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Sociológica (México)

versión On-line ISSN 2007-8358versión impresa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.28 no.78 México ene./abr. 2013

 

Artículos

 

Los migrantes de retorno ante un futuro incierto

 

Return Migrants in the Face of an Uncertain Future

 

Francis Mestries1

 

1Profesor-investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Correo electrónico: frmestries@gmail.com

 

Fecha de recepción: 17/01/13
Fecha de aceptación: 25/03/13

 

Resumen

El tema del retorno de los migrantes internacionales se ha puesto de actualidad con el estallido de la crisis mundial de 2007, acicateada por la contracción del mercado laboral y la agudización de la política de contención de la migración indocumentada en Estados Unidos. En esta tesitura, los hallazgos de estudios anteriores sobre el retorno migrante requieren ser replanteados a la luz del incremento de los retornos forzados (deportados) o no planeados y precarios, afectando las posibilidades de reinstalación duradera en México. El presente trabajo explora los motivos y formas de retorno migrante en una región de Veracruz con migración emergente.

Palabras clave: crisis económica, cerco migratorio, migrante de retorno, migración por objetivos, reinserción laboral, circularidad migratoria.

 

Abstract

The issue of the return of international migrants has come to the fore with the outbreak of the 2007 world crisis, spurred by the contraction in the labor market and the deepening of the U.S. policy to contain undocumented immigration into the country. Along those same lines, findings from previous studies about return migration need to be reformulated in light of the increase in forced returns (deportations) or un-planned, precarious returns, which affect the possibility of people establishing themselves for a prolonged period in Mexico. This article explores the reasons for and the forms of return migration in a part of Veracruz with emerging migration.

Key words: economic crisis, migratory barrier, return migrant, migration by objectives, labor reinsertion, migration circularity.

 

Este artículo indaga un tópico relativamente nuevo en torno a los estudios migratorios: el retorno de migrantes internacionales después de permanecer varios años en el país de acogida que deciden quedarse en su país de origen, o al menos intentan cumplir ese anhelo. Lo anterior podría parecer paradójico a la luz de las tendencias de establecimiento de los migrantes en sus países de destino en todo el mundo desde hace treinta años:

Inmigrar es una acción con deseo de futuro, un movimiento que no mira hacia atrás para evitar ser convertido en estatua de sal. El resultado de este cambio de perspectiva es que los retornos son reducidos y las expectativas son puestas en el lugar de destino. [...] El retorno no es recomendable cuando las cosas van bien y difícil de aceptar cuando van mal. El punto es que desde la crisis de 1970, el plan inicial de los migrantes es cada vez más un plan de instalación. El ritmo de este cambio de planes, de la estancia temporal al establecimiento, se aceleró a consecuencia de una serie de fracasos en el país de origen y varios tipos de impactos en el país huésped. [...] En muchos países receptores, los inmigrantes ya no se esfuerzan tanto como las generaciones previas en ahorrar para poder retornar a su país de origen y, en cambio, tratan de instalarse permanentemente en la nación de destino. Gradual y crecientemente durante el último cuarto del siglo XX, la inmigración, tanto de facto como de manera legal, ha aumentado su participación en el total de la movilidad laboral (Izquierdo, 2011: 162).

Sin embargo, a pesar de ser crecientemente familiar, la emigración continúa siendo sobre todo de trabajo, y cuando la coyuntura económica en el país receptor contrae drásticamente el empleo, los migrantes acaban por retornar a su país de origen ante la falta de puestos laborales y al mismo tiempo los candidatos a viajar en el país expulsor se hacen más escasos, aunque "la adaptación no es completa entre la economía, los flujos, las decisiones y el proceso de integración social" (Izquierdo, 2011: 181). Esto es precisamente lo que está ocurriendo, desde la crisis financiera y económica mundial de 2007, con los migrantes mexicanos en particular, afectados por la situación económica en su principal destino: Estados Unidos. Además, la política migratoria del gobierno federal y de los estados en ese país se ha endurecido intensamente en contra de los indocumentados, lo que día a día vuelve más complicados el cruce de la frontera y la contratación en un empleo, y por ello cientos de migrantes sin papeles han sido deportados o fueron inducidos a regresar a su tierra por miedo o por presión. Este artículo explora el fenómeno del retorno "definitivo" de los migrantes veracruzanos, enfocándose en los motivos y causas del regreso y en los problemas de reinstalación que enfrentan en su comunidad, todo lo cual les "pinta" un futuro inseguro. El presente estudio se llevó a cabo en la región de Huatusco, Veracruz, entre 2011 y 2012, e intenta realizar una tipología de los retornados según los motivos de su vuelta al país, así como también conjetura acerca de sus posibilidades de reinserción social en función de las causas y tipos de su retorno.

 

México, un país de retorno migrante

Si bien en 2002, aunque los migrantes mexicanos optaron por permanecer en Estados Unidos ante la recesión causada por los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, sí redujeron sus viajes a México y el envío de remesas. Ya en 2008, frente al estallido de la mayor crisis mundial desde la Gran Depresión, tampoco hubo un retorno masivo de conciudadanos gracias al apoyo que obtuvieron de sus redes migratorias, por lo que se preveía que sólo los migrantes de recién ingreso (menos de dos años) regresarían a México (Bustamante, 2008), y a pesar de que el flujo anual de retornos parecía no haber variado entre 2007 y 2008 (444 mil); ni en 2008 y 2009 (433 mil), según Jeffrey Passel (PEW, 2009), el censo de 2010 mostró un aumento anual de retornados entre 2000 y 2010 (285 mil vs. 351 mil); asimismo, se duplicó el número de inmigrantes al país de 492 mil a 961 mil, de los cuales más de la mitad son niños nacidos en el extranjero (INEGI, 2011: 30): "Es importante destacar la alta participación de la población que residía en EU, que de acuerdo con los resultados de 2010 representa cerca del 92% de los inmigrantes recientes" (INEGI, 2011: 43). Se estima que muchos de ellos son mexicanos que volvieron a su país. Entre 2005 y 2010 regresaron casi 308 mil de los poco más de 900 mil migrantes que partieron (Reforma, 9 de marzo de 2012), esto es, la tercera parte, frente a sólo el 18% entre 1995 y 2000. En el quinquenio anterior a 2010, de cada diez personas que emigraron, tres retornaron al país, preferentemente hombres jóvenes, ya que las mujeres son más propensas a establecerse (INEGI, 2011: 44). Muchos de los repatriados no habían podido trabajar en Estados Unidos, es decir, fueron deportados en la frontera o poco tiempo después de cruzar. Por otro lado, resalta una disminución del flujo de emigrantes entre 2005 y 2010 y, como consecuencia de ambos fenómenos y de su crecimiento demográfico natural, la población mexicana alcanzó 112 mil millones, superando las previsiones oficiales.

Los retornados sufren para encontrar empleos estables y remunerativos, pues la mitad de los que logran conseguir trabajo a su regreso (70% del total) lo hacen en el sector informal y ganan hasta un salario mínimo, y de ellos el 80% no cuentan con seguro social (Garduño, 2012).2 En las localidades rurales, la gran mayoría de quienes vuelven son migrantes de corta duración: a mayor duración de la estancia menos son los que regresan (INEGI, 2011a). Estos migrantes son los más vulnerables y los primeros en ser deportados, ya que entre 2007 y 2009 los retornos no voluntarios pasaron de 13 mil a 51 mil 452 según la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte (EMIF), lo que es un indicio del importante incremento en las deportaciones, en particular de trabajadores agropecuarios y de la construcción (Colef, 2009). En efecto, casi 400 mil indocumentados fueron deportados anualmente por el gobierno de Ba-rack Obama de 2008 a 2010, un 30% más que durante el segundo mandato del presidente George W. Bush. Asimismo, aumentaron las detenciones en los hogares, causando dramas en las familias divididas por la deportación del padre o de la madre; y en los lugares de trabajo de migrantes establecidos desde hacía muchos años. También aumentó la criminalización de los trabajadores irregulares, con penas de cárcel para los reincidentes. Ante las protestas por la brutalidad de los arrestos, el presidente Obama optó por perseguir a los patrones que contrataran a personas ilegales con documentos falsos, y por deportar a los inmigrantes indocumentados con antecedentes penales. El mayor control migratorio habría provocado la pérdida de 350 mil empleos a los migrantes mexicanos (La Jornada, 2012). Sin embargo, para ganar la reelección a la Presidencia en 2012, Barack Obama otorgó la amnistía temporal a jóvenes de 18 a 30 años llegados con menos de 16 años a Estados Unidos, y que estuvieran cursando o ya hubiesen cursado la secundaria o se encontraran realizando el servicio militar en las fuerzas armadas (los dreamers, por referencia a la Dream Act, iniciativa de ley del Ejecutivo para legalizarlos); de ser así podrían regularizarse un millón 400 mil jóvenes.

