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Sociológica (México)

versión On-line ISSN 2007-8358versión impresa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.32 no.90 México ene./abr. 2017

 

Artículos de investigación

Migrar para ingresar a la profesión académica: oportunidades y obstáculos en México para jóvenes académicos extranjeros

Migrating to Enter the Academic Profession: Opportunities and Obstacles in Mexico for Young Foreign Academics

Sylvie Didou Aupetit* 

*Departamento de Investigaciones Educativas, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav). Correo electrónico: didou@cinvestav.mx


Resumen:

El artículo analiza aspectos de la inserción y de la trayectoria profesionales de jóvenes académicos extranjeros contratados por el sistema de ciencia y tecnología en México. Maneja información obtenida mediante dieciocho entrevistas a investigadores nacidos fuera de México cuya edad no rebasaba los cuarenta años al momento del levantamiento. La hipótesis central es que la migración científica en ese grupo de edad resulta esencialmente de una búsqueda planeada de oportunidades de desarrollo profesional; y a la par, está vinculada con la participación en redes de diversos tipos (sociales, amistosas y disciplinarias). La decisión de instalarse fuera es facilitada por programas gubernamentales o bilaterales de circulación de competencias; sin embargo, no es desencadenada por ellos sino por decisiones a escala institucional y, sobre todo, a nivel de los equipos científicos cuando tienen la atribución de elegir a sus nuevos miembros.

Palabras clave: migración científica; jóvenes científicos; investigadores extranjeros; profesión académica

Abstract:

The article analyzes aspects of the entry and professional careers of young foreign academics hired by Mexico’s science and technology system. The author uses information obtained in 18 interviews of researchers born outside of Mexico who were no older than 40 at the time of the interview. The central hypothesis is that scientific migration in this age group is essentially a planned search for opportunities for professional development and at the same time is linked to the participation in different kinds of networks (social, friendship-based, and centered on their area of study). The decision to establish oneself abroad is facilitated by government or bilateral programs for circulating competencies. However, it is not sparked by them, but rather by decisions on an institutional level and, above all, at the level of scientific teams when they have the ability to choose their own new members.

Keywords: scientific migration; young scientists; foreign researchers; academic profession

Introducción

La circulación internacional de los científicos no es un fenómeno nuevo, pero su visibilidad se ha incrementado en un entorno de competencia global por la materia gris. Los países receptores de científicos extranjeros han implementado programas para atraer y seleccionar a los nuevos doctores en forma cada vez más sistemática, robusteciendo así sus capacidades de producción científica mediante lo que algunos expertos han calificado de “guerra mundial por los talentos”. Los países de procedencia, por su parte, han procurado identificar quiénes viven en el extranjero para aminorar los efectos de la fuga de cerebros, organizando redes y diásporas. Los organismos internacionales han canalizado recursos a programas de invitación al retorno, temporal o definitivo, para que los países en desarrollo reincorporen a sus recursos humanos altamente calificados que laboran en el exterior en los sistemas nacionales de educación superior y ciencia (Franzoni, Scellato y Stephan, 2012).

En este artículo nos interesamos en un aspecto particular de la circulación internacional de los científicos, a saber: la inserción y trayectoria profesionales de jóvenes académicos extranjeros en el sistema de ciencia y tecnología mexicano. Para documentarlo, entre 2011 y 2013 levantamos dieciocho entrevistas1 a informantes seleccionados con base en los siguientes criterios: ser menor de cuarenta años; ser titular de un posgrado, ya que la movilidad internacional es fuerte entre los doctores y posdoctorantes, llegando a representar 14% de los casos estudiados por Auriol, Misu y Freeman (2013); y haber sido contratado por la institución receptora. Descartamos en consecuencia a científicos visitantes que ocupan cátedras bilaterales o están apoyados por programas financiados por instituciones extranjeras (véase Cuadro 1).

Fuente: elaboración propia con base en entrevistas y hojas de vida. ND: no disponible

Cuadro 1 Características de los integrantes de la muestra 

La muestra es intencional. No es representativa en términos de sexo, país de origen, disciplina e institución de adscripción de los investigadores extranjeros, pero sus integrantes conservan una memoria todavía viva de los asuntos sobre los que solicitamos su opinión, a saber: las modalidades y los motivos de su llegada, las especificidades del proceso de reclutamiento para la plaza y las pautas de integración a los equipos receptores.

Nuestra hipótesis es que la migración científica, en este grupo, resulta esencialmente de una búsqueda planeada de plazas académicas que proporcionen seguridad en el empleo. Depende de la adecuación entre los perfiles de formación y desempeño de los sujetos y las especificidades del puesto, pero la decisión de postular y el acceso efectivo están condicionados parcialmente por la inserción de los aspirantes en redes de apoyo directo o indirecto (sociales, amistosas o disciplinarias). La decisión de los científicos extranjeros de instalarse en México descansa esencialmente en sus relaciones previas con núcleos (equipos) e individuos (colegas) que sirven de imanes, intermediarios e informantes sobre las oportunidades accesibles2 y apoyan a los sujetos en las etapas del proceso de contratación.

Con base en una revisión de la literatura, analizamos los principales tópicos trabajados sobre los jóvenes científicos extranjeros en el país. Preguntamos a nuestros informantes cómo identificaron a México en tanto que destino migratorio posible, cómo percibieron las dinámicas institucionales de contratación y cómo se enteraron de las oportunidades profesionales por las que compitieron. Los interrogamos sobre sus apreciaciones del medio académico nacional, sus vínculos internacionales o nacionales con grupos de colegas y sus redes, en la medida en que inciden en la construcción de sus carreras3 y contribuyen a relacionar la producción científica en México con el exterior.

