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Nova tellus

versión impresa ISSN 0185-3058

Nova tellus vol.31 no.1 México  2013

 

Reseñas

Vives, Juan Luis, L’insegnamento delle discipline

Enrique González González*

Vives, Juan Luis. L’insegnamento delle discipline. ,, introduzione, traduzione e commento di, Del Nero, Valerio. Florencia: Leo S. Olschki Editore, 2011. XLV, 257p.

Palabras clave: Traducción; ediciones; Vives; De Disciplinis

Keywords: Translation; editions; Vives; De disciplinis

Un factor decisivo para promover la difusión de un autor que originalmente escribió y fue publicado en otro idioma es la traducción. Homero, Virgilio y Cicerón, para limitarme a tres clásicos, son ampliamente conocidos en el ámbito de la lengua castellana gracias a las versiones “romanzadas” de su obra, que circularon desde muy temprano. De Quintiliano en cambio, tan valorado en el Renacimiento, apenas se contó, muy tardíamente, con una versión parcial aparecida en 1887.

Una traducción -algo que no siempre se tiene en cuenta- no se limita al hecho de verter el agua de un vaso en un recipiente vacío. Toda versión actúa como fermento cultural en el ámbito de la lengua de adopción. Para señalar un caso ignorado hasta hace muy poco, el Primero sueño de Sor Juana guarda estrecha relación con los Fenómenos de Arato. Pero como la jerónima ignoraba el griego, se valió de la traducción latina del poema, por Germánico, y de dicha versión incorporó en su Sueño algunas líneas, una vez que las pasó al español. En el Renacimiento, las traducciones al latín de los Diálogos de Luciano inspiraron obras maestras en varias lenguas, baste con mencionar el Elogio de la locura, de Erasmo, que circuló tanto en latín como en múltiples idiomas; y en lengua castellana, el de Samosata inspiró los punzantes Diálogos de Alonso y Juan de Valdés. Por lo mismo, si es verdad que el conocimiento directo de un autor en su propia lengua resulta irreemplazable, con certeza análoga puede decirse que nada sustituye a la labor fecundante de la circulación de autores extranjeros en el ámbito de cada lengua, gracias a las a traducciones.

En lo tocante al valenciano Juan Luis Vives (1492/93-1540), sus escritos, a fuer de humanista, salieron todos en latín. Esta circunstancia les permitió circular por toda Europa, de las ciudades hanseáticas del báltico a Sevilla, y de ahí, a las Indias. Consta que sus obras llegaron incluso a las colonias portuguesas de Goa. Sin embargo, conforme el latín perdió su estatuto de lingua franca académica, los autores que debieron a la lengua del Lacio su enorme difusión pasaron a un mayor o menor olvido, a menos que, durante sus años de auge, hubiesen merecido traducciones a una o más lenguas vulgares.

En el caso del humanista de Valencia, sólo aquella parte de sus tratados cuyo destinatario era el amplio público circuló extensamente en inglés, francés, alemán, italiano, neerlandés y español, entre otras lenguas. En España, por ejemplo, durante el siglo XVI se tradujeron al castellano tres populares escritos: la “Introducción a la sabiduría”, el “Tratado del socorro de los pobres” y la “Instrucción de la mujer cristiana”; algo semejante ocurrió en el ámbito de las restantes lenguas mencionadas. Pero eran obras que, con el tiempo, perdieron interés o quedaron un tanto desfasadas, en calidad de testimonios históricos o lingüísticos. Por el contrario, ninguno de sus tratados científicos, como De anima et vita, De ratione dicendi, o los veinte libros De disciplinis pasaron a lenguas vulgares, por la simple razón de que se trataba de escritos destinados al ámbito restringido de los estudiosos, y todos ellos podían leerlos en el original.

En el siglo XIX, cuando cada nación adoptó una lengua como propia, las nuevas disciplinas escolares y científicas se cultivaron en vulgar y, desde entonces, sólo las obras que circulaban en lenguas nativas merecieron la debida atención. En los estados alemanes, donde a mediados del siglo surgieron la psicología experimental y la pedagogía como disciplina, los tratados científicos de Vives merecieron pasar al alemán y, a comienzos del siglo XX, a otras lenguas. Como era de esperar, se tendió a traducirlos tan sólo en clave pedagógica. En consecuencia, la multifacética figura del humanista quedó estereotipada y reducida al rango de uno de los más señeros pedagogos del Renacimiento.

