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Estudios demográficos y urbanos

versión On-line ISSN 2448-6515versión impresa ISSN 0186-7210

Estud. demogr. urbanos vol.32 no.1 México ene./abr. 2017

 

Artículos

Representaciones sociales y experiencias de vida cotidiana de los ancianos en la Ciudad de México

Social representations and experiences of everyday life of the elderly in Mexico City

Martha de Alba González1 

1 Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Departamento de Sociología. Dirección postal: San Rafael Atlixco 186, col. Vicentina, Iztapalapa, 09340, Ciudad de México, México. Correo electrónico: <mdealba.uami@gmail.com>.

Resumen:

El presente artículo se sitúa en una perspectiva ecológica del envejecimiento, en la que se considera que este proceso no sólo depende de aspectos psicosociales sino también de la relación que las personas mantienen con su entorno de vida (físico, social, histórico y cultural). El texto tiene como propósito analizar el aspecto subjetivo de la calidad de vida a través del estudio de las representaciones sociales de la ciudad y del barrio o colonia, construidas por una muestra de residentes de cuatro colonias (diferenciadas socioeconómicamente) de la Ciudad de México. Es un estudio de corte cualitativo, basado en entrevistas a profundidad y observaciones de campo. Los resultados muestran que las representaciones sociales positivas de la ciudad, asociadas con el apego a la misma y con los espacios que favorecen un envejecimiento activo, contribuyen a proporcionar calidad de vida en la urbe. Por el contrario, las representaciones sociales negativas de la ciudad, vinculadas con problemáticas urbanas, políticas y sociales, generan un sentimiento de fragilidad en los espacios urbanos que disminuye la calidad de vida.

Palabras clave: representaciones sociales; calidad de vida; vejez; envejecimiento; Ciudad de México.

Abstract:

This article is part of the ecological perspective on aging, which considers that this process not only depends on psychosocial aspects but also on the relationship people have with their living environment (physical, social, historical and cultural). The text seeks to analyze the subjective aspect of the quality of life through the study of the social representations of the city and the neighborhood, constructed by a sample of residents of four neighborhoods in Mexico City with different socio-economic status. It is a qualitative study, based on in-depth interviews and field observations. The results show that positive social representations of the city, associated with attachment to it and to spaces that encourage active aging, help provide quality of life in the city. On the contrary, negative social representations of the city, linked to urban, political and social problems, create a sense of fragility in urban areas that reduces the quality of life.

Keywords :  social representations; quality of life; old age; aging; Mexico City.

Introducción

Frente al fenómeno del envejecimiento de la población a nivel mundial, diversos organismos internacionales han planteado desde hace décadas la necesidad de atender los requerimientos de infraestructura urbana y de vivienda apropiados para los adultos mayores (Molina, 2004). De acuerdo con la guía de ciudades globales amigables con los ancianos, propuesta por la Organización Mundial de la Salud en 2007, los elementos de la vida urbana que influyen en la salud y calidad de vida durante la vejez son: espacios al aire libre, transporte, vivienda, participación social, respeto e integración social, participación cívica y empleo, comunicación e información, apoyo comunitario y servicios de salud (OMS, 2007). Como se observa, la calidad de vida en las ciudades no sólo se concibe como un espacio urbano adecuado para satisfacer las necesidades materiales, sino que también incluye una amplia gama de experiencias subjetivas, sociales y afectivas, como el hecho de sentirse integrado a una comunidad.

En el caso de las ciudades mexicanas también deben tomarse en cuenta los elementos que disminuyen las desigualdades sociales, ya que la vulnerabilidad que acompaña al proceso de envejecimiento se ve gravemente afectada por las condiciones de pobreza que padece una proporción importante de adultos mayores de 60 años en el país (Robles, Vázquez, Reyes y Orozco, 2006). Ham Chande (2006) señala que es necesario complementar el tratamiento demográfico y estadístico del tema de la vejez con estudios de corte cualitativo que den cuenta de las particularidades de la experiencia de envejecer en distintos contextos y situaciones.

El objetivo central de este trabajo es estudiar cómo viven y se representan la ciudad una muestra de adultos mayores residentes en cuatro colonias de la Ciudad de México. Mediante el análisis de las narrativas y las prácticas de uso de los espacios urbanos, observaremos si esta urbe les ofrece calidad de vida, es decir un contexto adecuado para el ejercicio de la vida cotidiana y para la realización de sus proyectos presentes y futuros que generen sentimientos de bienestar. Abordaremos los aspectos subjetivos y afectivos de la calidad de vida a través de las representaciones sociales (Moscovici, 1961) que los ancianos construyen de sus colonias y de la ciudad como contexto de existencia.

Partimos del supuesto de que el estudio del proceso de envejecimiento no puede desvincularse del contexto físico y sociocultural en que las personas se desarrollan a lo largo de sus vidas (Rowles y Bernard, 2013). Sus percepciones y evaluaciones del medio, así como las emociones hacia éste (sentimientos de pertenencia, apego, aversión, etc.) y su capacidad de agencia, tienen un peso importante en sus niveles de satisfacción y bienestar. De acuerdo con Whal, Iwarsson y Oswald (2012), envejecer en el mismo espacio genera confianza por un mayor conocimiento del medio físico, y permite el desarrollo de un sentimiento de pertenencia al lugar y a un medio social ya conocido. Estudios recientes muestran que la vivienda y el barrio son determinantes del bienestar y de la identidad de lugar de los ancianos. En particular, se ha observado que los continuos cambios urbanos rompen con los paisajes tradicionales y las representaciones sociales de la ciudad ligadas con usos y costumbres que generan apego al lugar, generando problemas de adaptación al medio (Sánchez, 2014). La relación con el medio ambiente también depende de aspectos políticos y sociales, como los sistemas de seguridad social, los programas sociales y las políticas públicas destinadas a los ancianos (Rowles y Bernard, 2013).

Los adultos mayores en la Ciudad de México

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda de 2010, la población de 60 años y más es numerosa y va en aumento en la Ciudad de México (entonces denominada Distrito Federal):1 pasó de representar 7.7% de la población total de la entidad en 1995, a 11.6% en 2010. La capital mexicana cuenta con el índice de envejecimiento más alto del país y con la edad media más elevada (31 años para dicha entidad, 26 en el país) (INEGI, 2010). En este contexto, el gobierno capitalino tendría que intensificar los esfuerzos para asegurar el bienestar de una creciente población mayor de 60 años y con una esperanza de vida cada vez más larga, a fin de prever problemas futuros en todos los rubros de gobierno que involucren el tema de la vejez, en el ámbito de la ciudad, de las delegaciones y de las colonias. La esperanza de vida para las mujeres en dicha urbe es de 78.3 años y para los varones, de 73.5 (INEGI, 2010). El hecho de que las mujeres vivan más años y en condiciones de mayor desigualdad social introduce un enfoque de género al campo de la vejez y de las condiciones de envejecimiento (Salgado y Wong, 2003) que debe ser tomado en cuenta.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), ninguna de las delegaciones de la Ciudad de México carece de ancianos en situación de pobreza y vulnerabilidad, por lo que en todas ellas se requieren programas de atención a este sector de la población (Coneval, 2015). Las recientes cifras emitidas por este consejo indican que 2 565 300 personas viven en condiciones de pobreza en la capital del país, es decir 28% de la población total de esta entidad. Se estima que los ancianos constituyen el sector de la población más afectado por la pobreza, no sólo en esa urbe sino en México, junto con los menores de 18 años. La población de 65 años o más sin acceso a la seguridad social en la ciudad en el año 2012 fue de 16% (126 700 personas). Reportes anteriores del Coneval, como los de 2009, indican que las personas mayores de 60 años no sólo enfrentan pobreza, sino falta de oportunidades laborales que les permitan mejorar sus condiciones de vida. Tienen menos posibilidades para emplearse y cuando lo logran se ocupan en actividades informales (80%) con bajos salarios (La Jornada, 2009).

