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Nova tellus

versión impresa ISSN 0185-3058

Nova tellus vol.27 no.2 México nov. 2009

 

Artículos

 

Sobre lo griego y lo bárbaro*

 

Jorge Ordóñez Burgos

 

Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. vonschlegel@gmail.com

 

Recepción: 1 de abril de 2009.
Aceptación: 7 de septiembre de 2009.

 

Resumen

La definición que cada pueblo antiguo acuñaba de sí mismo se fundamentaba en la certeza de ser el Pueblo Elegido. De esta forma fue como egipcios, griegos, persas, hindúes, hebreos, sumerios y asirios desarrollaron sus religiones, rituales y pensamiento. La Hélade no fue la inventora del rechazo sistemático de otros modos de vida también en la jerga de las lenguas del Antiguo Oriente encontramos diversos términos que hacen referencia a las tradiciones "no propias".

Diversos interrogantes surgen cuando se estudia la relación entre la Hélade y otros pueblos antiguos. ¿Sólo existían diferencias en materia religiosa? ¿Cuál era el sentido global del ritual en cada nación del mundo antiguo? ¿Cómo construyó cada pueblo antiguo su identidad? ¿Qué sucedía, en esta materia, con los pueblos de la antigua Europa? ¿Existía relación alguna entre los griegos y los "otros" pueblos europeos de la Antigüedad?

Palabras Clave: Filosofía de la cultura griega, Antropología Filosófica, Historia Comparativa, Filosofía de la Historia, griego, bárbaro.

 

Abstract

The self-definition of ancient empires is based on the strong conviction of being God's chosen one. In this way, Greeks, Persians, Assyrians, Sumerians, Indians, Hebrews and Egyptians built their religions, rituals, thought and wisdom. Greece was not the creator of the xenophobic idea consisted in refusing systematicly stranger modes of life; in oriental vocabularies we could find a lot of words to refer non-local traditions.

Various questions rise about the relationship between Greece and other ancient people. Are the difference only on religious stuff? What was the global meaning of ritual characters in each ancient mediterranean-oriental land? How each ancient culture/ empire/people/land abstract identity was built? What happens with ancient History of European Culture? Exists any relationship between the "Culture" (greeks) and "other" European barbarians?

Keywords: Greek culture's Philosophy, Anthropological Philosophy, Comparative History, Philosophy of History, Greek, barbarian.

 

Buena parte de las investigaciones históricas, arqueológicas, antropológicas, historiográficas y estéticas desarrolladas en torno al mundo griego han generado una axiología bidimensional a la que se sujeta no sólo al hombre antiguo, sino que también se compromete a la humanidad de todas las épocas y latitudes en su conjunto. Los ejes de interpretación reducen la realidad a valores pareados como científico-irracional, democrático-tiránico, práctico-especulativo, y lo que nos ocupa en este breve estudio: griego-bárbaro. ¿Qué significaba ser griego en la antigüedad? De entrada es una cuestión compleja, dado que deberemos especificar la época a la que hacemos referencia. En la Ilíada, la Odisea y en la Tebaida se plantea la condición de griego en términos aristocráticos, pensando en caudillos comandando tropas dedicadas al saqueo y al extermino del débil. El griego, mejor dicho, el héroe o jefe militar aqueo, debía disfrutar los placeres materiales de la vida dado que en el Hades no le sería posible;1 tal deleite estaba limitado por el cumplimiento de las obligaciones rituales con los dioses, puesto que al no ser seguidas se desataba la furia de los inmortales en forma de pestes. Aun y cuando los textos homéricos sean una pieza arqueológica que ha aportado múltiples pistas para la comprensión de la sociedad arcaica, poco nos dicen respecto del hombre común de la Hélade.2 Posterior a la Edad Obscura, viene la consolidación de algunas póleis y con ello el establecimiento de centros culturales importantes. Mencionaré solamente algunos ejemplos de la problemática para determinar la esencia del pueblo griego con el fin de presentar la cuestión en líneas generales: Atenas, Epidauro, Creta, dueña de una cultura en donde se entremezclan aspectos minoicos, egipcios, sumerios, ugaríticos y fenicios con otros tomados de la Grecia continental; Corinto, Esparta, Cos, Lesbos, Mileto, Delfos y Samos. Además de colonias estratégicas como las establecidas en la Península Itálica o en Armenia, en esta última convivían en paz helenos con escitas. La celebración de misterios, el desarrollo de la filosofía técnico-académica, el teatro, la retórica, la historia, el cultivo del arte de la guerra, el diseño de mecanismos políticos de control social, y la asimilación de los mitos como base del folklore, eran prácticas culturales llevadas a cabo en la más absoluta diversidad, sin dejar de lado las dificultades que sumaron a estas circunstancias las interminables guerras fraticidas.