La crisis económica, por su parte, ha golpeado de frente a los migrantes irregulares, que siempre son los primeros en ser despedidos y en enfrentar los recortes laborales, lo cual arrojó al desempleo a 500 mil mexicanos entre 2009 y 2010, con lo cual la tasa de desocupación de los latinos rebasó el 12%, afectando especialmente a los que laboraban en la construcción y la industria automotriz. Como consecuencia, se estima que la migración indocumentada de origen mexicano hacia Estados Unidos se desplomó a la mitad entre 2006 y 2010,3 y el monto de los mexicanos irregulares en ese país cayó de 7 millones a 6.5 millones. Si bien el empleo de los latinos se recuperó a raíz de la débil reactivación económica de 2011, al caer su tasa de desempleo, en 2012, a menos del 10% frente al 12.7% en 2009 (PEW, 2012), la desocupación general en Estados Unidos sigue siendo alta (8%), y mayor entre los migrantes latinos, cuyo ingreso promedio por hogar se desfondó en 58% entre 2005 y 2010, más que el de los blancos e incluso que el de los negros, y no creció después, entre 2010 y 2011 (PEW, 2012).

Efectivamente, la crisis económica amenazó con secar el flujo de remesas que insufla oxígeno a la balanza de pagos de México: 71°% de los latinos mandaron menos remesas en 2008 que en 2007 (PEW, 2009a), y si bien las remesas, después de caer de 27 mil a 22 mil millones de dólares en 2010 se recuperaron en 2011 (casi 23 mil millones) (Banxico, 2012), el monto promedio de la remesa (326 dólares) por familia en 2011 siguió inferior al de 2008 (346 dólares). En el segundo semestre de 2012 las remesas volvieron a contraerse en 11.6% debido a una nueva recesión y la consiguiente reducción del empleo de los migrantes, en particular en la industria manufacturera, y en virtud de la apreciación del tipo de cambio del peso frente al dólar (BBVA, 2012a y 2012b).

¿A qué responde este aumento de migrantes laborales mexicanos que retornan a su país?; ¿se debe, como se ufanó el ex presidente Felipe Calderón, a las mejores oportunidades de empleo, salud y educación en México? (Mayolo López, 2012). Sin embargo, podría decirse que más bien es el resultado de una menor atracción del sueño americano:

1. El retorno es parcial y no masivo, pues muchos migrantes han disminuido sus gastos y el envío de remesas para enfrentar la reducción de su jornada laboral y de su salario para no regresarse. Algunos han optado por emigrar a otros estados de la Unión Americana donde puedan tener mejores condiciones laborales (Bustamante, 2011) y menos persecución policiaca.

2. El retorno es la respuesta a la disminución de la demanda de mano de obra migrante en Estados Unidos (Aragonés, 2012) y al aumento del desempleo, según Raúl Delgado (Sánchez, 2012).

3. Es también consecuencia del endurecimiento del cerco migratorio a nivel federal y de varios estados del sur de Estados Unidos, con presiones sobre los patrones para verificar la autenticidad de los documentos de los extranjeros contratados, y para el reforzamiento de la vigilancia en la frontera.

Las dos causas se eslabonan para precarizar más la situación de los indocumentados:

El colapso del empleo ha forzado a los inmigrantes a disputarse trabajos precarios y especialmente arduos. Precarios significa débiles en relación con su estatus cívico, e inestables respecto de su forma de ganarse la vida. En otras palabras, han reducido sus derechos y empleos. Están amenazados de desempleo y, por ello, orillados a la irregularidad y víctimas de expulsión (Izquierdo, 2011: 181).

 

Estado de la cuestión del retorno

Migrante de retorno es la persona que regresa a su país de origen con el fin de permanecer en él después de llevar mucho tiempo en otra nación; dicho retorno puede ser voluntario o inducido (Izquierdo, 2011: 172). Otros tipos de retorno son la expulsión de migrantes irregulares y los regresos periódicos de la migración circular. A estos últimos no los consideraremos en este estudio. El retorno "definitivo" es un anhelo de muchos migrantes, que se vieron obligados a exiliarse temporalmente por falta de un trabajo estable o de salarios e ingresos suficientes para mantener a su familia en su país. Esta añoranza de la patria (o de la "matria" o pueblo natal) se origina por la integración incompleta que tienen en la sociedad receptora, así como por un fuerte sentimiento de arraigo y pertenencia a su comunidad de origen (Espinosa, 1998), a menudo idealizada por la distancia espacial y temporal. No obstante, la meta del retorno se aleja con el tiempo a causa de los compromisos adquiridos en la sociedad receptora, y aún más cuando el migrante se lleva a su familia a su destino laboral, ya que sus hijos, criados ahí, se portan renuentes a la idea de vivir en un país más pobre y relativamente ajeno. Entonces, la meta anhelada se vuelve "el sueño mexicano" y se convierte en el "mito del retorno", siempre aplazado y cada vez menos deseado.

Así, se podrían clasificar los tipos de retorno sintetizando diferentes taxonomías ideadas por diversos autores, en las siguientes categorías:

1. Los retornos forzados, por deportación o desempleo (Durand, 2005).

2. Los retornos periódicos, como parte del ciclo de la migración pendular de los migrantes legales en programas de trabajo temporal (Durand, 2005).

3. Los retornos de descanso o de placer: migrantes jubilados o vacacionistas que regresan temporalmente a su región de origen (Espinosa, 1998).

4. El retorno definitivo del migrante "exitoso" (Espinosa, 1998).

5. El retorno definitivo del migrante fracasado, por inadaptación, precariedad laboral, adicciones, etcétera (F. Cerase, citado en Egea y Rodríguez, 2005).

Ahora bien, los motivos del retorno son más complejos y entreverados, pues intervienen factores objetivos y subjetivos que a menudo se encuentran interconectados. Los factores objetivos se distinguen entre los que remiten al migrante o a su entorno en el país de destino o de origen.

 

Factores objetivos

1. Factores ligados al migrante. Los relacionados con el ciclo de vida, como la edad madura, que para unos conlleva problemas de salud y dificultad para encontrar trabajo; sin embargo, otros tienen la posibilidad de la jubilación, lo que implica una reducción en su nivel de vida en el país de destino, pero una existencia desahogada en el país de origen (Durand, 2005); y los vinculados con el ciclo doméstico familiar, ya que en la etapa de expansión se requiere la presencia del padre para educar a los hijos adolescentes. Otros motivos pueden ser las enfermedades y los accidentes.

Por otra parte, existen factores jurídicos, como la deportación o un proceso judicial en la Corte (Marroni, 2009).

Finalmente, un factor decisivo del retorno es el capital físico acumulado en el lugar de origen por el migrante, ya sea la propiedad de una casa o un terreno (Espinosa, 1998).

2. Factores ligados al entorno. La distancia al lugar de origen: a mayor distancia, más difícil es el retorno (Escobar, Bean y Weintraub, 1999):

• La legalización o no del migrante, pues ésta puede desvanecer el ideal del retorno. No obstante, la ilegalidad lo obliga a quedarse más tiempo de lo planeado y alejar así el momento del retorno.

