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Nova tellus

Print version ISSN 0185-3058

Nova tellus vol.37 n.1 México Jan./Jun. 2019

http://dx.doi.org/10.19130/iifl.nt.2019.37.1.805 

Artículos

Poder y violencia sexual contra las mujeres: modelos de hegemonía y didáctica en las Historias de Polibio

Power and Sexual Violence against Women: Models of Hegemony and Didactics in The Histories of Polybius

Álvaro M. Moreno Leonia  *
http://orcid.org/0000-0002-4427-9934

aUniversidad Nacional de Río Cuarto-Universidad Nacional de Córdoba-Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, República Argentina. moreno.leoni@gmail.com.

Resumen:

Este artículo trata sobre la violencia sexual contra las mujeres en las Historias de Polibio. Los estudios modernos acerca del tema son escasos y no han abordado esta cuestión. Aunque las mujeres no desempeñaron un papel central en los hechos narrados en la obra, algunos pasajes parecen relacionar la violación de mujeres con reflexiones políticas y didácticas concretas. Aquí, se argumenta que Polibio exploró conscientemente las consecuencias de la degradación de las alianzas entre estados y su transformación de la igualdad al gobierno tiránico mediante el uso de una metáfora sexual explícita. En ese sentido, se estudian los ejemplos de Filipo V de Macedonia, los cartagineses en Iberia y Escipión Africano.

Palabras clave: Polibio; mujeres; violación; alianza; didáctica

ABSTRACT

Abstract: This paper deals with sexual violence against women in Polybius’ Histories. Modern scholarship on the subject is scarce and has not addressed this issue. Though women did not play a central role in the narrated deeds in the work, some passages seem to relate women’s rape to concrete political and didactic reflexions. Here, it is argued that Polybius consciously explored the consequences of the degradation of alliances between states and its transformation from equality to tyrannical rule by using an explicit sexual metaphor. In that sense, the examples of Philip V of Macedon, the Carthaginians in Iberia, and Scipio Africanus are studied.

Keywords: Polybius; Women; Rape; Alliance; Didactics

Introducción

Polibio asigna un papel bastante limitado a las mujeres en los acontecimientos narrados en sus Historias, pero esto no es sorprendente dada la temática general de esta obra. El historiador aqueo había comenzado a escribir durante su detención en Roma, que se extendió durante diecisiete años, y esta experiencia le reveló la necesidad de explicar las causas del ascenso romano al poder mediterráneo, así como también la urgencia de mostrar a su público griego la naturaleza e implicancias de esta nueva realidad imperial. En una historia fundamentalmente política y militar quedaba poco espacio, por lo tanto, para las mujeres, que habían permanecido marginadas de la guerra y la vida cívica en el mundo antiguo.

Pese a la primacía de los actores masculinos y, entre ellos, de los varones pertenecientes a la élite política, las mujeres tienen alguna presencia. Como señala A. Eckstein, si bien no son mencionadas tan frecuentemente como en la obra de Heródoto, aparecen tres veces más que en la de Tucídides.1 Dado esto, llama la atención el escaso interés por esta característica de la obra, puesto que, hasta hace unos treinta años, solo se contaba con las discusiones de R. von Scala2 y de C. Wunderer.3 Este último opinaba sorprendentemente que la postura de Polibio sobre la emocionalidad e irracionalidad propia de las mujeres era, en líneas generales, ¡correcta! Eckstein, por su parte, hizo la contribución moderna más sistemática para comprender el lugar que las mujeres ocupaban dentro del éthos aristocrático polibiano. Así, mostró que el aqueo las asociaba con una fuerza irracional y destructiva que amenazaba al orden aristocrático ideal de la pólis, por eso debían ser controladas de forma estricta por los varones de su familia. Cuando ellas se comportaban de acuerdo con el imaginario aristocrático masculino, en cambio, se les veía como fuerzas positivas e incluso como los más firmes baluartes de ese orden ideal.4 De allí se entiende el interés especial del historiador griego por juzgar moralmente su comportamiento, al menos, en los casos de mujeres poderosas y sobresalientes, como las reinas Teuta, Quiomara o Apolónide.

En este trabajo, por mi parte, no abordaré la cuestión del género, sino que me centraré en la asociación discursiva entre el trato infligido a las mujeres y las vicisitudes de la construcción del poder por parte de distintas fuerzas imperiales en la interpretación histórica polibiana. No busco entender las acciones de las mujeres, sino comprender paradójicamente el sentido de sus inacciones dentro de una particular dinámica masculina de la representación del poder. Intentaré explicar, por lo tanto, de qué forma el historiador usó el motivo clásico de la violencia sexual como si se tratara de un síntoma para reconocer la degradación de una hegemonía hacia un dominio tiránico. Al mismo tiempo, probaré cómo el trato inverso permitía caracterizar una construcción exitosa.

Las depredaciones sexuales contra mujeres y varones jóvenes son un rasgo de la representación griega de los gobiernos tiránicos, y Polibio recurre a este tópico.5 La tiranía de Nabis de Esparta es reveladora sobre esta manera de explicar alusivamente, puesto que sus primeras acciones fueron exterminar a los miembros sobrevivientes de ambas casas reales, desterrar a los ciudadanos sobresalientes por su riqueza o nobleza y hacer entrega de sus esposas a sus partidarios o a sus mercenarios (13, 6, 3).6 La victoria política, el exilio de los adversarios y la redistribución de sus propiedades se completaban, de esa forma, con la posesión sexual de sus mujeres. Éstas eran las portadoras del estatus de sus respectivas familias, y también sus riquezas, lo que permitía así obtener una segunda victoria sobre los varones derrotados.7 La descripción de Polibio en torno a las acciones de Agatocles en Alejandría son claras al respecto: “no perdonaba ni a una mujer en la flor de su edad, ni a una muchacha ni a una virgen; todo esto lo hacía con la ostentación más odiosa”.8 Su poder absoluto se materializaba en violencia contra los hombres, mediante una violencia sobre sus mujeres.

