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Investigación bibliotecológica

versión impresa ISSN 0187-358X

Investig. bibl vol.19 no.39 México jul./dic. 2005

 

Reseña

 

LAHIRE, BERNARD. (COMP.) Sociología de la lectura.

 

por Elsa Margarita Ramírez Leyva

 

Barcelona: Gedisa, 2004. 204 p. (Colec. LeA)

 

Sociología de la lectura es una obra colectiva en la que participan Anne Marie Chartier, Chistine Détrez, Olivier Donnat, Gérard Mauger, Martine Poulaine y el propio Bernard Lahire. Todos ellos abordan un tema central en el estudio de la lectura, el relativo a los métodos y técnicas que hoy son motivo de revisión en cuanto a su capacidad para conocer una actividad tan compleja como son las prácticas sociales de lectura. Al respecto Lahire plantea tres preguntas, que son a la vez los ejes que guían esta obra: ¿Podemos estudiar de manera racional una realidad tan íntima, tan personal tan intangible como es la lectura? ¿No se destruye la relación mágica que existe entre las obras y sus lectores tratándola como cualquier objeto de estudio? ¿Podemos y debemos analizar y a fortiori medir y calcular lo inefable, lo inmaterial, el amor?

La sociología en su afán de encontrar razones, examinar, analizar y conocer, mide las relaciones diferenciales de la población en cuanto a condiciones e intensidad, por ejemplo, el acceso a los textos, pero las críticas y el escepticismo sobre el método sociológico de las encuestas que recoge datos estadísticos, recaen sobre la validez de los resultados que son generalizados y utilizados como elementos para la toma de decisiones. Precisamente, en esta obra los autores analizan los problemas metodológicos de los estudios cualitativos y las limitaciones de los estudios exclusivamente estadísticos para conocer de manera más plena el fenómeno de la lectura. Asimismo, reflexionan sobre los aspectos que pueden ser mejor conocidos por medio de estudios cualitativos. Entre las aportaciones de esta obra están los factores que no han sido incluidos, sea por desconocimiento o porque en algunos casos es imposible conocerlos o representarlos mediante estudios estadísticos, pero cuya omisión ha propiciado la distorsión y la formulación de resultados que reducen la comprensión y explicación de una práctica social tan compleja como es la lectura.

Los autores incluyeron en sus ensayos diferentes encuestas y estudios de lectura realizados en Francia con el fin de ilustrar sus tesis y de fundamentar sus análisis críticos sobre el manejo de ciertas variables. Encontramos también propuestas metodológicas para lograr que los estudios y encuestas sean mejor diseñadas, a fin de recuperar escenarios más reales para las exploraciones de determinadas problemáticas y para elaborar interpretaciones confiables, sin excluir a los estudios cuantitativos, pues si bien son necesarios tienen limitaciones cuando se pretende conocer el estado de los procesos que determinan las prácticas de lectura, más allá de las tendencias, o quedar en un mar números que encubren la realidad de la lectura y de los lectores.

La obra principia con el tema "Entre preocupaciones sociales e investigación científica: el desarrollo de la sociologías de la lectura en Francia en el siglo XX," de Martine Poulaine. La autora ofrece una análisis histórico de las sociologías de la lectura describiendo la trayectoria desde la época fundacional de los estudios de lectura con enfoques sociológicos realizados para derivar representaciones cuantitativas, hasta llegar a los estudios cualitativos y los individualizados mediante historias de lectura utilizadas para explicar y comprender las prácticas sociales. Presenta las características de los diferentes enfoques que han destacado por sus aportaciones metodológicas a partir de 1920, cuando surge el interés por el tema de la lectura. Inicia con el trabajo realizado en Europa oriental y la perspectiva bibliopsicológica del ruso N. Roubakines, quien consideraba a la lectura como la solución a todos lo males sociales; su propuesta era la de analizar los modos de producción, el contenido de los libros y su apropiación por parte de los lectores, para lograr lo cual opinaba que era necesario adentrarse en el alma, reservorio de la conciencia y la verdad. En 1930 especialistas de la Escuela de Chicago realizaron encuestas para conocer quién, qué y porqué leía; pretendían identificar los efectos de la lectura en las circunstancias específicas de la época. Por su parte el bibliotecario alemán Walter Hoffman realizó diferentes encuestas entre personas que consultaban libros. En cuanto a los estudios franceses sobre la lectura éstos estaban dirigidos más por un interés económico que político, pues fueron realizados por los temores de la crisis que sufría el libro y, alternativamente, por la amenaza que le planteaban los medios de comunicación. Estos estudios fundan la sociología de la lectura que más tarde los estudios culturales fortalecidos con enfoques antropológicos, psicoanalíticos, psicológicos, históricos de Escarpit, Bourdieu, Certau, Chartier, Petit, Lahite, Mauger, Fossé–Poliak y Pudal, destacan por sus aportaciones a la metodología y al estudio de la lectura.

