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Sociológica (México)

versão impressa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.26 no.73 México maio/ago. 2011

 

Artículos

 

Sentido y práctica de la intimidad masculina. Una mirada desde los hombres

 

Meaning and Practice of Masculine Intimacy. A Look from Men's Point of View

 

Salvador Cruz Sierra1

 

1 El Colegio de la Frontera Norte, regional Ciudad Juárez. Correo electrónico: scruz@colef.mx

 

Fecha de recepción: 10/10/2009
Fecha de aceptación: 25/01/2011

 

RESUMEN

El trabajo plantea una reflexión sobre la conceptualización de la intimidad y el sentido que de ella elaboran los hombres. Se observa una instrumentalización de este sentimiento y su manejo en las relaciones interpersonales. Esto permite considerar las experiencias de la intimidad masculina como productos y como parte del proceso de conformación de la cultura de género. Los hombres refieren ideas o sentidos sobre dicha intimidad que se pueden agrupar en tres tendencias: 1) considerarla como una experiencia consigo mismo, que es única e intransferible; 2) percibirla como una cualidad de la relación que fortalece y enriquece la vida interpersonal; y 3) en mucho menor medida, como una experiencia ocasional, única e irrepetible.

Palabras clave: masculinidad, hombres, intimidad, emociones, afectividad.

 

ABSTRACT

This article presents a reflection about the conceptualization of intimacy and the meaning men develop about it. The author observes how this feeling is instrumentalized and handled in interpersonal relationships. This makes it possible to consider experiences of male intimacy as products and part of the process of forging the gender culture. Men refer to ideas or meanings of intimacy that can be grouped into three tendencies: 1) considering it an experience with themselves that is unique and impossible to transfer; 2) perceiving it as a quality of the relationship that strengthens and enriches interpersonal life; and 3) to a much lesser extent, seeing it as an occasional, unique, unrepeatable experience.

Key words: masculinity, men, intimacy, emotions, affectiveness.

 

INTRODUCCIÓN

Las formas de relación interpersonal vigentes en la sociedad contemporánea han tendido a privilegiar los vínculos considerados íntimos. Los modelos deseables en torno a las relaciones interpersonales que imperan en la actualidad consideran la intimidad como un referente importante; por ello, se piensa que las "buenas" relaciones son aquellas en que las personas se desnudan en cuerpo y alma.2 Es decir, la ideología propone una forma de vivir la intimidad que se basa en las confesiones de información personal y privada con el fin de conocer al otro y ser conocido por él.

El tema de la intimidad plantea al menos tres cuestionamientos: la creciente importancia de la intimidad (intimismo); la naturaleza "impenetrable" inherente al concepto mismo; y su conformación en las subjetividades masculina y femenina dictadas por el género. Richard Sennett (1978: 12) considera que en nuestros días padecemos un intimismo, es decir, una compulsión por la intimidad que se instaura como un fin en sí mismo.3 De este modo, la intimidad se establece como el parámetro que han de seguir las relaciones consideradas significativas: las que el individuo establece con la pareja, la familia y las amistades. Los resultados, al parecer, son el fortalecimiento del yo y un cada vez mayor desinterés por los lazos sociales más amplios. Para Sennett (1978) el problema es que las relaciones íntimas se consideren un bien moral en sí mismo al margen de las condiciones sociales, pues provoca el que las personas se hieran mutuamente al tratar de mantener entre sí relaciones emocionales sinceras, cuando las condiciones sociales y culturales las dificultan al sustentarse en relaciones de poder asimétricos.

Otro problema lo plantea la misma cualidad de la intimidad. Si la modernidad ha concebido la intimidad como aquello que "alude a lo más recóndito e intrínseco de la persona; a lo más interno e inexpresable del hombre y que apunta a una zona sagrada de la naturaleza humana" (Béjar, 1995: 44), dicha concepción la convierte en un campo prácticamente inexplotable. Implica un sentido de individualidad y de propiedad que delinean derechos, espacios, márgenes de acción y, por tanto, imposibilidad de intervención ajena.

La alta valoración de la intimidad, junto con las características de la misma, y aunado a un contexto donde la cultura de género mantiene formas dicotómicas, tradicionales y estereotipadas del ser hombres o mujeres, produce malestares entre las personas que la tratan de cultivar. Por ello, es común escuchar de una supuesta incapacidad de los hombres para la vivencia y expresión de la misma. Lo anterior en tanto el poder está presente en este microespacio de interacción social, dadas las condiciones asimétricas de los géneros.

Pese a las dificultades teóricas y a los malestares de la llamada intimidad, los hombres dan cuenta de vínculos interpersonales que califican como "íntimos". Por lo tanto, mostrar el sentido que los hombres le atribuyen a la intimidad es el objetivo del presente ensayo. Sentido que se configura discursivamente pero que da cuenta de su instrumentación en la interacción social, particularmente en sus relaciones interpersonales. Para ello, la intimidad se entiende como una dimensión de la vida social y personal que ubica al individuo en una intersección entre las condiciones estructurales, su interacción cotidiana con otros sujetos y su subjetividad. La intimidad es una experiencia en que convergen el mundo personal–subjetivo y el mundo interpersonal–social.

Para conocer dicho sentido se trabajó desde una aproximación cualitativa. Las fronteras del adentro y del afuera, del núcleo y de la periferia, de la interioridad4 y de la exterioridad sólo son posibles mediante la palabra y la construcción discursiva que habla de estas realidades diversas. Al hablar de sus sentimientos, los hombres construyen lingüísticamente las significaciones afectivas y cognoscitivas de sí mismos.