En Polibio, esta violencia sexual no se relaciona exclusivamente con el accionar de los tiranos, sino también con el de los líderes de alianzas. Tanto Filipo V de Macedonia como los cartagineses en un determinado momento del libro 10 ejercen violencia sexual contra las mujeres de sus aliados, lo que degrada simbólicamente su condición de igualdad a la de subordinación.9 La violencia sexual no sólo opera como una metáfora de la degradación de los fundamentos de una hegemonía, sino también como una justificación para la disolución de la alianza. Se mueve, por lo tanto, dentro del campo imaginario de las relaciones políticas y militares entre varones. Y, en efecto, este tipo de violencia es desviada siempre hacia el varón, tal como ocurría en la Atenas clásica, donde ante un episodio de hýbris, o ataque sexual, puesto que la mujer carecía de una personalidad jurídica, se entendía que el violado había sido su kýrios, el varón responsable.10

Resulta claro que un interés central de las Historias es identificar las fortalezas y debilidades de cada aspirante a la hegemonía, particularmente, en la guerra y en el trato dispensado a sus aliados, porque “la guerra aparece en el mundo antiguo como el gran examen del carácter”.11 La pérdida de la moderación constituía un límite, que evidenciaba los efectos corruptores del poder.12 Como señala Plutarco, por lo demás recurriendo a un tópico, “el poder da alas al vicio: éste desencadena entonces todas las pasiones, trae la ira asesina, el amor adúltero y la codicia espoliadora”.13 Por lo tanto, la violencia sexual en las Historias puede interpretarse como parte de una verdadera reflexión política y moral sobre el ascenso romano a la hegemonía. Frente a los casos negativos del rey macedonio y los cartagineses, en efecto, P. Cornelio Escipión en Iberia es presentado a los lectores como el constructor de una hegemonía exitosa a partir de una calculada continencia sexual. Sería conveniente comenzar por el caso de Filipo.

Filipo V, la violencia sexual y la ruptura con los aqueos

En época helenística la caracterización tópica del tirano, según M. Mari,14 había quedado estrictamente definida. Buena parte de la historiografía helenística se ha perdido, pero un texto más tardío como la Vida de Demetrio de Plutarco es significativo para conocer elementos centrales de esta tradición. Allí, se considera tiránico el poder de Demetrio por no respetar las tradiciones religiosas, ser incontinente sexual, comportarse arrogantemente y actuar contra las instituciones cívicas, así también por amar de forma desmedida el lujo y las apariciones teatrales.15 En su caso, como en el de Filipo en Polibio, estamos frente a realidades que no se corresponden con las de los tiranos arcaicos o los militares del s. IV a. C., puesto que aquellos individuos surgían de las luchas cívicas al interior de la pólis, mientras que éstos eran reyes legítimos representados como tiranos.

Recurriendo a la tipología del rey-tirano propuesta por Plutarco, es quizá fácil descubrir los pasos de la involución de Filipo y su hegemonía en Grecia. Dicho “rey-tirano” helenístico transforma la relación inicial con sus aliados en un dominio opresivo. Sin duda, esta reflexión polibiana se nutría de la experiencia política clásica de Atenas y Esparta proyectada en el vocabulario específico de las alianzas. El rey macedonio podía ser convertido, de ese modo, en una metáfora del ejercicio discrecional y autoritario del poder. A. Erskine,16 en ese sentido, ha notado un paralelo entre el comienzo del derrumbe de la dominación cartaginesa en Iberia y el de la hegemonía de Filipo, en especial, entre 10, 36, 7, y 7, 11 (12), 10-11. En ambos pasajes domina, en efecto, la misma idea básica: cuando se produce un cambio en los fundamentos de la hegemonía hacia el despotismo, es lógico que se produzca también un cambio en los aliados.

El primer paso aparece en 5, 9-12, donde Filipo comete un acto de asébeia (“impiedad”), al devastar el santuario federal etolio en Termos. Aunque esta acción tiene un sentido político, Polibio la reduce simplemente a una acción sacrílega producto del capricho vengativo del rey.17 En verdad, se trataba de una revancha por lo que los etolios habían hecho en Dio y Dodona; mas, para el historiador, al comportarse de este modo, el rey sólo conseguía debilitar su imagen de euergesía (“beneficio”) y philanthropía (“generosidad, humanidad”) en el mundo griego.18 Este tipo de comportamiento se repetía durante sus campañas contra Pérgamo y Atenas.

A continuación, ocurren los hechos del Itome, ciudadela de Mesene, donde Filipo muestra su primera intención de traicionar a sus aliados y ocupar una estratégica plaza durante la realización de unos sacrificios. Polibio mencionaba que, hacía poco, Arato el Joven había increpado al rey por el asesinato de unos hombres [7, 11 (12), 9]. El pasaje es fragmentario, pero posiblemente Plutarco utiliza al aqueo como fuente en su Vida de Arato. Según parece, estos asesinatos habrían ocurrido en Mesene durante una stásis (215 a. C.).19 En el mismo contexto, Plutarco refiere una matanza, además deja entrever la existencia de relaciones sexuales entre el rey y la esposa de Arato el Joven, a pesar de que el rey era huésped familiar.20 Por lo tanto, se desarrolla uno más de los rasgos del tirano, la transgresión sexual, agravada, en este caso, por la ruptura del vínculo de la xenía.21

