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Investigación bibliotecológica

versión impresa ISSN 0187-358X

Investig. bibl vol.19 no.38 México ene./jun. 2005

 

Reseña

 

PERONI, MICHEL. Historias de lectura. Trayectorias de vida y de lectura

 

por Francisco Xavier González y Ortiz

 

Fondo de Cultura Económica, México D.F. 2003

 

Un texto dedicado al estudio de la "poca lectura" (faible lecture o faible lecteur). Tomado más literalmente, un lector(a) o una lectura débil, anémica, endeble... Incluyo estos adjetivos porque me parecen más acordes con lo que sucede entre nosotros con la lectura que hacemos en México. Por una parte porque nuestra lectura per cápita es, precisamente, muy escasa y en muchos casos casi nula; y por la otra, todos lo sabemos porque se ha difundido ampliamente, que México obtuvo uno de los últimos lugares en la evaluación que hizo la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y que dio lugar al informe denominado PISA 2000, el cual midió, entre otras cosas, la comprensión de la lectura entre adolescentes que cursaban la escuela secundaria entre sus países miembros, de los cuales forma parte México. Los resultados mostraron que aunque tales jóvenes (estamos hablando sólo de los jóvenes mexicanos que participaron) cursaban la secundaria, leían "sin comprender", pues no podían responder preguntas relacionadas con un texto que acababan de leer.

Lo anterior colocaba a estos muchachos y muchachas en el nivel de analfabetas funcionales. Nuestro desempeño fue, pues, lamentable, y a nuestro ya saber el bajo nivel de lectura que padecemos nacionalmente desde hace años, se añadió esto nuevo: aunque lean, aunque "tengan la capacidad para leer", en realidad no leen, porque no comprenden lo que leen, no se involucran realmente con el texto. Algo que debería ponernos los pelos de punta; y sin embargo, casi no pasa nada y ¡seguimos en lo mismo! Así pues, la situación es verdaderamente lamentable o "como para llorar", que es otro de los sinónimos que nos da Le Petit Robert para faible.

Lectura o lector(a) débil, se nos informa, "son términos ampliamente utilizados por la sociología francesa y provienen de una aproximación cuantitativa al estudio de la conducta lectora: son personas que declaran leer menos de diez libros al año." (p.7) Pero el autor nos indica que unos pocos años antes de eso (los años 80 del siglo pasado), "la lectura" remitía a un concepto "cultural" y que las investigaciones que empleaba ese marco echaban mano del modelo inspirado en P. Bourdieu, porque se buscaba analizar la distribución social de las producciones culturales (el libro), en función del nivel de instrucción y del origen social; y de poner el énfasis en prácticas sobre el uso del libro socialmente diferenciadas y objetivamente identificables; es decir, lo que se quería y buscaba identificar era por qué estaban los libros en los hogares; cuánto tiempo se le dedicaba al libro, cuáles eran los géneros que predominaban, etcétera. El libro de Peroni va contra esas prácticas y emplea el método biográfico y quiere evocar a Oscar Lewis (Los hijos de sánchez) porque la de éste era una investigación sociológica que procedía por medio de historias de vida.

Un lector perspicaz, que no lo soy o no lo fui esta vez, desde ahí podría haber adivinado que para nuestro contexto mexicano un estudio "sociológico" de este tipo no es lo que conviene a nuestra realidad; no es lo que nosotros necesitamos para averiguar algo que nos ayude a modificar nuestra realidad. Pues en mi opinión sí necesitamos partir de datos ajustadamente basados en datos sociales, es decir más amplios y que nos orienten sobre lo que está sucediendo para poder modificarlo, porque realmente además de bochornoso resulta incomprensible. ¿Cómo es eso de que se tiene la capacidad para leer pero no se entiende lo que se lee? ¡Escandaloso! pero nada es escandaloso en el surrealismo de este moderno mundo nuestro. Las preguntas que deberíamos hacernos, tendrían más bien que tratar de responder, por ejemplo, a eso: ¿por qué nuestros alumnos de secundaria leen sin comprender; a qué se debe esa particularidad?

