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Relaciones (Zamora)

versão impressa ISSN 0185-3929

Relaciones (Zamora) vol.31 no.121 Zamora  2010

 

Presentación. Crisis de subsistencia al final de la Colonia

 

Herón Pérez Martínez

 

Relaciones dedica su número 121 a las crisis de subsistencia al final de la Colonia. La vida no se desarrolla sin riesgos de todas clases que envuelven inquietudes, temores, terrores, miedos y angustias a los seres humanos. Las crisis a las que se refieren los artículos que conforman este número son momentos especiales en que la vida cambia sus rumbos obligada por mantos envolventes de violencias atmosféricas, de tierra, de clima, de salud o de convivencia. Las crisis, según la etimología de la palabra, son momentos decisivos, situaciones inesperadas en que las cosas de la vida llegan a puntos definitivos y definitorios, en donde los caminos se separan y las continuidades de la cotidianidad se cortan. La palabra crisis, del indoeuropeo skeri, evoca "corte", "separación" y conduce al juicio irreversible que define las encrucijadas. El confort que va trayendo la civilización y que suele ser interpretado como progreso, consiste, a grandes rasgos, tanto en una racionalización de este poderoso mundo de las calamidades y de las fuerzas superiores que se ciernen sobre los humanos, como en el desentrañamiento de las leyes de la naturaleza en que se ha hecho consistir a la ciencia. Si el hombre del neolítico personifica todos los fenómenos atmosféricos y climáticos convirtiendo en dioses a las poderosas fuerzas de la naturaleza para poder conjurarlas, aplacarlas y congraciarse con ellas, como una manera de protegerse, el hombre novohispano, ya más racional, tiene un temor idéntico al de aquel hombre primitivo: se siente invadido de la misma angustia ante las calamidades de cualquier tipo como los terremotos, las epidemias, las tempestades, las sequías y las consiguientes hambres que llenan de tal temor a la gente que, como lo hizo al principio, sigue transportando su cotidianidad hasta los cielos y su mundo al de los mismos dioses encendiendo su espíritu religioso con una serie de prácticas inmediatas dotadas no sólo de un simbolismo directo sino de poderes apotropaicos con los que intenta conjurar, con el más puro y natural ritualismo, la ira de los dioses expresada en los cataclismos. Así se comporta el hombre de todas las edades, crea sus mitos transportando sus peligros al cielo, creando olimpos y poniendo a sus dioses a luchar por él y a defenderlo. La mitología de todas las culturas nace de estas personificaciones. Y la actitud de la gente acosada por peligros que no puede combatir va de la oración a la diversión, como documenta la circunstancia que inspiró al Decamerón de Boccaccio. Es que en el espíritu de la gente, calan de la misma manera los efectos de una epidemia, que los de un terremoto, un ciclón, una tempestad o un volcán: provocan el mismo terror ciego en la gente de hoy que el que provocaban hace miles de años en nuestros antepasados sus cataclismos. Los paralizan y ponen en crisis su vida cotidiana llenándola de inseguridad y afinando hasta el extremo su toma de decisiones. De esas crisis, a fines del México colonial, trata este número.

El primer artículo, de Sara Ortelli, titulado "Crisis de subsistencia y robo de ganado en el Septentrión novohispano: San José del Parral (1770-1790)", aborda junto con la sequía, la hambruna y la mortalidad en San José del Parral, el robo de ganado por parte de los apaches y de varias bandas y grupos multiétnicos en el septentrión novohispano del siglo XVIII. El artículo identifica los momentos en los que la documentación permite evidenciar la intensificación de la actividad en la provincia de Nueva Vizcaya, y trata de establecer las relaciones entre este incremento del robo con los ciclos productivos agrícolas y mineros, las crisis de subsistencia, la incidencia de las sequías, la presencia de epidemias y las crisis de mortalidad. El análisis, que se realiza para el caso del Real de San José del Parral y su jurisdicción, durante las dos décadas comprendidas entre 1770 y 1790, presenta una manera de documentar hechos aparentemente atribuibles a las fuerzas ciegas de la naturaleza.

