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Secuencia

versão On-line ISSN 2395-8464versão impressa ISSN 0186-0348

Secuencia  no.88 México Jan./Abr. 2014

 

Artículos

 

Catolicismo y condición femenina: representaciones de género sobre la maternidad y la domesticidad en la prensa del suroeste bonaerense argentino a principios del siglo XX

 

Catholicism and the Female Condition: Gender Representations of Motherhood and Domesticity in the Southwest Argentinean Buenos Aires Press in the Early 20th Century

 

Lucía Bracamonte

 

Fecha de recepción: agosto de 2011;
Fecha de aceptación: febrero de 2012.

 

Resumen

En el presente artículo se identifican y describen los significados atribuidos a la maternidad y a la domesticidad analizando las representaciones de género en el discurso de la prensa confesional que aparece en Bahía Blanca y circula por su zona de influencia en las tres primeras décadas del siglo XX. Se sostiene que los(as) católicos(as) que escriben en la prensa comparten el concepto de diferencia sexual dominante y abordan el problema de la condición femenina centrándose en las nociones de domesticidad y maternidad, que aluden al papel de reproducción material y biológica de la sociedad en el marco de la división sexual del trabajo. Sin embargo, algunos de ellos las reformulan frente a las transformaciones de la época que impactan sobre la familia, como resultado de lo cual expresan ideas que, si bien no tienen en sí mismas la intención de subvertir las relaciones de género, avalan ciertas mutaciones de signo moderno.

Palabras clave: Mujeres; catolicismo; prensa; maternidad; domesticidad; Argentina.

 

Abstract

This paper identifies and describes the meanings ascribed to motherhood and domesticity by analyzing gender representations in the discourse of the confessional press that appears in Bahía Blanca and travels through its zone of influence during the first three decades of the 20th century. It is argued that Catholic men and women who write in the press share the concept of dominant sexual difference and address the problem of the female condition by focusing on the notions of domesticity and motherhood, which refer to the role of the biological and material reproduction of society in the context of the sexual division of labor. However, some of them reformulate them in response to the epochal changes that have impacted the family, as a result of which they express ideas which, while not in themselves intended to subvert gender relations, endorse certain modern mutations.

Key words: Women, Catholicism, media, motherhood, domesticity, Argentina.

 

Introducción

En la invención de la buena madre y de la mujer doméstica realizada en el mundo occidental desde el siglo xviii confluyen sectores heterogéneos, como la ciencia, la medicina, la literatura, los grupos de izquierda, los feminismos, los Estados liberales y las religiones. Estas últimas, ordenadores simbólicos privilegiados, funcionan como referentes para la conformación de sistemas de género. Durante siglos, los aspectos de la cosmovisión católica que pautan el "deber ser" de las personas operan delineando identidades sexuadas. En los países de raigambre católica se ha sostenido que la doctrina de la Iglesia constituye en los siglos XIX y XX uno de los obstáculos existentes para la ampliación formal y material de los derechos de las mujeres, en razón de su contribución a la construcción del ideal de la división de las esferas públicas y privadas adscritas a hombres y mujeres respectivamente. En Argentina —del mismo modo que en otros países latinoamericanos— se interpela a las mujeres para ejercer una maternidad patriótica, proveyendo de ciudadanos virtuosos a la nación. Las fuerzas liberales, proclives a secularizar la esfera pública, preservan y reformulan las relaciones patriarcales que las subordinan jurídicamente, sin ostentar mayores diferencias con respecto a las concepciones eclesiásticas que conservan su influencia moral sobre la sexualidad.1

Los periódicos y revistas emergen como escenarios en los cuales los laicos, laicas y sacerdotes exponen a los(as) fieles y al resto de la opinión pública las concepciones religiosas sobre la condición de las mujeres. Por tratarse de un medio de comunicación extendido en el territorio nacional, la prensa permite conocer las redes ideológicas que enraizan regionalmente y vislumbrar la diseminación de definiciones sexuales compartidas, así como las selecciones estratégicas de mensajes acordes a las realidades particulares.

El objetivo de este trabajo es identificar y describir los significados atribuidos a la maternidad y la domesticidad analizando las representaciones de género en el discurso de la prensa confesional que aparece en Bahía Blanca y circula por su zona de influencia en las tres primeras décadas del siglo XX. Durante este periodo se expande el periodismo religioso, que pone en circulación numerosas disquisiciones sobre el lugar de las mujeres en la sociedad, en un contexto de fortalecimiento del Estado liberal y del proceso de modernización económica y social.2 Bahía Blanca, fundada como enclave fronterizo en 1828, se ve inmersa a partir de 1880 en el fenómeno de despegue y expansión del litoral pampeano inserto en el modelo agroexportador. Este proceso impacta en la ciudad al impulso de factores internos y externos como el desarrollo ferroviario, el adelanto portuario, la expansión agraria y la llegada masiva de inmigrantes, convirtiéndola en centro comercial y proveedor de servicios para el suroeste de la provincia de Buenos Aires, el territorio de La Pampa y el norte de la Patagonia. Como consecuencia, la prensa diversifica su oferta, respondiendo a la ampliación y segmentación de un mercado lector ávido de novedades y crecientemente alfabetizado.

La maternidad y la domesticidad, por su importancia en la construcción cultural de la feminidad, han sido abordadas por numerosos estudios en Argentina en el marco de la historia de las mujeres. Se han considerado tanto las prácticas como los discursos que las acompañan y dotan de sentido en el marco de los cambios que se producen entre fines del siglo XIX y la primera guerra mundial, así como también durante el periodo de entreguerras, teniendo en cuenta el crecimiento de la profesión médica, los avances de los feminismos, las preocupaciones por la natalidad y por el trabajo asalariado femenino, entre otros puntos. En cuanto a las investigaciones sobre el periodismo de inspiración católica, también se han intensificado de la mano de una renovación de la historia del catolicismo, dando lugar a miradas que complejizan, matizan y complementan las visiones tradicionales. Las nuevas aproximaciones ponen el acento en la multiplicidad de usos del periódico, que no es un simple mecanismo vertical de adoctrinamiento al servicio de la autoridad eclesiástica, vocero de su discurso político e ideológico, sino un actor que establece mediaciones entre la feligresía y la jerarquía, refleja los intereses del laicado y su participación en asociaciones de diverso tipo, conecta entre sí a los(as) fieles, difunde las publicaciones periódicas y de libros, anuncia las celebraciones y peregrinaciones, etc.3 Sin embargo, aún son escasos los abordajes desde las escalas locales y regionales en las cuales la presencia periodística católica es significativa, como es el caso del suroeste bonaerense. Debido a ello, la presente investigación tiene el propósito de contribuir a ampliar el conocimiento en torno al tema planteado, rescatando el discurso de la prensa sobre la condición femenina desde la historia de las mujeres.

A partir del último tramo del siglo XIX, los cuadros católicos se asocian con fines doctrinales y mutualistas y, además de estructurar estrategias práctico-organizativas, llevan a cabo una intervención ideológica a través de la prensa que se consolida en las primeras décadas de la siguiente centuria.4 Entre 1908 y 1911 aparece El Mensajero, que se subtitula Periódico Semanal, Noticioso, Comercial y Literario y es dirigido por Manuel Orayen, presidente del Círculo Católico de Obreros León XIII. Por su parte, Renovación se lanza a la circulación semanalmente en 1920 y cierra su ciclo de vida en 1926, recibiendo distintas influencias entre las cuales merecen destacarse la salesiana, por medio del Centro de Ex Alumnos de Don Bosco; la del Círculo Católico de Obreros León XIII, y la de la Unión Popular Católica Argentina (UPCA). Existen también ejemplares fechados entre 1921 y 1923 de la publicación Bandera Blanca, dirigida por Amílcar Sosa, cuyo subtítulo es Órgano del Centro de Estudios León XIII, que luego cambia por Órgano de los Centros de Ex Alumnos del Sur, y que sostiene los principios de la Unión Democrática Argentina. Finalmente, en el puerto de Ingeniero White aparece, en 1924, el semanario bilingüe ítalo-argentino denominado Un Paso Más, cuyo director es el sacerdote Tito Graziani, que apoya el accionar de la upca. A este conjunto se agregan, entre 1915 y 1930, los números quincenales de la revista regional ilustrada Arte y Trabajo, editada por Miguel A. Jannelli.5

De este modo, los católicos militantes se ubican dentro de una tendencia nacional que responde a las inquietudes de la Iglesia por incorporar la prensa como forma moderna de comunicación y como medio pastoral. Por su intermedio, se acercan a los fieles, muestran su preocupación por la "cuestión social", emprenden la difusión de los postulados del catolicismo social y polemizan con feministas, liberales, socialistas y anarquistas acerca de distintos tópicos, entre ellos la "cuestión familiar" y la condición femenina. En lo referente a este último tema, sus reflexiones están sustentadas en la palabra del papa y del resto de la jerarquía eclesiástica. Existen lincamientos acerca de las cualidades naturales de las mujeres y de sus papeles domésticos y maternales, que son recogidos en las encíclicas de la época.6 La difusión de este modelo se realiza a través de distintas herramientas, como el catecismo, el sermón, la confesión, la educación confesional, los libros y la prensa. Acercarse al discurso de esta última resulta interesante para observar de qué manera se articula ese ideal femenino con el impacto de problemáticas específicas generadas por las transformaciones modernizantes en distintos contextos espacio-temporales.