• El cambio de patrón de asentamiento puede evitar el retorno involuntario al permitir al migrante encontrar empleo o mayor tolerancia hacia los indocumentados.

• Las fluctuaciones de la situación económica en el país de destino (desempleo o subempleo) y en el lugar de origen (reactivación económica, mejoría de precios agrícolas, incremento salarial), que pueden originar una tendencia al rendimiento decreciente de la migración (Durand, 2005).

 

Factores subjetivos

1. El capital humano: la experiencia laboral adquirida en el extranjero le permite al migrante aprender nuevas habilidades y adquirir conocimientos (Espinosa, 1998).

2. El capital social: las redes sociales (familiares o de amistades) que se mantienen activas en el lugar de origen, y cumplen casi con el mismo papel que las redes migratorias para apropiarse del país de destino: proveen información, recomendaciones, apoyo material y moral (Espinosa, 1998).

3. Identidad comunitaria: para no perder su membresía comunitaria, el migrante regresa para cumplir con sus cargos comunitarios; a participar en los acontecimientos del ciclo ritual del pueblo (fiestas); para cuidar de su patrimonio (parcela, tierra comunal).

4. Factores ligados al proyecto migratorio: cumplimiento del objetivo de ahorro destinado a una inversión concreta (casa, terreno), o de aprendizaje de un nuevo oficio, o de estudios (de inglés, computación, etcétera). O por el contrario, fracaso del proyecto migratorio por despilfarro, problemas de salud, deportación o desempleo (Marroni, 2009).

5) Factores afectivos familiares o culturales: síndrome de Ulises4 (Marroni, 2009): sentimiento de carencia afectiva y de culpa hacia la esposa y los hijos, así como la responsabilidad de atender a los padres ancianos o a los hijos pequeños. Nostalgia del terruño, de la patria chica, por inadaptación a la vida en el país de destino y por sentimiento de desarraigo.

6. Factores de atracción hacia el pueblo de origen: invitación a representar a sus paisanos en algún puesto de elección popular, que significa reconocimiento y prestigio social para el migrante (Charbit, Hily y Poinard, 1997).

En un trabajo anterior (Mestries, 2011) se ubicaron tres tipos de factores que inciden en el retorno, aparte del sexo, la edad y la educación: 1) Psicológicos y culturales: familia, inadaptación, inseguridad, nostalgia; 2) Sociales: redes sociales en el lugar de origen, participación en su vida ritual y cívica, duración regular de la ausencia; 3) Económicos: subempleo o desempleo en el país de destino, ahorro con miras a un proyecto de reinstalación o aprendizaje de un nuevo oficio, compra de casa o de tierra, rendimiento decreciente de la migración (Durand, véase infra).

Jorge Durand (2005) acuñó la hipótesis del rendimiento decreciente de la migración, basándose en la teoría del mercado dual de trabajo de M. Piore, y sostiene que la ventaja salarial comparativa en relación con el país de origen deja de ser relevante para el migrante con el alargamiento de su estancia en Estados Unidos, ya que se topa con la dificultad de alcanzar mayor movilidad ascendente por estar confinado al mercado secundario de trabajo: al poner en balance costos (psicológicos, sociales, económicos) y ventajas de quedarse definitivamente en ese país, cuando ya no se plantea ganar en dólares para luego gastar en pesos su salario mínimo, sino gastar en dólares, y cuando se da cuenta de que su rendimiento físico empieza a declinar y puede ser sustituido por migrantes más jóvenes, suele preferir retornar a casa para disfrutar de un estatus social mejor que en Estados Unidos. Además, el empeoramiento de sus condiciones de vida por lo caro que resulta residir ahí; la mayor competencia en el mercado de trabajo entre ilegales y legales; y la segmentación de las redes sociales que ya no son tan seguras, también son factores que inclinan al migrante a retornar (Navarro, 2003). A ello habría que agregar que los trabajadores mexicanos, aun siendo calificados, ganan menos que los demás inmigrantes: "A pesar de formar parte del más numeroso flujo de inmigrantes en Estados Unidos, los mexicanos ocupan un lugar marginal en el mercado laboral de trabajadores extranjeros certificados, obtienen los empleos que requieren menos calificación y perciben los salarios más bajos (54,227 dólares promedio al año vs. 61,048 dólares que ganan los filipinos)", según la Oficina de Certificación Laboral de Extranjeros (Reforma, 2012a).

Ahora bien, el retorno puede desembocar en un fracaso o una frustración, por varias razones: los hijos nacidos en el extranjero no logran adaptarse a la vida en el pueblo de sus padres (Sayad, 1999), sobre todo si la escuela no está preparada para ayudarlos a transitar en ese cambio cultural y curricular; las representaciones colectivas de los vecinos del pueblo sobre el migrante, al que suelen confundir con la "vaca lechera que siempre se puede ordeñar", y que si no responde haciéndoles favores y préstamos gratuitos es despreciado por sus paisanos; el cambio de percepción del migrante hacia su aldea de origen, ya que adoptó otras costumbres y otros valores, y sufre de la falta de comodidad y de libertad (Daoud, 1997); son retornados fracasados, quienes se consideran en tránsito antes de volver a intentar cruzar la línea fronteriza, por lo que no tratan de reincorporarse a una actividad retribuida (Mendoza, 1999).

 

Las nuevas condiciones del retorno

El nuevo contexto jurídico y económico de Estados Unidos (cerco migratorio desde 2001, depresión desde 2008) ha trastocado las formas de la toma de decisiones y de las pautas del retorno definitivo que acabamos de analizar. Ahora ya no se trata de una acción planeada mediante acumulación de ahorros, sino a menudo precipitada por el despido o la deportación; por lo tanto, los migrantes no regresan en condiciones favorables que les permitan reinstalarse como trabajadores por cuenta propia, o como jubilados, pues son personas en plena edad productiva desplazadas por el relevo laboral a edades más tempranas en el mercado de trabajo secundario de Estados Unidos (Rivera, 2011). Además, instalar un "changarro" ya no es rentable debido a la saturación del mercado de abarrotes en los pueblos expulsores, y corren el riesgo de perder sus ahorros. Por otro lado, la situación del desempleo crónico impide a los migrantes que adquirieron calificación técnica valorizarla por la falta de mercado laboral para servicios especializados. Por ello, muchos se incorporan a la economía informal en las periferias urbanas, y los que regresaron a su pueblo piensan en volver a emigrar (Rivera, 2011).

Los migrantes clandestinos son a menudo las primeras víctimas en ser arrojadas al desempleo y luego a la calle en los periodos de crisis; son los relegados de los programas asistenciales en constante ajuste; y los chivos expiatorios perfectos de los discursos y las políticas antiinmigrantes que buscan desviar y capitalizar políticamente el descontento de las clases trabajadoras y medias nativas. Ante la adversidad, los migrantes irregulares se enfrentan al dilema de quedarse en el extranjero en condiciones cada vez más precarias e inseguras, o de regresarse a su país para toparse con un mercado laboral formal deprimido, una economía informal saturada y un nivel de vida en deterioro.

 

La migración internacional en Veracruz y la crisis del café

Veracruz es un estado emergente en el mapa de la emigración mexicana, pues pasó de ser receptor de inmigrantes internos a expulsor de emigrantes hacia otros estados, y desde finales de los años ochenta hacia Estados Unidos y la frontera norte. A partir de mediados de la década de los noventa, su emigración se extendió y se amplió de manera fulgurante, al grado de perder población por primera vez en el año 2000 (tasa negativa de crecimiento demográfico), y de ubicarse como el quinto estado expulsor del país, con un saldo de casi ochenta mil personas (1.1% de la población del estado) expatriadas entre 1995 y 2000 (Mestries, 2006), que mandaron 769 millones de dólares en 2003, otorgándole el séptimo lugar entre los estados con mayor recepción de remesas, monto que subió a 1,236.5 millones en 2010, y a 1,273 millones en 2011 (Banxico, 2012), pero que luego se desplomó en -34% (Cuadro 1).