Jóvenes científicos extranjeros y mercado científico

En los años noventa del siglo pasado Estados Unidos produjo una abundante literatura sobre los académicos internacionales (Carter, 1992; Altbach, 1996), la cual versó sobre sus procesos de intercambio intelectual, sus trayectos migratorios, su inserción en las comunidades receptoras, principalmente en relación con el debilitamiento de su carácter parroquial o insular y el aumento de la productividad científica global. Un poco más tarde, estudiosos de otros países, principalmente europeos, se interesaron en esos mismos tópicos -Van de Bunt-Kokhuis (2000), en los Países Bajos; Harfi y Mathieu (2006) en Francia-, con énfasis en las políticas públicas y los científicos extranjeros. En los pasados años pusieron mayor atención en esos asuntos debido al advenimiento de una ciencia global y al fortalecimiento de comunidades intelectuales interconectadas e internacionalizadas (Finkelstein, Walker y Chen, 2009; Huang, Finkelstein y Rostan, 2014). Integraron incluso otros colectivos entre los “peregrinos académicos” (Van de Bunt-Kokhuis, 1996). Caben entre ellos los posdoctorantes que encadenan estancias de movilidad en países extranjeros después de graduarse; los académicos extranjeros que laboran en enclaves científicos internacionales fuera de su país de origen; y los jubilados que, después de concluir su carrera en un lugar se trasladan a otro para continuar su vida activa. Igualmente, los especialistas exploraron la condición de las mujeres científicas migrantes (Mamiseishvili, 2010; França, 2012) y las problemáticas generadas por la diversidad en el mundo académico (Dedoussis, 2007). Consideraron importantes los siguientes tópicos:

  1. El papel de los académicos extranjeros en las instituciones: estudiaron las rutas de formación y migración, las líneas de trabajo, las carreras desarrolladas (Peterson, Tierney y Maliniak, 2005) y los puestos ocupados;

  2. sus incidencias en los campos disciplinares, con énfasis en los aportes temáticos, la internacionalización del currículum y los niveles de productividad científica (Corley y Sabharwal, 2010; Lin, Pearce y Wang, 2009; Mamiseishvili y Rosser, 2010; Kim, Wolf-Wendel y Twombly, 2011; Webber, 2012);

  3. las estrategias de publicación en coautoría: un número creciente de estudios, mediante programas informáticos, diseñan mapas de colaboración internacional y flujos de conocimiento (Appelt et al., 2015);

  4. las vivencias de la migración y los deseos de regreso, las modalidades de integración a las sociedades receptoras, los vínculos -afectivos, económicos, sociales y profesionales- con el país de origen y la inserción en diásporas nacionales (Mamiseishvili, 2011).

Por lo general, los marcos teóricos de tales investigaciones son variados. Sociológicamente, uno de los más utilizados es el del capital (social y autóctono) de Pierre Bourdieu: sirve para explicar tanto los determinantes de la migración como la reconversión de los saberes, habilidades y competencias en distintos espacios profesionales. Otro, popular entre los demógrafos es el de la circulación de los recursos humanos altamente calificados que permite diferenciar los esquemas y condiciones de la migración de los titulares de un doctorado de los de la población en general. Uno más se inscribe en un enfoque económico, calculando las tasas diferenciales de retorno del diploma, en función de las nacionalidades de origen/países de inserción de sus titulares, de las instituciones que otorgaron los grados, de las competencias lingüísticas e interculturales adquiridas, de la edad al momento de migrar y de la duración de la estancia previa en el país receptor. De acuerdo con abordajes más centrados en los laboratorios, ciertos investigadores rastrean no sólo la transferencia de los saberes disciplinarios sino la hibridación de las modalidades de trabajo, la introducción de nuevas perspectivas y temáticas, y las redes de publicaciones conjuntas, movilidad e investigación. Finalmente, conforme con el repunte de las teorías sobre el nuevo orden mundial y ante el surgimiento de una multipolaridad geográfica en la producción de innovaciones y saberes, algunos investigadores desmontan las jerarquizaciones y desigualdades entre las comunidades académicas nacionales y extranjeras (Rodríguez Medina, 2014) y analizan la emergencia de nuevos polos dominantes de transmisión y producción de saberes (Slaughter y Rhoades, 2004).

En México, el volumen de literatura sobre la profesión académica es grande, debido al interés que generó el tema en varios grupos de las unidades Azcapotzalco e Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), de la Universidad de Sonora y de la de Baja California, entre otros. En contraste, a pesar de que los académicos internacionales fueron objeto de programas de atracción desde los años ochenta, la literatura que los concierne es reducida. Eso, independientemente de que entre 1944 y 1993 inmigraron a México 8,155 científicos nacidos fuera del país, lo cual equivale al 5.48% del total de inmigrantes en el periodo (Palma, 2005: 39). Hasta la fecha impera cierto desinterés por ese grupo particular, pese a que entre 2000 y 2010 la población inmigrante se incrementó a un ritmo mayor al de la población en general, y a que el número de profesionistas extranjeros en México creció. Su patrón de migración igualmente cambió: dejo de basarse en oleadas (Castaños, 2004), es decir, en flujos circunstanciales, de alta intensidad, que tienen lugar durante un periodo corto y que produjeron -hasta los años noventa- residentes extranjeros con historias convergentes: republicanos españoles en los cuarenta, argentinos en los setenta, europeos del Este en los ochenta y noventa (Castaños, 2009; Yankelevich, 2010; Izquierdo, 2011). Obedece ahora la migración científica a un esquema de goteo, con un flujo de ingreso constante pero diverso. Por su carácter asintomático es difícil de interpretar: agrupa sujetos procedentes de muchas latitudes y con intereses, perfiles y trayectorias diferentes.

A causa de esa diversidad y de la falta de una base general de datos sobre los científicos nacidos en el extranjero -aunque en 2013 el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) registraba 2,358 de ellos entre sus 19,632 integrantes (12%)- pocos investigadores han analizado las características actuales de ese colectivo heterogéneo y disperso en múltiples instituciones y localidades. De hecho, los que más se interesan en él son los historiadores de la ciencia: ellos dan cuenta de las aportaciones de “grandes científicos” extranjeros a la constitución e institucionalización en los siglos XIX y XX de disciplinas como la genética (Barahona, Pinar y Ayala, 2003), la química (Capella et al., 2006; Kleiche-Dray y Casas, 2008), la antropología (Rutsh, 2010), la arqueología (Ruiz, 2003), el derecho (Del Arenal, 2006) y la medicina (Martínez, 2011). Analizan su papel en la fundación de escuelas de pensamiento e instituciones (para El Colegio de México véase Lida, Matesanz y Vázquez, 2000).

En contraste, pocos especialistas atendieron los flujos actuales de arribo al país de académicos empujados a migrar por motivos personales o de orden profesional; cuando lo hicieron, prefirieron evaluar los programas que les son dedicados, las instituciones que agrupan un porcentaje significativo de ellos (para el caso de la Universidad Nacional Autónoma de México, véase Izquierdo, 2010) y/o sus contribuciones disciplinarias (Didou y Durand, 2013). Se focalizaron escasamente en los actores, sus condiciones individuales y colectivas, estrategias de carrera, expectativas profesionales y modalidades de integración social. Sus análisis abarcaron esencialmente:

  1. La circulación internacional de los conocimientos: por ejemplo, Samzun (2014) analizó la circulación de las perspectivas teóricas en sociología del trabajo mediante la movilidad de los científicos y sus saberes entre Francia y México.