Considerando que el periodismo, en su carácter de medio de comunicación masiva, influye en la vida comunitaria, sometiendo a discusión lo legítimo y lo ilegítimo dentro del sistema de género imperante, el tema se aborda desde una perspectiva de género, haciendo referencia al mismo como conjunto de funciones sociales sexuadas y de representaciones referidas a la masculinidad y la feminidad. Esta última categoría es entendida como una construcción sociocultural que prescribe cómo deben ser, sentir, pensar y comportarse las mujeres. Es un concepto definido de manera relacional, en oposición al de masculinidad, y varía de acuerdo con la época, el lugar, el estrato social, la etnia, la generación y la etapa del ciclo de vida en que se encuentren las personas. Se internaliza a través de la socialización de género, que asigna valores, normas, costumbres, estereotipos y papeles, teniendo lugar de manera primaria en la familia y de manera secundaria en los demás escenarios de interacción que transitan los sujetos durante sus vidas, en los cuales actúan otros agentes socializadores como la escuela, la Iglesia y los medios de comunicación.7

Se identifican, en los artículos periodísticos referidos en su título y/o contenido a la domesticidad y la maternidad, las definiciones sociales del sexo, entendidas como creencias, valores, estereotipos y normas ampliamente compartidos por los miembros de una comunidad y formados a lo largo del tiempo. Reconocer estos dispositivos es importante pues permiten acceder a las representaciones de género. A partir de cómo se describen la feminidad y la masculinidad, señalando naturalezas o esencias específicas para cada sexo y proyectando esa distinción a la sociedad en la forma de división sexual del trabajo, puede vislumbrarse si se justifica y legitima esa desigualdad naturalizando o perpetuando las diferencias de género, o si se tornan visibles como construcciones culturales que indican relaciones de poder asimétricas para promover su transformación.8

En este contexto, sostenemos que los(as) católicos(as) que escriben en la prensa bahiense comparten el concepto de diferencia sexual dominante y abordan el problema de la condición femenina centrándose en las nociones de domesticidad y maternidad, que aluden al papel de reproducción material y biológica de la sociedad en el marco de la división sexual del trabajo. Sin embargo, algunos de ellos(as) las reformulan frente a las transformaciones de la época que impactan sobre la familia, como resultado de lo cual expresan algunas ideas que, si bien no tienen en sí mismas la intención de subvertir las relaciones de género, avalan ciertas mutaciones de signo moderno. A continuación se hace referencia a las consideraciones católicas sobre el modelo ideal femenino, para pasar luego a analizar sus reflexiones sobre las mujeres "modernas" y algunas concesiones al modelo familiarista.

 

El ideal de femineidad: domesticidad y maternidad

El papel femenino se estructura en la prensa católica en el marco de un pensamiento binario que dicotomiza a los seres humanos de acuerdo con su correspondencia con uno u otro registro de la composición biológica de la especie, naturalizando así esencias que han sido fijadas por Dios con rasgos inamovibles y abstractos. En esta línea, las diferencias entre los sexos no implican una jerarquía, sino que instauran una complementariedad armónica. A grandes trazos, los hombres se asocian a la razón y las mujeres —cuyos cuerpos están preparados para gestar, parir y amamantar— se ligan a los sentimientos.

La visión acerca de la condición femenina parte de un modelo a seguir: la Virgen María, contrapuesta a Eva. Esta última proporciona un esquema de culpa-castigo-sufrimiento y condena, ya que es relacionada con el concepto de pecado y presentada por las diversas mitologías cristianas como un ser ambicioso, curioso, débil y perverso, propenso a caer en la tentación. Cabe destacar aquí que es nodal el control de la sexualidad de las mujeres, en razón de su debilidad natural como descendientes de Eva, por lo cual la imagen de María se introduce como un ideal. Pero existe una contradicción irreducible: María está vinculada, por un lado, a la maternidad y, por otro, a la virginidad, rasgos inalcanzables conjuntamente para las mujeres reales. En suma, Eva y María compendian y sintetizan la paradoja del ser femenino, que se debate entre el bien y el mal, el pecado y la virtud. Finalmente, hay algo que enlaza al modelo y al contramodelo, ya que ambas están asociadas a la maternidad: María como madre del Hijo de Dios, Eva como madre primigenia de la humanidad.9

Los(as) articulistas sostienen que las mujeres deben emular el papel mariano en la Sagrada Familia de Nazareth, caracterizado por la obediencia, la pureza y la castidad. La familia, célula de la sociedad, aparece como una creación de Dios cuyo fundamento es el sacramento del matrimonio, que erige un lazo indisoluble cuyo fin es la procreación. Únicamente en su seno las mujeres pueden desarrollar su sexualidad. Por ello, les explican que durante el noviazgo deben conservar la virginidad y que es una etapa de aprendizaje para la vida conyugal regida por el sentimiento del amor. El enlace es visto entonces como una meta ineludible, la base para la conformación del hogar y la puerta legítima de acceso a la maternidad.10

El origen del hogar es vinculado al instinto maternal femenino, es decir, el deseo de cuidar a los hijos deriva en la creación de sitios protegidos donde habitar, dando lugar a la comunidad que a través de los siglos se convierte en la civilización moderna.11 En el hogar cristiano, punto final de la evolución histórica, tanto el padre como la madre tienen autoridad —por derecho natural y positivo— y son irremplazables, pero no cumplen las mismas funciones. Los hombres, provistos de derechos civiles y políticos, son proveedores, responsables de las mujeres, los niños y los ancianos. Sus obligaciones en relación con las tareas domésticas son prácticamente nulas pero detentan el máximo y sagrado imperio en todas las decisiones. Como contracara, aparecen mujeres cuyos deberes, de acuerdo con el lugar que ocupen en la unidad familiar, se circunscriben a todas las labores necesarias para la vida cotidiana que se desenvuelven en el ámbito doméstico.

Numerosos artículos particularizan los papeles de "la mujer" —conceptualizada en sentido abstracto— en función de su posición en los lazos familiares. En carácter de hija, debe obedecer sumisamente a los padres, empeñándose en complacerlos. Como esposa, debe convertirse en auxiliar del marido, apoyándolo en sus luchas y consolándolo en sus penas. Si es madre, sus deberes esenciales son el cuidado físico y la formación espiritual de los hijos como cristianos y ciudadanos. Su misión doméstica se resume en procurar un ambiente de paz, armonía y unión, suavizando la severidad del poder paterno y ejerciendo un verdadero apostolado religioso en el "santuario" del hogar.

Más específicamente, las tareas domésticas consisten en embellecer la casa, de acuerdo con el estado económico de la familia y destinando lugares a las imágenes religiosas, además de ocuparse de la limpieza, la alimentación, la contabilidad y la vestimenta, así como del cuidado de los enfermos, el mantenimiento del jardín y la dirección de la servidumbre.12

Este trabajo no remunerado —por considerarse una labor natural no productiva— requiere organización, ahorro y empleo de gran cantidad de tiempo. En pocas ocasiones se mencionan actividades de esparcimiento como tocar el piano o pintar, especificando que son secundarias. Las mujeres deben prepararse concienzudamente para cumplir su cometido, sustrayéndose a las exigencias sociales extradomésticas, cultivando su religiosidad y aprendiendo los menesteres propios de un ama o dueña de casa.13 En las referencias a estos temas se vislumbran tensiones pues, por un lado, se consideran como inherentes al ser mujer y, por otro, los periodistas se empeñan en indicar a sus lectoras que deben instruirse sobre la administración doméstica.

