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Sociológica (México)

versión On-line ISSN 2007-8358versión impresa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.24 no.71 México sep./dic. 2009

 

Reseñas

 

Max Weber: Dimensiones fundamentales de su obra. Una introducción, de Stephen Kalberg1

 

Guillermo Claudio Piedras2

 

2 Estudiante de la Maestría en Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco.

 

LA VIDA Y OBRA DE MAX WEBER coincide con una etapa histórica sin precedentes en la historia del mundo occidental, donde se atestiguan acelerados procesos de diferenciación y diversificación social con los consecuentes trastornos en los sistemas institucionales tradicionales y de la vida cotidiana, así como el surgimiento de los debates intelectuales que trataron no sólo de ordenar y explicar esta realidad sino de buscar por conducto de las nacientes disciplinas sociohistóricas nuevas pautas y referentes morales que aseguraran la atribución de sentido a la vida de millones de almas. Es con este trasfondo que la traducción que realizó Eduardo Weisz de la obra de Stephen Kalberg aborda de manera sintética y con un lenguaje sencillo los principales aportes sociológicos weberianos que, hasta la fecha, siguen siendo leídos y discutidos profusamente por las comunidades de científicos sociales de todo el mundo.

La recuperación de esta dimensión histórico–contextual es particularmente fructífera porque se trata de un libro compacto que bosqueja las dimensiones fundamentales que componen el pensamiento weberiano con una atención especial al trasfondo histórico de la época, para el cual esta obra cuenta con un apéndice que contiene un glosario de conceptos weberianos y una cronología de la vida del sociólogo alemán, así como un listado de referencias bibliográficas (incluidas aquéllas en versión en español) a los cuales el lector podrá echar mano como herramienta de consulta para la profundización de aspectos que se consideren pertinentes.

El libro se compone de un prólogo del traductor, donde Eduardo Weisz explica la estrecha colaboración fundamental que sostuvo con el propio autor para la traducción de su obra, una introducción y cinco capítulos de desarrollo.

En la introducción, Kalberg nos explica su propósito de dar una visión distinta de aquella que ha resultado de los usos y abusos de quienes han estudiado con profusión la vida y obra del sociólogo alemán, resultado de las "lecturas parciales" concentradas en ciertos aspectos y que no contemplan una síntesis de su obra en lo general; el resultado de esta visión es la afirmación de la presencia de una desarticulación de los temas y nociones teóricas dispersas en toda su obra, teniendo como consecuencia encasillamientos injustificados para caracterizar al pensamiento weberiano y su ubicación dentro del pensamiento sociológico.

En el primer capítulo, Kalberg expone algunos breves pasajes de la vida del sociólogo alemán y del contexto intelectual vigente en su época donde la historia, y en general las ciencias sociales, se hallaban atravesadas por una tradición teleológica de la cual Weber sería su principal crítico. Así, por ejemplo, Kalberg mencionará a los teóricos del positivismo utilitarista inglés y el principio de la búsqueda del mayor placer; a los darwinistas sociales spencerianos y las mejoras progresivas en las formas de adaptación al medio; a los hegelianos y los marxistas, y la realización del espíritu absoluto en los primeros y del comunismo como la fase superior de las sociedades en los segundos; al positivismo comteano y el control cada vez más efectivo de la naturaleza gracias al desarrollo científico. En este contexto, Kalberg nos muestra a un Weber crítico de estas influencias e interesado por el desarrollo de una disciplina sociohistórica apegada estrictamente a los presupuestos del método científico y liberada de las presiones ideológicas.

En el segundo capítulo, Kalberg tratará de demostrar la conexión coherente que atraviesa la obra weberiana, realizando un recorrido sintético de las tres principales obras que permiten corroborar la importante centralidad que adquieren en su sociología los valores, la cultura y la religión. El marco de referencia propuesto para realizar dicho recorrido son los principales axiomas metodológicos weberianos:

1) La comprensión y el sentido subjetivo, como nociones fundamentales que distinguirán a la sociología weberiana de otras escuelas como las conductistas, las estructurales y las positivistas.

2) Los cuatro tipos de acción social (racional con referencia a fines; racional con referencia a valores; afectiva; tradicional) que constituirán la base analítica para la comprensión de las múltiples orientaciones de la acción, lo que rechaza la opinión de algunos estudiosos de que Weber es un teórico notablemente interesado sólo por la acción referida al interés, cuando esta orientación es sólo una forma posible que adopta la acción. El elemento clave de los cuatro tipos de la acción social radicará en la posibilidad de reconocer y comprender el sentido subjetivo de cualquier acción en cualquier contexto histórico determinado.

