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Relaciones. Estudios de historia y sociedad

versión On-line ISSN 2448-7554versión impresa ISSN 0185-3929

Relac. Estud. hist. soc. vol.38 no.151 Zamora sep. 2017

http://dx.doi.org/10.24901/rehs.v38i151.332 

Sección única

Ritos y milpas en Amatlán de Quetzalcóatl, Tepoztlán, Morelos, México

Rites and Cornfields in Amatlán de Quetzalcóatl, Tepoztlán, Morelos, Mexico

Erika Román Montes de Oca1 

1Universidad Autónoma del Estado de Morelos, kikarome17@hotmail.com

Resumen:

En este trabajo conoceremos la importancia que tienen los ritos, mitos y tradiciones en la continuidad de la producción milpera de Amatlán de Quetzalcóatl. El estudio se llevó a cabo a través de la investigación cualitativa mediante el método etnográfico; asimismo, se hizo de forma cuantitativa, se realizaron 95 encuestas a las familias de la comunidad. En la información obtenida se encontró que los campesinos siguen cultivándola, no por negocio, sino por cultura, identidad, autonomía y, sobre todo, porque es su seguridad alimentaria. Los rituales, mitos y fiestas de la milpa generan vínculos de amistad y disminuyen tensiones de la vida diaria por la convivencia que se genera en estos eventos. Sin embargo, con el paso de los años cada día las familias los realizan con menor frecuencia debido a que su actividad económica ya no sólo es la agricultura, sino ahora dependen de otras fuentes de ingreso.

Palabras clave: identidad; milpa; rituales; mitos; tradiciones

Abstract:

This article discusses the importance of rites, myths and traditions in relation to the continuity of corn production in Amatlán de Quetzalcóatl. The research methodology adopted was qualitative using the ethnographic method, complemented by a quantitative approach that consisted in applying 95 questionnaires to families in the community. The information gathered revealed that these farmers continue cultivating the land, not as a business but, rather, for reasons associated with their cultural identity, autonomy and, above all, alimentary security. The rites, myths, and festivities related to their cornfields generate friendships and help relax the tensions that can arise among community members during daily life. However, as the years pass, families participate in these traditions less and less often because their economic activity no longer centers only on agriculture, but also depends on sources of monetary income.

Keywords: identity; cornfields; rites; myths; traditions

Introducción 1

El maíz ha sido, desde su domesticación hasta la actualidad, el alimento principal para la población mexicana. Existe entre la milpa2 y el humano una relación necesaria para la sobrevivencia de ambos que origina determinados ritos que contienen las creencias, conocimientos, tradiciones, mitos y prácticas religiosas de los productores de la milpa.

Además de que el maíz garantiza la sobrevivencia de los campesinos, es la actividad económica donde se involucra e interactúa la cultura, las relaciones sociales y la organización comunitaria.3 La cultura mantiene un vínculo central y estrecho con el desarrollo humano y con los procesos de formación por los que atraviesa el individuo para incorporarse en su entorno social, mantenerse y recrearse en él.

Algunos de los rituales y festividades, que se llevan a cabo alrededor del ciclo agrícola se continúan efectuando en comunidades campesinas donde el maíz tiene un lugar preponderante, son una forma de cohesión de la comunidad y una forma de identidad de grupo.4

Por lo tanto, el propósito de este trabajo es conocer si los ritos, las tradiciones y las ceremonias que se realizan alrededor de la producción de la milpa son factores importantes en la continuidad de la producción de este cultivo; además, saber si proporcionan identidad y autonomía.

En la comunidad, los campesinos se identifican con la siembra de la milpa, por ello es comprensible la continua vigencia y el sentido que tiene para sus miembros este cultivo.

Según Gilberto Giménez,5 identidad es el

Conjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores, símbolos), a través de los cuales los actores sociales (individuales o colectivos) demarcan sus fronteras y se distinguen de los demás en una situación determinada, todo ello dentro de un espacio históricamente específico y socialmente estructurado.