Sobre la maternidad, los(as) redactores(as) consideran que involucra, en primer término, una dimensión física, ligada a las funciones de gestar, parir y amamantar y, en segundo término, la crianza, que comprende tanto el cuidado del cuerpo como del espíritu del hijo. Considerando que las mujeres deben ser formadas para cumplir esos fines, en algunos artículos les ofrecen información relevante para la atención de la salud infantil. Por ejemplo, les explican cuál es el periodo de contagio de las enfermedades y les dan indicaciones sobre vestimenta, alimentación e higiene. Del mismo modo, las instruyen acerca de la importancia de la disciplina y de los valores que deben transmitir a sus hijos. En esta línea, les sugieren no mimarlos ni consentirlos demasiado, aconsejarlos, darles un buen ejemplo y acostumbrarlos a obedecer. Sin utilizar la violencia, de manera firme pero dulce y persuasiva para suavizar el rigor paterno, deben transmitirles amor al trabajo, moralidad y rectitud. Todo ello logrará que se conviertan en hombres y mujeres dignos, nobles de corazón, valientes, caritativos y abnegados.14

El componente religioso debe ocupar un lugar especial en la educación de los hijos y aparece de manera central en muchas reflexiones ligadas a la maternidad, como las de Belsai Tamar, que escribe desde Sierra de la Ventana:

desde las columnas de RENOVACIÓN, decir, mejor dicho recordaros, la gran obligación que tenéis de proporcionar, junto con la instrucción de la inteligencia, la educación del corazón; junto al modo de ganarse el pan corporal, el modo de conquistarse el premio que Dios tiene reservado a todo buen cristiano; proporcionándoles en una palabra, la instrucción religiosa, enviándolos a lo menos los días festivos, al catecismo que en las capillas e iglesias se da y permitidles también cuanto antes, que el alimento del alma, la Sagrada Eucaristía, llegue a sus inocentes almas, antes que el vicio tome posesión de ellas.15

Para guiarlas en esta tarea, distintos articulistas les recomiendan lecturas pertinentes y les presentan modelos ejemplificadores de madres que, a semejanza de la Virgen María, son transmisoras de valores religiosos.

Criar y educar no son tareas fáciles ni cortas pues implican moldear a los infantes. Numerosas metáforas dan cuenta de estas facetas de la relación madre-hijo. Se los asimila, por ejemplo, al libro y su primera hoja, al escultor y el mármol, al jardinero y la flor. Las madres deben ocuparse personalmente de esta formación integral evitando, en la medida de lo posible, acudir a los servicios de nodrizas y niñeras que interfieren en el contacto directo con sus hijos. Se ensalza a la maternidad como una misión plena de sacrificios en pro del bienestar de los vástagos y que requiere una alta dosis de abnegación. Implica un tipo de sufrimiento que nunca tiene fin, pues las preocupaciones de las madres se prolongan durante toda la vida de los hijos, especialmente si no se encaminan por la senda del bien. Monseñor Besteaud señala al respecto: "el niño crece y se desarrolla bajo los sufrimientos de la madre que lo modela y lo educa. ¡Benditas las madres que han sufrido, sufrido mucho, para educar a sus hijos!"16 En suma, se considera que la consagración al hogar conlleva sacrificios, pues requiere que las mujeres se olviden de sí mismas y procuren encontrar la "poesía" en una "prosa" doméstica compuesta por labores silenciosas, monótonas, físicamente agobiantes y muchas veces invisibles, a diferencia de las actividades masculinas que pueden redundar en grandes reconocimientos sociales.

Este enfoque en torno a la maternidad y la domesticidad, que no idealiza completamente la realidad, pretende convencer a las mujeres de que, a pesar de las renuncias y esfuerzos que implica su condición, su trascendencia es tan significativa que compensa las eventuales aristas negativas. Por ello, los y las articulistas ponen especial énfasis en recalcar la influencia social que las mujeres ejercen desde el hogar:

el hombre hace todo por ella, ella es el imán de su voluntad, el móvil de sus acciones, ella es el eje cardinal de la familia [...] En los hechos más solemnes y culminantes de la historia, en los cambios de civilización, en los avances del progreso, si es que ellas no los realizan, veréis al lado y cooperando con el hombre providencial una madre, una hermana o una esposa.17

Inviniendo la asimetría de género, consideran que la mujer es la que tiene poder de hecho sobre el hombre, que ostenta su poder por derecho. Esto es especialmente señalado en relación con la madre:

Un corazón de madre, un verdadero corazón de madre puede salvar no sólo a un hijo, sino todo el mundo.

Las mujeres —dice el conde de Maestre— no han producido ninguna obra maestra en ningún género [...] No inventaron el álgebra, ni el telescopio, ni la máquina de vapor [...] pero hicieron algo mucho más grande que todo eso, porque en su regazo se forma lo mejor del mundo: los hombres y las mujeres virtuosas.

[...] ellas son las que dirigen las costumbres; y los pueblos, a su vez se forman más por la influencia de las costumbres que por la fuerza de las leyes.18

A los ojos de los(as) católicos(as) que publican en la prensa bahiense, la influencia de la madre es tan grande que se extiende considerablemente más allá de las fronteras del núcleo doméstico y de los primeros años de vida de sus vástagos. Señalan que si durante su juventud un hombre se acerca al vicio las enseñanzas maternas del pasado pueden salvarlo. Inclusive, su impronta permanece aún después de su desaparición física, actuando como una guía en la conciencia de sus retoños. Indudablemente, la principal recompensa de una madre que ha llevado a cabo correctamente su misión es el reconocimiento y el cariño perdurable de sus hijos. Al placer derivado del cumplimiento del deber se unirá la satisfacción de ver cómo sus hijos varones buscan esposas que ostenten sus mismas virtudes y cómo sus hijas replican en sus propias familias su modelo de madre cristiana.19

En distintas notas se indica que el cristianismo es un culto que procura el enaltecimiento de las mujeres honrando sus papeles maternales y domésticos:

La mujer ha recobrado su dignidad con la aparición del cristianismo, el que le devolvió todas las virtudes, todas las libertades, todos los derechos, elevándola a la categoría en que Dios la colocara al crearla, como compañera y no como esclava del hombre; como ayuda semejante en todo a él y no como objeto de placer o pasatiempo. Con la aureola con que la religión católica la adornó, ocupó su puesto de reina del hogar y como madre, esposa e hija, constituyó el mayor timbre de gloria para la familia cristiana y reclamó para sí con toda justicia los más caros afectos, las más delicadas ternuras.20

El estatus femenino es concebido como una conquista cristiana que termina con la posición oprobiosa de las mujeres propia del paganismo. Esta referencia, enraizada en los orígenes, es la piedra basal de una estructura argumentativa que procura ser coherente con el fin de edificar una barrera que imposibilite los cuestionamientos. Queda claro que al asumir su papel doméstico, de acuerdo con el modelo católico de feminidad, las mujeres están en condiciones de "igualdad" con el "sexo fuerte" y ejercen el poder en sus propios "reinos".

Pese a lo anterior, cabe aclarar que el concepto de maternidad para el catolicismo no se restringe a los aspectos vinculados con el binomio madre-hijo en el seno doméstico, pues conlleva también una dimensión espiritual y social que implica una proyección de las características maternales femeninas, ya sean madres potenciales, reales o mujeres estériles, hacia otros sujetos y espacios de intervención. La sensibilidad de las damas y señoritas a las que va dirigido este discurso periodístico las predispone a comprender el sufrimiento de otras madres en razón de su pobreza y de su explotación laboral, y de manera especial, las necesidades y padecimientos de los niños abandonados, huérfanos o descuidados.21 De esos sentimientos nace la caridad de tipo individual, que implica la colaboración económica con los desposeídos, y un caso particular de maternidad social que es la beneficencia, vista como extensión legítima de las tareas domésticas hacia el espacio público.