Para efectuar aquellas traducciones, los intérpretes tomaron como punto de partida la edición más a la mano de Vives en latín; por lo común, en áreas protestantes se recurría ante todo a la edición de Opera, Basilea, 1555, mientras que en las católicas se prefería la edición de Gregorio Mayans, aparecida en Valencia en ocho tomos, entre 1782 y 1790. En ningún caso se trataba de ediciones críticas, y el traductor nunca se preguntó por la fiabilidad del texto adoptado para su versión. En consecuencia, a más de ese vicio de origen, dichas traducciones se desentendían por completo de dotar de un aparato crítico a los textos vertidos en lo tocante a las fuentes utilizadas o citadas por el valenciano.

En el caso de la lengua castellana, la traducción del destacado latinista, Lorenzo Riber (Obras completas, Madrid, Aguilar, 1947-1948, 2 tomos), ilustra ampliamente ese estilo de interpretación. Tomó como referente casi único la edición de Mayans, y omitió incluir a pie de página otras referencias textuales que las introducidas por el editor dieciochesco. El traductor, por su parte, no perdió la ocasión de “embellecer” su trabajo con unas cuantas florituras retóricas. Peor aún, en la medida que no estaba al tanto de los debates renacentistas sobre el sentido de la dialéctica y demás disciplinas como instrumentos para la renovación del saber, Riber castellanizó toda esa terminología técnica y científica a su leal entender, y si llegaba a cruzarse con un pasaje demasiado abstruso, se saltaba unas cuantas líneas...

Sólo en las últimas décadas del siglo XX, se abrió paso a las ediciones críticas de unos cuantos de los numerosos escritos de Vives. Desde entonces fue posible recuperar el texto original así como dar cuenta de sus fuentes. Tales textos se acompañaban de nuevas traducciones que buscaran aunar el rigor crítico del intérprete con el aporte de noticias puntuales sobre el apparatus fontium subyacente en dichos textos. Además, se aportaron índices de nombres y de lugares citados. El punto de partida fueron los Selected Works of J. L Vives, publicados en Leiden por Brill a partir de 1987, colección que sigue vigente y se acerca a la decena de volúmenes. De modo paralelo, empezaron a aparecer ediciones críticas de otros escritos del valenciano, pero con traducción española, como los Diálogos y De ratione discendi. En este momento, en Francia, acaba de aparecer la edición crítica de la obra maestra de Vives, De disciplinis con versión y notas al francés a cargo de Tristán Vigliana (París, Les Belles Lettres, 2013).

Las ediciones críticas bilingües permiten renovar el estudio de autores como Erasmo, Tomás Moro o Vives, en la medida que ofrecen un texto fiable, pero, ante todo, por el aparato crítico que las acompaña. Ahora bien, en la medida que semejantes publicaciones reclaman a un lector especializado, es importante ensanchar el círculo de posibles lectores al poner a su alcance ediciones asequibles, exclusivamente en romance, pero realizadas con todo rigor y enriquecidas con notas capaces de esclarecer y contextualizar los pasajes oscuros del texto y que den información cuidadosa sobre los autores empleados y citados. Editoriales de lengua inglesa, como Penguin, o casas análogas francesas suelen ofrecer al gran público versiones accesibles y cuidadosas de autores extranjeros. Es así como los autores salen del gabinete a la calle.