Una posibilidad que se me ocurre, así, a vuelapluma, es que el curriculum oculto tiene mucho qué ver con esto. El hecho de que nuestros niños vayan a la escuela no a aprender lo que tiene relación con las materias; es decir, con el conocimiento propiamente dicho, sino que vayan a aprender los rudimentos de la socialización y de que éstos sean: guardar la compostura y atender; estar en silencio; no contradecir al maestro; ir a la escuela limpito y arreglado, etcétera, marca profundamente nuestra manera de "aprender", y además tiene relación, por supuesto, más con la ideología que con la educación; y con una ideología bastante retorcida, o más bien, retorcedora y retrógrada porque entre las cosas que más enseña está el obedecer sin tener derecho a pensar o a un pensar diferente. El curriculum oculto se descubrió en las escuelas primarias, aunque por lo que se ve su vigencia alcanza también a las escuelas secundarias. Yo le rogaría a quien desconoce las premisas del famoso curriculum oculto que se acercara a él (Internet es una posibilidad y quizá la mejor).

En el caso de Historias de lectura, la mira se estrecha, el enfoque se contrae y tiende más bien a recaer sobre grupos reducidos o personas, o, como lo dice el autor, "se va al encuentro de lecturas completamente diferentes." Y entonces me dije, "bueno tal vez me convenga leer algo así; después de todo, nosotros tenemos muchos grupos diferentes" entre nosotros (los grupos indígenas, tan ignorados, tan sistemáticamente dejados de lado). También conquistar "nuevos públicos" para la lectura se volvía entonces un enfoque interesante porque precisamente había que estudiar las resistencias y los obstáculos, como nos dice el presentador de Peroni. Sin embargo las poblaciones elegidas por él: los obreros metalúrgicos prejubilados de la empresa Creusot–Loire y los presos de la cárcel de Saint–Paul en Lyon ya me daban algo de "mala espina"; "¿a mí eso de que me serviría?" Sin embargo decidí seguir adelante con la lectura tras leer esta frase: "...Michel Peroni sabía que en el análisis de las formas de anomia reside la comprensión de lo ordinario." "Ah", me dije, "aquí puede haber entonces mucho que aprender"; por desgracia no fue así, y, al mismo tiempo, por fortuna siempre se aprende algo con la lectura.

Resultó que en el librito de Peroni, lo ordinario es mucho más complejo y que ninguno de los "retratos" reunidos por él sigue un transcurso lineal sino que todos mostraron una línea evolutiva; es decir cambiante, errática, impredecible:

"ninguno siguió siendo lector (o no lector) durante toda su vida; ninguno conservó... los mismos gustos, las mismas elecciones, las mismas expectativas frente a la escritura; ninguno presentó durante toda su vida los mismos usos de la escritura" (pp.11–12).

Claro que "durante toda su vida" es, sobre todo una metáfora, puesto que las mediciones no se hicieron durante todos esos lapsos. Una cosa queda más o menos clara

"...las entrevistas muestran la importancia y la diversidad de los factores que estimulan o desestimulan la lectura. La lectura es reactiva, siempre está inserta en las necesidades de la construcción de uno mismo, ...[intervienen] las modalidades del encuentro con lo escrito, los lugares, las circunstancias, las finalidades." (p. 12).

"Claro", puede uno decir 'a toro pasado', "todo interviene pues se trata precisamente de circunstancias personales, únicas..." Pero no sería justo hacer esto, porque para llegar a esa conclusión hay que leer el libro, involucrarse con él y todo lo demás; quiero decir hay que hacer esa labor de buceo que nos sucede con todas las lecturas y entrar en el texto siempre viviente que nos propone el autor, para salir a tomar aire siendo ya otro u otros, aunque sea en una pequeña medida, la cual también puede ser grande e incluso cambiarnos la vida, o la manera de pensar. Y sí; Peroni cambió mi perspectiva y ciertamente me enseñó varias cosas.