 

Las primeras regiones que se vieron más afectadas por el fenómeno fueron las grandes montañas alrededor de Córdoba-Orizaba, donde se ubica Huatusco, zona de nuestro estudio, y la región centro-costa entre Jalapa, Veracruz y Misantla. Sin embargo, en la década de los 2000 casi todos los municipios fueron afectados por el problema, ya que los flujos migratorios se incrementaron y el número de veracruzanos viviendo en el extranjero se multiplicó por 11 en diez años, 62 mil salieron hacia el vecino país del norte cada año entre 2005 y 2010, y en 2008 se estimaban en un millón los veracruzanos expatriados en Estados Unidos (Pérez, 2012).

La crisis que afectó las industrias cafetalera y cañera detonó en los años noventa la emigración rural en estas regiones, al provocar el desplome de los precios y del crédito agrícolas, así como la contracción del empleo y la baja del jornal. Los precios internacionales del café bajaron drásticamente de 115 dólares por cada cien libras en 1997 a 45 dólares en 2001-2002 (véase Cuadro 2).

En consecuencia, la producción mexicana cayó 17%, las exportaciones se despeñaron 43.4% y la calidad se vio afectada por la descapitalización de los productores, repercutiendo en un fuerte castigo al precio de exportación (Mestries, 2006). Por si fuera poco, el estancamiento, cierre o ajuste estructural de gran parte de las industrias manufacturera y petrolera destruyeron miles de empleos sin que fueran sustituidos por nuevas actividades, cerrándose las fuentes de trabajo en las ciudades. De los 3.2 millones de nuevos pobres detectados en el país en 2010, 600 mil eran veracruzanos (18.75% del total); 48% de los habitantes viven con menos de 2,114 pesos al mes, y el desempleo es superior en 1.7% al promedio nacional, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) (CNN México, 2011), debido en parte a los bajos niveles educativos del estado.

Huatusco es un municipio ubicado en el piemonte del Pico de Orizaba, famoso por su producción de café de altura de excelente calidad. Cuenta con una población de 49,081 habitantes (23,456 son hombres y 25,625 mujeres; la diferencia podría reflejar el efecto de la migración masculina) y con una tasa de crecimiento positiva. En el siglo XIX recibió una inmigración italiana de origen campesino que impulsó y tecnificó el cultivo del café. Tiene un grado de marginación medio, pero 52 comunidades del municipio son de alta y muy alta marginación; su tasa de analfabetismo es de 14.23%, superior al promedio nacional; su población ocupada con bajos ingresos (hasta dos salarios mínimos) alcanza más de dos tercios de la Población Económicamente Activa (PEA) (casi 68%); 40.8% de su población se encuentra en situación de pobreza alimentaria; y más de la mitad de sus viviendas presentan algún grado de hacinamiento (Ayuntamiento de Huatusco, 2011).

Huatusco juega un papel destacado en la agricultura por la fertilidad de sus tierras, que están dedicadas en su gran mayoría al cultivo del café, y en menor medida a la siembra del maíz y de la caña; es una de las regiones con mayor producción de café de Veracruz, y su aromático es considerado calidad gourmet por sus condiciones de altura y climáticas. Si bien las cotizaciones internacionales del café se han recuperado desde 2005 (152 centavos de dólar por libra en 2013) (Sagarpa, 2013), no han vuelto a alcanzar los niveles de años anteriores, y se han mantenido muy inestables; además, los productores se encuentran a merced de las empresas transnacionales compradoras-exportadoras y de su red de coyotes que les imponen los precios.

En cuanto a la ganadería sobresalen la producción porcina y vacuna lechera. El 43% de su población conforma la pea de Huatusco, ocupada en 97%, y distribuida en casi 40% en el sector primario; 36.8% en el terciario y 21.2% en el secundario.

Sin ser uno de los municipios más expulsores del estado, pues tiene un grado de intensidad migratoria medio (lugar 41 a nivel estatal), cuenta con el 4.27% de los hogares con migrantes y con un 4.21°% de viviendas que reciben remesas; así como con un 2.85% de casas con migrantes de retorno del quinquenio anterior. En la misma zona, el municipio de Comapa, donde también realizamos entrevistas, es una región rural colindante con Huatusco y cuenta con niveles de pobreza y de expulsión mayores: tiene una población de 18,715 personas, de la cual el 68% es rural; su grado de intensidad migratoria es alto y alcanza el desalentador séptimo lugar a nivel estatal; 5.79% de sus viviendas tienen migrantes y 7.22% cuentan con migrantes de retorno (Conapo, 2010).

En general, Veracruz es uno de los estados que tuvo la tasa de retorno más alta en 2010, con cincuenta mil migrantes, 5.9% del total nacional (Cruz Piñeyro, 2012).5 Es también uno de los estados con mayor número de retornos no voluntarios: más de un tercio del total de veracruzanos que regresaron de Estados Unidos según la EMIF (Colef, 2007 y 2009), lo que refleja la vulnerabilidad de la migración veracruzana indocumentada expuesta a las deportaciones y a los despidos.

El estudio se llevó a cabo en las comunidades de Huatusco y Comapa en dos viajes de investigación que se realizaron en agosto de 2011 y en septiembre de 2012. En el primer municipio, en Sabanas, se entrevistó a tres retornados de una familia de nueve migrantes, y en el de Chavaxtla, a ocho retornados (o a la esposa o madre del migrante retornado), y al delegado municipal. En Comapa se habló en Boca del Monte con el delegado y cuatro retornados. En total fueron 17 informantes. También se entrevistó al presidente de la Unión de Pequeños Productores de Café de Huatusco y al doctor Esteban Escamilla del Centro Regional Universitario Oriente de Chapingo (CRUO) en Huatusco, experto en producción de café, así como al gerente de la Caja Popular Yanga, empresa con influencia financiera en la región. Se trata de un estudio cualitativo de carácter preliminar, por lo que no se pueden generalizar sus conclusiones.

 

Los migrantes de retorno en la zona de huatusco

Se puede clasificar a los migrantes retornados de Huatusco y tipificar los motivos de su regreso por las circunstancias de su retorno (voluntario o forzado) por su edad y estado de salud (jóvenes y adultos mayores); su sexo (mujeres); por su éxito o no en cumplir con su meta migratoria de ahorro; y por el rendimiento decreciente de la migración. En general son más los migrantes que se quedaron en Estados Unidos que los que se regresaron a su lugar de origen. En Chavaxtla fueron veinte los retornados, sobre todo por la crisis económica estadounidense, según el delegado municipal.

1) Retorno forzoso o involuntario. En Chavaxtla sólo hubo tres deportados. Es difícil detectarlos porque no se dejan entrevistar y se mueven mucho, en busca de trabajo, ya que su principal objetivo es volver a intentar el cruce de la línea fronteriza. Cabe señalar que la actitud de la "migra" ha cambiado mucho últimamente: "En 2005 a mí me agarraron cuatro veces y me dijeron: 'Siga intentando cruzar, igual y luego pueda pasar' " (Hugo, Chavaxtla, 2012); hoy a los reincidentes los encarcelan de seis meses a un año. El miedo a ser deportado es suficiente motivo para que decidan regresar:

Fue cuando se levantó la migra, pues decían que estaban echando pa'fuera a la gente. Cuando nos venimos la migra estaba agarrando parejo, como nosotros vivíamos donde había puro migrante, siempre caían a las tres de la mañana para agarrar a todos. El que tuviera documentos pa'atrás, y el que no tuviera vamos pa'acá. Y si uno tiene sus cositas, va viendo la posibilidad de que se las pueda traer, pero si le cae la migra ahí se va a quedar todo (Pedro Castelán, Chavaxtla, migrante en New-Berry, California, 2006-2008).

