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Acta poética

versão On-line ISSN 2448-735Xversão impressa ISSN 0185-3082

Acta poét vol.29 no.1 México Mar./Mai. 2008

 

Presentación

 

Patricia Villaseñor Cuspinera

 

Este número de Acta Poética tiene como núcleo la antigüedad clásica. En sus páginas se encontrarán reflexiones sobre la teoría poética de los antiguos, tal como la expresó Aristóteles, entre los griegos, y Horacio o Quintiliano, entre los latinos; sin embargo, en los artículos no se trata solamente de examinar esa teoría, sino de mostrar la forma en que se plasmó en los textos literarios.

Siempre, decían los griegos, hay que empezar "desde Zeus", el dios que ha originado todo y que llena el cosmos y todos sus espacios. Si se habla de literatura occidental, el origen, sin duda, es Homero; por esto, el primero de los artículos analiza el pasaje de la Odisea en que el porquero Eumeo sostiene un interesante diálogo acerca de Odiseo con un mendigo, sin saber que se trata precisamente de Odiseo, su amo disfrazado. Mucho antes de que fueran prescritas las normas retóricas, el mendigo Odiseo y su porquero intentan convencerse el uno al otro con recursos que, inscritos en la forma poética de la epopeya, corresponden a la estrategia de los oradores. En ese diálogo poético, los personajes se presentan: por un lado, está Odiseo, que desea preparar el ánimo del porquero para su llegada y su venganza; por el otro, se halla un fiel servidor, de noble linaje, que no quiere dejarse engañar por un mendigo astuto que presume de haber conocido a Odiseo. Mediante una esmerada técnica filológica, Pedro Tapia nos convence de que, en este diálogo erístico, el vencedor es Eumeo, porque Odiseo no utiliza correctamente sus argumentos, a pesar de decir, entre un cúmulo de mentiras, una verdad: que Odiseo volverá pronto y vengará las afrentas de los pretendientes.

Después de la épica, la lírica: en el ensayo de Mauricio López Noriega sobre Anacreonte, se muestra cómo comienzan a cambiar los valores aristocráticos cuando los poetas, al intentar reflejar la voz de su comunidad, hacen surgir la conciencia de un yo. Anacreonte canta en la corte de los tiranos, en el ámbito del simposio, y, aunque su poesía tiene un tono juguetón y erótico, su intención va más allá de ese ámbito; él pretende configurar una sociedad nueva, con nuevos valores que a veces se oponen a los intereses de los tiranos. El artículo examina la posibilidad de que algunos de los fragmentos que tenemos de sus cantos contengan alusiones políticas, pues el poeta lamenta la crueldad de la guerra y desprecia la riqueza, manifestaciones, una y otra, del poder del tirano; sin embargo, las críticas al poder debían disimularse para evitar conflictos, y ello se logra mediante la figura del énfasis, es decir, disimulando esas alusiones.

Quizá la cumbre de la poesía griega sea la tragedia, y Aristóteles basó su poética en el estudio de este género. Desafortunadamente, nos han quedado unas cuantas tragedias completas y fragmentos de otras tantas. Sin embargo, es posible conocer mucho de la poética a partir del análisis de lo que tenemos de la tragedia: de ello se ocupan dos de los artículos de este número de Acta Poética; ambos tratan a Eurípides; el primero se refiere a Melanipa sabia, una tragedia que sólo conocemos por fragmentos y testimonios, pero que fue famosa en la antigüedad; el segundo, en cambio, indaga sobre uno de los aspectos de Medea, uno de los mitos fundamentales del mundo occidental. En los dos artículos, es central la importancia del carácter femenino de cada protagonista y de su impropiedad dentro de la perspectiva poética griega.

Francisco Barrenechea examina detalladamente el discurso de Melanipa, mediante el cual ella intenta salvar a sus hijos de la muerte, decretada por el rey, su propio padre, que piensa que los infantes son monstruos. El discurso, que ejemplifica el recurso del énfasis, termina por acusar a la oradora precisamente de lo que intenta disculpar: el discurso, que trastorna el orden normal de las cosas, es monstruoso en sí mismo, y es un monstruo la misma Melanipa, que lo pronuncia. Su discurso pone de manifiesto el exceso de sabiduría de la protagonista (en un momento, ella dice "yo soy mujer, pero tengo inteligencia"); sin duda, ello debía suscitar asombro e incredulidad en los espectadores de la tragedia.