La identidad es una construcción holística permanente, que no se limita al plano de lo cultural, sino que atraviesa todas las dimensiones de la vida cotidiana. Lla cultura según comenta Patricia Guerrero:6

Son atributos casuales, acontecimientos, modos de conducta, instituciones o procesos sociales; la cultura es un contexto dentro del cual todos esos procesos encuentran significado y significación, que tejen interacciones simbólicas que dan sentido a la vida de los seres humanos y las sociedades.

La cultura, como construcción simbólica de la praxis social, es una realidad objetiva que le ha permitido a un grupo o individuo llegar a ser lo que es. Mientras que la identidad es un discurso que nos permite decir “yo soy o nosotros somos esto”, pero que sólo puede construirse a partir de la cultura. De ahí que cultura e identidad sean conceptos diferentes.

En los sistemas de representaciones simbólicas se encuentran los rasgos diacríticos que forman parte de la memoria colectiva: los sistemas de creencias, los imaginarios, cosmovisiones, los valores, los mitos, los rituales que son elementos referenciales del pasado y del presente, que orientan la formación de la identidad.7

Coincidiendo con los autores, ya que para el caso de Amatlán, se puede decir que la identidad es un concepto polisémico, porque ha pasado por procesos ideológicos del pasado hasta el presente mediante normas, rituales, valores, cosmovisiones, signos, etcétera, basados en relaciones vivenciales que están ligados a su historia y a su herencia cultural. Se expresan en las actividades que realizan cotidianamente, en las celebraciones de sus ceremonias, ritos, fiestas, comidas, tradiciones; en el mismo espacio donde viven porque los habitantes se sienten diferentes a los pobladores de las comunidades circunvecinas.

Muestra de ello son los mitos, ritos y tradiciones relacionados con la producción de la milpa, que se llevan a cabo en la comunidad de estudio, ya que la cultura de este cultivo no se refiere solamente a las semillas y su forma de cultivarlas, sino a una larga lista de diversas dinámicas familiares y comunitarias de siembra, cosecha, intercambio de jornales, preparación de alimentos, celebración de fiestas, mitología, entre otros,8 que han mantenido la persistencia del cultivo. Debido a que la convivencia que se genera en el trabajo de campo, y cuando se realizan los ritos, provoca una conducta comunicativa que ocasiona un intercambio simbólico, material, intelectual, informativo y de reciprocidad. Dicho intercambio propicia mayor aptitud para la resolución de problemas en otros ámbitos de la vida cotidiana, ya que se trata de desarrollar una existencia dinámica en la que se intercambian conocimientos, emociones y bienes materiales.9 Asimismo, estas actividades permiten su supervivencia frente a las transformaciones actuales y dinámicas del mundo actual. En este sentido se han realizado estudios donde los etnólogos han observado que la actividad ceremonial amortigua y mediatiza algunas de las presiones económicas, políticas e ideológicas de la sociedad dominante.10

Esta investigación contempla un análisis de tipo cuantitativo y cualitativo. El método cualitativo utilizado fue la etnografía, cuyos datos, tanto de la información verbal como de la no verbal, consisten en experiencias de los habitantes mediante la observación, para comprender lo que hacen, dicen y piensan sus actores; además, de cómo interpretan su mundo y lo que en él acontece. Fue necesario utilizar las técnicas de la observación participativa, la cual se realizó antes, durante y después de la investigación, se hicieron 10 entrevistas durante el periodo de 2011-2012, también se llevaron a cabo registros fotográficos y visitas de campo en los años de 2010 al 2013. Asimismo, se asistió a algunas fiestas y ceremonias; es decir, que en un periodo de tiempo se estuvo en contacto directo con la comunidad. En el análisis cuantitativo, en el año 2011, se aplicaron 95 encuestas a las familias de la comunidad, las cuales se hicieron casa por casa.

