menores de seis años atenderán la escuela cuando tengan edad para ello.

b) Cuando esta habilidad se determina a partir de los 15 años de edad se presupone que quienes no saben leer y escribir son los únicos analfabetas. Aquí se piensa que las personas menores a esa edad están en proceso de alfabetización, ya que usualmente asisten a recibir educación básica y ésta requiere de nueve años de escolaridad.

Cuando se aplican los criterios anteriores las estadísticas varían significativamente. Si optamos por considerar a la población de 15 años y más como alfa-betas, debemos dar por hecho que quienes son mayores a esa edad ya terminaron la educación primaria y secundaria escolarizada. En consecuencia cuando en algunos países se contabiliza el analfabetismo mediante una simple pregunta, sus niveles parecen bajos, alrededor de un 7 u 8 por ciento de la población; pero cuando utilizamos el criterio de escolaridad el índice cambia a niveles superiores al 35 por ciento; y si además utilizamos el examen PISA el resultado es un índice muy alto de analfabetismo, y lo más grave es que son muchos los países en los que se presenta el mismo fenómeno. Los índices de analfabetismo se pueden abatir o incrementar dependiendo de la definición que aceptemos.

Este sistema de graduación de la lectura es impugnado por muchas autoridades en la materia, como señala Chali,80 sin embargo nadie puede negar que es preferible que las personas tengan un nivel superior de lectura, pues en la medida en que tengan un mayor grado de educación, tendrán mejores posibilidades de funcionar adecuadamente en la sociedad y de lograr mejores condiciones personales y sociales.

 

CONCLUSIONES

A lo largo de este trabajo se ha demostrado lo complicado que es definir qué es leer, y quién es alfabeta, tareas más arduas de lo que parecen a primera vista debido a los muchos factores que interviene en su definición y a que el medio ambiente juega un papel importante y es diferente en cada caso. Si se toman en cuenta las variables anteriores resulta que realizar una comparación entre dos o más culturas es muy complejo y problemático, sin embargo es necesario reconocer que, sin importar la naturaleza de la sociedad, un analfabeta difícilmente puede funcionar efectivamente en ella.81

Existen cuando menos cuatro formas de percibir la lectura o el alfabetismo y cada una de ellas incluye un matiz que en ocasiones llega a ser de gran importancia. No es posible sintetizar todas las variantes de estas cuatro formas de definir la lectura, pero sintetizaremos brevemente cuáles son y por qué es tan difícil tener una sola definición de lectura y alfabetismo.

La primera forma define a las personas que saben leer mediante la técnica censal; esto es, se hace una pregunta que puede ser contestada afirmativa o negativamente y de la respuesta se deducen los índices de alfabetas y analfabetas, en este caso el resultado no se compara con ninguna otra variable.

La segunda es la que relaciona la capacidad lectora con cierto nivel de escolaridad; en este caso se emplean varios indicadores que, dependiendo de la sociedad de que se trate, van desde los cuatro años de escolaridad hasta los doce, como lo establecen los académicos más exigentes. En este caso existe una relación directa entre los indicadores educativos y el nivel de los lectores sin importar si éstos se consideran lectores o no y si aplican la lectura a sus actividades cotidianas.

La tercera forma de definir la lectura y la alfabetización es evaluar la forma en que cada persona utiliza la lectura en su vida diaria y cómo el uso de ésta le permite mejorar su nivel de vida personal y social. Así, resulta extremadamente complicado efectuar una evaluación de este tipo, pues hasta el momento no existen parámetros adecuados para medir el impacto de la lectura en este medio ambiente. El uso de la lectura puede ser diferente para una persona o para otra dependiendo de múltiples variables y extrapolar esto a la sociedad es más complejo aún.

La cuarta forma se propone medir la capacidad que tiene una persona para leer, comprender y usar elementos aritméticos. Esto no tiene que ver con la pregunta sobre si las personas piensan que saben leer, ni con cuantos años de escolaridad tienen, ni con cómo utilizan la lectura para su progreso y el de la sociedad, sino con parámetros claros sobre qué tan bien hacen lo arriba mencionado.