Se ha señalado que la transformación de la realeza de Filipo es la de un gobierno por consenso a uno basado en el terror, que en el libro 6 de las Historias es el signo más evidente de la mutación de la realeza en tiranía (5, 11, 6; 6, 7, 1-9).22 Así, la transgresión y la violencia sexual no son extrañas en ese contexto. En la clásica discusión sobre la mejor forma de gobierno entre los tres conspiradores persas en Heródoto, un argumento de uno de ellos, Ótanes, era precisamente que la monarquía tendía a convertirse en tiranía, con su transgresión de las leyes tradicionales, la violación de mujeres y la ejecución sin proceso.23 Dice Polibio sobre Filipo que “a medida que usaba ropajes populares, se arrogaba un poder mayor y más monárquico”.24Monarchikós remite a una pérdida total de aceptación, con un gobierno que comienza a limitarse al ejercicio de la mera fuerza. Este aumento irrestricto de su exousía (“poder, potestad”) sobre aliados libres lo conduce en Argos a abandonarse a sus impulsos y a ejercer abiertamente violencia sexual contra las mujeres de sus aliados:

No se limitaba a tantear a las viudas ni le satisfacía totalmente fornicar con las casadas, sino que mandaba que acudiera a él cualquiera que se le ofreciera a la vista. Afrentaba notoriamente a las que no le complacían organizándoles bailes orgiásticos a domicilio. Llamaba a sus maridos e hijos y los alarmaba con pretextos sin base. Demostró gran locura e insolencia. Por sus alardes de excesiva licencia durante su estancia en la región, molestó sin tregua a muchos aqueos, en su mayoría hombres modestos. Constreñidos por la guerra que los amenazaba por todas partes, los aqueos se veían forzados a aguantarse y a soportar aquello tan antinatural.25

Su comportamiento deviene, por lo tanto, el típico de un tirano, entregado a la asélgeia (“lascivia”) y la paranomía (“transgresión de las costumbres”), con eso lesionaba el honor de los varones aqueos. En el libro 6 Polibio decía que uno de los síntomas de la transformación de la realeza en tiranía era la aparición de la violencia sexual que no toleraba la resistencia, aunque no especifica si era contra mujeres o contra muchachos (6, 7, 8). Ese comportamiento se atribuye a Filipo, lo que completa el cuadro de transgresión religiosa y de vínculos sagrados de la xenía. Trasladado automáticamente al plano de las relaciones interestatales, se evidenciaba el tipo de trato que el rey macedonio infligía a sus aliados convertidos a partir de ese momento en súbditos deseosos de liberarse.

El historiador griego no es el único autor que recoge en su relato las transgresiones sexuales de Filipo en Argos, sin embargo, su comportamiento no es exactamente igual. En un pasaje de Sobre el amor de Plutarco, aunque se confirma esta fama del rey, se busca matizar su imagen monstruosa. En efecto, en Argos, Filipo se presentó ante unos políticos argivos, pero fueron ellos quienes buscaron ganarse el apoyo del monarca haciendo uso para ello de los favores sexuales de sus mujeres.26 Polibio, en cambio, es más incisivo, puesto que en su obra, lejos de ser una descripción fiel, la violencia sexual y la transgresión constituyen un recurso para mostrar la degradación moral del rey y la disolución de su alianza con los estados griegos. Se advierte también, por su parte, el intento del historiador por dejar bien parados a los aqueos, obligados a tolerar esta situación debido exclusivamente a la anánke (“necesidad”), que remplazaba a la eúnoia (“buena disposición”) original hacia el monarca como base del vínculo (10, 26, 6). Esto constituye una reconstrucción ideologizada. Por el contrario, Filipo debió conservar un alto nivel de adhesión entre los aqueos hasta el último momento de su alianza, dado que, en el crítico instante en el que aquéllos se decantaron por la alianza con Roma en el 198 a. C., algunas ciudades, incluida entre ellas Argos, confirmaron su adhesión al rey e hicieron caso omiso de su pertenencia a la Confederación.27

El final “trágico” de Filipo se vuelve comprensible dentro de la lógica de esta degradación discursiva, y culmina en 23, 10-11, con la crisis en Macedonia, así como con el conflicto al interior de su familia y la eliminación de varios consejeros disidentes (23, 10, 2; 10, 9). Su comportamiento tiránico, no sólo sobre sus aliados, sino inhumano con las ciudades griegas, encontraba un fin lógico. A partir de ese momento, perdida la confianza en la lealtad de los hombres políticos de las ciudades costeras de Macedonia, Filipo decide trasladarlos hacia el interior, al territorio de Ematía, Peonia, y llenar las ciudades costeras con tracios y bárbaros (23, 10, 4-5).28 Para Polibio, “todo el país parecía tomado a punta de lanza” (23, 10, 6). Su arché, es decir, su propia capacidad real para hacer e imponer sobre un territorio no era más segura.29

El cambio de carácter del rey produjo también una mudanza en los súbditos. Maldiciones e imprecaciones, privada y públicamente, empezaron a ser pronunciadas, esto hizo que Filipo reforzara la represión. El mandatario no quería dejar ningún elemento hostil o sospechoso, y ordenó la detención incluso de los hijos e hijas cuyos padres previamente habían sido condenados a muerte. Así se cierra el vuelco completo de los fundamentos de su dominio. Si en el libro 7, 11 (12), se decía que la población de Tesalia y Macedonia se había mantenido leal y los bárbaros no habían osado tocar las fronteras de su reino, en 23, 10, los súbditos ya tenían una mala disposición hacia Filipo, quien, a su vez, no confiaba en su lealtad y prefería invitar a los bárbaros a instalarse en el reino. Luego de cambiar su modo de ejercer la hegemonía, el monarca macedonio estaba en la situación opuesta a la del comienzo de su reinado. En aquellas circunstancias, para los aqueos, no sólo era práctico abandonar su alianza, sino también moralmente aceptable.