El presente trabajo se enfoca en la sociedad mexicana actual, específicamente en hombres de clase media5 de la ciudad de México. Para indagar sobre la intimidad se llevaron a cabo cuatro grupos de discusión. Estos grupos se utilizaron en razón de que constituyen un dispositivo que permite reconstruir el sentido social en el seno de una situación grupal–discursiva (Canales y Peinado, 1995); es decir, reconstruyen los sistemas de representación del objeto de estudio, siempre en su carácter colectivo. En el trabajo participaron dos grupos de hombres jóvenes, con diez integrantes cada uno y cuyas edades oscilaban entre los 20 y 25 años; un grupo de adultos con siete participantes con una media de 40 años de edad; y un grupo de hombres gay conformado por ocho participantes con edades promedio de 30 años, todos con estudios mínimos de licenciatura. La duración de los grupos fue de dos horas y media, en una sola sesión, y los hombres participantes fueron invitados a participar por medio de diversas redes sociales. Se integró una muestra heterogénea con el propósito de contar con diversas experiencias y opiniones respecto del objeto de estudio. Lejos de pretender una representatividad de la población masculina, simplemente se recurrió a una heterogeneidad inclusiva que permitiera considerar distintos discursos en torno a una experiencia común a todos ellos: la intimidad.

Las diluciones grupales fueron gravadas y se transcribieron para su análisis. En primera instancia se procedió a identificar las categorías que daban cuenta de los puntos centrales de la discusión y que reflejaban los temas de interés de los entrevistados, todos ellos construidos individual y colectivamente. Para lo anterior se elaboró una matriz de datos en una hoja de cálculo del programa Microsoft Excel, donde se concatenaron cada una de las participaciones individuales, las cuales se agrupaban en una categoría dependiendo del sentimiento de la acción o idea; el tipo de vínculo que establecían con otros(as) o consigo mismos; y el aspecto personal o relacional al que se referían.

Los resultados mostraron que el discernimiento que tienen los hombres respecto de la intimidad connota diversos sentidos. Los hombres refieren ideas o conceptos que se pueden agrupar en tres tendencias: 1) considerar la intimidad como una experiencia consigo mismo, que es única e intransferible; 2) percibirla como una cualidad de la relación que fortalece y enriquece la vida interpersonal; 3) como una experiencia ocasional, única e irrepetible, independiente de cualquier vínculo. Cada uno de estos aspectos serán abordados posteriormente en el marco del tema de la intimidad y los sentimientos desde los estudios de género.

 

INTIMIDAD Y CULTURA DE GÉNERO

Las relaciones de dominación y de subordinación que se establecen entre los sujetos de género pasan por la afectividad y la emocionalidad. Todo sentimiento implica una reacción, un enlace, una conexión con el mundo (Castilla, 2001: 45). La intimidad, que se basa en una relación afectiva, permite ver la articulación entre la naturalización de los sentimientos y el mismo ejercicio de poder asimétrico entre hombres y mujeres.

La forma de entender la intimidad, que se construye en el vínculo afectivo, adquiere expresiones particulares y diferenciadas entre hombres y mujeres. Sin embargo, manifestar sentimientos asimilados a formas estereotipadas y dicotómicas de género no agota los alcances que aún tiene la cultura de género,6 pues ésta no solamente modela cuerpos y psiquismos que asumen identidades y posiciones simbólicas y sociales, sino que también implica posiciones, lugares y relaciones de poder (Muñiz, 2002: 22). La idea de que el hombre encarna el pensamiento y la mujer el sentimiento, si bien es un producto de la era burguesa y de la estructura económica (Heller, 1999: 270), es una forma de reproducir la ideología de género y, por ende, de formas de ejercicios de poder encubiertos en los sentimientos. En este sentido, se puede decir que "la falta de intimidad de los hombres es una reserva estratégica. Los hombres esconden sus sentimientos para guardar la información que podría darles a otros algún poder sobre ellos" (Middlenton, citado en Millington, 2007: 17).

En un nivel microsocial, el género influye en la sociabilidad y en las dinámicas de interacción, esto es, en las pautas de contacto cotidiano entre los individuos. En la interacción entre hombres y mujeres pueden observarse formas de relación que van de la llamada caballerosidad hasta prácticas altamente violentas, como el hostigamiento y el acoso sexual. En el caso de las emociones se observa, por ejemplo, el que las mujeres tienden más a la cercanía y los hombres a la independencia. Esto como resultado de la cultura de género, pues las personas han incorporado una ideología y han adoptado papeles, prácticas y comportamientos dictados por modelos dominantes de género.

Como parte de las transformaciones socioculturales que están trastocando las prescripciones de género más tradicionales se encuentran, entre otras, las nuevas condiciones del mercado y su efecto en el rol de proveedor de los hombres. Punto nodal que ha generado tensiones en las relaciones de género y en el desarrollo de la llamada intimidad. Sin embargo, su relevancia simbólica sigue influyendo en las identidades y en las prácticas de la mayoría de los varones. La ruptura de los roles tradicionales mujer–ama de casa/hombre–proveedor, o la división sexual de los roles afectivos mujer–afectividad/hombre–instrumentalidad, parece seguir vigente.

De igual forma, a pesar de la llamada "feminización" de los hombres, que se refiere al reconocimiento de otras expresiones emocionales en los hombres como el miedo, la ternura, la tristeza o el llanto, se ha privilegiado la expresión de sentimientos como la furia, los celos, el odio, la cólera, el afecto sexual sobre el amor, la ternura o el cariño, que resultan más difíciles no sólo de expresar sino de experimentar. Si los hombres perciben que las mujeres son expertas en manejar, controlar o manipular a los hombres por medio del afecto y el amor, se comprendería en alguna medida los miedos que sienten para la vivencia de la intimidad con las mujeres, por lo que estas transformaciones son lentas y graduales.

