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Sociológica (México)

versión impresa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.25 no.72 México ene./abr. 2010

 

Notas y traducciones

 

Un análisis de la singularidad de la esfera cívica de los Estados Unidos en la obra de Max Weber: sus orígenes, expansión y oscilaciones

 

Stephen Kalberg*

 

* Profesor de sociología política, sociología comparada y teoría sociológica clásica y contemporánea en la Universidad de Boston.

 

RESUMEN

El análisis de Max Weber sobre la esfera cívica en Estados Unidos ha sido escasamente investigado. Claramente relacionados con el protestantismo ascético de los siglos XVII y XVIII, los conceptos esenciales y el marco teórico con los que Weber emprendió dicho análisis son expuestos en este ensayo. En dicho análisis y en la totalidad de la obra de Weber son fundamentales tanto un inusual dualismo simbiótico entre el espacio cívico y un individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo [world–mastery individualism], así como un antagonismo entre un individualismo orientado a valores [value–grounded] y un individualismo de racionalidad práctica [practical–rational individualism]. No obstante, aunque poderoso, el modelo weberiano es considerado limitado. Por esta razón, tres constructos teóricos complementarios, fundados en su rico arsenal conceptual, extienden el análisis weberiano. Además, cuatro modelos, tomados en conjunto, proveen un análisis weberiano del origen singular de la esfera cívica en Estados Unidos, así como de su expansión y de su pasada y presente oscilación a través de un espectro específico. Este ensayo sostiene que el análisis de Max Weber, con su énfasis en la importancia de los contextos culturales en la acción social, en la influencia del pasado sobre el presente, y con una serie de hipótesis operacionalizables, difiere profundamente de la perspectiva de Tocqueville, de las actuales teorías de la modernización, del neofuncionalismo y de los análisis neomarxistas de la esfera cívica.

Palabras clave: excepcionalismo estadounidense, protestantismo ascético, esfera cívica, cultura política, Tocqueville, Weber.

 

* * *

 

HACE CIEN AÑOS, MAX WEBER insistió en que cualquier caracterización de la sociedad estadounidense como un montón de granos de arena (Sandhaufen) de individuos desconectados debía ser rechazada (Weber, 2009: 191, 204). Weber intentó crear un retrato más diferenciado de la cultura política del nuevo mundo y, por ello, se opuso vehemente a dicha visión, la cual era común entre sus colegas europeos. Casi todos compartían la visión de la modernidad como un proceso de atomización.

Una de las principales tesis de Max Weber sostiene que una rica esfera cívica1 fue introducida en las colonias americanas por las sectas e iglesias ascéticas protestantes durante los siglos XVII y XVIII.2 A menudo invisible para los europeos, la singular acción ético–política de dicha esfera inyectó una vigorosa energía orientada a la creación de comunidades en la emergente sociedad americana. Además, estos grupos religiosos protestantes provocaron, según Weber, profundas tensiones culturales que fomentaron el surgimiento de innumerables organizaciones solidarias en el siglo XIX: las asociaciones cívicas.

Esta investigación recoge los principales conceptos y el marco conceptual de Max Weber; reconstruye un "modelo weberiano"; y utiliza su rico arsenal de tipos ideales para formar constructos teóricos complementarios. Este ensayo aspira, además, a definir claramente los rasgos únicos, orígenes, expansión y oscilación a través de un espectro determinado de la esfera cívica de la sociedad estadounidense. Basándonos en la obra de Weber y delineando su análisis esperamos explicitar su voz distintiva, sobre todo distinguiendo los rasgos específicos de su sociología –la atención sistemática al significado subjetivo [subjective meaning];3 la consideración a los contextos culturales de la acción social; la perpetua influencia del pasado sobre el presente; y la formación de hipótesis. Al final, se mostrará su estricta oposición a Tocqueville, así como a las teorías de la modernización, al neofuncionalismo y a las perspectivas neomarxistas.

En primer lugar es necesario explicitar a grandes rasgos la exploración de Weber sobre los orígenes religiosos y el crecimiento del ámbito cívico. En esta parte del ensayo (infra: 231–246) se articulan los conceptos y marco conceptual que definen los parámetros de dicho ámbito. Dos temas inmediatamente resaltan: una simbiosis inusual entre esta esfera y un individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo (weltbeherreschende) y una tensión entre un individualismo fundado en valores y otro de racionalidad práctica.

De acuerdo con Max Weber, las grandes transformaciones que acompañaron a los siglos XIX y XX pusieron severamente en duda los parámetros originales de la esfera cívica. El modelo weberiano aquí reconstruido pone de manifiesto la amenaza a la viabilidad, y en general a la acción ético–política, de la esfera cívica. Al respecto, tres subconstructos teóricos, que grafican igual número de desarrollos importantes que han acaecido en esta cultura política, son fundamentales: "la privatización del trabajo", la circunscripción del ámbito cívico por "el poder de bienes", y el fenómeno de la "europeización". Estos tres constructos trazan la magnitud de la metamorfosis social y especifican las características centrales de la cultura política en Estados Unidos.

No obstante, la hipótesis principal de Weber –que un severo debilitamiento e incluso una disolución de la esfera cívica toma lugar en el siglo XX– debe ser reconocida como limitada; ella sólo describe uno de los múltiples y posibles desarrollos de dicha esfera. En verdad, los propios conceptos de Weber apuntan a nuevos constructos e hipótesis divergentes. Este estudio reconstruye, por tanto, tres posibles alternativas, modelos estrechamente ligados a la obra del sociólogo alemán (Weber, 2009: 130–134). De esta manera, para una adecuada comprensión de los rasgos distintivos de la esfera cívica en Estados Unidos, así como de sus parámetros y transformaciones de largo plazo, son imprescindibles los siguientes constructos: "generalización", "asociaciones profesionales" y "conflicto".

Estos modelos, combinados con el constructo weberiano, ofrecen un análisis desde el punto de Weber que traza las oscilaciones de la esfera cívica a través de un espectro desde manifestaciones gruesas, expansivas e independientes, a formas más porosas, circunscritas y dependientes. Tomados en su conjunto estos modelos nos proveen de un retrato de la multidimensionalidad pasada y presente de la cultura política en Estados Unidos. Esta manera de resumir, reconstruir y utilizar los conceptos heurísticos y el marco de referencia de Weber nos permite recoger su complejo análisis de la esfera cívica, ofreciéndonos una contribución singular a la búsqueda continua de definir la particularidad de Estados Unidos en la misma. Este estudio busca, además, llenar en parte un gran vacío en la literatura weberiana.4

 

CONCEPTOS Y MARCO ANALÍTICO DE MAX WEBER: ORIGEN Y EXPANSIÓN DE LA ESFERA CÍVICA

En primer lugar es necesario abordar la capacidad de las sectas e iglesias protestantes del siglo XVII para iniciar y nutrir un tipo distintivo de acción en la fundación de un ámbito cívico característico de Estados Unidos: la acción ético–política. Las asociaciones cívicas en el siglo XIX cultivaron efectivamente el desarrollo de este tipo de acción. Weber afirma que un individualismo orientado a ejercer un señorío sobre el mundo vino a estar relacionado con, y últimamente incluso a sostener, los valores de la esfera cívica.

LOS ORÍGENES DE LA ESFERA CÍVICA: SECTAS E IGLESIAS ASCÉTICAS PROTESTANTES

Durante los tres meses que Max Weber visitó Estados Unidos en 1904 tuvo la oportunidad de conococer directamente el funcionamiento de la esfera cívica estadounidense. De modo semejante a Tocqueville, Weber observó que dicha esfera estaba afianzada en todos los grupos y organizaciones. Sin embargo, a diferencia de su predecesor francés, quien atribuyó el origen de estas "asociaciones cívicas" a las instituciones libres, a un desarrollo del espíritu público y a una búsqueda de los intereses económicos en común (Tocqueville, 1945: 109–113 y 123–127; también véase Kalberg, 1997: 210–212), Weber descubrió la fuente de dichas organizaciones en los "grupos portadores" [carrier groups] de una naturaleza religiosa: las sectas e iglesias ascéticas protestantes (Weber, 2009: 185–204). Estas organizaciones exigían de los creyentes un compromiso total y profundo con "la vida religiosa", desafiando incluso los lazos familiares. Además, los fieles trabajaban mancomunadamente en orden a realizar su principal objetivo en la Tierra: crear un reino próspero de Dios que, debido a su abundancia y justicia, serviría inequívocamente para ensalzar a su majestad y pureza. Weber sostiene que la piedra angular de la acción política y de la esfera cívica estadounidenses puede ser localizada en dichos grupos.

Weber afirma también que el ascetismo del devoto religioso puso en movimiento impulsos hacia la creación de comunidades independientes de creyentes, definidas por la intensidad de sus creencias y por una adherencia disciplinada en la vida diaria a los valores religiosos y a los mandamientos de Dios. La fe sincera de los creyentes y la necesidad del trabajo mancomunado para la realización de las tareas ordenadas por la divinidad establecieron fuertes lazos entre ellos, los cuales orientaban totalmente a los individuos tanto a una conducta personal ejemplar como a una completa lealtad hacia su comunidad. De este modo, si alguno de los miembros de dichas congregaciones altamente compactas debía cambiar de domicilio, sólo requería de un certificado por parte del pastor para ser bienvenido en la nueva secta o iglesia y, de esta manera, adquirir a través de su previa membresía la confianza de los residentes del nuevo lugar. Weber enfatiza que ello implicó una transformación radical de los lazos tradicionales de sangre de la familia extendida y de la tribu hacia una confianza más amplia que se extendía a las congregaciones religiosas, facilitándose así la formación de nuevas comunidades.