Los cartagineses, la violencia sexual y la pérdida de la hegemonía en Iberia

Existen varias señales en la obra del deterioro de la hegemonía cartaginesa, las cuales sirven para racionalizar su derrota final frente a los romanos. Una primera advertencia es la guerra contra los mercenarios y los súbditos libios tras la Primera Guerra Púnica (241-238 a. C.).30 El motivo de la rebelión había sido la dureza del dominio púnico, que había llevado a imponer una tributación excesiva sobre las aldeas dependientes libias. Otros autores, como Diodoro, también sostenían la importancia del trato duro como causa, pero su opinión no parece provenir de una fuente distinta.31 Para Polibio, los cartagineses habían gobernado con dureza a los habitantes de estas tierras (ἔχειν ὑπολαμβάνοντες πικρῶς), les arrebataron la mitad de sus cosechas y les cobraron a las ciudades el doble del tributo percibido antes de la guerra (1, 72, 2). Llama la atención, en efecto, el paralelo con el porcentaje de la cosecha que los espartanos les habían exigido a los mesenios según Tirteo (s. VII a. C.). La mitad de la cosecha como tributo era, sin lugar a dudas, un porcentaje particularmente elevado.32 En definitiva, los cartagineses “admiraban y honraban no a los generales que trataban a las gentes con suavidad y humanidad (πρᾴως καὶ φιλανθρώπως), sino a aquellos que les aportaban más tributos y subsidios y a los que procedían con mayor dureza (πικρότατα) con las poblaciones del país”.33

El episodio libio opera en realidad como una anticipación proléptica, en términos narratológicos, de lo que Polibio iba a narrar luego en 10, 36, con el derrumbe de la hegemonía púnica en Iberia, donde se va a señalar explícitamente que los cartagineses supieron cómo imponer una dominación, pero no cómo conservarla de forma adecuada. No resulta inocente la terminología utilizada por el historiador griego para caracterizar el comportamiento imperial cartaginés. En principio, tratar con dureza o crueldad (πικρῶς, πικρότατα) no es una observación neutral, dado que es un término ligado a la concepción del poder tiránico. Los líderes mercenarios justamente exhortaban a los libios a obtener su libertad (παρακαλοῦντες ἐπὶ ἐλευθερίαν).34 Es notable el parecido de esta proclama de libertad con el uso de la famosa consigna política griega, la misma que intentó utilizar Aníbal, con resultados desiguales, para sublevar a los aliados itálicos de Roma, o la que con éxito sostuvieron los romanos en Grecia contra Filipo V.35 La eleuthería (“libertad”) constituía la proclama de libertad política contra la tiranía o contra la dominación opresiva y, en un sentido general, el dominio cartaginés era ambas cosas para los libios. El tirano, la peor de las monstruosidades políticas para Polibio, se muestra cruel por antonomasia (πικρός). Así se calificaba a Filipo (7, 13, 7; 14, 3), a Jerónimo de Siracusa (7, 7, 2) y a Cleómenes de Esparta (9, 23, 3; 2, 55, 7). Además, se calificaba de esclavitud cruel (πικροτάτης δὴ δουλείας) la vida de los espartanos bajo Nabis (4, 81, 13). En el pasaje sobre el desmoronamiento del dominio cartaginés en Iberia, los calificativos tampoco son neutros: despotikôs o “con despotismo” (10, 36, 7), hýbris o “violencia, disposición para dañar el honor de otro” (10, 6, 3; 7, 3; 37, 8; 38, 1), adikía o “injusticia” (10, 37, 8), agerochía o “arrogancia” (10, 35, 8), hyperephános o “soberbiamente” (10, 36, 3) y barýs o “pesado” (10, 35, 8).36

Erskine señala que el uso del despotikós “es especialmente llamativo; tal gobierno despótico es el dominio del amo sobre el esclavo, la verdadera negación de la libertad”.37 En ese sentido, el lenguaje político griego asimilaba situaciones de dominio a las de total restricción de la libertad, o esclavitud. En el ciclo biológico de las constituciones, por ejemplo, el propio Polibio escribía que la degeneración de la democracia conducía directamente a una ochlokratía (“gobierno de la muchedumbre”) que, con el tiempo, reactivaba el ciclo constitucional con un despótes (“amo”) y una nueva tiranía y reinicio del ciclo (6, 9, 9; cf. 8, 24, 1). Al aludir a la despoteía cartaginesa, entonces, se emitía una opinión explícita sobre el carácter de su hegemonía, sobre todo, si consideramos que, para Aristóteles, despótes era el rey de Persia.38 No deja de ser significativo que un modo de ejercicio del poder que se pensaba opuesto a las leyes y, por lo tanto, tiránico (cf. 2, 41, 5), fuera atribuido a los cartagineses. Quizá esta idea estuviera basada en la oposición entre injusticia de la tiranía y moderación de la buena monarquía propia del pensamiento helenístico.39 No era ajeno a esta idea Polibio cuando planteaba, en efecto, que todos los reyes al comienzo de su gobierno hablaban al mundo de libertad y llamaban amigos y aliados a los que habían decidido hacer causa común con ellos, pero luego comenzaban a tratarlos despóticamente (15, 24, 1-2).

Los cartagineses habían convertido a los íberos, según el historiador aqueo, en enemigos sometidos (πολεμίους... τοὺς ὑποταττομένους), no en aliados ni amigos (ἀντὶ συμμάχων καὶ φίλων). Esto era coherente con la explicación del trato infligido por Asdrúbal, hijo de Giscón, al caudillo íbero Indíbil, quien era “el más leal entre los amigos de Iberia (τὸν πιστότατον τῶν κατ’ Ἰβηρίαν φίλων)”.40 En el colmo de sordidez (κακοπραγμοσύνη), Asdrúbal le había exigido una cantidad enorme de dinero, con la única excusa de su autoridad (διὰ τὴν ἐξουσίαν, 9, 11, 3). Era una exigencia completamente arbitraria, puesto que la exousía no se ejercía sobre aliados, sino que era una prerrogativa de aquellos que dominaban (3, 4, 12).41 Desde esta perspectiva, es notable que Aníbal, al abandonar la Península ibérica, hubiera dejado a Hannón como hegemón de la región adyacente a los Pirineos, pero como despótes sobre los bargusios, puesto que desconfiaba de la eúnoia (“buena disposición”) que éstos profesaban hacia los romanos (3, 35, 4). Un hegemón no era lo mismo que un despótes, ya que el primero sólo lideraba a hombres libres, ciudadanos o aliados. Un despótes, en cambio, nada más mandaba sobre esclavos, sobre súbditos; los cartagineses, al invertir los términos y tratar como esclavos a los aliados, habían perdido automáticamente su eúnoia.42