El artículo relaciona la curva de mortalidad entre 1770 y 1790, la incidencia de los ciclos productivos agrícola y minero, y los avatares del clima, para trata de evaluar la correspondencia con lo momentos en que se incrementaba la actividad de robo de ganado. En un análisis posterior debemos profundizar el tema de las epidemias para caso de San José del Parral, para evaluar cuál fue su incidencia en el comportamiento demográfico del real. Lo que parece quedar claro, dice la autora, es que a la importante crisis de subsistencia reconocida por la historiografía para mediados de la década de 1780, precede en nuestro caso de estudio un incremento de la mortalidad que se produce unos años antes -en 1779-1780- que con 241 y 270 muertos respectivamente, son los años que registran mayor cantidad de entierros en las dos décadas que analizamos. En los años 1778 y 1779 se registran, en efecto, para la Nueva España epidemias de viruela, y de viruela y sarampión. Las referencias indican que la viruela habría atacado en Parral durante 1780 en los meses de mayo y junio. No hemos hallado datos cualitativos, dice la autora, que nos indiquen si el incremento en el número de entierros en esos años en Parral fue producto de la presencia de dichas epidemias en esas latitudes. Tampoco lo mencionan los registros parroquiales, que sólo en escasas ocasiones apuntan las causas de muerte; pero, seguramente así fue. Sobre esta población ya debilitada, se desplegó la crisis de mediados de siglo, cuya incidencia en las tasas de mortalidad se extienden en Parral hasta 1787.

En el segundo artículo, David Carbajal López con su artículo "Los años del hambre en Bolaños (1785-1786). Conflictos mineros, escasez de maíz y sobremortalidad", se propone explicar la sobremortalidad registrada en el Real de Bolaños durante los años del hambre de 1785-1786, en un contexto caracterizado por la existencia de conflictos mineros locales y por la escasez de maíz que afectó a buena parte del centro-occidente de la Nueva España. Además de estudiar a las víctimas de esta crisis de subsistencia tanto desde la perspectiva de conteos globales como mediante el acercamiento a los muertos con nombre y apellido. Para el autor, las crisis agrícolas derivadas de sequías y heladas, así como la escasez, especulación y carestía de maíz, junto con conflictos sociales, desplazamientos migratorios, hambre, enfermedades y sobre-mortalidad que afectaron de manera diferenciada a una amplia parte del territorio y población novohispana durante los años de 1785-1786, son fenómenos que no han pasado desapercibidos en la historiografía del periodo colonial tardío, y que además han sido estudiados desde distintas perspectivas. En este escenario, advertimos por lo menos tres posturas en torno a la causalidad e impacto que tuvieron las crisis agrícolas en la alimentación, enfermedades y mortalidad de la población: las crisis agrícolas son la causa de las enfermedades epidémicas; la alimentación no desempeña un papel central en la presencia recurrente de epidemias; las crisis agrícolas y sus consecuencias -escasez y carestía del maíz- pueden coincidir o no con la propagación de los agentes patógenos o favorecer su desarrollo. La conclusión a la que llega el autor es que, con base en el recuento global de las víctimas y en el acercamiento a las familias que perdieron a algunos de sus miembros, es que el hambre por sí misma no explica el incremento en el número de muertes registrado en la localidad, pero si creó condiciones propicias para que algunas enfermedades contagiosas, presentes en la epidemia, afectasen principalmente a la población adulta sin distinción de nivel económico o acceso a los alimentos; pues quedó documentada la existencia de varios casos, en los que miembros de la elite local fueron víctimas de los agentes patógenos.

En el tercer artículo, "El impacto de la crisis en dos parroquias rurales y el movimiento de población, 1785-1787", Celina Becerra Jiménez analiza el impacto de la crisis de 1784-1787 en la región de lo que actualmente conocemos como Altos de Jalisco. La autora hurga en los registros parroquiales de dos iglesias representativas de esa zona (Santa María de los Lagos y Jalostotitlán) y muestra que como consecuencia de la crisis, los pobladores de los lugares aislados, sobre todo del mundo rural, buscaban instalarse en las ciudades para tratar de asegurarse las garantías necesarias para resistir a una crisis alimentaria y sanitaria.

El artículo concluye que los movimientos migratorios, acelerados por las crisis demográficas, pueden atenuar o agravar los efectos de las sobremortalidades, de aquí la importancia de su estudio en las pocas fuentes disponibles y de profundizar en el análisis. Para el caso de las dos parroquias analizadas se encontró que los pueblos de indios resultaron severamente castigados durante el bienio fatal de 1785-1786, no solamente por las bajas causadas directamente por una mortalidad que alcanzó los niveles más altos de todo el siglo y afectó tanto a adultos como a párvulos, sino también por la salida de efectivos en busca de ayuda hacia otros lugares. No se puede suponer que la recuperación llegara rápidamente tras este doble impacto. Los testimonios sugieren que el "año del hambre" podría representar el inicio de una corriente migratoria de la población de la zona sur de la meseta alteña hacia Guadalajara que tendrá que explorarse si terminó con la desaparición de la epidemia y la escasez de granos.