La comunidad

Amatlán de Quetzalcóatl pertenece al municipio de Tepoztlán que se sitúa en el estado de Morelos. Las poblaciones circundantes son: al norte, Santo Domingo Ocotitlán y Tlalnepantla; al oeste, Tepoztlán e lxcatepec; al este, Tlayacapan; y al sur, Yautepec. La comunidad se localiza a quince minutos de la cabecera municipal de Tepoztlán, a treinta minutos de la ciudad de Cuernavaca y a una hora de la ciudad de México.

La principal actividad productiva es la agricultura, 69 % de las familias todavía se dedican a la siembra de la milpa. El cultivo es de temporal, y está destinado principalmente para el autoabasto y una pequeña cantidad (conocida como excedente) para venderlo dentro de la misma comunidad. De las 95 encuestas realizadas a las familias, se obtuvo que 66 continúan con la producción de la milpa para generar alimento y abastecer a la unidad doméstica y a los animales durante aproximadamente un año; en el periodo de secas las familias se incorporan a otras actividades. La mayoría de la población posee escasa tierra, un promedio de 1.10 ha por familia; sin embargo, la dedicación a la siembra de la milpa habla de la decisión de mantener, al menos, la posibilidad de alimentarse con cosechas propias.11 El promedio de cosecha es de 2 t. Así, cada familia logra obtener una cantidad suficiente para la alimentación de todos los integrantes de la familia y de los animales domésticos. En caso de que la producción no cubra el consumo necesario de maíz, el jefe de familia12 lo compra a sus familiares o vecinos que cultivan cantidades mayores. Las familias que ya no siembran la milpa, compran el maíz a los mismos campesinos de la comunidad o compran las tortillas hechas a mano en los puestos de la comunidad o en la tortillería.

Por lo anterior y en relación con los cuestionarios realizados en la comunidad se puede observar que la gente siembra el maíz que consume, en el año 2010 se tuvo una cosecha de 121.70 t y el consumo per cápita anual según SIAP-SAGARPA13 es de 123 kg en México. De las 345 personas consideradas en las unidades familiares encuestadas se calcula un consumo de 42.44 t de maíz aproximadamente, gracias a esto los habitantes aún pueden seguir consumiendo grano cultivado en su vida diaria. Los señores mayores de 41 años de edad son, principalmente, quienes siembran la milpa. Los hombres y mujeres de entre 15 y 40 años se dedican primordialmente al trabajo no agrícola; son los adultos quienes todavía están interesados en este cultivo, cada vez menos jóvenes prefieren continuar con el trabajo de campo, debido a que no hay buen precio en el mercado; sin embargo, no lo han abandonado por considerarlo necesario para el autoabasto y por tener un significado especial en su vida, en su identidad. El campesino pertenece a una sociedad que tiene una cultura propia, donde la familia es la unidad fundamental de análisis y que, en comparación con la economía de mercado, tiene un comportamiento económico que está al margen de la lógica del capitalismo. Ya que su lógica no consiste en ganar, sino que el comportamiento económico de los campesinos sólo se puede entender en términos de sus formas de vida y valores.

La comunidad es un pueblo indígena que se encuentra a 80 km de una de las ciudades más importantes del mundo, sometida a diversas presiones de aculturación, tanto a nivel nacional como local. Hoy son cada vez más visibles las transformaciones económicas y espaciales con una tendencia urbanizadora. No obstante, dichas transformaciones aún no alteran, de manera general, aspectos culturales, como: el trabajo colectivo, la organización familiar, la producción de la milpa, etcétera. Éstos siguen siendo elementos primordiales en las relaciones familiares y comunitarias. En coincidencia con Corona y Pérez, quienes mencionan que aun cuando la comunidad ha adaptado nuevos comportamientos a su perfil cultural, al asimilar los cambios tecnológicos y sobrevivir con sus relaciones de producción e intercambio capitalista, la lógica cultural del poblado se arraiga fuertemente en una organización comunitaria, que alude a una cosmovisión particular que exige relaciones de intercambio muy distintas de la lógica urbana. Este reclamo de reafirmar los modos propios de existencia se expresa al momento que los pueblos se ven amenazados en su cultura y sus valores por la imposición forzada de proyectos de modernización.14