Considerado todo así (desde esa sociología empleada por Peroni) es en efecto imposible identificar un conjunto de razones o sinrazones que conduzcan a la lectura o alejen de ella, pues "...las razones para leer no pueden separarse de quienes las encarnan".

Éstas son algunas de las conclusiones del propio Michel Peroni. Por lo que toca a los prejubilados, resulta que las prácticas no pueden concebirse como unívocas ni definitivas, y algunas prácticas pueden recibir significados totalmente distintos. Nada sigue recorridos lineales: no se es lector, o no lector, o poco lector de una manera permanente; todo cambia. Tampoco el "tiempo libre" del jubilado es una determinante y muchas veces la lectura es sólo un añadido; lo más importante es la construcción de uno mismo. Para algunos de los entrevistados la lectura es percibida como ocio y por eso a veces como tiempo perdido o una actividad pasiva a la que sólo se le pueden conceder los "tiempos muertos" que no están programados para la vida "activa" . En general, la "poca lectura" depende de aspectos aleatorios: si se allegan una actividad, si la familia les regala libros, si ya leían desde antes (pero esto puede cambiar) y un largo etcétera. Resulta, como quizá era esperable, que la lectura está estrechamente asociada al marco, al contexto en el que surge y cobra sentido: "lo que aparece espontáneamente cuando se tiene tiempo para no hacer nada..." (esto y lo que sigue, naturalmente en la situación carcelaria); "fue en la cárcel donde verdaderamente empecé a leer... había que aguantar a como diera lugar"; "la lectura es excelente para traspasar murallas"; "durante mucho tiempo me obstiné en leer libros que me presentaban un mundo que no es el mío". Pero nada está sistemáticamente determinado "las trayectorias ...están influidas igualmente por contingencias".

"Claro", puede decir otra vez el idiota en mí, "era previsible". Sí tal vez era previsible, pero ahora ya es una certeza, un conocimiento. Tras leer el libro regreso, en parte, a mi impresión intuitiva original, pero ahora esta suena más a verdad de perogrullo, la cual sostendría más o menos que para entender nuestra realidad, tenemos que hacer nuestras propias investigaciones y aprender de nuestro contexto, pues en él es donde está nuestra realidad.

Claro que tendría que añadir que se trata de una realidad que está atrapada en la incomprensión, en el abandono, en el desinterés, en la ignorancia (en el curriculum oculto) y en tantísimas cosas más que ya realmente constituyen, precisamente, nuestro contexto, ése que tenemos que descubrir nosotros mismos y donde están también nuestras necesidades.

Para satisfacer mínimamente nuestras enormes necesidades, investigaciones como la presente nos dejan inevitablemente con un inevitable sabor a poco, claro que lo más importante no era el criterio estadístico, pero aun así yo me quedé con la impresión de que los conceptos obtenidos fueron magros. No importa, ni tampoco importa que me repita: no obstante; ahora, gracias a esta lectura tengo una o dos certezas. Lo que tenemos que hacer es dedicarnos a nuestra realidad, que ciertamente nos exige otro tipo de estudios, de enfoques, de visión general que tome en cuenta nuestras necesidades. Ni siquiera sabemos bien cuáles son éstas.

Adicionalmente, tenemos también que empezar a pensar más seriamente en nuestra pluralidad; me estoy refiriendo a nuestra población indígena; otro indicador de dónde yacen los problemas. Por fortuna algunos ya están trabajando y encontrando y mostrándonos (aunque no todavía con la fuerza, ni el apoyo, que pueden llegar a adquirir y merecen) la enorme cantidad de problemas que nos esperan si realmente nos asumimos como esta población plural que somos y que habla 62 lenguas distintas; sin tomar en cuenta los dialectos de cada una de ellas. Apenas empezamos a vislumbrar lo que significa un problema como el de la lectura para una población tan variada. El problema ya era difícil, pero ahora se ha multiplicado, nuestra complejidad es mayor.