A través de este breve pero completo recorrido el autor nos muestra las transformaciones conceptuales y las tendencias hacia los estudios cualitativos, de la lectura, y también los enfoques, los discursos y los fines plasmados en las metodologías del estudio de la lectura.

En el texto de O. Donnat "Encuestas sobre el comportamiento de lectura. Cuestión de método." El autor plantea algunas consideraciones respecto de los aspectos y dificultades metodológicas implicados en los estudios de los comportamientos de lectura. Precisa su postura respecto de los estudios cuantitativos, los cuales considera necesarios pero siempre que estén complementados con estudios cualitativos a fin de no ceñirse a medir y describir, de manera parcial, la realidad, pues limitan la comprensión del fenómeno de la lectura. También son necesarios para identificar aquellos factores susceptibles de modificar comportamientos y corregir políticas y estrategias. A la vez aborda la complejidad de la naturaleza del conjunto de variables que intervienen entre encuestado y encuestador, sobre todo cuando son utilizadas las narraciones de vida, más adecuadas para los estudios cualitativos. Entre otros aspectos el autor analiza también el factor tiempo, el cual, por lo general, queda implicado sin aclararse en la encuesta tanto para el encuestador como para el encuestado, de modo que las respuestas se circunscriben a la experiencia inmediata, con lo cual dejan de lado momentos anteriores que podrían ser significativos para esclarecer las prácticas de lectura. Así, la lectura es percibida como una actividad sin historia, lo cual resulta artificial porque en la realidad las experiencias lectoras aparecen y varían en diferentes momentos de la vida.

Un tema de suma importancia es el relativo a la legitimidad de la lectura que interviene en todo tipo de estudios, pues entre prácticas declaradas y prácticas reales, sea porque ciertas lecturas y materiales de lectura son sobreestimados o subestimados, cierta información valiosa sobre las prácticas de lectura queda oculta a causa de las creencias relacionadas con la legitimidad derivada del contexto social y familiar, y aquello considerado como "buena lectura" sí es declarado, en tanto las lecturas consideradas fuera de ese rango no se mencionan. Igual sucede con las lecturas subsumidas por la función que cumplen, o bien debido a la tendencia a pensar sólo en libros y excluir otros materiales, los cuales se tornan imperceptibles por ser considerados como "no lectura," lectura negada. Algo que también el autor considera problemático es el tema de la intensidad de la lectura, generalmente distorsionada por la memoria del entrevistado. El autor incluye algunas recomendaciones útiles para conocer el modo en que intervienen elementos que obstaculizan los estudios.

Christine Dètrez "Una encuesta longitudinal sobre las prácticas de lectura de los adolescentes." La autora explica el estudio realizado a una cohorte de 1200 adolescentes franceses que inició cuando estos jóvenes tenían 14 y concluyó cuando alcanzaron los 18 años. Sobre esta base ejemplifica aspectos metodológicos, y fundamenta la utilidad de los estudios longitudinales para lograr un examen más preciso de las etapas y de las prácticas de lectura en el trayecto de vida de estos jóvenes. El estudio identifica las variantes y las causas a lo largo de la vida del lector, y prueba que la lectura es una actividad sujeta a intermitencias. Por lo mismo considera alta la conveniencia de los estudios longitudinales, pues resultan adecuados para trazar el recorrido de las prácticas de lectura, y a la vez ofrecen la posibilidad de hacer aislamientos en etapas específicas de la vida para analizar la variable edad con todo detalle, formular perfiles estadísticos, marcar itinerarios singulares y hacer recorridos con mayor precisión.

La autora destaca algunas de las ventajas de los estudios cualitativos: facilitan la apreciación de las evoluciones; proporcionan información para formular perfiles cuantitativos; ayudan en la comprensión de los aspectos simbólicos; identifican las distorsiones entre percepción y práctica; y permiten conocer las modificaciones en la valoración de representaciones. Además se conocen los usos, prácticas, percepciones de la utilidad de la lectura, y variantes en la intensidad de ésta y en los géneros literarios, así como en otros temas. La autora recomienda no descuidar las determinantes sociales dado que las prácticas de lectura no son producto de un acto mágico de revelación, ni se instalan de manera automática y, a la vez, libre y liberadora.