  2. Las condiciones laborales de los sujetos: Oviedo (2015) detectó que los científicos migrantes enfrentaban dificultades para conseguir una estabilidad laboral, situación que los orillaba a ser activos en redes. Jung (2016) se interesó por los investigadores jóvenes que realizaron un posdoctorado en el país y analizó sus disyuntivas existenciales. Didou y Oviedo (2015) estudiaron las características de los investigadores franceses en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

  3. Los mapas de colaboración y coautoría: Ainsworth et al. (2015) dieron cuenta del incremento de esa modalidad de producción científica entre 2004 y 2010, principalmente en campos disciplinares como la física.

  4. Las políticas públicas, institucionales y cooperativas de atracción de científicos extranjeros, con sus impactos en instituciones (véase para el caso de la UNAM, Izquierdo, 2010) o en campos disciplinarios (para biotecnología, véase Góngora, 2016).

En un contexto de investigación emergente y sesgada en sus enfoques, las entrevistas representaron una fuente de investigación importante. Nuestros informantes llegaron al país en la década de 2000, por lo que sus plazos de permanencia, su ubicación en el SNI y sus recorridos académicos son relativamente similares. Salvo en dos casos -posdoctorantes contratados por dos o tres años-, todos son titulares de su puesto. Sus trayectorias de internacionalización previas a su llegada a México están marcadas por estancias más o menos largas en terceros países, distintos a los de procedencia y de llegada. Sus circuitos de movilidad internacional no son bilaterales, como ocurría entre sus antecesores, sino complejos geográficamente. Sus secuencias de movilidad internacional, cortas y largas, inician incluso en las licenciaturas y acaban en los doctorados o posdoctorados. Por ende, al llegar a México habían acumulado experiencias diversas de interculturalidad científica y de socialización profesional:

Cuando estaba estudiando mi licenciatura y después de acabarla, a partir de becas de la Agencia Española de Cooperación Internacional, tengo la oportunidad de venir a México la primera vez: entonces, en ese momento, yo tenía como 22 años, pasé aproximadamente cuatro o cinco meses en la Universidad Autónoma del Estado de México, en Toluca, y después me regresé a España; dos años más tarde me voy a Estados Unidos, yo tenía 24 años cuando me fui a Estados Unidos a hacer mi doctorado a la Universidad de Texas en Austin. Cuando acabé mi doctorado, allá en Estados Unidos, es cuando vine ya a México, pero ya en lo que se podría llamar como una migración definitiva [Entrevista 10].

En este caso, la entrevistada migró a México donde había hecho una estancia como estudiante, debido a los contactos que estableció en ese lapso, pero la secuencia entre la estancia inicial y el reclutamiento laboral no fue lineal: el segundo estuvo mediado por la obtención de un doctorado en Estados Unidos, que la habilitó académicamente para desempeñarse en la universidad.

En otro caso, el científico tuvo una trayectoria de movilidad previa a su posdoctorado: cursó su licenciatura en dos ciudades de su país y, después, posgrados especializados en Israel y en Australia. Su llegada a México obedeció a la oportunidad de acceder a un posdoctorado: cuando lo concluyó, recibió una oferta de contratación como investigador por parte de la universidad que lo hospedó:

Yo hice mi licenciatura en Ciencias Ambientales en la India, en Bangalore, una ciudad al sur. Y después hice una maestría en Ecología en otra ciudad de la India. Después fui a Israel para hacer otra maestría, enfocada a los estudios de los desiertos, por dos años, y después de esto fui a Australia para hacer mi doctorado en Ciencias Biológicas. Yo vine a México para hacer mi posdoctorado y me quede aquí [Entrevista 9].

En esta perspectiva, independientemente de que los informantes se hubieran beneficiado de una movilidad transgeneracional por tradición familiar (esquema mencionado sólo en una ocasión), adquirieron una experiencia de alcance extrarregional en relación con el lugar de origen durante sus recorridos formativos y llegaron a insertarse al mercado académico nacional con una trayectoria multisituada de formación.

Ubicar a México como un destino profesional

México no es un polo de atracción científica de primera magnitud, pero desde los años noventa del siglo pasado ofrece condiciones correctas de trabajo científico e ingresos decorosos, después de que el gobierno y luego las instituciones invirtieran en la infraestructura científica y mejoraran el poder adquisitivo de los investigadores mediante incentivos a la productividad que complementan sueldos bajos. Cuenta por lo tanto con condiciones básicas para el brain gain. Cuando preguntamos a los científicos jóvenes por qué migraron al país en la pasada década, canónicamente adujeron diferenciales de sueldos, de oportunidades de trabajo y de calidad de vida. Vinieron porque un cotejo entre lo que ofrecen los países de residencia-origen y México arrojó un balance positivo para este último, pese a los costos afectivos, culturales y operativos de la migración.

La selección de México como país huésped está esencialmente determinada por la posibilidad de acceder a una plaza académica que permite a los entrevistados desarrollar con autonomía una línea de investigación e iniciar una trayectoria ascendente, metas imposibles de alcanzar por las crisis económicas o por la saturación de los mercados académicos en los países donde estaban instalados previamente. Una de las entrevistadas se autodefinió como “refugiada económica”, haciendo hincapié en que “una plaza de tiempo completo, ni pensarlo, en mi país, no había trabajo” [Entrevista 10]. Aunque sea muy relativo el dinamismo del mercado académico mexicano, las universidades -principalmente estatales- que buscan mejorar su imagen de calidad, incorporan todavía a extranjeros en su plantilla, con la expectativa de optimizar así sus indicadores de internacionalización y desempeño; en consecuencia, brindan oportunidades a investigadores jóvenes que han encadenado los posdoctorados y construido un currículum atractivo por las revistas donde publicaron, sus estancias de formación y sus conexiones internacionales, pero que no han encontrado cabida en los lugares prestigiosos en donde estuvieron insertos durante una temporada.

Si bien los entrevistados señalan que la violencia producida por el crimen organizado y el narcotráfico en México les inquieta, la situación de descomposición social, a la que son sensibles, no basta para disuadirlos de quedarse en el país. Prima sobre la percepción de los riesgos y de la inseguridad el deseo de dejar atrás funciones de ayudantía y la precariedad del estatuto laboral. Aunque en su momento las estancias de posdoctorado hayan servido para adquirir conocimientos y habilidades, tejer lazos de sociabilidad e interiorizar un ethos profesional, los jóvenes científicos extranjeros llegan a México con el fin de conseguir independencia intelectual y estabilidad profesional. El país les permite capitalizar sus experiencias en el manejo de un tópico propio de investigación, susceptible de transformarse en su señal de identidad académica y conferirles una oportunidad de ser reconocidos como expertos.

