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Sociológica (México)

versão impressa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.26 no.73 México maio/ago. 2011

 

Reseñas

 

Privatización y universidad pública1

 

por Sergio Tamayo1, 2

 

2 Profesor–investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Correo electrónico: sergiotamayo1@prodigy.net.mx

 

¿Qué sabemos de educación superior privada?; ¿qué nos evoca este concepto?; ¿cuál es nuestro imaginario?; ¿pensamos en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM); en las madres superioras instructoras, en las escuelas "patito", en las escuelas "garaje", en la diferencia de clase, en las aspiraciones de muchos para sus hijos?; ¿podemos imaginarnos qué hay detrás de un anuncio espectacular, repetido en cada una de las entradas de la ciudad con palabras vacías de contenido, que bombardean al espectador sobre calidad, excelencia, exclusividad; con imágenes vinculadas a la tecnología como emancipación; a jóvenes de rostros felices, clasemedieros, de tez blanca, cabello pulcro, castaño o rubio, bien vestidos, dientes relucientes, "decentes", con computadoras laptop, invitándote a formar parte del privilegiado grupo de la Panamericana o de la Unitec, y quizá después la posibilidad de ser funcionario del Partido Acción Nacional (PAN)?; ¿cómo podríamos con certeza comprender la importancia, o la amenaza, que la expansión de la educación superior privada tiene en México?; ¿cómo hacer comprensible el proceso histórico de la privatización sin caer en clichés o dogmas?; ¿privatización de la educación superior significa sólo la creación de empresas educativas privadas o se combina con un proceso de privatización silenciosa, y no tan silenciosa, de las antiguas instituciones de educación superior públicas?; ¿es lo mismo?; ¿pueden compararse estos dos procesos?; ¿cuáles han sido las políticas educativas y las políticas de Estado sobre este rubro en los últimos veinte años?; ¿de qué manera tales políticas nacionales se prefiguran en un contexto internacional mayor, supeditándose a las premisas del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo?; ¿cuál ha sido el discurso público sobre la educación pública y privada?; ¿cuál ha sido el discurso oculto sobre aquéllas?; ¿qué actores, instituciones y resistencias han sido los protagonistas en este proceso de expansión?; ¿qué implicaciones tiene esta fase de penetración en el campo de la ideología, de la cultura, de los mexicanos?; ¿qué efectos sociales tiene en el campo de la formación de élites conservadoras, en la deformación de las clases subalternas y en la desestructuración del tejido social de los mexicanos?

Guadalupe Olivier, en el libro Educación superior privada en México penetra en este campo complejo y sugestivo. El objetivo central es exponer los resultados de investigación que la autora realizó en el Programa de Posgrado del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se trata de ofrecer una perspectiva general del sistema de las instituciones superiores privadas a manera de descripción cartográfica del periodo de su máxima expansión en el siglo XX. El libro explica tres supuestos: i) que la educación superior privada se ha desarrollado en tres etapas específicas y diferenciadas en el pasado siglo XX; ii) que fue resultado de la transformación del proyecto nacional, basado en la figura central del Estado, a otro tendente a la desestatización paulatina desde 1982; y iii) lo más importante, que el crecimiento de las instituciones privadas no se limita a la dimensión cuantitativa, sino que este fenómeno implica un giro en las formas tradicionales de la organización y concepción, tanto social como estatal, de la educación superior en México.

El texto, entonces, no únicamente es una compilación de información que hoy por hoy está dispersa, incompleta y fragmentada. Algo que por sí mismo le da un enorme valor científico para los interesados e investigadores en general de la educación, en particular de la educación superior, específicamente de la educación superior pública y, por supuesto, de la educación superior privada. La propuesta de Olivier, más aún, invita a una reflexión histórica: aclara el significado de la privatización tanto a nivel del surgimiento de instituciones privadas como del proceso de privatización de las públicas; reproduce la dinámica de su funcionamiento; aclara los actores responsables; y, además, desde una sociología crítica explica no solamente el hecho de que vivamos ya una situación inamovible sino, por el contrario, la manera en que surgió y se desarrolló. Responde a las preguntas ¿cómo pasó?, además de ¿qué y por qué pasó?