A partir del concepto de "imagen", el artículo de Magdalena Okhuysen estudia la forma en que Eurípides presenta a Medea: a lo largo de la tragedia, se va modelando la imagen perturbadora de una mujer extranjera, sabia, entendida en hechizos, resuelta a vengar sus agravios. Según la autora, para los espectadores atenienses de la tragedia, Medea debió de representar la descomposición de los valores de la ciudad-Estado, pues la fuerza del personaje radica en su incapacidad de dominar sus impulsos y en aceptar que sus pasiones son más fuertes que la razón: esa falta del propio dominio logra paradójicamente que su voluntad se imponga, aunque ello implique sufrimiento y desolación para la propia Medea.

La competencia comunicativa es el tema del siguiente ensayo, donde Manfred Erren plantea una tesis novedosa: a fin de tener derecho a ser oído dentro de un determinado círculo social, los oradores antiguos debían ser capaces de hablar de una manera especializada, que se distingue por el uso de ciertos giros y por el sentido de ciertos vocablos; ese lenguaje especializado constituye lo que entonces se conocía como griego ático o como latinidad y que hoy podríamos reconocer como lenguaje correcto, o lenguaje castizo. Esa corrección no es más que la práctica y la aceptación de cierta forma de hablar propia de un grupo. Manfred Erren ejemplifica su teoría con un breve y excelente análisis de los discursos en la Conjuración de Catilina de Salustio.

Cicerón afirma que, en todo discurso, la tarea fundamental del orador es el decoro, que consiste en adecuar el lenguaje al género, al tema y a la condición de los oyentes. A partir de esta afirmación, Bulmaro Reyes propone que el decoro debe buscarse en la interrelación entre las personas que hablan y las que escuchan y, en su ensayo, divide a los emisores y a los receptores en cinco clases, de acuerdo con su actitud ante el acto del habla; él concluye que sólo los emisores "engreídos", que conocen bien su tema y su lengua, y valoran ese conocimiento, logran cabalmente el decoro, y nos enseñan a comunicarnos efectivamente: son ellos los herederos del orador perfecto que buscaba Cicerón.

José Tapia examina en su artículo la práctica de introducir discursos de los personajes históricos dentro de una narración, a partir de un caso específico: en los Anales se encuentra un discurso del emperador Claudio donde aboga por la extensión de la ciudadanía romana a los galos; sin duda, se trata de un discurso elaborado por Tácito. Existe también el original de ese discurso, preservado en una tabla de bronce que fue descubierta en el siglo XVI. El ensayo consiste en el análisis del discurso de Tácito, puesto en relación con el discurso original, para establecer el grado de la reelaboración del narrador. El autor concluye que Tácito utiliza el discurso de Claudio con el objetivo de manifestar sus propias opiniones respecto a ese tema. Este caso se vuelve paradigmático para comprender la forma en que los autores se apropian del discurso ajeno, lo integran en la totalidad de su obra y lo manipulan para alcanzar sus propios fines.

El artículo de Amalia Lejavitzer rastrea la tradición literaria grecolatina de dos palabras que designan los alimentos básicos que se han convertido en el símbolo de la vida simple y elegante: el pan y la sal. Sin duda, el pan es sinónimo de frugalidad y sencillez, pero también es característico de la civilización; la sal, por otro lado, es el mínimo condimento de la comida, y representa el ingenio, ese necesario adorno que hace amenos el discurso y la vida.

José Molina presenta una disquisición para comprender el hecho de que el filósofo Jámblico haya tomado la persona de un sacerdote egipcio, Abamón, para hablar acerca de la teología, de la adivinación y de los ritos, en el tratado que se conoce como Sobre los misterios de los egipcios. En el artículo, se propone que el uso del seudónimo puede explicarse si se toma en cuenta que Platón emplea diversos personajes para expresar sus ideas en los diálogos socráticos, y se considera la doctrina de Aristóteles sobre el carácter en la narración, que se logra si se hace hablar a otro. La obra de Jámblico es una especie de diálogo, porque es una respuesta a otro filósofo, Porfirio, y probablemente Jámblico quiso utilizar la persona de un sacerdote para que sus palabras sobre cosas divinas tuvieran la autoridad y el carácter preciso.