El siguiente testimonio es más actual: "A mi hijo mayor que tiene varios años allá y a su familia con él, lo agarró la migra hace como dos meses y pasó una semana en la cárcel, pero un licenciado lo ayudó a salir y ahora su patrón está arreglando su residencia" (Georgina Jiménez, Boca del Monte, 2012).

Otro migrante de Chavaxtla se regresó por miedo a la justicia estadounidense: "Tuve un accidente automovilístico y no tenía licencia de manejo en Carolina del Norte; no me presenté a la Corte, pues me hubieran mandado dos meses al 'bote'; además, mi mamá se fracturó la pierna y mejor me regresé para atenderla".

Muchos otros regresan a sus comunidades a causa de las condiciones climáticas, que provocan el fin de la ocupación de los migrantes, pues en invierno no hay trabajo en muchas granjas y obras de construcción (Jorge O. Melchior Cesa, Comapa, 2011).

2) Sexo. Para las mujeres los motivos familiares son un factor poderoso para su regreso, pues valoran mucho la cohesión familiar y se sienten responsables de sus hijos y de sus padres. El siguiente es un testimonio de una madre soltera de dos hijos en edad escolar que llevaba cuatro años en Florida (2007-2011), donde tenía un buen trabajo como supervisora de un vivero: "Todas mis remesas eran para los estudios de mis hijos, para construir esta casa y para mis papás, pero me regresé porque mi papá estaba muy enfermo y los pocos ahorros que traía y mi camioneta se fueron para pagar sus medicinas y el hospital, pues él tenía un seguro pero no quisieron cubrir su dolencia (cirrosis)" (Juana Morales, Boca del Monte, 2012). Otra mujer demuestra su madurez:

Iba por tres años al norte con mi esposo, pero me embaracé del niño, y me tuve que regresar porque no quisimos que naciera allá, pues había dejado aquí a una niña de tres años, y no quise que uno tuviera lo que la otra no. Mandábamos remesas en previsión de regresar y tener algo. Sirvieron para poner una dulcería; es algo que es mío, a mí me favorece y la atiendo yo" (Leonila Álvarez, ex migrante en Carolina del Norte, Chavaxtla, 2012).

De hecho, a menudo la mujer es la arquitecta de proyectos de negocios por cuenta propia (Mestries, 2011). Incluso hay jóvenes que migraron para mejorar su capital humano: "Mi objetivo era estudiar inglés, fui a alcanzar a mi mamá a Seattle, estudié tres años la high school y trabajé en McDonald's un año y medio, pero me regresé cuando la migra empezó a perseguir a los migrantes en los centros de trabajo" (Ana Yamil Montero, 20 años, Comapa, ex migrante 2005-2009).

Las mujeres también son sensibles a motivos afectivos-comunitarios, a la nostalgia de la patria chica: "La diferencia entre aquí y allá es la libertad, porque supuestamente tú estás libre allá porque puedes trabajar, pero no hay nunca como el lugar donde naciste, que conoces 'del tingo al tango', y nadie te va a decir nada. También el lenguaje de allá es algo difícil" (Leonila Álvarez).

3) Edad y salud. Los migrantes de edad madura se regresan por motivos familiares, como por el hecho de que sus padres estén enfermos o por su propia salud; sin embargo, pocos son los que llegan jubilados de algún empleo de Estados Unidos, ya que sus estancias migratorias han sido cortas y no están legalizados. La salud de los padres del migrante o de él mismo se deteriora con la edad, y como muchos de ellos no tienen cobertura de un seguro médico en la Unión Americana, como nos lo hacía notar Federico Besserer (2008), prefieren atenderse en México ahora que existe el Seguro Popular.

Entre los migrantes jóvenes los motivos económicos de su partida no son los más importantes. Primero está la curiosidad, el deseo de aventura y el desafío al peligro (rito de paso de masculinidad). La decisión de migrar es a menudo suya, no del padre, quien incluso no la aprueba: "Cuando yo estaba en Estados Unidos él no se fue porque estaba estudiando, pero cuando yo llegué, como al año, a él se le metió la idea que quería ir a conocer. A pesar de que le dije cómo estaban las cosas, quiso ir a desengañarse y después no se la andaba acabando" (ex migrante de Chavaxtla, padre de joven retornado). Por lo general, los jóvenes se regresan por razones familiares, para casarse con una chica del pueblo (endogamia) o tras desengañarse del sueño americano. La readaptación a la vida del campo les resulta difícil:

A los jóvenes retornados les cuesta mucho adaptarse a trabajar nuevamente en el campo, por la diferencia de salarios con los de Estados Unidos; entonces llegan y agarran el vicio de tomar y hasta que no acaban con todo lo que trajeron, hasta venden su camioneta, y acabándose el dinero les da por regresarse para allá. Pero otros se adaptan, se dicen: 'Esta es nuestra tierra, nuestro rancho y tenemos que seguir luchando aquí'. Y los veo tranquilos, la mayoría trabajando (Manuel Quiróz, delegado municipal, Chavaxtla, 2012).

Otras investigaciones en Michoacán encuentran lo mismo entre algunos jóvenes retornados: "Después de una difícil experiencia migratoria algunos productores jóvenes regresan a trabajar la tierra. Son aquellos que no lograron el éxito en Estados Unidos, pero no solamente [...], también hay quienes se van para capitalizar la parcela y retornan a trabajarla. De cualquier manera el vínculo con la tierra sigue siendo un soporte en sus estrategias de sobrevivencia. Aunque muchas veces ya no sea el eje económico central" (Gil, 2009: 23).

4) Migración por objetivos exitosa

a) Los migrantes ahorradores. Estos migrantes salieron con una meta precisa, un proyecto de "patrimonialización" (Leonard, Quesnel y Del Rey, 2004): construir su casa, comprar un terreno o invertir en su finca de café, como anclas para su repatriación definitiva: "Con los ahorros de allá construí mi casa; por eso se va uno; yo mismo la diseñé con otro muchacho" (Blas, Chavaxtla, 2012). Incluso construyen su barda como en las casas que vieron en Estados Unidos: "Esta malla de alambre como seguridad, porque no tenía barda antes, esto fue el gran provecho que fui a encontrar allá" (Pedro Castelán, Chavaxtla, 2012). En esta decisión no sólo influye la imitación de un estilo, sino también la preocupación por la inseguridad creciente que se vive en el campo.

Sin embargo, los ahorros de los migrantes retornados son a veces confiscados en parte por los policías y los agentes aduaneros al ingresar a territorio mexicano: "¿Cuáles ahorros? Me vine con una panza y algo de líquido, y eso todavía consiguiendo para llegar porque ni dinero pude traer, porque llegando aquí te acaban de robar, de allí vienes bien, pero llegando aquí, pa' su madre!" (Pedro Castelán, Chavaxtla, 2012). Otro testimonio abunda en lo mismo: "La regresada es lo difícil, ahí es donde más le duele a uno: al pasar (la línea) ve uno el letrero:

'¡Bienvenidos paisanos!' Y luego nos atrapan quitándonos treinta o cuarenta dólares. La delincuencia puede parar nuestro autobús, o en la aduana lo espantan a uno diciéndole: 'Traes esto y lo otro', aunque traiga uno sus propias cosas, te piden documentos y si traes la credencial de elector te apartan y te la quitan. Te acusan de traer mucho dinero. Te amenazan con regresarte a Estados Unidos, y acaban sacándote cuarenta dólares".