Cada región, cada ciudad podían ser un universo, complicando sobremanera la posibilidad de pensar en una especie de panhelenismo clásico. Y si la justificación conceptual de nación resultaba casi inexistente en la época clásica, lo será aún más durante el helenismo, época de mezclas en todos los terrenos: las fábulas de Esopo y Hermes Trimegisto podían ser igualmente notas representativas de la Hélade en aquellos días. En el corazón de Egipto, en Alejandría, se estudiaba más sobre el origen de la lengua griega que en la propia Atenas. Contrastaban los discursos panhelenistas de Demóstenes que se oponían a la hegemonía macedonia con la admisión cada vez más laxa de los no-griegos en el santuario de Deméter en Eleusis. Entonces ¿qué hacía a los griegos unirse en torno a una idea de identidad nacional?3

Durante el período clásico los griegos reunieron más información sobre sus vecinos que en otras épocas; para asimilar los datos recabados, fue indispensable construir un marco exegético que les permitiera hacer encajar lo aportado por viajeros, comerciantes y poetas a su forma de pensar. Se hizo necesario definir al otro respecto al punto de partida, es decir, del criterio griego. Buena parte de la valoración del extranjero se construyó entre los siglos VI y III a. C. La lejanía de la Hélade era un factor determinante para definir a la otra cultura. El respeto que se le tenía a los pueblos ajenos estaba relacionado, en no pocas ocasiones, con la distancia que los separaba de Grecia. El término "bárbaro" se ha latinizado,4 no sólo en la dimensión lingüística, sino también en la semántica. El bárbaro era, en primera instancia, aquel cuya lengua materna no era el griego, es decir, era sinónimo de extranjero; este fenómeno no era exclusivo de la Hélade, dado que tanto egipcios, como babilonios, hindúes, hebreos, chinos y árabes, partían de la convicción de ser el pueblo elegido por los dioses, sobresaliendo del resto de sus contemporáneos.

 

La idea de extranjero en el Oriente

Como ejemplificación sucinta del desprecio de lo extranjero փ en otros pueblos antiguos mencionaré el caso de Egipto y Asiria. Dentro del vocabulario egipcio existía un arsenal de términos para nombrar al otro, entre ellos: 5 adquiriendo no sólo el sentido de no egipcio, sino también de "bárbaro", connotación que posiblemente se acerca más a la idea de "infiel", "condenado", "gentil" —el autor peca de anacrónico— o "impío"; entendiendo que allende las fronteras del País de la Tierra Negra no se adoraba a las divinidades verdaderas.6 Son de mencionarse también (pḏty),7 (rwty),8 ,9 (śmw),10 (ḏrḏrı)11 y (ḏrḏyt).12 Estas seis palabras son "más suaves" que puesto que acentuaban la conquista del no egipcio para hacerlo entrar en la horma del imperio, pero, no a la forma de vida del egipcio. Al interior de Egipto también se llegó a entender al ajeno al nomo o la región como extranjero o salvaje. Tal es el caso de la extensión de los dominios del rey Narmer, natural de la región sur, quien expandió su poder (¿civilizó?) a la zona norte. La famosa paleta que lleva el nombre del monarca, elaborada en piedra y fechada alrededor del 3000 a. C., da noticia de ese proceso (cf. ilustración).

En el País del Nilo encontramos una serie de inscripciones en donde se nulifican las prácticas sociales no egipcias, imponiéndose cultos imperiales, además de un régimen tributario severo.13 Diversos documentos afirman que el destino trazado por los dioses ha determinado que el monarca egipcio en turno se haga cargo de pueblos impíos para servirse de ellos. Así se lee en la "biografía" plasmada en las paredes de la tumba del escriba militar Tchanuny, ubicada en Abd el-Qurna.14 "...Amón señor de los tronos de las Dos Tierras, ordenó que todas las tierras extranjeras estuvieran bajo tus pies".15 En los relieves del carro depositado en la tumba de Tutmosis IV, encontramos la frase: "Te he concedido valentía y victoria contra todas las tierras extranjeras, puesto que yo te quiero".16 En la estela de Semna el amanuense escribió:

