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Estudios demográficos y urbanos

versión On-line ISSN 2448-6515versión impresa ISSN 0186-7210

Estud. demogr. urbanos vol.31 no.2 México may./ago. 2016

 

Informes

Homenaje a la trayectoria de Martha Schteingart

Tribute to Martha Schteingart's Career

Silvia Giorguli Saucedoa 

Gustavo Garzab 

Clara Salazarc 

Vicente Ugalded 

José Luis Lezamae 

a Presidenta de El Colegio de México, México.

b El Colegio de México, Programa de Estudios Interdisciplinarios, México. Correo electrónico: <ggarza@colmex.mx>.

c Profesora investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México, México. Correo electrónico: <csalazar@colmex.mx>.

d Profesor investigador de El Colegio de México y secretario adjunto académico de esa institución, México. Correo electrónico: <vugalde@colmex.mx>.

e Profesor investigador del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México, México. Correo electrónico: <jlezama@colmex.mx>.

Resumen

En aras de reconocer la destacada trayectoria de la doctora Martha Schteingart en investigación y docencia, el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México le organizó un homenaje, el cual estuvo acompañado de la presentación de su antología, titulada Desarrollo urbano-ambiental, políticas sociales y vivienda. Treinta y cinco años de investigación.* El acto se celebró el 3 de marzo de 2016 en la Sala Alfonso Reyes de El Colegio de México. Hicieron uso de la palabra la presidenta de El Colegio, Silvia Giorguli Saucedo, y los investigadores del CEDUA Gustavo Garza, Clara Salazar, Vicente Ugalde y José Luis Lezama. Moderó la mesa Jaime Sobrino, director del mismo centro. A continuación incluimos las intervenciones de los panelistas en orden de su presentación.

Abstract

To recognize Dr. Martha Schteingart's outstanding career in research and teaching, the Center for Demographic, Urban and Environmental Studies (CEDUA) of El Colegio de México organized a tribute, which was accompanied by the presentation of her anthology, entitled Desarrollo urbano-ambiental, políticas sociales y vivienda. Treinta y cinco años de investigación. The event was held on March 3, 2016, in the Alfonso Reyes Hall of El Colegio de México. President of El Colegio Silvia Giorguli, CEDUA researchers Gustavo Garza, Clara Salazar, Vicente Ugalde and José Luis Lezama took the floor. Director of the center Jaime Sobrino served as moderator. The panelists' speeches are given below, in order of presentation.

Palabras de Silvia Giorguli Saucedo

La trayectoria y las contribuciones de Martha Schteingart desde una perspectiva distinta a la de los estudios urbanos

La publicación del libro Desarrollo urbano-ambiental, políticas sociales y vivienda. Treinta y cinco años de investigación, dentro de la serie Antologías de El Colegio de México, sirve como pretexto para hacer un recorrido en torno al pensamiento de Martha Schteingart sobre el espacio y los procesos urbanos en el contexto del cambio social en México y América Latina. Los trabajos que recopilan la evolución de las ideas y del quehacer de investigación durante más de tres décadas de publicaciones (y más de cuatro en su trayectoria como investigadora) se pueden leer ya sea desde la sociología crítica y el análisis de las políticas públicas, como una historia del pensamiento latinoamericano en torno a la desigualdad y la pobreza, o como un diálogo desde los estudios urbanos con distintas disciplinas de las ciencias sociales y de las físico-naturales (en el caso de estas últimas, en lo que compete a los temas sobre medio ambiente). En este ejercicio de recopilación de los trabajos de Martha, uno intuye y entiende la relevancia de su pensamiento, su influencia en generaciones posteriores de estudiosos y su capacidad para continuar dialogando con los desarrollos teóricos más recientes, con las metodologías emergentes en la investigación en ciencias sociales y con las políticas públicas.

La expresión espacial de la desigualdad y su consideración en la investigación social

Un aspecto transversal de la investigación de Martha Schteingart se refiere a la consideración del espacio como categoría analítica central. Así se observa en sus trabajos sobre el uso del suelo, los procesos habitacionales, los asentamientos irregulares, la pobreza y la segregación urbanas. No se trata de una categoría estática o ajena a los procesos sociales, sino que en el espacio se reproduce la diferenciación social de formas variadas, se puede observar la interacción entre diversas dimensiones del cambio social, y es, además, objeto potencial de las políticas públicas. En la mirada experta de los estudiosos de temas urbanos el espacio y el territorio son los conceptos articuladores de la investigación.

Permítaseme entonces hacer una lectura desde fuera del ámbito de los estudios urbanos. Así como creo que la demografía contribuye con una propuesta específica de manejo del tiempo individual e histórico para entender el cambio social, creo que en la propuesta teórica y metodológica en torno al espacio se encuentra una de las principales contribuciones al campo de los estudios urbanos y, en este caso, de la investigación de Martha Sctheingart. Tal vez uno de los ejemplos más ilustrativos esté en los análisis sobre la pobreza: desde los años noventa, este tema convocó cuantiosa investigación sobre la desigualdad social y las políticas sociales.

En contextos con rápidos procesos de urbanización o predominantemente urbanos como son los latinoamericanos desde los noventa, la ciudad se volvió el eje central para entender la reproducción de la desigualdad más allá de los diferenciales rurales-urbanos. A las explicaciones acerca de la organización económica y el desigual acceso a oportunidades en los contextos urbanos, la investigación desarrollada por Martha le agrega la centralidad del espacio. La pobreza no es algo que vivan los individuos en abstracto; se da dentro de un territorio y responde a procesos de poblamiento específicos vinculados a la misma reproducción estructural de la desigualdad. En la organización del espacio se pueden observar las respuestas sociales ante la desigualdad, y es ahí mismo donde se reproducen patrones específicos de segregación. La división social del espacio se cruza, además, con otras expresiones estructurales de la desigualdad, como la de género. Finalmente, como sugiere la investigación de Martha, los efectos de la desigualdad socioeconómica en aspectos como la salud y la educación tampoco se dan aislados del territorio y de la organización social del espacio. El acceso a los servicios públicos, la conectividad, la interacción con el medio físico, son todos factores intervinientes y apuntan a la necesidad de incorporar al espacio social como categoría analítica indispensable tanto para conocer sobre la pobreza como para definir posibles intervenciones estatales para mitigarla. Descrito de esta manera, parecería obvio entonces que la dimensión espacial debería estar presente en la investigación social, en general, y en los temas de desigualdad y pobreza, en lo particular. Como mencioné, para el experto en temas urbanos así lo es; para el investigador que analiza los mismos procesos desde otras disciplinas no siempre lo es.

El reto metodológico de introducir el espacio a la investigación empírica en ciencias sociales

Una vez acordada la importancia del espacio para el entendimiento de los procesos de cambio social, la siguiente pregunta tiene que ver con su traducción y eficaz introducción en la investigación empírica. El recorrido por los trabajos de Martha también nos da una idea sobre este aspecto y sobre la evolución en las metodologías de análisis, en la información disponible y en las técnicas para el procesamiento de la misma. Como la autora lo menciona desde la introducción, la mayor accesibilidad de información georreferenciada y los avances en su procesamiento han permitido el paso de un trabajo artesanal a otro que se da más rápido, de manera eficiente y que es replicable. Con ello también se ha abierto el espectro para analizar nuevas preguntas y estudiar desde una óptica ampliada problemáticas tales como las de la segregación espacial y la evolución en los procesos de crecimiento de los grandes centros urbanos.

