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Nova tellus

versão impressa ISSN 0185-3058

Nova tellus vol.35 no.2 México Jul./Dez. 2017

http://dx.doi.org/10.19130/iifl.nt.2017.35.2.772 

Reseñas

Ramírez Vidal, Gerardo, La invención de los sofistas

David García Pérez* 

* Universidad Nacional Autónoma de México. México.

Ramírez Vidal, Gerardo. La invención de los sofistas. México: Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones Filológicas, Cuadernos del Centro de Estudios Clásicos, 56, 2016. 431p.

Palabras clave: debate; filosofía; fuentes; sentido; sofista

Keywords: Debate; Philosophy; Source; Meaning; Sophist

En la historia de la filosofía y del pensamiento especulativo, en general, el término “sofista” ha sido objeto de las más diversas interpretaciones, incluso en muchos momentos tomando partido en torno suyo, como si se tratara de un proceso de ataque y de defensa de ciertos pensadores, desde Platón hasta nuestros días: la filosofía como disputa ideológica y no como reflexión abstracta sobre el sujeto y su entorno, como marca de una “escuela” de pensamiento o como un medio para lograr fines diferentes al del juicio del raciocinio. El resultado ha sido una recepción equivocada o soslayada sobre los llamados sofistas, no obstante su contribución para aquello que Occidente ha definido como “humanismo”, por ejemplificar sólo con un vocablo de hondo calado en la cultura:

El origen de esa aporía radica en que, básicamente, los caminos que se han seguido parten inevitablemente de Platón y de los filósofos de la Academia, y en consecuencia los estudiosos están condicionados de una u otra manera por el fundador de la escuela, pues miran a los sofistas siempre desde la óptica de aquel filósofo, ya sea a favor o en contra (pp. 7-8).

En este sentido, La invención de los sofistas es una investigación rigurosa que sigue un trayecto filológico, claramente apegado a las fuentes antiguas, con su traducción correspondiente, acompañada de una exégesis que aporta elementos necesarios para la comprensión de cada uno de los pasajes recopilados. Por otra parte, es también un camino historiográfico que explora el término en cuestión desde Homero hasta la antigüedad tardía, sin perder de vista el horizonte de la Tradición occidental, con la finalidad de obtener una panorámica profunda y con sus relieves bien perfilados que revelan lo que el título enuncia: la invención de los sofistas, esto es, cómo es que este nombre y a quienes se les llamó así es resultado de cambios semánticos y de posturas analíticas que han tenido repercusiones en diversos ámbitos de la filosofía: “nuestro interés no es estudiar a esos maestros ni tipológicamente ni en su singularidad, sino tratar de comprender el sentido propio de la palabra sophistés, y entender que no se puede designar a aquellos maestros con ese término como se hace erróneamente en nuestro tiempo” (p. 37), según afirma el autor de este libro. El problema no es menor: los siglos v y iv en la Grecia antigua, considerados como espacio del esplendor del pensamiento reflexivo, dialéctico, retórico, médico, poético, etcétera, que se proyecta en toda la filosofía occidental, tiene como base o como ingrediente, en todo caso, un pensamiento sofístico, es decir, filosófico, a pesar de sus oponentes y de las muy diversas y divergentes opiniones al respecto.

Siendo lo anterior así, esta investigación de Gerardo Ramírez Vidal, publicada por el Instituto de Investigaciones Filológicas, perfila de modo diáfano la evolución y las aristas de cada contexto de los que se ocupa en cuanto a la definición de sophistés para llevar al lector a la fuente en sí misma (en el texto original y en su traducción), sin mediar opinión determinante de algún otro estudioso, salvo que sea imprescindible y en todo caso para contrastar sus posturas, con lo cual se puede tener información de primera mano y compulsar los cambios suscitados alrededor de la sofística y la filosofía (como si verdaderamente fueran cosas distintas), y así evidenciar cómo algunos pensadores se han dejado llevar por interpretaciones parciales, erróneas, o bien, muy apartadas de lo que pudo y puede significar la “sofística” como término genérico.1 En el apartado “Una historia sofística de la sofística” (pp. 26-36), en apretada síntesis, Ramírez Vidal revisa los hitos que pueden ser rescatables sobre el tratamiento a los sofistas de manera diacrónica. Teniendo esto en cuenta, se perfila el planteamiento filológico para rastrear los usos del vocablo sophistés para obtener una valoración acorde con nuestro tiempo y nuestra cultura actual, que mucho tienen de sofístico:

los resultados han sido tan fructíferos que se ha relacionado a la antigua sofística con la filosofía posmoderna, por el carácter relativista, antipositivista y antifundacionalista de ambas. Se ha dado así una inversión, pues la filosofía contemporánea, como una nueva sofística, hunde sus orígenes en la propia doctrina de los sofistas del siglo v: nihilistas, relativistas, pragmáticos, antifundacionalistas... (pp. 35-36).

La investigación llevada a cabo es profunda, puntual, con rigor filológico y sustentada tanto con las fuentes directas, como con fuentes especializadas. En efecto, el estado de la cuestión es valioso en sí mismo porque se hace un recuento de los hitos en torno al estudio de la sofística, desde sus inicios, pasando por el desdén de la filología y de la filosofía germana, en especial la decimonónica, hasta llegar a nuestros días en donde diversos estudiosos han reivindicado el pensamiento de los sofistas del período clásico griego, ya sea por el valor histórico-filosófico (Mario Untersteiner, I Sofisti; George B. Kerferd, The Sophistic Movement), ya sea por la trascendencia de su pensamiento en la misma antigüedad clásica y hasta llegar a los tiempos actuales (Jacqueline de Romilly, Les grands sophistes dans l’Athènes de Péricles; Barbara Cassin, L’effet sophistique). A mi juicio, La invención de los sofistas es una acertada combinación del valor epistemológico y de la crítica filológico-filosófica en torno al tema planteado. Y, sin duda, es una muy importante contribución a la historia de la filosofía, inédita en los estudios clásicos que se cultivan en México y en Hispanoamérica, específicamente en la UNAM, pues hasta ahora, en nuestro contexto, tanto filósofos como otros pocos estudiosos afines se han acercado, en muy contadas ocasiones y sin las herramientas filológicas, a este tema con el rigor y el equilibrio pertinente para determinar el sentido, el valor filosófico y la trascendencia del pensamiento de cada uno de los sofistas a partir de la definición del mismo término con el que, para bien y para mal, se les ha reconocido.

La estructura del volumen es adecuada, bien planeada y expuesta: la introducción expresa el estado de la cuestión completo y profundo (pp. 13-37); con un equilibrio aristotélico, el desarrollo se presenta dividido en tres partes, cada una con tres capítulos: Parte I. Los usos tradicionales de la familia de SOFOS en épocas arcaica y clásica (pp. 41-144); Parte II. Sofistas y filósofos en Isócrates y Platón (pp. 147-290); Parte III. Sofistas y filósofos en Aristóteles. Esbozo del desarrollo posterior (pp. 293-382). En cada uno de estos apartados se ofrece una visión historiográfica que sigue una línea ininterrumpida de Homero a Aristóteles, con sus respectivos afluentes, misma que cierra con el recuento que se puede hallar en la tradición que ha seguido la controversia sobre los sofistas. Las conclusiones son coherentes y verosímiles con lo expuesto a lo largo del volumen, entre ellas el análisis filológico e histórico de los términos con la raíz *soph-, con la finalidad de determinar hasta qué punto los sofistas son una invención atribuida al pensamiento, en general, de los siglos v y iv a. C. de la Grecia antigua y particularmente al fundador de la Academia:

es Platón de quien se sabe con certeza que, al establecer una oposición entre sofística y filosofía, modifica el sentido común de la palabra philósophos, que hasta entonces se había utilizado a menudo como un insulto, para designar con ella a la persona inclinada a la búsqueda de la verdad. En sentido contrario, σοφιστής ya no es ahora el ‘experto’, el ‘perito’, sino un maestro embustero bien identificable, una persona que simula tener la competencia política, pero no es sino un embaucador cualquiera (p. 387).