Por ello, los campesinos que aún siembran siguen trabajando en la selección de su semilla y guardando ese recurso tan preciado para ellos, por dos razones principalmente: una, para tener que comer durante todo un año; otra por tradición, como parte de las creencias y actividades que han venido realizando a lo largo de su historia; por ejemplo, mediante los rituales.

Ya que los rituales permiten a cada sociedad expresar un respeto ante lo sagrado, establecer una continuidad en el tiempo, imprimir una lógica cultural al conjunto de momentos que marcan la vida social, a la propia existencia del grupo y, de esta manera, establecer un sentido histórico.15 Asimismo, la tradición se concibe como los patrones culturales que una o varias generaciones heredan de las anteriores y por estimarlos valiosos los trasmite a las siguientes. El cambio social altera el conjunto de elementos que forman parte de las tradiciones. Se considera tradición a los valores, creencias, costumbres y formas de expresión artística característicos de una comunidad, en especial, aquellos que se transmiten por vía oral.

Los conocimientos de los mitos, rituales y tradiciones se trasmiten a través de símbolos que se expresan por medio de normas, valores sociales y formas de conducta.16 Por eso, para los campesinos de Amatlán, el respeto al cultivo de la milpa ha sido tan significativo: muestra de ello es que las creencias y los ritos sobre la milpa constituyen la matriz, el eje de su religiosidad, de ahí que los comportamientos y prácticas religiosas impregnen la vida social del grupo como parte esencial de su universo simbólico.17 Lo cual explica la “terquedad” del campesino de sembrar maíz criollo,18 aun cuando los paradigmas de la modernidad y del progreso indican que es más fácil comprarlo que producirlo.19

Por otro lado, el mito como producto social ha surgido de fuentes diversas e innumerables, cargado de funciones, persistente en el tiempo pero no inmune a éste; es decir, su estructura permanece aunque cambie su forma, y como todo producto social adquiere su verdadera dimensión cuando es referida a la sociedad en su conjunto.20 Los mitos tienen la naturaleza de símbolo que, por poseer cierto grado de convencionalidad, son productos sociales. Se acepta también que el mito es una manera de representar el inconsciente colectivo cuya función esencial es expresar y mantener la solidaridad del grupo. Es decir, el mito alude a un acontecimiento pasado donde sucedió algo, es un fragmento del comportamiento verbal tradicional, ya que una tradición oral contiene información normativa, rasgos estructurales de la cosmología, los cuales aparecen en el contenido y la organización de dicha tradición.21 Ejemplo de ello es el mito del nacimiento del maíz en la comunidad de estudio.

Los mitos relacionados con el cultivo del maíz

Los mitos forman parte fundamental de una comunidad: son un motivo más que les da identidad y persistencia, porque son relatos que se conciben como un complejo de creencias, como una forma de captar y expresar un tipo específico de realidad, como un sistema lógico o como una forma de discurso. El mito en la producción de la milpa ha estado presente desde su creación, se dice que los hombres estamos hechos de maíz, no sólo es el constituyente del cuerpo y del espíritu del hombre de maíz que le confiere su naturaleza humana, es también la representación del Dios creador, del que mantiene el orden del cosmos.22

En Amatlán de Quetzalcóatl, muchos ritos y tradiciones giran alrededor de la milpa, ya sea en relación con las acciones ambientales o productivas. Desde la época prehispánica este cultivo ha sido parte fundamental en la alimentación, la salud, la visión del cosmos y en su vivir cotidiano, por lo tanto, se ha mantenido a pesar de las imposiciones españolas y modernas.