Cierra la sección temática de este número de Relaciones con el artículo de America Molina del Villar "Santa María de Guadalupe, Atlacomulco ante los aciagos años de principios del siglo XIX: conflictos locales, crisis agrícolas y epidemia, 1809-1814" en el que analiza el impacto de la crisis agrícola de 1809-1811 y de la epidemia de tifo de 1813-1814 en la curva general de entierros, bautizos y matrimonios de la parroquia de Atlacomulco. La investigación hace ver que se trataron de eventos independientes y con efectos diferenciados en la población. Y muestra que el tifo causó el mayor número de muertos.

A estas conclusiones llega el artículo que se había propuesto indagar la supuesta relación que se ha establecido entre crisis de subsistencia, hambre y surgimiento de epidemias a partir de la variable demográfica a fin de explorar hasta qué punto las repercusiones de estos fenómenos tienen un impacto inmediato en el número de entierros, bautizos y matrimonios de la parroquia de Atlacomulco. Tenía igualmente el propósito de opinar sobre el debate historiográfico en torno a la vinculación entre crisis de subsistencia, hambre y surgimiento de epidemias. Y, finalmente, de vincular estas coyunturas de crisis con el conflicto de tierras, antecedente importante de la revuelta local de 1810. El artículo muestra que estos problemas siguieron a las crisis agrícolas en 1809 y a la epidemia de tifo de 1813-1814. Al parecer, sin embargo, el primer fenómeno no fue tan severo. En cambio, la epidemia de tifo sí tuvo un mayor impacto, ya que además de las muertes disminuyeron los bautizos y matrimonios. El artículo concluye que la década de 1810 fue un periodo aciago para Atlacomulco. Además de la revuelta local y del movimiento insurgente, la población padeció otro terrible flagelo, la epidemia de tifo de 1813-1814 que envió a la tumba a miles de personas. La aparición de esta epidemia es un indicio más de la pobreza y deterioro en las condiciones de vida de la población, que vino a sumarse a los conflictos y guerra de la década de 1810.

En el documento, Elizabeth Araiza Hernández presenta su transcripción y traducción de la conferencia intitulada "Acerca de las relaciones entre la mitología y el ritual" que Claude Lévi-Strauss impartió el 26 de mayo de 1956 a la Sociedad Francesa de Filosofía. También incluye la transcripción del interesante debate que con ocasión de esta conferencia sostuvieron académicos que hoy reconocemos como grandes pensadores del siglo XX: Merleau-Ponty, Michel Leiris, Louis Dumont, Alfred Métraux y Jacques Lacan. La minuta en que se transcribe la exposición de Lévi-Strauss y el conjunto de las intervenciones fue publicada, en francés, en el Boletín de la Sociedad Francesa de Filosofía, 50(3), 1956. Recientemente, las ediciones Armand Colin pusieron en línea una versión corregida de dicha minuta en la página de Internet de la misma Sociedad, en la sección "conferencias". Sin embargo, el lector de habla española sólo podía acceder a un extracto de la conferencia y a un fragmento de la discusión. En efecto, el segmento relativo a la intervención de La-can y la respuesta de Lévi-Strauss está siendo difundido en varias páginas de internet, bajo el título "El significante de lo imposible" o bien "Lacan dialoga con Lévi-Strauss". Este segmento a su vez forma parte del libro de Lacan El mito individual del neurótico publicación reciente de la editorial Paidos.

El documento muestra como a pesar de la difusión de que ha gozado la obra de Levi Strauss, aún quedan cosas importantes por ser publicadas al menos para el público de habla española. La editora parte de varios postulados que justifican la publicación de este importante documento: en primer lugar, porque el documento que aquí se presenta es inédito en español: la conferencia, en efecto, en su versión integral y sobre todo la interesantísima discusión que generó entre los asistentes permanecía inaccesible al lector de habla española. En segundo lugar, porque nunca está de más volver a los autores clásicos, pues de ellos obtendremos siempre nuevos aprendizajes, y de los debates que ellos fomentaron despejaremos continuamente elementos de reflexión para nutrir las discusiones actuales. En tercer lugar, el énfasis insistente en sus contribuciones al estudio de la mitología ha conducido a socavar los aportes que hizo al conocimiento del ritual. A la luz del documento que aquí presentamos tendrían que relativizarse algunos de los supuestos comúnmente aceptados, relativos al lugar central comúnmente asignado al mito.