En la segunda parte de la obra El retorno a las encuestas, Anne–Marie Chartier en su texto "La memoria y el olvido, o cómo leen los jóvenes profesores", considera que el papel de las encuestas es contradecir las creencias más difundidas, en especial sobre los poderes de la lectura y los libros, o sobre el factor placentero y la cantidad de los libros leídos, pues considera otras realidades, como por ejemplo, muy buenos alumnos a quienes no les gusta la lectura. A. M. Chartier se refiere a lectores aplicados más que a lectores asiduos; los estudiantes deben leer bien pero no necesitan que les guste la lectura. Al respecto, en Francia se ha encontrado una disminución del porcentaje de lectores asiduos, a la vez que más jóvenes llevan a cabo estudios superiores y la educación obligatoria llega hasta los 16 años; sin embargo hay un evidente debilitamiento en las lecturas de cultura general. La autora opina que las encuestas pueden contribuir a distorsionar la realidad porque los encuestadores confían en la precisión y fiabilidad del número de libros que han sido leídos en el último periodo de un año o meses, cuando las lecturas declaradas no son necesariamente un fiel reflejo de las efectuadas. Precisamente en este ensayo A. M. Chartier aborda el tema de las lecturas declaradas, asegurando que la lectura es una realidad fáctica, es decir, verificable, pero afirma que esa información no está disponible de manera inmediata. Se necesita un esfuerzo mental de los encuestados para cuantificar las propias lecturas. La autora señala que en ciertos casos no es el olvido sino que se trata de un asunto de legitimidad, pues el valor que rige las conductas y el sentido de las declaraciones son dos datos que caminan de manera interdependiente, pero no al mismo ritmo, por lo cual es difícil relacionar los factores que intervienen en ambos. Los juicios sobre el valor socialmente reconocido o desdeñado propician que algunos lectores prefieran declarar que no leen antes de señalar sus lecturas consideradas ilegítimas; en ciertos casos esa respuesta puede estar provocada por la actitud del encuestador.

Anne Marie Chartier encontró que ciertas prácticas se han constituido como memorables y por lo mismo pueden recordarse a voluntad, aunque generalmente están ritualizadas o ligadas a acontecimientos excepcionales. En las lecturas estudiantiles es frecuente que los libros de texto no sean declarados. Esto lo ejemplifica A. M. Chartier con un estudio dirigido a analizar la variable olvido: durante 20 semanas 45 voluntarios anotaron en una ficha todo lo leído aun lo más "insignificante" además, se les pidió especificar si sus libros eran comprados o prestados, leídos por gusto o prescritos; el resultado se vio después: habían olvidado incluir libros consignados en tanto otros no consignados sí eran recordados. Por consiguiente, los lectores asiduos y pocos lectores son categorías complejas que no pueden sostenerse por los montos declarados, como lo reflejó el estudio, pues cambian las cifras cuando se hacen ejercicios de recuerdo. Los libros, señala Chartier, son lectura pero también objetos, el análisis mostró que influye el modo en que son obtenidos; los propios fueron mejor recordados que los prestados. Están también los libros comprados que no se leen. Se compran los libros de lectura de entretenimiento, los de trabajo se obtienen en préstamos porque son para el consumo rápido; algunos son recibidos y conservados por herencia.

Otra veta de estudio es la identificación de las razones que orientan la elección de libros y lecturas: lecturas obligadas y furtivas. El descubrimiento de las lecturas declaradas obedece a una coyuntura estacional, o a una política de libre acceso a las bibliotecas que provoca el encuentro de libros imprevistos cuando se buscaba algún libro específico. Afirma la autora que las lecturas furtivas ayudan a desarrollar al lector autodidacta o consumidor experimentado. Además sostiene que la lectura normalizada e impositiva es contraria a las ideas modernistas e individualizadas nacidas en el mundo de los bibliotecarios, gracias al préstamo gratuito de la lectura pública, que incluye la libertad para que el lector aborde el corpus de manera intermitente. Por otra parte señala que las redes de iniciación juegan un doble papel, las lecturas profesionales provienen del mandato, y en cambio las lecturas personales se inscriben en redes de sociabilidad y respuesta a estímulos de medios de comunicación masiva. En suma la autora cuestiona los resultados sobre las lecturas realizadas y las declaradas, pues reflejan las contradicciones a causa de las concepciones implícitas en las encuestas basadas en modelos ideales de prácticas de lectura, y también en formas de representación social y personal de la lectura y del libro.