Este cultivo es y fue muy importante en la vida del mexicano, tanto es así, que en la historia de los mayas está contemplado que los humanos estamos hechos de maíz. La vida cotidiana se envuelve en el ritual agrícola, de ello depende el quehacer del hogar o de otras actividades extraagrícolas.

Amatlán tiene su propia historia, donde se cree que en ese lugar nació Quetzalcóatl, y fue allí donde dio sus primeros pasos. Según la antropóloga Carmen Cook, en el año Ce-Acatl, Uno caña, 843 d.C., nació Topiltzin, en Amatlán, en el sitio que se nombra Michatlahco, lugar de peces, allí donde sembraron su nombre.23 Sin duda alguna, para los amatlecos es significativo saber que ese personaje forma parte importante de la historia de los pobladores, ya que además de haber nacido allí, se cree que gracias a él nació el maíz. Así como en la cultura maya, los huicholes, los pobladores de Huastecapan, y otras culturas que plantean que en su lugar de origen nació el maíz, los habitantes de la comunidad estudiada tienen su propio mito sobre la creación de este grano, por lo tanto, es necesario considerar que a pesar de estar en lugares diferentes y de tener lenguas distintas, el significado mitológico y la simbología son similares. La gente sabe que existe y que no tiene una explicación científica, y que cada vez se va cambiando la esencia del mismo; sin embargo, lo consideran como parte de su pertenencia, ya que este permite la persistencia de representaciones, ideas y ritos que hacen que el sistema de la milpa continúe cultivándose hasta nuestros días, así como la reproducción de los campesinos. De las entrevistas realizadas, 80 % sabe que ahí nació el maíz, gracias a Quetzalcóatl, quien pudo entrar a la cueva y obtener las semillas, como se presenta en el documento escrito por Alvarado.24

Quizá los entrevistados no conocen la historia como se presenta en el documento, pero saben que en el Cerro de la Puerta25 existe el tesoro que permitió que la gente de la comunidad se alimentara y terminara la hambruna. Se dice que cada año nuevo de la época prehispánica, se abre el cerro a cierta hora de la noche y quien tenga suerte de encontrarlo abierto, tienen la oportunidad de sacar las semillas que se encuentran adentro (que son las que se siembran en la milpa: maíz, frijol, semilla de calabaza y chile, principalmente), para poder seguir cultivándolas. Además, se comenta que existe un tesoro y quien logre salir del cerro lo hará al siguiente año nuevo y podrá disfrutar de lo que haya encontrado.

Como comentan los entrevistados:

Una vez tuve un sueño, apenas la semana pasada y le platiqué a Lety [su hija], que estaba afuera del Cerro de la Puerta y que se abría, entonces miré y se veía mucho brillo, yo digo que era como oro porque estaba muy resplandeciente, que entraba y que veía muchas jarras y trastes de oro, pero que las dejé y mejor salí.26

De las personas encuestadas, 90 % conoce la historia del Cerro de la Puerta, la cual es contada a los turistas que visitan la comunidad, y quieren conocer sus historias.

La puerta del cerro se abre nada más el último día del año nuevo, y se vuelve a cerrar casi enseguida, decían los abuelos que si alguien llegara a entrar, sentiría como si hubiera estado solo un ratito; pero al salir, si saliera, ha pasado un año o más, también decían que las personas que han logrado entrar enseguidita se mueren. Una vez vinieron unos extranjeros y de repente perdieron a su amigo, lo buscaron y como no lo encontraron se fueron, después de dos o tres años dicen que el extranjero apareció y dijo que había estado en la puerta un rato y que había visto un inmenso tesoro, después se fue y ya nunca se supo de él.27

Otro mito que existe y que 75 % de la encuestas realizadas dicen tener conocimiento de éste, es el Tlahcalli, se presenta al principio de cada temporada de lluvias, la gente de este pueblo siempre está al pendiente de la señal de la luz roja (es un color rojo que aparece en las nubes), esperan verla por la tarde o noche. Cada año varía la posición de la aparición de esta luz, dependiendo del lugar donde se encuentre se sabrá si anuncia buen o mal temporal. Por ejemplo: si aparece en el cerro llamado Xochiatlahco o Cuahutzin habrá buen temporal; pero si aparece en Meztliimanca, Cazaltepec o Tecoloatlahco es señal de mal tiempo.