Si la intimidad se concibe como una relación social que está determinada por el género, en la intimidad también se establece una relación de poder. Esto permite considerar las experiencias de la intimidad masculina como productos y, a su vez, como parte del proceso de conformación de la cultura de género. Es decir, la intimidad de los sujetos está determinada por la cultura de género, al mismo tiempo que las experiencias o las formas que adopta la intimidad refuerzan el género.

Analicemos a continuación la forma en que los hombres construyen colectiva y discursivamente los sentidos que, con base en sus experiencias, manifiestan su pensar y sentir sobre la intimidad; la intimidad como una experiencia consigo mismos; y la intimidad como un resultado de la interacción

 

LA INTIMIDAD COMO EXPERIENCIA CONSIGO MISMO

La intimidad, como experiencia individual, es la forma más presente en el discurso de los hombres. En primer lugar, los hombres aspiran a establecer una intimidad consigo mismos. Así, el autoconocimiento, la introspección y la reflexión representan medios que les posibilitan dicha intimidad y les permiten tener un mejor manejo de su persona en la vida social, lo que se contrapone al hincapié que se hace en la bibliografía especializada, donde se considera la intimidad como una relación diádica y recíproca (Strikwerda y May, 1992).

De manera reiterada, los hombres consideran que tener intimidad con ellos mismos les genera mayor bienestar. Pero, ¿por qué es importante para los hombres establecer una intimidad consigo mismos? En el material de las entrevistas pueden identificarse tres tendencias o intereses particulares de los hombres sobre su autoconocimiento:

1) La intimidad como un espacio que se construye con uno mismo y que mediante la autorreflexión o la introspección permite un conocimiento profundo de sí mismo; esto es, la intimidad como medio para el conocimiento de sí.

2) La intimidad como espacio que contiene todos aquellos aspectos negativos, destructivos o vergonzantes rechazados por la sociedad y por el individuo mismo.

3) La intimidad como autoconocimiento que permite establecer relaciones positivas y constructivas con otras personas.

EL CONOCIMIENTO DE SÍ

Yo pienso que intimidad es desnudarse a sí mismo,
o sea, desnudar tu alma y afrontar todo […].
No puedes tener intimidad con otras personas
si no te conoces a ti mismo.
GRUPO DE JÓVENES

El autoconocimiento parece ser una de las principales formas de intimidad que experimentan los hombres. La intimidad, en este sentido, se traduce en diálogo interno, conciencia, confrontación, aceptación e individuación, aún cuando sabemos que en el fondo no existe la individualidad en forma pura, pues siempre está además la alteridad que constituye parte de nosotros y que permite el diálogo interior.7 Sin embargo, este aparente egocentrismo posibilita a los sujetos masculinos establecer una comunicación consigo mismos y, al menos, consideran que les permite conocerse.

La intimidad, vista como el conocimiento de sí, lleva a pensar en la relación entre saber y poder. El poder que da el control y el manejo, al menos aparente, de la propia condición del individuo en su entramado social; su historia, sus capacidades y limitaciones, así como de una particular forma de vínculo social; individualista o relacional, que denota en el sujeto un control del manejo de la cercanía o distancia social y personal que antepone.

Pensar la intimidad no como una relación diádica sino personal, y entenderla como el conocimiento de sí, permite traer a la reflexión el análisis de Foucault (1990) sobre las tecnologías del yo.8 Dichas tecnologías representan el interlocutor interior del sujeto: uno mismo, que permite la reflexión acerca de los modos de vida, las elecciones de existencia, el modo de regular la conducta y fijarse uno mismo fines y medios.

Desde la visión de Foucault, los mecanismos de poder del yo constituyen formas de control del sujeto sobre sí que responden a dinámicas de funcionamiento y organización social particulares, así como a relaciones de control y poder de las instituciones o grupos sociales sobre los individuos. Si en la época romana el trabajo sobre sí implicaba una relación individuo–Estado y en el cristianismo una correspondencia siervo–Dios, en la actualidad parece obedecer a una cosmovisión individualista, centrada en el sujeto, en donde éste es el responsable de su ser y de su hacer.

Para los entrevistados, el autoconocimiento tiene funciones prácticas para sobrellevar la vida social, los estilos de vida y las condiciones y situaciones laborales o familiares. Significa una desconexión del mundo externo –problemas, competencias, infidelidades, luchas constantes– lo cual implicaría a su vez un relajamiento, un distanciamiento de ese mundo agresivo para reflexionar sobre su yo interno, el cual debe fortalecer para superar las vicisitudes de la vida diaria, pero particularmente para proteger la llamada "reserva", el espacio simbólico que permite resguardar para sí los aspectos personales que se consideran muy privados.

Al analizar los testimonios siguientes se pueden identificar dos elementos importantes. En primer lugar, el sentido del autoconocimiento como medio para acceder a la intimidad. En segundo, el sentido instrumental de la intimidad, que sirve para encontrar el mejor desempeño y aprovechamiento de la vida cotidiana al poder planear, dar solución a problemas y establecer metas y proyectos futuros:

Antes de que haya intimidad con algo más, primero debe haber una intimidad interior. Tuve que conocerme, que analizarme, [saber] qué soy capaz de hacer, ver mis virtudes mis defectos, saber realmente qué estoy dispuesto a proponerme […] esa intimidad de hablar conmigo mismo y decir: "estoy en este lugar; tengo estas posibilidades; qué es lo que quiero, qué es lo que realmente puedo hacer y de dónde voy a partir" (Grupo de jóvenes).

Saber qué quiero de mi vida, saber hacia dónde quiero ir, tratar de encaminar toda esa energía, y lo que siento hacia el objetivo hacia el que quiero llegar. A veces no tiene uno tiempo en el trabajo, ni de relacionarse con las amistades porque uno sale o huye de los problemas.