La hýbris cartaginesa, como actitud para cometer excesos arrogantemente, era también un tema recurrente, puesto que evidenciaba la incapacidad para manejar el éxito con moderación. Su campo semántico es en verdad muy amplio, con sentidos como “crimen, desafuero, falta de escrúpulos, violencia”, etc.43 Notablemente, también es el comportamiento típico del tirano (6, 7, 9), del líder demagógico (6, 4, 10; 38, 17, 2), del bárbaro (9, 29, 3; 30, 2; 34, 2; 35, 6; 11, 5, 7; 3, 3, 5; 21, 41, 2; 33, 10, 3; 32, 13, 9), del mercenario (1, 81, 10) y de la masa enfurecida (15, 33, 5). Hay todo un cuadro negativo, pues, para caracterizar el dominio cartaginés.

Y la violencia sexual contra las mujeres, tal como había ocurrido en el caso de Filipo en Argos, es el indicador clave para que el público reconozca la hýbris tiránica. Este tópico reaparece en las relaciones con sus aliados. Cuando P. Cornelio Escipión conquistó Cartago Nova, junto con el botín, se había hecho con las mujeres e hijas de algunos jefes íberos que estaban en custodia de los cartagineses en prenda de la alianza. El comandante romano se entrevistó con ellas para saber si les hacía falta algo, pero en ese momento se le revela a éste y a los lectores que tales mujeres han sido objeto de violencia sexual por sus captores (10, 18, 7-14). Hay un claro paralelo entre la transformación de la dominación cartaginesa sobre Iberia y el ejercicio de esta violencia sexual contra las mujeres e hijas de los caudillos íberos aliados.44 Se trata de una muestra de la agerochía y hyperephanía a la que los cartagineses habían llegado, y el segundo término es quizá el más significativo. El adjetivo hyperéphanos, que caracteriza el comportamiento frente a los aliados íberos, advertía a los cartagineses el peligro de creerse dueños absolutos de la situación por su victoria sobre los Escipiones y, en consecuencia, se comportaran soberbiamente.

La intervención posterior en 29, 20, de L. Emilio Paulo ante su consejo tras vencer a Perseo de Macedonia es perfectamente coherente con este problema. Allí, el romano se adapta a la función del “consejero sabio”, tan cara a la historiografía griega, y lanza una advertencia en esa hora de gloria para los romanos sobre la actitud que, como vencedores, debían adoptar: contemplar siempre la fragilidad humana.45 La figura de Emilio Paulo en las Historias es impecable para el historiador, quien la compara con la decadencia imperante en la élite romana de su tiempo (18, 35, 1-12; 31, 25, 2-29, 12). Este pasaje llega hasta nosotros a través de un resumen bizantino, pero por otros autores, que siguieron a Polibio,46 conocemos que Emilio Paulo le dirigió primero la palabra a Perseo “en griego” para criticar sus innobles lamentos, según Plutarco, o bien para preguntarle por qué se había embarcado en la guerra, según Tito Livio. El cambio al latín podría estar relacionado no sólo con no hacer mofa del vencido sino, además, con identificar a los beneficiarios de esta lección, que, en este caso, serían los miembros de la élite política romana. Es válido suponer, ciertamente, que Perseo había ya aprendido por experiencia propia, aunque tarde porque se había convertido él mismo en un ejemplo para los romanos. Uno puede además descubrir la conexión con la reflexión inserta a continuación sobre la týche de Demetrio de Falero. Como ha mostrado M.-R. Guelfucci, el lugar de la τύχη en las Historias, primero como sentido de la marcha de la historia, segundo como recordatorio de la fragilidad de la condición humana,47 revela, contra toda suposición determinista, una fuerte confianza de Polibio en el hombre político y en las acciones humanas en el desarrollo de los acontecimientos.48

La lección del comandante romano, y del historiador griego Polibio a través de él, invitaba a evitar comportarse hybristikôs. El carácter formativo de la experiencia cartaginesa en Iberia y de Filipo en Argos no debía ser despreciado (10, 36, 5-7; 29, 20). Aunque no se utilizaba el término hýbris, megalaucheîn,49 relacionado con pensar y actuar de forma inmoderada, y hyperéphanos,50 que alude a la soberbia, alertaban significativamente al público. La hýbris en el pensamiento griego es una actitud surgida de un excesivo orgullo y confianza en que la propia situación de supremacía es irreversible, lo que configura una “disposición” para buscar humillar al otro, para lesionar su honor.51 Los líderes romanos no podían pretender actuar en el mundo sin evaluar las consecuencias de su hegemonía y, por lo tanto, debían estar atentos a las advertencias para refrenar una hýbris siempre peligrosa. Si los cartagineses se habían entregado al impulso de ofender a sus aliados hasta el punto de violar a sus mujeres era precisamente porque creían demasiado segura su posición tras su victoria inicial. ¿Los romanos, advertidos por Polibio, cometerían el mismo error de subestimar la fragilidad de la condición humana?

