SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número222El papel de la formación de personal en el proceso de implantación de un sistema de calidad total índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Artículo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Contaduría y administración

versión impresa ISSN 0186-1042

Contad. Adm  n.222 México may./ago. 2007

 

Editorial

El hombre es el único ser que se va construyendo a sí mismo durante toda su vida, es decir, en palabras de Platón, es un ser incompleto. Por otro lado, también es un ser que tiene una Physis o naturaleza que lo hace particular o quizá único. Esta Physis de la que hablo lo convierten en una criatura con una serie de necesidades, de ahí la idea de incomplitud, las cuales tienen que ser satisfechas cabalmente. Algunos pensadores de esta época, entre ellos Sócrates y Platón, consideraban que este estado de los hombres los hacía estar en un rango de animalidad y que sólo mediante lo que los griegos consideraban Paideia (educación) los sujetos podrían reflexionar, formarse en diversos oficios, conocer algunos campos del conocimiento humano y superar este nivel. El proyecto educativo tenía la intención, entre otras cosas, de producir ciudadanos que supieran convivir en esa comunidad llamada Polis, la cual era el escenario donde interactuaban los más diversos sectores de la población.

Las sociedades que hoy en día llamamos postindustriales, consumistas o neoliberales, al parecer no dan la importancia que debería tener un verdadero proyecto educativo para los ciudadanos, más aún, con la alianza de la ciencia y la tecnología, quieren seguir viendo a los hombres como lo que en su momento criticaron Sócrates y Platón: una criatura que fundamentalmente necesita satisfacer sus necesidades más inmediatas, sin importar, sin importar como debería de actuar frente a sus semejantes; sea en la antigüedad o en el mundo actual, queda evidenciada la importancia que tiene la Ética como disciplina reguladora de nuestra forma de conducirnos frente a los otros, los que comparten la comunidad y de manera más específica, en la actualidad una comunidad llamada empresa.

Existe, como es natural, una teoría ética una doctrina que, conscientemente pretende reflexionar sobre la conducta de los hombres; pero, precisamente por ello, este universo o más precisamente una polis o comunidad que es la empresa, donde los sujetos que la habitan manifiestan , nítidamente, lo que Aristóteles habría de llamar enérgeia, energía, es una organización práctica, una comunidad dinámica en la que se anticipa también aquello que formulará la primera teoría ética: somos lo que hacemos.

Este hacer, que es la condición fundamental que define el sentido de un comportamiento, constituye su ontología moral, pero el hacer no brota como consecuencia de un contraste con normas, mandatos o teorías que sirvan para habilitar las acciones, para justificarlas y sancionarlas. No hay códigos abstractos o instituciones que consoliden o faciliten lo que los hombres hacen. El espacio social o pequeña polis que es la empresa en la que los hombres habitan, como protagonistas y creadores de esta ética y lo que hacen en él hacen, es, en realidad, el complejo sistema sancionador y proclamador de sus actos.

El ethos no brota de la reflexión, del pensamiento, que interpreta las experiencias, sino que se solidifica en las obras y en la actividad de los hombres. La red que se teje entre los individuos determina los niveles de lo posible y cerca el espacio de lo necesario. Esa red amplía el horizonte de las propias necesidades hacia la posibilidad que trazan las necesidades de otros, pero estas necesidades emergen del hombre mismo, de su sorprendente y lenta instalación en la naturaleza que lo limita y que acaba transformándose en historia, o sea, en posibilidad de realización de un proyecto de vida. Marcado por la urgente e inevitable condición de pervivir, cada individuo tiene que acabar aceptando el juego que le señala la pervivencia de otros. Esta pervivencia, superado ya el nivel de la naturaleza pura y convertido en naturaleza humana, va enhebrando, en su dinamismo en su enegeia, la consistencia del ethos. En el espacio de lo natural, la posibilidad que abre la siempre mutable y varia armonía de cada individuo se consolida en formas que hacen fluir la convivencia de esos seres aislados sobre cauces que sus propias obras y sus comportamientos han ido trazando. A esos cauces se les llamará ethos, o sea, el resultado de obras sancionadas por un cierto valor, una cierta utilidad para facilitar la convivencia: armonía de tensiones opuestas, buscando, conjuntamente, destensar su oposición. La aceptación de ese ethos, fruto de lo colectivo, conforma también, la estructura de lo individual. El ethos no es sólo cauce por donde fluyen las acciones de los individuos y por donde más fácilmente se armonizan sus contradicciones, sino que en esa lucha que cada ser se ve obligado a llevar para incorporarse a lo colectivo se configura una nueva forma, histórica ya, de individualidad.

A partir de la década de los años setenta empieza a surgir en el contexto social, tanto en Estados Unidos como paulatinamente en Europa, la llamada Ética de los Negocios, (Business Ethics), que recibe también otros nombres como: Ética de la Gestión, Ética de la Organización o Ética de la Dirección, todas ellas justificadas desde distintas perspectivas.

Revistas especializadas se consagran en exclusiva a este nuevo campo de la ética, como es el caso de Journal of Business Éthics, los trabajos sobre el tema aparecen cotidianamente en otro tipo de publicaciones como libros, periódicos o tesis; incluso empiezan a crearse cátedras exclusivamente dedicadas a la materia y también asociaciones de diverso origen tanto nacionales como internacionales para tener una comprensión más amplia del tema así como también el intercambio de visiones y formas de entender la extensa variedad de problemas que implica este fenómeno.

La Ética en los Negocios ha llegado a ser una preocupación vital de las organizaciones empresariales y la sociedad en general. Algunas encuestas indican que el público no tiene en muy alta estima a las empresas y a la ética en la administración, para que la comunidad empresarial revierta esta situación, se requieren esfuerzos muy significativos. Parte del reto consiste en comprender en qué consiste y qué significa el concepto de ética en la administración, por qué es importante y cómo debe integrarse a la toma de decisiones. Tanto la Filosofía Moral como la Teoría de la Administración deben contener principios éticos que formarán para su vida profesional y cotidiana a los administradores de las organizaciones empresariales.

Uno de los desafíos más importantes es evitar la administración inmoral y hacer la transición del modo amoral al de la administración moral en el liderazgo, comportamiento, toma de decisiones, políticas y prácticas. La administración moral exige de quien la practica un liderazgo ético. Supone algo más que no actuar mal. La administración de carácter moral demanda que los empresarios identifiquen las situaciones vulnerables en las que la amoralidad podría imponerse si la empresa no las considera de manera reflexiva y cuidadosa. La administración moral requiere que los empresarios comprendan y sean sensibles a todas las personas que se relacionan directamente con la organización y los intereses de cada uno de estos grupos. Si se pretende aplicar el modelo de la administración moral, los empresarios deben integrar el saber que propone la ética a su sabiduría administrativa y adoptar las medidas necesarias a fin de crear y mantener un clima ético–moral en sus organizaciones. Si esto se logra, los objetivos deseables de la administración moral se podrán considerar alcanzables.

Jesús Arroyo Estrada