Estos cuatro aspectos y sus derivados demuestran la dificultad que existe para definir de forma clara y única lo que es ser alfabeta o ser lector. Lo importante es tener en claro cuáles son los parámetros que se desean utilizar para definir este fenómeno con la finalidad de poder cuantificar la situación en que se encuentra una comunidad, entender la problemática que afecta ese resultado y proponer medidas que permitan avanzar en su comprensión y solución. El error más común es cuantificar los índices de alfabetismo con un solo criterio para sorprenderse después de los resultados cuando se aplican otras metodologías para evaluar los niveles de competencia en la utilización de la lectura.

Las diferentes definiciones que sobre la lectura se han ofrecido a lo largo de este trabajo, así como sus variantes, confirman que no es posible obtener una definición única pues estamos ante un fenómeno en el que intervienen una gran cantidad de factores e inquietudes de todo tipo que dificultan la unanimidad de los conceptos.

Las acciones y políticas de la UNESCO tienen como fin que la lectura y el alfabetismo sean vistos como la parte medular del Programa Educación para Todos y que se lo considere como un instrumento de aprendizaje, un proceso de aprendizaje y un resultado de aprendizaje y que estos tres contribuyan al logro de uno amplio desarrollo humano.82

En caso de que hubiéramos logrado clarificar las diferentes concepciones que existen de la lectura y la alfabetización, lo que significa ser lector para los individuos y la sociedad, aún faltaría por conocer qué hace el lector con su lectura. Porque es posible que encontremos lectores hábiles que no sientan gusto por la lectura, lectores con muchas limitaciones que sientan placer en leer, lectores hábiles y ávidos, y lectores mal formados e incapaces de leer. A final de cuentas —los gobiernos, las escuelas, los grupos sociales y culturales pueden hacer grandes esfuerzos y realizar maravillosos trabajos, pero es el individuo el que tiene un compromiso propio con la lectura y la alfabetización.

Una vez que la lectura es una práctica placentera o agradable, el lector tiene la posibilidad de leer o no hacerlo, y nadie hace cosas que le disgusten.83

 

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Notas

1 UNESCO, Literacy for life: education for all (París: UNESCO, 2005), 30.

2 Ibíd.

3 Ibíd., 136.

4 Ibíd., 31.

5 Daniel A. Wagner, "Rationales, debates and the new directions: an introduction", en Literacy an international handbook, edited by Daniel A. Wagner, Richard L. Venezky y Brian V. Street (Boulder:WestviewPress, 1999), 1.

6 John A. Down6ng y Che Kan Leong, Psychology of reading (New York : Macmíllan; London: Collier Macmillan, 1982), 9.

7 World illiteracy at Mid-Century: a statistical study (Westport, Conn.: Greenwood Press, 1957), 18.

8 Eleanor J. Gíbson y Harry Levín, Thepsychology of reading (Cambridge Mass.: MIT, 1975), 5.

9 Paulo Freiré y Donaldo Macedo, literacy: reading the word and the world, foreword by Ann E. Berthoff; íntroduction by Henry A. Giroux (South Hadley ,Mass.: Bergin & Garvey, 1985), 35.

10 Mercedes Vílanova Ribas y Xavier Moreno Julia, Atlas de la evolución del analfabetismo en España de 1887 a 1981 ([Madrid]: Ministerio de Educación y Ciencia, Secretaría de Estado de Educación, Dirección General de Renovación Pedagógica, Centro de Investigación, Documentación y Evaluación, [1992]), 54

11 John Oxenham, Literacy, writing, reading and social organization (London: Routledge & KeganPaul, 1980), 19-20

12 Kathleen Tyner, Literacy in a digital world: teaching and learning in the age of information (Mahwah,NJ.:Erlbaum,1998),25.

13 Daniel A. Wagner, Literacy, culture and development: becoming literate in Morocco (Cambridge;NewYork : Cambridge UniversityPress, 1993),3.

14 Doris M. Lee, "What is reading", The Reading teacher22, no. 5 (February 1969): 403.

15 Roger Chartíer, "Texts, printing, reading", en The New cultural history : essays, edited and with an introduction by Lynn Hunt (Berkeley: University of California, 1989), 155.

16 Ibíd.

17 Vilanova Ribas y Moreno Julia, Atlas déla evolución del analfabetismo en España, 46.

18 Harvey J. Graff, The legacies of literacy: continuities and contradictions in Western culture and society (Bloomíngton: Indiana University Press, 1987), 82.

19 Judith A. Langer, "A sociocognitive perspective in literacy", en Language, literacy and culture: issues of society and schooling, ed. by Judith A. Langer (Norwoord, N.J.: Ablex Pub. Corp., 1987),3.

