SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número75Cacería, sacrificio y poder en Mesoamérica. Tras las huellas de Mixcóatl, “Serpiente de Nube” índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Trace (México, DF)

versión On-line ISSN 2007-2392versión impresa ISSN 0185-6286

Trace (Méx. DF)  no.75 México ene. 2019

 

Reseñas

Xa’púxku’ a’ktsú qa’wa’sa (Le petit prince en totonaco)

Nicolas Ellison1 

1Investigador del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, México cemca: nicolas.ellison@ cemca.org.mx

Saint-Exupéry, Antoine de. Luna, Pedro Pérez. Le petit prince. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (cemca), México: 2018. 95 páginas con dibujos a color del autorp.

A precisamente 500 años del inicio de la con quista de México, a 75 años de la muerte del autor y piloto francés1 y en este 2019 que inicia, declarado por la Organización de las Naciones Unidas “año internacional de las lenguas indígenas”, el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos tuvo la satisfacción de presentar la traducción de Pedro Pérez Luna de El Principito de Saint-Exupéry en lengua totonaca (o tutunaku, frecuentemente interpretado como “tres corazones”) en su variante de Huehuetla, Sierra Norte de Puebla, publicado por las ediciones del cemca el pasado mes de mayo de 2018.

Como lo reveló la periodista Leticia Vargas Ánimas en 2013,2 el maestro de educación bilingüe Pedro Pérez Luna emprendió este proyecto de traducción desde el año 2009 cuando estudiaba en la Universidad Intercultural del Estado de Puebla bajo la asesoría del lingüista Guillermo Garrido Cruz. Y aunque finalmente se publicó hasta 2018, Xa’púxku’ a’ktsú qa’wa’sa es de hecho una de las primeras traducciones de Le petit prince a un idioma indígena de México.

Así, esta obra de la literatura universal, escrita en Francés en 1943 (publicada por Gallimard en 1946) y que desde hace décadas rebasó el marco de la literatura lengua originaria de México: la cuarta editada por el cemca en convenio con la editorial Gallimard, después de las versiones en otomí/hñahñu (2012), en náhuatl de la Huasteca (2012) y en huasteco/teenek (2016), además de las traducciones publicadas por otras vías en Maya yucateco (2012) y recientemente le siguió una sexta traducción mexicana en Tseltal de Chiapas (2018). francesa, sigue su proceso de universalización con esta quinta traducción a una

El totonaco (tutunaku), idioma que hablaban los primeros indígenas que encontró Hernán Cortez al desembarcar en tierra mexicana en el año 1519, es hablado hoy por cerca de 300,000 personas, principalmente entre los estados de Veracruz y Puebla, aunque las cifras oficiales son de 268,000 hablantes (se cuentan como hablantes sólo a los individuos a partir de los tres años de edad). Con el Tepehua forma parte de la familia lingüística totonacana; se han hecho propuestas para incluir ésta en un grupo lingüístico macro-maya, pero el debate entre lingüistas deja esta posibilidad como una hipótesis por investigar.

Aunque es el octavo idioma indígena más hablado en México, se puede considerar como una lengua amenazada, como todas las lenguas amerindias del país en razón de la situación estructural, política y educativa de discriminación lingüistíca.

En las presentaciones del libro, hechas hasta ahora en la Casa de Francia (ifal) en la Ciudad de México y en el municipio de Huauchinango en la Sierra Norte de Puebla en septiembre y noviembre de 2018 respectivamente, el traductor, originario de la comunidad de Putaxcat del municipio de Huehuetla (donde la obra se presentará próximamente), compartió su experiencia personal sobre la discrimi nación lingüística. Como tantos hablantes de lenguas indígenas y/o discriminadas en México y en el mundo, sufrió la vejaciones de la intolerancia del Estado y de individuos de los sectores dominantes de la sociedad nacional: nos contó sobre la prohibición de hablar su propio idioma durante su formación primaria en una escuela rural donde el 95% (si no el 100%) de los niños eran hablantes nativos del totonaco. Soportó castigos, inclusive a golpes, por hablar su lengua materna aunque fuera a la hora del recreo, burlas, la negación del estatus de idioma al calificar al totonaco como “dialecto”, la falta de interés incluso de muchos de los maestros de educación bilingüe, así como la carencia de materiales educativos en su lengua materna y la consiguiente dificultad de apropiarse el idioma castellano dominante, que él solamente logró dominar hasta los 12 años de edad.

De ahí lo significante de esta traducción de la obra francesa al totonaco dePedro Pérez Luna . Como lo indica el traductor y como lo destacaron también las lingüistas totonacólogas Duna Troiani (cnrs-Francia) y Carolyn McKay (Ball State University-eeuu), quienes dictaminaron la traducción, hacer disponible esta obra universal de Saint-Exupéry en la lengua totonaca es una manera no sólo de promover el uso literario de esta lengua originaria entre los jóvenes hablantes de la misma, sino también de demostrar que el idioma totonaco puede reproducir textos de la literatura universal y expresar ideas y conceptos tanto universales como ajenos a su propio universo semántico.

Como lo expresó Pedro Pérez: “Pues precisamente traducir no consiste sola mente en sustituir las palabras del idioma fuente por las del totonaco. Las palabras se combinan de manera diferente en cada idioma, así como las ideas, que también se expresan de maneras distintas”.3 Esto quedó bien demostrado cuando tradujo uno de los pasajes emblemáticos de la obra, cuando el pequeño príncipe recibe una revelación de una zorra: “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es in visible para los ojos” (traducido como: “kaxman natlaan talilakawanan; wanikuma katanuj nilulitasiyuy laqastapu”, capítulo xxi, p. 72).