3) La neutralidad afectiva como presupuesto indispensable para el ejercicio científico que compele al investigador a hacer explícita la distinción de los argumentos sustentados empíricamente de los argumentos basados en normas y valores.

4) Los tipos ideales que condujeron a Weber a desarrollar una sociología comprensiva, donde la lógica analítica involucrada inicia con un proceso inductivo que va de la realidad empírica a la constitución de los elementos que integrarán el tipo ideal; un segundo proceso interno de tipo deductivo que dará su carácter unívoco, claro, coherente y racional; y, como tercera fase, el proceso comparativo entre el tipo ideal y la realidad empírica.

Tener presente estos axiomas metodológicos permitirá al estudioso de la obra weberiana constatar la coherencia temática de la producción teórica del sociólogo alemán y, en particular, reconocer la clara oposición weberiana hacia las corrientes positivistas que pugnaban por la determinación de las leyes generales que dictan el devenir histórico y sostenían que, a través de ellas, se podrían explicar por deducción la diversidad de los fenómenos o hechos sociales particulares.

Contando con estos elementos, Kalberg nos invita a incursionar en las que a su juicio constituyen las principales obras de Weber para mostrarnos el carácter coherente y continuo de su pensamiento teórico.

En la Ética protestante..., Kalberg hace notar que Weber no fue un teórico taxonomista intuitivo de las "ideas" o de los "intereses", sino que detrás de sus estudios encontramos a un teórico apegado profundamente al rigor metodológico. Para ilustrarlo, Kalberg menciona que de la exposición de los "orígenes causales" del "espíritu del capitalismo" se puede entrever la centralidad que Weber otorga al sentido subjetivo de los creyentes inspirados en valores religiosos; la primacía de las elecciones racionales con arreglo a valores definen la primera etapa histórica que explicaba el acrecentamiento de las riquezas materiales de los fieles con la finalidad de alabar y glorificar a Dios; en una segunda etapa histórica prevalece el predominio de las elecciones con arreglo a fines que caracterizan a la moderna y eficiente empresa capitalista. Gracias a la centralidad que Weber otorgó al sentido subjetivo y a la acción social en su notable estudio de caso, Kalberg nos muestra cómo la acción social, para Weber, puede ser influida por fuerzas "no económicas", enfatizando el carácter multicausal de su sociología, al contrario de lo que defendían otras vertientes teóricas de su tiempo sobre el peso determinante del factor económico en las estructuras sociales.

En Economía y sociedad, Kalberg explica que pese a que Weber estableció relaciones típico–ideales entre la "economía" (como esfera social autónoma) y las "formas estructurales generales de las comunidades humanas", dicha relación tenía como propósito demostrar la importancia decisiva que asumen las "formas estructurales" en determinados contextos históricos.3

De esta monumental obra, Kalberg menciona que son cinco los ejes fundamentales que permitirán comprender la originalidad y el lugar que ocupa en el complejo pensamiento sociológico weberiano.

En primer lugar, Kalberg señala que en Economía y sociedad la acción social sobresale como la "cristalización" conceptual de ciertas regularidades o pautas de acción, que Weber consideraba podían ser utilizadas con éxito para comprender los variados "órdenes sociales" con la correspondiente investigación histórico–comparativa para identificar la significatividad de su sentido subjetivo (por ejemplo, el sufrimiento en un "orden religioso"; la legitimidad de mandatos en un "orden de dominación"; el honor social en un "orden estamental", etcétera), y que simultáneamente constituirían los límites analíticos de la acción social.

En segundo lugar, argumenta que para aumentar todavía más el rigor de la ubicación y delimitación de la acción social, Weber se sirvió del tipo ideal como "estándar" que sintetiza lógica y racionalmente el conjunto de pautas y orientaciones que caracterizan una determinada acción social (trátese la del profeta, la del funcionario burocrático, la del campesino, etcétera), permitiéndole la elaboración de explicaciones causales de manera más exhaustiva, dado que el tipo ideal puede ser capaz de conceptualizar la continuidad de las orientaciones de la acción. Con el tipo ideal se facilita la comprensión de la acción real en su contexto y en sus propios términos y no desde juicios de valor abstractos.

En tercer lugar, nos ilustra acerca de que los tipos ideales también fungieron como modelos para la construcción de hipótesis, puesto que son conceptos dinámicos, contextuales, relacionales y con capacidad para establecer modelos de cursos de acción con un alto valor estrictamente heurístico.

En cuarto lugar, indica la relevancia de los procedimientos multicausales como una lógica que subyace al pensamiento weberiano durante la construcción de los modelos sociológicos al comprender la forma en que surgen los patrones de acción social, cómo se difunden y cómo determinan desarrollos históricos específicos en virtud del carácter autónomo y continuo de las orientaciones de acción de los distintos órdenes sociales.