El cuadro 1, elaborado a partir de datos censales del año 2010 y del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (2010-2012), resume la situación de vulnerabilidad social para los adultos de 60 años y más residentes en las 16 delegaciones de la Ciudad de México. En él se presenta el porcentaje de la población de 60 años y más que habitaba en cada una de las delegaciones capitalinas, así como los rangos de porcentaje de esta población que se encuentra en condiciones de vulnerabilidad social por padecer alguna de las siguientes situaciones: pobreza, carecer de seguridad social y de servicios de salud, contar con un ingreso inferior a la línea de bienestar y padecer tres carencias sociales o más (Coneval, 2015).

Fuente: Elaboración propia con base en: *datos censales, INEGI, 2010; y **Coneval, 2012.

Cuadro 1: Población y situación social de los adultos de 60 años y más en cada delegación de la Ciudad de México 

Milpa Alta es una de las delegaciones que tiene menos población de 60 años y más; sin embargo, los ancianos de la entidad presentan la situación más vulnerable en la Ciudad de México, por registrar los porcentajes más elevados de desprotección social: entre 25 y 50% tiene más de tres carencias sociales, y al menos 50% recibe ingresos inferiores a la línea de bienestar, carece de seguridad social y de servicios médicos. Las delegaciones que presentan indicadores menos elevados en estos factores tienen mayor proporción de población de más de 60 años. En todas se encuentra cierto porcentaje de ancianos en situación de vulnerabilidad.

Más allá de las cifras, debemos considerar que por muy pequeña que sea, toda población que se rija bajo los principios democráticos de buen gobierno tiene derecho a una vida digna. Se trata de un asunto de calidad de vida para todos los sectores sociales, minoritarios y mayoritarios. El foco de atención debe ser más importante cuando se trata de ciudadanos en situación de vulnerabilidad física y social, como lo acabamos de ver para el caso de los ancianos capitalinos.

El envejecimiento conlleva una disminución de las funciones biológicas, lo que incrementa la fragilidad de la persona (Mendoza, 2005). El INEGI (2010) reporta que los adultos mayores de 65 años representan 42.1% de la población con discapacidad en la Ciudad de México y que 27.3% de los discapacitados de la entidad no son derechohabientes de algún sistema de salud. El proceso de envejecimiento se ve afectado por otras situaciones que marcan la vida de los ancianos: nivel socioeconómico, redes de apoyo social y familiar, trayectorias educativas y laborales, acceso a apoyos institucionales (Montes de Oca, 2001), además de situaciones de discriminación (Montes de Oca, 2013; Ham Chande y González, 2008), maltrato2 (Giraldo, 2006) y un contexto urbano que dificulta la movilidad cotidiana y la realización de las actividades diarias.

En los diversos análisis sobre el tema de la vejez que hemos realizado en el contexto de la Ciudad de México y de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM),3 hemos observado que, desde el punto de vista subjetivo, los ancianos viven esta gran urbe como un medio hostil. Sienten nostalgia por una ciudad amable, menos acelerada, no tan ruidosa, más segura, sin tanta violencia, caminable, que propicie la movilidad para personas con problemas de desplazamiento, más civilizada, menos cara, con espacios verdes, más lugares de baile y música tradicional en las colonias, etc. (De Alba, 2013a). Desde el punto de vista de la segregación social, constatamos que si bien la congregación geográfica de ancianos en ciertas áreas de la ciudad puede tener efectos positivos, como el incremento de las posibilidades de relación social entre pares, también tiene el inconveniente de disminuir el acceso a equipamientos de salud, educación, entretenimiento y consumo dispersos en la urbe (Capron, De Alba, González y Zamorano, 2013).

Las distintas políticas sociales y urbanas destinadas a los adultos mayores provenientes de los gobiernos local y federal, así como los esfuerzos de las organizaciones de la sociedad civil preocupadas por la vejez (Muñoz, 2011), contribuyen a elevar la calidad de vida de los ancianos de la Ciudad de México. Sin embargo, la situación de vulnerabilidad que acabamos de presentar, así como el incremento de ancianos en dicha entidad y en la zona metropolitana, sugieren que será necesario reforzar los programas sociales existentes y la participación social en la implementación de políticas públicas que continúen con el objetivo de otorgar la dignidad, la honorabilidad y el reconocimiento social que merecen los ancianos en los distintos medios sociales y urbanos en los que participan.

Uno de los enfoques que puede contribuir a enriquecer tales acciones es tomar en cuenta las representaciones sociales que los ancianos tienen de su ciudad y la manera en que experimentan, usan y se apropian de los distintos espacios de vida en su cotidianidad; ésta transcurre básicamente en el entorno de sus colonias de residencia, como lo muestran varios estudios en los que se han observado los patrones de movilidad residencial de los mayores de 65 años de la Zona Metropolitana del Valle de México (Capron y González, 2010), y los procesos de envejecimiento en el mismo lugar de residencia en la capital (Molina, 2004) y en la zona metropolitana (Negrete, 2003).

Los residentes mayores de 60 años entrevistados para este estudio tienen representaciones sociales ambivalentes de la ciudad. Les genera afecto y aversión, la disfrutan y la sufren como un medio estresante. Presentaremos los aspectos negativos y positivos de tales representaciones con el fin de generar conocimiento que contribuya a delinear posibles acciones que den la oportunidad a los ancianos capitalinos de apropiarse de su ciudad, impulsando actividades y espacios que sean de su agrado y que recuperen sus gustos, estilos de vida y sociabilidad.

Representaciones sociales de la ciudad y calidad de vida

Los conceptos representación social y calidad de vida son referentes teóricos útiles para comprender la forma en que los ancianos viven e imaginan su ciudad, en tanto que permiten abordar la dimensión subjetiva de la experiencia urbana, situándola en su contexto histórico, social y cultural. Las representaciones sociales son definidas como teorías del sentido común elaboradas por sujetos y actores sociales para entender su mundo y actuar en consecuencia (Moscovici, 1961; Jodelet, 1989). La calidad de vida es concebida, en el campo de la psicosociología ambiental, como la combinación de las condiciones objetivas y subjetivas de vida que dan como resultado un sentimiento de satisfacción y bienestar en los individuos (Blanco, 1985). Las representaciones sociales se relacionan con el aspecto subjetivo de la calidad de vida porque son construcciones simbólicas que permiten al sujeto comprender su mundo físico y social, lidiar con él y situarse en éste, para dar sentido a su existencia dentro del marco histórico-cultural en el que se encuentra. Las representaciones que construyen los ancianos sobre su vida y su situación a partir de sus experiencias personales están marcadas por ideologías, creencias, imaginarios, mitos, normas, valores, estereotipos o por otras representaciones sociales sobre la vejez y el envejecimiento que prevalecen en el espacio público (medios de comunicación, interacciones sociales, etc.) (De Alba, 2013b).