Todas las iglesias y sectas protestantes cultivaron este tipo de "ethos fraternal", y tanto la energía orientada a la creación de comunidades como el "espíritu de secta" se expandieron extensivamente a cada rincón de la sociedad estadounidense. Por lo tanto, en lugar de por un puñado de individuos desconectados Estados Unidos fue, Weber insiste, constituido a partir de innumerables organizaciones exclusivas. Enraizados firmemente en constelaciones de valores y en el ascetismo del creyente religioso, estos grupos definieron profundamente la cultura política de los Estados Unidos. Estas organizaciones comprendían a los portadores iniciales de sociabilidad, cuyos fuertes lazos interpersonales desplazaron a la atomización, nutrieron la confianza social y dieron nacimiento a una acción ético–política y a una esfera cívica (Weber, 2009: 185–199, y 204 y ss; véase también Kalberg, 1997: 213–216; y 2003b: 4–6).

Junto a dichos desarrollos, en medio de un siglo caracterizado por una creciente urbanización e industrialización, el marco mental creado por las sectas e iglesias protestantes se presentó especialmente propicio para la formación de asociaciones. Teniendo como base las reglas ligadas a la membresía, con prácticas de inclusión y exclusión semejantes a las de las sectas y con el énfasis en los altos estándares de conducta, dichos grupos –tales como los clubes Lyons, Rotary y Kiwanis y otras sociedades y clubes de naturaleza secular– perpetuaron el cultivo de la confianza social, los ideales de servicio comunitario y los altos estándares de conducta personal. Tal como sucede en las sectas, los miembros de dichas asociaciones monitoreaban recíprocamente sus conductas y castigaban severamente las transgresiones u ofensas. La expulsión de dichas sociedades acarreaba estigma social y, a menudo, implicaba la segregación de la comunidad en su totalidad (Weber, 2009: 187–197 y 200).

De esta manera, así como en los siglos XVII y XVIII los creyentes experimentaban la obligación forzosa de ordenar sistemáticamente sus vidas de acuerdo con los mandamientos de Dios de un modo "vigilante" y auto–introspectivo, los miembros de las asociaciones cívicas del siglo XIX tendieron a organizar rigurosamente sus comportamientos de acuerdo con las normas ampliamente aceptadas por la comunidades, es decir, de acuerdo con aquellas reglas que ancladas en la rutina del día a día se aproximaban a las expectativas y prácticas características de la secta. "Decencia" y "conducta respetable" no eran indicios de la presencia de Dios en la condición salvífica de alguien, sino que dichos comportamientos eran la demostración de sinceridad y confiabilidad del carácter moral de uno mismo. Así, algunos valores cuasi religiosos vinieron a guiar la acción y un rigor moral heredado de otro momento sobrevivió hasta cierto grado. Expresados en la acción ético–política, en el "servicio" y en una "ética cívica", la confianza social y una variedad de otros valores comunitarios transcendentes de la esfera privada vinieron a ser viables, aunque separados del Estado y de las cosmovisiones de las ideologías europeas del siglo XIX (socialismo, comunismo) (Weber, 1968: 1204–1210; y 2009: 185–204; véase también Kalberg, 2003b).

En resumen, Weber sostiene que el legado del protestantismo ascético formó tanto el fundamento como el contexto conducentes al desarrollo de asociaciones cívicas en la sociedad estadounidense del siglo XIX, lo cual derivó en una densa esfera cívica. Más aún, en clara oposición a Tocqueville, quien enfatizó los roles de las instituciones libres, de un espíritu público extendido y de la búsqueda de intereses económicos en común, Weber afirmaría que dicha esfera singularmente localizada, la acción ético–política, se desarrolló a partir del espíritu de las sectas y su descendencia directa fueron las asociaciones cívicas. Por lo tanto, debe rechazarse toda caracterización de los efectos de la industrialización y de la urbanización en la sociedad estadounidense como atomización. Weber enfatiza que los Estados Unidos difieren innegablemente de la experiencia histórica de Europa en el siglo XIX. Dada la ausencia de una herencia de asociaciones sectarias y cívicas, Europa promovió la integración social, la solidaridad y la confianza social por medio de una extensión de los servicios de "protección y cuidado" del Estado; de las cosmovisiones ideológicas de los partidos políticos; y de las uniones de trabajadores (Weber, 1968: 1381–1469).

Las investigaciones de Max Weber acerca de los orígenes religiosos de la esfera cívica estadounidense fueron un caso solitario en el trabajo académico de su generación en Europa.5Y la forma en que definió los contornos y ubicación de dicha investigación fue la visión de largo plazo de la influencia de los grupos ascéticos protestantes y de su descendiente sociológico: las asociaciones cívicas.6 Sin embargo, Weber siempre reiteraría que se requiere una explicación por la particular consistencia espesa de dicha esfera, lo que nos conduce a otro tema relevante. De modo inesperado, la forma particular de la ubicuidad de un individualismo en los tiempos de la colonia en Estados Unidos reafirmó y reforzó a la esfera cívica.

 

EL CRECIMIENTO DE LA ESFERA CÍVICA: INDIVIDUALISMO ORIENTADO A EJERCER SEÑORÍO SOBRE EL MUNDO7

Weber insiste en que la herencia de las sectas dio lugar a un singular dualismo. Un dualismo que unió el cultivo riguroso de la esfera cívica con su opuesto, un individualismo emprendedor [entrepreneurial] y orientado a ejercer señorío sobre el mundo [world–mastery], con énfasis en la iniciativa propia, orientado a la acción y relativamente libre del peso de la tradición. Desde el punto de vista de la localización de la acción ético–política en la distintiva esfera cívica estadounidense, dicho individualismo puede sobre todo detectarse en el protestantismo de la era colonial de los Estados Unidos (Weber, 2009: 141–159, 185–204; y 1968: 1204–1210).

A pesar de que alrededor de 1900 tanto el componente cívico como el orientado al señorío del mundo de este dualismo se habían debilitado, Weber siguió viéndolos como fuerzas importantes desde el punto de vista sociológico en tanto que todavía eran capaces de entrelazar orientaciones de acción [action orientations] que de otro modo hubieran permanecido incompatibles. Esta yuxtaposición de orientaciones de acción significó, de acuerdo con Weber, que el individualismo estadounidense se desvinculó de una de las manifestaciones empíricas más frecuentes del individualismo: una racionalidad práctica caracterizada por un utilitarismo basado en intereses y cálculos egocéntricos (Weber, 2009: 88; Kalberg, 1980: 1151–1152). Por el contrario, el individualismo estadounidense vino a concentrarse parcialmente en la actividad cívica. ¿Cómo sucedió dicho proceso?

De una manera singular, el ascetismo se opuso a los placeres mundanos y, por tanto, el creyente fue obligado a mantener un escrutinio especialmente vigilante de todos los impulsos de su condición de animal; por supuesto, dicha tarea resultó especialmente difícil. Más aún, debido a su falta de legitimidad para absolver los pecados a través de la confesión, el clero protestante no podía ofrecer ayuda en la consecución de la salvación. Sólo frente al Dios del Antiguo Testamento, colérico, omnipotente y vengativo, y siendo responsable sólo ante Él, el devoto estaba forzado a depender exclusivamente de sí mismo; sólo podía crear "la evidencia" de su predestinación. La intensa ansiedad que acompañó la pregunta fundamental de todo creyente –¿Estoy salvado?– sólo podía aliviarse de dicha manera (Weber, 1968: 1198–1200; 2009: 106–107, 119–120).

Sin embargo, la admonición del ascetismo –de enfocar a través de una firme disciplina toda energía en los mandamientos de Dios, en la búsqueda de la salvación y en la domesticación de todo deseo físico– debe entenderse como una obligación entre otras. El creyente era forzado, además, a crear en la Tierra el Reino de Dios, puesto que el mal debía ser removido en lugar de ser tolerado. Se esperaba que todos los creyentes cumplieran la obligación de ejercer señorío sobre el mundo [world–mastery] siguiendo los mandamientos de Dios, actuando en contra del mal. Dicha oposición debía ejercerse incluso en el caso de la autoridad secular o en contra de la opinión popular si es que ellas eran percibidas como ilegítimas.

La transformación de la sociedad como un todo vino a constituir una necesidad religiosa. Por consiguiente, un individualismo "orientado al mundo" y enfocado en valores y opuesto a todo compromiso, prudencia o contemplación vino a resultar indispensable. Una poderosa energía animó al devoto a servir a Dios, a oponerse a las tradiciones y las acciones injustas y a permanecer resuelto en la persecución de dichos fines (Weber, 1968: 1207–1209; 2009: 109–110, 198–199, 204, 491–492). Por supuesto, sólo los individuos fuertes pudieron navegar los innumerables obstáculos mundanos y alcanzar estos difíciles objetivos. Sin embargo, una intensificación del individualismo orientado al señorío del mundo tomó lugar de una nueva forma.

