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Sociológica (México)

versión impresa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.25 no.72 México ene./abr. 2010

 

Reseñas

 

La ciudad de México a debate, de Jorge Legorreta

 

por René Coulomb1

 

La ciudad de México a debate, de Jorge Legorreta (coord.) Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco–Ediciones Eón, México, 2008, 339 pp.

 

1 Profesor–investigador del Departamento de Sociología, Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Correo electrónico: rcoulomb@cip.org.mx

 

EL LIBRO LA CIUDAD DE MÉXICO A DEBATE, coordinado por Jorge Legorreta, es producto de un curso dirigido a un público no especializado en temas urbanos y su publicación "dirigida al ciudadano común", como escribe el entonces rector de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco, doctor Adrián de Garay Sánchez, en la presentación de la obra. Y es incuestionable que la mayor parte de los 18 textos reunidos se caracterizan por abordar de forma sencilla, a veces coloquial, problemas urbanos de una gran complejidad. Ello no es tan frecuente en la academia y, por lo mismo, me parece que debe ser subrayado y saludado.

La obra constituye una introducción a una de las ciudades más pobladas, pero sobre todo de las más complejas y conflictivas de la aldea global, cuya lectura puede recomendarse a todos aquellas y aquellos que sienten todavía una pasión por seguir pensando –o tal vez re–pensando– nuestra ciudad. Carlos González Lobo, en su participación intitulada "La ciudad y sus barrios", advierte incluso la necesidad de "re–fundar la ciudad" a la luz de algunos principios. Aunque tal vez la utilidad del libro sea mayor para aquella emergencia ciudadana que está dispuesta a dedicar algo de sus energías en construir, sobre todo colectivamente, nuevos senderos para profundizar en la utopía de una ciudad más solidaria, más habitable y más disfrutable.

Las y los militantes ciudadanos encontrarán en este libro mucha información actualizada y accesible sobre tópicos tan estratégicos como la economía de la ciudad en tiempos de globalización; el desarrollo urbano y la vivienda; la conflictividad de la movilidad dentro de la gran ciudad; el futuro de la ciudad lacustre; los trasfondos de la gestión de la basura o de la seguridad ciudadana. Además de tres textos obligados sobre un tema que sigue estando en el centro del debate y que tiene una doble cara: de un lado, la democracia inconclusa de un Distrito Federal todavía en busca de su plena autonomía, y del otro, una aglomeración de 22 millones de habitantes que no ha sabido todavía dotarse de una gobernabilidad a nivel metropolitano.

Ahora bien, el libro apela desde su título a convertirse en un instrumento para el debate en torno a los grandes problemas de la ciudad. Me parece que existen por lo menos dos razones para este llamamiento. La primera es que los espacios para el debate sobre el presente y el futuro de la gran ciudad son bastante escasos, difíciles de encontrar aunque también de construir, por lo que los universitarios encontramos en la superación de este déficit democrático una de las principales razones de las tareas de difusión y de vinculación.

La segunda razón para urgir el debate se encuentra en los diagnósticos presentados en los distintos textos del libro, los cuales podrían resumirse, en primera instancia, con un mismo término: deterioro. Deterioro de la ciudad lacustre de Xochimilco, deterioro de la competitividad económica de la Zona Metropolitana o de la movilidad cotidiana dentro de la misma; deterioro del espacio público preso de la inseguridad; deterioro de la convivencia social y, a fin de cuentas, de la calidad de vida.

Lo extraño es que estos diagnósticos se acompañen de la propuesta de huir de la ciudad, pues en ciertos rubros el panorama no deja de ser estremecedor. Es así, por ejemplo, que en torno a la seguridad pública José Saldaña González escribe: "En este momento hemos llegado a la disyuntiva de preguntarnos: ¿para qué sirve la policía?" Mientras, Luís Chías Becerril, respecto del transporte público y la vialidad de la metrópoli, no duda en afirmar que después de la crisis de los años sesenta y de la salvación que significó en aquel entonces la construcción del metro, en la actualidad "¡La ciudad está nuevamente a punto de paralizarse!"

En este tipo de señalamientos estriba, sin lugar a duda, la urgencia de un debate en torno a un proyecto alternativo que permita revertir este proceso de deterioro de la calidad de vida de los habitantes de la gran ciudad.

En esto de encontrar alternativas no deja de llamar la atención, primero, que la mayoría de los elementos de diagnóstico presentados en el libro terminan por apuntar hacia los déficits de gobernabilidad democrática. Hector Castillo Berthier relata que su principal descubrimiento después de tres años de investigación de la gestión de la basura, en sus años de aprendiz de sociólogo, fue que "en el fondo de la basura me encontré con una fotografía perfecta del sistema político mexicano". Algo similar parece decirnos Luis Chías cuando analiza la gestión del transporte público, o bien José Genovevo Pérez Espinosa, a propósito de la problemática crítica en la que se encuentran las chinampas de Xochimilco.

Es decir, las distintas problemáticas sectoriales de la metrópoli parecen estar atravesadas por deficiencias, de distinto grado y origen, pero todas relacionadas con las formas en que se gestionan los distintos y muchas veces contrapuestos intereses económicos, políticos y sociales; en síntesis, de cómo se gestiona la conflictiva urbana.