En este trabajo veremos la manera en que los ancianos residentes de la capital conciben su entorno, que es la ciudad y sus colonias, para comprender los aspectos de la vida urbana que les proporcionan calidad de vida. Interpretaremos sus representaciones de la urbe a partir de ciertas condiciones, como el acceso a servicios públicos y a políticas sociales, la propiedad de la vivienda, la situación de salud, derechohabiencia, pensión y acompañamiento, y las condiciones urbanas del contexto de la vivienda.

Los casos de estudio

Desde un enfoque cualitativo, analizamos los casos de 41 ancianos y ancianas que residen en colonias ubicadas en las AGEB de la Ciudad de México, que de acuerdo con datos del censo del 2000 tenían alta densidad de residentes mayores de 65 años. Una vez que ubicamos las AGEB con mayor proporción de ancianos, decidimos elegir colonias con niveles de marginación4 contrastantes en ciertas delegaciones: Morelos-Tepito (Cuauhtémoc), Narvarte (Benito Juárez), Pueblo de Los Reyes y Romero de Terreros (Coyoacán). Realizamos 10 entrevistas (mitad a mujeres y mitad a hombres) a profundidad en cada colonia, y 11 en Narvarte, entre 2008 y 2009.

Romero de Terreros y Narvarte son colonias en las que, de acuerdo con los índices del Conapo, los adultos mayores no presentan niveles de marginación. A partir de nuestras observaciones de campo (tipo de casa, nivel de urbanización, costo de la vivienda, ingresos de los informantes, etc.), consideramos que los entrevistados de Narvarte pertenecen a un estrato social medio alto, mientras que los de Romero de Terreros a un estrato social alto.

Según los indicadores del Conapo, los ancianos entrevistados en Tepito-Morelos (Cuauhtémoc) y Los Reyes (Coyoacán) no presentan altos niveles de marginación. Sin embargo, en los recorridos de campo observamos que cuentan con los servicios urbanos indispensables, pero sus ingresos son en general precarios para solventar por sí mismos el costo de la vida. Sus condiciones contrastan social y económicamente con las de los residentes de las colonias anteriormente descritas.

El promedio de edad de los 10 entrevistados de Tepito-Morelos es de 71 años. Sólo tres nacieron en provincia, aunque tienen más de 40 años viviendo en el barrio. Todos se dedican al comercio y son propietarios de departamentos construidos por el Programa de Renovación Habitacional Popular posterior al sismo de 1985 o de departamentos en los edificios construidos a finales de los setenta como parte del Plan Tepito. La mayoría viven con sus parejas o familiares y tres viven solos. Únicamente una persona recibe pensión, las demás viven de lo que venden en las calles del barrio, seis complementan sus ingresos con el apoyo alimentario del Gobierno del Distrito Federal (GDF)5 y siete con las aportaciones económicas que les otorgan sus hijos, quienes han logrado obtener seguridad médica para ocho de ellos en el IMSS o en el ISSSTE. Nueve personas declararon tener un estado de salud óptimo (ningún padecimiento) o funcional (manifestaron tener alguna enfermedad controlada que no les impide ser autónomos para realizar su vida diaria o salir); sólo una persona padece ceguera por diabetes, lo cual no le ha impedido vender discos "pirata" fuera de su departamento, mientras que su esposa, analfabeta, vende dulces y refrescos. Un entrevistado cuenta con estudios de preparatoria, siete con estudios de primaria y uno es analfabeto. Sólo una persona tiene auto y lo usa como principal medio de transporte; los demás usan transporte público.

Los entrevistados de Los Reyes (Coyoacán) tienen un promedio de edad de 76.9 años, son originarios del pueblo y han residido ahí toda su vida. Sus niveles educativos oscilan entre la primaria y la secundaria. Las mujeres se casaron jóvenes y se dedicaron al hogar, mientras los hombres ejercieron oficios diversos que aprendieron sobre la marcha. La informalidad del empleo dio como resultado que sólo cuatro se beneficien de una pensión (el monto máximo fue de 1 800 pesos mensuales) y que cinco sean derechohabientes. Los demás recurren a los servicios públicos de salud del GDF cercanos a sus domicilios o a los médicos adscritos a las farmacias locales. Sus estados de salud son óptimos o funcionales. Seis entrevistados ejercen empleos informales e intermitentes en el mismo barrio (empleado de establecimiento, venta de dulces, oficios diversos). Siete reciben el apoyo alimentario del GDF y ocho son apoyados económicamente por sus hijos, aunque de forma irregular. Sólo una persona cuenta con auto propio. Nueve viven con sus parejas o familiares en casas autoconstruidas en los terrenos de los ejidos que fueron urbanizándose conforme el pueblo fue abandonando su vocación agrícola. Suelen compartir el predio con otros parientes. Viven en una zona bien cotizada por los sectores medios que han llegado a vivir en los conjuntos de departamentos y de casas de construcción más reciente, que son inaccesibles para los ancianos originarios del pueblo.

El promedio de edad de los entrevistados de Romero de Terreros es de 72 años. Siete de diez ejercen alguna actividad remunerada (profesionistas y empresarios). El estado de salud es óptimo (declararon no padecer ninguna enfermedad degenerativa), salvo dos excepciones. Todos tienen casa propia y un auto a su disposición. Sus niveles educativos son elevados: seis cuentan con estudios universitarios (licenciatura, maestría o doctorado), dos con carreras técnicas y dos con primaria. Ninguno recibe el apoyo alimentario del GDF, siete son derechohabientes, aunque prefieren usar servicios de salud privados, y tres cuentan con pensiones (quienes no ejercen ninguna actividad remunerada). La mayoría vive con su pareja o con sus hijos (ocho) y cinco reciben apoyo económico por parte de éstos.

Los once entrevistados de Narvarte tienen una edad promedio de 79 años. Ninguno realiza una actividad remunerada, siete son pensionados y ocho son derechohabientes. Tres cuentan con estudios universitarios, y los demás tienen entre primaria y carreras técnicas. Las condiciones generales de salud son óptimas y funcionales en ocho casos. Suelen combinar los servicios públicos de salud (IMSS e ISSSTE) con servicios privados. Sólo cuatro reciben el apoyo alimentario del GDF. Con excepción de una señora, todos son propietarios de su vivienda, siete tienen departamentos y cuatro residen en casas particulares. La mayoría vive en compañía de sus parejas o familiares y tres viven solos. Sólo dos personas usan el auto regularmente, la mayoría se deshizo de éste por no desear conducir en la ciudad.

Las condiciones materiales de la calidad de vida de los entrevistados dependen de la combinación de las trayectorias individuales y de las características propias de cada barrio o colonia. La historia sociocultural de cada colonia, su nivel de urbanización, calidad de los materiales de vivienda y de los servicios urbanos, junto con el estado de salud y los niveles educativos que permitieron trayectorias laborales estables -con prestaciones y sueldos correspondientes al nivel de especialización profesional- que contribuyeron a acumular un patrimonio económico, se combinan para proporcionar una sensación de satisfacción o bienestar general en el plano material. La dimensión subjetiva de la calidad de vida dependerá de otros factores de bienestar psicosocial y afectivo, como la inserción en redes sociales, la motivación para mantenerse activos y participativos, la procuración de entretenimiento y de estilos de vida sanos, además de las percepciones y actitudes hacia el espacio de vida, que se va desplegando, según Moles y Rhomer (1998), desde la esfera personal del hogar hasta el vasto mundo.