Tal como ha sido descrito anteriormente, en lugar de residir en un oficial de la Iglesia o en una hierocracia la responsabilidad de aliviar la extrema ansiedad que acompañó la falta de certezas con respecto a la propia salvación vino a alojarse exclusivamente en el creyente. Afortunadamente para el creyente, los teólogos puritanos [Puritan Divines] de los siglos XVII y XVIII, separándose de los calvinistas originales, ofrecieron un mecanismo particular para determinar el estatus con respecto a la predestinación o determinar si habían sido elegidos: el éxito logrado en este mundo, definido como la capacidad para trabajar de forma metódica en una vocación (Beruf), y con ello la adquisición de prosperidad material. De este modo, el creyente podía concluir que el favor del Dios omnisciente y omnipotente había descendido sobre él. El éxito terrenal era el reflejo de la energía divina. Después de todo, nada ocurre por casualidad en el universo de Dios y, por supuesto, estos "signos" eran solamente ofrecidos al predestinado por obra de la infalible divinidad. Por consiguiente, una particular y rigurosa forma de las "gratificaciones psicológicas" vino a estar ligada a un trabajo metódico y a la búsqueda de la riqueza (Weber, 1968: 572–573, 1197–1200, 1203–1210; 2009: 151–152).8Asombrosamente, dicha dinámica permitió finalmente el desarrollo de una esfera cívica.

Weber defiende que, a pesar de que los creyentes eran en un último sentido motivados por la urgencia de buscar resolver la propia salvación, la orientación hacia un trabajo sistemático puesto ahora en el centro de la vida intensificó el compromiso de ellos hacia la comunidad. Dado que a pesar de que los protestantes ascéticos eran abandonados a sí mismos para crear la evidencia de su condición de elegidos, el trabajo metódico en pos de una vocación, o los medios para realizar dicho llamado, jamás podían servir exclusivamente a motivos utilitarios o egocéntricos. Por el contrario, la necesidad de ensalzar la gloria de Dios exigía del creyente trabajar en Su Nombre y crear el Reino en la Tierra, humano y justo, que alabara a Su Majestad. Por dicha razón, el trabajo [work] vino a intensificarse y orientarse en gran medida hacia conductas que escaparan lo meramente práctico–racional y al flujo azaroso del día a día, y puesto en dirección hacia las tareas cívicas.

El trabajo contribuyó a unir a los creyentes de un modo sistemático a una configuración de objetivos religiosos establecidos; y a tomar un lugar en nombre de un propósito divorciado de la acumulación egoísta de bienes materiales. En efecto, el trabajo metódico no solamente nutrió la confianza social y la creación comunitaria, sino que vino también a sostener una dimensión cívica. Por esta razón, un dualismo distintivo apareció evidente a Weber: la acentuación de un individualismo orientado al señorío del mundo y al mismo tiempo enfocado en la capacidad del creyente de dar forma y de reformar sus propios destinos a través del trabajo y de la búsqueda de ganancias económicas. Sin embargo, la misma búsqueda de la salvación empujó al devoto hacia un mayor compromiso con su comunidad así como con una reforma social en nombre de los mandamientos y del honor de Dios. De este modo, la acción ética se orientó hacia la actividad cívica de una manera sistemática y cesó de estar anclada exclusivamente en los lazos sanguíneos. La acción ético–política surgió y adquirió un ímpetu dinámico.

Además, una organización estable y duradera cristalizó como el portador social de "las recompensas psicológicas" que el protestantismo ascético concedió al individualismo orientado tanto al control mundano como a la participación comunitaria: la congregación.9 Debido a que dicha organización era una familia estrechamente unida y basada en la confianza y la ayuda mutua, compuesta por los "hijos de Dios", llegó a servir como base de entrenamiento para alcanzar un comportamiento en conformidad con los principios abstractos de la Deidad y para la instrucción en habilidades de participación grupal. En este medio seguro de creyentes certificados y "hermanos" honestos, las reglas de autogobierno podían enseñarse y servir para el cultivo del grupo.10 Lejos de consideraciones utilitarias, Weber insistía en que esta vida religiosa orientó al devoto hacia un activismo cívico.

Por lo tanto, el protestantismo ascético ejerció una amplia influencia sobre las culturas económica y política del periodo colonial y de los inicios de los Estados Unidos de América (Weber, 2009: 185–204). Debido a la santificación del comercio; de la ganancia económica; del trabajo metódico; y al estricto respeto de los mandamientos de Dios por parte del creyente ascético, una constelación de valores interpersonales asumieron la forma de ideales de interacción, incluso para las relaciones comerciales: confianza, consejo sincero, honestidad y fair play. Una vez establecidos en los ámbitos de la economía y de la religión, dichos valores integradores y solidarios se extendieron a la esfera política y erigieron los poderosos ideales de veracidad, confianza social, buena voluntad y fair play en la vida pública en general.

Para Weber, dicha expansión de la acción ético–política, articulada en las sectas e iglesias, a las áreas de la economía y de la política implicó una continua tensión con la acción racional de medios y fines, e incluso con el puro cálculo instrumental, que normalmente impera en dichos ámbitos. No obstante, en cada momento en que aparecieron organizaciones poderosas portadoras de dichos valores, sostiene Weber, la acción ético–política podía permear, en tanto ideal, incluso en dichas esferas. En efecto, mucho antes de los inicios de la industrialización en la mitad del siglo XIX en Estados Unidos, los ámbitos de la economía y de la política vinieron a estar penetrados por dichos ideales. La demarcación de una esfera cívica de ética pública vino a exigir de los funcionarios electos, así como de los hombres de negocios, la obligación de sostener sus altos estándares.

Weber argumenta que dicha esfera fue indispensable para el origen y expansión de las asociaciones cívicas por medio del establecimiento de patrones sólidos [firm patterns]. Aunque los activistas cívicos del siglo XIX rara vez consideraron su participación como parte "del trabajo de Dios" o como un esfuerzo por adquirir Su Favor, confrontando al mal y creando una comunidad ética en la Tierra, la valoración y estima social todavía estaban asociadas a dichos ideales. No como marca de devoción, sino como expresión de confianza y honor social, la pertenencia a una asociación cívica implicaba la "insignia" secular de respetabilidad y de "altura social"; la certificación de las personas en tanto dignas de confianza o de la condición de "gentleman". De este modo, Weber sostiene que el legado del protestantismo ascético, ahora manifiesto como normas comunitarias de participación y servicio así como ideales de ética pública, vino a servir a la formación de diversas asociaciones cívicas. Resultaba evidente para Weber la capacidad de estos legados para asistir a la formación de tales asociaciones a gran escala: "El viejo 'espíritu de las sectas' impera con un efecto incesante en el carácter interno de estas organizaciones" (2009: 204). Más aún, Weber resalta:

Hoy día, un gran número de "órdenes" y clubs de todo tipo han comenzado a asumir las funciones de la comunidad religiosa. Casi todos los hombres de negocios que se piensan de cierta dignidad usan algún tipo de insignia en su solapa. Sin embargo, el arquetipo de este fenómeno, al que todos recurrimos para garantizar la "honorabilidad" de un individuo, es sin duda la comunidad eclesiástica (1985: 8; véase también Weber, 2009: 191–192, 197).

El foco de Weber en torno al protestantismo ascético y sus grupos portadores [carrier groupings], congregaciones de sectas e iglesias, centra su análisis en los orígenes de la esfera cívica y su expansión en firme y clara oposición a la interpretación de Tocqueville, con su énfasis en las instituciones libres, el espíritu público y los intereses económicos. El análisis de Weber se opone también a la explicación de Parsons de la esfera cívica en cuanto elemento concomitante evolutivo del avance de la industrialización y de su subsecuente "proceso de diferenciación" (véanse Parsons, 1966, 1971; también Kalberg, 1993). Weber señala11 que los estudios de caso y los tipos ideales, en lugar de la teoría desprovista de base empírica, deben guiar la investigación sociológica. Argumenta que las culturas políticas de las naciones rara vez han dado origen a ideales cívicos generosos que resuenen más allá de las élites. Dichas culturas y su interconexión fueron, además, con un individualismo orientado al señorío del mundo, extremadamente inusuales. Como consecuencia de un fundamento común en la doctrina y las organizaciones del protestantismo ascético, los valores cívicos y un individualismo activista llegaron a estar estrechamente ligados en el periodo colonial de los Estados Unidos.

Dicha interpenetración tomó su lugar de tal manera que intensificó ambos fenómenos. Por un lado, cristalizó un ámbito cívico denso, capaz de dirigir un poderoso individualismo. Expresada como ética pública, una esfera cívica delineó y defendió valores, ideales y un ámbito de actividad opuesto a toda acción utilitaria enraizada en cálculos instrumentales. Desde otro punto de vista, un individualismo orientado al servicio cívico,12 caracterizado por la autoconfianza de actuar en nombre de valores, principios y derechos, e incluso en contra de grandes obstáculos, pudo rejuvenecer constantemente la autonomía de la esfera cívica. A su vez, los ideales cívicos fortalecidos originaron altas expectativas sobre las personas para reformar sus comunidades de acuerdo con valores éticos, impulsando la intensificación de un individualismo orientado al control de mundo. Sin embargo, este individualismo, insiste Weber, permaneció limitado a los parámetros de la esfera cívica y, por tanto, estuvo en oposición a todo racionalismo práctico; a los cálculos basados en intereses utilitarios; a las tendencias egoístas. De este modo, a partir de este fuerte individualismo se desarrolló una dinámica autosustentable que condujo a un dualismo de la esfera cívica, en la que es evidente además la existencia de una simbiosis. Así, la existencia permanente de innumerables (y en parte conflictivas) asociaciones cívicas, sociedades y clubs creó una fricción continua [jostling] a través de la cual los valores de cada organización rejuvenecían debido a que las lealtades y los compromisos de los grupos específicos tenían que justificarse repetidamente.

