SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.29 número1El discurso ajeno en los titulares periodísticosDel Decamerón a las Cent Nouvelles nouvelles índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

Artigo

Indicadores

Links relacionados

  • Não possue artigos similaresSimilares em SciELO

Compartilhar


Acta poética

versão On-line ISSN 2448-735Xversão impressa ISSN 0185-3082

Acta poét vol.29 no.1 México Mar./Mai. 2008

 

Reseñas

 

Rossi, Annunziata, Fascismo en Europa

 

Silvana Rabinovich

 

México, UNAM, 2006, 116 pp.

 

El divorcio de la historia y la literatura ha sido tan calamitoso para la escritura de la historia judía como para la de la historia en general, no sólo porque ensancha la brecha entre el historiador y el hombre lego, sino porque afecta la misma imagen del pasado resultante. Los que están alienados del pasado no pueden ser acercados a él mediante la pura explicación; necesitan igualmente de la evocación.1

Quizá sin saberlo, Annunziata Rossi responde a esta cita del historiador judío Yosef Hayim Yerushalmi, autor del libro Zajor. No se trata de una respuesta que sabe más que el cuestionamiento, sino que la autora en su pluma responde por el lamento del historiador. De este modo, Rossi apunta que la literatura (y el arte) "es el sismógrafo más sensible para advertir y registrar todas las vibraciones, los sobresaltos que sacuden inadvertidos el subsuelo social y, en ocasiones de fuertes crisis, capaces de estallar en la superficie" (25).

El libro Fascismo en Europa, que interpreta la historia desde la literatura, tiene cierto efecto medicinal, en cuanto que mitiga, aunque sea en parte, un dolor que invade en buena medida a la humanidad, y nos desempacha de tanta explicación para evocar los relatos. Una buena dosis de literatura es necesaria en nuestros días a fin de "digerir" las noticias. El efecto curativo de esta lectura tiene varias facetas: no sólo aporta otra luz a la comprensión lógica de los hechos, sino que, sobre todo en su dimensión afectiva y narrativa, despierta la imaginación política que permite evocar el hecho histórico con miras a un presente creativo. En el caso de nuestros días, la ficción, que miente pero nunca estafa, es capaz de tocar una verdad que Juan José Saer2 caracterizó como "menos rudimentaria" que la del positivismo.

La dedicatoria al padre, seguidor de Giuseppe Mazzini, con su distinción clara entre nacionalidad y nacionalismo, funge como la llave de entrada a la lectura. Así, el libro Fascismo en Europa se ubica en la perspectiva de la nacionalidad, distanciándose del nacionalismo, que el filósofo Martin Buber, en sus escritos políticos, definió como "egoísmo colectivo". El nacionalismo comprende a la nación como una esencia estática y determinista y, desde el concepto de nacionalidad, la nación siempre se entiende en proceso. Así, la autora recuerda que, para Mazzini, contrariamente al fascismo, "la idea de nación es complementaria y no antitética de Europa o de la comunidad internacional" (95). En ese contexto cita a Renan, quien definía a la nación como "un plebiscito de todos los días" (96).

Quisiera detenerme en la parte que se refiere a Alemania, y que me llamó poderosamente la atención: tras describir el conflicto entre "alma" [Seele] y "espíritu" [Geist] que guió a los filósofos vita-listas, leemos: "Podríamos concluir que el alma terminó defendiéndose contra el espíritu con la ayuda de las cámaras de gas" (69). Sin duda se trata de una frase muy pensada por la autora y que en su construcción encierra una gran cantidad de interrogantes, porque las cámaras de gas no "defienden" nada ni a nadie, y esto se refleja en la preposición escogida: uno se defiende "de" pero no "contra". De este modo, en la lectura miope del nazismo, puede pensarse que, en nombre del alma (aria), había que liquidar al espíritu (judío, en el sentido amplio de este término, no en el nacionalista). Así, el sustantivo ayuda seguido del objeto cámaras de gas denuncia la operación eufemística del lenguaje documentada magistralmente por el lingüista Victor Klemperer.3 Esta osada propuesta de conclusión de Rossi pone en evidencia la pseudo-lectura fascista, operación que acecha en todo momento y en todo lugar. El acto de lectura no es jamás inocente, ni tampoco apolítico.