Salvo para los que con anterioridad a su llegada tenían cónyugues mexicanos, una fuerte motivación es la de superar la condición desgastante de permadoc, caracterizada por estancias sucesivas de posdoctorado con bajos sueldos y reducidas posibilidades de alcanzar una plaza de investigador (Powell, 2015); por sí sola, esta razón no explica por qué México en particular. Al respecto, recibimos respuestas diferentes, pero muchas remiten a lo disciplinario; por ejemplo, a intereses por profundizar en aspectos prácticos y realizar sin trabas trabajo de campo:

Para mí, era una gran oportunidad en términos del paisaje, porque es una región que no conocía [...]. Las arañas, aquí, son muy especiales, no puedo encontrarlas en otro lugar, además este ecosistema es muy especial también; para mí era una oportunidad en términos de “¿qué puedo hacer?” Pero, en términos de carrera, yo solamente sabía que quería continuar en lo que estaba, así que yo, al buscar, esta fue la principal razón [Entrevista 9].

Otras personas aluden a lo emocional, a estancias previas en México durante las que se sintieron cómodas; fueran realizadas por razones turísticas o por haber recibido becas para movilidad en ciclos anteriores de formación, visitas que les despertaron un sentimiento de proximidad:

Yo antes, como estudiante, viajaba varias veces a Latinoamérica, a diferentes países como Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, México [...]. Y me han gustado mucho estos viajes, como que me sentía muy cómodo con la gente, como muy acogedor y mucha hospitalidad. Y entonces pensé: “¿Qué tal sería trabajar en un lugar así y no solo ser visitante, turista?” [Ent. 14].

Sin demérito de tales razones, está finalmente el hecho de que México ostenta buenos indicadores de desarrollo científico, habiendo consolidado nichos de calidad. Representa una opción legítima para integrarse a un laboratorio reconocido. En esos casos, la decisión de migrar está claramente determinada por la invitación girada por un laboratorio, por un líder científico o bien por la calidad acreditada de un centro. Se facilita, en ocasiones, por la presencia de antecesores; es decir, de connacionales instalados en México y dispuestos a orientar a los recién llegados a lo largo de los procesos tortuosos de contratación y de acoplamiento a la vida diaria en los laboratorios:

Yo vi que México es como una de las primeras opciones en cuanto al desarrollo, en cuanto a las instituciones que ofrece: la UNAM, el Politécnico, etcétera. Y luego busqué un poquito más y supe que un [profesor de mi misma nacionalidad] había venido acá. Entonces yo dije: “Bueno es para mí una primera entrada [...], llego a un lugar que no conozco pero ya conozco a una persona que a lo mejor me puede ayudar con trámites, con burocracia”, cosas de migración que ni me imaginaba que me iban a esperar. Me dije: “Si tú vas a un lugar desconocido con gente desconocida, es más complicado que ir a un lugar desconocido con al menos una persona que ya conoces” [Ent. 17].

En efecto, de acuerdo con la creciente regulación de la profesión académica en el país, los procedimientos y trámites de selección de los aspirantes nacionales y extranjeros a un puesto de tiempo completo se han endurecido y alargado. Aunque las plazas concursables suelan ser difundidas en medios electrónicos y en gacetas disciplinarias internacionales, la identificación de una oferta laboral como una opción posible de trabajo depende frecuentemente de una comunicación directa con alguien. Ese alguien puede ser un colega con quien los informantes tienen un contacto profesional anterior, una relación de sus profesores, una persona encontrada en un congreso o estancia en México o un excompañero de doctorado o posdoctorado. Las conexiones remiten esencialmente a dos tipos de redes: la profesional disciplinaria y la afectiva. Ambas facilitan una interacción con mexicanos y con personas de la misma nacionalidad residentes en México. Puntualmente, un informante aludió a una red política ideológica: le sirvió para encontrar trabajos temporales, darse a conocer en círculos intelectuales y militantes, y diseminar los resultados de sus investigaciones académicas hasta lograr una contratación definitiva, después de transitar por varias instituciones, contratado por proyectos.

Otros informantes se quedaron después de concluir una estancia posdoctoral: cuando satisficieron las expectativas de los equipos en donde se insertaron obtuvieron, inmediatamente -o en diferido, por cuestiones administrativas- una plaza en su centro. Aunque a veces los compases de espera son dilatados y recordados como desesperantes o frustrantes por su indefinición, el reclutamiento fue bastante terso: se fundó en el convencimiento de que la contratación era de interés compartido, apostando al desarrollo de nuevas líneas de investigación, a la participación de los jóvenes investigadores en el trabajo del equipo y a su productividad individual.

Dos recorridos fueron, sin embargo, accidentados en ciencias sociales: uno concernió a una persona que realizó toda su escolaridad afuera; otro a alguien que obtuvo una cograduación entre México y su país de origen. Ambos informantes no ocupan actualmente el primer puesto que consiguieron y su asentamiento en una institución se dio después de una rotación en dos o tres establecimientos. Su recorrido de formación no fue convencional, su trayectoria profesional fue incierta y la decisión sobre el lugar donde consolidarla fue difícil de tomar.

Tengo una formación muy ecléctica y producto de las decisiones que he ido tomando si uno lo mira a nivel de los títulos: licenciatura en Comunicación Social, maestría en Sociología y doctorado en Estudios Latinoamericanos. Siento que me falta una identidad disciplinaria: esa no la he tenido, la he tenido multidisciplinaria, con ventajas y desventajas. Se ha conformado en torno al pensamiento social y político [Ent. 12].

Durante varios años, los entrevistados alternaron sus estancias en el país de origen y en México; en sus palabras, mantuvieron “un pie aquí, un pie allá” [Ent.12] o “el cuerpo en México, la mente en otra parte” [Ent. 4]. Las secuelas de esta disociación y partición entre dos países tardaron en disiparse varios años.

En suma, las motivaciones para instalarse en México son de corte relativamente clásico; mayoritariamente, de orden profesional,4 a diferencia de lo que ocurrió a lo largo del siglo XX, cuando los exilios políticos fueron las principales razones por las que los académicos extranjeros llegaron a México. En el mercado académico actual en el país, la migración es una estrategia que permite a sus actores valorar los capitales de saberes acumulados, en contraste con la devaluación de las competencias que afecta a otros grupos socioprofesionales, en esa misma situación de traslado al extranjero (Bauder, 2015).