El nacimiento y la expansión de la esfera cívica estadounidense ocurrieron, sostiene Weber, de esta forma, en lugar de ser una consecuencia de las instituciones libres, o de desarrollarse a partir del espíritu público o de la consecución de intereses económicos comunes, tal como Tocqueville había sostenido, como el subproducto de un concomitante evolutivo ligado a los procesos de industrialización y diferenciación. Para Weber, dicho ámbito delimitado implicó constelaciones de grupos cohesionados, un elemento concerniente a la formación comunitaria, así como conflictos transversales.

Lejos de ser "átomos desconectados", los estadounidenses vivían profundamente dentro de, aunque no subordinados a, una multitud de grupos. Un ámbito cívico de activismo e ideales, ligado a la doctrina del ascetismo protestante, potencialmente orientado a la acción. Más aún, dicha esfera cultivó la integración social, el fair play y la confianza; en lugar de ser severa y autoritaria, estaba permeada por ideales de buena voluntad y una conducta ética. Weber reafirma que la acción ético–política de dicha esfera resultó ser un fenómeno singular que siguió una trayectoria distintiva en la modernización de las culturas políticas de Europa. Aun careciendo de una herencia ascética protestante de una amplitud considerable, la acción político–ética se desarrolló en dicho continente de un modo diferente: en las uniones de trabajadores de fines del siglo XIX, en las ideologías y las visiones de mundo de los partidos políticos, así como en el prestigio y las leyes de un naciente Estado de bienestar.13

Max Weber retrata la manifestación clásica de la esfera cívica estadounidense de la siguiente manera. Para él, la cultura política estadounidense se caracteriza por los rasgos que a continuación se describen: un singular lugar de la acción ético–política y un dualismo esencial que se traducen en una yuxtaposición del individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo con una esfera cívica desarrollada. Weber enfatiza la interacción del apoyo mutuo entre los componentes centrales de dicha esfera, su energía de creación comunitaria y sus modos particulares de integración.14

La fragilidad empírica de dicho singular dualismo capturó especialmente la atención de Weber. La duración de dicha esfera requirió de un delicado equilibrio de grupos que estaban en continuo movimiento. Weber estaba convencido de que el cambio social rápido y profundo representaba una amenaza a su intrínseca simetría y podía anteceder a su fragmentación. Los ejes separados de este dualismo dejaron de poseer, toda vez que devinieron independientes y perdieron su naturaleza simbiótica, la capacidad para orientar eficientemente la acción. La esfera cívica quedó, entonces, expuesta y vulnerable, expandiéndose o contrayéndose de acuerdo con las diversas constelaciones de dominación, el flujo irregular del poder, o las alineaciones múltiples. Una "rutinización" de la acción ético–política hacia orientaciones de racionalidad práctica seguía directamente después de cualquier debilitamiento de dicha esfera.

Habiéndose originado en los paisajes religiosos y agrarios de los siglos XVII y XVIII, Weber sostiene que la esfera cívica estadounidense debió confrontar serios desafíos durante los siglos XIX y XX. Profundamente arraigada en el protestantismo ascético, ¿pudo esta densa esfera cívica retener su influencia independiente? El "individuo fuerte" de la frontera, habiendo sobrevivido en contra de todas las probabilidades y conquistado vastos territorios, se transformó en un mito. La sociedad estadounidense, habiendo sido dirigida por el protestantismo ascético hacia los valores de una clase burguesa en expansión, llegó a estar permeada ampliamente por una orientación de la acción hacia la competencia y el logro [achievement], un marco mental optimista respecto de las habilidades del individuo y una perspectiva energética en relación con los problemas y las tareas. Alrededor de la década de 1870, héroes en el molde de Horatio Alger, independientes de las obligaciones de las tradiciones y con base en sus talentos, energías y voluntades saltaron "de los harapos a la riqueza". Urbanización, industrialización y capitalismo moderno significaron una metamorfosis social masiva. Solo frente al mundo, el individuo adquirió legitimidad en los círculos sociales más importantes, se hizo merecedor de aprecio y fue elevado a un pedestal.15

Según Weber, dichos desarrollos reafirmaron un individualismo práctico–racional directamente antagónico a la esfera cívica. ¿Siguió existiendo la reciprocidad dinámica que fortaleció el dualismo entre el individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo y la esfera cívica en el siglo XX? O más bien, ¿un racionalismo práctico hizo trizas dicho individualismo orientado al servicio cívico?; ¿continuaron las asociaciones cívicas permeando a la sociedad estadounidense y proveyendo de la infraestructura integradora y orientada a la construcción comunitaria que permitió limitar la atomización? A fines del siglo XIX, sustantivamente nutrida por las iglesias y las asociaciones cívicas, todavía apareció la esfera cívica, aunque incesantemente desafiada por un racionalismo práctico y significativamente debilitada.16

Debemos ahora enfrentar los destinos posibles del denso ámbito cívico en los rápidamente cambiantes siglos XX y XXI. Nuestra orientación debe, por lo tanto, girar del pasado distante y concentrarse hacia el pasado y presente inmediatos. Sin embargo, tenemos que hacerlo utilizando los conceptos y el marco conceptual de Weber, los que una vez más guían el análisis, tanto directamente por medio de la reconstrucción de un "modelo weberiano" como indirectamente a través de la formación de tres modelos actualizados y alternativos: generalización, asociaciones profesionales y conflicto. Cada modelo postula un resultado probable para la esfera cívica estadounidense. Por lo tanto, la siguiente discusión extiende el marco conceptual weberiano. Ahora se intentará delinear, desde un punto de vista más vasto, el amplio espectro dentro del cual las oscilaciones de la esfera cívica estadounidense están ocurriendo hoy día. Cambios significativos de "ubicación" suceden a lo largo de generaciones y, en algunas ocasiones, dentro de una década. Este nuevo espectro define los parámetros de la esfera cívica en la actualidad. Debemos, para proseguir, poner nuestra atención en el modelo weberiano.

 

EL MODELO WEBERIANO: LA DISOLUCIÓN DE LA ESFERA CÍVICA

Este modelo reconstruye las diversas maneras en que Weber concibió el curso del debilitamiento y disolución de la esfera cívica estadounidense. Tres submodelos constituyen el constructo weberiano y cada uno de ellos formula hipótesis concernientes a los desafíos de la esfera cívica.17 Un breve examen de cada uno será suficiente para explicar sus características.

LA PRIVATIZACIÓN DEL TRABAJO Y LA EXPANSIÓN DEL RACIONALISMO PRÁCTICO

De acuerdo con este submodelo, la santificación de la riqueza y del trabajo metódico en los siglos XVIII y XIX tendió a desaparecer y, tal como el ascetismo y el trabajo disciplinado se alejaron del centro de la búsqueda de la salvación, el individualismo se volvió rutinizado y se vio reducido a sus intereses de base, a una forma de racionalismo práctico. Este constructo teórico formula una hipótesis sobre un vaciamiento y una circunscripción de la esfera cívica, constituyéndose un círculo vicioso.

No obstante, y aunque debilitado por el agotamiento del ascetismo, el propósito de construir el Reino de Dios persiste en una forma rutinizada. Este submodelo postula que en los siglos XVIII y XIX los ciudadanos buscaron establecer una sociedad civil justa y buena. No es sorprendente que a la luz de la principal herencia religiosa de los Estados Unidos, el trabajo llegara a ser considerado como el medio central para alcanzar dicho propósito. Así, este constructo teórico sostiene que un nuevo enriquecimiento de la simbiosis inicial entre la esfera cívica y el individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo efectivamente ocurrió. Sin embargo, hacia fines del siglo XIX este constructo defiende que el ámbito cívico retomó un camino de declinación; su capacidad para dirigir la actividad de amplios sectores transversales de la población estadounidense se debilitó en medio de la expansión de un individualismo de racionalismo práctico.

En este nuevo medio social, urbano e industrializado, ni el espíritu capitalista de Benjamín Franklin ni los valores de la ética protestante fueron capaces de dotar al trabajo metódico con significado subjetivo [subjective meaning] (Weber, 2009: 157–158). En la medida en que el recorrido histórico caracterizado por la extraordinaria santificación del trabajo completó su trayectoria, este último se convirtió en una actividad simplemente utilitaria. Ahora desligado de la esfera religiosa y rutinizado a su forma práctico–racional, el trabajo sirvió cada día más a los intereses egoístas de los individuos, tal y como sostiene la hipótesis formulada por este submodelo weberiano.

