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Relaciones. Estudios de historia y sociedad

versión On-line ISSN 2448-7554versión impresa ISSN 0185-3929

Relac. Estud. hist. soc. vol.38 no.151 Zamora sep. 2017

http://dx.doi.org/10.24901/rehs.v38i151.291 

Reseñas

Eduardo Camacho Mercado. Frente al hambre y al obús: Iglesia y feligresía en Totatiche y el cañón de Bolaños, 1876-1926

Julia Preciado 1  

1Ciesas Occidente, julia.preciado@gmail.com

Camacho Mercado, Eduardo. Frente al hambre y al obús: Iglesia y feligresía en Totatiche y el cañón de Bolaños, 1876-1926. Guadalajara: CULAGOS Ediciones, Departamento de Estudios Históricos de la Arquidiócesis de Guadalajara, 2014. 364p. Fotos, gráficas, anexos, ISBN: 978-607-905891-1-0..

Cliente de arrieros humildes que a lomo de burro lo llevaron por tierras fragosas, bajo toda inclemencia, en días lluviosos, parando en hospedajes míseros, atravesando regiones y villorrios desolados, el viaje halló término a la cuarta jornada, en anocheciendo. ¡Qué oscuro pueblo de sombras escabullidas, de puertas cerradas, de olor y aire misteriosos! ¡Pueblo de oscuridad y silencio, que aplastaba el ánimo del recién llegado! Campanadas de monotonía le golpearon las sienes. Jaqueca cruel. Ganas de llorar. Un arriero le ofrece su casa para guardar los avíos mientras el señor cura ordene otra cosa. […] El aire, irrespirable, amenaza tormenta. Quién sabe si ni lleguen al curato antes de que comience a llover. Relámpagos ininterrumpidos. Viento desatado. Será una “culebra”. Goterones. Carreras. El oscurecido curato.1

Ese fue el trayecto que recorrió el presbítero Abundio Reyes para llegar castigado a “un pueblo sin categoría, de extraño nombre y sin referencia en los mapas de la República”.2 El fragmento pertenece a la novela Al filo del agua de Agustín Yáñez. Pero bien podría ser una de las páginas del libro de Eduardo Camacho Mercado. Frente al hambre y al obús: Iglesia y feligresía en Totatiche y el cañón de Bolaños, 1876-1926 retoma del arte literario una narrativa clara, directa. A través de 364 páginas, Eduardo Camacho profundiza en el “proyecto de reforma eclesial” y el catolicismo social. Este libro recorre 50 años: de 1876 a 1926 y se enmarca en dos importantes etapas históricas: el Porfiriato y la Revolución. Se centra en la región de Totatiche y el cañón de Bolaños, en el norte del estado de Jalisco.

“[…] a Totatiche y el cañón llegaban noticias del ferrocarril, la luz eléctrica, los coches a gasolina y muchos otros símbolos del progreso. Pero en esas tierras todo permanecía igual. Ninguna cicatriz del mundo moderno atravesaba todavía el paisaje, salvo las minas, apenas lunares artificiales a los que los vecinos ya estaban acostumbrados” (p. 154). Este párrafo, podría ser el monólogo de un personaje de la novela Al filo del agua; puedo imaginar al presbítero Abundio Reyes, como a Pedro Páramo, sentado en su equipal, reflexionando acerca de su mundo, de su espacio. Pero este es un párrafo del libro de Eduardo Camacho.

La narrativa no debe considerarse un asunto retórico. La narrativa dentro de la historia es primordial: la prueba y la demostración como ejemplos dentro del relato histórico tienen que ver con la forma en que se presentan los resultados. Por eso debemos agradecer que Eduardo Camacho haya escrito este libro para que lo repasaran numerosos lectores, como incontables fueron los feligreses que recorrieron con sus ojos la hoja parroquial llamada El Rosario: hoja mensual que publicaba el cura de Totatiche, Cristóbal Magallanes, y que Eduardo Camacho interrogó con tesón. Se percató que en el contenido de El Rosario se reflejaba “la importancia del calendario”. Así construyó una de las secciones de su libro, en la que demuestra que el oficio de historiar no se improvisa. El autor nos dice: “El calendario es un instrumento de poder, y quien lo organiza, controla el ritmo de la vida pública y privada”:

En julio de 1920, los fieles católicos de Totatiche leyeron en El Rosario, la hoja mensual de la parroquia, este obituario: “El día de la festividad del Corpus, del mes que acaba de pasar, murió en el pueblo de Temastián, J. Concepción Pérez, aplastado por un paredón, en donde […] trabajaba en sacar tierra para la alfarería. R.I.P. En vista de esta desgracia, y de los muchos castigos que Dios manda a los profanadores de los días festivos, ¿todavía habrá quién se resuelva a trabajar en día de fiesta?“ (p. 276).

Eduardo Camacho observó cómo los habitantes de cinco parroquias de la arquidiócesis de Guadalajara -Bolaños, Totatiche, Chimaltitán, San Martín y El Salitre- vivieron sus creencias religiosas. En cada una de las parroquias dirigió su microscopio, como lo recomienda el enfoque de la microhistoria, para penetrar en la vida cotidiana de los parroquianos permeada por la religión que practicaban: las asociaciones que formaron y los preceptos que las regulaban, y que los fieles obedecieron en mayor o menor grado; las devociones que los fortalecían; las oraciones que susurraban en el silencio de los templos o proferían en el espacio público; la persistencia del culto a los santos locales; y la caritativa recepción a los santos universales que la Iglesia católica recomendaba venerar.