En la tradición filosófica, pesó la condena a los sofistas “embaucadores” que cobraban por sus enseñanzas (sigue pesando, pese a todo, pues basta mirar como ejemplo el exiguo lugar que ocupa el estudio de la sofística en el plan de estudios de la Licenciatura en Filosofía y de la Licenciatura en Letras Clásicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM). Y quizá sólo hasta el siglo xx en adelante es que se ha determinado y se ha reflexionado fuera de la esfera platónica el valor “real” de la sofística. Al respecto, Ramírez Vidal hace suya la precisa reflexión de Alfonso Reyes sobre los sofistas:

proceder así es seguir bailando al ritmo de Platón, embelesados por su canto. Don Alfonso Reyes [...] hacía la siguiente recomendación: “Para apreciarlos hay que cerrar los oídos a las burlas de la Academia”. En consecuencia, en el estudio de los ‘sofistas’ no se debería utilizar en absoluto la obra de Platón, por las tergiversaciones a las que ya se ha hecho referencia. En caso de tomar en cuenta al filósofo, deberá hacerse sólo en el sentido de “recepción de los ‘sofistas’ en Platón” (p. 396).

Como desde la misma antigüedad existe controversia alrededor de los sofistas, esta obra cuenta con la virtud de aportar datos relevantes, contextualizados y comentados que abonan en torno de aquélla bajo la perspectiva de una crítica reflexiva y ponderada. No obstante, dicha controversia se alimenta de los puntos en los que las definiciones y los alcances están determinados por las mismas fuentes, pues lo que ocupó a los sofistas fue lo esencialmente “humano”, ruta que sigue este volumen y que matiza y reconduce en los asuntos en donde la historia de la filosofía ha sido parcial y acrítica. El “quiebre semántico” (pp. 147-202) es esencial en este sentido, porque las aportaciones y los comentarios que se leen en el libro sobre autores de primera mano como Gorgias, Platón, Isócrates, Aristóteles, etcétera, dan la pauta del modo en que se concibe la semántica de sophós, sophía, sophistés y sus derivados. Sin duda, el carácter “quirúrgico” de la labor filológica restringe, en el mejor de los casos, la especulación que la filosofía desborda en aras no sólo de defender determinada postura, sino de proyectarla como verdad irrevocable.

La bibliografía del volumen es extensa, muy completa y actualizada; está presentada por tópicos referentes al tema; en sí misma constituye una guía para quien desee incursionar, profundizar o polemizar sobre el estudio de los sofistas (pp. 399-422). De igual manera, notable acierto es el índice de pasajes comentados, pues también deviene en excelente guía de estudio, además de su finalidad práctica en el marco del contenido del libro (pp. 423-428).

En suma, por todo lo anterior, La invención de los sofistas es una obra que por el tema que aborda y cómo lo aborda es inédita en la labor de la filología clásica en el ámbito hispanoamericano, y si bien en otros contextos hay investigaciones que han tratado este asunto, la originalidad de éste radica en su metodología filológica e historiográfica, en el conocimiento y la crítica del universo de estudios que existen al respecto para contextualizar la hipótesis de la invención de los sofistas a partir de un pensamiento platónico; sin duda, este libro contribuirá a la reflexión filosófica (retórica, literaria, etcétera) en torno de la sofística para mirarla, estudiarla y comprenderla como lo que quizá siempre ha sido: otra filosofía, la primera que centró su interés en lo estrictamente humano.

1Sobre este mismo tema, Gerardo Ramírez Vidal ha publicado: “El sofista y el filósofo en la Grecia Clásica”, Noua Tellus, 21/2, 2003, pp. 77-91; “El sofista y el filósofo en Platón”, Revista de filosofía de la Universidad de Costa Rica, 46, 2008, pp. 49-59; “Títulos que engañan: las Refutaciones sofísticas de Aristóteles”, Noua Tellus, 32/2, 2015, pp. 227-249.

Recibido: 02 de Agosto de 2017; Aprobado: 10 de Noviembre de 2017

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