La inserción profesional

Entre los jóvenes científicos, lograr una contratación augura una permanencia de cierta duración en el país huésped. Sin embargo, que se establezcan definitivamente en México depende asimismo de factores personales, tales como la disposición del cónyugue (cualquiera que sea su nacionalidad), las condiciones familiares y las posibilidades de retorno o de re-emigración. Todos los informantes hablaron, con más o menos lujo de detalles, de esas situaciones. No mencionaremos historias personales por respeto a la vida privada: sólo señalaremos que el hecho de que una pareja encontrara puestos satisfactorios para ambos fue esencial en su decisión de quedarse. Del lado positivo, porque los ingresos y las posibilidades de desarrollo personal son mayores; del negativo, por la dificultad de encontrar en otros países no sólo uno, sino dos puestos en la misma institución. Particularmente en entidades federativas y en ciudades donde las opciones de trabajo son escasas, que la pareja sea contratada en bloque determina la estabilidad posterior.

Independientemente de especificidades individuales, asentarse en una institución está vinculado con las condiciones de ejercicio profesional que ésta provee: los entrevistados consideraron satisfactorias sus oportunidades de realizar prácticas de campo en disciplinas empíricas, asesorar a estudiantes, mantener actividades de cooperación científica, hacer prosperar contactos internacionales y publicar. Algunos puntualizaron incluso que las condiciones de trabajo en México no son inferiores a las ofrecidas por los países desarrollados, principalmente en los establecimientos cuyo mandato principal es la investigación:

Entonces yo solicito trabajo a varias universidades estadounidenses, recibo varias ofertas de empleo pero, un día, me contacta un investigador de aquí: “ah, en qué andas, fíjate que creo que me voy a ir a trabajar afuera, tengo una oferta muy buena, también tengo otra en [...], estoy en lista de espera en [...]; ¿por qué no te vienes acá?”; en aquel entonces, las condiciones de trabajo a corto plazo eran peores aquí que allá, pero a mediano plazo [...] no tan mediano, sino digamos como tres o cuatro años, eran iguales, y a largo plazo son mejores aquí que en Estados Unidos, y entonces pues, ahí, primero, lo racional de esa parte, del académico [Ent.10].

Cuando los establecimientos están apenas consolidando la investigación, las condiciones institucionales de inserción y de desarrollo profesional, en ausencia de una experiencia en materia de interacción con los académicos extranjeros, son más complicadas; aunque estén matizadas por las condiciones de organización del laboratorio, no siempre resultan adecuadas.

En relación con el clima institucional, los entrevistados mencionaron recurrentemente que su adaptación fue facilitada por la calidad que ellos perciben respecto de su centro o de su equipo. Insertarse en un espacio laboral con prestigio reconocido, aunque no sea entre los primeros en un entorno disciplinario globalizado, es un motivo de satisfacción para quienes pretenden posicionarse en un nicho preciso de conocimiento y están todavía dándose a conocer en tanto investigadores nóveles. Apelan, por cierto, a un ethos profesional global y a formas organizativas transversales para explicar su satisfacción: “La investigación en México ya es muy avanzada, ya no veo mucha diferencia en ese sentido, en las metodologías, adquisición y formas del conocimiento, estamos muy nivelados” [Ent. 2].

Estar orgulloso de la institución donde uno trabaja influye en los grados de adhesión a ella. Así, los entrevistados aceptan sacrificar actividades importantes para su promoción personal en aras de contribuir al desarrollo institucional; por ejemplo, consolidando un posgrado hasta meterlo en el Padrón Nacional de Posgrados de Calidad del Conacyt, o invirtiendo tiempo para garantizar la sustentabilidad de un grupo de investigación. Pese a que los científicos extranjeros en México se adaptaron rápidamente a una cultura científica relativamente desligada de los territorios nacionales en donde está arraigada organizacionalmente, señalaron aspectos problemáticos: el primero es que el funcionamiento del sistema científico está supeditado, más allá de la retórica y del script,5 a los juegos políticos y al poder de la burocracia. Les irritan el control de las prácticas disciplinarias o la contaminación de las reglas de conducta científica por agentes percibidos como externos, ajenos e ilegítimos; evocan múltiples situaciones tensas respecto del desacoplamiento entre las narrativas sobre la “excelencia” y las prácticas de poder institucionales. En las universidades públicas denuncian que imperan, de manera muy fuerte, celos profesionales y una baja tolerancia a la otredad (aunque a veces esa reacción de rechazo sea compartida por quienes se sienten afectados). Los centros de investigación, si bien dan más importancia discursiva a los parámetros de respeto a la autonomía intelectual y al reconocimiento a la labor científica, no están exentos de conductas disruptivas tales como el amiguismo, el clientelismo y el favoritismo:

Cuando llegue aquí, estuve en la maestría [en calidad de profesora], como siete años. Ahí sí estuvo muy feo porque era extranjera y sola. Y extranjera quiere decir “no [de esa ciudad y estado]”. Y como ellos estudiaron la maestría [aquí] y se quedaron aquí, como que la endogamia es muy fuerte. Y llegué yo con doctorado y ellos no tenían doctorado y [...] pues, pronto entré al SNI y fue como mucho, muchísimos celos profesionales y hostigamiento muy feo [Ent. 16].

La inserción en el laboratorio es más o menos armoniosa: su curso específico depende de la posibilidad que los investigadores tienen de dedicarle tiempo suficiente a la investigación en relación con tareas que los colegas rehúsan desempeñar -como los puestos administrativos- y que son consustanciales a una vida científica dominada por la obligación de rendir cuentas sobre lo significativo y, asimismo, sobre lo insignificante. Las oportunidades que abren o no los equipos a sus nuevos integrantes de convertirse en un especialista -en palabras de un entrevistado, “no ser solamente un ayudante o un clon de alguien” [Ent. 17]-, de impartir docencia en los posgrados acreditados y de recibir a doctorantes y a posdoctorantes, propician que los jóvenes académicos se “sientan parte de [...]”. Las críticas al funcionamiento de los equipos de investigación se vierten esencialmente sobre las trabas diarias a la productividad académica, por la falta de reacción oportuna de las dependencias de apoyo administrativo y por la impunidad de los proveedores en el suministro de los servicios para los que fueron contratados:

Para llegar a la superpunta, yo siento que esto va a ser difícil [...]. Publicamos cosas novedosas a muy buen nivel, pero [...]. Yo siento que teniendo mejores equipos, teniendo mejor servicio de equipo, más facilidad de comprar, pedir [...], bueno, más bien recibir reactivos con más facilidad [...], yo creo que uno podría publicar aún mejor, hacer más cosas. Por eso digo, sí, hacemos cosas buenas a nivel internacional, pero hacia arriba nos falla un poquito, porque [...]. Por dar algunos ejemplos: si se descompone aquí un equipo analítico, las compañías [...], hasta que llegue el servicio, se pasan algunas semanas, hasta que te reparen el equipo, pasan algunos meses, y esto no pasaría en Estados Unidos. Por ejemplo, allá tienes un servicio de 24 horas, si no lo arreglan a los tres días tienen problemas severos [...]. Yo siento que es una limitación fuerte que nos impide llegar a niveles más altos [Ent. 11].