Escipión, la continencia sexual y la construcción de la hegemonía romana

Polibio es un historiador siempre preocupado por impartir lecciones por medio de ejemplos, a menudo sobre buen ejercicio de la hegemonía, y, casi siempre, atento a intentar moderar el comportamiento de la élite política romana.52 En ese sentido, la conducta sexual de Escipión en Iberia permite vislumbrar la eficacia de la estrategia romana de hegemonía y brinda al mismo tiempo un modelo a seguir para el público romano. Tras haber solucionado los asuntos en Cartago Nova y haber tomado conocimiento de la violación de las rehenes por los cartagineses, Polibio cuenta que algunos de sus soldados le hicieron llegar a Escipión una joven muy bella. Lo hicieron porque sabían que era mujeriego; sin embargo, en ese momento decisivo de fundación del poder romano en Iberia, el historiador busca acentuar la contención sexual del líder para alejarlo del comportamiento previo de los cartagineses.53

Existen tres versiones del episodio. Además de la de Polibio, contamos con los relatos de Valerio Anciate y de Livio. El primero de ellos, es el único que afirma que Escipión no sólo no liberó a la mujer, sino que se la quedó como un objeto sexual.54 Livio,55 por su parte, dice que la devolvió, pero introduce un diálogo entre Escipión y el prometido de la joven en el que busca proveer a sus lectores a la vez enseñanzas morales y políticas a través de la figura del líder romano.56 En el caso de Polibio (10, 19, 1-7) se acentúa la contención y la moderación del general (enkrateía, metriótes), como un modo de brindar una enseñanza moral, mas es difícil estar de acuerdo con Chaplin en que únicamente podemos hallar eso. Una comparación entre el comportamiento sexual de Filipo, Escipión y los cartagineses revela que aquél es un indicador del correcto o incorrecto ejercicio de la hegemonía. En el libro 6, con las degeneraciones de la realeza y la aristocracia, la transgresión sexual, tanto contra mujeres como contra muchachos, es un indicador de transformación del ejercicio del poder (6, 7, 6-7; 8, 5-6): “No está fuera de lugar recordar cuán profundamente la cultura helenística resentía lo odioso de los abusos sexuales de parte de quienes se hallaban en condiciones de superioridad”.57

Los miembros de la élite política romana debían estar atentos a evitar cualquier tipo de desliz hacia la hýbris y la hyperephanía. En lo que queda de los últimos libros de las Historias no hay referencias a violencia sexual contra mujeres por parte de los comandantes romanos. La única excepción podría ser un pasaje de Plutarco, en el cual sigue explícitamente a Polibio, donde la reina Quiomara, esposa de Ortiagonte, es apresada por las fuerzas de Cn. Manlio Vulso y se comenta que un centurión “usó de su fortuna cual lo hace la soldadesca y abusó de la mujer”.58 Sigue el relato de cómo Quiomara tomó venganza y le entregó a su marido la cabeza del centurión en muestra de su lealtad. Este pasaje no puede tomarse como un testimonio de un avance romano hacia una transformación en el ejercicio de su poder, puesto que el tipo de acción se atribuye al bajo estatus social del soldado. Un comandante romano, un verdadero varón (vir), no debía comportarse de ese modo, aunque sí les estaba permitido hacerlo a los legionarios, como Escipión mostraba en el libro 10 ante el ofrecimiento de la muchacha por parte de sus soldados.

Los romanos, sin embargo, estaban expuestos a otros síntomas de hýbris desde el comienzo de la obra. En el libro 1, M. Atilio Régulo, porque se creía ya vencedor en África, había ofrecido unas humillantes condiciones de paz a los cartagineses, que fueron rechazadas debido a su “dureza” (tò báros) (1, 31, 5-7). El cónsul fue poco después derrotado y Polibio llamaba la atención sobre los elementos capaces de contribuir “a la corrección de la vida de los hombres (πρὸς ἐπανόρθωσιν τοῦ τῶν ἀνθρώπων βίου)”.59 Lo que le ocurrió al cónsul había hecho evidentísimo (ἐναργέστατον ἐφάνη) que se debía desconfiar siempre de týche (1, 35, 2). El hombre “que poco antes no sentía ni compasión ni misericordia (οὐ διδοὺς ἔλεον οὐδὲ συγγνώμην)” para con los vencidos, se vio obligado a pedir por su salvación (1, 35, 3). Este episodio podía ayudar a la corrección (διόρθωσις) del público, teniendo en cuenta que existían dos métodos para perfeccionarse (ἐπὶ τὸ βέλτιον μεταθέσεως): uno más evidente (ἐναργέστερον) con la experiencia personal, pero también uno más seguro (ἀβλαβέστερον) a través de la experiencia ajena (1, 35, 6-10). Polibio defendía aquí, por lo tanto, el lugar de la historia pragmática como “la mejor educación (καλλίστην παιδείαν)” capaz de brindar experiencia a los hombres políticos, sin necesitar sufrir para aprender (1, 35, 9).