Los extranjeros entre ellos, tanto hombres como mujeres, no estaban a salvo de los planes del Horus, el señor de las Dos Tierras, el rey de Egipto Nebmaatra, toro victorioso, poderoso en fuerza. Ibhet alzaba la voz, pues grande era lo que había en sus corazones, pero el león salvaje, el rey "Gobernante", les mató bajo la orden de Amón, su noble padre, quien le guió con valentía y victoria.17

Paleta del rey Narmer

En la base de una de las diez estatuas colosales del rey Amenofis III, depositadas en el templo funerario ubicado en Kom el-Hetan, en el Egeo, puede leerse:

Todas [las tierras de los Fen]khu y de Khenthennefer están a los pies de este buen dios [...] los jefes de todas las tierras extranjeras del norte y del sur que eran ignoradas vienen ahora a Egipto [...] vienen de rodillas, reunidos en [un solo] lugar [...] : Amnisos, Festo, Cidonia, Micenas, Tegea, Mesenia, Nauplia, Citera, Ilion, Cnoso, Amnisos, Lictos [...]18

Existe una fórmula dirigida al rey guerrero-justiciero-civiliza-dor que se repite en diversos textos antiguos "De arma grande, quien golpea a los palestinos".19

Por último, un fragmento del dios Atón nos ayuda a configurar mejor la idea de "bárbaro" en Egipto:

¡Oh Dios único, inigualable!
Creaste la Tierra según tu deseo, tú, solitario,
A todos los hombres, el ganado y los rebaños;
Cuanto existe en la tierra que anda sobre sus patas,
Todo lo que hay en el cielo que vuela con sus alas,
Las tierras de Jara y Kush,
La tierra de Egipto.
Pones a cada hombre en su lugar,
Provees sus necesidades,
Todo el mundo dispone de su comida,
La duración de su vida está calculada,
Sus lenguas difieren en el habla,
Así como sus caracteres,
Sus pieles son distintas,
Porque tú diferenciaste a las gentes.20

Entre los asirios existían diversas palabras para referirse a los extranjeros,21 entre ellas son de mencionarse: aḫû22 "extraño", "extranjero", "foráneo". Ajābu, "enemigo", "espíritu maligno";23 una variante de mismo vocablo es a-ia-a-ba;24 de igual manera se emplea para referirlo a un ejército o contingente que aplasta países enemigos (ḫă iţ şals pāt a-a-bi).25 Oppenheim describe la situación de la extranjería en Mesopotamia muy detalladamente:

Hasta qué punto las ciudades acogieron gente extranjera, es decir, personas que no fueran un nativas ni ciudadanas, sigue siendo un tema sin esclarecer. Normalmente, debieron tener un estatus de naturaleza diplomática, o, dicho en otras palabras, dependían de su relación con el palacio. Emisarios extranjeros, mercaderes y refugiados políticos, entre otros, podían entrar y salir del país bajo protección real, o podían incluso integrarse a la casa real. Es probable que, en cierto modo se permitiera a gente que no era ciudadana asentarse en el kāru, el puerto de la ciudad, un lugar situado propiamente en las afueras; éstos gozaban entonces de un estatus administrativo, político y social singular.

La institución y condición de "residentes" (extranjeros), es decir, la que permitía residir intramuros, y que nos es conocida por el Antiguo Testamento, aparece en Mesopotamia solamente en occidente; allí, un texto procedente de Ugarit habla de "ciudadanos de la capital de Carquemish, junto con la gente (a la que se permitía residir) intramuros". En los tiempos de la historia económica de Mesopotamia en que gran parte del comercio internacional estaba en manos privadas o semiprivadas, parece que se dedicó una sección especial de la ciudad (bīt ub [a]ri) para albergar a visitantes o mercaderes extranjeros; cabe citar, a título de ejemplo, la "Calle de la gente de Eshunna" en la ciudad de Sippar. Por otra parte, en Nippur, durante el período de dominación persa, existen indicios que apuntan a la práctica de concentrar extranjeros, así como determinadas clases sociales (y oficios), en barrios o calles separados, pues se dice que se encuentran todos ellos bajo la supervisión de oficiales especiales. Llegados a este punto, merece la pena decir una palabra a propósito de la actitud hacia los extranjeros, a saber, que en Mesopotamia, tanto el concepto como la terminología relativa a la hospitalidad están manifiestamente ausentes. Esto contrasta claramente con el Antiguo Testamento, explicable acaso, y fácilmente, por los orígenes nómadas de su pueblo, pero presenta cierta similitud con Grecia: no la homérica con su reflejo literario, sino la Grecia de la polis, que se caracterizó por su aversión hacia el que no era ciudadano y la absoluta discriminación económica, pero también social, que ejerció contra el extranjero.26

Concluyendo con esta breve mención histórica, los habitantes de la Hélade no fueron los únicos que padecieron xenofobia en la antigüedad, tampoco los únicos en anclar este sentimiento a la exaltación de la propia cultura denostando lo diferente.