Como dije antes, a pesar de que los trabajos presentados se enfocan específicamente en temas urbanos, en realidad la estrategia metodológica utilizada puede ser transferida a otras áreas de las ciencias sociales. De hecho, una revisión de la agenda de investigación y de los enfoques teóricos metodológicos permite ver que la dimensión espacial es cada vez más utilizada en otros ámbitos en los cuales tradicionalmente no se había considerado. Tales serían, desde una perspectiva disciplinaria, los desarrollos recientes desde la economía espacial o la demografía espacial. Temáticamente también se puede ver como una herramienta analítica emergente cada vez más indispensable en los estudios sobre la interacción entre medio ambiente y cambio social, sobre temas electorales y sobre violencia social, por citar algunos ejemplos.

La investigación en torno a temas urbanos: reivindicación de las perspectivas comparativas

Hay dos aspectos más de la investigación de Martha Schteingart que se pueden vincular con los desarrollos en las ciencias sociales más allá del ámbito de los estudios urbanos. El primero se refiere al análisis de experiencias en diferentes ciudades del mundo como herramienta que retoma la investigadora para entender procesos particulares. En la muestra de sus trabajos se pueden encontrar estudios realizados igualmente en el contexto latinoamericano más cercano -en concreto, pero no exclusivamente, con referencia a Buenos Aires, Bogotá, Barranquilla-, en el interior de México -entre zonas metropolitanas- y en otros contextos tales como Abidjan en Costa de Marfil y, más recientemente, Washington. Esta perspectiva comparativa se ve con mayor claridad en su construcción en torno a la investigación urbana en América Latina. Es natural pensar regionalmente porque, a pesar de las grandes diferencias en el interior de la región, se comparten algunas características similares vinculadas al crecimiento irregular en las ciudades, el aumento de la pobreza urbana, la persistencia de grandes inequidades dentro de las ciudades, los vaivenes en torno a la gestión urbana y la irregular participación del Estado en la misma durante las últimas tres décadas.

En el trabajo de Martha, el análisis comparativo se vuelve una herramienta fundamental.1 En ese sentido, su enfoque metodológico se deslinda de los estudios que asumen difícil y poco útil la transferencia de herramientas conceptuales o de análisis para entender realidades específicas. En su aspiración por contribuir a un pensamiento latinoamericano sobre el desarrollo urbano-ambiental, recupera distintas experiencias y busca un balance entre la construcción de una "perspectiva más amplia" (p. 322) y la reflexión sobre propuestas específicas de política pública que incorporen las particularidades de cada contexto. Cabe señalar que esta reivindicación del enfoque comparativo como una forma de guiar la investigación y construir conocimiento la ha llevado a que participe en diversas redes de investigación en América Latina y en el ámbito internacional.

El segundo aspecto a retomar en su investigación es el tema de la gestión del espacio urbano y las políticas públicas. Es transversal en sus escritos. Las políticas públicas se vuelven objeto de sus investigaciones. Le interesa la participación del Estado, su interacción con diversos actores locales, la definición de los ámbitos de acción de la política pública (el espacio, la vivienda y el uso de suelo, entre ellos). Y además de ser objeto de su investigación, en sus trabajos también busca dialogar con quienes definen e implementan las acciones orientadas a la gestión urbana. Se intuye entonces en sus escritos el compromiso del académico en la generación de diagnósticos precisos y objetivos que sirvan para informar sobre el debate de las políticas públicas sin que se considere como posible la transferencia automática de los resultados de investigación, sin crítica o sin considerar las particularidades del contexto nacional o local. En cuanto al análisis comparativo, por ejemplo, justifica su importancia entre otros aspectos "también porque mediante esos estudios será más fácil presentar propuestas alternativas respecto a las políticas oficiales (algunas de ellas inspiradas en ideas rígidas generadas en otros contextos, ignorando en muchos casos las condiciones sociales y las políticas locales)" (p. 322). Esta visión del oficio académico -que considera un análisis metodológicamente riguroso y exigente sobre temas de interés nacional- es aplicable no sólo al campo de la investigación urbana, sino al quehacer de las ciencias sociales en general.

Notas finales: Martha Schteingart en El Colegio de México

Quisiera cerrar este texto con una referencia explícita a la trayectoria de investigación y de participación institucional de Martha Schteingart en El Colegio de México y, en particular, en el campo de los estudios urbanos. Como mencioné, es innegable su influencia en la formación continua de generaciones que se mantienen interesadas en indagar sobre los procesos urbanos, en entender la acción del Estado y su potencial (o su ineficacia) para modificar el contexto de desigualdad socioeconómica prevaleciente en las ciudades latinoamericanas y sobre la centralidad del espacio en la reproducción de dicha desigualdad. Este año se cumplen también cuarenta años de su labor docente, la cual se sintetiza en los cursos impartidos principalmente en la maestría en Estudios Urbanos, pero también en el doctorado en Estudios Urbanos y Ambientales del ahora CEDUA y en otras instituciones. Se reflejan también en el acompañamiento que hace Martha a través de sus cursos, la dirección de tesis y la participación en proyectos de investigación conjuntos durante la etapa inicial de investigadores hoy consolidados en México y otros países de América Latina.

En este momento de renovación generacional en El Colegio de México hay algo que las nuevas generaciones pueden aprender de Martha Sctheingart. Yo lo percibí de primera mano en mi intercambio con ella como colegas en el Centro: su ética frente al trabajo que se resume en su rigurosidad en la investigación científica, su continua búsqueda de un lazo comunicante entre el pensamiento teórico y la investigación empírica, su compromiso con la institución con la que ha colaborado por cuarenta años y su permanente indagación y curiosidad sobre nuevos temas, preguntas de investigación y metodologías. A esto habría que sumar la preocupación de Martha por contribuir a través de su obra al entendimiento de la persistente desigualdad social en América Latina que se evidencia en diversas dimensiones y que, a su entender, debe encontrar una respuesta en el ámbito de las políticas públicas.

Palabras de Gustavo Garza

Entre 1978 y 2010 Martha Schteingart aborda en forma pionera y sistemática cuatro ejes analíticos referidos al proceso de producción de la vivienda y su entorno urbano: 1) desarrollo inmobiliario y políticas habitacionales; 2) asentamientos populares y medio ambiente; 3) pobreza y políticas sociales; y, 4) división social del espacio. Este último tema es el más reciente y su estudio, según la autora, se ha enfrentado a una "falta de desarrollo teórico", tanto en Latinoamérica como en México (p. 12). Centraré mis comentarios en esta última temática, siguiendo la división acordada con mis colegas comentaristas. Antes de iniciar con los 15 capítulos que conforman el libro, la autora presenta una valiosa introducción sobre la investigación urbana en América Latina hasta mediados de los noventa, que por su relevancia abordaré primeramente.

Retrospectiva de la investigación urbana en América Latina

Latinoamérica es una de las regiones más urbanizadas del mundo, por lo que es natural que los estudios urbanos destaquen en la investigación de las ciencias sociales en los países que la constituyen, aunque en diferentes grados. Dentro del proyecto Global Urban Research Iniciative, América Latina se dividió en tres subregiones, para las cuales el análisis enfatizó los siguientes rubros:

  • Establecer el marco general del desarrollo económico y la urbanización.

  • Identificar los principales temas investigados.

  • Incorporar el contexto institucional existente.

  • Proponer una agenda de investigación futura.

Desde las premisas anteriores, para toda la región se constató lo siguiente (pp. 24-37):

  • La investigación urbana se realiza en forma continua, sistemática e institucionalizada hasta los años setenta, aunque en los países centroamericanos es más reciente.

  • Se observan diferencias importantes entre aquellos países que han sufrido los estragos de las dictaduras militares y los que han tenido un desarrollo político relativamente más estable.

  • Las teorías sobre la hiperurbanización, la elevada primacía, la modernización y la marginalidad fueron las prevalecientes hasta comienzos de los setenta.