Los resultados de las representaciones sociales de la ciudad que presentamos a continuación surgen de un análisis del contenido temático de las 41 entrevistas realizadas. Para efectos de esta publicación, pondremos el acento en los temas y subtemas que surgieron de tal análisis, tratando de resaltar diferencias por colonia, las cuales reflejan experiencias de la ciudad provenientes de contextos urbanos y sociales diversos: colonias de nivel medio alto con diseño urbano moderno (Narvarte y Romero de Terreros), pueblo urbanizado (Los Reyes) y barrio céntrico popular (Tepito). El espacio de este artículo es insuficiente para ahondar en las representaciones de entrevistados específicos dentro de cada colonia o analizar detalladamente fragmentos de sus discursos.

Imaginando y experimentando la ciudad durante la vejez

Las representaciones sociales de los espacios urbanos se construyen a partir de múltiples fuentes de información: desde la literatura abstracta y científica, hasta la experiencia concreta de los recorridos cotidianos, pasando por todo lo que escuchamos en los medios, en las conversaciones y por el cúmulo de creencias, mitos, imaginarios e ideologías incorporadas a lo largo de nuestra vida.

Los ancianos que tienen una movilidad reducida construyen sus representaciones de la urbe a partir de fuentes indirectas, como los medios, la literatura y las conversaciones. Quienes recorren la ciudad lo hacen a partir de lo que experimentan en el radio de acción de su geografía cotidiana, que corresponde a un fragmento de ciudad. El resto del área metropolitana es reconstruida imaginariamente a partir de la información indirecta, principalmente proveniente de los medios. Pasaron de vivir la ciudad como un conjunto a experimentarla como un agregado de islas, concentrando su movilidad cotidiana en el sector cercano a sus colonias y hogares.

Como ya lo mencionamos, la Ciudad de México genera sentimientos encontrados y representaciones ambivalentes frente a un ambiente urbano hostil, pero fuertemente ligado a la historia de vida. Los entrevistados muestran apego a la ciudad porque ahí nacieron, ahí han vivido muchos años, es el lugar donde viven sus familiares y donde han construido sus círculos de amigos. Les gusta porque hay una amplia oferta cultural, educativa, y en ella encuentran lo que requieren. Sin embargo, la padecen en lo cotidiano porque consideran que se convirtió en un lugar poco habitable por la inseguridad, la sobrepoblación y el crecimiento desmedido, donde las muchedumbres a pie o en auto invaden todos los rincones y espacios públicos.

Abonando a la calidad de vida de los ancianos: "lo que me gusta de la Ciudad de México"

Al analizar las actividades de la vida cotidiana de los entrevistados, apreciamos que existen ciertos factores individuales que contribuyen a reducir o a expandir la esfera geográfica de movilidad diaria, como el estado de salud, el acompañamiento de otras personas y los recursos económicos para pagar desplazamientos y consumos de bienes y servicios. Independientemente de la colonia, recorren la ciudad por diversos motivos: recreación, consumo, empleo, salud, deporte, religión, visitas a amigos y familiares.

Los apoyos institucionales y las políticas públicas dirigidas a los ancianos son de suma importancia en el ámbito de su vida cotidiana, pues constituyen recursos que posibilitan el acceso a la ciudad e incentivan su uso. Citaremos como ejemplo los beneficios que otorga la credencial del Inapam (principalmente la gratuidad en el Metro, trolebuses y autobuses RTP), el derecho que tienen al apoyo alimentario y de salud como residentes de la entidad, los clubes para los adultos mayores promovidos por distintas instancias gubernamentales, y en general toda actividad cultural pública destinada a los mayores de 60 años.

Además del beneficio de programas gubernamentales, los aspectos de la ciudad considerados como agradables por los ancianos constituyen factores que proporcionan calidad de vida y deberían conservarse o impulsarse para motivar el uso y apropiación de los espacios urbanos por parte de este sector de la población: sentimientos de apego al lugar y de integración a redes sociales, espacios recreativos, culturales y de consumo.

Sentido de pertenencia y sentimientos de apego al lugar

Los entrevistados que nacieron en la Ciudad de México o quienes crecieron en ella desde la infancia manifiestan un sentido de pertenencia a través de expresiones como "es mi casa", "le tengo cariño", "es mi ciudad", etc. La urbe representa el sitio que creció con ellos, cuyos espacios y rincones marcan su historia de vida. En este sentido, hablar de la ciudad es hablar de sus vidas. Reconocen que ésta les ha proporcionado los recursos para desarrollarse, educación, empleo, opciones culturales y servicios diversos.

El sentimiento de apego se relaciona también con el disfrute de la capital por el conocimiento de su historia, de sus distintas expresiones culturales y en general por todo aquello que ofrece como forma de entretenimiento o de enriquecimiento cultural.

El apego a la ciudad para los entrevistados de Narvarte y Romero de Terreros se expande a la ciudad en general y se ancla, en particular, en aquellos sectores en los que vivieron durante las distintas etapas de su trayectoria vital y residencial. Son los distintos lugares de sus recuerdos personales y colectivos, entre los cuales se encuentran sus actuales colonias de residencia.

Los residentes de Tepito y del Pueblo de Los Reyes expresan un mayor apego e identidad hacia sus colonias porque nacieron o vivieron toda su vida en el mismo lugar. La ciudad es un elemento identitario secundario frente a la vida social local en la que algunos participan activamente. Siguen trabajando en diversos oficios y comercios de sus entornos, lo que les ayuda a mantener sus redes sociales y a seguir insertos en la vida cotidiana local.

Redes sociales: familiares y amigos

La ciudad no representa únicamente el espacio donde se desarrolla la vida de los ancianos, sino todo aquello que forma parte de su experiencia vital, en la que los afectos juegan un papel esencial. Algunos entrevistados dicen que la urbe es poco habitable y genera angustia o estrés debido al ruido, el tráfico y la inseguridad. Sin embargo, no se irían porque sus familiares y amigos los atan a ella.

Robles et al. (2006) indican que la familia sigue siendo el apoyo fundamental en el proceso de envejecimiento. Ello quizá se relaciona con el hecho de que los ancianos se encuentran insertos en estructuras familiares que funcionan como unidades económicas de apoyos mutuos (López, 2008).

Los familiares de nuestros entrevistados son un apoyo emocional, un acompañamiento, un aspecto importante de sus vidas. Los ancianos se preocupan por el bienestar de sus hijos y nietos en una ciudad que consideran caótica y peligrosa. Treinta y dos entrevistados viven con sus hijos y nietos, los nueve que viven solos buscan verse con sus parientes con cierta frecuencia. La familia es indispensable para quienes tienen problemas de salud y movilidad. También contribuye a mejorar la calidad de vida, en tanto que los ancianos se sienten integrados, atendidos y queridos. Estas redes se hacen más débiles con el paso de los años por las dificultades que tienen para salir y para recorrer largas distancias en medio del tráfico.

Algunos estudios muestran que las relaciones familiares están lejos de ser armoniosas para los ancianos que comparten la vivienda con sus hijos y/o parejas (López, 2008; Giraldo, 2006). Las diferencias y conflictos forman parte de las relaciones humanas, por lo que es importante poner el acento en políticas sociales que valoricen y den mayor reconocimiento al papel del anciano en la familia, así como ofrecerles ayuda psicológica y emocional. El apoyo alimentario del gobierno de la entidad es ya un ingreso que les proporciona cierta autonomía frente a la dependencia económica de la familia.