 

Notas para comprender la idea griega de barbarie

Decir que alguien era bárbaro significaba popularmente que no estaba inserto en la tradición correcta; el aspecto racial, a pesar de ser una creencia operativa entre los griegos, tenía nulo sustento real. ¿Cuál era la raza griega? Esa es una encrucijada que difícilmente puede ser resuelta, tanto a la luz del pensamiento antiguo, como en el contexto etno-antropológico actual. En el medio que nos rodea podemos formular un interrogante similar también imposible de responder: ¿cuál es la raza mexicana? A pesar de contar con los medios para ensayar soluciones quizá estamos ante un planteamiento ocioso. Ciertamente, se pueden reforzar los regionalismos en base a creencias más o menos disparatadas. Tampoco puede negarse que existen "tipos" en donde se entremezclan generalizaciones arbitrarias de orden psicológico y físico, dando como resultado distintas clases de mexicanos: el yucateco de cabeza grande, estatura baja y de hablar peculiar, el bárbaro del norte de hablar golpeado, tiene gran estatura y poco interés por la cultura; el chilango, embustero, moreno y que canta al hablar. Si dentro de nuestro México contemporáneo es imposible lograr frutos serios en la investigación de la "raza mexicana", menor valor tendrá aventurarnos en una empresa dirigida a una sociedad muerta de la que pocos vestigios tenemos. Imaginemos el tamaño del problema en la Hélade: los habitantes de Asia Menor tenían antecedentes genéticos de buena parte del Cercano Oriente: Ugarit, Sumeria, Anatolia y posiblemente Persia. Los tesalonicenses, con sangre de escitas —que la sola mención de este imperio nos introduce en la más completa mezcla racial en donde entran desde habitantes del antiguo Irán, pasando por armenios, hasta llegar a los antiguos eslavos—; macedonios y getas. Los cretenses, griegos de nombre, pero, de espíritu africano-mediterráneo, etcétera.

Retomando los aspectos intangibles de la nacionalidad griega, estar dentro de la vía correcta significaba asimilar las religiones adecuadas, tener los mitos verdaderos, entender los conceptos estéticos producto de la revelación divina, "gozar" del régimen de gobierno correcto, seguir la forma de pensar adecuada y cultivar los géneros artísticos posibles. El vehículo para la absorción de todas estas maravillas era la lengua griega, en tanto que idioma materno. Curiosamente, el sentido más conocido del término βάρβαρος, en tanto que acción de balbucear llevada a cabo por los no hablantes del griego, parece que fue acuñado en Alejandría. Ciertamente en una época de renacimiento cultural de la nación nilótica y debido a Estrabón,27 uno de los sabios más connotados de la época, pero, allende tierras helenas.

En lo tocante a la geografía, el mundo para los griegos estaba comprendido por varias fronteras: al sur Etiopía,28 al norte el país de los Hiperbóreos.29 Ambas eran zonas inalcanzables para el común de las personas, inaccesibles y distantes fueron pretexto para la creación de fantasías diversas sobre sus habitantes, quienes eran descritos como seres poseedores de condiciones ideales de vida. Al oeste los celtas30 y los cinesios —habitantes de lo que actualmente es el suroeste de Francia—; al este los isedones, ubicados en la cuenca del Irtisch,31 suroeste de Rusia, una región cercana a la frontera con Kazajstán.

Es de llamar la atención la manera en que los griegos hablaban de los pueblos lejanos, que les resultaban prácticamente desconocidos, depositando en ellos valores y virtudes poco comunes. Tal es el caso del pueblo hiperbóreo:

Los isedos, que se glorían de su cabellera ondulante; y se dice que hay vecinos suyos, al norte, de la parte del Bóreas, un pueblo numeroso de guerreros valientes, ricos en caballos, ricos en corderos, ricos en bueyes. Cada uno tiene un solo ojo en la frente graciosa, y cabello hirsuto; son los más fornidos de los hombres.32