  • Durante la segunda mitad de esa década y comienzos de los ochenta, la escuela francesa marxista de sociología urbana predominó en una buena cantidad de escritos críticos que conllevaron una "significativa renovación de la investigación urbana" (p. 27). La aplicación de dicho enfoque destaca en los trabajos sobre suelo urbano, vivienda, producción inmobiliaria, movimientos sociales urbanos y urbanización, dentro del contexto de la industrialización capitalista.

  • El marxismo estructuralista entró en crisis a mediados de los ochenta y surgieron "visiones más localistas y comunitarias de los problemas urbanos", lo cual se vio acompañado por una "pulverización" de la investigación urbana.

  • Los aspectos institucionales y de apoyo financiero, los avances teóricos y metodológicos, y el acceso a la información, así como la formación y experiencia de los investigadores, influyeron indiscutiblemente en la selección de los temas a estudiar.

  • Además de las investigaciones iniciales sobre el proceso de urbanización, la vivienda y la marginalidad urbana, en los ochenta sobresalen los movimientos sociales, la gestión de los gobiernos locales, los servicios urbanos y el medio ambiente; empero la cuestión de los "pobres urbanos" ha estado siempre presente.

  • Dentro de las disciplinas de las ciencias sociales predominantes en los estudios urbanos destaca la sociología, mientras que la economía ha tenido una menor presencia (a pesar de su importancia quintaesencial, podríamos agregar). Por su parte, la antropología ha realizado contribuciones en el campo de la cultura urbana y la administración pública en los tópicos de la institucionalización de la gestión municipal. La arquitectura y la planificación urbana, centrales en las primeras etapas de la investigación, "han descendido de manera notable", pero surgen estudios de geografía urbana (además que es necesario agregar la historia urbana).

  • Lo anterior contrasta con el predominio de los estudios en economía urbana en los países asiáticos, por lo que no es mera casualidad que su desarrollo económico sea notablemente más dinámico que en América Latina.

Los lineamientos a seguir para la elaboración de una agenda de investigación futura, señala la autora, se pueden resumir a los siguientes:

  • Avanzar en los refinamientos conceptuales y en la comprensión de los fenómenos más relevantes.

  • Incluir aspectos históricos para contextualizar las dinámicas sociales y políticas contemporáneas y estar en posibilidad de vislumbrar el "impacto de los cambios estructurales en la agenda urbana" (p. 35).

  • Superar los análisis que no tengan en cuenta interfaces temáticas, de sectores, procesos y dinámicas espacio-temporales.

  • Evitar el análisis de casos que dejen de lado una visión más integral de las diversas situaciones urbanas.

  • Se requiere un "mayor desarrollo teórico" y conceptual de los temas tradicionales, así como restablecer "análisis más estructurales o globales" (p. 35).

  • Establecer nuevas temáticas.

Finalmente, sobre esto último se proponen los siguientes temas:

  • La urbanización en el contexto de la globalización y los cambios estructurales de las economías.

  • La base económica de las ciudades, así como su eficiencia productiva.

  • Cambio en la estructura social de las urbes, en especial sobre la pobreza y la desigualdad social.

  • Descentralización y nuevas formas de gestión metropolitanas.

  • Nuevo papel del Estado en las políticas sociales y urbanas.

Martha Schteingart concluye que para que una agenda de investigación pueda implantarse es necesario "desarrollar estructuras institucionales adecuadas que permitan la consolidación de la comunidad académica" (p. 36).

Han pasado 20 años de ese notable diagnóstico y habrá cuestiones polémicas que discutir, así como la necesidad de actualizarlo, agregando la investigación que se ha realizado en ese lapso, así como incorporar temas más contemporáneos que sustituyan los abordados. Sea como fuere, se puede considerar que las limitaciones de corte metodológico señaladas persisten, por lo que sería recomendable diseñar un proyecto de investigación que establezca estrategias para el avance teórico-conceptual de la disciplina y la solución de las barreras institucionales.

Contribuciones al conocimiento de la producción del espacio urbano

La cuarta parte del libro contiene tres capítulos que a continuación se analizan y que muestran la larga trayectoria de Martha Schteingart en el estudio de la distribución intraurbana de los estratos de población en varias ciudades mexicanas.

Dinámica poblacional, estructura urbana y producción del espacio habitacional en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (cap. 13)

Martha Schteingart, en coautoría con Rosa María Rubalcava, inician la investigación del patrón de distribución socioespacial de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) hace 30 años, cuando en 1985 publicaron un primer artículo sobre el tema, seguido por otro en 1987. En el escrito que constituye el presente capítulo, publicado por Schteingart en 1989, se propone avanzar en esa línea de investigación introduciendo algunos de los factores determinantes de las diferencias socioespaciales en la urbe observadas en los anteriores trabajos. Específicamente, se plantea analizar la producción del inventario habitacional por el sector "formal", centrado en las promociones de los organismos públicos de vivienda y las empresas inmobiliarias privadas.

En la primera parte se analiza el crecimiento y distribución de la población de la ZMCM de 1950 a 1980, según tres contornos que parten del núcleo central hasta ir alcanzando los municipios conurbados del Estado de México. Ello muestra nítidamente la expansión demográfico-urbanística hacia esta última entidad en la etapa de mayor expansión de la metrópoli. Al comparar el crecimiento demográfico con la consolidación urbana, se concluye que entre 1970-1980 las demarcaciones con mayor dinámica poblacional observaron, niveles menores de consolidación que en las anteriores décadas.

La autora se pregunta sobre las causas de ese fenómeno que en cierta medida indican una "degradación de las condiciones en que se da la expansión metropolitana" (p. 347). La respuesta adecuada a esta interrogante requeriría de estudios de tipo histórico comparativo, pero, grosso modo, se puede decir que las demarcaciones que se anexaron en los años cincuenta y sesenta "habían comenzado a integrarse a la metrópoli desde mucho tiempo atrás [...] y ya tenían al incorporarse un grado de consolidación que difícilmente una unidad nueva puede adquirir en poco tiempo" (p. 347).

La inclusión del proceso de producción del espacio se efectúa empíricamente con la información del número de viviendas que se construyen en los fraccionamientos aprobados por las autoridades correspondientes. Entre 1960-1970 se permitió la construcción en ellos de 179 mil viviendas, de las cuales 37.5% las absorbió Ecatepec, seguido por Nezahualcóyotl con 14.2%. Ambos municipios exhiben los mismos niveles relativos de consolidación, pero presentan diferencias a favor del primero en renglones como vivienda con agua entubada, lo cual la autora lo asocia con el mayor desarrollo de los fraccionamientos en Ecatepec.

En la década de 1970-1980 se aprueba la construcción de 228 mil viviendas en diversos fraccionamientos, pero ahora destaca Cuautitlán-Izcalli como la principal demarcación, seguida por Tlalnepantla y Ecatepec. En la primera sobresale que fue producto de un proceso de planeación urbanística de gran envergadura del Gobierno del Estado de México, que creó al organismo descentralizado ODEM para dirigir el proyecto.

De esta suerte, los mecanismos del control de la tierra, la localización de las promociones inmobiliarias y el tipo de financiamiento utilizado, han sido los "elementos mediadores en el asentamiento de la población en distintas partes de la metrópoli" (p. 352). En la década de los sesenta los principales fraccionamientos fueron promovidos por grupos como Frisa, Infraposa, Kanner-Ekstein y Bruno Pagliai. En los setenta entran en escena algunas instituciones públicas como Banobras, Indeco, Auris y la banca Somex. En balance, de 1960 a 1980 los fraccionamientos autorizados por el Estado fueron promovidos en 72% por los grupos privados y 28% por los organismos públicos.