 

La mujer "moderna" y algunas concesiones al modelo familiarista

Desde fines del siglo XIX, cuando se sancionan las denominadas "leyes laicas" de educación, matrimonio y registro civil, la Iglesia católica reacciona ante las intenciones laicizantes y la intromisión real o potencial del Estado en la vida privada, así como también ante las transformaciones de la realidad de las últimas décadas y la expansión de ideologías que considera "disolventes", como lo son el socialismo, el anarquismo y el feminismo. La preocupación eclesiástica por la condición femenina está entrelazada en el discurso con el diagnóstico de una crisis social atribuida a esos factores que provocan la decadencia de la familia cristiana en una sociedad que, a los ojos de los católicos, se seculariza con rapidez.22

Quienes escriben en la prensa confesional bahiense reconocen que aún existen hogares cristianos ejemplares, pero cuestionan a ciertas mujeres calificadas como "modernas", cuyas conductas e ideas generan corrupción en las costumbres, produciendo graves efectos en las familias. Este patrón de feminidad está ligado a una serie de transformaciones que impactan sobre las damas y señoritas de la elite y la clase media en formación pero se extienden a las pertenecientes a los sectores obreros, que intentan imitarlas. Contiene rasgos discordantes con el modelo católico, que pueden observarse, por ejemplo, en la siguiente contraposición:

La mujer ha creído y sigue creyendo que su misión en la tierra es la de agradar: para lo cual, se atiene a las modas y a la exhibición continua [...] y no es así; la mujer hacendosa, la mujer amante de su hogar, la modesta, esa es la que cumple con su deber [...] y aquella coqueta que no pierde fiestas, que no sabe más que presumir sin mirar el más allá, esa mujer no ha comprendido su misión. La primera es buena, trabajadora, es la verdadera compañera del hombre: no es la esclava, como se le quiere llamar a veces porque ella no se exhiba ni vaya a fiestas [...] En cambio, la otra es derrochadora, muy amiga de la calle y de la moda.23

En términos generales, los(as) redactores(as) critican la excesiva preocupación de las damas y señoritas por su aspecto.24 Hasta las militantes católicas pecan por la falta de discreción y austeridad en sus modales, atuendo, peinado y maquillaje. Algunas llegan a adquirir un porte viril, incurriendo en una deformación tanto física como espiritual. Advierten, además, que la moderación recomendada por la Iglesia disminuye al tiempo que aumentan los gastos en telas, accesorios y modistas, derrochando el dinero que podría dedicarse al socorro de los más necesitados e impidiendo la tranquilidad económica de la familia.

La mayoría de quienes escriben sobre el tema piensan que el interés por la belleza física exterior que implica seguir los dictados de una moda anticristiana está en pugna con el cultivo del espíritu y con la imagen de una mujer que desde joven encamina sus acciones hacia el cumplimiento de los más elevados fines a que su sexo la destina para el futuro. Como expresa Lady Arers, ponen en exhibición el vacío de las almas que llevan dentro de sus cuerpos mostrados sin reparos, a falta de talentos o habilidades.25

En la crítica realizada a todos esos elementos subyace el lazo entre crisis moral y sexualidad. El exhibicionismo y la falta de continencia que desencadenan esas manifestaciones son altamente reprobables para una institución que pregona la moderación como patrón de conducta. La ética católica, que opera sobre lo público, sanciona conductas inadecuadas en relación con la convivencia social, procurando alertar a los fieles sobre sus efectos negativos.26

Los cuestionamientos están ligados con nuevas modalidades de vinculación intergenérica que se registran en otras latitudes de la república y son palpables en la región. El proceso de modernización trae aparejada una intervención femenina crecíente en el espacio público, como fruto de la inserción en el mercado laboral, el acceso de alumnas y docentes a las instituciones educativas posprimarias y la generación de numerosos espacios de esparcimiento. En muchos casos, resalta la libertad de movimientos que conduce a las mujeres a desdeñar la presencia de acompañantes, obligada en otros tiempos. Sus cuerpos y voces se hacen visibles también a través de la escritura en los periódicos, de la asistencia a las reuniones políticas organizadas por radicales, socialistas y anarquistas e incluso de la adhesión a los principios del feminismo y la vinculación con movimientos capitalinos de mujeres. Según los católicos, su exposición pública las vuelve propensas a contraer enfermedades y recibir influencias perniciosas, como las de los bailes modernos, el cine y el teatro. A esto se agrega el hecho de que entablan relaciones con sus pares masculinos en gran número de sitios, dando lugar al flirt, que no condice con los comportamientos moralmente correctos.

Para contrarrestar todos esos procesos, quienes escriben en la prensa católica promueven acciones concretas por parte de religiosos y laicos, apoyándose en la palabra papal que, por ejemplo, condena los estragos de la moda y predica la modestia y la decencia. El sumo pontífice responsabiliza a las propias mujeres, a los hombres que no se oponen a los desaciertos de sus esposas e hijas y a los sacerdotes, a los cuales solicita que incluyan el tema en sus sermones. En la misma línea, difunden también las prácticas de algunos sacerdotes italianos que se niegan a administrar la comunión a las mujeres que llevan los hombros y los brazos descubiertos, así como las admoniciones de los prelados bahienses tendientes a acotar las extravagancias de la moda femenina.27

En cuanto a las mujeres bahienses, desde las páginas de los periódicos las incitan, por ejemplo, a imitar un movimiento de la capital federal que lucha contra las modas licenciosas, las danzas provocativas, los espectáculos teatrales y cinematográficos bochornosos, las publicaciones inmorales y los galanteos del "compadraje callejero".28 Como damas católicas que desean la dignificación de la sociedad corrompida, aparecen así como responsables de la moralización de una sociedad que ha perdido el rumbo, pero que puede retomarlo si es guiada de manera adecuada.

Desde la óptica católica, muchas mujeres "modernas" subvierten la distinción entre esferas masculinas y femeninas. En conexión con esto, se señala el hecho de que no permanecen mucho tiempo en el hogar como una consecuencia devastadora de estos procesos:

La mujer se casa sin saber lo que es el matrimonio; ni como sacramento ni como estado de la vida que no podrá abandonar jamás; es esposa sin conocer los sagrados deberes que pesan sobre sí; es madre y no comprende la sublimidad y trascendencia de su misión en el seno del hogar. Los pasatiempos, las diversiones, las conversaciones frivolas, cuando no pecaminosas, la moda, el deseo de aparecer, he aquí los grandes pensamientos que en general, preocupan a la mujer, aún a las que son esposas y madres.29

El afán de las mujeres por salir de sus casas, debido a que se aburren en ellas y prefieren ocupar su tiempo paseando y comprando diversidad de productos, trae aparejada una reducción en el apego hacia el hogar que no se circunscribe a ellas pero de la cual son responsables. En efecto, su ausencia desalienta también la permanencia en él de los esposos, niños y jóvenes.

Destacan que cuando las madres, esposas y hermanas se encuentran en sus casas, no emplean el tiempo en tareas útiles, sino que se arreglan durante horas frente al tocador, observan a los transeúntes por la ventana y leen novelas inmorales. No asumen correctamente su papel conyugal, mancillando el honor de sus maridos. Para empeorar el panorama, generan el peligro de fracturar la transmisión de la religión y la moral, pues ellas mismas descuidan sus deberes de cristianas, como el rezo matinal y nocturno, la lectura de textos de formación religiosa y la asistencia a misa.

Se trata de madres "modernas", indiferentes a sus deberes, que sólo viven para el mundo y no sacrifican las diversiones por el bien de sus hijos. Se las acusa de no apreciar a sus vástagos como obras de Dios y de exponerse a contraer enfermedades que, al transmitirse, darán lugar a una generación débil y raquítica. Además, su autoridad se ve menoscabada ya que no se ocupan personalmente de sus niños, no los amamantan y los confían al cuidado de nodrizas y niñeras hasta que llega el momento de enviarlos a colegios o internados.