Así lo manifiesta un campesino de la comunidad:

Empieza el temporal, ya empiezan las nubes, ahí está y ya es el tiempo, en las noches se está quemando y se ve que sube un resplandor rojo que se prende y se apaga y luego vuelve a prender y se apaga y nomás de momento vuelve a aparecer ese resplandor rojo, es el que le llamamos el Tlahcalli, cuando ya dicen que los aires andan quemando la hierba mala para que nazca la buena, porque ya se acerca el temporal, y hay que limpiar el terreno entonces decían mis abuelos que deberíamos empezar a limpiar el terreno.28

Los mitos en la comunidad resaltan que la milpa cobra mayor importancia, ya que está sostenida por procesos identitarios que se encuentran cimentados en actividades básicas y cotidianas, como el hecho de que los campesinos con su trabajo proporcionan seguridad alimentaria y diversas oportunidades de consumo. Lo que implica vivir no simplemente como una cuestión cognitiva, sino como valor o, mejor, como “modelo cultural” susceptible de adhesión colectiva, para lo cual se le incorpora a un conjunto determinado de rituales, prácticas y artefactos culturales.29 Para Dumézil,30 el mito constituye una fuerza; no se trata de una explicación intelectual de una expresión artística, expresa la ideología de la sociedad, al mantener los valores que reconoce y sus ideales, su ser y su estructura misma; justifica las reglas y las prácticas tradicionales.

Planteamientos teóricos factibles para el caso de Amatlán, porque esto se ha conocido de generación en generación, le dan sentido a la existencia de pertenecer a una comunidad, y como consecuencia formar parte de una sociedad con valores y tradiciones. Por esta razón, la mayoría de las familias encuestadas continúan con la siembra de la milpa, porque consideran que es un legado de los dioses y que deben cuidarla y honrarla para garantizar la sobrevivencia; es la actividad económica donde se invierte el trabajo humano y se refuerzan relaciones, gracias a la convivencia de la familia durante las actividades en la producción, pero, sobre todo, es su alimento, su seguridad ante las inclemencias de la vida.

Por esto, los campesinos de Amatlán consideran necesario el continuar cada ciclo agrícola con la siembra de la milpa, y comentan que no se ven a sí mismos viviendo sin sembrar, aunque sea una pequeña cantidad.

Rituales

Uno de los aspectos que adquirió mayor relevancia en los nahuas lo constituyó sin duda el ritual. Era el medio por el cual el hombre expresaba de manera tangible su riqueza espiritual y entraba en contacto con el mundo sagrado, con los dioses y con aquello considerado sobrenatural; se buscaba, ganarse la voluntad de las deidades naturales en beneficio de los seres humanos, y a su vez el rito se ofrecía para obtener buenos designios divinos sobre el mundo.

En Mesoamérica la cosmovisión se fue construyendo durante milenios en torno a la producción agrícola; en esta región se desarrolló una tradición concreta caracterizada por ser producto de sociedades cultivadoras de maíz que vivieron interrelacionadas desde épocas muy tempranas […] En esta gran área cultural se desarrollaron una serie de ideas, creencias, mitos y rituales que se han mantenido por muchos siglos, principalmente por medio de la tradición oral.31

Los elementos tradicionales de la cosmovisión y los cultos a la naturaleza y a la fertilidad agrícola siguen correspondiendo con las condiciones naturales de existencia de las comunidades, lo cual hace comprender su continua vigencia aunque modificada. La lógica campesina actual descansa sobre la base de un sistema de valores, representándolo en diversos, ritos, creencias, fiestas, entre otros; por medio de los cuales agradecen a los montes, a la tierra y a los dioses guardianes del universo, sus bondades para el trabajo y los alimentos que obtienen de ella.