Otros reparos conciernen a una tendencia a la autodenigración por parte de los científicos mexicanos, combinada con una insuficiente promoción internacional de las ventajas del país en cuanto a formación de estudiantes internacionales y a producción de resultados científicos:

[Los estudiantes extranjeros] generalmente hacen [estancias] breves. Muchos se sorprenden, cuando vienen a México, del alto nivel que tenemos aquí. Los mexicanos mismos se sienten como que: “Ay, somos chafas, somos malos”, pero muchos tienen la idea del México de antes, del “ahí no se puede hacer nada”. Entonces, para ellos, [los estudiantes extranjeros] que piensan en terminar a tiempo tienen miedo de quedarse medio año o un año [...]. Entonces, las estancias allá son más cortas [Ent. 3].

Son llamativos los niveles que tienen los jóvenes científicos extranjeros de información y utilización de los programas de apoyo a la ciencia del Conacyt. Son su fuente primordial para conseguir recursos externos, salvaguardar las limitaciones institucionales con vistas a financiar actividades de investigación (producción y difusión) e incluso responder a peculiaridades disciplinarias del quehacer científico, por ejemplo, los pagos para la revisión de artículos científicos en las revistas indexadas. El SNI a su vez representa el principal dispositivo de referencia en torno al cual ellos arman sus estrategias profesionales, independientemente de las críticas expresadas sobre su funcionamiento y sus criterios de evaluación:

Eso es una gran injusticia, la evaluación sin los medios justos, por lo cual es más fácil buscar flujos de dinero por medio de fundaciones o proyectos externos, incluso es la experiencia de varios colegas. Hay mucha frustración en el tema de que el SNI vea realmente la productividad. ¿Cómo miden la incidencia en política pública? Eso es lo que nosotros estamos haciendo: junto con el Congreso de la Unión, sacamos la Ley de [...], eso no se mide, pero tiene un valor importante para el país [Ent. 13].

La inscripción de las trayectorias individuales en la órbita del Conacyt produce una alineación de sus recorridos profesionales sobre un esquema estandarizado de carrera científica, con normas de desempeño inspiradas en las ciencias duras: sus hojas de vida muestran en lo general publicaciones tempranas, preferentemente en revistas con factor de impacto, la especialización en un tema, artículos en inglés y una inscripción en circuitos globalizados y redes de producción. Cada vez son menos los perfiles originales que caracterizaron a los fundadores de la ciencia mexicana, incluyendo a los extranjeros: las únicas variaciones, sobre una misma partitura, conciernen al ritmo de las trayectorias científicas, en función de las capacidades y habilidades de cada quien para cumplir con las exigencias del SNI, con las condiciones institucionales y con los requerimientos de proyección en el exterior. Ese grado de normalización es menor en ciencias sociales y humanas, donde todavía -quizá residualmente- se escuchan voces que critican ese modelo del buen científico: abogan por una inscripción territorial y global de las investigaciones, referida no exclusivamente a una ciencia mundial sino a entornos geográficos de proximidad, y a agendas de indagación que responden a lo que Andrés Molina Enríquez, uno de los padres de la sociología mexicana, denominó “los grandes problemas nacionales”.

Más allá de esos contrastes disciplinarios e independientemente de cómo (re)definir el papel y las responsabilidades de los investigadores, los jóvenes científicos extranjeros radicados en México son partidarios de asegurar la calidad, a escala de la institución y de los programas. Lo consideran indispensable para obtener visibilidad y notoriedad. Esa es una diferencia con sus colegas mexicanos, más críticos al respecto. Igualmente, opinan que en México los grupos científicos mejorarían si desarrollasen perspectivas conceptuales o metodológicas, principalmente las comparativas y las interdisciplinarias. Finalmente, enjuician severamente el paternalismo y el asistencialismo que caracterizan a las prácticas de formación de los estudiantes. Recomiendan revisar a fondo los planes de estudio, en particular la secuencia de las materias, los equilibrios entre actividades prácticas y teóricas y, sobre todo, abogan por fomentar que los estudiantes adquieran una mayor autonomía y sentido de responsabilidad:

Allá te acostumbras a los cálculos que tienes que hacer, a las medidas de seguridad que tienes que tener en el laboratorio [...]. No son así, cosas enormes, son una semana, dos semanas, pero uno llega a un laboratorio un poquito más preparado. Y aquí es al contrario: te llegan a veces tesistas y están muy inocentes en este contexto, no han visto nada. Yo siento que es una desventaja aquí. Bueno, hay que empezar a un nivel mucho más bajo [Ent. 2].

Señalan con frecuencia disfunciones que remiten a la idiosincrasia nacional y cuya remoción implicaría una autorreflexión y autoevaluación improbables de producirse en el marco actual de ejercicio de la enseñanza. Advierten que sería importante precisar las responsabilidades de un tutor en la educación superior y cuidar la elección de un tema de tesis y su contextualización en líneas de investigación colectivas o individuales:

A mí me molesta mucho la asignación de estudiantes a los maestros como si fueran pedazos de carne, para empezar. Yo considero que los estudiantes tienen que tener cierta libertad para escoger quién tiene que ser su tutor, su director de tesis o lo que sea. Partiendo de ahí, a mí me da igual tener puntos en el SNI o no tener puntos en el SNI por tener un estudiante. Lo que quiero es que el estudiante esté cómodo, lo que quiero es que el estudiante aprenda y crezcamos juntos porque [...]. Es más: ¡yo aprendo de mis estudiantes! [Ent. 5].