Planear a futuro, me la paso planeando qué hacer más adelante, y trato de encaminar ese esfuerzo a esto, que le podría llamar momentos de mi intimidad (Grupo de adultos).

La intimidad, en este sentido, podría responder más bien a la noción de un sujeto que aspira a revelarse una verdad construida por sí mismo, desvinculado e incrédulo ante sus semejantes y asimilándose más al llamado narcisismo social que al "trabajo de sí", que en el sentido griego llevaba a ser mejor ciudadano. Los hombres llevan a cabo la vivencia de la intimidad en silencio y soledad. Asimismo, representa una forma de renovar la confianza porque se asume que es la propia persona la única en que se puede confiar. Esta tendencia se podría explicar, principalmente en los hombres, en razón de que a ello subyace la idea de ser un sujeto racional, independiente, autónomo y autosuficiente, todos ellos elementos presentes en la ideología de género y en la subjetividad masculina.

Por lo tanto, la intimidad entendida como autoconocimiento elude el compromiso con otro y, aparentemente, se limita a un diálogo con el propio yo. En el mundo social, no podemos olvidar que somos "alguien" en virtud de que existen otros, que somos "yo" porque hay un "tú" o un "nosotros". Si bien somos individuos singulares y quizás únicos, ello es gracias a que estamos inmersos en una red de relaciones simbólicas e intersubjetivas que permiten establecer diferencias y similitudes con y entre otros. El siguiente testimonio deja ver que ese conocimiento interior debería posibilitar, en su diálogo con el exterior, relaciones de mejor calidad con el mundo y un mejoramiento en los vínculos que se establecen con otros sujetos pues, de lo contrario, se queda en lo utilitario:

La primera intimidad es con uno mismo. La intimidad es algo que sólo tú tienes, lo que realmente eres, no lo que nos decimos; es el producto de un diálogo interno. La intimidad reposa, obviamente, en la individualidad, y esa individualidad permite, o no, dependiendo de condiciones económicas y culturales, un diálogo entre lo que te ocurre afuera y lo que tú realmente eres. Entonces, si no tienes ese primer diálogo interno, la intimidad se puede convertir en el terreno de lo instrumental y no vamos más allá. En nuestra cultura no hay educación para reconocer los elementos internos que tiene tu intimidad, tu ser tú mismo, entonces allí se debe empezar (Grupo de adultos).

Pensar la intimidad como una relación consigo mismo, en los términos descritos en el testimonio, lleva a plantear que ésta se constituye como un recurso que, al racionalizarse, permite acciones estratégicas, con lo cual se acerca más a una instrumentación del sentimiento que a una escucha y atención de las emociones y el cuerpo. Asimismo, no se niega la posibilidad de que el llamado diálogo interno se limite a manipular los sentimientos para lograr fines específicos, más allá de lo que el individuo se permita vivirlos internamente y externarlos.9 Se podría pensar que el no compartir o mostrar lo que se guarda en la reserva representa una estrategia para preservar una imagen de fortaleza emocional ante el mundo externo, ante todo y ante todos.

El sentido que le otorgan a este concepto pone al yo en el centro de atención, convirtiéndolo en objeto de reflexión y conocimiento. Esto ubica la intimidad en una perspectiva personal e individual más que relacional; no implica cercanía con otros ni, necesariamente, contacto con las propias emociones o con el propio cuerpo.

LO ABYECTO

La intimidad son cosas que te pasan o cosas
que haces que la sociedad
pueda interpretarlas como mal, por eso son íntimas,
por eso son tuyas.
La sociedad tiene su forma de pensar.
GRUPO DE JÓVENES

Como ha sido señalado antes, la intimidad remite en algún sentido a aquello que permanece oculto de la mirada pública e incluso ante la propia; de eso que no se habla y que implica determinada relación de cercanía o distancia, de conciencia o aceptación de uno mismo. Es decir, se podría referir al diálogo interno que los individuos mantienen con aquellos aspectos que les disgustan o incomodan.

Abyecto, en tanto la normatividad social excluye lo diferente y establece una clara distinción entre lo legítimo y lo ilegítimo ocupando, en este caso, ciertos aspectos de índole privada e íntima el lugar de la ilegitimidad. Sin embargo, ese lugar de abyección también posibilita al sujeto resignificar el orden y configurar los sentidos de lo moral e inmoral. El sujeto abyecto se concibe como una toma de posición respecto al orden simbólico (Domínguez, 2001: 31), lo que le permite dislocar dicho orden y distanciarse de la norma.

Los hombres entrevistados también consideran como intimidad ese espacio llamado reserva, misma que da cobijo a lo abyecto. En este sentido, la reserva representa el lugar de la indefinición y del distanciado de la norma que carga con todo el peso de la moral y del deber ser. La intimidad consigo mismo permite resguardar aquellos pensamientos, ideas, sentimientos y deseos –de todo lo cual está consciente el sujeto–, que dañan y dificultan la relación interpersonal. Así lo podemos observar en los siguientes testimonios:

Yo creo que es como un diálogo interno del individuo y es impenetrable; también hay pensamientos que uno tiene que si se externaran serían terribles. Como a veces los hijos deseamos que se muera el papá [o] tu mamá; bueno, lo piensas; "quisiera matarle o no sé qué […]", ciertos pensamientos que tendrían consecuencias terribles al externarlos, e incluso con los deseos de ejercer la autoridad, que hasta cierto punto es inevitable (Grupo de adultos).

La intimidad es muy tuya y es vulgar y secreta (Grupo de jóvenes).