Este subconstructo heurístico capta el fenómeno de la completa privatización que es dominante en la fase final de dicho monumental recorrido. Describe, además, el contexto social que, de acuerdo con Weber, influenció dicho desarrollo: los aspectos coercitivos y el racionalismo práctico del capitalismo moderno. Ya sean empleados o empresarios, aquellos "nacidos en este cosmos poderoso" fueron forzados a adaptarse a las leyes del mercado y al intercambio impersonal de bienes con el objeto de sobrevivir. Una vez "ensillados", el tempo del lugar de trabajo del "capitalismo victorioso" impone sobre todos aquellos que están dentro de su alcance un modo de vida organizado. Dentro de este "mecanismo triturador" caracterizado por "una red inevitable de necesidades pragmáticas", la sobrevivencia de los negocios, así como la capacidad del individuo para ganarse el sustento, no exigió nada menos. De acuerdo con este subconstructo, el fundamento que da la base para la era moderna no es "espiritual", sino "mecánico": "la idea de una 'obligación de buscar [...] y luego aceptar un llamado vocacional' [vocational calling] ahora vagabundea en nuestras vidas como el fantasma de creencias desarraigadas de la sustancia de la religión" (Weber, 2009: 157). En uno de sus pasajes más famosos, Weber capta concisamente la transformación esencial a nivel del significado subjetivo y de los motivos: "El puritano quería ser una persona con un llamado vocacional; nosotros debemos serlo" (2009: 157–158, 446–448).

Siendo fundamental para el destino de la esfera cívica, el trabajo es desprovisto de sus bases anteriores, religiosas y cívicas, así como de sus capacidades de construcción comunitaria y de integración, incluso a pesar de que continúa estando en el centro de la vida diaria. Por lo tanto, este submodelo presenta la hipótesis de que un cambio completo de significado ocurrió en el dualismo entre un individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo y la esfera cívica, apareciendo una forma de trabajo desacralizada y un racionalismo práctico. De este modo, la acción ético–política del ámbito cívico fue marginada. Se sigue de estas consideraciones un subpostulado: la ciudadanía, en su más amplio sentido como orientación común de las personas hacia los ideales de la esfera cívica y el compromiso comunitario, alcanza su último estadío de desarrollo. Deviene, entonces, en una mera actividad de recreación [hobby activity] y es relocalizada en el ámbito del ocio.

LA CIRCUNSCRIPCIÓN DE LA ESFERA CÍVICA POR EL "PODER DE LOS BIENES MATERIALES"

Un desarrollo significativo en décadas recientes –la expansión del "poder de los bienes materiales"– también reafirma el individualismo desenfrenado y se confronta antagónicamente con un esfera cívica vibrante. Un nuevo submodelo weberiano muestra esta transformación y su resultado: una expansión del racionalismo práctico.

Este subconstructo también se enfoca en el medio social que contextualiza dicho desarrollo. En un "capitalismo victorioso", este modelo postula que el poder de los bienes adquiere una firme influencia sobre las personas. Si en los siglos XVII y XVIII los protestantes estadounidenses, viviendo en este mundo pero orientados hacia el próximo, podían fácilmente rechazar las tentaciones de los bienes como "un abrigo liviano que uno podía sacarse con facilidad", a comienzos del siglo XX el poder de dichos bienes ha adquirido un "revestimiento duro como el acero" (Weber, 2009: 153–154, 157–158).

Los bienes materiales adquieren, de acuerdo con este submodelo de Weber, "un creciente, y al final ineludible, poder sobre las personas, nunca antes visto en la historia" (Weber, 2009: 158). Una cultura de consumidores intensa y ubicua se desarrolla en paralelo con el inicio de la prosperidad. Los bienes atractivos deben ser poseídos. Más aún, este subconstructo lanza la hipótesis de que el intento serio de poseerlos ha adquirido una nueva intensidad y se ha transformado en una poderosa "persecución de ganancias en los Estados Unidos", que ha desplazado al llamado vocacional [vocational calling] "del espíritu del ascetismo" y al "significado ético–religioso".

LA CIRCUNSCRIPCIÓN DE LA ESFERA CÍVICA POR EL "PROCESO DE EUROPEIZACIÓN"

Este subconstructo weberiano postula un proceso gradual de "europeización" o burocratización de la cultura política estadounidense. Es un modelo que concibe a las burocracias de gran escala como esenciales para las sociedades industriales y predice que dicho desarrollo reducirá y constreñirá la esfera cívica.

Las limitaciones que acompañan a los procesos de industrialización, de acuerdo con este submodelo teórico, hacen probable dicha transformación. Característica de esta alteración es una centralización del poder y un aumento del prestigio y la autoridad de los administradores y servidores públicos [managers and civil servants]. El conocimiento especializado de los engranajes del Estado y de la economía que ellos detentan determina dicho desarrollo, circunstancia que es acompañada por la disminución de la autoridad de los políticos elegidos en relación con las decisiones que conciernen a la creación de políticas públicas. Debido a la continua expansión de la burocratización, este submodelo formula la hipótesis de que el ámbito cívico termina por ser dominado por los partidos políticos, perdiendo viabilidad el debate abierto; los valores pluralistas y contrapuestos; y la libertad de ideas. En tanto que los conflictos sustantivos son controlados y pierden vitalidad, los ideales cívicos, habiendo dejado de renovarse por la falta de controversias habitualmente ligadas a la existencia de grupos que compiten decididamente, se desvanecen también (Weber, 1968: 1396–1406; 1978: 281–282; y 1994: 272–303).

De acuerdo con este modelo, la intensificación de la estratificación de clases y la limitada movilidad ocupacional y social determinan una "osificación societal". La sobrevivencia de la acción ético–política es puesta en duda, sobre todo con el aumento del prestigio y la autoridad de los funcionarios del Estado. Este modelo postula que la sociedad se torna rígida, ensimismada, y estancada, dominada por administradores adversos al riesgo, amantes de la estabilidad y cautelosos. La esfera cívica, así como los residuos de la energía orientada a la construcción comunitaria del espíritu de las sectas, es constreñida y marginada. Simultáneamente, según este submodelo la racionalidad formal propia de las burocracias, debida a su orientación hacia los procedimientos, estatutos, códigos y regulaciones escritas, confronta y debilita más aún cualquier legado del individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo arraigado en las orientaciones de valor. La sobrevivencia de la vieja simbiosis, la mutua reafirmación entre el individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo y la esfera cívica, está decididamente amenazada, con la consiguiente limitación de la independencia de la esfera cívica y con un proceso creciente de debilitamiento de su fuerza y capacidad de expansión (Weber, 2005: 225–272).18

Estos tres subconstructos teóricos nos han ofrecido una conceptualización weberiana de la esfera cívica en los Estados Unidos durante el siglo XX. Cada uno de ellos postula la disolución de dicha esfera. Tomados en su conjunto constituyen el modelo weberiano, es decir, un constructo actualizado que define los parámetros probables de la esfera cívica estadounidense de acuerdo, por una parte, con el marco conceptual y el rico conjunto de conceptos anteriormente explicitados y, por otra parte, con diversas referencias a los escritos del mismo Weber. En lugar de ser una descripción precisa de la realidad empírica este modelo, tal como ha sido descrito, ha intentado formular hipótesis y directrices para la investigación empírica actual.

Esta investigación debe proseguir su orientación hacia la construcción de modelos en lugar de hacia la mera confirmación o refutación de las hipótesis anteriormente formuladas para cada submodelo weberiano (tarea que escapa los límites de este estudio). A continuación se expondrán tres constructos teóricos complementarios también ligados a los conceptos y al marco analítico de Weber. Dichos constructos expanden la red conceptual del modelo weberiano y, por tanto, ayudan a demarcar los parámetros más amplios de la esfera cívica.

 

MODELOS COMPLEMENTARIOS: ACTUALIZANDO Y EXTENDIENDO EL MARCO ANALÍTICO

En combinación, los modelos weberiano de generalización, de asociaciones profesionales y de conflicto forman un amplio espectro que permite la conceptualización de una amplia gama de las características principales de las dinámicas y de las rutas de desarrollo del ámbito cívico estadounidense. En dicho espectro, las expresiones más densas, expansivas e independientes sobresalen en uno de sus extremos; y en el extremo opuesto resaltan las formas más porosas, circunscritas y dependientes. Este marco analítico más amplio nos permite capturar las oscilaciones de la acción ético–política en la cultura política estadounidense.19

EL MODELO DE GENERALIZACIÓN: LA LONGEVIDAD DE LA ESFERA CÍVICA

En comparación con el modelo weberiano, el constructo de generalización se localiza en el extremo opuesto del espectro de la esfera cívica. En el fundamento de este modelo descansa un supuesto que está en el corazón de la sociología de Max Weber: el pasado nunca perece como mera consecuencia de los cambios estructurales; por el contrario, persiste en el presente.