El análisis de las relaciones mantenidas con los estudiantes desemboca en cuestionamientos a las interacciones entre actores situados en posiciones jerárquicas diferenciadas y a la posibilidad concreta de evaluar los desempeños estudiantiles mediante criterios meritocráticos, en una cultura universitaria proteccionista, con componentes demagógicos. Los académicos extranjeros instan frecuente pero infructuosamente a sus colegas a discutir los resultados del aprendizaje en términos de exigencias científicas, no de lo estratégicamente conveniente (cumplir los criterios del Conacyt) o de lo políticamente correcto (no discriminación y redistribución de oportunidades). En su opinión, la mezcla de esas dimensiones y la laxitud en las calificaciones finales no sólo vacían de sustancia cualquier reforma curricular, sino que dificultan operar cambios sustanciales:

A lo mejor aquí en unos contextos se podría poner más estricta la gente como en exámenes. Como aquí luego [...]. Bueno allá también es así, pasan muchos que no deberían de pasar o haber pasado, pero se da en ambos países. Pero yo siento que aquí como que cierran más el ojo: “Bueno ya [vamos a dejarlo] pasar, ya invirtió tantos años” [Ent. 8].

Un tercer asunto que los informantes perciben como problemático es el de los objetivos de aprendizaje, definidos como adquisición de contenidos más que como desarrollo de capacidades de argumentación y razonamiento científicos:

En México se privilegia la cantidad de información, los alumnos de [mi país] veníamos mejor preparados a discutir, plantear problemas, hacer cuestionamientos. Estábamos más entrenados en eso y tal vez menos en cantidad de información. Mis compañeros mexicanos, tenía la impresión que sabían mucho en términos de información y que, a lo mejor, problematizaban menos, debatían menos cuestiones [...]. No quiero caer en un prejuicio porque a lo mejor sería exagerado, pero quizá buscarle más profundidad, reflexión [Ent. 6].

En consecuencia, los investigadores extranjeros -principalmente los europeos- a diferencia de lo que ocurre con la investigación, se sienten ajenos a la idiosincrasia nacional relativa a la formación de nuevos científicos. Mientras se adaptan con facilidad a las exigencias de productividad, aceptan difícilmente las prácticas de atención de estudiantes. Opinan que la cultura científica mexicana está escindida entre una interiorización de normas internacionales en cuanto a investigación y, en cuanto a enseñanza, un apego a dinámicas domésticas, repetitivas, de transmisión de los saberes, incompatible con la formación de estudiantes críticos y creativos.

Internacionalización y redes de asociatividad: entre lo “apropiado” y lo propio

Los entrevistados señalaron que los obstáculos confrontados durante su proceso de integración a la institución y a los equipos receptores pusieron en juego sus identidades profesionales y personales. La necesidad de sortear tensiones y obstáculos en el entorno inmediato implicó que buscaran insertarse en circuitos disciplinarios extrainstitucionales, en las escalas nacional e internacional, para conservar márgenes de maniobra y resolver cuestiones residuales de adaptación. La migración representa en efecto un punto de inflexión en la vida profesional y las redes asociativas y disciplinarias facilitan el reposicionamiento laboral de quienes pertenecen a ellas (Grosseti y Barth, 2008):

Hace dos años y medio que estoy [aquí]; apenas ahora estoy desarrollando ya mis propios vínculos. En un primer momento, uno pide prestado y afortunadamente tuve la gran suerte de integrarme al grupo de investigación al que pertenezco y entonces, pues, personas clave me fueron presentadas por las personas del grupo. Ahora ya estoy en una situación un poco diferente, porque ya soy yo la que establece los contactos o las redes, pero, en un primer momento, cuando uno llega, llega diciendo: “bueno a ver qué me encuentro”. Establecí redes, pero con la Universidad de [...], es decir, otros estudiantes de la Universidad de [...] aquí en México, eso sí. Pero estoy en un proceso apenas de formación de redes debido, primero, a la fortaleza del grupo de investigación aquí y, en segundo término, por el poco tiempo que hace que estoy acá. A veces es un poco complicado el hecho de ser extranjero, de cómo relacionarse y todo [Ent. 16].

Las interacciones profesionales y/o personales con conciudadanos o con otros extranjeros son, como lo señalamos, lo mismo consecuencia que antecedente de la migración. Varios entrevistados participan simultáneamente en distintas redes, según sus situaciones, actividades e intereses propios. Opinan que siempre es posible reactivar redes latentes cuando es necesario, por demanda o por oferta.

Sus redes disciplinarias aglutinan grupos líderes e incipientes. Están aglutinadas por intereses mutuos en temáticas similares; se encuentran focalizadas en la generación de conocimientos mediante el uso compartido de recursos para producir, validar y diseminar resultados; auspician las coautorías, convocando a gente con capacidades o perspectivas complementarias o diferentes. En cuanto al tamaño, suelen ser pequeñas y organizadas en torno a propósitos concretos. Los entrevistados se integraron a ellas por invitación debido a sus intervenciones en congresos, a la publicación de artículos o bien por herencia, cuando sus laboratorios de adscripción decidieron aunar sus recursos. Incluyen ocasionalmente a investigadores renombrados, nacionales e internacionales -que son garantes de la seriedad y confiabilidad de los colaboradores- y a jóvenes investigadores que están a cargo de los aspectos prácticos y experimentales.

Otras redes, en el cruce de los ámbitos profesionales y afectivos, están construidas con pares cercanos, en los países de origen o titulación de los entrevistados. Una tendencia es su bajo perfil, durante los primeros años de adaptación posmigratoria y su reactivación ulterior. No obstante, cuando los científicos estudiaron allí donde nacieron, es más frecuente que sus redes no entren en receso temporal: incluso representan un mecanismo importante para que los jóvenes académicos extranjeros se ubiquen en sus instituciones de recepción y les permiten satisfacer las exigencias implícitas de socializar sus conexiones científicas con colegas mexicanos cercanos. En muchas ocasiones, ayudan a los entrevistados a combinar actividades de movilidad profesional con estancias para ver a la familia, altamente valoradas cuando los padres o los hermanos no pueden costear viajes frecuentes a México.

Los informantes empezaron a participar en redes durante los estudios de doctorado, lo que comprueba su importancia como esquemas legítimos de organización profesional desde los inicios de la trayectoria: al igual que las publicaciones y las coautorías, representan una actividad reconocida y valorada por los mecanismos de evaluación de desempeño. Las interdependencias que generan permiten a quienes las integran acumular capital social e intelectual con el fin de producir y tener presencia en arenas competidas.6

Además de las redes, otro esquema de agrupación científica en el que son activos los jóvenes investigadores extranjeros es el de las asociaciones disciplinarias, altamente especializadas. Prácticamente, todos combinan dos tipos de pertenencia: uno se da en sociedades científicas nacionales, en las cuales les permiten penetrar y mantenerse visibles en los escenarios de su país de adopción e incluso en su institución; otro está enfocado a asociaciones de gran tamaño que celebran congresos masivos, administran revistas indexadas donde publicar y representan espacios globalizados de interacción disciplinaria, indispensables para la proyección internacional de científicos en ciernes. Algunos entrevistados distinguen los lugares de producción científica -redes, institución- y los espacios en donde uno se relaciona -seminarios internacionales. Calculan sus niveles de implicación en función de costos- beneficios imputados a las inversiones demandadas por la asistencia a congresos y la pertenencia activa a asociaciones internacionales.