Una lectura de esta visión de la intimidad es considerar que los mecanismos psíquicos del propio individuo llevan a conformar una reserva, a la cual se remiten a su vez los aspectos que atentan contra el yo y contra la imagen que el sujeto ha construido de sí, así como de la imagen que ha elaborado para los demás. Si la interacción social humana se basa en un interjuego de imágenes, entonces se ponen en peligro la credibilidad, el trato, el reconocimiento y la respuesta de los otros sujetos con que se interactúa. Pero el sujeto se cuida primero ante su propia imagen, porque es doloroso asumir ciertos aspectos de la propia persona. Sin duda, de igual manera, determinados pensamientos y sentimientos se llevan a la reserva para evitar lastimar a las personas con las cuales se establecen lazos afectivos fuertes.

En la interacción cotidiana se pueden suscitar diversos sentimientos de rechazo, de agresión o de violencia. Si todo lo que se piensa o se siente se externara, entonces se lastimaría a la otra persona y al vínculo establecido entre ambos, con lo que se produciría culpa o arrepentimiento. Por esto se valora la reserva como un lugar que resguarda diversos aspectos que atentan contra el equilibrio de la interacción social.

La intimidad pareciera ser un espacio al que se remite aquello que la conciencia castiga, un lugar que guarda los pensamientos, los actos o los deseos que dañan la imagen del individuo, la identidad del sujeto, un lugar en donde se guardan los sentimientos negativos y los pensamientos ocultos. Lo anterior posibilita esa parte oscura de todo ser humano que remite a la existencia de algo escondido y que da lugar al secreto.

LA INTIMIDAD CONSIGO MISMO COMO PRINCIPIO PARA LA INTIMIDAD CON OTROS(AS)

Al igual que la confianza, yo pienso que la intimidad
viene de nuestro propio interior y es hacia fuera.
La intimidad en los hombres tiene que pasar por esa etapa
de confianza […]. Mi intimidad es un sentimiento hacia mí mismo […];
la intimidad radica ahí, pero primeramente viene de uno mismo.
GRUPO DE JÓVENES

El autoconocimiento y la reflexión interior para fortalecer los lazos afectivos con otra persona es la tercera tendencia dentro del sentido de la intimidad que la concibe como el conocimiento de sí. Así, se tienen la visión del conocimiento de uno mismo y la reflexión como requisitos indispensables para posibilitar la intimidad con las otras personas.

¿Por qué debe surgir primero la intimidad con el sujeto mismo antes que con otro? ¿Se podría pensar que es una forma de mantener el control? El autoconocimiento o la introspección permiten elaborar algunos aspectos personales, particularmente aquellos que son puntos críticos en las relaciones interpersonales. Si el sujeto sabe que determinada emoción lo desestabiliza, la reacción es evitar ese sentimiento, bloquearlo y desalentar la sensación que lo provoca. Antes que afrontar, vivir y superar ese problema o sentimiento, se evita, rehúsa o rechaza. Lo anterior surge tanto para tener una forma de autocontrol como para evitar el control de otros sobre uno mismo. Si se pueden identificar los puntos débiles entonces se pueden prever y disminuir riesgos, ya que "los sentimientos no están dentro de uno, si acaso uno está dentro de ellos" (Fernández, 2000: 30); lo que significa que las personas no controlan los sentimientos, sino que son éstos los que dominan a las personas.

Plantearse conocerse a sí mismos para conocer al otro y tener una intimidad consigo mismo para tenerla con otros, resulta en principio fundamental para la vida personal y social. Aun así, desde otra lectura, también significa que el sujeto es el centro de referencia y el punto de partida. No se reconoce al otro como un sujeto que, en la interacción con él o ella posibilita también una transformación de ambos; tampoco se parte de un contacto de empatía y conexión con el otro: es el "yo" antes que el "tú" o el "nosotros". Pero esta visión conlleva la desventaja de caer en el extremo de un soliloquio, de un individualismo exacerbado.

 

LA INTIMIDAD COMO PRODUCTO DEL VÍNCULO AFECTIVO INTERPERSONAL

Por otra parte, para los hombres que consideran la intimidad como producto de la interacción entre dos personas, el autoconocimiento o la intimidad consigo mismos no son condiciones para experimentarla con otra persona. En el vínculo con el otro se hace referencia, fundamentalmente, a la revelación de información personal en las relaciones amorosas, de amistad o familiares. Los hombres consideraron que, primero, se tiene intimidad con uno mismo para poder tenerla con otros; y en menor medida, que la intimidad es producto de la interacción con otros.

Poder estar con una persona, hablar de cualquier tema, no precisamente tener sexo, implica mucho la amistad, eso entendería por intimidad; la amistad y la confianza (Grupo de adultos).

Hablar, platicar, profundizar y no precisamente de sexualidad ni de temas sexuales […] simplemente tener intimidad con alguien. Yo disfruto mucho con mis amigos tener intimidad (Grupo de hombres gay).

Parte de la confianza que tengas con una mujer, si tienes confianza y has platicado muchas veces con tu novia, puede que le puedas contar tus cosas íntimas (Grupo de jóvenes).

La intimidad también se percibe como resultado de la comunicación, el intercambio de información y las reacciones que esto genera. Sin embargo, el punto central y decisivo es la presencia del sentimiento de confianza. Considerar la intimidad como producto del vínculo interpersonal implica poner el peso en lo relacional, sin desconocer necesariamente por ello la importancia de lo individual. Sin embargo, en la investigación sobre la intimidad este carácter relacional se ha centrado en las parejas amorosas, en los amigos y, en menor medida, en la familia.

A pesar de que la intimidad se analiza comúnmente en relaciones de pareja, en la familia o con algunos amigos, sería aventurado decir que –por medio de las revelaciones– la comunicación abierta y sincera está presente en estas relaciones y en todos los aspectos de la persona. La información personal se fracciona y se comparte con las personas en quienes se puede confiar. En este sentido, la experiencia de la intimidad es diversa y compleja, pues requiere considerar el tipo de relación, la persona, el tipo de información, el momento, el contexto y las consecuencias que tendría para el individuo.