Este repaso del mundo antiguo termina con el artículo de César González. En los diálogos de Platón hay abundantes notas aritméticas y geométricas, y, al parecer, la especulación más enigmática y compleja se encuentra en el octavo libro de la República, donde se menciona el número que explica la decadencia fatal de todos los Estados. En el Renacimiento, cuando se creía en la armonía del mundo, y se pensaba que esa armonía universal se expresa mediante los números, Marsilio Ficino escribe un comentario al pasaje platónico. En este ensayo, a través de fascinantes especulaciones aritméticas, César González indaga el valor de ese número fatal, que tiene implicaciones en la política, la astronomía y la cosmología: ese número fatal es un sublime instrumento del destino que incide en cada uno de los niveles del mundo: el firmamento estelar, las esferas planetarias y el mundo sublunar.

Los artículos restantes no se refieren a la antigüedad grecolatina; sin duda, tratan de asuntos que ya interesaban a los griegos y romanos, como el teatro, las relaciones entre literatura y política y la utilización del discurso ajeno, pero se estudian en otros ámbitos y desde perspectivas distintas.

El artículo de Cecilia Cortés podría considerarse como un puente entre los ensayos que tratan propiamente de la literatura clásica y los que se refieren a obras literarias modernas: en él se examinan, desde una perspectiva hermenéutica, los dos niveles de interpretación que existen en la Traducción y glosas de la Eneida, obra de Enrique de Villena. El primero, la traducción, consiste en la comprensión y asimilación del poema virgiliano; mediante el segundo, las glosas, se explica a los lectores, quienes son el referente constante de Villena, el proceso de la interpretación, y se definen para ellos los puntos de indeterminación. En conclusión, lo que hace Villena, según explica la autora de este artículo, es lo que intenta todo filólogo: comprender el mundo clásico, aunque esa comprensión esté limitada por los medios que tiene a su alcance y por el condicionamiento que le impone su horizonte histórico.

En el siguiente artículo, Genoveva Castro examina la recepción en Occidente de la obra dramática titulada El reconocimiento de Sakuntala, escrita en sánscrito por el poeta Kalidasa. El artículo incluye una exposición clara de los orígenes y características del teatro sánscrito y una descripción precisa del poema de Kalidasa, que ha sido objeto de muchos estudios y traducciones en Occidente. La autora se propone señalar las etapas del descubrimiento de la literatura de la India por los intelectuales europeos, y considerar los efectos de ese hallazgo. La literatura sánscrita, que abrió en el ámbito occidental nuevas corrientes de pensamiento, fue recibida con ambivalencia: por un lado, el desconocimiento de sus características esenciales hizo que las obras fueran recibidas con cierto desprecio; por el otro, se admiraba en ellas la trama amorosa, los elementos fantásticos y la manera en que se ensalza la naturaleza.

El artículo de Patrice Giasson establece un paralelo entre la literatura y el arte que tienen como tema la Revolución mexicana, y la cultura popular, especialmente en su aspecto satírico. En el arte de la Revolución, los autores buscan el "inocultamiento", es decir, tratan de revelar, de quitar el sello de lo oculto a las contradicciones, defectos y anomalías sociales de ese momento. Por ello, es importante destacar el espíritu crítico que abunda en las manifestaciones artísticas de ese tipo.

En el último artículo de la revista se investiga la técnica de incorporar los discursos de otros al propio discurso, esto es, los distintos estilos del citar. Juan Nadal se da aquí a la tarea de clasificar, en los titulares de los periódicos mexicanos de más circulación, las formas en que se presenta el discurso ajeno, y su análisis deja al descubierto los distintos comportamientos de dichos periódicos.

En suma, los artículos que conforman este número de Acta Poética muestran, todos, el quehacer filológico. Cada uno de los autores examina sus textos en forma rigurosa y objetiva, y, con ello, responden al propósito de esta revista: dar cuenta de los estudios que, con multiplicidad de temas y enfoques teóricos, tratan sistemáticamente las manifestaciones culturales que se actualizan en los textos.

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