20 David Víncent, Literacy andpopular culture: England 1750-1914 (Cambridge: Cambridge University Press, 1989) 5. Harvey J. Graff, The legacies of literacy : continuities and contradictiom in Western culture and society (Bloomington: Indiana University Press, 1987), 64

21 Harvey J. Graff, The Labyrinths ofliteracy: reflectiom on literary past and present, Rev and ex-pandeded. (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, cl995), 10.

22 Charles A. Weaver III, "Reading", en Encyclopedia of human behavior, Vol. 4 (San Diego: Academic, 1994),2.

23 Richard L. Venezky, "Definitions of literacy", en Toward deftning literacy, Richard L. Venezky, Daniel A. Wagner, Barrie S. Cílíberti, eds. (Newark, DE : International Reading Association, 1990), 9.

24 David Barton, Literacy: an introduction to the ecology of written language (Oxford: Blackwell, 1994), 45.

25 Oxenham,72.

26 Platón, "Fedro o del amor", en Diálogos, estudio preliminar de Francisco Larroyo (México: Porrúa, 2000), 258-259.

27 Fernando Savater, El valor de educar (México: Planeta, 1997), 131-132.

28 Venezky,3.

29 Harvey J. Graff, "The legacies of literacy", en Janet Maybín, Language and literacy in social practice:a reader (Clavendon: Open University, 1994), 157-158.

30 UNESCO, 147.

31 Ladislaus Semali, "Literacy and basic education", en Literacy: an international handbook, edited by Daniel A. Wagner, Richard L. Venezky y Brian V. Street (Boulder: Westvíew Press, 1999), 306.

32 Diccionario de la lengua española, 22 ed., s.v. "lectura".

33 Diccionario de la lengua española, 22 ed., s.v. "leer".

34 Diccionario de la lengua española, 22 ed., s.v. "alfabeta".

35 Diccionario de la lengua española, 22 ed., s.v. "analfabeta".

36 Diccionario de la lengua española, 22 ed., s.v. "analfabetismo".

37 Diccionario de la lengua española, 22 ed., s.v. "escribir".

38 Webster's third new internationaldictionary of theEnglish language unabridged, s. v. "literacy".

39 Webster's third new international dictionary of the English language unabridged, s. v. "líterate".

40 Webster's third new international dictionary of the English language unabridged, s. v. "illiteracy".

41 Webster's third new international dictionary of the English language unabridged, s. v. "illiterate".

42 Oxford English dictionary, 2nd ed., s.v. "Literacy".

43 Robert Paúl, Dictionnaire alphabétique & analogique de la langue Français (París: Socíété du Nouveau Lettres, 1972).

44 UNESCO, 149.

45 Ibíd.

46 OCDE, Literacy, economy andsociety: results oftheftrst internationaladult literacy survey (París, OCDE, 1995).

47 B. Cope y M. Kalanztís, Multiliteracies: literacy learning and the design of social futures (London: Routledge, 2000), citado por UNESCO, Literacy for life: education for all (París: UNESCO. 2005), 150-151.

48 Graff, "The legaciesof literacy," 154.

49 UNESCO, 151.

50 Paulo Freire, Pedagogy of the city, translated by Donaldo Macedo (NewYork:Contínnum, 1993).

51 Ann Ellis Hanson, "Ancient Illiteracy", en Literacy in the Roman world, Mary Beard et al. (Ann Arbor, Michigan: [Department of Classical Studies, University of Michigan], cl991) 161. También en Everett M. Rogersy William Herzog, "Functional literacy among Colombian peasants," en Economia development and cultural change 14 (1966): 192.

52 Jack Goody y I. P. Watt, "The Consequences of Literacy", en Literacy in traditional societies (Cambridge: Cambridge University Press, 1968), 29. También en Comparative studies in society and history5, (1963): 304-45.

53 Gibsony Levin, 5.

54 Cario M. Cipolla, Literacy and development in the West (Harmondsworth: Penguín, 1969), 11.

55 Graff, The Labyrinths of literacy, 327-328.

56 Barton, 53.

57 Jay L. Robinson, "The users and uses of literacy", en Literacy for life: the demand for reading and writing, edited by Richard W. Baíley and Robín Melaníe Fosheím (New York: Modern Language Association of América, 1983), 16.