El trabajo presenta dos conclusiones cardinales que se desprenden de lo anterior: 1) "la intervención del Estado en el desarrollo de los espacios habitacionales no necesariamente ha implicado una planeación racional del espacio metropolitano, ya que con frecuencia ha seguido la lógica impuesta por los promotores privados" (p. 353); 2) "El apoyo financiero de los organismos más importantes que actúan en la ZMCM representa aproximadamente 15.5% del crecimiento de la población de esa zona" (p. 354). Como corolario de lo anterior, se entiende la gran extensión que ocupan los asentamientos irregulares que en el Distrito Federal representaban al menos 25% del área habitacional y 35% en los 17 municipios conurbados del Estado de México.

En el párrafo final se menciona que las explicaciones dadas para entender la naturaleza del patrón de distribución socioespacial en la urbe "resultan todavía insuficientes" (p. 361), por lo que se requerirán muchos más estudios al respecto. Como ha pasado algo más de un cuarto de siglo desde que el artículo se publicó, sería de gran interés determinar qué avances sustantivos sobre la estructuración del espacio en la Ciudad de México se han realizado, por lo que cobra gran interés el siguiente capítulo que aparece diez años después.

La división social del espacio en las ciudades (cap. 14)

Publicado en Perfiles Latinoamericanos de FLACSO en 2001, en el inicio señala que "La división social del espacio en las ciudades no ha constituido un tema destacado en la investigación urbana en América Latina" (p. 363). Agrega que ha ocurrido, además, "un cierto abandono de estudios globales y estructurales por análisis de casos concretos" (p. 363). No se explicita, pero de la estructura del trabajo se deriva que su objetivo es analizar los conceptos vinculados a la división social del espacio, como las nociones de pobreza, exclusión social y segregación urbana, para luego describir las principales contribuciones en el estudio del patrón espacial de las clases sociales en las ciudades mexicanas.

En un balance inicial sobre la segregación urbana se confirmó que el tema en sí mismo ha ido perdiendo importancia, siendo incorporado en el análisis de la expansión urbanístico-demográfica, de los servicios públicos y vialidad, de la evolución histórica, de las partes específicas de la ciudad y de las nuevas formas de "barrios cerrados" (p. 368). A partir de 1990 se inician las investigaciones de microzonas utilizando las AGEB. Sin embargo, predominan los estudios descriptivos, siendo "pocas las teorías generales o específicas que se presentaron en los trabajos revisados" (p. 369). Es, además, muy reiterativa la contextualización referida a la Escuela de Chicago, "lo cual está mostrando la necesidad de que existan nuevos planteamientos teóricos acerca de este tema" (p. 369).

Sobre la cuestión central de la convergencia o divergencia de las diferenciación socioespacial, se afirma que la consolidación de la mancha urbana de la Ciudad de México hace posible que las zonas segregadas se integren paulatinamente a los servicios urbanos, lo que "significó, en términos generales, un mayor acceso a la educación y a los servicios básicos de la vivienda, aun cuando en muchos casos los estratos más desfavorecidos no pudieron acceder rápidamente a los beneficios de la urbanización" (p. 370). La pregunta crucial de si la diferenciación aumenta o disminuye no puede ser resuelta en el análisis por delegaciones y municipios, pues por ser "demasiado grandes y heterogéneas no permitieron medir la evolución de la segregación en esta metrópoli" (p. 371). A ello habría que agregar la necesidad de introducir nuevas variables que modifican tal diferenciación, como el acceso a red de internet de banda ancha o la disponibilidad general a este servicio.

La gran virtud que se desprende de este capítulo es que permite ver al bosque en su conjunto, a partir de lo cual es posible derivar las debilidades del estado de la investigación en el tema y orientar los estudios empíricos y conceptuales futuros. Cabría mencionar la conveniencia de superar los viejos esquemas de la Escuela de Chicago y sus múltiples desarrollos posteriores, pues todos ellos tratan de la morfología urbana, confundiéndola con la estructura urbana.

División social y segregación en ciudades mexicanas: un balance explicativo desde una perspectiva latinoamericana (cap. 15)

En este último capítulo se incluye un trabajo inédito (en una primera parte de 21 páginas), escrito muy recientemente, en 2013, que sintetiza un libro en coautoría con Rosa María Rubalcava y publicado en 2012. En la segunda sección, de tres páginas, se reflexiona sobre las conceptualizaciones e investigaciones empíricas de especialistas latinoamericanos sobre la temática.

En la primera parte se sintetiza un notable análisis estadístico de largo plazo para las delegaciones y municipios que conforman la ZMCM de 1950 a 2000, a lo cual le sigue una sección microespacial que incorpora el nivel socioeconómico por AGEB, de 1990 a 2000, para las zonas metropolitanas de Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Puebla.

Según las demarcaciones político-administrativas de la ZMCM, se observa "la distribución de los estratos más altos en zonas centrales y los más bajos en la periferia, sobre todo en la parte oriente de la metrópoli" (p. 387). Para la década 1990-2000 se muestran ascensos en el Distrito Federal y una incorporación de municipios mexiquenses en niveles bajos. En el último año, las dos delegaciones y los dos municipios más poblados pertenecen al estrato medio y concentran alrededor de la tercera parte de la población de la urbe.

Se muestra una disminución de la población de los estratos altos y un aumento de los bajos según AGEB entre 1990-2000, consecuencia del descenso de la población en las delegaciones centrales y su aumento en los municipios conurbados con estratos muy bajos. Estos últimos, además, son más homogéneos en su pobreza, mientras que la población de estratos altos está relativamente más uniformemente distribuida.

Finalmente, desde una perspectiva latinoamericana se tienen algunos aspectos en común en las grandes ciudades de la región, en los que coinciden los autores examinados. Habría que destacar, en primer lugar, la gran expansión periurbana caracterizada por los grupos más pobres, en grandes zonas homogéneas con viviendas de mala calidad, segregación, falta de servicios, así como difícil y costoso acceso. En segundo, la aparición de comunidades cerradas en desarrollos inmobiliarios para las élites, con altos estándares de equipamiento, servicios y seguridad privada. En tercer lugar, la disminución de las áreas públicas exacerba la inequidad, las diferencias sociales y la fragmentación sociourbanística. Adicionalmente, en los espacios pauperizados se acrecienta, en tiempos recientes, la violencia e inseguridad, el consumo de alcohol y drogas, además del desempleo y la precarización laboral.

Se afirma, al final, que a pesar de los avances significativos en la investigación de los patrones de estructuración espacial en México, se requieren estudios mucho más completos de la segregación social en las ciudades del país.

Trayectoria académica paradigmática

Martha Schteingart ha sido indudablemente una de las principales protagonistas en la investigación del problema de la vivienda y la organización socioespacial en México y América Latina a lo largo de los 35 años que narra en su antología. Dado el gran conocimiento que posee del tema, su experiencia como investigadora e inagotable entusiasmo, seguramente continuará siéndolo durante toda su vida.

Siguiendo su ejemplar trayectoria, cabría esperar que los investigadores que le siguen prosigan avanzando en la dirección que propone y tengan la posibilidad de incorporar el análisis de la estructura urbana en forma totalizadora, esto es, agregando los usos de suelo de las empresas manufactureras, comerciales y de servicios, los andamiajes infraestructurales y de equipamiento y, lo que es más complejo, la articulación de todos esos elementos entre ellos y con el inventario habitacional que constituye el más importante según uso de suelo y valor capitalizable.