Los amigos o grupos de pares son también una fuente de satisfacción y bienestar para los ancianos entrevistados, porque con ellos comparten experiencias generacionales similares y recuerdos comunes. Nuestros resultados sugieren que toda iniciativa tendiente a agrupar a los adultos mayores mejora su calidad de vida, pues permite la sociabilidad con personas que tienen gustos afines. Los clubes y centros culturales auspiciados por las distintas instancias gubernamentales juegan un papel importante en este sentido. En un estudio reciente, Medrano y Jiménez (2011) muestran que los clubes para la tercera edad no sólo proporcionan un espacio de socialización y bienestar para los ancianos, sino que también les brindan la oportunidad de generar intercambios económicos que contribuyen a incrementar sus ingresos.

Los entrevistados de la colonia Narvarte que asisten al Centro Cultural Cuauhtémoc, del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), han encontrado en este espacio un lugar donde no sólo aprenden idiomas, computación o manualidades, sino también donde hacen amigos y organizan actividades entre pares. Todos mencionaron sentirse integrados al centro cultural, siendo un espacio del que se han apropiado después de años de participar en las distintas actividades que éste propone. Asisten diario o varios días a la semana por lo menos cuatro horas. Representa para ellos un apoyo de salud y psicológico por el tipo de servicios que ofrece.

Quienes tienen mejores condiciones de salud y autonomía combinan las actividades del centro cultural con la asistencia a clubes deportivos, clases diversas o participación en organizaciones. Por ejemplo, Claudio,6 contador jubilado de 75 años, quien vive con su esposa, ha asistido al Centro Cultural Cuauhtémoc desde hace diez años y considera que ahí está su principal círculo de amigos, además de que ha aprendido muchas cosas. Los fines de semana suele trabajar como guía voluntario en el Colegio de San Ildefonso (UNAM), donde también socializa con los compañeros y los turistas. Cuando tiene tiempo asiste a un fideicomiso de jubilados. Julieta (ama de casa, 67 años) ha ido diario al centro cultural desde hace tres años para tomar clases de francés, tejido y tai chi. Se siente integrada al centro, donde funge como tesorera. Enfatiza que los costos de los talleres son muy bajos para la calidad del servicio ofrecido. Ella paga aproximadamente 100 pesos al trimestre por las clases que toma. Las personas que asisten al centro cultural suelen llegar a pie desde sus hogares. Como esta experiencia, hay varias en otras colonias que cuentan con un centro similar.

La socialización fuera del círculo familiar es un factor de bienestar para los ancianos entrevistados. En Romero de Terreros, Otón (83 años) frecuenta a compañeros de su generación (1958) de ingenieros del Politécnico desde hace años. Se reúne con ellos semanalmente en un café cercano a su casa. Cada año el grupo realiza una comida y ofrece una misa para los amigos que han fallecido. Carolina (72 años) ve a su grupo de amigas en el Centro Histórico o en Polanco para comer, ir de compras o visitar algún museo. Estas actividades los motivan para salir del confinamiento del hogar.

La sociabilidad de los entrevistados de Tepito es intensa. Los ancianos del barrio contribuyen al mantenimiento de la memoria de una convivencia y solidaridad cultivada durante décadas. A pesar de la dificultad de movilidad en medio de los puestos y el comercio en las calles, recorren mucho el barrio, frecuentan a familiares, amigos y participan en las diversas organizaciones locales. Uno de nuestros entrevistados contribuye a la organización de tardeadas de baile en uno de los pequeños espacios que el comercio ha dejado libre en la zona. Quisieran que las estructuras metálicas se retiraran para poder revivir las ferias y fiestas religiosas que recuerdan con nostalgia.

Para los entrevistados del Pueblo de Los Reyes (Coyoacán), la iglesia y la organización de las fiestas religiosas son los motivos y momentos de mayor convivencia social. El mantenimiento de estas antiguas tradiciones es de suma importancia para su vida espiritual, pero también para el reforzamiento de la identidad socioterritorial de este pueblo de origen indígena que ha sido consumido por la urbanización. Los ancianos, herederos y transmisores de las tradiciones, toman su papel con seria responsabilidad. A pesar de la llegada de nuevos residentes de niveles educativos y socioeconómicos distintos, las fiestas del pueblo se realizan año con año. ¿Por cuánto tiempo? ¿Habrá a quién pasar la estafeta en el futuro?

Espacios recreativos y disfrutables de la ciudad

El apego a la Ciudad de México está relacionado con el recorrido por los espacios y rincones cargados de historia, cultura y tradiciones, así como por aquellos sitios que permiten el esparcimiento. ¿Dónde se divierten los adultos mayores de la metrópoli, de acuerdo con sus gustos y bolsillos?

Los grandes íconos de la ciudad forman parte de una geografía disfrutable para los ancianos. El Centro Histórico es el área que convoca a los entrevistados de todas las colonias como lugar de recreación. Gustan de caminar por las calles, de disfrutar de la arquitectura y del ambiente que ésta genera. El Zócalo agrada por los eventos que se han organizado en él desde hace varios años. La Alameda sigue siendo el lugar alegre de convivencia. Aprecian que ahora la calle Madero sea peatonal.

El casco antiguo de Coyoacán es otro punto al que van para entretenerse, con excepción de los residentes de Tepito, pues ninguno mencionó visitar este sitio. Prefieren recorrer Reforma, ir a Chapultepec, a Xochimilco, o bien ir a la lucha libre o a las variedades del teatro Blanquita, cercano a su colonia. Comparten con los residentes del Pueblo de Los Reyes el gusto por pasear en Xochimilco, y con los de Narvarte los recorridos por Reforma y Chapultepec.

Los entrevistados de Romero de Terreros suelen ir a la Ciudad Universitaria, a los museos, al pueblo de Tlalpan, a la colonia Condesa y a restaurantes por motivos de recreación, al igual que los residentes de Narvarte. También les agrada recorrer San Ángel y Chimalistac.

Parques y áreas verdes

La presencia de la vegetación en un medio urbano tan denso como la Ciudad de México es siempre agradable para los ancianos, sobre todo porque conocieron una ciudad con más vegetación y bosques que la rodeaban. Se sorprenden de la rapidez con que los cerros se llenaron de casas y las zonas boscosas fueron alejándose.

Las áreas verdes son un elemento estético al mismo tiempo que lugares de descanso, esparcimiento, convivencia y contemplación. La vegetación es un factor que añoran, que les gustaría ver en los espacios públicos, aun en medio de los autos y el asfalto. Quisieran tener más parques públicos accesibles a pie. La Alameda de Santa María la Ribera, los Viveros de Coyoacán y el parque de la calle Pilares, constituyen modelos del tipo de áreas verdes que los ancianos disfrutan. Los dos grandes parques de la colonia Narvarte son usados con bastante frecuencia por los entrevistados: ahí salen a caminar, conviven con los vecinos, pasean a sus nietos y a sus mascotas.

Indudablemente, los parques elevan la calidad de vida en las colonias. En Tepito-Morelos y Los Reyes la densidad de comercios y de viviendas no ha dejado lugar para parques públicos que satisfagan las necesidades de esparcimiento de los residentes de esas colonias. En ambos casos tienen que desplazarse al menos un kilómetro para llegar a un parque verde y grande.