Desde la perspectiva periodística, denotando un alto grado de inconciencia, estas madres no se percatan de las influencias peligrosas para sus hijos que provienen del cine, el teatro, los bailes, las malas compañías y las lecturas inadecuadas:

Pero hay madres, ¡pobres madres! ¡necias madres! Que al confiar el encargo de preparar su hija para la primera comunión y al dirigir su conciencia, no saben hacerlo sin mil recomendaciones. ¡Por caridad! que no se diga ninguna palabra que pueda ofender el candor de aquella delicada sentitiva \sic\, que sean muy prudentes las preguntas y muy velada la explicación doctrinal. Y a la noche conducen esa tierna sensitiva al teatro o al cine, donde la seducción se ofrece a la infeliz, provocadora y maliciosa.30

Además, no saben lo que sus hijos aprenden en la escuela y son incapaces de contrarrestar desde el hogar la mala influencia de los establecimientos educativos ateos. Como resultado de este género de educación los niños se convierten jóvenes incrédulos, irrespetuosos y viciosos.

Por su parte, las niñas devienen jovencitas independientes y frivolas, que no se encuentran preparadas para sus futuros papeles de esposas y madres.

Por lo anterior, se cree que las mujeres "modernas" corren el riesgo de permanecer solteras, debido a que los jóvenes que han tenido como modelo a una madre verdaderamente católica no encuentran en ellas las cualidades y condiciones morales necesarias para desposarse y se desalientan ante sus exigencias de una vida colmada de lujos.31 Si logran casarse, sus conductas desordenadas producen el debilitamiento y la descomposición del hogar —un proceso de crisis de la familia cristiana que también registran en otros lugares del mundo—, permitiendo la propagación de ideas que atentan contra sus principios fundantes. Los planteamientos acerca de la subalternidad femenina en materia de derechos, así como las propuestas relativas al aborto y al divorcio que provienen desde distintos sectores ideológicos preocupan considerablemente a los y las articulistas.32

Quienes escriben en la prensa católica se oponen en principio a todo aquello que implique poner en riesgo la constitución de la familia, la maternidad y las funciones domésticas de las mujeres generando rivalidad con los hombres, ya sea en la forma de competencia en el mercado o de pretensión de poder político. Pese a ello, hay quienes aceptan algunas mutaciones modernas en la condición femenina. Por ejemplo, un articulista destaca algunas aristas beneficiosas de la moda, señalando que existen mujeres que la estudian y la ponen en práctica siendo al mismo tiempo excelentes madres, amas de casa y artistas. Indica, además, que si se informan no sólo en lo relativo a la vestimenta, sino también en lo que atañe a las nuevas costumbres, ideas y artes, pueden desarrollar el buen gusto y hablar de todos los temas, rebatiendo lo superficial e influyendo convenientemente con una base sólida para razonar.33

Algunas voces avalan también ciertas intervenciones de las mujeres fuera del ámbito privado. Como hemos señalado, existe gran consenso en promover la beneficencia. A las militantes católicas asociadas se les encomienda, por ejemplo, la responsabilidad de rescatar, moralizar y proteger a las madres obreras y a sus hijos. Como señala Sofía Pico: "es innegable que la formación de las madres es el campo de acción más adecuado a la mujer. Esta niña del pueblo que mañana será columna de cuya firmeza dependerán muchas más, cuya misión se hace de día en día más difícil, le preocupa sobremanera."34 Esto implica, por un lado, vigorizar la maternidad social de las damas sin desligarlas de su papel familiar y, por otro, preservar esas mismas funciones en el caso de las trabajadoras. Esta propuesta ayuda a propagar la fe y el modelo católico de familia hacia quienes se insertan en el campo laboral, contribuyendo, al mismo tiempo, a evitar su adhesión a los grupos socialistas y anarquistas.

Otro tema en el cual se registran ciertas concesiones fuera del modelo dominante es el de la inserción ocupacional femenina, ligada con los derechos civiles y sociales. Ante la inevitabilidad del trabajo justificado en la necesidad de subsistencia, algunos católicos aceptan empleos que constituyen una proyección de las capacidades domésticas y/o maternales. En ciertos casos, como por ejemplo los de las maestras y las parteras, es llamativa la tolerancia e incluso promoción de la educación/capacitación, la sindicalización, la profesionalización y el acceso a espacios públicos de trabajo modernizados e institucionalizados. Buscando la protección de la madre obrera, promueven también una reglamentación que modere las consecuencias del capitalismo liberal desenfrenado. Inclusive, si bien declaran innecesaria la modificación en la esfera civil de la ciudadanía para quienes viven respetando los preceptos de la Iglesia, hay quienes valoran su utilidad en casos de excepción, como la soltería, la viudez o la inserción en el mercado laboral, instaurando una "diferencia de derechos" entre las mujeres de acuerdo con su ciclo de vida o su particular condición de clase.35

Finalmente, es preciso destacar que algunos(as) articulistas abren incluso un resquicio a la concesión de los derechos políticos a las mujeres (voto y elegibilidad), partiendo de una consideración de las excepciones, es decir, de las situaciones en las cuales, por diversos motivos, las mujeres no logren adecuarse a los papeles asignados a su sexo. Otros argumentos tienen en cuenta cuestiones sobre la época como las consecuencias de la guerra mundial y el hecho consumado de la presencia femenina en distintos campos fuera del hogar. También hay quienes adoptan esta postura como forma de defender el hogar amenazado por el avance de las izquierdas, que supuestamente no reconocen los "derechos" de las mujeres como "reinas del hogar".36

 

Consideraciones finales

La condición femenina es uno de los temas que interesa particularmente a la prensa religiosa del suroeste bonaerense a principios del siglo XX, afanada por diseminar una serie de concepciones sobre la diferencia sexual que tienen dos facetas, pues constituyen al mismo tiempo una propuesta a seguir y una respuesta a las transformaciones de la época que, desde la óptica de la Iglesia, atentan contra la familia. Los(as) católicos(as) reconocen la importancia de la contribución de esta célula al mantenimiento de la estabilidad social. De allí su énfasis en delinear los papeles de género en su interior y en combatir las conductas novedosas que pudieran corroerla.

Por lo anterior, la caracterización de la domesticidad en el marco del modelo familiarista va entrelazada con un diagnóstico acerca de una crisis del hogar que conlleva una crisis de la mujer doméstica. Aparentemente, se considera que las mujeres son más propensas a ceder a las tentaciones de un mundo en transformación que abandona los valores religiosos. Debido a que los procesos de socialización están en gran medida ligados a las madres, que dejan su impronta en los niños que se encuentran a su cargo, las disposiciones difundidas por la Iglesia católica buscan ejercer un control sobre la moralidad y la sexualidad de quienes representan el equilibrio hogareño. En consecuencia, se elabora un discurso periodístico preceptivo, que norma el "deber ser" femenino. En razón de la diferencia sexual, la domesticidad y la maternidad son enaltecidas y conceptuadas como los papeles femeninos por excelencia. Si bien las mujeres educadas, pertenecientes a las clases medias y altas son las aparentes receptoras de estos discursos, todas las mujeres están incluidas en esta abstracción genérica que construye y unlversaliza la domesticidad en el marco de una división sexual del trabajo. Aquellas que escapan parcial o completamente a los estereotipos católicos de feminidad se desnaturalizan, afirmación que abarca tanto a las damas y señoritas dedicadas a la vida mundana como a las obreras que asumen una doble jornada de trabajo asalariado y hogareño.

Perfeccionar la función doméstica puede coadyuvar a mejorar la educación cristiana de los hijos e hijas y a moralizar la familia y, por ende, la sociedad, contribuyendo también a contrarrestar las ideologías que desde la óptica católica amenazan con destruir sus cimientos representando al mismo tiempo una amenaza para la Iglesia. Los redactores piensan que una forma de combatir el liberalismo, el feminismo, el socialismo y el anarquismo, frenando al mismo tiempo los avances del Estado sobre el ámbito privado, es concientizando a las mujeres acerca de sus verdaderos deberes como señoras de su casa y madres cristianas. Sin embargo, este mismo propósito parece animar algunas voces que simpatizan con la idea de concederles derechos políticos, civiles y sociales. Es claro que los católicos no aceptan la noción de desigualdad de género e incluso muchas veces emplean los conceptos de derechos, libertad e igualdad identificándolos con los papeles hogareños de las mujeres, de una forma que no desafía sus clasificaciones sobre la diferencia sexual y la teoría de la división de las esferas. Sin embargo, en apariencia, no todos pueden permanecer tajantemente apegados al ideal familiarista ante los cambios producidos en la condición femenina, por lo cual algunas voces parcialmente disidentes conviven con un modelo que recoge ideas tradicionales y dominantes de la Iglesia acerca de los papeles apropiados para las mujeres.