Ha sido un privilegio para mí haber participado con ella en la realización y edición de un par de libros y algunos artículos, lo cual me permitió entender algo de los múltiples laberintos del tema habitacional y urbanístico, así como contagiarme con su inagotable espíritu académico, capacidad analítica y claridad estilística. Su fructífera trayectoria de investigadora a lo largo de más de cuatro décadas constituye un paradigma a seguir por las nuevas generaciones de investigadores en esta crucial etapa de renovación del personal académico de El Colegio de México.

Enhorabuena y un sincero reconocimiento a su virtuosa carrera académica.

Palabras de Clara Salazar

Primero que todo quiero agradecer a Luis Jaime Sobrino que me haya invitado a participar en la presentación de esta antología de Martha Schteingart. Es una gran oportunidad para expresarle a Martha mi afecto y mi reconocimiento. Luis Jaime me encomendó releerla. Entendí que debía dedicar estos minutos a tejer el resultado de su trabajo intelectual con la historia de cómo se cimentaron sus obras hasta elevarse prácticamente a trabajos clásicos, es decir, dignos de imitación. No puede ser de otra manera. Una vida intelectual de tal envergadura no se moldea en el vacío ni en la soledad. Se construye mediante el esfuerzo y, por qué no decirlo, el gozo cotidiano. La energía requerida para ello utiliza ambos componentes.

Así, cuando retomé la lectura de los últimos treinta y cinco años de investigación de Martha Schteingart, no pude dejar de sucumbir a la tentación de repasar también una entrevista que yo le había hecho años atrás para el Boletín Editorial de El Colegio de México. Allí encontré lo que me faltaba para compartir este relato con ustedes. Las pistas de que el pensamiento de Martha se ha dejado nutrir día a día de otros pensamientos. Y dejarse permear es una manera inteligente de crecer. Ello ha contribuido a delinear los giros en su trayectoria de investigación. Las transformaciones en su producción intelectual se perfilan claramente en la antología que hoy nos sirve de pretexto para honrarla.

Dentro de las personas que influenciaron su pensamiento no puedo dejar de mencionar en primer lugar a Marcos Kaplan, su compañero de vida. Un hombre que estimuló con su humor refinado y su reflexión crítica la aguda atención de Martha en lo que desafortunadamente nos es habitual: las perturbaciones políticas, las crisis económicas, las desigualdades sociales. Acontecimientos que experimentaron, y sobre los que reflexionaron, primero, en el cono sur y luego en México, pero que hoy, gracias al desarrollo de los medios de comunicación, advertimos también en el momento en que están sucediendo en otros hemisferios casi con la misma intensidad con la que percibimos los eventos cotidianos en nuestro país.

Tampoco puedo omitir el hecho de que la calidad científica del trabajo de investigación de Martha Schteingart ha sido resultado de su tenacidad para enfrentar los avatares del trabajo de campo, la consecución de la información pertinente, el establecimiento y mantenimiento de las relaciones con funcionarios de diferentes organismos públicos y con sectores privados y de la sociedad civil. Igualmente, ha derivado de la interlocución continua, en diferentes momentos y lugares, con reconocidos intelectuales como Gino Germani y Enrique Ardoy en Buenos Aires; Pierre George y Henry Lefebvre en París; Manuel Castells, a quien conoció por primera vez en Chile, y Jordi Borja, si mal no recuerdo, con quien compartió aulas en Francia.

Además, no puedo dejar de observar que la evolución de un pensamiento científico como el de ella se ha visto enriquecida por la exposición al diálogo crítico y la colaboración establecida con nuestros colegas y científicos sociales mexicanos: Gustavo Garza, René Coulomb, Emilio Duhau, Priscila Conolly, Antonio Azuela y Rosa María Ruvalcaba, por nombrar sólo algunos. Igualmente por los grupos de investigación que ha formado, por el crecimiento intelectual de quienes fuimos alguna vez sus alumnos, y hemos heredado de diferentes maneras, y lo digo con humildad, agudeza para observar la realidad social que nos compete, destreza para acercarnos a la información, pericia para analizarla y habilidad para relatarla de manera científica.

En este recorrido por su antología, recordé que para los años setenta Martha había adoptado el paradigma marxista de la escuela francesa, y toda la atención que prestó a lo escrito hasta entonces, sumada a su inteligencia y la interlocución que tuvo con quienes he mencionado, reforzó su forma de abordar la cuestión urbana en sus publicaciones tempranas en México. Primero publicó sus reflexiones sobre la renta del suelo, y luego alimentó su producción con un arduo trabajo de investigación empírica sobre las políticas de vivienda, los programas habitacionales y el desarrollo inmobiliario. En esos temas Martha fue pionera porque hasta entonces se había hecho poca investigación empírica sobre la producción del espacio habitable, tal como titula una de sus grandes contribuciones al conocimiento científico sobre la ciudad.

Para entonces, sus trabajos estaban colmados de explicaciones que enfatizaban ya el papel del Estado en la circulación de la vivienda, su limitada intervención para producir ese bien para los sectores de menores ingresos, y el apoyo que para el Estado representaba el sector inmobiliario capitalista. Esta relación, como lo dirá más tarde en sus trabajos recientes, se ha invertido. Ahora es el Estado el que apoya incondicionalmente al sector privado. Resolver la situación de los sectores populares se encuentra cada vez más alejado de los objetivos gubernamentales y de las políticas públicas.

Debo decir que la relectura del trabajo de Martha me resultó inquietante porque me llevó a repensar en las cosas dichas, pero también me exigió ponderar las no dichas. Es decir, me llevó a generar preguntas. Cuando uno lee cuidadosamente los estudios producidos por ella a lo largo del tiempo, puede observar los oportunos señalamientos a los quiebres y retrocesos de la política de vivienda. En otras palabras, uno encuentra cómo la mirada crítica de la investigadora se hace más aguda cuando aumenta la miopía de los tomadores de decisiones. Esta falta de convergencia entre lo que ella apunta en sus escritos y lo que nuestros gobernantes hacen llega a ser indignante. Pero constituye toda una invitación para renovar la inventiva analítica de las nuevas generaciones de investigadores.

Para los ochenta Martha hizo un nuevo giro y se enfocó en la urbanización popular. Con ello entró de lleno a escudriñar la compleja y particular realidad urbana de México: la ocupación de los ejidos, su papel en la expansión de las ciudades y lo más importante, su significación en la sobrevivencia de los sectores populares. Además para los noventa renovó esta mirada, al introducir la variable ambiental en sus estudios. Desde entonces Martha ya es pieza clave de la comunidad académica urbana en este país y en Latinoamérica. Su nombre ha sido también reconocido en otras latitudes y sus publicaciones se han convertido en lectura obligada tanto para iniciados como para los especialistas en las diferentes perspectivas sobre el hábitat latinoamericano.

Para el siglo XXI, además del acopio de análisis sobre los problemas vinculados a uno de los mayores bienes de la existencia que es desarrollar la vida en el hábitat propio, nos obsequia lecturas sobre la segregación, urgentes preguntas sobre la pobreza urbana, y comparaciones internacionales, contemporizándose de esta manera con el paradigma de la globalización.

Para terminar, quiero decir que retomar los trabajos de Martha me ha llevado de muchas maneras a encontrar mis propias huellas. Hoy estoy aquí ante ustedes porque tuve la gran fortuna de hallarla en mi camino. En nuestros tempranos encuentros ella vio en mí un potencial para la investigación y decidió apoyar mi desarrollo intelectual. Quiero agradecerle que haya influenciado mi vida y compartir, con los más jóvenes, que me formé académicamente con ella, primero como su asistente, luego como su estudiante y después como su colega. Pero sobre todo esto, quiero compartir que hemos sido entrañables amigas.