Y en quinto lugar, enfatiza la imbricación del pasado y el presente como noción fundamental en su pensamiento teórico "abierto" y diacrónico, cualidades que desarrolló tanto en la construcción de sus "tipos ideales" como en lo que definió como "órdenes sociales". En esta secuencia, en el proceso de descripción del conjunto de patrones de orientación sintetizados en los tipos ideales y en los órdenes sociales, se exhibe la peculiaridad de su propio ritmo interno y se explica la propia singularidad de cómo entrelaza el pasado con el presente, permitiendo conceptualizar sin contradicciones analíticas una amplia gama de procesos, desde los dinámicos en que subyacen en determinados contextos la "competencia" y el "conflicto", hasta aquellos de "unidad" y "armonía internas". En otras palabras, Kalberg nos quiere decir que Weber considera que el presente no puede romper con las inercias del pasado, así se trate de transformaciones radicales y abruptas como aquellas que produjo la primera industrialización en Europa y que impactaron las principales formas de organización social tradicionales. Este es el eje organizativo que distingue el análisis de Weber de otros análisis concentrados en el presente, como las "perspectivas funcionalistas" que en determinados momentos han incurrido en interpretaciones ideológicas respecto de los desarrollos sociales del pasado.

En la Ética económica de las religiones universales, Kalberg destaca la metodología multicausal de Weber cuando este establece la relación causal del capitalismo con una ética protestante ascética. Sin embargo, Kalberg nos advierte que Weber no pretendió atribuir unívocamente a estos aspectos subjetivos el surgimiento automático de determinadas "prácticas económicas". La complejidad multicausal weberiana no concluía que por la ausencia de un "ascetismo intramundano" en las regiones de Asia no fue posible el desarrollo de un "capitalismo moderno", como muchos intérpretes de Weber podrían extrapolar apresuradamente. Kalberg nos hace comprender que Weber no consideró que, por ejemplo, las "organizaciones" de cualquier índole de tipo religioso converjan necesariamente a emprender un mismo tipo de "orientaciones de sentido" o que tiendan a enarbolar valores y actitudes cualitativamente equivalentes. Desde esta mirada, Kalberg afirma que las expectativas de Weber estaban más preocupadas por desentrañar las causas que propiciaron el capitalismo moderno en Occidente y no por los estados contextuales en los cuales podría implantarse un capitalismo moderno en sociedades no occidentales.

En el tercer capítulo, Kalberg nos traslada al contexto social y político donde esboza los orígenes de las preocupaciones intelectuales del sociólogo alemán y procura comprender las dimensiones esenciales que dieron como resultado su monumental producción histórico–sociológica, así como otros aspectos relacionados con su oficio como político. En este tenor, asuntos tales como la unificación nacional alemana; el proceso de industrialización tardío pero a un ritmo acelerado de implantación y desarrollo; la "sensación colectiva de urgencia" por reducir las brechas del atraso respecto de los competidores europeos; y la confianza nacional por alcanzar la hegemonía continental y mundial son algunos temas que Kalberg reseña e ilustra en este capítulo y que de alguna forma se entretejen con otros procesos de carácter político y cultural, como el desarrollo precario o nulo de una política democrática sobre suelo alemán; la constitución de un Estado fuerte frente a una sociedad con un profundo arraigo a convenciones y valores tradicionales que exaltaban el profundo respeto por la autoridad en la vida cotidiana y frente al propio Estado; las desafortunadas consecuencias sufridas por las organizaciones políticas y sociales en la lucha por la difusión de prácticas y valores democráticos; o el surgimiento de los movimientos intelectuales románticos con una fuerte orientación nostálgica hacia el pasado y que introdujeron en el imaginario social un sorprendente "pesimismo cultural", como lo demuestra la pregunta reiterada sobre "qué clase de valores podrían guiar a las personas en las sociedades industriales", o sobre cómo sobrevivir en una sociedad donde el sentido de ética y la compasión son inexistentes.

Frente a este contexto social, Kalberg nos brinda una síntesis que nos permite reinterpretar la obra general de Weber y su haber como político en términos de las condiciones sociales que imperaban en su tiempo; también nos permite acercarnos a los elementos significativos que, a su juicio, atraviesan la obra weberiana como un esfuerzo para diagnosticar los males de la sociedad alemana y que, si bien no prescriben directamente medidas concretas, sí dibujan en su obra algunos trazos "sobrios y realistas" para superarlos.