Gérard Mauger "El retroceso de la lectura. Cuatro hipótesis." La argumentación del texto se basa en los resultados de cuatro encuestas nacionales de lectura que formaron parte de las prácticas culturales de los franceses en 1967, 1981 y 1987–1988. Mauger identificó que las disparidades de consumo cultural no han evolucionado, pues los alumnos de liceo y de las universidades leen menos que su padres; es decir, se observa un retroceso de la lectura, por lo que pregunta ¿menos herederos y más televisión? A fin de dilucidar este problema el autor plantea las siguientes hipótesis

1. El retroceso de la lectura en el grupo escolarizado sería un efecto de la relativa democratización del sistema escolar. El autor aclara que los estudios incluyeron grupos de diferentes clases sociales, no sólo de los recién incorporados a la educación por cuestiones socioeconómicas, de manera que fueron estudiados los grupos de clases medias y altas de las zonas urbanas, por consiguiente el estrato social no es un factor que determine la disponibilidad de consumo de lectura.

2. La lectura sería víctima de la competencia de otro tipo de actividades de tiempo libre, en especial la televisión. El problema de la diferencia entre lecturas realizadas y declaradas ha sido un impedimento para corroborar esta hipótesis.

3. Cabe suponer una sobreestimación del pasado y una subestimación del presente. Antes la lectura era altamente valorada y distintiva socialmente hablando, lo cual puede haber influido en la apreciación; más tarde se produjo una desvalorización simbólica de la práctica de la lectura.

4. La literatura incorporada en los programas de educación se ha convertido en una lectura escolarizada que pudo haber perdido su calidad de entretenimiento. Cierra con la pregunta sobre si el paso por la escuela no ha puesto a los estudiantes en una situación más precaria que antes, es decir, si al frecuentar la escuela no han perdido el placer de leer lo que podrían haber leído con placer.

Berrnard Lahire "Formas de lectura estudiantil y categorías escolares de la comprensión de lectura." Plantea el problema en los niños que terminaron los dos niveles de educación básica: como su capacidad de lectura es precaria, leerían cada vez menos y estarían menos dispuestos a dedicar tiempo a la lectura. Analiza la encuesta realizada en 1997 a los estudiantes universitarios y establece una comparación por áreas, entre humanidades y ciencias para concluir que si se pretende tener conocimiento de las prácticas de lectura no es posible otorgar plena confiabilidad a las primeras declaraciones. Afirma que es necesario comprender que las declaraciones dependen de categorías de percepción interiorizadas a lo largo del proceso de socialización de su entorno privado y social, y que por consiguiente conviene ayudar a los encuestados a identificar y a esclarecerse, y a hacer visible lo invisible sobre esas lecturas poco legitimadas, sea porque no forman el canon establecido por la sociedad o, porque están relacionadas con fines utilitarios, discontinuos, informativos, por lo cual se tornan imperceptibles o no fácilmente recordables, y por consiguiente forman parte de lecturas no declarables. Señala también que si el encuestador desconoce esta condición entonces reducirá sus campos de conocimiento, por ello Lahire concuerda poco con las corrientes subjetivistas, pues éstas consideran que todo individuo está bien posicionado para exponer sus conocimientos a través del resumen del relato de sus propias prácticas. Los subjetivistas no consideran el olvido, la inhibición o las creencias que los conducen al silencio o a la distorsión.

En las conclusiones, "Del consumo cultural a las formas de la expriencia literaria", Lahire recoge de los textos que componen esta obra los temas fundamentales considerados en los estudios de lectura, como las desigualdades sociales respecto del acceso al material impreso, pues no debe ocultarse que la lectura está lejos de ser una práctica homogénea en todo lugar y espacio social. Asimismo señala que los datos cuantitativos sobre la lectura reducen la diferencia entre no lectores, poco lectores y lectores asiduos, y que tampoco diferencian las clases de lectores (por ejemplo un lector obrero, de un lector universitario en relación con la asiduidad y el tipo de lecturas). Otro elemento es el relativo a las formas de inserción de los libros, esta circunstancia puede determinar las prácticas de lectura. De particular importancia considera también el hecho de que no es sólo cuestión de gusto el acceso o rechazo a la lectura, pues los obstáculos lingüísticos y culturales pueden también constituir barreras, de manera que mucho depende de las experiencias y el capital cultural. Lahire considera necesario otorgarle importancia no exclusivamente al discurso coherente, sino también al silencio, al lapsus, al olvido, porque pueden aportar o complementar información; por tanto es conveniente incorporarlos como parte de los estudios de la lectura y así disponer de un mayor y mejor conocimiento, incluso más apegado a la realidad.

En suma, esta obra aporta luces sobre nuevos elementos a considerar en la metodología para el estudio de la lectura, y esclarece y analiza diferentes tipos de estudios cualitativos convenientes cuando se pretende conocer y explicar el estado de la lectura y los procesos que determinan las prácticas lectoras.