 

Fuentes consultadas

Hemerografia

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Notas

1 Los estudios históricos revelan que el voto se otorga a las mujeres en los países protestantes en torno a la década de 1920 y en los católicos apartirde 1930, fundamentalmente después de la segunda guerra mundial (excepto en Austria, Polonia, Checoslovaquia y Ecuador) y señalan las dificultades para la obtención de los derechos civiles debido a la condición sacramental del matrimonio y a una concepción patriarcal de la familia que se perpetúa en la laicidad. Sobre el papel de los valores religiosos en la conceptualización de la feminidad véase Giorgio, "Modelo", 1991-1993; Alfie, Identidad, 1994; Knibiehler, Historia, 2001, Ríos, "Sueños", 2006, y Perrot, Historia, 2008; en relación con Argentina, veáse McGee, "Catholic", 1991; Bravo y Landaburu, "Maternidad", 2000; Acha, "Organicemos", 2000; Nari, Políticas, 2004; Guy, "Sexualidad", 2006, y Barrancos, Mujeres, 2007.

2 Si bien no se desconocen las continuidades políticas, sociales, culturales y religiosas cuya importancia ha sido especialmente señalada en la historiografía reciente, el presente estudio se cierra al comenzar la década de 1930, que se inicia con un golpe de Estado y en la cual se producen cambios significativos en el catolicismo, con la creciente presencia en los medios masivos de comunicación, las movilizaciones de masas, los congresos eucarísticos, el aumento del número de diócesis y parroquias, la expansión de las organizaciones del laicado y la aparición del denominado "mito de la nación católica". En cuanto al término modernización, alude a los cambios producidos en distintos países de América Latina a partir de la década de 1880, ligados a la inserción en el mercado internacional como exportadores de alimentos y materias primas e importadores de productos manufacturados. En Argentina, estos procesos dan lugar a un notable crecimiento de las ciudades portuarias del litoral pampeano vinculado al modelo agroexportador, como Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca. Se producen inversiones y avance en transportes, comunicaciones y sistemas sanitarios. La inmigración masiva cambia la fisonomía poblacional al dar lugar a la conformación de las clases medias y obreras urbanas. Estos cambios son motorizados por sectores que han sido caracterizados como liberales en lo económico y conservadores en materia política, con una tendencia hacia políticas republicanas de gobierno con división de poderes y una creencia en la laicización de las instituciones. Sobre los términos "modernidad" y "modernización" en relación con el género véase Barrancos, "Problematic", 2006.

3 En relación con la historia de las mujeres véanse los siguientes trabajos historiográficos: Valobra, "Algunas", 2005; Barrancos, "Historia", 2005, y Lagunas, "Estudios", 2009. Sobre el periodismo católico, veánse Auza, "Revistas", 2000; Lida, "Prensa", 2006a, y "Prensa", 2006b; Stéfano y Zanatta, Historia, 2009; Lida, "Algo", 2009; Mauro, Templos, 2010. Desde el punto de vista de género, ha sido objeto de varios análisis la revista Criterio, como los de Acha, "Organicemos", 2000, y Caroglio, "Actor", 2006. Como ejemplo reciente de los estudios enmarcados en la renovación de la historia del catolicismo véase, Lida y Mauro, Catolicismo, 2009.

4 Hacia 1890 aparece una publicación de inspiración salesiana de la cual no se conservan ejemplares. Sobre el asociacionismo católico en Argentina y Bahía Blanca véanse Stefano et al., Cofradías, 2002, y Martos, Historia, 2003.

5 Arte y Trabajo es editada por un laico militante en el catolicismo social pero evidencia en ocasiones una visión más amplia que la de los periódicos, incluyendo artículos referidos a otras posturas ideológicas. Sus primeros números se editan en la localidad de Médanos.

6 Nos referimos a las encíclicas Rerum Novarum (1891), Divini lllius Magistri (1929) y Cast! Connubii (1930).

7 Sobre género y feminidad véanse Lamas, "Género", 1996; Navarro y Stimpson, Sexualidad, 1999; Cobo, "Género", 1995; Thébaud, "Género", 2006, y Aparicio et al, Cuadernos, 2009.

8 Cobo, "Género", 1995, pp. 66 y 67. Las ideas desarrolladas en este artículo sobre la domesticidad fueron presentadas en la ponencia "Catolicismo y condición femenina: representaciones de género sobre la domesticidad en la prensa de Bahía Blanca a principios del siglo XX", realizada en el marco de una beca posdoctoral del Conicet y presentada en las X Jornadas Nacionales de Historia de las Mujeres, y V Congreso Iberoamericano de Estudios de Género "Mujeres y Género: Poder y Política", Luján, Universidad Nacional de Luján, 2010.

9 En el siglo XIX se multiplican las apariciones y los milagros de la Virgen y a partir de la segunda mitad del decenio se fortalece la tradición del culto mariano a través de una prédica sistemática reforzada con la promulgación de los dogmas de la Asunción y de la Inmaculada Concepción. Referencias a Eva y María se encuentran, entre otros, en los siguientes artículos: "Notas bahienses", El Mensajero, 11 de noviembre de 1908; Alice Murray, "Colaboración", El Mensajero, 17 de diciembre de 1910; E. B. de C, "Madre Dolorosa", Renovación, 31 de marzo de 1923; Dionisio R. Napal, "Espigas", Renovación, 22 de septiembre de 1923; "Mes de María", Renovación, 10 de noviembre de 1923; D. R. G., "María es nuestra madre", Renovación, 24 de mayo de 1924; E S., "La Inmaculada Concepción", Renovación, 6 de diciembre de 1924; "La Sagrada Familia", Renovación, 10 de enero de 1925, y Juana Marchi de Dobal, "Mes de María", Un Paso Más, 21 de noviembre de 1930.

10 Sobre el matrimonio véanse "El profesor y la madre", Renovación, 25 de junio de 1921; L. A. P., "Feminismo", Bandera Blanca, 7 de enero de 1922; 'Xa mujer fuerte", Renovación, 28 de abril de 1923; "La familia", Renovación, 1 de diciembre de 1923; "La evolución de la familia", Renovación, 2 de agosto de 1924; Márgara, "La vida conyugal", Renovación, 9 de agosto de 1924, y "Consejos a la novia", Renovación, 22 de junio de 1926.

11 Véanse "La mujer, el bolsevikismo y el hogar", Arte y Trabajo, 30 de junio de 1920, y Márgara, "El cariño de la casa", Renovación, 21 de junio de 1924.

12 El modelo de familia como base de la sociedad, fundada en la pareja heterosexual y monogá-mica, nuclear, jerárquica, patriarcal y universal, está extendida en la época como "normal" y deseable, construyéndose desde el derecho, la medicina, la economía doméstica, etc. Sobre los papeles masculinos y femeninos véanse Mínimo, "El hogar", El Mensajero, 14 de octubre de 1908; "Ecos sociales", El Mensajero, 26 de noviembre de 1910; "Ecos sociales", El Mensajero, 31 de diciembre de 1910; "Ecos sociales", El Mensajero, 14 de mayo de 1910; "La mujer y la casa", El Mensajero, 18 de enero de 1911; "Feminismo", Bandera Blanca, 21 de abril de 1922; Alfredo Oriani, "Feminismo", Arte y Trabajo, junio de 1924; Angela Grassi, "La mujer", Arte y Trabajo, diciembre de 1925; Luisa, "Carta a una recién casada", Arte y Trabajo, 30 de junio de 1926; "Las mujeres más agradables", Renovación, 1 de diciembre de 1923; "La mujer fuerte", Renovación, 28 de abril de 1923; "Conejillos para ellas", Renovación, 10 de noviembre de 1923; "Misión de las madres", Renovación, 24 de septiembre de 1924; Márgara, "El cariño de la casa", Renovación, 21 de junio de 1924; Márgara, "La mejor hora del hogar", Renovación, 1 de marzo de 1924; Márgara, "La mujer en la familia", Renovación, 14 de junio de 1924; "¿Qué haremos con nuestras hijas?", Renovación, 24 de mayo de 1924; Juan Moka, "La buena esposa", Renovación, 26 de julio de 1924; Dienana, "Feminismo", Renovación, 13 de diciembre de 1924; Márgara, "¿Cómo puede la mujer católica ejercer su apostolado en el hogar y fuera de él?", Renovación, 15 de agosto de 1925; "La elección de la escuela", Renovación, 10 de marzo de 1926; Teddy, "Paliques femeninos", Renovación, 15 de agosto de 1926, y "La mujer", Renovación, 24 de mayo de 1926.