 

LA INTIMIDAD COMO EXPERIENCIA ÚNICA O ACTO IRREPETIBLE

A pesar de que la intimidad es vista en menor medida como una experiencia esporádica o casual, pues tuvo poca presencia en el discurso de los hombres, fueron los jóvenes quienes la identificaron y la refirieron como momentos esporádicos, fugaces, únicos e irrepetibles, pero altamente significativos, intensos y gratificantes. Esta perspectiva presenta diversos aspectos relacionados, particularmente, con el tiempo y el espacio, y que requieren ser analizados.

En relación con el tiempo, los teóricos han hecho la distinción entre una "relación íntima" y una "experiencia íntima" (Olson, 1975: 10). La relación íntima implicaría el proceso a lo largo del tiempo en que la persona llega a establecer lazos de mayor cercanía. Por su parte, la experiencia íntima implicaría encuentros momentáneos, aunque profundos e intensos. Otra distinción es la de una "relación íntima" y una "interacción íntima" (Prager, 1995: 5). Esta última se considera como los diálogos entre las personas, mismos que reúnen ciertas características específicas que se pueden discutir momentáneamente. A su vez, Prager divide la interacción íntima en "conductas íntimas" y "experiencias íntimas".10

El siguiente testimonio permite observar la imposibilidad de algunos hombres para enmarcar la intimidad como un estado alcanzado o un continuo en una relación cuyo único requisito sea el transcurso del tiempo:

Me estoy acordando de muchos momentos, pero no sé, no sólo con una persona. Yo creo que es un momento de estar ligado con la pareja. Bueno, son muy pocos momentos. Uno como individuo se llega a ligar con la pareja, y si no descubres ese momento te lo perdiste, porque jamás, jamás se repite. Con la pareja puedes estar algún día, estoy pensando en una amiga; otra, hasta con amigos que he estado en momentos de mucha emoción, y si no hubiera estado en esos momentos no serían esos momentos (Grupo de jóvenes).

Indudablemente, aquellos que consideran la intimidad como una "relación" suponen el fortalecimiento del vínculo personal por el simple paso del tiempo. Sin embargo, esto no parece ser una regla. Si se considera la intimidad como la cercanía emocional y el conocimiento profundo entre personas resulta evidente que, en un vínculo de pareja, la convivencia y la cercanía cotidianas posibilitan un mayor conocimiento mutuo y una dinámica de relación más estructurada. Pero ello no garantiza que se establezca una relación íntima en términos de confianza y apertura mutua, sino que simplemente se da por hecho que, a lo largo de los años, las relaciones entre personas alcanzan mayores niveles de confianza y sinceridad.11

En el caso de un adulto entrevistado, quien comenta que la comunicación es la base de su matrimonio, habla con los amigos sobre sus encuentros sexuales con otras mujeres y nunca lo habla con la esposa; ¿qué se entiende cuando se dice que una pareja tiene intimidad basada en la sinceridad y en la confianza?; ¿se podría plantear dicha comunicación en una pareja sobre todos los aspectos de la persona?; ¿durante toda la duración de la relación?; ¿de tiempo completo? Es decir, calificar de íntima o no íntima a una relación implica volver estático y permanente una relación compleja, contradictoria, ambivalente e indeterminada porque ninguna relación está dada de antemano12

Bien se llame relación, interacción o experiencia íntima, los hombres entrevistados hablan sobre momentos significativos que consideran íntimos y que pueden darse tanto en una relación de pareja de varios años como en relaciones no tan cercanas ni familiares. En consecuencia, se puede hablar de vínculos de parentesco, de pareja, de amistad, amorosos, sexuales, laborales o hasta experiencias circunstanciales, anónimas, esporádicas y furtivas. El síndrome del viajero, el servicio de apoyo telefónico, los encuentros sexuales, entre otros, constituyen ejemplos de diversas experiencias en donde se revela información personal y relevante para la persona pero, vale preguntarse si a todo ello se le puede llamar intimidad.

La información proporcionada a un terapeuta, un sacerdote, un médico o un abogado puede ser muy privada y personal, y correspondería a ese espacio denominado reserva, pero no puede ser catalogada como una relación de intimidad porque tales vínculos están determinados por una relación profesional y no se trata, por lo tanto, de una relación que coloque a los interesados en una posición de igualdad. La relación íntima implica encarar una relación sujeto–sujeto, afrontar y confrontarse con el otro, no simplemente verbalizar aspectos muy internos para nunca volver a ver después a la persona.

Bueno, esta chava de Aguascalientes, todo muy bien. Pero sin embargo, le pagué a una sexoservidora en Veracruz. Mis respetos, también con ella súper bien […] me da gusto recordarla y si vuelvo a ir, la voy a buscar como ya lo he hecho. Está súper bien […] se compaginaron, para mí, la amistad de esta chavala, que tomaba drogas, que le gustaba bailar, que disfrutó rico, que yo también disfruté rico (Grupo de jóvenes).

Si se considera la intimidad como una cercanía y una comunicación profundas que se dan con el paso del tiempo, se observará que gran número de las relaciones prolongadas no logran alcanzar la calidad de íntimas. Incluso, como en el caso del testimonio anterior, puede llegar a ser más cercana y profunda una interacción por pasajera que sea, que veinte años de vida en común. Lamentablemente, este tipo de interacción no permite construir un vínculo sólido y sustentable en donde basar la intimidad.