Por otro lado, el arraigo de los migrantes a la cultura del café se manifestó en la inversión generalizada de sus remesas en el cuidado y renovación de sus cafetales: "Muchos mantienen sus terrenos por medio de las remesas; fue lo que hice cuando estuve allá; incluso pude comprar unos pequeños terrenos. Tuve que contratar a un trabajador que ganaba unos 660 pesos a la semana, lo que me ganaba yo allá en cinco horas" (Antonio Colorado, Sabanas, 2011). Otro ex migrante, gracias a sus remesas, renovó todos sus cafetales. En efecto, es notable ver en la región fincas con cafetos jóvenes y bien cuidados. En palabras de Esteban Escamilla: "Los migrantes ahorraban más para sus casas, pero invertían en sus huertas: se renovaron cafetos; se hicieron planteles (viveros); las mujeres participaron más en el cultivo, incluso como titulares de la finca" (Escamilla, Huatusco, 2011). Así, el oficio de agricultor sigue siendo la identidad predominante de los migrantes adultos, que le siguen dando valor a lo rural, y retroalimenta los retornos, pero se va perdiendo el interés entre los jóvenes. "La tierra es el lugar donde se ancla, se construye y se recuperan las identidades sociales, y su cultivo es un valor para los viejos, migrantes o no. [...] [Los jubilados retornados] deciden capitalizar su parcela y trabajarla" con ayuda de su pensión, para obtener estatus social en su pueblo (Gil, 2009: 20-21).

b) Los migrantes innovadores. Pocos migrantes lograron, luego de su retorno, capitalizar sus ahorros poniendo un negocio de servicios y cambiando de giro productivo. Es el caso de los hermanos Colorado, migrantes en cadena familiar añeja: "Casi la mayoría de nosotros ocupamos nuestro dinero para comprar otro carrito, un terreno para construir, o para tener un camión para hacer trabajos de carga de caña, como mi hermano; otros ponen un trapiche para hacer piloncillo" (Antonio Colorado, Sabanas). Otro retornado, Hugo de Chavaxtla, con un mejor nivel económico, puso junto con su esposa un restaurante de antojitos mexicanos que da empleo a una muchacha. Es la única fonda de la comunidad. Compró una finca, donde renovó los cafetales, y una camioneta. Todo ello gracias a su trabajo que como pintor de casas tuvo durante dos años en el estado de Florida, trabajando hasta cien horas por semana, lo que le permitió ahorrar en México entre 1,200 y 1,500 dólares al mes. Se regresó porque extrañaba a su familia: "Gracias a él se pudo hacer algo. El dinero hay que invertirlo, si te dejas manipular por él te pierde; tú tienes que manipular al dinero", dice su esposa. Otro ejemplo es el de un joven retornado de Boca del Monte, quien puso una vulcanizadora que le permite mantenerse.

5) El rendimiento decreciente de la migración. La baja en los salarios, el recorte de las horas de trabajo y el alza en el costo de la vida en Estados Unidos han reducido el atractivo de quedarse en ese país: "Ya no daba para estar allá, porque me quitaron horas de trabajo" (Blas, Chavaxtla, 2012). Al mismo tiempo aumentó el atractivo de trabajar en casa:

Regresé por falta de trabajo, pues la situación era casi igual que acá; entonces da lo mismo estar allá que acá. Y con el café es algo de ayuda, porque ahorita vale el café, pero ya sabemos que con el café son temporadas (buenas y malas), pasa la cosecha y vuelve a estar igual la situación. Vas allá más bien por el trabajo y te das cuenta de que ya no encuentras trabajo, ya no alcanza para la renta y la migra ya no deja estar allá; entonces se regresa uno voluntariamente (Everardo Colorado, Sabanas, 2011).

Es cuando el llamado de la familia se hace más fuerte. Cuando se juntan el síndrome de Penélope y el síndrome de Ulises (Marroni, 2009) ha sonado la hora del regreso:

Cuando me fui la primera vez (1990) era soltero, regresé, me casé y dejé a mi esposa embarazada. Cuando regresé otra vez mi niña ya tenía dos años; luego tuvimos otra hija y me fui cuando ella tenía seis meses; a mi regreso ya iba a cumplir tres años. Ahora tenemos un bebé que va a cumplir un año. Ellos son los que no me dejan irme. Pensándolo bien, ya no tiene caso dejar a la familia, aunque a veces la situación obliga a buscarle. Mi esposa me dice: "ya no te vayas, es puro sufrir y enfermarse de tristeza"; cuando estaba yo allá mis niñas y mi esposa se enfermaban a cada rato (Everardo Colorado, Sabanas, 2011).

Una ex migrante reflexiona: "Estando lejos de la familia piensa una mucho. Pensaba mucho en mi niño, y me di cuenta que a un hijo hay que ponerle mucha atención" (Leonila Álvarez, Chavaxtla, 2012). Otro comenta: "Aquí gana uno poco, pero se conforma de ir al día y estar tranquilo, al menos somos una familia" (Blas, Chavaxtla, 2012).

 

¿Reintegración laboral de los retornados o circularidad migratoria?

La crisis y el desempleo golpearon tanto a México como a Estados Unidos, y a pesar de haber alcanzado cierta recuperación económica en 2011-2012, los índices de subempleo, economía informal y migración siguen siendo altos. Incluso repuntó la emigración mexicana en el segundo semestre de 2012, con una presencia mayor de hombres mayores de 30 años, y con una gran proporción de personas con altos ingresos, a causa de la inseguridad, la inflación y el desempleo en México (Reforma, 2012). Es así como el estancamiento del mercado de trabajo y la caída de las remesas restringen las oportunidades de empleo para los migrantes retornados; los que pusieron un negocio lo señalan: "Aquí el problema es que las ventas del restaurante son pocas, y han bajado porque no hay trabajo y la canasta básica subió al doble; mientras, las cosechas comerciales son sólo una vez al año" (Hugo, Chavaxtla, 2012). "Ahorita las ventas 'están de la fregada', pero no dejamos caer la tienda, pues nos ha sacado de apuros durante tres años, porque a veces no hay trabajo y no hay dinero, y con la tienda se vende a los escolares entre semana" (Leonila Álvarez, dueña de una dulcería en Chavaxtla).

El café no es opción para los minifundistas: "No se puede vivir prácticamente de él, pero depende de la familia y del terreno: si es una sola hectárea no se mantiene uno, hay que buscar otras opciones" (Antonio Colorado, Sabanas, 2011). Otro migrante retornado lo confirma: "A como está todo [de caro] desgraciadamente no alcanza, suben los fertilizantes, los gasolinazos, todo sube y sube". Sin embargo, el sueño de los jornaleros agrícolas es comprarse una parcela porque los trabajos son precarios y escasos:

La dificultad más grande aquí es el desempleo. Trabajo a ratos en lo propio, pues estoy rentando un terreno a cambio de algo de la cosecha; a ratos en lo ajeno en una fábrica de panela, pero me quiero hacer independiente, porque ya no quieren pagar lo que uno sabe ganar; basta de llenar la bolsa del patrón, mejor sembrar todo lo que uno sabe sembrar, ir cosechando, porque tenemos una tierra tan rica que nos da de todo, e ir llenando el buche de la familia, ya no el del patrón (Pedro Castelán, Chavaxtla, 2011).

Este anhelo retroalimenta la migración, vista como la única vía para acceder al estatus de campesino, aunque el incremento en el costo del pollero -más de tres mil dólares- se convierte en un obstáculo casi insuperable.

Las mujeres con hijos pequeños, como ya vimos, no quieren volver a emigrar para no tener que dejarlos con los suegros, pero no pueden impedir que su marido se vaya, pues "como pareja tienes que apoyarlo, pues es algo que, como él dice, nos va a beneficiar a los dos" (Leonila Álvarez, Chavaxtla, 2012).

Empero, casi todos los migrantes retornados no quisieran regresar a Estados Unidos como indocumentados, pues vivieron una experiencia traumática al cruzar, pero no descartan la posibilidad de migrar legalmente:

Me fui por Tijuana, me agarró la migra siete u ocho veces durante cuatro meses, me asaltaron los cholos, hasta que pedí un préstamo a mi hermano en California para que el pollero me pasara por la línea. Ya no quiero regresar, se sufre mucho al cruzar por el desierto. Me perdí después que nos abandonó el pollero, hasta que encontré una carretera donde me tiré a esperar que me recogiera la migra. Aunque con visa y contrato sí me iría otra vez (Juan Colorado, Boca del Monte, 2012).