13 Las denominaciones "dueña de casa" y "ama de casa" designan a las responsables por el trabajo doméstico. A grandes rasgos, la primera hace referencia a las mujeres de estratos sociales más altos, que disponen generalmente de servidumbre, mientras que la segunda designa a quienes se ocupan directamente de todas las tareas hogareñas. Véase Perrot, Historia, 2008, pp. 145-147.

14 J. José Leonelli, "La madre", El Mensajero, 27 de septiembre de 1908; "Miscelánea", Arte y Trabajo, 20 de febrero de 1918; Carmen S. de Pandolfini, "Pensarán en su madre", Arte y Trabajo, 31 de diciembre de 1918; "La buena mamá", Arte y Trabajo, 31 de mayo de 1921; Dr. D. S. Cavia, "De la mujer", Arte y Trabajo, 31 de agosto de 1921; "Madres", Bandera Blanca, 7 de julio de 1922; "Madres modelos", Renovación, 10 de noviembre de 1923; Márgara, "La mujer en la familia", Renovación, 14 de junio de 1924; Alfredo Oriani, "Feminismo", Arte y Trabajo, junio de 1924; A. A. E, "Madres", Renovación, 21 de marzo de 1925, y Teddy, "Paliques femeninos", Renovación, 23 de julio de 1926.

15 Belsai Tamar, "El feminismo en acción", Renovación, 5 de agosto de 1922. Véase también "La madre de Washington", El Mensajero, 6 de enero de 1909; Márgara, "La mejor hora del hogar", Renovación, 1 de marzo de 1924; Márgara, "¿Cómo puede la mujer católica ejercer su apostolado en el hogar y fuera de él?", Renovación, 15 de agosto de 1925; "Misión de la madre", Renovación, 14 de marzo de 1925 y "La primera catequista", Un Paso Más, 27 de marzo de 1931.

16 Monseñor Besteaud, "La santa misión de las madres", Renovación, 26 de septiembre de 1925. Véase también José Vicente Pini, "Amor de madre", Renovación, 8 de noviembre de 1924.

17 "La mujer", El Mensajero, 9 de enero de 1909.

18 "Influencia de la mujer", Renovación, 29 de julio de 1922; A. A. F., "Madres", Renovación, 21 de marzo de 1925 y "Madres", Renovación, 11 de mayo de 1926. Véase también "La buena mamá", Arte y Trabajo, 31 de mayo de 1921; Emilio Castelar, "La madre", Renovación, 25 de agosto de 1923; Alfredo Oriani, "Feminismo", Arte y Trabajo, junio de 1924; "Madre, la más tierna, dulce y profunda de las palabras humanas", Renovación, 26 de julio de 1924 y Emilio Castelar, "Amor materno", Renovación, 15 de agosto de 1925.

19 J. José Leonelli, "La madre", El Mensajero, 27 de septiembre de 1908; "Variedades", El Mensajero, 7 de octubre de 1908; Carmen S. de Pandolfini, "Pensarán en su madre", Arte y Trabajo, 31 de diciembre de 1918; Monseñor Ramón Angel Jara, "La madre cristiana", Renovación, 24 de septiembre de 1921; Belsai Tamar, "Mi madre", Renovación, 8 de julio de 1922; "Madres modelos", Renovación, 10 de noviembre de 1923; "Madre, la mas tierna, dulce y profunda de las palabras humanas", Renovación, 26 de julio de 1924; "Misión de la madre", Renovación, 14 de marzo de 1925, y "Me voy a casar", Renovación, 9 de julio de 1926.

20 "La mujer y la religión", Renovación, 19 de agosto de 1922. Véase también, Calixto Piñeiro, "Verdadero feminismo", Renovación, 8 de octubre de 1921; "La voz de las madres rusas", Renovación, 10 de diciembre de 1921; Naujerdap, "¿Qué hace la mujer?", Renovación, 26 de abril de 1924; "La mujer en China", Renovación, 24 de diciembre de 1921; "Harem y Hogar", Renovación, 1 de noviembre de 1924 y L. A. R, "Feminismo", Bandera Blanca, 7 de enero de 1922. Como señala Rosa E. Ríos Lloret refiriéndose a Europa, en el siglo XIX las referencias a la infamante situación femenina antes de la predicación de Jesucristo son constantes en todos los textos católicos que tratan de la mujer. Se olvidan las manifestaciones acerca de la inferioridad de la hembra y de su predisposición al pecado, al mismo tiempo que se obvian las referencias de los santos padres a la identificación de la mujer con el mal. Ríos, "Sueños", 2006, p. 185.

21 En palabras de Alfredo Oriani: "la mujer estéril tendrá una maternidad espiritual tal vez más profunda y más pura: ella puede alcanzar hasta la comprensión de la obra, si no a su creación". Alfredo Oriani, "Feminismo", Arte y Trabajo, junio de 1924. Véase también, E. B. de C, "¡Hambre!", Renovación, 23 de septiembre de 1922, y Maga, "Los niños", Renovación, 5 de mayo de 1923.

22 La laicidad concierne al lugar y papel de la religión en el campo institucional. La secularización está vinculada a la dinámica social, al pasaje de una cultura religiosa más o menos socialmente abarcativa a una creencia limitada correspondiente a una parte específica de la cultura, implicando una reorganización de la esfera religiosa y no su retracción o decadencia social. Véase, Mauro, "Imágenes", 2008.

23 D. R. G., "Las niñas modernas", Renovación, 15 de marzo de 1924. Otra comparación aparece en: 'Terrible contraste", Renovación, 4 de mayo de 1926. Véanse también algunas caracterizaciones generales: "Las mujeres más agradables", Renovación, 1 de diciembre de 1923, y "La vida en nuestros días", Renovación, 24 de septiembre de 1924.

24 En el periodo de entreguerras se producen cambios en la moda, pues de los vestidos largos, pesados y con enaguas, del uso de sombreros incómodos y el cabello largo y recogido, se pasa a la falda corta y los cabellos cortados a la garçon.

25 Lady Arers, "Charlas femeninas", Renovación, 10 de enero de 1925.

26 Como señala Michela Giorgio, sobre la estimación de la pureza -virtud individual, intradeter-minada, basada en principios de autonomía moral intensificada por la importancia que asume la confesión- se construye el modelo femenino de la perfección virginal. Por otra parte, el ingreso masivo de las mujeres en la esfera pública multiplica las posibilidades de transgresión. En el siglo XX, el valor de la virginidad queda expuesto a las tentaciones de una moral social extradeterminada. El estímulo a la imitación de comportamientos más emancipados (vestimenta, relaciones, lecturas) proviene de modelos vivos; de la calle o de la crónica periodística laica. Giorgio, "Modelo", 1991-1993, p. 231.

27 Con respecto a la palabra papal véase: "El papa y la moda", Renovación, 18 de julio de 1925; "S. S. Pío XI habla sobre las modas femeninas", Renovación, 15 de febrero de 1926; "La moda actual es una vergüenza", Renovación, 22 de febrero de 1926. En el mismo periódico se comenta que el cura y vicario foráneo de Bahía Blanca, presbítero doctor José R. Barreiro, indica a las mujeres que no deben concurrir al templo vestidas de manera impropia. Notifican que han recibido quejas por parte de algunas mujeres que lo consideran exigente e intolerante e incluso piden que se le llame la atención por no guardar las formas de la cortesía social y ser demasiado cargoso con exigencias molestas. Dichas mujeres envían incluso al periódico a personas influyentes para que los periodistas desistan de publicar artículos críticos al respecto. Véase Francisco Pablo de Salvo, "Y bien! Señoras...", Renovación, 19 de julio de 1924; Juan Carlos Zuloaga, "Glosas urbanas", Arte y Trabajo, septiembre de 1924; "La indumentaria femenil", Renovación, 18 de enero de 1926.