Metodológicamente, el texto organiza la investigación y la información de manera original. Existe aquí una manera de clasificación y categorización que permite aclarar y comprender mejor el fenómeno. La investigación fue básicamente de corte analítico–descriptivo y consta de dos partes. La primera, a través de un rastreo bibliográfico y documental permitió ubicar dimensiones conceptuales y analíticas (es decir, teóricas y metodológicas) y explicar las líneas de políticas educativas para el nivel superior a través del análisis de leyes, planes y programas sexenales desde 1982. La segunda parte, metodológica, fue la búsqueda y construcción de datos estadísticos a partir de una meticulosa articulación de información contenida en anuarios e informes, principalmente de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). Cuenta con mapas, cuadros y gráficas sobre matrícula; instituciones y sus respectivos establecimientos; regiones geográficas de distribución nacional; y composición de los tiempos laborales del personal académico.

Un aspecto central es la definición conceptual de las instituciones de educación superior privada. Como decía antes: ¿son éstas negocios?; ¿son escuelas "patito", institutos "patrulla", universidades de "garaje"? Olivier, debo reconocer, no cae en el dogma. Trabaja con rigor y trata de acercarse a la objetividad científica (si eso existe en las ciencias sociales). Discierne sobre la posibilidad de una definición que pueda explicar mejor el fenómeno y vaya más allá de los epítetos, pero sin caer en el eufemismo. En efecto, después de un diálogo con diversos autores Guadalupe sintetiza los elementos generales para la construcción de una clasificación de la educación superior privada en México. Una primera clasificación sería dividirla en tres grandes rubros: Instituciones de élite, que cuentan con mecanismos de selectividad y restricción socioeconómica; un segundo rubro serían las Instituciones abiertas o no restrictivas, que cuentan con flexibilidad académica y socioeconómica, es decir, de tamaño medio; y en el tercer rubro estarían aquellos negocios educativos que ofertan educación superior, también llamadas Instituciones comerciales, es decir, pequeñas pero mayoritarias. Además, habría que tomar en cuenta para esta clasificación el sistema de propiedad en términos del tipo de registro, sea por asociación civil o como sociedad civil; características de la planta académica; complejidad y calidad de los programas de estudio que se ofrece; y si están vinculadas a cierta élite secular o religiosa, entre otros aspectos. Como afirma la autora, dentro de la expansión del campo privado en la educación superior han predominado los pequeños negocios educativos que sufren del descrédito académico, se constituyen por un número limitado de programas y manejan un sistema de cuotas accesible a grupos sociales de bajos ingresos económicos. La definición de estos establecimientos como masi–vos, afirma Olivier, responde adecuadamente a la realidad en tanto se considera a todo el conjunto que numéricamente supera a las instituciones de élite y de tipo medio.

Otro aspecto que rescato del análisis de Guadalupe Olivier es el concepto de isomorfismo. Un término sofisticado, pero que permite comparar dos niveles de análisis entre la diversidad y la diferenciación de las empresas privadas (conceptos muy bien trabajados por la autora), y entre las similitudes y diferencias de realidades complejas, como lo son las universidades privadas con respecto a las universidades públicas. Diría, solamente, que es un concepto usado en matemáticas. Proviene del griego iso–morfos; que significa igual forma. Pretende captar la idea de poseer la misma estructura. Significa, pues, una analogía, una especie de inferencia lógica basada en la suposición de que dos cosas son lo mismo en algunos aspectos, precisamente aquéllos sobre los que está hecha la comparación. En ciencias sociales un isomorfismo consiste, dice el diccionario, en la aplicación de una ley análoga por no existir una específica; también consiste en la comparación de un sistema biológico con un sistema social cuando se trata de definir la palabra "sistema". Lo es, igualmente, la imitación o copia de una estructura tribal en su hábitat con una estructura urbana. En fin, elucidar este término y su aplicación en el estudio de las instituciones de educación privadas me parece fundamental desde el punto de vista epistemológico. Entiendo que puede asumirse desde el positivismo, que siempre ha tratado de unificar a las ciencias sociales con las naturales. Isomofirsmo, así lo entendería, es preguntarse: ¿qué formas similares puede tener una universidad de élite con una de bajo perfil? Un aspecto importante, siguiendo otra lógica, sería la manera en que esta aproximación a lo parecido permite al mismo tiempo encontrar las diferencias que explican de forma enriquecedora a una y otra institución particular. Así, el isomofirsmo trascendería. Permitiría comparar instituciones aparentemente distintas, como las públicas y las privadas. En su comparación, comprenderlas mejor tanto en lo similar como en sus diferencias. Tal perspectiva metodológica está expuesta como concepto y metodología en el libro de Olivier y abre una expectativa de investigación original.