Como puede verse los términos en los que se habla de estos hombres, están impregnados de misticismo y leyendas, el fenómeno se presenta no sólo con los hiperbóreos, sino también con celtas y etíopes. Curiosamente, mientras más se les iba conociendo, más se materializaba su sociedad, trasladándose al otro polo. Si, en un principio, una cultura resultaba fascinante, con el paso de los años, y al ir siendo más familiar para los griegos iba tornándose menos etérea hasta ser vista como salvaje o nefasta. Para muestra sería interesante citar el ejemplo de los celtas. Hecateo de Mileto,33 Helánico de Mitilene,34 Heródoto,35 Jenofonte36 y Éforo de Cime37 se concretan sólo en citar el gentilicio de este pueblo: κελτοι, κελτοσκύθαι. Platón habla de ellos como una nación con disposición a la guerra,38 comparándolos con escitas, íberos y tracios, entre otros. Aristóteles los considera hasta cierto punto civilizados dado que "aprecian visiblemente la unión sexual con varones";39 más que un asunto sexual, la mención de Aristóteles adquiere dimensiones estéticas. Contrasta con lo anterior la candidez, la ignorancia y el cuasi salvajismo de los celtas que, según el Estagirita, "tomando las armas, hacen frente a las olas".40 Por su parte, Aristófanes de Bizancio sostenía que los celtas alimentaban a sus vacas con pescados. Posidonio de Apamea comenta:

De acuerdo con su salvajismo son extrañamente impíos también en sus sacrificios, pues a los criminales, tras custodiarlos durante cinco años, los empalan en honor a los dioses y se les consagran junto con otras muchas ofrendas, preparando piras enormes. Usan también a los prisioneros como víctimas para sus honras a los dioses. Algunos de ellos también matan, junto con los hombres, a los animales capturados en la guerra o los queman o los hacen desaparecer con algunos otros castigos. 41

Un testimonio similar nos llega por Estrabón, quien nos describe algunos sacrificios de los celtas, muy similares a Wickerman, ese famoso filme rodado a principios de los setentas, dirigido por Robin Hardy: "levantan un coloso de mimbre y madera, metiendo en él reses, animales salvajes de todo tipo y seres humanos, y luego, lo queman todo".42

Los tracios son posiblemente quienes mayor desprecio inspiraron a los griegos, más aún que los propios persas, enemigos acérrimos de la Hélade. Es bien conocida la leyenda que narra la negativa de Hipócrates de Cos para tratar pestes en Persia, argumentando que no sanaría a los enemigos de su patria. Elsa García Novo desarrolla una interpretación sobre Los Persas de Esquilo en la que Darío es visto como el enemigo digno que fue vencido, más que como el salvaje incivilizado. "El coro reviste a Darío de todas las cualidades que podríamos oír de un Teseo. Es ya el héroe mítico, próximo y lejano a la vez".43

La filosofía presocrática tuvo un largo y nutrido diálogo con el pensamiento persa. Heródoto en no pocas ocasiones otorga el papel de autoridad a los iranios.44 La palabra βαρβαρισμός puede encontrarse en una inscripción del siglo iv a. C. en Quíos. La equivalencia castellana es algo así como "partidismo pro-persa".45 Nos es familiar el interés de Aristóteles, y de buena parte de sus discípulos, por estudiar la filosofía persa como un esquema de pensamiento realmente valioso.46 Referirse a ella como filosofía bárbara era una forma de llamarle extranjera. Por ello, es menester estudiar a fondo las relaciones entre griegos y persas.

Otro ejemplo ilustrativo de las relaciones exteriores de los griegos es el lazo que se tejió con el paso de los siglos con Israel. En la época clásica griega, los judíos tenían a los helenos como un pueblo distante y exótico, mientras que los habitantes de la Hélade no poseían siquiera una opinión sobre los hebreos. Entrado el helenismo, los judíos se convirtieron en los sabios orientales, guardianes de un conocimiento mistérico y ancestral. Un par de textos nos darán luz para comprender este asunto. Alejandro Polihistor, citado por Eusebio47 sostiene que Moiés fue maestro de Orfeo. Una afirmación de esta naturaleza obedece a varios factores. Uno, la admiración al pueblo hebreo vivida en ciertos círculos religiosos griegos. Dos, la mezcla de cultos y creencias desarrollada en el helenismo. Tres, la introducción de personajes bíblicos dentro de la mitología griega con el fin de evangelizar paulatinamente a los paganos. Cada uno de estos tres factores no es excluyente. Tampoco podemos descartar la manipulación del texto de Alejandro Polihistor, pero eso es tema de otra disertación. El segundo documento que citaré, y lo refiero como mera muestra, dado que existen diversos escritos en donde se habla de personajes judíos, es el Papiro Griego de Magia V, perteneciente al Museo Británico, datado entre los siglos ii y iv d. C. Contiene un fragmento para emplearse dentro de un exorcismo: "Yo soy Moisés tu profeta, a quien entregaste tus misterios que son celebrados por Israel, tú mostraste lo húmedo y lo seco y todos los alimentos".48