Fuera de las ediciones de clásicos castellanos, en español, sólo editoriales como Crítica se ocupan expresamente de este estilo de ediciones anotadas, de incuestionable utilidad, en especial para los estudiantes. En cambio, apenas empiezan a recibir atención los autores hispánicos del Renacimiento que escribieron en latín, y Vives no ha corrido con gran suerte. Está en curso el proyecto de nueva traducción de sus obras completas emprendido por el Ayuntamiento de Valencia, desde fines del siglo pasado. La nueva versión del De disciplinis, apareció en 1997. Sin duda, se trata de un avance respecto de la realizada por Riber, en la medida que ya no privan los criterios decimonónicos y de principios del siglo XX tendientes a “embellecer” el texto a traducir. En la actualidad se busca ante todo el rigor, y más cuando los intérpretes proceden del medio académico. No obstante, la versión valenciana volvió a basarse, como ya hiciera Riber, en el texto mayansiano del siglo XVIII, con sus virtudes y defectos. Por otra parte, en la medida que es resultado de una versión emprendida por varios intérpretes, y a cada uno correspondió la traducción de un número de libros de la obra, el resultado es irregular en la medida de que cada intérprete siguió su camino y sus criterios para castellanizar el texto latino, así como para anotar las referencias de Vives a los incontables autores que cita. Sin duda alguna, el coordinador general de la obra recurrió a jóvenes estudiosos de filología clásica, pero nada garantiza que fuesen expertos en el neolatín ni en los autores ni en temas del Renacimiento.

Por lo que hace al presente trabajo de Valerio del Nero, el intérprete realizó una traducción rigurosa al italiano, profusamente anotada, de la segunda parte del De disciplinis, llamada De tradendis disciplinis. En dicha obra Vives, por así decir, hizo un balance enciclopédico del estado de los saberes (las “disciplinas”) en su época. En una primera parte se ocupó de las causas de lo que, en su opinión, había llevado a la decadencia de los saberes en las universidades. Para ello, pasó revista a cada disciplina: gramática, dialéctica, retórica, filosofía, derecho, medicina, matemáticas, historia... Explicó cuándo y por qué motivos habían decaído. En la segunda parte -objeto de la versión de Del Nero-Vives hizo una serie de propuestas para elevar el nivel de cada una de las disciplinas y para enseñarlas mejor a los estudiantes. La versión italiana prescinde del texto latino, pero su procedimiento se puede considerar modélico y, por ello, digno de imitación. En la medida que la monumental obra de Vives carece hasta hoy de edición crítica (la francesa está tan sólo anunciada), Del Nero estudió con cuidado el texto latino de la edición príncipe, aparecida en Amberes en 1531, y la utilizó como base para su traducción, sin desatender por ello el capitulado introducido por Mayans. El intérprete, por lo demás, es especialista en De disciplinis, obra a la que ha dedicado un libro y varios estudios1 y, en general, es un atento estudioso de la filosofía y la literatura humanística, formado en la escuela de Eugenio Garin. Esto significa que está óptimamente capacitado para su empresa, en la medida que posee un sólido conocimiento de las lenguas latina y griega, que ha enseñado durante años, y le son familiares el marco cultural y las polémicas intelectuales que se reflejan en la obra de Vives. El resultado es una obra en formato accesible (la edición de Olschki es espléndida), con un atento y documentado estudio introductorio (pp. V-XLV) y amplio aparato crítico. Traduce a Vives con todo cuidado, y las anotaciones resultan de gran utilidad, en especial cuando se refieren a autores hoy casi por completo olvidados, como Girolamo Aleandro (al que no identificó, por ejemplo, el intérprete de la edición valenciana). Dada la profusión de autores que Vives cita y que el intérprete anota, un índice onomástico habría enriquecido tan meritorio trabajo.

Ojalá contáramos en nuestra lengua con nuevas traducciones realizadas según estos métodos. Cuánto se enriquecería nuestro conocimiento de no pocos autores de importancia capital, pero que, por ser accesibles sólo en latín o en traducciones de dudosa calidad, siguen sin entregarnos su riqueza.

1Es de consultar ante todo, su Linguaggio e filosofia in Vives. L’organizzazione del sapere nel “De Disciplinis (1531), Bolonia, CLUEB, 1991 (Quaderni di Schede Umanistiche, 2).

Recibido: 09 de Octubre de 2013; Aprobado: 10 de Noviembre de 2013

Enrique González González. Doctor en Historia por la Universidad de Valencia (España) y becario de la Guggenheim Memorial Foundation, es investigador en el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel III). Sus líneas de investigación son la universidad colonial en México, el humanismo renacentista y la actividad editorial en Nueva España, temas sobre los cuales ha publicado numerosos libros y artículos. Correo electrónico: enriquegg2005@yahoo.com.

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