Emilio Paulo, por su parte, también advertía a los miembros de su consejo militar sobre el peligro de ser educados por sus propias desgracias (ἐν ταῖς ἰδίαις ἀτυχίαις παιδεύεσθαι), sin duda, para que aprovecharan el ejemplo presente de Perseo (29, 20, 4). La victoria ponía a los líderes romanos ante un desafío similar al de los cartagineses después de su triunfo en Iberia. La advertencia había sido ya trazada en el libro 6: “cuando los romanos se ven libres de amenazas exteriores (ἀπολυθέντες τῶν ἐκτὸς φόβων) y viven en las fortunas (ταῖς εὐτυχίαις) de la abundancia conseguida por sus victorias, disfrutando de gran felicidad (τῆς εὐδαιμονίας), y, vencidos por la adulación y la molicie, se tornan insolentes y soberbios (πρὸς ὕβριν καὶ πρὸς ὑπερηφανίαν)”.60 En las Historias, la constitución romana se muestra más sólida en situaciones de intenso phóbos (“miedo”), que no es una mera traducción del metus hostilis latino.61 Para Aristóteles, tanto la piedad como el miedo eran muestras del reconocimiento de la propia vulnerabilidad y, por lo tanto, actuaban como freno para la hýbris.62 No es casual que Polibio considerara positivo que Perseo no hubiera vencido, pues, en caso de haberlo hecho, habría obtenido un poder soberbio (ἐξουσίαν... ὑπερήφανον) (28, 9, 7). Pero esta reflexión no tomaba en cuenta específicamente el tipo de poder total que Roma también había alcanzado tras Pidna (1, 2, 7; 3, 3, 9; 4, 2; 12, etc.). ¿Roma se iba a comportar como lo habría hecho Perseo? Si nos remitimos al llamado segundo prólogo, ese interrogante se vuelve un objetivo central (3, 4, 3-5). No constituye, sin embargo, una expresión de sentimientos antirromanos, sino una reflexión general acerca de las condiciones óptimas para imponer una hegemonía y un dominio, como así también para advertir sobre las reacciones esperables de los dominados. Por lo tanto, Polibio no estaba deseando la caída del dominio romano, aunque dejaba abierta la idea de una finitud de su imperio minando el télos original que había trazado para su historia en el libro 1,63 y mostraba a su público, romano y griego, la importancia de la actitud de los dominados y dominadores, así como su capacidad de juzgar las acciones hacia el futuro.64

Muchos en el pasado, como el historiador sostenía, se habían creído en una situación de poder inmodificable, se habían sentido seguros, confiados, y por ello habían tratado de manera brutal a sus aliados y súbditos. Polibio lo había examinado en particular mediante los ejemplos de Filipo y Cartago y su violencia contra las mujeres de sus respectivos aliados. Aunque era excepcional la situación de Roma, por la magnitud del poder que había alcanzado, pendía sobre su cabeza y sobre la de su élite política la responsabilidad de ejercerlo de manera conveniente y moderada. Indudablemente, había allí una advertencia para Roma.

Algunos pasajes muestran, pero no en discurso directo, ni con una opinión directa, esta tendencia con posterioridad a Pidna. Su preocupación no está dirigida, sin embargo, al sistema de dominio romano, sino al accionar de determinados individuos.65 En ese sentido, por un lado, hay ejemplos de moderación como Emilio Paulo o L. Mumio y, por otro, negativos de comportamiento como L. Marcio Filipo o C. Popilio Lenas. Proveyendo ejemplos individuales y concretos podía aspirar a que su público romano intentara emular a los mejores, al tiempo que evitaba los vicios de los peores. Adicionalmente, por cierto, al centrar la crítica en el accionar concreto de determinados individuos, eludía la comprometedora tarea de realizar un juicio de conjunto sobre la política romana.

La crítica a los romanos se colocaba en boca de diversos personajes. Por ejemplo, el gramático Isócrates se alegraba del asesinato del embajador Cn. Octavio Graco porque veía en esto la posibilidad de que los romanos cesaran en sus altaneros mandatos (τῶν ὑπερηφάνων ἐπιταγμάτων) y en su poder ilimitado (τῆς ἀνέδην ἐξουσίας) (32, 2, 7). O bien, C. Popilio Lenas, que se había presentado en Egipto y había trazado un círculo con una vara alrededor de Antíoco IV para obligarlo a tomar una decisión antes de salir del mismo, había hecho “algo que pareció desconsiderado y de una gran altanería (μὲν δοκοῦν εἶναι καὶ τελέως ὑπερήφανον)”.66 El historiador se distancia del juicio con un dokoûn, decisión sensata dada su situación, pero igual elegía consignarlo para que sus lectores lo juzgaran.

Había opiniones griegas, en efecto, que reflejaban que la dominación romana había cambiado su carácter y, en ello, Polibio reconocía un peligro para el futuro de Roma y su hegemonía. Sin embargo, en la medida en que todavía no aparecía el tópico de la violencia sexual contra las mujeres, su poder aún no había devenido en tiránico. El proceso de degradación de su hegemonía no era irreversible. Es posible que estuvieran a tiempo de moderar su conducta y el historiador aqueo confiaba en la utilidad de su obra para educarlos.67 El aprendizaje de esta lección de política y de moral, en definitiva, podía resultar positivo tanto para los romanos como para los griegos, quienes tenían que interactuar dentro de una nueva realidad política a escala mediterránea.

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1 En Heródoto se mencionan mujeres 373 veces, mientras que sólo 50 en Tucídides. Véase Wiedemann 1983. Eckstein 1995, p. 151, n. 125, señala que en Polibio hay más de 130 apariciones de mujeres, esto es importante si se repara en que nada más disponemos de un cuarto de la obra original.

3 1905. Dentro de la escasa bibliografía sobre el tema, pueden mencionarse Dixon 1985 y Turco 2011.

5 Pol., 6, 8, 5. En adelante indicaré los pasajes de Polibio con libro, parágrafo y línea. Utilizo la edición de Teubner, de Th. Büttner-Wobst (1993) y las traducciones de Díaz Tejera y Sancho Royo (1972-2008) para los libros 1 al 6, y Balasch Recort (1981-1983) para los libros 7-39. Sobre la tiranía, cf. Clearch., FGrHist, 2 F307 (=Athen., 541 C-E), ed. 1923-1958; Plu., Mor., 253 C-E, ed. 1987; Thuc., 6, 54-57, ed. 1992; Nic. Dam., FGrHist, 90 F61, ed. 1923-1958; Davidson 2004, p. 100. Acerca de la tiranía en Platón, véase Méndez Aguirre 2012, pp. 60-61.

6Para transferir efectivamente la riqueza a sus partidarios.

9 10, 26, 2; 18, 7-14, respectivamente.

18Sobre la amplitud del campo semántico del término philanthropía, cf. De Romilly 1979, pp. 37-52.