Finalmente, algunas diásporas extranjeras en México están organizadas sobre una base nacional; las embajadas o las agencias de cooperación auspician asociaciones o bien dispositivos puente con perfil científico, los cuales facilitan la adaptación al país de los jóvenes investigadores foráneos, sustentan una socialización híbrida que se despliega hacia colegas extranjeros, a partir de un colectivo identitario y, eventualmente, brindan apoyos para la cooperación bilateral. Alemanes, españoles y franceses recurren a esos mecanismos para el montaje de pequeños proyectos y participan, si son requeridos, como evaluadores o profesores huéspedes de estudiantes de sus países de origen, cuando los responsables de cooperación en sus embajadas o sus colegas se lo solicitan. Aunque estiman a veces que es excesivo el tiempo invertido en tales actividades (que duplica el gastado en evaluaciones), realizadas para la institución o el Conacyt, consideran que son indispensables con el objetivo de preservar conexiones científicas con grupos de pares de la misma nacionalidad, sean instalados en el país de origen o en el de migración. Igualmente, las valoran como un “respiro”, ya que les permiten trabajar a partir de valores y representaciones comunes y con base en acuerdos tácitos. Si bien por lo general los informantes consideran conveniente tomar la nacionalidad mexicana desde una óptica racional (ahorrar el tiempo de renovar la visa), sobre todo desde que México aceptó la doble nacionalidad, muchos sienten el compromiso de conservar relaciones profesionales con su país, como un espacio de proyección y reaseguramiento personal.

Comentarios finales

Una comparación entre los científicos menores de cuarenta años y otras categorías de científicos extranjeros indica que las actitudes y estrategias de los primeros se diferencian considerablemente de las de sus mayores. Si bien todos comparten apreciaciones constantes -sentirse bien en México pese a… (machismo, inseguridad, etcétera)-, los integrantes del grupo de referencia expresan opiniones sobre la identidad profesional de los científicos y las prácticas vinculadas con el oficio en el país distintas a las de sus mayores.

La formalización creciente de las reglas del juego académico ha producido una estandarización de los criterios de definición del buen investigador sobre los preponderantes en los países desarrollados -y quizás incluso una hipertrofia de los mismos. Los jóvenes científicos opinan generalmente que esa alineación les favoreció, en la medida en que implicó rápidas y hondas transformaciones en las conductas y formas de productividad de la comunidad huésped, asemejándolas a las ya asentadas en los países donde estudiaron, cuando proceden de países desarrollados. El proceso de transición de la profesión académica fue benéfico, siéndoles más fácil sobrellevar las transformaciones que acarrea que a sus homólogos mexicanos, debido a sus antecedentes de formación. No obstante, las condiciones concretas de trabajo, las interacciones sociales y culturales, y las representaciones profesionales idiosincrásicas también los obligaron a vivir procesos inesperados de adaptación. Los académicos extranjeros en México confrontan una tensión entre lo formal y lo cotidiano, lo cual los obliga a movilizar habilidades de acomodo en procesos dilatados de adaptación.

La decisión de quedarse en el país, temporal o definitivamente, depende por lo tanto de balances de situación recurrentes (comparación de ventajas/desventajas) y de las oportunidades de proyección profesional brindadas por los equipos de acogida. En ese sentido, el núcleo principal respecto del que los científicos extranjeros evalúan sus contribuciones y sus necesidades no es el establecimiento en su complejidad, sino el área disciplinaria, el equipo o el laboratorio al que pertenecen.

En términos de políticas, lo anterior implica que medidas específicas de integración de los jóvenes científicos extranjeros deberían ser instrumentadas a fin de complementar las de atracción que funcionan actualmente; convendría que facilitaran su integración institucional para optimizar los beneficios que derivan de su instalación y activar de manera más eficaz sus competencias, a escala institucional y disciplinaria, tomando en cuenta los distintos subgrupos que componen un universo heterogéneo

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1Agradezco a María Cecilia Oviedo Mendoza, Jessica Badillo, Edgar Góngora Jaramillo, Araceli Beltrán, Ivonne Pineda, Marcela Narezo, Nayeli Jiménez, Nancy Mena y Carlos Mario Dimas los levantamientos y/o transcripciones de entrevistas realizados.

2“While mobility can induce scientific collaboration, new or existing collaboration ties may also drive mobility decisions, i.e. the link between mobility and collaboration is likely to run in both directions” (Appelt et al., 2015: 6).

3“Of note in the literature has been a growing focus on developing countries and their ability to participate in scientific collaboration. UNESCO reports that the rise in the number of internationally coauthored articles has happened along with a rise in scientific capacity among developing countries. Much of this rise takes place through connections to developed countries, as scholars have observed for some time (see Allen, Piepmeier, and Cooney already in the 1960s observing that international gatekeepers may have a central function in the network). UNESCO further reports that, as scientific capacity has grown, the number of trained STEM workers (science, technology, engineering, and mathematics) is rising. Other research shows a rapid increase in student exchanges at the international level. These trends increase the capability and number of researchers available for collaborative research” (Wagner, Park y Leydesdorff, 2015: 2).

4“Immigrant scientists were asked to evaluate the importance of fourteen possible reasons for coming to work in their current country of residence. Virtually no variation exists across country in response. The ‘opportunity to improve my future career prospects’ and the presence of ‘outstanding faculty, colleagues or research team’ trump all other reasons. ‘Excellence/prestige of the foreign institution in my area of research’ and the ‘opportunity to extend my network of international relationships’ tie for third place. Regardless of country, respondents list family reasons or fringe benefits last among reasons for coming to work in a foreign country” (Franzoni, Scellato y Stephan, 2012: 9).

5Es posible identificar scripts a escala internacional; es decir, “prescripciones normativas que circulan en el entorno institucional de las universidades y enuncian propuestas legítimas, normas, estándares que los establecimientos deben adoptar si pretender parecer racionales y eficaces” (Musselin, 2008: 15).

6“Contemporary network theories see social structure as consisting of a set of social relationships or links between different actors such as people, organizations, countries or events. Network theories assume that actors and their actions (or influences) are interdependent rather than independent” (Wasserman and Faust, 1994, citado en Barnet et al., 2015: 2).

Recibido: 22 de Octubre de 2015; Aprobado: 30 de Julio de 2016

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