58 UNESCO, 153.

59 "Literacy, gateway to fulfillment", en The UNESCO Courier Specíal issue (June 1980) 21. También en UNESCO, Literacy for life: education for all (París: UNESCO, 2005), 153.

60 John Bormuth, "Reading literacy: íts definition and assessment", en Reading research quarterly 9, no. 1 (1973): 7—66; también en Toward a literate society, edited by John Carrol, 61-100 (New York: Me GrawHíll, 1975).

61 Citada por Daniel P. Resnick y Lauren B. Resnick, "Varieties of literacy", en Social history and issues in human consciousness: some interdisciplinary connections, edited by Andrew E. Barnes and Peter N. Stearns (New York: New York University, 1989), 173.

62 Sarah Goddard Power, "Politics of literacy", en Literacy for life: the demand for reading and writing, edited by Richard W. Bailey y Robin Melanie Fosheim (New York: Modern Language Association of America, 1983), 21-22.

63 UNESCO, Recommendatiom for adult education, citada por Everett M. Rogers, y William Herzog, "Functíonal literacy Among Colombían Peasants", en Economic Development and Cultural Change 14 (1966): 192, también en Carmen St. John Hunter, "Adult literacy: developed countríes", en The International encyclopedia of education, research and studies, Vol. 1. (Oxford: Pergamon Press, 1985) 200.

64 Jean-Paul Hautecoeur, "A polítícal review of international literacy meetings in índustrialized countries 1981-1994", en Alpha 97: basic education and institutional environments, edited by Jean-Paul Hautecoeur (Toronto: Culture Concepts, 1997), 7.

65 Venezky, 6.

66 Rebecca Powell, Literacy as a moral imperative: facing the challenges of a pluralistic society (Lanhan, MA.: Rowman & Littlefield, c1999), 17.

67 Brian V. Street, "Cross–cultural perspectives on literacy", en Functional literacy: theoretical issues and educational implications, edited by Ludo Verhoeven (Amsterdam: John Benjamins, c1994), 141, también en Language and literacy in social practice: a reader, edited by Janet Maybin (Clavendon: The Open University, 1994).

68 Semali, 306–307.

69 OCDE, 14.

70 Canadian Organization for Development through Education, ILY: year of opportunity (París: UNESCO, 1990) 59, citada por Marcela Bailara, Women aniliteracy (London: Zed Books, 1992).

71 Marco de acción de Dakar: educación para todos: cumplir con nuestros compromisos comunes, adoptado en el Foro Mundial sobre la Educación Dakar (Senegal), 26-28 de abril de 2000 (París: UNESCO, 2000), 16. 108

72 Ibíd.,17.

73 Everett M. Rogers y William Herzog, "Functional literacy among Colombían peasants," Economic development and cultural change 14 (1966): 192.

74 Jeanne S. Chali, "Policy implications of literacy Definitions", en Toward defining literacy, Richard L. Venezky, Daniel A. Wagner, Barrie S. Ciliberti, editors (Newark, DE: International Reading Association, 1990), 63.

75 E. D. Hírsch, Cultural literacy: what every American needs to know (Boston: Houghton Mifflin, 1987).

76 Citado por Colin Lankshear, "Illiteracy, improper literacy and the development of the under-class", en Towards successful schooling, edited by Hugh Lauder and Cathy Wylie (London: Falmer Press, 1990), 180.

77 Stedman y Kaestle citados por Irwíng S. Kísch, "Measuring adult literacy", en Toward defining literacy, Richard L. Venezky, Daniel A. Wagner, Barrie S. Ciliberti, editors (Newark, DE: International Reading Association, 1990), 41.

78 Irwin S. Kirsch, "Measuring adult literacy", en Toward defining literacy, Richard L. Venezky, Daniel A. Wagner, Barrie S. Ciliberti (Newark, DE: International Reading Association, 1990), 41.

79 Reynaldo F. Maclas, "Definitions of literacy: a response", en Toward defining literacy, Richard L. Venezky, Daniel A. Wagner, Barrie S. Ciliberti (Newark, DE: International Reading Association, 1990), 11.

80 Chali, 56-57.

81 Power,22.

82 UNESCO, 216.

83 Daniel Boyarin, "Placíng Reading: ancient Israel and medieval Europe", en The Ethnography of reading, edited byJonathan Bayarin (Berkeley, California: University of California Press, 1993), 10.