Con todos los altibajos que implican sostener una amistad de treinta años. Así que su valía en mi sentir no es sólo intelectual, es también su consejo sabio, su crítica certera y su sonrisa franca, casi infantil. Muchas gracias por su atención.

Palabras de Vicente Ugalde

Quiero agradecer a Jaime Sobrino, director del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales, haberme invitado a esta ceremonia para celebrar la trayectoria de Martha Schteingart. Me siento muy afortunado de estar en esta mesa pues Martha ha sido mi colega, pero antes fue mi profesora y mi directora de tesis en la maestría en Estudios Urbanos.

El trabajo de investigación de Martha Schteingart en México se desarrolla desde hace prácticamente cuatro décadas vinculando, desde sus primeras publicaciones, en el espíritu de una sociología crítica, los temas de pobreza, acceso al suelo y a la vivienda, y la expresión espacial de la desigualdad. Cuando digo que se desarrolla, me refiero a que su trabajo no sólo se ha multiplicado, sino que ha adquirido cada vez mayor sofisticación. En principio, el trabajo de Martha Schteingart se ha enfocado en temas muy precisos (la segregación social del espacio, los asentamientos irregulares, las políticas sociales y habitacionales, las condiciones de vida y del medio ambiente) y a propósito de lugares concretos (Buenos Aires, la Ciudad de México, Abidjan, Bogotá, La colonia 2 de octubre, el Ajusco, Ciudad Nezahualcóyotl) y en todo este trabajo, ella ha sabido leer a sus contemporáneos y entablar un diálogo con ellos para poner esos intercambios al servicio de tales investigaciones. En toda su obra se percibe cómo siempre ha sabido decantar lo innecesario para dejarlo de lado e impedir que entorpezca la construcción de sus explicaciones siempre eficientes, claras y convincentes.

Puesto que sería imposible referirme a su vasta obra de más de 200 publicaciones científicas, en mi intervención voy a hablarles de algunos de los capítulos que integran el libro Desarrollo urbano-ambiental, políticas sociales y vivienda, para en una segunda parte compartirles algunas consideraciones sobre mi experiencia no sólo como lector sino también como estudiante, dirigido y colega de Martha.

I

En "Prácticas de producción y reproducción en el sector informal en México" -texto de 1990, pero publicado por primera vez en español en este libro-, Martha Schteingart discute la noción del "sector informal" en dos realidades: el empleo y la vivienda (de esta última, por cierto, se ocupan numerosas páginas de su obra). El texto abre con una revisión de la literatura especializada para proponernos una serie de distinciones conceptuales que serán útiles en su análisis de la informalidad. Luego, en la formulación de su argumento, esclarece nociones como "asentamientos de paracaidistas", "desarrollos pirata" -lo cual es verdaderamente esclarecedor, pues la autora misma participa a construirlas y definirlas-, y brinda numerosa información sobre, por ejemplo, cómo la autoconstrucción habría sido el modo más generalizado de producción de vivienda, o aun, que 64% de la vivienda en el área metropolitana urbanizada provenía, en cierto momento, de los asentamientos populares. Entre sus conclusiones subrayo una en donde afirma que "a pesar de que un número considerable de residentes de los asentamientos populares trabajan en lo que se ha definido como el sector informal, encuestas en esos asentamientos muestran que algunos también están empleados en el sector moderno o en el sector formal". Llama aquí la atención cómo la mirada perspicaz de Martha busca revelar y subrayar una realidad de lo social, independientemente de su acomodo al determinismo, al prejuicio que nos haría ver que el habitante de los asentamientos irregulares se desempeña en el sector informal. Una crítica fugaz pero frontal a Hernando de Soto cierra un texto, en el cual queda en evidencia que a las diferentes formas de definir "lo informal", subyacen diferentes modelos, diferentes maneras de concebir y ver a la sociedad urbana y sus fenómenos.

Otro texto de este volumen aborda algunos "Aspectos conceptuales y metodológicos en estudios urbano-ambientales". Animado por el propósito de discutir el impacto ambiental de la expansión urbana desde una perspectiva interdisciplinaria, este trabajo parte de la identificación de nociones clave en tres campos de estudio: los estudios urbanos, los estudios ecológicos y lo que denomina el campo jurídico ambiental. Luego, el texto da cuenta de una minuciosa revisión de la literatura especializada en el tema de la expansión urbana, su impacto ambiental y su aprehensión jurídica. El resultado de esta revisión es poner al alcance del lector una valiosa reflexión en cuanto a las dificultades de implementar la interdisciplinariedad, respecto a las incompatibilidades entre las unidades de análisis sobre las que trabaja cada disciplina científica (la cuenca económica, el paisaje, la circunscripción jurídico-administrativa...) y, entre otras cosas, con relación al asincronismo de los procesos de los que se ocupan las disciplinas. El contenido empírico, o mejor dicho vivencial, del texto es particularmente interesante: respecto al uso adecuado de términos que son propios a las disciplinas; por ejemplo, ambiente y ecología, urbanización y urbanismo... o bien, respecto a la necesidad de un aprendizaje mutuo en el trabajo cotidiano de un equipo interdisciplinario. Seguramente producto de la trayectoria personal de la autora en su trabajo de investigación, el texto traza claramente la enorme dificultad que supone la implementación de esa deseada integración de saberes que es la multidisciplinariedad.

El documento "Movimientos urbano-ecológicos en la Ciudad de México: el caso del Ajusco" explora algunas reacciones de grupos sociales y del gobierno ante la expansión de la mancha urbana, especialmente mediante la creación de colonias populares en esa zona periférica con características ambientales particulares. A través de un trabajo empírico profundo y un tejido fino de los resultados de esa experiencia, este texto da cuenta de las transformaciones en el seno de las organizaciones sociales que durante años han estructurado la convivencia social de esas comunidades: luego de que esos grupos se organizan en torno a una causa asociada al acceso al suelo y a los servicios básicos, con el paso del tiempo introducen la dimensión ecológica en sus preocupaciones y se involucran con la autoridad pública en actividades de protección ambiental. Se trata de un trabajo que nutre con referentes empíricos algunas dinámicas sociales inducidas por la política social de proximidad, por la calificación jurídica sobre territorios de interés ambiental, pero sobre todo por la interacción gobierno-sociedad en un contexto marcado por la constante movilización social por el acceso al suelo. En este texto, como en muchos otros de sus trabajos, Martha, al inscribirse en una sociología fina de la acción colectiva, permite superar una perspectiva, a veces apologética, de la movilización social.

En "Pobreza y políticas sociales en México y Estados Unidos de Norteamérica: un estudio comparativo" se ponen frente a frente dos situaciones sociales y dos respuestas gubernamentales en contextos geográficamente cercanos, pero social y culturalmente alejados. Resalta la diferencia no en cómo se mide sino en cómo se percibe la pobreza en estos dos países. Se subrayan asimismo los rasgos generales de una política social más orientada a la focalización en un caso, mientras que en el otro se persigue la universalización del acceso a bienes (aunque en los hechos, esto queda sólo como un buen propósito ahogado por la dispersión de recursos en iniciativas que van de la producción de servicios al financiamiento de infraestructuras). Los programas focalizados terminan por acompañar, de este lado de la frontera, a una política social universalista que no parece capaz de construir una "ciudadanía emancipada". Los casos de Washington y Ciudad de México constituyen los referentes empíricos de este ejercicio comparativo publicado hace casi un par de décadas en la Revista Mexicana de Sociología.