Actividades culturales

A los entrevistados les gusta la cultura en todas sus formas: van a museos cuando pueden, les agrada el teatro, el cine, visitar las ruinas prehispánicas ubicadas en la ciudad. La música está presente en sus discursos de manera constante: les gusta escucharla en la radio, ir a conciertos y disfrutar del baile. Toman clases de artes y manualidades, cuando los cursos están al alcance de sus viviendas y de sus recursos. Consideran que la oferta cultural y educativa de la ciudad es uno de los aspectos que la hacen atractiva. Algunos aprecian la apertura moral y la tolerancia a la diferencia que se puede respirar en la capital.

Además del cine y el teatro, el baile es un gusto compartido por la mayoría de los entrevistados, independientemente del estrato social. Añoran los lugares de baile y música en vivo que conocieron en épocas pasadas y que fueron desapareciendo con el paso de los años. Algunos salones de baile, como el California Dancing Club, quedan como testimonio de lo que los ahora ancianos conocieron.

El baile como expresión cultural y corporal, como forma de convivencia, de involucramiento y afecto, ha logrado imponerse en los espacios públicos citadinos. La Plaza del Danzón, contigua a la Plaza de la Ciudadela, es el ejemplo más contundente de la reconquista del espacio público por parte de la ciudadanía. Surgió de manera espontánea hace aproximadamente veinte años y, con el apoyo de la delegación Cuauhtémoc, pasó a convertirse en toda una institución al aire libre. ¿Por qué no reproducir esa iniciativa exitosa en las plazas y parques públicos de las distintas colonias de la ciudad?

En el barrio de Tepito existen iniciativas culturales implementadas por algunas organizaciones locales que muestran que los espacios públicos de las colonias pueden convertirse en escenarios de cultura, recreación y aprendizaje. El señor Luis nos comentó que su agrupación promueve los martes del baile, funciones de títeres y de teatro, conciertos y grupos de lectura en los espacios públicos del barrio. Para algunos miembros de estos colectivos, el sentido de sus acciones es ganarle el espacio público a la inseguridad, y las calles al comercio. Cada colonia tendrá motivos propios para promover actividades culturales en sus parques, calles y plazas públicas.

Consumo: del tianguis al centro comercial

Los lugares de consumo llevan la marca de la pertenencia barrial de los entrevistados. Los residentes de Tepito no tienen necesidad de salir de su barrio para comprar una gran variedad de productos. En las calles, en los mercados y en los locales del barrio se comercializa una amplia gama de mercancías, desde comida hasta electrodomésticos y muebles. Algunos mencionan que van al mercado de La Merced a comprar frutas y verduras, al Centro Histórico o a algún almacén para conseguir alguna mercancía específica. No mencionan ir a supermercados ni a centros comerciales, como los residentes de las otras colonias.

Los habitantes del Pueblo de Los Reyes suelen ir a los supermercados cercanos a su colonia (Aurrerá, Comercial Mexicana y Soriana) para comprar víveres. Algunos también compran en el Centro Histórico productos específicos, principalmente en las calles de comercio especializado y en La Merced. Doña Paquita extraña los puestos ubicados en las calles detrás de Palacio Nacional, pues ahí encontraba de todo a muy bajo precio. Una señora compra en La Merced los dulces que vende afuera de su casa. Una pareja va a dicho mercado todos los domingos a abastecer su despensa porque todo es más barato. Van en pesero y metro, y regresan en taxi con bolsas pesadas.

Los residentes de Narvarte y Romero de Terreros compran el abasto cotidiano en supermercados, mercados locales y tianguis. Van frecuentemente a las tiendas departamentales y a los centros comerciales para adquirir ropa u otro tipo de productos. Los centros comerciales han tomado un significado especial para ellos. De hecho, los mencionan como una de las grandes ventajas de la modernización de la ciudad en las últimas décadas. Además de un lugar de compras, dichos centros constituyen un espacio de esparcimiento para ellos porque pueden ver los escaparates, caminar a su ritmo por los pasillos limpios, bien cuidados y sin preocuparse por los baches o irregularidades del suelo que suelen presentar los espacios públicos abiertos. Otra ventaja del centro comercial para ellos es que concentra varios servicios y actividades. Pueden hacer uso de cafeterías, restaurantes o puestos de comida rápida, al mismo tiempo que aprovechar para distraerse en las tiendas de departamentos o en boutiques que ofrecen una amplia gama de productos. Hay baños limpios a la mano, escaleras eléctricas y rampas apropiadas para personas con movilidad reducida. Son espacios que ofrecen cierta calidad ambiental que los hace sentir cómodos y seguros.

La experiencia negativa de la Ciudad de México: fragilidad en los espacios públicos

La ciudad genera en los entrevistados una experiencia de inseguridad, de saturación de los sentidos y de impaciencia. No se sienten a gusto transitando en medio del tráfico, de espacios llenos de gente apresurada que no cede el paso ni mira a los otros. Pareciera que ante la sobrepoblación y el gran tamaño de la urbe, los servicios públicos no alcanzan a ser suficientes: ven la calle siempre sucia, los transportes permanentemente llenos, y el agua escasea.

La imagen negativa de la Ciudad de México que expresan los entrevistados no es sólo de ellos. La inseguridad, el tráfico, la sobrepoblación, el ruido y la contaminación ambiental son características generalizables a las grandes metrópolis contemporáneas y son resentidas por residentes de distintos grupos de edad. Son aspectos urbanos considerados como generadores de estrés (Moser, 1992). Sin embargo, no podemos dejar de mirar con detalle las particularidades de esta experiencia urbana en el caso de los ancianos de la capital mexicana, en vías de un mejoramiento en su calidad de vida.

El conjunto de entrevistados, independientemente de su colonia y estado de salud, manifiestan un sentimiento de fragilidad en las calles. El ambiente urbano se ha convertido en un medio agresivo, apto para los más fuertes, para quienes tienen prisa y están dispuestos a acelerar el paso o a luchar por los espacios públicos, en el sentido literal del término: ganar un asiento, pasar primero, ir más rápido, empujar, romper las reglas de urbanidad en general.

Movilidad cotidiana: "me muevo en mi zona"

Los trayectos en la ciudad representan un esfuerzo, una experiencia agotadora y poco placentera que evitan en lo posible. La estrategia es buscar realizar todas las actividades en un radio de acción manejable, en función de las facilidades para trasladarse y de los estados de salud. Ello genera una experiencia fragmentada de la ciudad y un aislamiento en la zona de residencia: entre más edad y menos movilidad, mayor repliegue a las inmediaciones del hogar.

De los 41 entrevistados, 15 mencionan que prácticamente ya no se desplazan por la ciudad por voluntad propia, porque ésta no los invita a salir de sus casas. Se trata principalmente de los residentes con edades superiores a los 80 años. Aunque los desplazamientos no son frecuentes, los realizan para visitas médicas, y en ocasiones por los motivos por los que otros entrevistados recorren la urbe: recreación, salud, deporte, consumo, religión, visitas a familiares y amigos. Las personas con edades entre 60 y 75 años siguen realizando trayectos por motivos de trabajo. Quienes tienen graves problemas de movilidad deben ir acompañados, usan taxi cuando pueden pagarlo, o solicitan a algunos familiares que los lleven en sus autos.