Inicia la sección general, el artículo de Mariana Terán Fuentes "Relatos de la lealtad. Zacatecas: de la fortaleza amurallada por sus vasallos a la ciudad republicana" donde expone los usos de la historia por actores e instituciones de la ciudad de Zacatecas para la legitimidad de la forma de gobierno monárquica. Se analizan las mutaciones en el orden de los relatos de la historia que se dieron durante el tránsito del antiguo régimen monárquico, la formación del primer imperio mexicano y los primeros años de la república. El artículo se fija como propósito analizar algunas de las expresiones culturales que dieron cuerpo a los imaginarios monárquicos español y mexicano a través de la propagación de historias de la lealtad. En particular, se interesa por explicar las narrativas históricas que sustentaron la lealtad al monarca español, la lealtad al imperio del Anáhuac y los primeros signos de lealtad a la naciente república mexicana. Cuáles fueron los nudos que armaron historias coherentes (relatos de lealtad) en las que se apoyó la construcción de la legitimidad. Trata, en suma, de explicar que las rupturas y continuidades de la lealtad en el plano de la manifestación (discursos y rituales) estuvieron enraizadas en una tradición de larga duración que explica no la invención de nuevos símbolos y lenguajes, sino su resemiotización y los consiguientes procesos de reinterpretación. El artículo responde mediante el análisis y exploración de estos discursos de distinta índole a la pregunta central de cómo se resemiotizó y se reinterpretó el relato histórico de lealtad en el periodo de tránsito del sistema monárquico hispano a los primeros años de vida independiente nacional. No se interesa, pues, tanto en saber lo que se entiende por lealtad, sino en retomar y reinterpretar los usos narrativos que se formularon, de acuerdo con una nueva hermenéutica, ateniéndose a las prácticas culturales habituales para refrendar esa lealtad. El periodo de transición del antiguo orden al republicano permite no sólo comparar los relatos de lealtad y establecer esas rupturas y continuidades que todo imaginario compartido presupone, sino valorar los basamentos de la formación de lenguajes políticos que apremiaron marcos de legitimidad.

El número termina con el artículo de Patricia Moctezuma Yano, "El oficio alfarero de Tlayacapan, Morelos: un legado familiar de saberes técnicos y organizativos" que explora una tradición ocupacional que perdura en el tiempo y en la memoria colectiva de sus creadores por diversos factores. En la alfarería de Tlayacapan sobresalen dos de esos factores. Por una parte, la importancia de ciertas normas relativas a la organización social, como residencia, descendencia y sucesión, en el aprendizaje y continuidad de esta artesanía. Y la otra, entrelazado con lo anterior, se refiere a todos los cambios técnicos y laborales provocados por el desarrollo que ha tenido un nuevo rubro cerámico: las figuras de ornato. Así, hoy en día coexisten los enseres tradicionales con estas piezas decorativas, y como tipos cerámicos ofrecen a los artesanos formas distintas de preservar y desarrollar su oficio.

No obstante las diferencias de opciones que la investigación reveló sobre las variantes en los tipos de cerámica, se puede decir que los alfareros que trabajan las figuras para hacer frente a las demandas del exterior les gusta mostrar la autenticidad de los enseres de barro como "típico de Tlayacapan". En tanto que los productores de enseres domésticos no dejan de reconocer ciertas ventajas técnicas y comerciales en quienes trabajan las figuras de barro. Pero uno u otro discurso pone de manifiesto que la alfarería de Tlayacapan nos habla de la coexistencia de distintos saberes alfareros -tradicionales y modernos- que se están extendiendo en diiferentes entidades artesanas en el mundo. Al grado de que actualmente el consumo cultural de los objetos cerámicos está prestando mayor atención al turismo como consumidor. De esta manera, la tendencia hacia las figuras de ornato en calidad de souvenirs tiene una ventaja en el mercado globalizado; mientras que el consumo de enseres no se ve tan favorecido por el consumo del turismo: su consumo está sujeto al resguardo de ciertas costumbres que dan sentido a las celebraciones multitudinarias como las comidas de muchos comensales.