Otro aspecto que no puedo pasar de lado es la referencia al polémico historiador alemán Ernst Nolte, quien (me permito adoptar la formulación recientemente comentada) sospechosamente se "defiende contra" la singularidad del nazismo, al sostener que este último era una defensa —excesiva— contra el bolchevismo. Es importante el gesto de la autora, que también da la palabra a un historiador polémico, que no debe ser satanizado ni mucho menos excluido de la discusión. Sin embargo, me parece demasiado generoso con Nolte, y poco cortés con Moravia, hablar de "afinidad" entre ambas posiciones (83). Mientras Nolte "(se) defiende" desde una postura moralista, que argumenta ad hominem, en este caso ad nationem, Moravia se hace cargo en términos morales, es decir, en primera persona, de la responsabilidad, al decir: "Es un hecho significativo que el nazismo surge en un país para nada periférico respecto a nuestra civilización, y más bien central" (81). La pregunta nietzscheana sobre quién dice (y desde dónde) marca la diferencia. Annunziata Rossi hace bien en parafrasear a Nolte; al describir su argumentación en comparación con los gulags, que cito: "[...] Auschwitz, sin las cámaras de gas ni los hornos crematorios, tiene sus antecedentes en las deportaciones, los fusilamientos en masa, la tortura y los gulags a los que recurría la Unión Soviética en su lucha política" (84), la autora exige del lector atento saber que es impensable Auschwitz sin las cámaras de gas ni los hornos crematorios, porque precisamente ese nombre propio pasa a la historia como el lugar privilegiado por la "solución final" (Endlosung que, dicho sea de paso, nada tiene de Erlosung porque no redime —ni "defiende"— a nada ni a nadie, como podría pretender Nolte).

En esta última parte quisiera volver a la importancia y la actualidad que tiene el hecho de que este libro, Fascismo en Europa, se haya publicado en nuestros días en México. Huelga decir que no se trata de un ejercicio teórico a secas: el sello del pensamiento de Mazzini en la herencia paterna advierte, además del compromiso de quien lo firma, acerca de una actualidad que quema, y no sólo porque últimamente leemos en la prensa al fascismo hecho verbo y sustantivo que indica un proceso de "fascistización".

Por ejemplo, si leemos las siguientes frases fuera de su contexto, nos parecería que han sido formuladas recientemente:

La imagen conlleva en breve tiempo y casi de golpe aclaraciones y nociones que el escrito permite obtener sólo a través de una lectura aburrida (100).

La cita es del autor del libro Mein Kampf.

La imagen [...] es la Biblia de los pobres (100).

La frase está tomada de Gregorio el Grande, en la alta Edad Media.

No se trata de suprimir las desigualdades entre los hombres, sino de ampliarlas y de hacer de ello una ley (103).

Nuevamente es Hitler, y la primera parte de esta cita podría haber sido formulada (o al menos pensada) recientemente en inglés:

Nosotros aspiramos no a la igualdad sino al dominio. El país de raza extranjera debe convertirse en un país de siervos, de campesinos temporales o de obreros industriales (103).

El caso de Italia, con sus particularidades, que Arendt documentó en Eichmann en Jerusalén,4 aludiendo justamente a la idiosincrasia de un pueblo indisciplinado que no cumplía a cabalidad las demandas del III Reich, aparece en este libro como un tema importante, para establecer también las diferencias entre el fascismo italiano y el alemán. Así, la cita de Papini en la nota a pie de página (55) es elocuente:

El espíritu de indisciplina individual, teorizado y agigantado, puede llevar al atentado anárquico pero no a la revolución. De hecho, Italia dio más anárquicos aislados que verdaderos revolucionarios.

La descripción de la mentalidad italiana como refractaria al mito alimentó esa indisciplina individual; por eso, la autora sostiene que las leyes raciales de 1938 "terminaron por enajenar el consenso ya en picada del Duce" (107). Es curioso leer que Mussolini exhortaba: "Tenemos que convertirnos desesperadamente en un pueblo serio" (53).

Convendría tomar en cuenta estos datos antes de indignarse frente a la película La vida es bella.5 La risa no necesariamente es burla y, en tanto pasión alegre, como resistencia a las pasiones tristes, prolonga vida y dignidad.

En fin, las frecuentes referencias al "transformismo político" o gatopardismo de Italia (39) suenan demasiado familiares. El fantasma de Silvio Berlusconi acecha a toda Latinoamérica y más allá.

Quedarían otros temas, como las referencias al interesante y siempre polémico Sorel, o a Franco, o a Perón, pero aquí nos detenemos habiendo hecho uno más de todos los posibles recorridos de este libro. Por todo lo anterior, leer aquí y ahora Fascismo en Europa es una experiencia de lectura que recomiendo como terapia homeopática para el vértigo que a pasos agigantados está asolando a nuestro país.

 

Notas

1 Y. H. Yerushalmi, Zajor, Anthropos, Barcelona, 2002, pp. 120-121.         [ Links ]

2 J. J. Saer, El concepto de ficción, Planeta, México, 1999.         [ Links ]

3 Victor Klemperer, LTI. La langue du Illème. Reich, Agora, Albin Michel, 1996.         [ Links ]

4 Ana Arendt, Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Lumen, 1999.         [ Links ]

5 Guido Orefice, 1997, protagonizada por Roberto Benigni.

Creative Commons License Todo o conteúdo deste periódico, exceto onde está identificado, está licenciado sob uma Licença Creative Commons