19Acerca de Arato y Filipo V en Itome, cf. Mendels 1977, pp. 159-161. Es lógica la argumentación en favor de que la stásis mesenia mencionada en 7, 10, 1, no se debe identificar con la aludida en 7, 11 (12), 1, y Plu., Arat., 50, 1, ed. 2009. La primera habría ocurrido en 219, mientras que la segunda en 215 a. C., cf. Mendels 1980.

20 Plu., Arat., 49-50, ed. 1926: ἠδίκει περὶ τὴν γυναῖκα καὶ πολὺν χρόνον ἐλάνθανεν ἐφέστιος ὢν καὶ ξενιζόμενος ὑπ’ αὐτῶν. Cf. Plu., Arat., 51, 1, ed. 1926; Liv., 32, 21, 24-25, ed. 1993b. Plutarco trabajó sobre Polibio, el cual probablemente procedió indirectamente del mismo Arato a través de información oral (Walbank, HCP, II, pp. 59-60, ed. 1999). Niese 1899, p. 469, n. 6: “Plutarch hat ohne Zweifel aus Polybios geschöpft”.

21Véase Plu., Arat., 51, 2, ed. 2009. Para el crimen cometido por Filipo contra Zeus Hospitalario, cf. Plu., Arat., 54, 2, ed. 2009; Liv., 32, 21, 23, ed. 1993b.

22La distinción entre consenso y miedo en el régimen unipersonal se remonta al s. V a. C., cf. Welwei 1963, pp. 123-124, n. 1.

23 Hdt., 3, 80, 5, ed. 1928: νόμαιά τε κινέει πάτρια καὶ βιᾶται γυναῖκας κτείνει τε ἀκρίτους. Sobre el diálogo, cf. Olivera 2016.

24 10, 26, 2, trad. de Balasch Recort, 1981-1983: ὅσῳ δὲ τὴν ἐσθῆτα δημοτικωτέραν περιετίθετο, τοσούτῳ τὴν ἐξουσίαν ἐλάμβανε μείζω καὶ μοναρχικωτέραν. Para el griego sigo la ed. de Buttner-Wobst, 1993.

28Polibio es parcial y distorsiona una práctica de desplazamiento de poblaciones tradicional en Macedonia desde el s. IV a. C., cf. Hammond-Walbank 1988, p. 474. Sobre los traslados de tracios, véase p. 476, y para una reevaluación general, pp. 472-487.

29Acerca de la identidad entre territorio y poder real en Macedonia, cf. Hatzopoulos 1996, pp. 167-171.

31 D.S., 20, 55, 4, ed. 1983: ...διὰ τό βάρος τῆς ἐπιστασίας. Cf. Hoyos 2007, p. XIX.

32 Tyrt., fr. 5, l. 3 (Diehl), ed. 1949. Para la relación entre ambos pasajes, cf. García Moreno 1978, p. 76. Sobre Esparta y esta explotación de los mesenios, cf. Oliva 1971, pp. 48-54.

34 1, 70, 8.

36Los íberos abandonaban a Asdrúbal porque se sentían oprimidos por la arrogancia de los cartagineses. 10, 35, 8: πάλαι μὲν βαρυνομένους ὑπὸ τῆς τῶν Καρχηδονίων ἀγερωχίας.

40 9, 11, 3.

41Molpágoras de Cíos, cuando se apoderó de los bienes de los ricos y los repartió entre los ciudadanos, llegó a tener una monarchiké exousía (15, 21, 2); Filipo (10, 26, 2).

43ὕβρις, ὑβριστικῶς, 24 y 2 apariciones respectivamente. Mauersberger 2002-2006, s. v. ὕβρις.

45 29, 20, 1-4. Sobre la reutilización del consejero sabio como advertencia a la élite romana, cf. Ballot 2010, pp. 497-502.

48 Guelfucci 2010b, pp. 151-156. Interesante su énfasis en las citas de Eurípides (1, 35, 4; 8, 3, 3; 7, 7; 9, 22, 1).

53 10, 19, 3-7. Cf. 10, 38, 1; Erskine 2005, pp. 232-233; Chaplin 2010, p. 62. Con todo, el motivo del conquistador y la bella cautiva es un tópico de la historiografía griega, cf. De Romilly 1988.

59 1, 35, 1.

60 6, 18, 5.

61Cf. Bellen 1985.

64En ello parece residir la importancia de la inserción del segundo prólogo (3, 4, 6; Eckstein 1995, p. 197), puesto que Polibio observaba el impacto de la victoria en conquistadores y conquistados, cf. Shimron 1979-1980, pp. 105-106.

66 29, 27, 4.

67Sobre la naturaleza fundamentalmente didáctica han insistido recientemente, cf. Maier 2012, pp. 17-71; Guelfucci 2010a. Véanse también los clásicos estudios de Sacks 1981, pp. 122-144 y 180-186; Eckstein 1995, pp. 140-150; Mioni 1949, pp. 24-29. Sobre el ejemplo y la mímesis, cf. Nicolai 2007, pp. 14-19, y Fornara 1988, p. 114.

Recibido: 13 de Septiembre de 2018; Aprobado: 21 de Diciembre de 2018

* Álvaro M. Moreno Leoni es doctor en Historia y profesor de Historia antigua en las Universidades Naciona les de Córdoba y de Río Cuarto, e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina. Actualmente dirige el proyecto de investigación “Libertad, imperio y civilización. Una aproximación conceptual a la construcción occidental de la historia antigua clásica” (PICT 2016 N° 1396). Ha impartido cursos de grado y posgrado en Ar gentina, México y Chile. Ha publicado artículos sobre historia e historiografía helenística en el Reino Unido, Italia, España, Portugal, México, Chile, Brasil y Argentina. Es autor del libro Entre Roma y el Mundo Griego. Memo ria, autorrepresentación y didáctica del poder en las Historias de Polibio (2017) y coeditor de numerosos volúmenes colectivos.

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