Volviendo la mirada a los tracios, que en honor a la exactitud deberíamos referirnos a los vecinos del norte de la Hélade en general, incluyendo también a macedonios y getas —antiguos pobladores de lo que hoy es Yugoslavia—, hemos de señalar que buena parte de la literatura griega, tanto la antigua como la contemporánea, se refiere a ellos como bárbaros, entendiendo la palabra como sinónimo de salvajes. Se niega la posibilidad que hayan tenido o tuvieran en tales momentos cierto orden social, carecen de la capacidad para producir arte y filosofía, así como una religión legítima. Son diversas las fuentes que nos hablan en estos términos, a manera de ejemplos mencionaré a Heródoto, quien los distingue dentro del imperio de los escitas como individuos tozudos y de poco seso.49 Demóstenes, quien emprende una campaña de descrédito contra el pueblo macedonio, lo acusa de salvaje y cobarde en Filípicas y en Respuesta a Filipo, con el fin de repeler la ocupación de Filipo en Atenas y la Hélade en general.50 Posidonio de Apamea, por su parte, critica el trato poco considerado de los tracios con sus mujeres.51 Por último, Jámblico refiere la simplicidad de las creencias tracias, subrayando la inexistencia de una doctrina soteriológica del alma.52 Se han escrito ríos de tinta para clarificar la relación entre Grecia y Macedonia, desgraciadamente existe poco consenso en este particular. Nótese que la cercanía de los pueblos balcánicos motivaba a los griegos a verlos con una mirada poco cordial. Cabe aclarar que la relación Grecia-Balcanes no consistió sólo en descalificaciones, dado que uno de los dioses helenos más importantes, Dioniso, fue importado en gran medida de Tracia.

Dentro de la Grecia cristiana, pagano y bárbaro fueron utilizados como sinónimos, tenemos un par de textos en donde podemos notarlo: 1) "pueblos bárbaros".53 2) Un término comentado anteriormente, , posterior a la época de la inscripción de Quíos: "barbarie, debida a la existencia de religiones paganas, en la época entre Adán y Noe".54 Nótese que lo griego ahora es el resultado de la asimilación de lo extranjero, convirtiendo esto último en parámetro para juzgar al otro.

 

Conclusiones

En la actualidad se montan apologías de los derechos humanos en todos los niveles y latitudes; se persigue el racismo, se combate la intolerancia y se promueve la democracia. Simultáneamente se enseña una historia-historiografía oficial poco reflexiva y tendiente a justificar los excesos del Occidente. Grecia es la cuna de la civilización por derecho propio, no importa lo endebles que resulten los argumentos para sostener esta idea, no valen las relaciones de los griegos con otras culturas, es menester defender el genio heleno sin importar los recursos utilizados. Siguiendo esta lógica son necesarios los juicios de Hegel sobre Europa y el mundo, es comprensible la intervención extranjera en los conflictos balcánicos para convertirlos en guerra perpetua, se desprenden sin dificultad los prolegómenos de la política exterior de Estados Unidos con el Medio Oriente y América Latina. La exégesis que nos han inculcado de los griegos, en tanto que destructores de lo bárbaro, es uno de tantos pilares que apoya el imperialismo globalizante de la actualidad.

Por paradójico que parezca, la configuración histórica de la cultura europea poco se preocupa por indagar la naturaleza propia de los pueblos antiguos de Occidente. Se desarrolla un proceso de reduccionismo que abarca todo lo que no es griego. Hacia el Oriente, es bien sabido con qué facilidad se minimizan las ideas de imperios milenarios adjudicándoles interpretaciones del mundo en donde sólo tiene cabida la irracionalidad, el ritual, lo religioso y la magia en parte causado por la ignorancia propia de los pueblos no evolucionados, en parte debido a la situación política que caracteriza a los regímenes monárquicos "absolutos": v. gr. los reyes de Etiopía, los soberanos babilonios, los faraones egipcios o los emperadores persas. Dicho sea de paso, considerar estos esquemas de gobierno en la categoría de "absolutos" traiciona la realidad histórica compuesta por tejidos sofisticados en los que había jurisdicciones locales dirigidas por reyezuelos, grupos de poder opositores al régimen integrados por sacerdotes y/o nobles, así como la existencia, en diversos lapsos históricos, de hasta tres líderes que se ostentaban simultáneamente como el rey del pueblo. El panorama del Occidente antiguo no es mejor. Es un hecho rotundo e innegable la escasez de vestigios históricos de pueblos como los celtas, los germanos, los íberos, los galos, los etruscos, los escitas, los eslavos, los macedonios y los getas. Es complicado hacer historia y arqueología de la Edad Media, más aún lo es de la antigüedad. La mayoría de estas culturas no elaboraron los grandes palacios y templos, tampoco tuvieron sistemas de escritura tan complejos como sus contemporáneos orientales; buena parte de su acervo cultural se trasmitió mediante tradiciones orales; muchos de ellos construían asentamientos urbanos poco estables que iban de un sitio a otro dependiendo del clima o de las invasiones de sus vecinos. Tampoco puede negarse que la magia y la hechicería envolvían la gran mayoría de sus ideas; de sus lenguas vernáculas poco o nada se sabe. Sin omitir todo esto ¿podemos separarlos de la historia del pensamiento universal sin revisar el pequeño legado que conservamos de ellos?