28 "Pro decencia pública", Renovación, 19 de noviembre de 1921. Otros ejemplos en el mismo sentido: "Las damas argentinas", El Mensajero, 5 de julio de 1908; "Noble actitud de las Damas Salteñas", El Mensajero, 18 de diciembre de 1908; "Por la moralidad", Bandera Blanca, 3 de marzo de 1922; "El buen ejemplo señoras", Renovación, 23 de diciembre de 1925; "Es necesario intensificar la acción contra la inmoralidad creciente en nuestro país", Renovación, 15 de febrero de 1926.

29 "La vida en nuestros días", Renovación, 24 de septiembre de 1924. Véase también "Modernismo", El Mensajero, 3 de agosto de 1910; "La mujer modernista", El Mensajero, 17 de diciembre de 1910; R. P. Juan Martinasso, "Ecos sociales", El Mensajero, 21 de enero de 1911; Colaboradora, "La mujer moderna", Renovación, 12 de agosto de 1922; "El hogar argentino", Renovación, 29 de diciembre de 1923; "Misión de las madres", Renovación, 24 de septiembre de 1924; Estela, "El hogar", Renovación, 26 de abril de 1924; Márgara, "El cariño de la casa", Renovación, 21 de junio de 1924; "Crisis femenina", Renovación, 17 de mayo de 1924; A. A. F., "Madres", Renovación, 21 de marzo de 1925; Teddy, "El vértigo de la moda", Renovación, 4 de mayo de 1926; "Madres", Renovación, 11 de mayo de 1926.

30 "¡Hay que conocerlo todo!", Renovación, 6 de octubre de 1923. Sobre estos temas véase también "Lecturas malsanas", El Mensajero, 7 de mayo de 1910; Francisco Pablo de Salvo, "Ella y él", Arte y Trabajo, 5 de diciembre de 1917; Carmen S. de Pandolfini, "Pensarán en su madre", Artey Trabajo, 31 de diciembre de 1918; Emilia P. de L., "La voz del pueblo", Renovación, 7 de enero de 1922; Belsai Tamar, "El feminismo en acción", Renovación, 22 de julio de 1922; "¡A misa!", Renovación, 14 de octubre de 1922; "La moda", Bandera Blanca, 24 de febrero de 1922; "¡Cómo se baila!", Bandera Blanca, 21 de abril de 1922; "La familia cristiana", Renovación, 6 de enero de 1923; "El hogar", Renovación, 7 de julio de 1923; "La inmoralidad impune", Renovación, 13 de octubre de 1923; María Mercedes Señorans, "El cinematógrafo", Renovación, 24 de noviembre de 1923; "El hogar argentino", Renovación, 29 de diciembre de 1923; Juan Carlos Zuloaga, "Glosas urbanas", Artey Trabajo, septiembre de 1924; Márgara, "Una preocupación que debiera ser esencial de las madres de familia", Renovación, 17 de enero de 1925; Curro Vargas, "Los hogares vacíos", Renovación, 15 de febrero de 1926; Teddy, "La frivolidad", Renovación, 22 de marzo de 1926; "Madres", Un paso más, 11 de octubre de 1929.

31 Señalan que en Bahía Blanca hay muchas "solteronas", fenómeno que también se da en Europa, especialmente entre las clases altas. Véanse "Carta abierta", El Mensajero, 17 de julio de 1909; "Me voy a casar", Renovación, 9 de julio de 1926; Ignotus, "Serás feliz", Renovación, 18 de enero de 1926; María C. de Tricerri, "Reflexiones", Artey Trabajo, 31 de agosto de 1922; "Crisis femenina", Renovación, 17 de mayo de 1924; Dienana, "Feminismo", Renovación, 13 de diciembre de 1924.

32 Mínimo, "El hogar", El Mensajero, 10 de octubre de 1908; Mínimo, "El hogar", El Mensajero, 14 de octubre de 1908; "El divorcio y la Iglesia", El Mensajero, 18 de junio de 1910; "La mujer, el bolsevikismo y el hogar", Artey Trabajo, 30 de junio de 1920; Sofía Molina Pico, "Acción social de la mujer", Bandera Blanca, 24 de diciembre de 1921; L. A. R, "Feminismo", Bandera Blanca, 31 de diciembre de 1921; "Feminismo", Bandera Blanca, 7 de enero de 1922; "Otra más", Bandera Blanca, 5 de mayo de 1922; "Notas y notitas", Bandera Blanca, 19 de mayo de 1922; "La natalidad en Francia", Bandera Blanca, 2 de diciembre de 1922; G. F. R., "El divorcio", Bandera Blanca, 13 de enero de 1923; "Cosas de la Rusia roja", Renovación, 11 de agosto de 1923; "La familia cristiana", Renovación, 6 de enero de 1923; "El hogar argentino", Renovación, 29 de diciembre de 1923; "La familia", Renovación, 1 de diciembre de 1923; "El divorcio a la luz de los hechos", Bandera Blanca, 3 de marzo de 1923; "El divorcio a la luz de los hechos", Bandera Blanca, 10 de marzo de 1923; "El hogar", Renovación, 26 de abril de 1924 y "En el seno de las familias", Renovación, 4 de abril de 1925.

33 "La mujer y la casa", El Mensajero, 18 de enero de 1911, p. 1.

34 Sofía Molina Pico, "Acción social de la mujer", Bandera Blanca, 24 de diciembre de 1921. Véanse también, a modo de ejemplo, Maquinita, "Carta a las polleras", Renovación, 24 de septiembre de 1921; L. A. P., "Feminismo", Bandera Blanca, 31 de diciembre de 1921, y L. A. P., "Feminismo", Bandera Blanca, 7 de enero de 1922.

35 El tema de los derechos civiles se pone en escena particularmente cuando se produce la reforma de 1926. Véanse María C. H. de Aulisi, "Derechos civiles de la mujer", Renovación, 24 de septiembre de 1926, p. 7, y Catalina Moyano Mendoza de Astrada, "Por los derechos civiles de la mujer", Renovación, 24 de septiembre de 1926, p. 7. Sobre la reforma véase Giordano, "Ampliación", 2008, y en relación con la visión católica del trabajo femenino en Argentina y Bahía Blanca, Lobato, Historia, 2007, y Bracamonte, "Mujeres", 2011.

36 Este tema ha sido analizado en Bracamonte, "Derechos", 2011.

 

INFORMACIÓN SOBRE LA AUTORA:

Lucía Bracamonte. Doctora en Historia por la Universidad Nacional del Sur (UNS). Integrante del proyecto de investigación "Cultura Política y Representaciones en Bahía Blanca durante el Siglo XX", dirigido por la doctora Mabel Cernadas y subsidiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Ha sido becaria posdoctoral del CONICET (2008-2010). Su área de interés es la historia de las mujeres. Entre sus publicaciones recientes se encuentran los artículos: "Mujeres, trabajo y educación a principios del siglo XX: las maestras en la prensa católica del suroeste bonaerense argentino", Diálogos. Revista Electrónica de Historia, Universidad de Costa Rica, vol. 12, num. 1, febrero-agosto de 2011, pp. 101-127, en <http://historiales.ucr.ac.cr>, y "Los derechos políticos de las mujeres: representaciones de género en la prensa católica de Bahía Blanca a principios del siglo XX", Nuevo Mundo/Mundos Nuevos, MASCIPO-CNRS, EHESS, Universidades de París I y París X, 2011, en <http://nuevomundo.revues.org/6l582>.

 

ABOUT THE AUTHOR:

Lucía Bracamonte. Ph. D. in History from the Universidad Nacional del Sur (UNS). Member of the research project: "Cultura Política y Representaciones en Bahía Blanca durante el Siglo XX", directed by Dr. Mabel Cernadas and subsidized by the Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). She has been a CONICET postdoctoral fellow (2008-2010). Her area of interest is women's history. Her recent publications include the articles: "Mujeres, trabajo y educación a principios del siglo XX: las maestras en la prensa católica del suroeste bonaerense argentino", Diálogos. Revista Electrónica de Historia, Universidad de Costa Rica, vol. 12, no. 1, February-August, 2011, pp. 101-127., http://historiales.ucr.ac.cr and "Los derechos políticos de las mujeres: representaciones de género en la prensa católica de Bahía Blanca a principios del siglo XX", Nuevo Mundo/Mundos Nuevos, MASCIPO-CNRS, EHESS, Universités de Paris I et Paris X, 2011, en <http://nuevomundo.revues.org/61582 >.

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