Kalberg, por tanto, propone interpretar la vida intelectual y política de Weber desde dos aspectos: 1) en lo intelectual, como un análisis que consistió en destacar que las racionalidades formal, práctica y teórica juegan roles importantes en las sociedades industrializadas, con un desplazamiento radical del sistema de valores y tradiciones con consecuencias socioculturales de depredación y desamparo; y b) como una respuesta que sugirió la transfiguración de un conjunto de valores e ideales asentados en la sociedad para orientar la acción social hacia la dignificación humana a través de la autonomía individual, la responsabilidad, la compasión, etcétera, convencido de que ello sólo sería posible con la presencia de determinadas instituciones y condiciones sociales que garantizaran la libre competencia entre valores, protegidos de la influencia e intromisión abusiva de los actores o grupos guiados por las lógicas de las racionalidades formal, práctica y teórica. En síntesis, Kalberg nos informa que Weber pugnó por parlamentos fuertes, por el apoyo a la democracia, el apoyo al capitalismo, la necesaria restricción de la ciencia, y por el apoyo a un Estado nacional fuerte.

En el cuarto capítulo Kalberg desarrollará una breve síntesis crítica de los temas que la sociología estadounidense ha considerado y destacado como cruciales en el derrotero histórico de la disciplina y, en el capitulo quinto, sobre los aspectos problemáticos de algunos de los presupuestos teóricos y metodológicos que sus críticos han considerado inherentes a su idealismo.

Sobre el presunto idealismo de Weber, Kalberg nos resume sucintamente aquellos factores que considera han propiciado esta crítica, que ha derivado en conclusiones erróneas e inconsistentes. Por ejemplo, menciona que fue crucial la traducción tardía de Economía y sociedad (en 1968) para el lector estadounidense y la introducción que hizo Talcott Parsons de la obra weberiana devino en una interpretación incorrecta o incompleta, limitándose principalmente a los presupuestos de la Ética protestante (traducida en 1930). Los teóricos que se apoyaron en las interpretaciones parsonianas también tendieron a enfatizar desmesuradamente el papel de los valores para el desarrollo de las democracias y el capitalismo, o a olvidar el papel crucial que juega el sentido subjetivo en la sociología weberiana y el de la importancia de las fuerzas de la historia.

Por lo que toca al último capítulo, Kalberg resume en unas cuantas páginas, y a la luz de una mirada contemporánea, lo que se han considerado los puntos fuertes y débiles de las concepciones weberianas. Centrándonos en los aspectos débiles, Kalberg afirmará que la gran ambición weberiana de reflexionar sobre procesos históricos muy amplios gracias a su vastos conocimientos de las sociedades del pasado, la elevada dosis de complejidad de sus conceptos y sus nociones analíticas e interpretativas, así como su falta de claridad en su exposición han propiciado que se le acuse de ser un teórico inconsistente y en, algunos aspectos, contradictorio. Los exhaustivos ejercicios histórico–comparativos han dejado la impresión de que Weber es un sociólogo estructuralista inconfeso. Otros han opinando que el fundamento y construcción de sus tipos ideales no son claros y consistentes, o que la acción con referencia a valores o tradicional dista de ser aprehensible; incluso suele considerársele de poco valor heurístico para la sociología cuando en las interacciones están de por medio los intereses egoístas o las constricciones externas. Por otra parte, en el plano de su metodología se han vertido otras críticas, como a la fuerte centralidad de sus conceptos de sentido subjetivo, a los tipos ideales como instrumentos heurísticos, y por las advertencias constantes de Weber acerca de que se trata de instrumentos analíticos provisionales.

Sirva esta reseña de provocación al lector para verificar por sí mismo los trazos y dimensiones generales que Kalberg propone para revalorar y reinterpretar la obra de Max Weber en el contexto de los tiempos contemporáneos, en el que quizá la complejidad de los fenómenos sociales del presente nos lleve a la necesidad de resignificar la vigencia de su obra.

 

NOTAS

1 Stephen Kalberg, Max Weber: Dimensiones fundamentales de su obra. Una introducción, traducción de Eduardo Weisz, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008, 138 pp.         [ Links ]

3 Kalberg hace notar que Weber no sólo se concentró en las relaciones existentes entre "lo económico" con otras estructuras u "órdenes sociales", sino también en las que se podían establecer entre, por ejemplo, "organizaciones legales" y "dominación"; "derecho formal" y "dominación burocrática"; "agrupamientos religiosos" y "organizaciones jurídicas"; "la familia" y las "organizaciones de dominación", etc., según lo manifieste el tipo de pautas dominantes y de interacción (por "afinidad electiva" o por "relaciones de antagonismo") en términos de su regularidad y continuidad para cada caso concreto.

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