El mapa del mundo espiritual antiguo tiene grandes abismos causados por prejuicios de diversa índole, ¿será posible que la idea de "barbarie" acuñada por los griegos sea más amplia y tolerante que nuestras etiquetas "involucionado", "irracional", "no alineado" o "no democrático"?

 

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The Oxford Encyclopedia of Ancient Egypt, tres tomos, editado por Donald B. Redford, Oxford, Nueva York, 2001.         [ Links ]

 

Notas

* Este trabajo se presentó el 18 de octubre de 2007 dentro del XI Congreso Internacional de Historia Regional "Fronteras viejas-fronteras nuevas a través de la historia regional", organizado por el programa de Historia del Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. El texto original sufrió diversas modificaciones para su publicación.

1 La concepción de la enfermedad del griego homérico aclara bastante ciertos principios religiosos, y con ellos la visión del hombre, observados en aquellos lejanos días. Luis Gil señala al respecto: "... las diferentes maneras de concebir la enfermedad en la epopeya tienen por denominador común una vaga noción de contacto traumático o no traumático, con un agente externo, ya se produzca con él una herida, o una brusca expulsión del hálito vital fuera del cuerpo (transitoria de los casos de desmayo, definitiva en la muerte), ya "deje" éste en la superficie del enfermo la dolencia o la "inocule", por decirlo con un término anacrónico, en sus adentros.

Las flechas de Apolo y de Ártemis, que miradas desde un ángulo representan el origen sobrenatural de la enfermedad y, miradas desde otro, la llegada de la dolencia al cuerpo, constituyen un símbolo ambiguo que, por muy matizado que esté por la fantasía de un egregio poeta, responde a unos esquemas mentales muy primitivos con paralelos en otros ámbitos. También en otros pueblos guerreros y cazadores es un dios arquero quien produce y cura las enfermedades de los hombres por el principio de ho trõsas iasetai. Entre los antiguos indios era Rudra el dios de la tormenta que "lleva en su mano un arma aguda, un arma pura, que porta medicinas", una divinidad ambigua de la que puede decir el Atharvaveda: "El dios que ha producido la enfermedad realizará la cura". Entre los bergdama del SO. de África es Gamad un dios provisto también de un arco, el que produce con sus disparos las enfermedades. Entre los indios cheyennes son las flechas invisibles disparadas por los "spirits of wells, the mule-deer and other spirits" la causa de las dolencias morbosas". Therapeia, la medicina popular en el mundo clásico, pp. 121-122. Laín Entralgo matiza notas definitorias de la enfermedad en época homérica en su trabajo Enfermedad y pecado, específicamente en el apartado "La enfermedad en los poemas homéricos", pp. 23-29. (Toray, Barcelona, 1961).

2 En la medida en que algunos filólogos románticos alemanes y ciertos folkloristas nórdicos de los siglos XVIII y XIX idealizaron la era vikinga, casi en esa proporción ha sido presentada, desde hace doscientos años, la literatura homérica al Occidente por escuelas filológicas duras y cerradas.

3 "Nacional" en el sentido vivencial, identidad que se comparte por la colectividad, pero que no está sujeta directamente al arbitrio del poder central que la administre o guíe. Una fuerza espontánea de individuos con ciertas raíces en común, reales o artificiales.