En Amatlán, los rituales agrícolas se realizan en diferentes tiempos del ciclo productivo de la milpa: antes de la siembra, durante el desarrollo de las plantas, en la cosecha o cuando hay escasez de agua. La finalidad es pedir por una buena producción, por una buena época de lluvias, por obtener cosechas abundantes, para agradecer los frutos otorgados por la madre tierra, entre otros; con el propósito de retribuir a los entes divinos de la naturaleza lo que les han dado.

A continuación se mencionan los principales ritos que se llevan a cabo en la comunidad.

Petición de lluvias

En la actualidad, todavía algunas familias de la comunidad llevan a cabo rituales para pedir agua. Esta solicitud se realizaba desde la época prehispánica, con el fin de mantener a los dioses en armonía y mandaran el agua necesaria para obtener cosechas productivas. Las prácticas ceremoniales se orientan en mantener los equilibrios necesarios entre el cielo y la tierra; las pertinentes relaciones entre los hombres y los dioses; la nivelación de la balanza del bien y del mal.32

No obstante se dice que el ritual de petición de lluvias fue y es muy importante, ya que la base principal de sustento en las comunidades rurales es la agricultura de temporal, por lo tanto, es necesaria el agua para que haya abundantes cosechas, razón por la que algunos pobladores de la comunidad continúan llevando a cabo este rito. De acuerdo con Broda,33 quien comenta que “el ritual establece el vínculo entre los conceptos abstractos de la cosmovisión y los actores humanos e implica una activa participación social […] reside en que éste proyecta la vida colectiva, actuación y cohesión comunitaria e incide en la reproducción de la sociedad y de la identidad grupal”.

En Amatlán se tiene la creencia de que la petición de lluvias se realiza cuando el temporal es escaso y cuando a algún agricultor (granicero) se le manifiesta en el sueño una divinidad diciéndole lo que debe hacer para mejorar el periodo de lluvias.

A pesar de que algunas familias continúan con la tradición, cada día son menos las que lo realizan, sin embargo, esto no significa que no lo consideren importante, sino que el trabajo de los habitantes ha ido cambiando y ya no sólo viven de la agricultura, sino de otras actividades como empleados o la formación de negocios propios. Los abuelos ya no tienen la misma fuerza para subir a los cerros, por lo que este evento se lleva a cabo cada vez con menor frecuencia; no obstante, siguen creyendo en el ritual y aún lo ven con respeto porque creen en la energía de la naturaleza.

Este rito se inicia en el cerro más alto de la comunidad que es el Cuauhtzin, donde se realiza una meditación invocando a los cuatro puntos cardinales; se ofrenda copal, la música del tambor y el sonido del caracol y se efectúa un canto que conocen los graniceros (los agricultores que conocen las oraciones y métodos para pedir la lluvia). Esta ofrenda se brinda primero al oriente, luego al poniente (lugar de la tierra), luego hacia el norte (lugar del aire) y hacia abajo (lugar del agua). Se prenden veladoras en los cuatro puntos cardinales; se da vuelta haciendo un giro de 360º; se conectan las personas con la energía para tener agua durante la producción de la milpa.