Literalmente la traducción de “ver con el corazón”, que de hecho es una metá fora común en las lenguas indoeuropeas y que sitúa las emociones y eventualmente la sabiduría en el corazón o el pecho, no tiene sentido en totonaco. La traducción literal se entendería oscuramente, ya que en totonaco con el corazón (naku) no se puede ver. Tampoco se comprendería metafóricamente, pues en las representaciones fisiológicas y psicológicas totonacas no se asocia este órgano con los sentimientos. Así, este pasaje emblemático de El Principito -que a priori se antojaba mucho resal tar en la lengua del pueblo de los “tres corazones” (tutu-naku)- tiene que evacuar el término “corazón” para traducirse con las palabras arriba citadas que significan algo como “hay que de-cara-mirar-entender las cosas más allá, hay cosas que no se pueden ver bien con los ojos”, donde “talilakawanan” (“mirar-entender” o “ver más allá”), que incluye el prefijo “laka” (“cara” o “rostro”), se refiere, en palabras de Pedro Pérez, a “lo que no pueden ver tus ojos, lo que sabes y sientes que existe, que puede ser algo físico o abstracto”.

Aquí tocamos un punto importante en el debate lingüístico-antropológico, el del estatus por atribuirle a la metáfora a la hora de traducir conceptos indígenas al castellano u otra lengua occidental y vice-versa.4 Y precisamente por esto sería muy interesante un estudio comparativo de la recepción de las traducciones de El Principito en los idiomas indígenas. Es de notar que, lo que en la obra original son metáforas poéticas destinadas a evocar la magia en los lectores más jóvenes y la reflexión filosófica entre los más adultos, dentro de los contextos culturales, religio sos y ontológicos indígenas pueden ser parte de la experiencia real del lector. Por ejemplo, como en el conjunto de las culturas indígenas de las Américas, la noción metafórica para un totonaco. En ciertos contextos es parte de una experiencia real de la interacción con diferentes entidades del entorno natural. Seguramente de poder hablar con flores o con zorras u otras plantas y animales, no es meramente una discusión en totonaco de análisis del texto en su traducción por Pedro Pérez Luna (y así también con las otras traducciones), sería una experiencia socio-lingüística y antropológica muy interesante, que en su propio entorno permitiría revelar y entender mejor tanto el sistema epistemológico totonaca para entender el mundo como las nociones filosóficas propias de esta cultura.

Quisiera concluir con una nota más práctica en términos de política editorial: si el cemca ha participado a la publicación de cuatro traducciones de Le petit prince a lenguas indígenas fue por solicitud (y gracias al apoyo financiero) de la Fundación Probst (para la versión en totonaca), y a la colaboración de la editorial Gallimard y de los herederos de Saint-Exupéry, que reconocen la experiencia científica y editorial de este centro de investigación francés en México. Sin embargo, este labor de traducción-publicación parece que no incumbe necesariamente al cemca, que se dedica principalmente a la publicación de estudios en ciencias sociales más que de literatura. Por su alcance educativo, así como por las políticas de normalización de las transcripciones de las lenguas indígenas de México, parecería adecuado que la sep, en coedición con el cemca y con el apoyo del mismo, así como del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), no solamente se involucrara, sino que in cluso asumiera el liderazgo de futuros proyectos de traducción a lenguas indígenas. La siguiente etapa y un hermoso proyecto a futuro sería poner a disposición del público estos textos en versiones de audio en el idioma indígena correspondiente junto al audio del texto original en francés y su traducción en castellano.

Para terminar, cabe mencionar que de los 3000 ejemplares de la traducción totonaca editada por el cemca, 1500 han sido reservados para distribución gratuita en la región totonaca de la Sierra (correspondiente a la variante de totonaco de Huehuetla) entre escuelas públicas, escuelas bilingües independientes, organizaciones sociales y culturales y entre la población en general.

Referencias bibliográficas

Keesing, Roger M., 1985, “Conventional Metaphors and Anthropological Metaphysics: The Problematic of Cultural Translation”, Journal of Anthropological Research, Vol. 41, No. 2, Language and Poetics (Summer, 1985), pp. 201-217. [ Links ]

Lakoff, George y Johnson, Mark, 1980, Metaphors we live by, London, The University of Chicago press. [ Links ]

1Abatido por las fuerzas aéreas alemanes sobre el Mediterráneo, en frente de Marsella el 27 de julio de 1944.

2La nota de la periodista Leticia Ánimas fue publicada originalmente en el sitio web del diario Milenio Puebla a principios de abril de 2013. Fue replicada el 12 de abril en el periódico vera cruzano Cambio digital el 12 de abril. Pocos días después, un cable de Notimex del 18 de abril se hizo viral sin aportar los créditos de la autora. (Nota del E.).

3Ver la nota “Maestro traduce ‘El Principito’ al totonaca para mantener viva la lengua”, www.cronica.com.mx/notas/2013/746192.html. Nota de Notimex basada en nota original de Leticia Ánimas Vargas.

4Ver por ejemplo: Lakoff y Johnson 1980, Keesing 1985.

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons