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Nova tellus

versão impressa ISSN 0185-3058

Nova tellus vol.29 no.2 México  2011

 

Reseñas y notas bibliográficas

 

Patlagean, Évelyne, Un Moyen Âge Grec. Byzance IXe-XVe siècle

 

Ricardo Martínez Lacy

 

París, Albin Michel, 2007 (L'Évolution de l'humanité).

 

Recepción: 6 de diciembre de 2011.
Aceptación: 16 de diciembre de 2011.

 

Palabras clave: Bizancio, feudalismo, despotismo.

 

Keywords: Byzantium, feudalism, despotism.

 

Desde el principio de su estudio, se ha discutido qué tan europeo o qué tan oriental (desde el punto de vista de Europa occidental) fue el Imperio Bizantino. En términos actuales hay quienes, como John Haldon, sostienen que fue una sociedad despótico tributaria afín a lo que Marx llamó el modo de producción asiático.1 Patlagean, por su parte, sostiene que la sociedad bizantina fue feudal, es decir, más cercana a la Europa occidental que a Asia.

Para ello, la autora se propone aplicar la concepción que Marc Bloch trazó del feudalismo en La sociedad feudal, texto publicado, por cierto, en la misma colección que el libro reseñado (La evolución de la humanidad).2 Ciertamente, el famoso historiador, que fue uno de los fundadores de los Annales, explícitamente excluyó del feudalismo a Bizancio, pero la autora afirma, y estoy de acuerdo con ella, que su predecesor se concentró tanto en la Francia septentrional que sus categorías no se pueden aplicar ni siquiera a Provenza, y de hecho, de manera análoga, Sánchez Albornoz dedicó gran parte de su obra a negar que los reinos españoles medievales fueron feudales,3 así que la perspectiva de Patlagean, que consiste en flexibilizar el modelo de Bloch resulta muy atractiva puesto que abre nuevos horizontes y perspectivas.

Coherentemente con la posición enunciada, el primer capítulo del libro reseñado (pp. 15-60) se intitula "La cuestión feudal y la definición de Occidente". En él la autora expone cómo varios historiadores han realizado lo que ella propone para interpretar sociedades medievales en Cataluña e Italia. Más adelante, revisa los elementos de lo que llama la estructura feudal. Ellos son el parentesco, la fidelidad y la relación entre la propiedad privada y la pública.

El segundo capítulo versa sobre Bizancio como imperio, y habla de sus espacios y territorios (pp. 61-79). Ahí resalta lo obvio: que el Imperio Bizantino, que los modernos llamamos así para no confundirlo con el Romano, se llamaba a sí mismo Roma o Romania, sus súbditos eran romanos y su historia es la continuación de la historia del Imperio Romano en la parte oriental del imperio, que no cayó bajo el embate de los bárbaros, como la occidental. Distingue tres espacios, a saber, Asia Menor, los Balcanes y el mar y las costas. Cronológicamente fija la fecha en 1204 con la toma de Constantinopla por los francos (como llamaban los bizantinos a los europeos occidentales) en el decurso de la cuarta cruzada como el momento de la ruptura de la unidad del Imperio. Antes, el Imperio estuvo unificado, pero a partir de entonces surgieron varios estados bizantinos. Hace una clasificación de las fuentes. En primer lugar se refiere a la continuidad de las obras literarias, pues en Bizancio no se interrumpió "la cultura escrita de los laicos". Los documentos de archivo son discontinuos y lacunosos. La hagiografía tiene la ventaja de documentar toda la geografía del Imperio. Las obras de historia son versiones oficiales con un punto de vista palaciego y cortesano.

Estos primeros dos capítulos forman la primera parte, llamada obertura. La segunda parte se intitula "Redes" y, conforme a la estructura feudal, contiene un capítulo sobre el parentesco y otro sobre la fidelidad.

En el capítulo sobre el parentesco (pp. 83-162), Patlagean traza el proceso de la formación de una aristocracia formal desde el reforzamiento de los lazos familiares en el siglo IX, pasando por la sucesión imperial de padres a hijos hasta la culminación con el ascenso de la dinastía Ducas Comneno al ascender Alejo I Comneno e Irene Ducas al trono imperial. Este reforzamiento de las familias aristocráticas se refleja sobre todo en las dedicaciones de iglesias, donde se enumera a la familia imperial según su rango.

El capítulo sobre fidelidades (pp. 163-192) es un interesante análisis de palabras y conceptos. Se examina el juramento que vincula a los señores con los siervos, así como las connotaciones de fidelidad (pístis) y servicio (douleía).

La tercera y última parte, sobre el estado imperial, es una nueva propuesta de interpretación de los últimos seis siglos de la historia bizantina.

El capítulo quinto (pp. 195-226) versa sobre la crisis y fin del antiguo régimen. La autora usa la palabra antique seguramente para diferenciarlo y, a la vez, compararlo con el estado absolutista, sobre todo el francés, que se suele llamar ancien en francés.

Éste es tal vez el capítulo más importante porque trata del fisco y los impuestos y de cómo el estado exentaba a algunos súbditos a cambio del servicio militar, costumbre feudal por excelencia. Esta exención creó una capa llamada "de los poderosos" (dunatoí), que puede verse como el equivalente de los señores feudales occidentales.

A continuación, la autora trata lo que ella llama enfáticamente "la revolución aristocrática" (pp. 227-85). En este capítulo se expone el funcionamiento de dos instituciones importantes, el don y la previsión. El don (dôreá) es una costumbre de origen helenístico que consiste en la concesión de la posesión de tierra a alguna persona favorecida por el estado. Estas concesiones eran originalmente temporales, pero en este periodo la posesión se hace más firme. La previsión (prónoia) es muy parecida al don, pero tiene fines explícitamente militares que la condicionan. El aprovechamiento de estas concesiones por la aristocracia fue denunciado en su momento por historiadores que defendían el antiguo régimen.

En el último capítulo, "El imperio plural" (pp. 287-371), la autora se ocupa de la situación a partir de 1204, cuando los cruzados tomaron Constantinopla y surgieron el imperio de Nicea (que recuperó la antigua capital en 1261), Trebizonda y Epiro, así como otros estados menores, tanto de origen bizantino, como franco. Patlagean empieza por observar que este proceso de descentralización es totalmente lo opuesto de lo sucedido en el Occidente, donde estados como Francia e Inglaterra tendían a la centralización y la consiguiente debilitación de la nobleza. Traza una visión de continuación de la reafirmación de la aristocracia interrumpida por la conquista turca. Tal vez se debió analizar también la transición del Imperio Bizantino al Otomano, sobre el cual los prejuicios culturales (y raciales) persisten hasta la actualidad.

Como conclusión (pp. 373-394), Patlagean hace una comparación final entre Bizancio y el Occidente, y señala que el rasgo que le parece más diferente es la persistencia del emperador y la consiguiente importancia de la esfera pública (tò demósion), pero al final de cuentas afirma que Bizancio fue "la otra mitad de un mismo continente" (p. 387). No me parece que esta afirmación tenga connotaciones negativas para culturas de otros continentes.

Seguramente los especialistas tendrán mucho más que decir sobre los méritos y las debilidades de la interpretación presentada por Patlagean, pero nadie puede negar que se trata de una obra estimulante que ellos deberán tomar en cuenta.

 

Notas

1 No he leído el libro de Haldon, The State and the Tributary Mode of Production, Londres, Verso, 1993, pero sí su contribución al número monográfico de los Anales de historia antigua, medieval y moderna dedicados a ese tema: "Bizancio y el temprano Islam: Análisis comparativo de dos formaciones sociales tributarias medievales", XXXV-XXXVI, 2003, pp. 7-60.

2 La Société Féodale, 5a ed., París, Albin Michel, 1968. Hay una traducción al español publicada en México por UTEHA, 1958. En España se publicó otra por Akal, 1987.

3 Véase, por ejemplo, Claudio Sánchez Albornoz, El stipendium hispano-godo y los orígenes del beneficio prefeudal, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 1947.

 

INFORMACIÓN DEL AUTOR:

Ricardo Martínez Lacy, licenciado en Historia por la UNAM y doctor en Historia Antigua por la Universidad de Cambridge, es miembro del Seminario de Hermenáutica del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM y profesor de asignatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad. Sus temas de interés son las rebeliones y los ejércitos de la época helenística y actualmente investiga el Imperio Bizantino.

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