De acuerdo con el modelo de generalización, el individualismo orientado al control del mundo de los siglos XVII y XVIII fue capaz de retener su orientación cívica por más tiempo. El foco del ascetismo protestante en torno al trabajo mantiene con fuerza un elemento ligado a la construcción comunitaria; la influencia del legado de largo plazo de las sectas se ha transformado en un fenómeno generalizado que afecta diversos aspectos de la sociedad estadounidense, y la relación simbiótica entre el individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo y la esfera cívica continúa siendo vital y vibrante. En este constructo, el ámbito cívico denso es capaz de mantener su poder expansivo y su independencia; además es capaz de defender sus fronteras en contra del racionalismo práctico, el poder de los bienes, la burocratización, la especialización del trabajo y el marco mental cauteloso del funcionario. El espacio de creación de políticas públicas sigue estando enraizado en un Parlamento poderoso y en la política electoral. En general, los valores del ámbito cívico, la acción ético–política y un individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo son transferidos a una diversidad amplia de grupos socializadores y cultivados de forma independiente. La noción de "servicio a la comunidad" permanece vital. Finalmente, el número total y la amplia dispersión de las asociaciones cívicas resisten debido a la inyección de un dinamismo plural: el estancamiento societal. Muy por el contrario, dichas organizaciones son capaces de sustentar la acción ético–política y de formar un tipo de muralla de contención en contra de la configuración de los valores promovida por los servidores públicos, funcionarios y administradores.

Tal como en el caso del modelo weberiano, el surgimiento empírico de los aspectos antes descritos del modelo de generalización requiere de la presencia de un conjunto facilitador de grupos portadores cohesionados. De acuerdo con este modelo, una vez que dichos grupos adquieren autoridad, estatus y poder en relación con los grupos antagónicos, la esfera cívica retiene su consistencia espesa y su independencia. En lugar de expandirse exclusivamente a las esferas del trabajo y de la política, dicha esfera se difunde generalmente a través de la totalidad de la sociedad estadounidense: su acción ético–política se extiende a las familias; los barrios; las escuelas; las fundaciones y las organizaciones de caridad y de orientación cívica; los grupos voluntarios; las universidades; las instituciones militares; y otras organizaciones e instituciones fundamentales de la sociedad.

En relación con lo que se discutía anteriormente, de acuerdo con el modelo weberiano la secularización debilita tanto a la esfera cívica como al individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo; en efecto, dicho modelo postula una disolución del ámbito cívico. Por otro lado, de acuerdo con el constructo de generalización, el trabajo [work] retiene por más tiempo su carácter santificado o semi–legítimo. Por lo tanto, en mayor o menor medida la totalidad de dichas organizaciones e instituciones transmiten una energía creadora de comunidades.

En resumen, el modelo de generalización establece la hipótesis de que, a pesar de las transformaciones de los siglos XIX y XX, la esfera cívica mantiene sustancialmente su intensidad e influencia iniciales. Directamente opuesta al constructo weberiano, la esfera cívica permanece densa, expansiva e independiente.20

EL MODELO DE LAS ASOCIACIONES PROFESIONALES: LA RELOCALIZACIÓN Y DEBILITAMIENTO DEL LEGADO DE LAS SECTAS

El constructo de las asociaciones profesionales, en contraste con el modelo de generalización, comparte una hipótesis fundamental con el modelo weberiano: una metamorfosis de la sociedad estadounidense ha conducido a una expansión del racionalismo práctico. Sin embargo, el constructo de las asociaciones profesionales rechaza el presupuesto central del modelo weberiano: el logro singular del protestantismo ascético en el periodo de posguerra –la sublimación y racionalización del trabajo a través de los diversos estratos sociales en una actividad fundada en valores– ha sido erradicado. Por el contrario, y a pesar de que el modelo de las asociaciones profesionales reconoce el desacoplamiento del trabajo de las configuraciones valorativas de santificación en el largo plazo, de todas formas postula que el legado de las sectas ha penetrado profundamente en la era actual. No obstante, este modelo sostiene que las asociaciones profesionales fueron incapaces de igualar la amplia expansión lograda por el modelo de generalización. El constructo de las asociaciones profesionales articula una localización circunscrita de dichas asociaciones en el periodo de posguerra en Estados Unidos y llama la atención sobre su continua influencia.

De acuerdo con este modelo, la generalización de la herencia del protestantismo ascético, característica del siglo XIX, no puede lograr la misma magnitud en la era actual. Más aún, este modelo sostiene que los legados de las sectas llegaron a estar significativamente separados de las asociaciones cívicas, las cuales se transformaron en organizaciones más porosas e internamente menos firmes. Un sector de la sociedad estadounidense se transformó en la residencia de dichos legados: las asociaciones de profesionales de la clase media alta.21 En esas organizaciones, según argumenta este modelo, dichos legados son cultivados y cuidados. En tanto que es difundida por dichas organizaciones, una orientación de valor sistemática hacia el trabajo y las vocaciones compite directamente con las orientaciones utilitarias y práctico–racionales. ¿Cómo son las asociaciones profesionales, de acuerdo con este modelo, capaces de manifestar los legados de las sectas?

Un comportamiento deseable y una conducta moral apropiada para los miembros de las asociaciones profesionales fueron firmemente establecidos, definiendo dicho comportamiento de acuerdo con una orientación hacia los altos estándares. La conducta apropiada para el candidato que pretendía convertirse en miembro llegó a estar determinada por los certificados de logros educacionales (en lugar de una carta de recomendación por parte de un pastor); dichos certificados se convirtieron en el principal criterio de admisión. Fue así como el comportamiento llegó a estar monitoreado formal e informalmente por su conformidad con los estándares de la organización. Con el objeto de aplicar dicho control fue adoptada la forma externa de las sectas: mecanismos de observación y disciplina. Articulados en "códigos de conducta", reglas y estatutos dichos mecanismos fueron puestos en marcha por comités específicos y con poderes para castigar a los infractores. Se podían imponer multas y otras severas sanciones, incluyendo la pérdida de membresía, que podían incluso llegar a significar el fin de promisorias carreras. En fin, los profesionales podían medir su autoestima y su dignidad en relación con un conjunto de códigos morales. ¿Era el miembro de una asociación capaz de satisfacer los estándares de la organización?; ¿hasta qué punto "la integridad profesional" ha sido mantenida a través de la carrera de un individuo? Un "profesionalismo" sincero y "la carrera profesional", enlazados sustantivamente pero separados de otros ámbitos, adquirieron legitimidad y prestigio. De esta manera, la asociación profesional fue capaz de mantener su propia integridad y la de sus miembros (Abbot, 1983; Abel y Lewis, 1989; Barber, 1978–1979; Friedson, 1984).

Este modelo comprende a las asociaciones en tanto que manifestaciones sustantivas de los legados de las sectas.22 Una gran variedad de asociaciones vocacionales han cristalizado en los Estados Unidos, muchas de las cuales antecedieron al periodo de posguerra; por ejemplo, la Asociación Americana de Medicina, la Asociación Americana de Abogados [Bar Association], la Sociedad Americana de Psicología, la Sociedad Americana de Trabajadores Sociales y la Asociación Americana de Sociología. También merece resaltarse el proceso de definición por parte tanto de grandes como de pequeñas corporaciones de negocios de las "éticas de negocio", "códigos de conducta" y "declaraciones de objetivos" (véanse Abbot, 1983; Abel, 1985, 1986; Barber, 1978–1979; Friedson, 1984; Parsons, 2007).

De acuerdo con este modelo, la relocalización de los legados del ascetismo en las asociaciones de profesionales tuvo consecuencias significativas para la esfera cívica en los Estados Unidos. La relación del espíritu de las sectas con la sociedad estadounidense ha sido transformada de un modo general. Este constructo teórico postula que los legados de las sectas en lugar de definir estándares para iniciativas cívicas de un modo amplio, tal como había acontecido en el caso de las sectas en los siglos XVII y XVIII, y de las asociaciones cívicas en el siglo XIX, ahora tomaron su lugar de un modo más limitado. Los legados de las sectas han sido restringidos a los miembros de las asociaciones profesionales. Y debido a que el cultivo de la acción ética ocurre ahora fuera de la esfera cívica, la capacidad de ésta para rejuvenecer está claramente imposibilitada. Además, como consecuencia de la orientación interna de los miembros de las asociaciones profesionales estas organizaciones, comparadas con las asociaciones cívicas y con las sectas e iglesias de épocas anteriores, muestran una capacidad debilitada para desafiar al racionalismo práctico, el poder de los bienes y la burocratización. Como resultado un vacío se abre en la esfera cívica. En efecto, este modelo teórico grafica el desacoplamiento del legado de las sectas del ámbito cívico y postula la incapacidad del protestantismo ascético y sus herencias seculares para nutrir la vida cívica.

Esta ausencia de un lazo entre las asociaciones profesionales y la esfera cívica implica no sólo una orientación exclusiva de la conducta de los miembros hacia estándares y códigos de conducta internos de dichas asociaciones, sino también el desarrollo de una relación de antagonismo entre dichos ámbitos. Este constructo teórico postula que cada vez que el ethos del trabajo metódico entre profesionales adquiere un halo de "autosatisfacción" y "autorrealización", en sí mismo un legado del protestantismo ascético, dicha aura legitimadora proveyó de mayor autonomía a la "vida profesional". Además, este modelo teórico sostiene que otras actividades, tales como el compromiso cívico [civic engagement], fueron restringidas debido no sólo a la escasa energía y al poco tiempo disponibles, sino también como resultado de la pérdida de sentido [meaning] para los profesionales.23

En conclusión,24 este constructo postula que el crecimiento del racionalismo práctico, del poder de los bienes y de la burocratización en los siglos XIX y XX nunca erradicaron completamente los legados del protestantismo ascético. Sin embargo, la disminuida manifestación de dichos legados en las asociaciones profesionales del periodo de la posguerra fue incapaz de transmitir la acción ético–política en el ámbito cívico con la suficiente intensidad como para contrarrestar la expansión de la actividad utilitaria y basada en intereses. En claro contraste con el modelo de generalización, el constructo de las asociaciones profesionales postula una reducción de la capacidad de amplio alcance del espíritu de las sectas para provocar un ámbito cívico definido y penetrado por la acción ético–política. Por otra parte, y en intensa oposición al modelo weberiano, el modelo de las asociaciones no postula una confrontación absoluta con la esfera cívica ni tampoco su subsecuente disolución.