El trabajo "Las políticas sociales para los pobres. El caso de Progresa" está integrado por una serie de consideraciones sobre tan emblemático programa federal de educación, salud y alimentación. El capítulo pasa por la lupa el documento que es vehículo de este programa, y al mismo tiempo que hace un cuidadoso escrutinio, proporciona al lector antecedentes y elementos de contexto que permiten hacer una lectura informada del mismo. El documento incluye referencias sobre discusiones que tienen que ver con la tensión entre la focalización y la universalización, con la irrupción de los programas multidimensionales, o bien, con los procesos de autonomización que observaron muchos de estos programas en América Latina. El análisis del que es objeto en este texto el Progresa repara en las ventajas que, al menos en su concepción, presenta con respecto a otros programas de combate a la pobreza implementados en México (la idea de la corresponsabilidad y la contraloría social, por ejemplo), pero también subraya sus contradicciones, sus límites y los obstáculos que supone su aplicación en un escenario de pluralismo político y de relaciones intergubernamentales complejas. El resultado de este balance se aprecia en una valoración, categórica y premonitoria, con la que la autora cierra su reflexión: "No se ve cómo un programa de esta índole pueda sacar a los pobres extremos de su situación de indigencia, y ni siquiera crear las bases para asegurar un futuro mejor a las nuevas generaciones, con la idea de desarrollar su capital humano sólo por un corto tiempo y sin las condiciones económico-sociales para poder aprovecharlo".

Al concluir mis comentarios al libro con esta cita, he querido subrayar que, además de que en su investigación Martha siempre se conduce con una preocupación muy clara por el elemento empírico, sus investigaciones sobre lo urbano están resueltamente inscritas en una sociología crítica, rasgo al que voy a referirme en seguida.

II

Como anticipé, me referiré a un aspecto más personal, no sólo respecto a la obra de Martha sino también respecto a su trabajo de docencia, tanto en el aula, pero sobre todo en la dirección de tesis y en cierta forma, en su trabajo cotidiano.

Desde mis primeros contactos, durante mis estudios de maestría, el trabajo de Martha llamó poderosamente mi atención. Ciertamente su reputación y su ausencia (en 1997 estaba en su año sabático) acrecentaron mi interés, pero las lecturas que Clara Salazar y Sergio Puente incluyeron en el curso de "Agentes sociales y estructura urbana" me dejaron conocer sus temas, y sobre todo, la forma en que los aborda. Más tarde, en cursos y seminarios escuché de viva voz sus reflexiones. El hecho de leerla menos de lo que la escuchaba en conversaciones informales fue despertando en mí un cuestionamiento solamente explicable por el conocimiento parcial y fragmentado que tenía (y aún tengo) de su obra. La temática de sus trabajos, el énfasis dado a temas sociales en conversaciones e intervenciones orales en esos cursos y seminarios, hacía que me preguntara si era posible emprender una investigación en sociología urbana desprovista de ese sentido crítico que percibía en los trabajos de Martha. Reflexionaba si era posible practicar una sociología ajena a la crítica social, pues al escucharla me daba la impresión de que ella hacía suya esa vocación que Luc Boltanski le atribuye a la sociología cuando dice que la tarea de esta ciencia es volver a la realidad inaceptable.

El tiempo, la lectura -todavía incompleta- de su obra, pero sobre todo el haber trabajado con ella durante estos años, me han permitido responder a esta pregunta, pero sobre todo me han permitido entender que desde mis primeros encuentros no he dejado de recibir lecciones de "la profesora". Pienso, por ejemplo, en las primeras entrevistas para discutir mi tesis de maestría. La construcción de un tiradero de residuos tóxicos era una ocasión inmejorable para documentar la asociación sospechosa entre el gobierno y los empresarios para contaminar el ambiente de comunidades marginadas en San Luis Potosí. El motor de la denuncia orientaba mi elección de un caso, en el que rápido encontré el motivo para intentar una crítica social que, pensé entonces, generaría la aceptación de Martha. Las razones de esa aprobación no eran, me parece hoy, las que supuse en aquel momento.

El resultado fue que no sólo me propuso (tal vez tendría que decir "obligó") a viajar al lugar para encontrar documentos y recoger testimonios que me permitieran documentar el asunto, sino que me sugirió incorporar otro estudio de caso para, al menos, hacer un trabajo decoroso de comparación sobre la gestión ambiental en dos municipios. Las revisiones sobre el diseño del análisis comparativo sobre la narrativa de los casos, sobre la forma de hacer intervenir la información de los entrevistados, y sobre todo, las nociones tomadas de mi revisión bibliográfica, fueron interminables. Todavía recuerdo las dos versiones completamente diferentes del último capítulo, y la recomendación de introducir algunas explicaciones para sacar provecho de la comparación. Luego que revisó meticulosamente uno a uno los manuscritos que iba poniendo en sus manos, alguna vez al borde de la desesperación, finalmente obtuve la aprobación de un trabajo que sigue marcando mi desarrollo profesional.

El incentivo de la denuncia rápidamente fue olvidado en mi forma de ver el oficio de la investigación urbana. Como luego pude apreciar en sus trabajos, el verdadero motor era más bien evitar todo recurso a algún sociologismo fácil, a movilizar categorías "a modo" para explicar el hecho social; y en fin, a evadir la tentación de sólo investigar para poder develar al beneficiado y al despojado. En su lugar, la enseñanza fue entender el sentido y la importancia capital que el trabajo de investigación debe poner en la metodología.

Con el proceder empírico cuidadoso que caracteriza sus trabajos (como el de Progresa, el de los ecologistas del Ajusco, el estudio comparativo entre Washington y México, o el relativo al enfoque multidisciplinario), rigor que, insisto, también infunde al trabajo de sus alumnos, me ha quedado claro que el trabajo de Martha contribuye, no sólo a volver la realidad inaceptable sino a hacerla inteligible. En tanto teórica de la sociedad urbana, testigo y actor crítico de nuestra época, Martha nos explica la ciudad con toda su opacidad, sus contradicciones, sus asimetrías; y lo hace con claridad, sencillez y profundidad. Ciertamente su sociología no deja de ser una crítica social, pero es ante todo una teoría social explicativa, pulcramente desarrollada y lúcidamente formulada. Este libro es una muestra en la que se expresa el culto por la claridad y por el rigor metodológico que caracteriza el trabajo de Martha Schteingart. Muchas gracias.

Palabras de José Luis Lezama

Fabricantes de ciudades y sueños en la obra de Martha Schteingart

Nada más merecido que el reconocimiento a la obra y trayectoria de Martha Schteingart. Su trabajo constituye uno de los mejores ejemplos del pensamiento latinoamericano en el campo de los estudios urbanos. Martha participó activamente en todo el proceso de gestación del pensamiento urbano moderno; su labor en la Sociedad Interamericana de Planificación (SIAP), entre otras tareas, da testimonio de ello. El Programa Hábitat de las Naciones Unidas le confirió su más preciado premio, la Lecture Award 2007, el cual se otorga a los intelectuales más representativos sobre temas urbanos de cada continente. Este premio constituye uno de los más importantes reconocimientos a su labor académica en América Latina y le da a su trabajo la dimensión y trascendencia que le corresponde.

El horizonte analítico de lo urbano comprendido en la obra de Martha Schteingart abarca desde el proceso de urbanización, en sus líneas más generales, hasta sus análisis sobre la vivienda, el medio ambiente urbano, los servicios urbanos, la construcción y producción del espacio urbano y la segregación y desigualdad urbanas. Ha estudiado lo mismo la ciudad formal que la informal; al Estado en su papel de constructor de ciudad y a los personajes anónimos de los barrios pobres; al capital inmobiliario y a los desposeídos. Nada de lo que es significativo para entender el ser de la ciudad le es desconocido. La ciudad emerge como un ambiente construido, producto del esfuerzo humano, pero también como escenario de luchas, disputas, y, al final de cuentas, una realidad en la que conviven los ganadores y los perdedores de los procesos sociales y políticos que en ella se despliegan. Para entender la ciudad de los ganadores hay que entender la de los perdedores y viceversa; por ello todos estos personajes adquieren vida, dan sentido y movimiento, construyen el orden urbano.