Una migrante retornada, madre soltera, afirma: "Me quiero ir a Veracruz porque allí hay trabajo en casas y le pagan a uno más que los sesenta u ochenta pesos que te dan aquí, pero si no encuentro, me quiero ir otra vez al norte, pero con visa, porque ahorita está difícil cruzar la frontera. La vez que fui nos costó bastantísimo, tardamos diez días para pasar al otro lado. Ahora me quiero ir con permiso, pues nunca fui reportada ni checada allá" (Juana Morales, Boca del Monte, 2012). Unos investigadores de la migración en la región ya observaban esta tendencia en 2011: "Es importante mencionar que a últimas fechas está aumentando la migración legal para el trabajo temporal" (Hernández Pérez y Díaz González, 2011).

En fin, la decisión de retorno no garantiza que uno no vuelva a migrar; puede ser una simple escala en la trayectoria migratoria, sobre todo para los jornaleros sin tierra. Se baraja cada vez más la esperanza de poder ser contratado legalmente en un programa de trabajo temporal en Estados Unidos como el H2A o el H2B; el H2A es para trabajo agrícola, y el H2B es para otros trabajos manuales no agrícolas (las "yardas" o jardinería, el despulpado de jaibas, la siembra de pinos y árboles de Navidad, la hotelería, el empaque de camarones, los invernaderos) (Griffith, 2005), pero sin prestaciones como seguro social y jubilación. Estos programas son manejados por el Departamento del Trabajo de Estados Unidos y los empleadores estadounidenses y sus asociaciones gremiales (de granjeros en el caso del H2A), sin injerencia ni supervisión del gobierno mexicano; los patrones tienen que pagar el salario mínimo regional, el transporte de ida y vuelta, proporcionar vivienda decente y cocina para guisar o dar alimentos baratos, y comprometerse a otorgar trabajo por el tiempo establecido (seis a ocho meses), pero con frecuencia no cumplen alguna de las cláusulas: hacinan a los jornaleros en vagones insalubres, los tienen trabajando más de ocho horas al día sin pago de horas extras; o incluso los dejan sin trabajar y sin pago días enteros, y les confiscan sus documentos de identidad para que no se escapen; los llevan con vigilancia a la ciudad, porque el Programa les prohíbe trabajar para otro patrón de su elección, lo que instituye una nueva forma de servidumbre temporal (Programa Jornaleros Safe, 2012). En algunos casos las compañías no recurren a los servicios de agencias contratistas, sino que arman sus propias redes de reclutamiento con sus trabajadores en activo, por lo que no dan contrato de trabajo a sus trabajadores, con lo que sus condiciones de trabajo están sujetas a los caprichos de los jefes y capataces (Griffith, 2005). Por otra parte, el proceso de enganche está en manos de varios intermediarios mexicanos que contratan a los candidatos mediante jugosas comisiones, ya que disponen de las visas y cobran por estar en lista de espera y luego por ser contratado, o de coyotes tinterillos que cobran de más por conseguir la visa en el consulado americano. Este intermediarismo salvaje ha dado lugar a que pululen los estafadores: "Nada más le quitan a uno su dinero, lo llevan a uno y luego lo encierran allá y le pagan lo que quieren; eso de contrato no, mejor a la brava, como se dice: 'el chile, por donde le muerde le va a picar' " (Pedro Castelán, Chavaxtla, 2012). El delegado municipal de Chavaxtla lo confirma: "Por oídos de personas de otras comunidades, dicen que el contrato es difícil, te tratan mal llegando allá; si es en el corte de naranjas no es como te lo dicen aquí; llenar una arpilla aquí es de cincuenta a sesenta naranjas, allá no, son cajas grandes que cuesta trabajo llenar" (Manuel Quiróz, 2012). Otro comenta que "han venido a enganchar gente por aquí, pero para Tijuana, pero no saben qué tipo de trabajo van a hacer y no nos arriesgamos a ir, porque puede ser para sembrar droga" (Juan Colorado, Boca del Monte, 2012).

La reinserción laboral de los migrantes retornados es más difícil porque no cuentan con ninguna ayuda del gobierno, incluso para los emprendedores (a diferencia de los grandes inversionistas extranjeros): "No hemos recibido ningún apoyo del gobierno, solicitamos el Programa Pymes para pequeñas empresas, para ampliar nuestro restaurante, pero [el gobierno] no nos ayudó, pues había que poner primero el dinero y luego llevarles las facturas para ser reembolsado" (esposa de Hugo, Chavaxtla, 2012). Otra mujer con dos hijos pequeños se queja de que no le dieron la ayuda del Programa Oportunidades, sólo por tener una casa bonita con aparatos electrónicos producto de su trabajo como migrante, a pesar de que su familia no cuenta con tierra. El Fondo de Apoyo al Migrante de Retorno 2012 es una limosna de cinco mil pesos, insuficiente para poner cualquier changarro.6 El único programa con recursos sustanciales es el de repatriación de estudiantes que salieron a cursar posgrados en el extranjero, pero no es para hijos de campesinos. En diciembre de 2012 algunas organizaciones civiles se quejaron de que en el presupuesto federal propuesto por el nuevo presidente, Enrique Peña Nieto, se redujeron los recursos del Fondo de Apoyo a Migrantes que ayuda a los compatriotas repatriados y se canceló el recurso del Fondo de Apoyo Social para Ex Trabajadores Migrantes (Reforma, 2012b). Por otro lado, la Secretaría de Educación Pública (SEP) no reconoce los estudios que cursaron los jóvenes mexicanos en Estados Unidos. No hay que extrañarse si algunos migrantes repatriados se dejan engatusar por las ofertas de empleo del crimen organizado (López, 2012). Sin embargo, la presencia de éste en la región, que se manifiesta por el cobro del derecho de piso sobre el café cosechado, extorsiones y asaltos en carreteras, añade riesgos e inseguridad a los proyectos de reinstalación de los migrantes retornados. Los que llegaron de la frontera norte se volvieron allá desencantados: varios de los "juarochos" (migrantes veracruzanos en Ciudad Juárez), repatriados en 2009 por el ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, con promesas, bombos y platillos, se regresaron a Paso del Norte porque no se les dio empleo, ni acceso a la salud, ni a los créditos para vivienda (Reforma, 2012d).

Sin embargo, algunas instituciones de economía social intentan apoyar los proyectos de los migrantes. Tal es el caso de la Caja Popular Yanga, que es una cooperativa de ahorro y préstamo y cuenta con 35 mil socios. Esta institución, fundada en 1959 en Yanga, cerca de Córdoba, estaba preparándose para recibir directamente las remesas de Estados Unidos para sus agremiados, asociándose con cooperativas financieras estadounidenses. Además, otorga financiamiento a proyectos agrícolas regionales con tasas de interés moderadas para las familias de los migrantes, apoyando a sus socios en grupo y pidiéndoles sólo el pago de una membresía, sustituyendo así a los bancos que brillan por su ausencia para apalancar a las micro empresas de los migrantes y sus familias (Gerente de la Caja Popular Yanga, 2009).

Por otro lado, el envío de remesas también propicia una erosión en los ahorros de los migrantes vía comisiones y tasas de cambio, por lo que algunos buscan a las empresas remeseras más baratas, como Vigo, y otros realizan sus envíos de manera grupal: "Cuando estuve allá se podían mandar 2,500 dólares como máximo, pero uno pagaba lo mismo por mil que por 2,500 dólares; entonces tratábamos de ahorrar entre mis hermanos y yo para hacer un solo envío y no pagar doble; cobraban veinte dólares por cada envío. Hacíamos tandas cada ocho días, y el día que me tocaba a mí mandaba todo lo ahorrado" (Everardo Colorado, Sabanas, 2011).