Si bien muchos mencionan que la ciudad ha mejorado sus vías y medios de comunicación a lo largo de las décadas, el trayecto metropolitano está lejos de ser cómodo y satisfactorio. El hecho de poseer un auto propio no necesariamente mejora la calidad del desplazamiento. Muchos ancianos dejaron de conducir porque ya no se sienten seguros ni cómodos. El tráfico es demasiado pesado para ellos, piensan que ahora la gente maneja muy de prisa y que en general no se respetan las reglas de tránsito. Quienes siguen conduciendo prefieren usar el transporte público cuando tienen que ir a lugares alejados de sus viviendas o a sitios muy concurridos, como el Centro Histórico. Algunos temen perderse porque ya no reconocen muchos lugares debido a sus transformaciones o porque desconocen las nuevas vialidades, puentes y pasos a desnivel.

La mayoría de los entrevistados recorren la ciudad a pie y en transporte público. En general disfrutan caminar y tratan de hacerlo para distraerse o para hacer ejercicio. Sin embargo, la caminata por la metrópoli presenta varios inconvenientes para ellos. Cualquiera que camine por las calles de la capital del país encontrará que es una tarea difícil porque las aceras suelen estar en mal estado (piso levantado por las raíces de los árboles, baches, irregularidades), o no siempre tienen la anchura adecuada para recorrerlas, ya que a veces los macetones, los postes, los puestos ambulantes o los autos en batería impiden el paso. Nuestros entrevistados mencionan estos inconvenientes, con el agravante de que muchos de ellos tienen movilidad reducida, deben ir acompañados, tienen problemas para detectar los desniveles y baches o deben pasar con sillas de ruedas.

Los recorridos a pie se tornan más complicados para los residentes del sector más comercial de Tepito, en donde los puestos invaden calles y aceras. Las organizaciones vecinales consiguieron que no haya actividad comercial los martes para poder circular con mayor libertad en las calles. Los residentes del Pueblo de Los Reyes deben arreglárselas para caminar en los callejones estrechos, muchos de los cuales no tienen acera, y cuando la hay es muy angosta, a fin de dejar espacio a la circulación de autos.

Un segundo aspecto que los ancianos encuentran desagradable en sus recorridos a pie es que tienen la impresión de que la gente perdió la cortesía de otros tiempos y que va muy aprisa en la calle. El contacto con los otros en los espacios públicos es vivido como agresivo e irrespetuoso. Estos actos de incivilidad son: no cederles el paso o el asiento (aun cuando esté reservado para ellos), la indiferencia ante sus dificultades para desplazarse o para cargar cosas pesadas, la falta de solidaridad de conocidos y extraños, el hecho de que la gente ya no saluda ni se detiene para charlar un poco en la calle, ni siquiera los vecinos. La indiferencia que la gente muestra en la vía pública desanima a algunos a salir, pues piensan que si les pasa algo no serán ayudados.

Las aglomeraciones de personas y de autos conforman otro factor de la ciudad que los desanima a recorrerla, tanto a pie como en auto. Se sienten inseguros en los cruces peatonales de grandes avenidas, cuyos semáforos tienen tiempos reducidos para cruzar con bastón y lentamente. También padecen la agresividad de los automovilistas que tienen prisa por avanzar en los altos.

El Metro es el transporte que más usan y que les parece más viable, no sólo porque tienen acceso a él gratuitamente, sino porque es un sistema fácil de usar. Sin embargo, consideran que el Sistema de Transporte Colectivo Metro podría mejorar sus instalaciones para proporcionar un servicio de mayor calidad para los adultos mayores: instalar más rampas, elevadores y escaleras eléctricas, vigilar el estricto respeto de los asientos para ancianos o discapacitados y del vagón exclusivo para ancianos en horas pico. Se quejan también de las aglomeraciones.

El metrobús, el servicio de autobuses RTP (Red de Transporte Público) y el trolebús son bien evaluados por los entrevistados, aunque no siempre se adaptan a sus necesidades de comodidad debido a problemas de salud o movilidad. Los trolebuses tienen escalones demasiado altos, lo cual dificulta el ascenso y descenso, los asientos asignados a ellos no son respetados por los usuarios y los choferes tampoco intervienen para que se les ofrezca el asiento. Los conductores a menudo frenan violentamente, lo cual es peligroso para los pasajeros que están de pie o que se desplazan en el vehículo.

Pocos entrevistados dicen transportarse en microbús, quizá porque no es gratuito para ellos: algunos lo mencionaron como un medio de transporte que no les gusta. En su mayoría, nuestros entrevistados viven en colonias que cuentan con estaciones de metro relativamente cercanas o donde pueden acceder al metrobús, autobuses RTP y trolebuses, por lo que pueden evitar el uso del microbús. El problema es el caso de los ancianos que se ven obligados a usarlo, por ser un servicio de mala calidad, inadaptado a sus necesidades de traslado y con un alto precio.

Inseguridad

El tema de la inseguridad es unánime entre los entrevistados. Temen ser asaltados, agredidos o secuestrados. Este miedo está lejos de ser una invención de su imaginación. Varios han sido víctimas de robo y extorsión, o tienen familiares a quienes han robado y secuestrado. Los medios de comunicación incrementan el sentimiento de inseguridad, puesto que en ellos se muestran la sangre y el número en aumento de muertos en el país.

Los ancianos no sólo temen exponerse ellos mismos, sino que se preocupan cada vez que sus hijos y nietos salen de noche o toman un taxi. Varios entrevistados mencionan que no salen de noche por este motivo; otros piden medidas más drásticas, como más policía con mano dura y más cámaras de seguridad en las calles. Todos toman medidas de precaución para no perder mucho si llegan a ser asaltados, como salir con poco dinero, sin alhajas ni tarjetas de crédito, principalmente cuando andan en transporte público. Otros se atrincheran en sus casas, calles o colonias, detrás de cámaras de seguridad, contratando vigilancia privada y cerrando calles. La asociación de colonos de Romero de Terreros ha ido cerrando las calles de la colonia y ha instalado casetas con vigilantes privados para evitar el acceso a los no residentes. Los ancianos de Tepito viven en la angustia que ha provocado el incremento de los actos violentos en el barrio.

El futuro de la ciudad: desigualdad social y desconfianza política

El sentimiento de pertenencia genera también una preocupación por el futuro de la ciudad: el espacio que heredarán a las siguientes generaciones. El porvenir es poco prometedor para nuestros entrevistados: consideran que la ciudad es un caos, anárquica, poco habitable, contaminada, sobrepoblada, con servicios urbanos deficientes. Perciben que los jóvenes no tienen ni tendrán las oportunidades de educación y empleo que ellos tuvieron, por lo que se muestran apáticos políticamente.

Piensan también que los avances tecnológicos que han visto, desde la propagación de la televisión en todos los hogares hasta el uso de las computadoras y el internet, no necesariamente se traducen en mejores condiciones de vida para los jóvenes. Al contrario, los ven demasiado absortos por los aparatos electrónicos, permanentemente conectados a sus audífonos y celulares, apáticos frente a una realidad que los golpea y los necesita. Es interesante observar que los entrevistados fincan la solución a los grandes problemas de la ciudad en la educación y en la participación política de las generaciones sucesivas. Se desconciertan cuando ven jóvenes apáticos, poco participativos políticamente y lo que es aún peor, sumidos en las drogas, como lo expresan la mayoría de los residentes de Tepito-Morelos.

Culpan a las autoridades locales y federales de los grandes problemas de la ciudad, de la pobreza lacerante y de la falta de oportunidades de empleo. Son muy críticos y muestran desconfianza hacia los partidos políticos y los gobiernos, independientemente del color y la tendencia de éstos. Les parece que las iniciativas de apoyo social existentes no alcanzan a disminuir las desigualdades sociales. Aun cuando los entrevistados gozan de los beneficios de los programas sociales gubernamentales dirigidos a los adultos mayores de la entidad, piensan que algo más puede hacerse para desaparecer la pobreza y la desigualdad de oportunidades, tanto en la metrópoli como en el país.