Por una parte, en varios textos aparecen los conceptos de corrupción, perversiones políticas heredadas, esquemas caciquiles, falta de transparencia, y normas hechas para que las entiendan los expertos, no la gente. La debilidad del Estado de derecho, que Genovevo Pérez, chinampero de Xochimilo, describe en su colaboración como, cito: "El terror de los políticos para aplicar las leyes por el riesgo de perder votos necesarios para sus ambiciones", es un ejemplo. Otro es la gestión clientelista de los servicios públicos que remarca Luis Chías, la cual domina la concesión de la flota de autobuses o la tolerancia con respecto de los famosos "taxis piratas".

Por otro lado, se pone en evidencia la duplicidad de la gestión de problemas de escala metropolitana como el transporte, que genera tensiones y conflictos entre transportistas que podrían llegar incluso al derramamiento de sangre, pero que sigue siendo un tema tabú. En materia de vivienda, Pablo Benlliure reclama políticas complementarias entre el Distrito Federal y el Estado de México a partir de acuerdos institucionales. Es decir, tampoco se sabe cómo gestionar las tensiones y conflictos entre ambas entidades.

Sin embargo, en medio de estos profundos déficits de gobernabilidad, Jordi Borja afirma que el desafío económico actual de la metrópoli es "hacer ciudad sobre ciudad", aunque para ello "lo que hay que plantearse es un proyecto de ciudad". Un proyecto, dice Carlos González Lobo, que "enfrente el actual diagnóstico de la ciudad de México y sea capaz de brindarnos la esperanza de que otra ciudad es mejor y posible".

Aunque tal vez la pregunta central para animar el debate no sea tanto ¿qué proyecto de ciudad tenemos?, o bien ¿qué ciudad queremos? En efecto, me parece más heurística la pregunta formulada por Elizabeth Anaya: ¿Quién decide? Luis Chías pareciera responderle al afirmar que "no podemos dejar la solución del transporte exclusivamente en manos de los ingenieros". Parafraseando, se podría decir que lo que está en juego es demasiado importante como para dejarlo en manos de técnicos y políticos.

¿Cómo lograr que un proyecto de ciudad considere la "participación y concepción ciudadana", como pide Pablo Benlliure al reflexionar sobre la experiencia del Bando 2, para no seguir tomando decisiones, tal vez correctas, pero impuestas al margen de los intereses de la gente?

Es decir, lo que está en juego hoy en día en los conflictos que se generan en torno a la gestión urbana es, antes que todo, la falta de instrumentos legitimadores de las decisiones que se toman sobre el presente y el futuro de la ciudad. Como lo señala muy justamente Elizabeth Anaya en su exposición sobre la planeación urbana y los usos del suelo, el reclamo democrático se está expresando, en parte, respecto de los instrumentos de la planeación –como lo son los planos de usos del suelo. Aunque este reclamo democrático a nivel local tiene también el desafío, como asimismo lo advierte Elizabeth Anaya, de reconocer la necesidad de resolver los problemas de la ciudad en su conjunto. El desarrollo metropolitano genera, y bajo el impulso democrático generará cada vez más, procesos conflictivos que oponen los intereses de grupo a los intereses de la ciudad en su conjunto.

Es evidente que no se ha logrado todavía abrir espacios y mecanismos de participación que, más allá de la expresión de intereses particulares y territorialmente localizados, apunten hacia el debate público sobre las grandes orientaciones y estrategias para el futuro desarrollo urbano del área metropolitana del Valle de México. La "planeación participativa" ha demostrado cierta eficacia legitimadora a nivel de la gestión local, del barrio, del pueblo o de la colonia, y se puede coincidir con Carlos González Lobo en la necesidad de fortalecer lo que él denomina "ágoras comunitarias". No obstante, se puede dudar de que estas ágoras barriales puedan constituir una herramienta pertinente a la hora de enfrentar los poderosos conflictos y las muy diversas contradicciones que se manifiestan a escala de la metrópoli.

¿Cuáles son los ámbitos de decisión que son deseables y factibles de entregar a la participación vecinal?; y ¿cuáles son los ámbitos de la gestión que deben reservarse para otros niveles de decisión, como por ejemplo la Asamblea Legislativa del Distrito Federal o el Congreso del Estado de México?; y ¿cómo lograr que esta autonomía y respeto mutuo entre democracia representativa y democracia participativa, lejos de debilitarlas a ambas las fortalezca y les devuelva una mayor credibilidad y más legitimidad?

Estas preguntas parecen remitir a una redefinición de las relaciones entre el gobierno de la ciudad (en sus distintos niveles) y las organizaciones de los habitantes. Es decir, a la necesidad de pactar las nuevas formas de relación entre gobierno, partidos políticos y lo que he denominado hace un momento "militancia ciudadana". Sin embargo, es difícil pensar que puedan proponerse y concretarse nuevas formas de relación entre gobierno y sociedad sin antes haber convocado a las fuerzas políticas y sociales a un amplio debate en torno a la necesidad de acabar con las viejas y renovadas relaciones clientelares; así como de encontrar las formas más adecuadas de superar corruptelas e impunidades.

A la convocatoria de esta suerte de Convención para la Gobernabilidad Democrática de la Metrópoli deberían contribuir las instituciones académicas, empezando por las cinco que aportaron autores para la elaboración de esta obra.

"La ciudad ha sido siempre el lugar donde se procesan los cambios", dice en su colaboración la doctora Alejandra Moreno Toscano. Es probable que al poner la ciudad de México a debate, el coordinador y los autores de este libro nos estén llamando a emprender los cambios que requiere con urgencia nuestra sobrevivencia tanto individual como colectiva en esta ciudad, donde no sólo nos tocó vivir, sino en donde queremos seguir viviendo.