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Medicina interna de México

Print version ISSN 0186-4866

Med. interna Méx. vol.34 n.2 Ciudad de México Mar./Apr. 2018

 

El rincón del internista

Un artista del mundo flotante

Manuel Ramiro H.

Ishiguro, Kazuo. Un artista del mundo flotante. Anagrama, Barcelona: 2017.

A Kazuo Ishiguro se le otorgó el Premio Nobel 2017. Él nació en Japón pero siendo muy pequeño (de cinco años) se trasladó a Inglaterra con sus padres y fue educado en la más rancia tradición británica, se ha desarrollado en un amplio rango de la creación artística; empezó siendo compositor de música popular, tiene varios ensayos, relatos cortos, guiones especialmente escritos para el cine, adaptaciones de obras para guiones cinematográficos y hasta ahora siete novelas. Algunas de ellas han sido adaptadas para el cine y han tenido gran éxito.

La que ahora les comento y recomiendo es apenas su segunda novela publicada en 1989. La primera fue Pálida luz de las colinas, que había aparecido en 1982. La siguiente, Lo que queda del día (1989), obtuvo el Premio Booker ese año, fue llevada al cine y fue, quizá, el principio de su carrera triunfal.

Sus dos primeras obras se desarrollan en un ambiente japonés, quizá en el más puro sentimiento Nisei, lo que no se repite en ninguna de las siguientes, que están todas ambientadas en el más puro ambiente británico.

Un artista del mundo flotante está escrito en contrapunto, todo en el ambiente de una ciudad japonesa poco después de la derrota en la segunda Guerra Mundial, nos relata, por un lado, las sensaciones de un pintor exitoso, famoso e influyente hasta el inicio de la contienda, sus sensaciones, sus culpas, sus frustraciones y, por otro, nos narra la fuerza creciente de un Japón joven a través de la familia del pintor, el relato de las situaciones en que participan sus hijas, sus yernos y su nieto que, sin embargo, se encuentran atadas al pasado a través de tradiciones milenarias. La novela transcurre en un ritmo lento y a veces oscuro que resalta las situaciones que se atravesaban en Japón a fines del decenio de 1940.

El mundo flotante fue una corriente artística prevalente en Japón por largo tiempo desde el siglo XVII hasta la mitad del siglo XX, una técnica de grabado en madera que retrata un mundo fantástico de belleza y placer, con luces y colores en una atmósfera imaginaria. Ishiguro juega con el concepto, alguna vez se refiere a él como tal en el registro artístico, pero en otras ocasiones lo reserva para un mundo nocturno, mágico, nostálgico, embriagador, en que algunos artistas se refugian para purgar sus responsabilidades como colaboracionistas con el régimen imperial que condujo a la guerra y a la derrota. Flota algo intangible de cómo algunas obras de arte, pictóricas, musicales fueron o pudieron ser clasificadas como tales. Lo cierto es que el mundo flotante, largo tiempo apreciado e incluso comparado en ocasiones con el impresionismo, decayó con la catástrofe japonesa en la guerra.

Un gran libro; los que no hemos leído a Ishiguro creo que deberíamos hacerlo en orden para apreciarlo plenamente.

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