El siguiente testimonio muestra cómo llegan momentos en que los hombres necesitan hablar o externar algún sentimiento o pensamiento, pero no existe disposición de la persona o personas adecuadas para ello, por lo cual un desconocido puede ser la alternativa:

Muchas veces cuesta más trabajo encontrar con quién compartir alguna intimidad, desde física o emocionalmente. No está tu cuate y no tienes con quien más compartir el problema que tuviste con tu pareja o algo. A lo mejor por eso es más difícil encontrar el momento en que yo quiero estar contigo a solas porque, "oye te quiero platicar algo", realmente te atreves a decirlo. Luego hay cosas que ya realmente te cuesta trabajo soltarlas, hasta pensarlas, hasta tú mismo confesártelas (Grupo de jóvenes).

En general, los hombres jóvenes hablan en diversos momentos sobre sus aspectos personales, pero no lo hacen con vínculos cercanos que impliquen compromiso y continuidad, pues no reconocen la "necesidad" de construir relaciones que apoyen su vida emocional. Un hombre joven relató dos episodios de confesiones inesperadas de otros hombres:

Me pasó algo muy extraño, allí por mi casa, con el chavo que menos hablo. Un día llegó a mi casa como a las once, a esas horas que entre semana sabe que estoy dormido. Toca preguntando por mí, pues nunca lo veía, y de repente me dice: "Oye, qué onda, ¿puedo hablar contigo?, pues es que tuve un desmadre anoche, tuve un pedo" [...] entonces yo le dije qué podía hacer, él contestó "pues nada, sólo déjame desahogar" […] después de escucharlo y decir lo que pensaba como que ya me iba a abrazar y le digo: "no güey mejor dame otro cigarro", y ya como que se quedó así y me dice, "oye güey, es extraño que se pueda hablar así contigo", y le digo: "no, gracias a ti por la confianza que me pudiste contar todo esto". Es extrañísimo que alguien que conoces en el circulito de conocidos, la persona que no habla y que nada más te dice "qué pedo ¿dónde es la party?", que llegue y te diga "gracias güey, estuvo chido hablar contigo, por oírme y por darme este consejo. Pues igual, si quieres o si necesitas a alguien búscame", y yo me quede así como que "pues órale güey, gracias" (Grupo de jóvenes).

También otra situación, a veces es mejor fiarte de una persona que no conoces a que te fíes de una persona que conoces, que sabes que te va a quedar mal. Una vez salí de la empresa, me senté en la banca, estaba comiendo y llegó un chavo chaparrito, con unas ojeras enormes, pinche camisa de vestir toda hecha un nudo, fue lo que más me espantó, manos temblando y dice: "qué pedo güey, tengo un desmadre, tuve un desmadre bien cañón y necesito desahogarme con alguien", y le dije: "faltaba más, vamos a darnos unos guamazos", y dice él: "güey, no, quiero hablar con alguien, le pegué a mi chava, le pegué a mi esposa", y yo así, "y ¿por qué me lo dices a mí?" Me dice: "es que tengo tantos nervios de lo que me va a pasar que el único recurso para platicárselo fuiste tú, a un extraño, porque mis amigos se me voltearon a la mera hora" (Grupo de jóvenes).

Si la condición masculina hace que los hombres repriman la posibilidad de hablar de asuntos personales –desde problemáticas cotidianas hasta aspectos de gran relevancia para no asemejarse al estereotipo femenino caracterizado por "exceso" de comunicación– la capacidad de verbalizar se va anquilosando y sale al exterior en situaciones como las anteriores o bajo el efecto del alcohol. Sin embargo, parece ocultarse una "necesidad" de compartir diversos asuntos de tipo emocional. No se reconoce necesitar de los otros, porque denota debilidad, impotencia o fragilidad.

La cultura de género permite comprender cómo se vive, se expresa y se percibe la experiencia de la intimidad en los hombres. No obstante, poco se ha observado sobre el uso y los beneficios que produce el manejo de este sentimiento. Como ha sido documentado por Elsa Guevara (2004), los discursos del amor, y agregaría otras formas de lazos afectivos, ocultan formas de ejercicio de poder que permiten interferir en el hacer de otra persona. Prueba de ello es el silencio que presentan los hombres en sus relaciones interpersonales, lo que les permite manejar determinada posición o utilizarlo como un instrumento de violencia.

 

CONCLUSIONES

La forma en que los hombres dan cuenta de la intimidad es diversa. En primer lugar, la refieren al asunto del autoconocimiento e introspección; en segundo, como un vínculo entre dos, regularmente entre la pareja; y la tercera es considerada una situación esporádica y azarosa. En las formas en que se vive dicha intimidad está, en primer lugar, el estar con uno mismo como medio de reflexión e introspección personal y, posteriormente, la comunicación personal y privada.

De las formas en que los hombres conciben la intimidad sobresalen aquellas con características que connotan independencia, autonomía, autosuficiencia y cierta distancia física o emocional. En las relaciones interpersonales los hombres, al parecer, tienden a alejarse de vínculos que impliquen que el otro conozca sus contradicciones y sus debilidades. Prefieren eludir el compromiso emocional antes que perder la autonomía y la libertad. De manera manifiesta, se observa que los hombres también pueden compartir información muy privada, pero ello posiblemente les genere inseguridad al tener que revelar su "verdadero" yo al descubrirse ante el otro.

Sin embargo, la intimidad no implica necesariamente una transparencia en las relaciones. Como señala Luce Irigaray, respetar el misterio del otro es respetar su cualidad de sujeto: "dejar ser al otro, no poseerlo en nada, contemplarlo como una presencia irreductible, saborearlo en tanto bien inapropiable, verlo, escucharlo, tocarlo sabiendo que lo que percibo no es mío […] jamás reducido a un objeto o a un instrumento" (1998: 60).

