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Acta poética

versión On-line ISSN 2448-735Xversión impresa ISSN 0185-3082

Acta poét vol.25 no.1 México mar./may. 2004

 

Dossier: En torno a la traducción

 

Cuando ya la frambuesa...

 

Gerardo Deniz

 

Resumen

Gerardo Deniz, prolífico traductor y catador de las más diversas cosas y las más diversas lenguas (además de gran prosista y poeta), hace algunas observaciones sobre cierta traducción al español de Las mil y una noches...

 

Abstract

Gerardo Deniz, prolific translator and a taster of the most diverse things and the most diverse languages (as well as a great prose writer and poet), makes here a few remarks concerning a certain Spanish translation of The Arabian Nights...

 

Acompáñeme siempre su memoria;
Las otras cosas las dirá la gloria.

El señor Rafael Cansinos Asséns tradujo muchas obras. (Decimos "tradujo" porque ya debe de haber muerto; las probabilidades de supervivencia de alguien que fue biografiado en los primeros volúmenes de la Enciclopedia Espasa son más bien remotas, y Borges, en los dos versos que hemos puesto de epígrafe, parece decisivo al respecto). Tradujo demasiadas obras, por ser exactos. Conocemos sus Mil y una noches, que editó Aguilar en México (en España habría sido mucho impudor); tres de esos tomos impresos en papel de China, que permite leer por transparencia varias páginas a la vez. Hemos conocido hace tiempo otros tres tomos, las obras de Goethe, más gordos y con un número de erratas incomparablemente mayor que Las mil y una noches. En realidad, es mucho decir que los hemos conocido. Vamos por partes.

Desde que leíamos Las mil y una noches descubrimos que el señor RCA era poeta. Los cuentos están trufados de poemitas que son para correr y no parar. Evidentemente, no toda la culpa es de los autores árabes, pues al final de la introduccioncilla caótica que el señor RCA comprimió en poco más de 400 páginas del primer tomo, figura la siguiente muestra de la lírica cansinosassénsica en estado puro, que rescatamos de un injusto olvido:

¡Selam, amigo lector!
Y que estas noches de oriente,
llenas de aroma y fulgor,
de tus noches de occidente,
sean el encanto mejor.
Y escuchando las historias
que nos cuenta Schahrasad,
huyan las tristes memorias
de tu mente y el pesar;
y te olvides del dolor
que el Amor te hizo sufrir;
sin olvidar al amor;
porque eso sería morir.

En efecto, en efecto. Adviértase la puntuación castigada, la ingeniosa confrontación de oriente y occidente, el sutil distingo entre "Amor" y "amor", etc. Nadie más indicado para traducir a Goethe.

Al poco rato de hojear la traducción que infligió el señor RCA al Júpiter de Weimar, caímos en la octava Elegía Romana. Dice así:

Wenn du mir sagst, du habest als Kind, Geliebte, den Menschen
Nicht gefallen, und dich habe die Mutter verschmâht,
Bis du grosser geworden und still dich entwickelt, ich glaub es:
Gerne denk ich mir dich als ein besonderes Kind.
Fehlet Bildung und Farbe doch auch der Blüte des Weinstocks,
Wenn die Beere, gereift, Menschen und Gotter entzückt.

Mejor dicho, lo malo es que sabíamos que dice así. Porque el señor RCA escribe, inspirado:

Cuando dícesme, amada, que nunca te miraron
con agrado los hombres, ni hizo caso la madre
de ti, hasta que en silencio una mujer te hiciste,
lo dudo y me complace imaginarte rara,
que asimismo a la vid faltan color y forma,
cuando ya la frambuesa dioses y hombres seduce.

No vamos a meternos en honduras acerca de la calidad literaria de la versión. El poema del señor RCA reproducido líneas atrás es garantía suficiente al respecto. Lo admirable del caso es que en apenas seis líneas están ensartadas cuatro gruesas perlas con algo de aljófar entre medias.

"Nunca te miraron con agrado los hombres". Será porque no estaba en edad. Lo malo es que las mujeres tampoco la miraban con agrado. Goethe escribió "Menschen": son seres humanos en general. Mil veces se debe traducir "Menschen" por "hombres", claro está: sin ir más lejos, en el sexto verso de la presente Elegía. Pero precisamente aquí no. Lo que le pasaba a la pobre niña es que no le caía en gracia a la gente. Con esos hombres que miran un poco de través a una niña —aunque sea italiana—, el señor RCA ha conseguido condimentar desagradablemente los dos primeros versos.

Ahora Goethe parece sublevarse, dice "lo dudo". Pues no. Dice "ich glaub es", que sólo significa "lo creo". El señor RCA tiene por fuerza que haber traducido sin cesar "glauben" por "creer" en los tres tomos. Por qué aquí entendió "dudar", es un problema para la psiquiatría. Este "lo dudo", de paso, vuelve incoherente el poema entero.

Tercera perla. "A la vid faltan color y forma". En realidad no le falta nada, y según Goethe —que algo tiene que ver en este menjurje— a la que le faltan es "a la flor" ("der Blüte") de la vid.

El último verso vira de pronto hacia el surrealismo. Inexplicablemente nos hallamos ante un grupo de hombres y dioses engullendo frambuesas sin hacer caso de la vid incolora y amorfa. Es que, primero, el "cuando ya" del sexto renglón ha de entenderse "cuando que", "en tanto que", y, segundo, esa "Beere" de Goethe alude, oh casualidad, al fruto de la vid, que se acostumbra denominar uva y que sirve —no se escape el detalle— para preparar distintos vinos y licores. La frambuesa del señor RCA, si no es un rasgo de genio, puede considerarse cuando menos como una tontería.

Desde luego, el aljófar lo hemos dejado sin comentar, y a estas alturas la razón será clara: no vale la pena.

Con lo anterior se comprende por qué al principio titubeamos de pronto al afirmar que conocíamos el Goethe del señor RCA. El encuentro con la octava Elegía fue traumático y desde entonces los tres tomos de Goethe nos inspiran auténtico terror reverencial (Ehrfurcht). Una larga familiaridad nos impide trasladar este noble sentimiento a Las mil y una noches, pero pensamos sin querer, y no sin envidia, en el cargamento de frambuesas que ha de andar desparramado entre sus páginas para regocijo de algún arabista ocioso.

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