En su reflexión siempre ha estado presente no sólo una preocupación analítica vinculada a su interés en saber y conocer como científica social, sino también un compromiso moral y político con los pobres, con los marginados, con aquellos que viven en las márgenes, en las fronteras barbáricas de la ciudad, los habitantes de la periferia, de los asentamientos irregulares, muchos de ellos, los verdaderos constructores de la urbe.

Martha Schteingart ha dedicado su vida a la ciudad, a entenderla, a explicarla, a descifrar sus secretos. Pero a entenderla de la única manera en la que se puede comprender la realidad, si lo que se pretende es dar testimonio de ella de manera verídica, objetiva y comprometida, con mayores grados de certidumbre, para percibirla en su verdadero ser y quehacer, esto es, no de manera condescendiente, sino desde una mirada irreverente y crítica. Para ello, no sólo se ha adentrado en los laberintos de la teoría, la metodología y los enfoques analíticos, sino también en el submundo de la pobreza y la marginación, en la fábrica misma de la metrópoli, que tiene lugar en las vecindades, en los asentamientos regulares e irregulares del "centro" y las "periferias". Emerge en su obra una visión paradójica de la ciudad: sus constructores, los que la edifican y la hacen emerger para constituirse en toda su realidad material y social, son al final de cuentas los perdedores, los que más la padecen, en la vivienda, en el transporte, en la falta de servicios básicos.

Ningún obstáculo, ni en el plano del pensamiento ni en el de la realidad concreta, la ha detenido en su afán por entender y trasmitir su mirada, desencantada a veces, de la ciudad real, la que es vivida en la cotidianidad por todos nosotros. Ha llevado también su experiencia y conocimiento al ámbito gubernamental en el cuál ha sido consejera en distintas dependencias públicas, en algunas de las administraciones progresistas de la capital. Allí ha estado presente, cuando se le ha requerido, brindando sus consejos, asesorando a tomadores de decisiones no siempre expertos en el entendimiento de la dinámica de la ciudad y de las fuerzas que la animan y mueven.

La ciudad que Martha nos trasmite no es la ciudad idílica, armónica, maquillada, a veces bucólica, que nos muestran las empresas de bienes raíces y las agencias de viaje. Su ciudad, la de su análisis, es la ganada por el conflicto, las fuerzas del mercado, la economía, la política y el poder. Es una urbe que se comercia, que se vende al mejor postor, que se fabrica no para vivir, no para ser habitada, sino para ser vendida, intercambiada como una mercancía más; es desigual, apropiada desigualmente por sus moradores, y construida no obstante con el esfuerzo de todos.

Es pues una ciudad contradictoria, no para ser incluida en los recorridos turísticos, sino construida con sudor, lágrimas, despojo, violencia, y gozada en forma desigual y diferencial por sus habitantes; padecida por la mayor parte de sus moradores, sobre todo por los pobres, por "los condenados de la tierra". Esta urbe no puede por tanto ser entendida, conocida y explicada de manera positiva sino, repito, crítica, como ha sido la práctica de Martha, no sólo en el campo del conocimiento, sino en el más amplio campo de la vida, en el cual siempre ha antepuesto a todo su compromiso social, la lealtad a sus principios políticos y la honestidad intelectual.

Hay en la obra de Martha una voluntad de trascendencia, no sólo en el tiempo y en la historia, sino en lo cotidiano, con lo que es aparente y efímero. Trascendencia también respecto a la mirada complaciente, al análisis superfluo y condescendiente con el poder, que abunda entre planificadores y consultores graciosos al Estado. Por ello nos propone una lectura a fondo, que rompe con la ciudad burocrática, con la urbe normativa, con la de los planes y programas de gobierno, mostrándonos con todo realismo a sus actores, a sus personajes, a sus fabricantes, a quienes verdaderamente la construyen, aquéllos que no son visibles a la mirada oficial, en los informes de los burócratas. Una ciudad que no es producto de la práctica planificadora del Estado, sino que resulta de la acción especulativa de los fraccionadores, de la irregularidad y del comercio político que mantienen los líderes políticos con los pobres; que se construye también con los sueños y las promesas no cumplidas. Es ésta la metrópoli que puede verse en una de las obras de Martha, Los productores del espacio habitable.2

Se requeriría de un libro para enumerar la obra escrita por Martha Schteingart. Tampoco hace falta hacerlo en este momento. Quienes están reunidos en este reconocimiento conocen mejor que nadie la amplitud e importancia de su obra y el significado de sus aportes al conocimiento.

Martha ha formado estudiantes, escrito libros, publicado artículos, marcado una época y abierto un camino por el que hoy día pueden transitar quieres quieran seguir sus métodos, sus estrategias analíticas, su inmensa experiencia en el trabajo de campo y su gran sensibilidad hacia los pobres, con cuyas manos se construyen ciudades y esperanzas.

* Schteingart, Martha (2015), Desarrollo urbano-ambiental, políticas sociales y vivienda. Treinta y cinco años de investigación, México, El Colegio de México (Antologías)

1A la comparación entre ciudades de un mismo país, de un mismo subcontinente o a nivel internacional, podríamos agregar recientemente el recurso de la comparación en el tiempo. Sirva como ejemplo el trabajo que será publicado en 2016 en donde informa los resultados de una nueva investigación en San Miguel Ajusco, en la misma colonia y con muchas de las familias que entrevistó hace veinte años. Un segundo ejemplo es su trabajo actual que compara la Ciudad de México y Washington, en el cual actualiza la revisión de las políticas sociales y la evolución de la pobreza que realizó también hace casi veinte años.

2Algunos datos sueltos sobre Martha Schteingart: Coordinadora para México, Colombia y Centroamérica del Proyecto Internacional GURI (Iniciativa Global de Investigación Urbana), promovido por la Universidad de Toronto y que incluyó a la mayor parte de los países del Tercer Mundo (1992-1998). Asesora de la Fundaciones Ford y MacArthur, en sus programas de becas y apoyo a la investigación. Investigadora visitante, en varias ocasiones, del Proyecto Comparativo de Ciudades, del Woodrow Wilson International Center for Scholars, Washington. Fue vicepresidenta del Comité de Sociología Urbana de la Asociación Internacional de Sociología y actualmente es vicepresidenta del Forum Internacional de Investigadores Urbanos, con sede en Roma, y apoyado por Habitat Internacional. Miembro del Comité de Evaluación de Investigaciones Urbanas en el Tercer Mundo de la Universidad de Berna, Suiza, desde 2002. Participa en el grupo de trabajo del doctor Mario Molina, sobre "La calidad del aire en la Ciudad de México", con el proyecto "Desarrollo urbano, transporte y contaminación ambiental"; este grupo de trabajo integra investigadores de México y del MIT (Massachussetts Institute of Thechnology). Coordinadora, por El Colegio de México, del equipo de investigación que está realizando un análisis de los nuevos programas y políticas de vivienda en México, con el fin de sentar las bases para una nueva ley de vivienda en el país. Este proyecto está promovido por el Senado de la República. Consejera Ciudadana de la Procuraduría Social del Gobierno del Distrito Federal y miembro del Comité Coordinador del Programa de Rescate de Unidades Habitacionales de ese gobierno (hasta 2003). Consejera Ciudadana de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Gobierno del Distrito Federal, desde noviembre del 2001. Premio "Lecture Award 2007" del Programa Hábitat de las Naciones Unidas.

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