Una relación íntima no requiere revelar el mundo interior pues, además de imposible, resulta de un dominio y posesión absolutos que elimina toda posibilidad de diálogo y reciprocidad. El respeto al silencio de la otra persona significa respetar la vida y la identidad ajenas como se hace con las propias. Así, considerar como irreductible esa posibilidad del misterio es lo que permite establecer una intersubjetividad "física, sensible, pensante, con el otro en tanto otro" (Irigaray, 1998: 131).

En la masculinidad y la forma en que los hombres la viven, la reserva y el secreto constituyen instrumentos que les permiten establecer una frontera que separa la representación de sí ante los otros, de su sentimiento de interioridad y mismidad. La exigencia social de representarse ante los otros con respecto al "verdadero" sentir. También es un hecho el que los hombres privilegian una mayor atención en el individuo, en el yo del sujeto, en comparación con una visión relacional que daría prioridad al vínculo interpersonal, al hecho de hacerse y construirse en función de los otros. Privilegiar el aspecto individual sobre el relacional es una tendencia ligada a la subjetividad masculina. Al respecto, Irigaray (1998: 27) señala que el sujeto femenino privilegia casi siempre la relación entre sujetos, la relación con el otro género y la relación entre dos personas, mientras que los hombres establecen una relación en términos de yo, "sujeto masculino, y los otros: las personas, la sociedad, consideradas como ellos y no como tú", una relación entre lo uno y lo múltiple.

La información proporcionada por los entrevistados –como es la inquietud por el autoconocimiento, la introspección y la reflexión personal, la intimidad consigo mismos antes que con otros– permite observar el modo en que los hombres se convierten en objetos para sí mismos en aras de salvaguardar su autonomía y eludir la dependencia.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Notas

2 Predominantemente, la intimidad ha sido estudiada como un elemento central en la vida personal y de pareja en las sociedades modernas. La autorevelación, entendida como la verbalización de aspectos personales y privados, es considerada en la actualidad una de sus expresiones más contundentes, aunque también se incluyen otros indicadores conductuales como el contacto físico, la expresión de afectos y el apoyo mutuo, que llevan a las personas a compartir un sentimiento de cercanía física y emocional. Sin embargo, es un fenómeno complejo que tiene diversas aristas, expresiones, niveles y ámbitos de análisis.

3 El autor contrasta visiones de otros momentos históricos para dar cuenta del sentido que ha adquirido la intimidad en la actualidad. Señala, por ejemplo, que en el Imperio Romano se buscaba en privado un foco para las energías emocionales, representando un principio basado en la trascendencia religiosa del mundo. Esta visión es contraria a la época Moderna, en donde no se busca un principio, sino una reflexión sobre la naturaleza de las psiques; se busca lo que es auténtico en los sentimientos; y se pretende encontrar en la familia, los amigos y la pareja el calor, la confianza y una abierta expresión de los sentimientos.

4 Entendida la interioridad como el conjunto de pensamientos, sentimientos y deseos personales.

5 Se consideró como hombres de clase media a los individuos que han cursado estudios universitarios, desarrollan una actividad profesional calificada y tienen una calidad de vida y un poder adquisitivo que les permite el acceder a la educación, la cultura y el entretenimiento.

6 El concepto se ha retomado de Elsa Muñiz (2002), quien la considera como aquella que produce sujetos "masculinos" y "femeninos", inmersos en un contexto marcado por posiciones, lugares y relaciones de poder que dan cuenta de la fragmentación y la heterogeneidad de la estructura social. A su vez, éstos surten efectos en los cuerpos y en la subjetividad de las personas, donde coexisten cambios que siguen direcciones opuestas, permanencias, avances y retrocesos. Mediante coerciones individuales, internas y externas, todos ellos han mantenido una única dirección a lo largo de varias generaciones: el dominio de los hombres sobre las mujeres.

7 Chodorow (2003: 30) menciona que, aunque pensemos en un nivel intrapsíquico e individual, siempre estaría introyectada la figura del otro, por lo que ese diálogo interno siempre será con el otro. Se entiende a ese otro como un todo social, como todo aquello que no es él.

8 Foucault (1990: 48) las define como las técnicas que permiten a los individuos efectuar un cierto número de operaciones en sus propios cuerpos, en sus almas, en sus pensamientos y en sus conductas, de un modo tal que los transforme a sí mismos, que los modifique, con el fin de alcanzar un cierto estado de perfección, de felicidad, de pureza o de poder sobrenatural.

9 intimidad: "descubrimiento de la absoluta propiedad de sus representaciones, pensamientos, fantasías e imaginaciones, de sus objetos internos" (2001: 140), ámbito propio, exclusivo de él, creado a partir de la capacidad de mentir con éxito. Es decir, de poder pensar o sentir de manera distinta a lo que dice que piensa o siente. Esto es, comienza a ocultar su interioridad ante diversos acontecimientos que va viviendo en su interacción con el mundo, ello se va conformando en el mundo de la interacción social.

10 Las experiencias íntimas serían los sentimientos y las percepciones que las personas tienen durante sus interacciones íntimas (calidez, placer y afecto). Asimismo, son definidas como poseedoras de componentes afectivos y cognitivo–perceptuales. La conducta íntima se refiere a las conductas observables de las personas comprometidas cuando interactúan íntimamente.

11 Está documentado que las relaciones matrimoniales de algunos hombres en donde existe amor hacia la pareja están cruzadas por el miedo, la desconfianza y la negativa de proporcionar información personal por el temor de verse vulnerables frente a sus parejas. Estos hombres llegan a establecer mucha mayor apertura con amistades del mismo sexo o del sexo contrario (Jiménez, 2003).

12 En este mismo sentido apunta el comentario de Gergen con relación a los test psicológicos, los cuales "suponen que las personas son congruentes o estables a lo largo del tiempo" (1992: 72).