EL MODELO DEL CONFLICTO

Este modelo articula nuevas hipótesis diseñadas para delinear la magnitud y el alcance del ámbito cívico. Se trata de un constructo que proporciona el último modelo para analizar el singular espectro de posibilidades de la sociedad estadounidense.

En este modelo son característicos los rasgos de competencia y las relaciones de tensión entre diversos grupos con aproximadamente pesos iguales. El conflicto aparece como un fenómeno recurrente. La renovación que se origina de las rivalidades transversales y del fortalecimiento de las lealtades entre los miembros del mismo grupo permiten sostener un cultivo vital de diversas gamas de grupos, con la subsecuente apertura societal [societal openness]. Este dinamismo, arraigado en los legados de las sectas y de las asociaciones cívicas, permite confrontar la privatización del trabajo, la intensificación del poder de los bienes, la burocratización y la restricción de los legados de las sectas en las asociaciones profesionales. Aunque nunca dominantes, la acción ético–política y el individualismo orientado al control del mundo continúan siendo revitalizados a través de confrontaciones permanentes y de las llamadas "guerras culturales". Más aún, "el servicio comunitario" y una cierta capacidad para construir comunidades tienen la suficiente fortaleza como para contener al racionalismo práctico.

Por lo tanto, el modelo del conflicto postula, en estricta oposición al constructo weberiano, que la esfera cívica continúa existiendo, si bien menos sustantivamente extendida como lo habían sostenido las hipótesis del modelo de generalización y perpetuamente acosada por tensiones. Para la continua existencia de dicha esfera resulta esencial la existencia de poderosas organizaciones portadoras, tales como las familias, las escuelas o los grupos voluntarios. De acuerdo con este constructo, el ámbito cívico permea dichas organizaciones, socialmente influyentes.

No obstante, el modelo del conflicto también defiende la hipótesis de que la esfera cívica está amenazada por desafíos continuos. Los bordes de dicha esfera devienen menos firmes y una actividad orientada hacia intereses se desarrolla más intensamente de lo que había sido postulado por el modelo de generalización y, además, las personas, ahora sin las restricciones de la acción ético–política, están orientadas con mayor frecuencia por consideraciones utilitarias. Este modelo sostiene asimismo que el fenómeno de la secularización ha debilitado el individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo, con la consiguiente pérdida del halo de santidad del trabajo y de toda la acción ligada a la construcción comunitaria. Por lo tanto, la densidad del ámbito cívico se reduce. En consecuencia, son pocas las barreras que evitan la penetración en la vida cotidiana del poder de los bienes y la burocratización es capaz de desafiar la independencia de la esfera cívica de un modo constante. Así, es impedida la generalización de una acción ético–política cultivada en las organizaciones profesionales, quedando como única alternativa para dicha acción un ámbito exclusivamente interno a dichas organizaciones.

 

CONCLUSIÓN

Los tres modelos antes descritos, el de generalización; el de asociaciones profesionales; y el del conflicto, nos permiten expandir y actualizar las deficiencias del marco analítico de Max Weber. Sin embargo, debe resaltarse que estos constructos están basados en el rico arsenal conceptual de la obra del propio Weber. Estos modelos han formulado diversos grupos de hipótesis operacionalizables y capaces de orientar las actuales investigaciones empíricas de la esfera cívica en los Estados Unidos.

En combinación, dichos constructos teóricos nos permiten definir un espectro para conceptualizar las oscilaciones presentes y pasadas de la esfera cívica. Así, es posible describir que en dicha herramienta heurística hay, por un lado, manifestaciones más densas, expansivas e independientes, en claro contraste con el otro extremo, que presenta formas más porosas, circunscritas y dependientes. Además, este marco conceptual, en tanto mecanismo orientador de futuras investigaciones, puede utilizarse para identificar los movimientos de dirección, posibles coaliciones de grupos y posibles conflictos grupales. Puesto que, tal como Weber insiste, sólo una rica gama de grupos causalmente efectivos puede propiciar el movimiento en dicho espectro (Kalberg, 1994: 52–78, 168–176). Para concluir, resulta necesario resaltar ciertos aspectos del análisis de Max Weber.

En primer lugar, es evidente a partir del presente estudio que Weber considera que cualquier investigación sobre la esfera cívica en Estados Unidos (o en otra sociedad) enfocada exclusivamente en el presente es incapaz de proveer una adecuada comprensión de los contornos valóricos específicos, los orígenes, la expansión, los parámetros y las oscilaciones de dicho ámbito. Cualquier punto de vista que sólo se enfoque en las elecciones racionales de los individuos, los intereses económicos de los actores poderosos de ciertos grupos, los factores estructurales, o las "funciones" de esta esfera identifica solamente factores superficiales. Weber sostiene que las influencias del pasado, cuando han sido preservadas por grupos cohesionados y eficaces, deben ser tomadas en consideración de un modo sistemático en cualquier investigación sociológica del presente. Ello debido a que una vez arraigados firmemente en las organizaciones portadoras, los estratos sociales y las clases, los valores fundamentales, las tradiciones y los intereses rara vez desaparecen enteramente de la vida de una sociedad. Tal como ha sido demostrado anteriormente, Weber vigorosamente hace suya la noción de que las influencias culturales pueden sobrevivir a pesar de las drásticas transformaciones estructurales. Por esta razón, todas las dicotomías globales (por ejemplo, entre Gemeinshaft–Gesselschaft o tradición–modernidad) son rechazadas completamente (Kalberg, 2003a: 138–140, 164–168). Este es uno de los postulados centrales de la sociología de Weber, en el cual descansan los modelos teóricos antes descritos.

En segundo lugar, se resalta en los escritos de Weber sobre la esfera cívica en los Estados Unidos que la viabilidad de ésta será entorpecida por la ausencia de un individualismo de iniciativa propia. Las personas no sólo deben tomar conocimiento de los valores del ámbito cívico, argumenta Weber, sino que también deben poseer capacidades que permitan la acción consistente con dichos valores. ¿Cómo se produce el delicado e indispensable balance para el despliegue de un ámbito cívico denso en ciertos grupos y sociedades? El análisis de Weber sostiene que un individualismo práctico racional, que carezca de una guía interna de valores, debe ser racionalizado y sublimado en un individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo para la cristalización y viabilidad de una esfera cívica, puesto que las orientaciones cívicas son inherentes a este tipo de individualismo. Sin embargo, de acuerdo con su propio análisis este tipo de individualismo basado en valores resulta ser escaso y, frecuentemente, experimenta una "rutinización" que lo retrotrae a un tipo de acción orientada a intereses. Por esta razón, el racionalismo práctico, la privatización del trabajo, el poder de los bienes y los procesos de burocratización presentan desafíos significativos para este tipo de individualismo orientado a ejercer señorío sobre el mundo, así como para la esfera cívica.

Finalmente, los modelos de Weber muestran que una esfera cívica independiente es capaz de sobrevivir con mayor probabilidad si está arraigada en grupos competitivos y en tensiones constantes y pluralistas (Weber, 2005: 168–172, 255–271). Según Weber, la apertura societal es el resultado del conflicto sostenido y moderado; por el contrario, la osificación ocurre con mayor probabilidad cada vez que un grupo especifico u organización adquiere completa hegemonía.

En este sentido, los funcionarios de las burocracias, conformistas y reticentes al riesgo, constituyen un problema central, aunque no de abrumadora magnitud. El estancamiento de la sociedad aparece con mayor fuerza cuando los procesos de burocratización alcanzan cierto grado en el que existen pocos limites sociales, económicos, políticos y legales capaces de contener su desarrollo, el que eventualmente conducirá a la sustitución de los procedimientos de toma de decisiones basados en valores con otros de carácter pragmático, utilitarista e instrumental (Weber, 2005: 255–271; véase también Kalberg, 2003a: 171–179). Como consecuencia, el alcance de la esfera cívica se reduce. Típicamente, Weber reconoce una paradoja al examinar los efectos adversos de la burocratización: a pesar de que las sociedades dinámicas y llenas de tensiones son capaces de mantener la burocratización bajo control, al unisono fortalecen el poder de los bienes y el individualismo desenfrenado de un racionalismo práctico. Tal como ha sido discutido anteriormente, ambos fenómenos producirán una circunscripción de la esfera cívica.25

 

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Notas

* Sus investigaciones se han centrado en un análisis comparado de las culturas políticas de Europa y Estados Unidos. El profesor Kalberg ha publicado numerosos artículos y libros, entre ellos el volumen Max Weber. Readings and Commentary on Modernity (Blackwell Publishing, 2005) y la más reciente y completa edición crítica en lengua inglesa de La ética protestante y el espíritu del capitalismo (Oxford, 2009). El presente artículo apareció originalmente en el Journal of Classical Sociology, volumen 9, número 1, de 2009. La traducción al español es del doctor Yuri Contreras Véjar, correo electrónico: conty435@gmail.com. Fue efectuada con el conocimiento y la estrecha colaboración del propio profesor Kalberg.