 

Las remesas socioculturales de los retornados

La reinserción social y laboral de los migrantes retornados podría facilitarse si la sociedad, la iniciativa privada y el gobierno valoraran las aportaciones de éstos en términos de conocimientos, habilidades, oficios y valores adquiridos en el extranjero. Después de estancias de cierta duración fuera del país, los migrantes experimentan diversos cambios socioculturales, unos positivos y otros no tanto; los positivos eran destacados por Manuel Gamio en los años treinta (Navarro, 2003), y fueron acuñados por Liliana Rivera como remesas socioculturales (Rivera, 2004). Los migrantes mencionan algunos hábitos positivos adquiridos: "Uno cambia de mentalidad allá, se disciplina, se dedica al trabajo, aprende el respeto". Adquieren costumbres ecológicas, pues hay multas si tiran la basura en la calle: "Separamos la basura entre orgánica, inorgánica y reciclable, y hacemos composta" (Hugo, Chavaxtla, 2012). También aprenden a ahorrar: "Se sufre allá, pero uno realiza sus sueños si sabe lo que quiere hacer con sus ahorros" (Heladio, Chavaxtla, 2011).

Por otra parte, algunos migrantes regresan con mayor conciencia cívica y política, ya que aprendieron a confiar en las autoridades y la policía de Estados Unidos, y a defender sus derechos; entonces se vuelven más críticos al compararlas con las autoridades y los políticos mexicanos, que "derrochan el dinero y compran votos. Según que el gobierno te ayuda y ponen en la tele que hace carreteras, y yo pa' qué quiero carreteras, pues un campesino tiene su casita y no tiene carro, mi necesidad es que mis hijos estudien y salgan adelante, pero al gobierno no le conviene que los campesinos tengan preparación, para que no se despabilen" (Pedro Castelán, Chavaxtla, 2012).

La "ciudadanización" de los migrantes retornados se refleja en la elección de algunos como delegados municipales en su comunidad, como Manuel Quiróz en Chavaxtla, quien se esforzó por mejorar la escuela y la infraestructura del pueblo. Por su lado, un club de migrantes oriundos de Chavaxtla construyó junto con el Programa 3 x 1 y los tres niveles de gobierno, las aulas del tele-bachillerato. Sin embargo, al delegado de poco le sirvió lo que aprendió en Estados Unidos: "Más que nada a lo que se dedica uno allá es al campo, trabajé en las 'yardas'. En cambio aquí en el cargo aprendí a administrar el pueblo, porque te das cuenta de las necesidades, en el café y la caña, que no hay recursos, y que a lo mejor puedo gestionar cosas para la caña, el bambú, el chayote" (Quiróz, Chavaxtla, 2012). Por lo tanto, no hay que mitificar demasiado los conocimientos que pueden aprender los migrantes en el país receptor, ya que la mayoría de ellos está confinada a trabajos de baja calificación.

 

Conclusión

A diferencia del retorno migrante de las tres últimas décadas del siglo pasado, el retorno actual es consecuencia de la precarización laboral y jurídica de los migrantes mexicanos, pero no es destino ineluctable, pues la mayoría de los indocumentados no regresaron ni fueron deportados. Los motivos del retorno en la región rural de Huatusco fueron familiares; por miedo a la deportación; por el éxito del proyecto de ahorro que derivó en la construcción de una casa o en inversiones en fincas de café, incentivadas por una mejoría en el precio del aromático; o en algunos casos por creación de un negocio por cuenta propia. El repunte del mercado cafetalero ha sido un factor de apalancamiento del retorno y de tecnificación de las huertas. Sin embargo, la causa principal del retorno es el rendimiento decreciente de la migración, debido al recorte de la jornada laboral, a la caída del salario y al alza del costo de la vida en Estados Unidos.

Las perspectivas de los migrantes retornados son inciertas, pues frente a la baja de las ventas en los comercios y negocios y a la precariedad de los empleos tienen que "arreglárselas" solos, sin ayuda del gobierno para su reinstalación, ni créditos de la banca, ni empleos temporales. No se puede descartar que reinicien su circuito migratorio, en particular los jornaleros agrícolas que ansían hacerse de una finca, pero en condiciones muy adversas de costo monetario y peligrosidad en el cruce de la línea fronteriza, por lo que podrían optar, si hubiera la oportunidad, por contratarse legalmente en programas de trabajo temporal estadounidenses.

Para facilitar la reinserción social y laboral de los retornados el gobierno podría, mediante un programa de certificación, reconocer y valorizar las habilidades y conocimientos que los migrantes adquirieron en sus empleos y los estudios durante su estancia en Estados Unidos; dotar de más escuelas de nivel medio superior y técnico superior y de más becas a las zonas expulsoras; dar créditos o capital semilla y exenciones temporales de impuestos a micro y pequeñas empresas de retornados; permitir el ingreso de maquinaria y enseres de los migrantes de retorno sin pago de derechos aduanales; apoyar la integración de cadenas de valor por las organizaciones de pequeños cafeticultores; y revalidar los estudios de los jóvenes migrantes que cursaron la primaria o la secundaria en la Unión Americana.

 

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Entrevistas

Chavaxtla, Huatusco

• Leonila Álvarez, 30 de septiembre de 2012.

• Pedro Castelán, 28 de septiembre de 2012.

• Blas, 30 de septiembre de 2012.

• Padre e hijo ex trabajadores migrantes, 28 de septiembre de 2012.

• Heladio, 9 de agosto de 2011.

• Hugo y esposa, 30 de septiembre de 2012.

• Manuel Quiróz, delegado municipal de Chavaxtla.

 

Sabanas, Huatusco

Everardo y Antonio Colorado, 9 de agosto de 2011.

 

Boca del Monte

Georgina Jiménez, 29 de septiembre de 2012.

Juan Colorado, 29 de septiembre de 2012.

Jorge Avendaño, agente municipal, 29 de septiembre de 2012.

Juana Morales, 29 de septiembre de 2012.

 

Comapa

Jorge O. Melchior Cesa, 8 de agosto de 2011.

Ana Yamil Montero, 8 de agosto de 2011.

 

Huatusco

Esteban Escamilla, Centro Regional Universitario de Oriente, Chapingo.

Angelino Espinosa, Presidente de la Unión Regional de Pequeños Productores de Café de Huatusco.

 

Yanga

Gerente de la Caja Popular Yanga, 10 de abril de 2009.

 

Notas

2 El entonces subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, Gustavo Molar, declaró que "existe un retorno de mexicanos mucho mayor del que habíamos estimado. [La pregunta ahora es]: ¿cómo reinsertar a los mexicanos? Se trata de un fenómeno que se da en otros países, pero en México dábamos por hecho que los mexicanos que se iban se quedarían allá por mucho tiempo" (Garduño, 2012).

3 Esto a pesar de que aumentó la emigración legal, pero fue menos que antes (BBVA, 2011).

4 Según el psiquiatra español Joseba Achótegui, la emigración desencadena en el migrante fuertes y angustiosos niveles de estrés, debido a síntomas de duelo por la familia, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y los riesgos a la integridad física, que amenazan su frágil equilibrio psicológico (Marroni, 2009: 172). La soledad, la separación familiar, la mala alimentación y el hacinamiento de la vivienda originan los síntomas de este síndrome: insomnio, dolor de cabeza y depresión, la cual puede llevar al alcoholismo o al uso de drogas (Rodríguez Nichols, 2010).

5 Son migrantes que en su gran mayoría llevaban menos de tres años viviendo en Estados Unidos (INEGI, 2011).

6 En Nuevo León y en Michoacán se creó un Fondo de Apoyo a Migrantes, que otorga créditos de hasta 12,500 pesos para realizar proyectos productivos y obras de equipamiento para las familias de migrantes pobres que regresan a México. A nivel federal también existe el Programa Binacional de Repatriación Voluntaria al Interior, pero sólo costea el viaje por avión de regreso a la región de origen de los migrantes deportados, lo que le conviene a Estados Unidos.

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