Una de las conclusiones más contundentes y significativas del libro es el hecho de que el fenómeno de la expansión de las "privadas" coloca al sector privado en un lugar privilegiado de penetración ideológica. Es tal su inserción cultural que atañe a las formas en las que los diversos grupos conciben a la educación y su visión del mundo. Habría dos posturas encontradas en los extremos, aunque se entendería que los matices navegan entre ellos. Una postura va en contra de la privatización, como dice Olivier; aquellos hostiles a lo privado dirían que atenta contra los principios fundamentales de la educación nacional; que enfatiza la injusticia social; que sólo persigue beneficios económicos particulares; que lucran con la formación intelectual y profesional; que es un derecho social fundamental y lo convierten en mercancía. La posición a favor diría que la educación privada es una alternativa a la mala calidad del sector público, responde mejor a la oferta del mercado, prepara mejor a los profesionistas y debe pagarse porque el egresado es recompensado en el mercado laboral.

Olivier analiza a profundidad estos argumentos terminantes en los extremos. Lo cierto, dice la autora, es que se presenta una confrontación entre lo público y lo privado que desdibuja sus propias fronteras. La creciente demanda de estudios superiores mostró la ineficacia y la falta de voluntad política del Estado para responder a ello ampliamente. Así, lo que se destaca, concluye Olivier, es que más allá del prestigio de algunas instituciones de élite, éstas tienden a favorecer a sectores de clase predeterminados excluyendo de las mejores condiciones de empleo a los estudiantes pobres. El mercado muestra fehacientemente la desigualdad de clase. En una entrevista, un economista egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana, ex empleado de la Secretaría de Hacienda, me dijo:

Cada vez las oficinas del Estado funcionan [más] como gerencias y empresas privadas. En el departamento donde trabajaba, como en muchos otros, los puestos de dirección están destinados para egresados del ITAM. A los de la UNAM de plano ni los reciben, están muy estigmatizados. Las funciones técnicas son para los de la UAM.

Nótese cómo se reproduce, desde la educación superior, una jerarquía que disgrega el tejido social. También esta ideología se ha insertado en la visión de las propias universidades públicas a todos los niveles, desde el nivel secretarial hasta los funcionarios y rectores. Muchas secretarias hacen un esfuerzo enorme por pagarles a sus hijos e hijas una educación cara en una universidad–empresa, a pesar de que pudieran acceder a la universidad pública donde ellas trabajan. El imaginario es la esperanza de garantizarles un mejor empleo. Los maestros y los funcionarios tienen el mismo imaginario y buscan ubicar a sus hijos e hijas en el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Iberoamericana o el ITAM. ¿Cuál es entonces el discurso oficial y cuál es el discurso oculto de estos funcionarios públicos?; ¿de qué manera uno y otro se van igualando?; ¿quién influye a quién? Es en este proceso donde se inserta la fortaleza del sistema neoliberal en el plano cultural y donde se evidencia la decadencia y debilidad del sistema público de educación. Este aspecto, fundamental, abre una importante línea de investigación.

Al final, como dice la autora, subyace un problema de índole organizacional y política (y yo añadiría cultural), un problema de fragmentación de clase y confrontación ideológica entre el sistema público y el sistema privado de educación superior.

 

Nota

1 Guadalupe Olivier Téllez, Educación superior privada en México. Veinte años de expansión: 1982–2002, Universidad Pedagógica Nacional, serie "Mástextos", México D. F., 2007, 260 pp.