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Sociológica (México)

versión On-line ISSN 2007-8358versión impresa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.31 no.89 México sep./dic. 2016

 

Reseñas

Por el derecho a permanecer y a pertenecer. Una sociología de la lucha de migrantes, de Amarela Varela

Alejandra Aquino Moreschi* 

*Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, unidad Pacífico Sur. Correo electrónico: alejandra.aquinom@yahoo.com

Varela, Amarela. Por el derecho a permanecer y a pertenecer. Una sociología de la lucha de migrantes. Navarra: Traficantes de Sueños, 2013. 242p.


El libro que nos presenta Amarela Varela, Por el derecho a permanecer y a pertenecer. Una sociología de la lucha de migrantes contiene, como ella misma señala, una serie de postales que retratan las motivaciones, los caminos, las estrategias y las reflexiones recorridas por el movimiento de los migrantes en Barcelona entre 2001 y 2005. En dichas postales la autora nos muestra de manera muy detallada cómo los migrantes irregularizados por las leyes de extranjería y las políticas que las ponen en marcha llegan a convertirse en un movimiento social que salió a las calles a exigir "papeles y derechos para todas y todos y sin condiciones".

La presente obra aporta tanto reflexiones teóricas como evidencia empírica que contribuyen a desarmar algunos de los discursos dominantes sobre los migrantes y la migración. Principalmente aquellos argumentos encaminados a negar la agencia política de los migrantes; y lo hace narrando detalladamente las etapas y ciclos de las protestas, así como las acciones que emprendieron hasta convertirse en un actor social central en la escena catalana. Dentro del repertorio de acciones colectivas resultan particularmente impactantes los encierros de migrantes en iglesias o universidades y las acampadas en diferentes plazas públicas, una forma radical de hacerse visibles en el espacio público y de ejercer de facto su ciudadanía, ya que el mayor riesgo que puede tomar una persona "sin papeles" es poner el cuerpo en el espacio público. Como señala Varela, es un movimiento que asumió "el riesgo de visibilizarse desde el rol social que los criminaliza" (p. 104).

La autora también documenta la respuesta del Estado y muestra que si bien las movilizaciones de los migrantes obligaron al gobierno a abrir una mesa de negociación para discutir la regularización de su situación jurídica, éste nunca aceptó reconocerlos como actores políticos, ni realizar una regularización "sin condiciones", como demandaba el movimiento. Además de que no renunció a reprimirlo violentamente vía desalojos, detenciones y deportaciones.

La investigación está sustentada en el trabajo de Varela con la asociación Cornella Sin Fronteras, una de las tres principales organizaciones del movimiento migrante, en la que participaban principalmente personas de origen amazigh del sur de Marruecos, aunque el contenido del libro y las reflexiones que presenta trascienden el estudio de caso. Ella define su trabajo como un ejercicio de "investigación militante", y en él se puede ver que no se trata de una declaración sin fondo, sino de una práctica y un compromiso que la autora asumió en el largo plazo, ya que militó en el movimiento en calidad de migrante, y aunque sí tenía papeles y gozaba de una beca para realizar sus estudios, también compartía el hecho de ser mirada y tratada como extranjera.

En la introducción Amarela Varela nos ofrece una reflexión metodológica muy interesante, por medio de la cual "sitúa su conocimiento" y nos enseña en medio de qué tensiones existenciales se gestó su investigación, mismas que surgen cuando existe un compromiso con los "sujetos de estudio" y cuando en este "ejercicio" de investigación uno se juega más que su grado académico. Por ejemplo, señala la sensación de sentirse incómoda a lo largo de su trabajo, la incomodidad existencial que puede provocar asumirse como académica que estudia el movimiento social en el que participa; o la de verse como militante con mayores prerrogativas que sus compañeros de lucha; esa de situarse en medio de dos campos con sus propias lógicas y objetivos, muchas veces contradictorios. Esta incomodidad sufrida por Varela a lo largo de la investigación fue también un buen antídoto que le sirvió para no dejar de problematizarse, para evitar terminar por sentirse a gusto con el privilegio que da el lugar del investigador, y para no alinearse con ciertos enfoques dominantes que, como ella misma lo señala, muchas veces tienden a victimizar, folclorizar, etnificar o miserabilizar a los migrantes.

El libro se ubica en el cruce de los estudios sobre la migración y los movimientos sociales. Su investigación se apoya centralmente en la teoría de los ciclos de protesta de Sidney Tarrow, misma que le permite reconstruir detalladamente la cronología de la lucha migrante en Barcelona. Además, opta por asumir un enfoque muy centrado en el sujeto, y poner en primer plano la capacidad de agencia de los migrantes, pero no lo hace de manera ingenua o despolitizada, sino que por el contrario, uno de los logros de su trabajo es que sitúa adecuadamente esta lucha en un contexto estructural; por ejemplo, dedica muchas páginas a explicar cómo funciona el régimen de fronteras o las consecuencias que ha tenido el sistema neoliberal en la vida de las personas. Entonces, aunque asuma el enfoque desde el sujeto, hace una crítica a las posturas que celebran el nomadismo o el transnacionalismo como una práctica liberadora y sin consecuencias (p. 45).