1 Se trata de un término acuñado por el autor [nota del traductor].

2 Es decir, la sectas e iglesias metodista, presbiteriana, cuáquera y menonita. Weber diferencia claramente a estos grupos protestantes del luteranismo. El término "puritanismo", acuñado por el propio Weber, será de vez en cuando usado como sinónimo.

3 [...] Añadido del traductor. En todos los casos en que se incluye la terminología del texto original entre corchetes se trata de añadidos del traductor [nota del editor].

4 Esta sección es una adaptación parcial de Kalberg (1997, 2005).

5 Con la excepción de Jellinek (1979).

6 La manera en que este estudio analiza los orígenes y formación de la esfera cívica se opone radicalmente a la posición de Jeffrey Alexander. Su estudio sobre esta esfera no es un análisis fundado históricamente o enfocado en grupos portadores. Por el contrario, tanto para él como para Parsons la esfera cívica emerge de macroprocesos de diferenciación que permiten el surgimiento de "distintos tipos de esferas y discursos institucionales", uno de los cuales es la esfera cívica. Esta perspectiva descuida las diferencias especificas entre las diversas naciones (véase Alexander, 2006: 195).

7 Esta sección está basada en Kalberg (2001b: 185–189).

8 El complejo análisis de Weber ha sido reconocido en este articulo sólo de modo abreviado (véase Kalberg, 1980: 1151–1152; 2003a: 148–152; 2009a: 21–27).

9 Weber vio el individualismo estadounidense (a diferencia del individualismo alemán de carácter más introspectivo) como esencialmente localizado en grupos, incluso en aquellos, especialmente las sectas, que esperaban una conformidad estricta a normas firmes. Weber afirmaría que los estadounidenses fueron capaces, en lugar de perder su capacidad de realizar sus propias decisiones en los grupos, de mantener dicha capacidad con base en estándares definidos, valores y fines. Para Weber, en dicho desarrollo la influencia del protestantismo ascético es evidente. Véase al respecto Weber (2005: 2772–2790); y también Kalberg (2003b: 22, n.30).

10 Una de las fuentes fundamentales de las costumbres de los estadounidenses puede ser identificada aquí.

11 Que el protestantismo ascético (opuesto a los movimientos intelectuales y a las religiones mundiales transmitidas por los estratos sociales de élite, tales como el confucionismo y el budismo) transformó las vidas de amplios estratos sociales ha sido un fenómeno escasamente reconocido por la mayor parte de la literatura acerca de la "tesis de la ética protestante" (véase Weber, 2009: 238–310).

12 Término acuñado por el autor.

13 Véase la nota 25 de este ensayo. Que dichos modos de solidaridad no fueran considerados por los sociólogos en Europa como capaces de detonar el surgimiento de una energía creadora de comunidades los llevó a concluir que el fenómeno de la atomización era inherente al capitalismo y a los procesos de urbanización. Su error debe considerarse como una falsa transposición en los Estados Unidos, al proyectar en otras sociedades las mismas transformaciones que habían experimentado las sociedades de Europa. Esto les impidió reconocer la singularidad de los Estados Unidos.

14 Esta descripción debe visualizarse como un tipo ideal weberiano. Muchos ejemplos empíricos de la historia estadounidense que varían claramente de este modelo son evidentes en los escritos de Weber. Por ejemplo, él es bastante consciente de la extendida corrupción en las ciudades de Estados Unidos (véase Weber, 1968: 1397–1398; y 2005: 108–112).

15 Con respecto a la cosmovisión estadounidense véanse, por ejemplo, Bellah et al. (1985); Hartz (1955); Hofstadter (1955); Kalberg (2001a: 310–314; 2001b; 2004); Konwitz y Kennedy (1960); Lipset (1963); Lynd (1967); Miller (1961); Parrington (1954); White (1957).

16 Las discusiones "comunitarias" o las relacionadas con el fenómeno de "bowling alone" pueden visualizarse como revisiones recientes del dualismo entre el individualismo clásico estadounidense, que está orientado a ejercer domino sobre el mundo, y la esfera cívica. Véanse, por ejemplo, Bellah et al. (1985); Etzioni (1997, 1998); Hall y Lindholm (1999); Putnam (2000); Selznick (1992).

17 Así, el resultado conceptual del análisis de Weber se enfatiza sobre su precisión empírica. En oposición a la posición aquí asumida, muchos podrían argumentar que estos tres modelos, todos reconocibles para los estudiosos de Weber, constituyen para él descripciones reales de la realidad. Esta compleja cuestión no puede resolverse en un estudio con espacio limitado. Es suficiente decir que la orientación de esta investigación es puramente conceptual en relación con el trabajo de Weber, utilizando sus conceptos y marco analítico. Busca proporcionar un análisis que permita trazar el espectro completo en el que la esfera cívica, de acuerdo con Weber, oscila a través de la cultura política estadounidense. A partir de la metodología de Weber, "clara conceptualización" y "creación de modelos" deben siempre constituir el primer paso en el proceso de investigación, es decir, deben ser una etapa anterior al inicio de cualquier investigación empírica (Weber, 1949: 90–104).

18 Nuevamente, estos "submodelos weberianos" son constructos en cuanto que son facilitadores para la formulación de hipótesis en la investigación, en lugar de estar diseñados para captar la realidad empírica. Con una penetrante crítica, los intérpretes de Weber han entendido "la tesis de la europeización" como un desarrollo empírico (Mommsen, 1974, 1998, 2000; Roth, 1985, 2005a, 2005b).

19 En este estudio se sostiene que estos constructos teóricos, aunque no exhaustivos, constituyen los modelos más plausibles de derivar a partir de los conceptos y el marco conceptual de la obra de Weber.

20 Este modelo se aproxima a los principales supuestos de la visión parsoniana de la sociedad. Desde el punto de vista de los "modelos pluralistas" y modos de teorizar defendidos en este estudio, la teorización de Parsons de la sociedad estadounidense difiere claramente, y si bien esta visión reconoce movimientos pendulares, no es capaz de captar la amplitud del espectro de la sociedad estadounidense. Por lo tanto, en comparación con Weber, Parsons ofrece una visión de lejos más monolítica de la sociedad estadounidense y de su cultura política (véase Parsons, 1966, 1971, 2007).

21 Por supuesto, tales asociaciones de profesionales pueden encontrarse en otros países. Sin embargo, en otros contextos sociales ellas se originaron a partir de las leyes del Estado o del liderazgo de grupos elitistas, en lugar de a partir de la herencia de amplia base de las sectas protestantes. Véanse Abel (1985); Abel y Lewis (1989); Rueschemeyer (1973).

22 Si Max Weber hubiera vivido para observar el desarrollo completo y el alcance de las asociaciones profesionales habría presenciado dicho fenómeno desde un punto de vista privilegiado; es decir, dicho desarrollo habría ofrecido un mayor apoyo a su posición de que la sociedad estadounidense no está constituida por individuos desconectados, tal como un montón de granos de arena (Kalberg, 2009b).

23 Los estadounidenses actualmente trabajan más horas que las personas de otros países. Si bien la sociología interpretativa de Weber no rechaza el rol de las limitaciones externas ni el papel de los procesos de dominación (véase supra el apartado: "El modelo weberiano. La disolución de la esfera cívica" en este estudio), sin embargo sí insiste en reconocer el rol de los significados culturales profundos detrás de los indicadores cuantitativos.

24 La sustanciación empírica de este modelo requiere de la investigación comparativa. Como una hipótesis dicha investigación postularía que las asociaciones profesionales en otros países detentan una posición menos activa en su capacidad de monitorear y sancionar que sus contrapartes estadounidenses. Más aún, en otras naciones el poder de imponer penas por "conductas poco profesionales" habitualmente cae en el ámbito de las autoridades legales y queda fuera de la jurisdicción de las asociaciones (Abel y Lewis, 1989; Parsons, 2007; Rueschemeyer, 1973; Savelsberg, 1994).

25 Es imprescindible para definir la esfera cívica en Estados Unidos efectuar un trabajo comparativo. Un completo aislamiento de la singularidad de dicha esfera sólo puede lograrse a través de la utilización sistemática de casos comparativos. Solamente de esta manera es posible evaluar, por ejemplo, la extensión del rol "central" desplegado por el espíritu de las sectas en la formación de la esfera cívica. Dicha comparación ha sido omitida, por razones de necesidad, de este breve trabajo, que es puramente conceptual. Para una demarcación del carácter único de la esfera cívica en Alemania, en contraste con la densidad única de la esfera cívica estadounidense, véase Kalberg (1987, 1992, 2001b, 2003b, 2006). Estos estudios enfatizan la ubicación divergente del ámbito cívico en dichos países y las consecuencias que se desprenden de tales diferencias.