A continuación se plasma el comentario de una persona que vive en la comunidad y que es considerado granicero:

Es necesario ir a pedir, eso ayuda a que se ablande el cosmos y ablande el agua. Se pide cuando nos lo piden, por medio de sueños llega el mensaje. El año pasado me llegó un mensaje que tenía que ir al cerro Cuauhtzin, pero atrás del otro lado pegado al cerro, entonces me llegó un mensaje que tenía que estar en el cerro alto por San José de los Laureles que tienen pinturas rupestres, estaba yo soñando que estaba en esa parte pero cuando yo me iba bajando llevaba un estandarte de San Miguel Arcángel, y cuando vi que el agua ya venía encontrándome y así como me llegó el sueño, así sucedió cuando fuimos con Berna (su esposa), Pilar y Pancho (sus hijos). Estábamos haciendo la invocación y pidiendo a los cuatro rumbos el agua, cuando antes de terminar empezamos a sentir el airecito helado helado, y le dije a Berna ¡ya viene el agua, eh!, y vi que ya se había asomado en esta parte de arriba de Tlalnepantla y veía que del Popocatépetl estaba saliendo la otra parte, y le digo hay que apurarnos a terminar porque el agua ya está cerca ¡eh! Acabamos de bajar, agarramos el coche y cuando bajamos de San José el agua nos encontró, y le dije, ¡mira! el sueño salió real.34

El comentario del agricultor antes mencionado coincide con el descubrimiento de la cueva de Chimalacatepec en San Juan Tlacotenco, Tepoztlán, Morelos. 35

A pesar de que han pasado cientos de años y que este rito se ha ido aprendiendo por la herencia de los abuelos, se puede observar que se mantiene vivo, ya que a partir de la conquista, el culto a los cerros se ha articulado con la religión católica, cuyas fiestas públicas giran alrededor de la veneración de los santos, como es el caso del Arcángel San Miguel en la petición de lluvia, ya que la gente de la comunidad cree en la energía de la naturaleza, pero dice que requieren de un santo para que intervenga en la solicitud de un buen temporal.

A mí me gusta ir con mi papá al cerro, veo como hace la ceremonia y estoy empezando a aprender, me gusta hacerlo porque creo en la energía de los cerros para mandar el agua, porque cada año que vamos con mi papá empieza a llover.36

Mediante el ritual de petición de lluvias, la comunidad refuerza su identidad y su reproducción cultural. Estas actividades se desarrollan en un marco de comunicación, respeto y transmisión del conocimiento.

Antes yo iba cada año al cerro para hacer la petición de lluvias, nos íbamos varios señores y con todas nuestras familias, ahí rezábamos, incensábamos, prendíamos velas y tocábamos en caracol, después de la ceremonia comíamos y compartíamos nuestros alimentos; pero ahora me duelen las rodillas y ya no puedo caminar bien, imagínate, menos subir, por eso ya no voy, y ahora los jóvenes no tienen tiempo y algunos ya no saben cómo hacerlo, son pocos quienes todavía van, por ejemplo, creo que don Norber todavía va con su familia y los Ramírez.37

Se dice que hace cuarenta años estos ritos eran algo común entre la gente de la comunidad y que se organizaban para subir a los cerros y realizar esta petición. Para los amatlecos este ritual es importante, porque para ellos las montañas son sagradas y se conciben como deidades atmosféricas, los cerros tienen un papel importante en el ciclo hidrológico, ya que son necesarios en la formación de las nubes cargadoras de la lluvia;38 sin embargo, cada vez se llevan a cabo menos, ya que la comunidad con el paso de los años poco a poco ha dejado de ser agrícola, pero persisten las creencias y algunas prácticas culturales, principalmente, de quienes aún siembran con la intención de obtener buenas cosechas; porque la milpa se concibe dentro de una estrategia de sobrevivencia de las familias de las comunidades rurales mediante la cual, junto con otros productos asociados al cultivo y actividades alternas, obtienen la complementación de objetivos de seguridad y de ganancia. Las transformaciones y modificaciones de las estructuras sociales y económicas forman parte de un proceso estructural, temporal y permanente. Las sociedades, tal como se conocen actualmente, son el producto de un proceso constante de transformación social en el cual están involucrados un sinnúmero de factores. Los cambios de Amatlán están relacionados con procesos de modernización comunitaria, familiar o agrícola. Es decir, tanto los espacios familiares co