Siguiendo con la misma crítica política, piensan que no se han hecho esfuerzos suficientes para que todos los ciudadanos gocen de servicios urbanos que ofrezcan una buena calidad de vida. No todos tienen las posibilidades económicas para pagar servicios privados de vigilancia, almacenar agua en cisternas particulares, pagar trabajadores para destapar los drenajes de sus calles o costear servicios de traslado especializado. Al mismo tiempo, algunos están conscientes de que la ciudad "es responsabilidad de todos".

Reflexiones finales

A lo largo de este trabajo hemos intentado sintetizar la situación de los adultos mayores de la Ciudad de México, poniendo el acento en una perspectiva cualitativa para comprender la manera en que se representan y viven la urbe en el transcurso de su vida cotidiana. El tránsito entre la ciudad y las colonias permite observar los ámbitos geográficos en los que transcurre su cotidianidad. Esperamos que los distintos temas que conforman la experiencia de los ancianos residentes contribuyan al campo de conocimiento del que se alimentan los expertos en el diseño de políticas urbanas y sociales destinadas a mejorar la calidad de vida de la creciente población mayor de 60 años de la capital.

Hubiéramos querido profundizar en muchos otros aspectos de crucial importancia sobre el tema de la vejez. Sin embargo, por la falta de espacio y la complejidad del fenómeno, decidimos concentrarnos en el aspecto urbano, en lo que representa vivir en la actual Ciudad de México durante la ancianidad. Observamos que en su estado actual, la entidad no satisface los requerimientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2007) para ser una urbe amigable con los ancianos, lo cual disminuye su calidad de vida. Es necesario trabajar aún más en la adaptación y el mantenimiento de los espacios públicos para permitir su uso por parte de personas con capacidades físicas reducidas. Los parques y áreas verdes no son accesibles para todos los ancianos. El transporte público requiere ser acondicionado para personas con movilidad limitada. La inseguridad desanima a los ancianos a recorrer las calles. Las personas mayores de 60 años sufren de condiciones de desprotección médica y social. La pobreza y la mendicidad forman parte de la vivencia cotidiana de la capital del país.

Desde el punto de vista subjetivo de la calidad de vida, vemos que las representaciones sociales favorables de los espacios urbanos (apego al lugar, vínculos sociales en los espacios públicos y privados, sitios de recreación, de consumo y cultura) proporcionan calidad de vida al contribuir a desarrollar un sentimiento de satisfacción con la vida y con el lugar de residencia. Los aspectos negativos de la representación de la Ciudad de México (fragmentación social y urbana, problemas de movilidad cotidiana, inseguridad, desigualdad social y desconfianza política) disminuyen la calidad de vida al generar un sentimiento de fragilidad al recorrerla.

Los adultos mayores entrevistados no se sienten respetados en los espacios públicos, por lo que proponemos el lanzamiento de campañas que promuevan el respeto hacia la vejez, la dignidad en el hogar, el impulso de las reglas de urbanidad y de cortesía en los espacios públicos, que permitan a los ancianos recorrer las calles con mayor comodidad y calma.

La tendencia a concentrar las actividades cotidianas en áreas cercanas a sus domicilios nos invita a sugerir un reforzamiento de todas las iniciativas tendientes a apoyar a los ancianos en el ámbito local para mejorar su calidad de vida. La experiencia más exitosa que detectamos en las colonias son los centros culturales, que ofrecen a los adultos mayores talleres que no sólo tienen un objetivo de aprendizaje, sino de formar grupos de convivencia que impulsen la socialización, por ejemplo con la impartición de cursos que promuevan el ejercicio físico adaptado a las condiciones de salud de los participantes, como el yoga y el tai chi, que fueron mencionados como actividades que además ayudan emocionalmente. El apoyo integral incluye proporcionar atención u orientación especializada en cuanto a nutrición, salud física, mental y emocional. Para evitar un apoyo meramente asistencialista, sería deseable que los ancianos participaran en la organización de actividades propuestas por ellos mismos: baile, festejos de cumpleaños, visitas a museos, recorridos por sitios culturales e históricos. ¿Por qué no pensar en un turibús de muy bajo precio o gratuito para los ancianos? La condición ideal sería que estos centros culturales fueran accesibles a pie y que pudieran incorporar a personas que por problemas de movilidad se encuentran confinadas en sus hogares.

Las actividades culturales organizadas por las instancias gubernamentales, por las organizaciones de la sociedad civil o por lo grupos de residentes de ciertas zonas, son una iniciativa importante que permite a los ancianos recuperar los espacios públicos de los que se sienten excluidos por inseguridad o por fragilidad física. La música y los bailes al aire libre parecen ser expresiones culturales que convocan a ancianos de diversos medios y rangos de edad. El entretenimiento y la fiesta pública en las calles permiten el intercambio generacional y la sociabilidad de quienes han ido perdiendo familiares y amigos paulatinamente.

Para cerrar, quisiéramos señalar que el reforzamiento del sentimiento de pertenencia y apego al territorio puede contribuir a un mayor interés y participación en el cuidado de una ciudad que se vive como propia, además de incrementar la integración social y la convivencia de los ancianos en sus barrios, pueblos, unidades habitacionales o colonias.

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1El 29 de enero de 2016 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto por el que el Distrito Federal pasa a denominarse Ciudad de México en todo su cuerpo normativo.

2Tanto estudios de corte académico, como aquellos realizados por instituciones, documentan la existencia de maltrato físico, psicológico, económico, abandono y despojo hacia los ancianos en la Ciudad de México y en el país ("Padecen maltrato gran parte de los ancianos en México: Inapam", La Jornada, 2010: 43).

3La ZMVM que tomamos originalmente para nuestro estudio comprendía, de acuerdo con

4Índice del Conapo, cálculos realizados por el doctor Salomón González, Laboratorio en Análisis Socioterritoriales, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa (LAST, UAM-C).

5A partir del Decreto del 29 de enero de 2016, publicado en el Diario Oficial de la Federación, el Gobierno del Distrito Federal (GDF) se denomina Gobierno de la Ciudad de México (GCDMX).

6Los nombres de los informantes fueron cambiados por respeto a su privacidad y anonimato.

Recibido: 27 de Agosto de 2015; Aprobado: 20 de Junio de 2016

Martha de Alba González es profesora investigadora de tiempo completo en el Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Obtuvo su doctorado en Psicología Social en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, en París, Francia, donde también cursó la maestría en la misma disciplina. Obtuvo su Diploma de Estudios Superiores Especializados en Psicología Ambiental en la Universidad René Descartes (París V). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), nivel 1. Sus temas de interés giran en torno a las representaciones sociales, memoria colectiva y experiencias de vida en los espacios urbanos. Sus investigaciones más recientes abordan los temas del envejecimiento en contextos urbanos y las memorias en controversia en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Es cofundadora de la Red Nacional de Investigadores en Representaciones Sociales en México.

Nota de la autora: Este trabajo presenta resultados del proyecto "Experiencias, represen taciones y memoria de la métropoli de los adultos mayores: el caso de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México" (Conacyt CB-2007). Agradezco las observaciones realizadas por varios expertos para mejorar este trabajo.

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