Estamos ante un libro escrito, repito, desde el enfoque de la microhistoria: pero de una microhistoria cortada a la italiana y a la mexicana. La microhistoria puede entenderse desde dos formas de concebir a la historia: la propuesta por Luis González y González que se refiere a una historia local, y la cultivada por historiadores italianos como Carlo Ginzburg y Giovanni Levi, quienes se centran en la reducción de escala.3 El relato de la microhistoria cumple dos funciones: la primera expone cómo funciona una sociedad determinada, es decir, muestra la relación de los sistemas normativos con el individuo. La segunda incorpora al relato el proceso de investigación: la carencia de fuentes documentales y el avance de las “construcciones interpretativas”.

Eduardo Camacho mostró cómo funcionaba una sociedad determinada como la que integraba el claustro de las cinco parroquias que estudió. En cuanto a las prácticas del proyecto de la Iglesia, por ejemplo, descubrió que no las incorporaban a ciegas los feligreses. Y para entender mejor este fenómeno y posteriormente explicarlo, Eduardo Camacho acudió a los postulados del antropólogo James C. Scott, quien explica las estrategias que desarrollan ciertos grupos -como los campesinos- para negociar, resistir o consensar.4 Estas mismas estrategias las implementaron los parroquianos para responder a los proyectos del Estado porfiriano y revolucionario. Pero esa es sólo parte de la historia. En esta obra son actores imprescindibles, además de los feligreses y laicos, los sacerdotes locales y los jerarcas de la Iglesia.

En cuanto a la bibliografía que sustenta el libro, el autor la discutió a partir de dos ejes: el general en el que revisó estudios acerca de la Iglesia católica universal, encíclicas, obras del catolicismo social, y en contraparte, del liberalismo mexicano y de la historiografía de la Revolución Mexicana. En el eje particular, Eduardo Camacho revisó estudios que atañían directamente a la región de su interés. Examinó además archivos nacionales, regionales y locales, tanto públicos como privados. Se acercó a acervos de la Iglesia y del Estado: visitó el Archivo Histórico de la Secretaría de Educación Pública; el Archivo Histórico de Jalisco; el Archivo Histórico del Arzobispado de Guadalajara; el Archivo Parroquial de Totatiche; el Archivo Parroquial de Chimaltitán; el Archivo Municipal de Villa Guerrero; la Biblioteca Personal de Cristóbal Magallanes; y la sala de exvotos del santuario de El Señor de los Rayos, en Temastián.

En este libro, el autor muestra a la Iglesia católica del Porfiriato y la Revolución. En sus páginas revela las estrategias que esta institución explotó para recuperar el espacio que perdió ante las diferentes leyes que limitaban su participación en la vida terrenal. También desvela cuatro figuras arzobispales: Pedro Loza y Pardavé, Jacinto López, José de Jesús Ortiz y Francisco Orozco y Jiménez. Eduardo Camacho profundiza en las particulares habilidades que cada uno de ellos desdobló para recuperar, fortalecer o mantener la solidez de la Iglesia en la Arquidiócesis de Guadalajara.

Eduardo Camacho retoma la importancia de la variable geográfica; el contexto social, político y económico es inexplicable cuando el medio geográfico está ausente. Dibuja a los curas locales. Las historias de los sacerdotes, en ocasiones estremecedoras, brindan elementos para entender mejor su presencia como “intermediarios entre los hombres y lo divino”. El autor observa muy de cerca el culto público: “los ritos y ceremonias del calendario litúrgico”. Abunda en particular en los afanes de los habitantes de esos pueblos apartados; en sus devociones locales e irremplazables; en los días de guardar, entre otros “rituales”.

Eduardo Camacho muestra al catolicismo social en el ámbito regional. Aquí esboza la presencia del sacerdote Cristóbal Magallanes, quien aseguró el éxito del proyecto de la Iglesia en la parroquia de Totatiche. La autoridad -o quizá deba llamarlo poder- de Magallanes incluyó a las parroquias vecinas. Eduardo Camacho desciende al ámbito local para desde allí explicar las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Así logró detectar las negociaciones y las estrategias de los laicos, sacerdotes y feligreses “con presidentes municipales, jefes políticos, y grupos de ciudadanos liberales o que simpatizaban con la revolución”.

Con este libro, el autor introdujo en las páginas de la historia regional la figura de Cristóbal Magallanes, esto es cierto. Pero engarzó también, en la geografía archivística de la historiografía nacional, fuentes de información antes ignoradas por desconocidas. Esto último es uno de los aportes de Frente al hambre y al obús. Eduardo Camacho colocó también, en el escenario de la investigación académica, a los actores, con todo y matices, de los proyectos del catolicismo social desde el Porfiriato hasta el año justo en que arrancó la Cristiada o contrarrevolución de los católicos antiagraristas mexicanos. Este libro confirma que laicos y feligreses no recibían de forma pasiva los designios de la Iglesia, y señala cómo fue que esa institución negoció con sus feligreses para asentar su proyecto.

1Agustín Yáñez, Al filo del agua (México: Porrúa, 2008) [1947], 48-49.

2Ibid., 48.

3Carlo Ginzburg. “Microhistoria: dos o tres cosas que sé de ella”. Manuscrists (12) (1994): 13-42. Giovanni Levi. “Sobre microhistoria”. En Formas de hacer historia, coord. Peter Burke, 119-143 (Madrid: Alianza, 1993).

4James C. Scott. Los dominados y el arte de la resistencia (México: Era, 2011) [2000].

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