Para definir al movimiento de los migrantes, Varela en lugar de recurrir a un enfoque de clases, desde el que éstos serían vistos centralmente como trabajadores, prefiere priorizar su identidad como migrantes ilegalizados, ya que ellos así lo hacen. Además, señala que aunque se trate de una identidad impuesta por las leyes migratorias, estigmatizante y difícil de asumir, en el contexto de la lucha ha permitido que personas con orígenes muy diversos encuentren un punto en común desde donde visibilizar su situación y luchar por un reconocimiento jurídico y político. Este enfoque es también una decisión política, porque se toma en un contexto donde el Estado inició un proceso de legalización que únicamente consideraba como personas regularizables a aquellos que tuvieran un contrato de trabajo, dejando fuera los otros casos.

Otro de los aciertos teóricos que encuentro en el análisis de la autora es que para definir al movimiento toma distancia de los enfoques centrados en la etnicidad y en la diferencia cultural, y en cambio le da prioridad a la identidad política previa de los militantes del movimiento, ya que para ella lo importante es la historia y los repertorios de lucha que las personas portan con ellos durante su migración. Esta posición la aleja de interpretaciones culturalistas despolitizadas que muchas veces terminan por contribuir a la etnización o racialización de los migrantes.

Una de las partes más interesantes del libro es el análisis sobre el proceso de regularización iniciado en 2005 por el gobierno español. Amarela visibiliza las trampas y límites de estas regularizaciones parciales. Por ejemplo, el que uno de los criterios para ser regularizado fuera contar con un contrato de trabajo de tiempo completo y con duración de un año dejó fuera a muchísimas personas, ya que en el contexto actual es muy difícil de obtener un contrato de este tipo, pues lo que predomina es el trabajo informal, a tiempo parcial y sin mediación de ningún tipo de regulación. Este fue el caso de muchas mujeres migrantes dedicadas a los trabajos de cuidado y atención a las personas -ya fuera limpieza de casas, cuidado de niños y ancianos o trabajo sexual. En realidad no es una sorpresa que para los Estados que reciben migrantes el criterio prioritario sea este, pues como muchos autores han mostrado ya, al migrante sólo se le acepta en calidad de "fuerza de trabajo" de fácil explotación, pero difícilmente será reconocido y bienvenido en tanto persona con derechos.

Otra de las consecuencias que tuvo el proceso de regularización de 2005 fue debilitar la dinámica colectiva de la lucha, ya que la demanda de legalización ante la administración se tenía que hacer de forma individual, es decir, cada migrante tuvo que hacerse cargo de su trámite, y aunque contaban con el apoyo de toda una red solidaria, Varela muestra cómo la medida terminó por fragmentar el impulso colectivo del movimiento.

Finalmente, este modelo de regularización logró dividir a los migrantes entre aquellos que sí cumplían con los requisitos establecidos por el Estado y, por lo tanto, se convirtieron en migrantes "permitidos y deseables", frente a aquellos a quienes les fue imposible cumplir con ellos y fueron aún más criminalizados y considerados "indeseables".

Otra de las partes del libro que resulta clave para comprender el sentido profundo de las luchas migrantes es donde narra cómo a pesar de la represión gubernamental y de la desmovilización y atomización que provocó el proceso de regularización, el movimiento experimenta un salto cualitativo en sus demandas. Es decir, llegó a la convicción de que no es suficiente exigir simplemente "papeles", sino que es necesario asegurar que la regularización incluya a todos y vaya acompañada del "derecho a tener derechos". Porque un reconocimiento jurídico limitado -como el que se contempla en las reformas migratorias- deja fuera a muchos migrantes que no cumplen con los requisitos, y los condena a los mercados de trabajo más precarios, así como a la subordinación y dependencia de sus patrones, además de que no les asegura el acceso a los mismos derechos que otros ciudadanos.

"Papeles y derechos para todos y todas y sin condiciones" no sólo es una consigna. Esta demanda del movimiento pone en cuestión el tipo de gestión que la Unión Europea ha priorizado para controlar las migraciones que recibe, porque como lo muestra Varela, más que una demanda, es un ideal normativo y como tal amplía los horizontes políticos que hoy dominan nuestras sociedades. Además, se atreve a pedir derechos para todos y todas en un contexto donde la tendencia es reducir los ganados en otras épocas y donde por momentos pareciera que nos hemos resignado a perderlos.

Amarela Varela, como parte de la lucha de los migrantes, hace suyo este ideal normativo y lo defiende en este libro como socióloga comprometida con producir conocimiento emancipatorio, que ayude a imaginar que otros mundos son posibles. Por ejemplo, un mundo en el que la libre circulación se convierta en un derecho garantizado y venga acompañado del derecho a establecerse en otra sociedad en condiciones dignas, así como del "derecho a tener derechos".

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