4 Los romanos pensaban que aquellos pueblos que se encontraban bajo su dominio, a excepción de los griegos y quizá los egipcios, estaban necesitados de ser encuadrados bajo normas que les permitieran alcanzar el desarrollo cultural óptimo —ser civilizados—, no por ello, dejaban de tomarse la molestia de aprender las lenguas de sus colonizados, no tanto por amor al conocimiento, sino como herramienta estratégica esencial. Momigliano comenta: "Si los romanos querían información sistemática de las tierra e instituciones celtas, tenían que consultar estudiosos griegos". La sabiduría de los bárbaros. Los límites de la helenización, p. 110. El mismo autor establece una comparación interesante entre griegos y judíos: "Los griegos eran monolingües; los judíos eran bilingües, pero su segunda lengua, el arameo, les dio más bien acceso a los persas y babilonios, incluso a los egipcios, que a los griegos", p. 133.

5 Este vocablo se encuentra en el Zeitschrift fûr ägyptische Sprache und Altertumskunde, Leipzig-Berlín, 1836 ss.

6 En el Libro Egipcio de los Muertos encontramos el término Henmemet, que equivale a "Pueblo del sol" y, por extensión, a los "espíritus santificados". Con dicha palabra también se designó a la humanidad en general, pero refiriéndose, en sus orígenes, a la "población más antigua de Heliópolis". Comentario de Federico Lara Peinado, cf. la edición de Tecnos, n. 2, p. 198.

7 "Extranjero". Cf. Sinuhé B, 121.276, Sinuhé B, 63, y Papiro de Kahun 1, 4 (Less 66, 3).

8 "El del exterior". Cf. Inscripciones de Hammâmat, 199, 5. —La palabra deriva de "exterior". Cf. Papiro Ebers, 99, 12 (854 d), Papiro de Leiden 344, 3,1 y Estela 5645, 11 del British Museum.

9 Cf. K. Sethe y W. Helck, Urkunden des ägyptischen Altertums, Abteilung IV: Urkunden der 18 Dynastie, 775, Leipzig-Berlín, 1906. Nótese que el jeroglífico muestra a un prisionero; existen diversos vestigios egipcios en donde se emplea tal figura para referir a los asiáticos, en especial nubios y sirios, que fueron capturados en campañas militares foráneas. Un esbozo hecho en piedra caliza muestra al faraón entregando una condecoración a sus oficiales que han puesto en cautiverio a los enemigos del imperio (Museo Egipcio y Colección de Papiros de Berlín, ÄM 3316, CAT. 77, la pieza es fechada entre el 1300 y 1100 a. C.).

10 "Extranjero". Cf. Sethe/Helck, Urkunden der 18. Dinastie, 390, 8. ¿Alguna referencia a los esclavos extranjeros que eran sometidos a trabajos forzados? ()

11 "Extranjero", "foráneo". Cf. Máximas de Ptah-hotep, Papiro Prisse, 348 (L II, 5, 15).

12 "Extranjero", "extraño". Cf. Estela 5645, v. 2 del British Musem.

13 Entre la multitud de fuentes antiguas con las que se cuenta para hacer una historia arqueológica del Medio Oriente es de mencionarse una estela del templo funerario de Amenofis III (1391-1353 a. C.); el texto recoge las palabras pronunciadas por Amón a su hijo el soberano (El Cairo CG m34025). Cabe destacar que la estela en cuestión fue restaurada por el rey Seti I (1306-1290 a. C.) y luego fue trasladada al templo funerario de Merneptah (1224-1214 a. C.), quien escribió anexos en donde se narran batallas con tribus foráneas y se menciona al pueblo hebreo, constituyendo la referencia escrita, no israelita, más antigua de "Israel" (aproximadamente 1220 a. C.). El documento contiene un pasaje que habla acerca de la visión imperial de los pueblos extranjeros:

"Los príncipes están postrados, diciendo ¡Clemencia!
Ninguno alza su cabeza a lo largo de los Nueve Arcos.
Libia está desolada, Khatti está pacificada,
Canaán está despojada de todo lo que tenía malo,
Ascalón está deportada, Gezer está tomada,
Yanoam parece como si ni hubiese existido jamás,
Israel está derribado y yermo, no tiene semilla,
Siria se ha convertido en una viuda para Egipto.
¡Todas las tierras están unidas, pacificadas!
Todos los [países] que andaban errantes han sido unidos por el Rey del Alto y
del Bajo Egipto,
Carnero de Amón, Hijo de Ra, Merenptah, dotado de vida, como Ra, cada día"

Sigo la traducción de Lara Peinado. Puede encontrarse la versión completa de la Estela de la Victoria en http://www.egiptomania.com/jeroglificos/practica/israel.htm

La estela de Amenofis III dice: "Haré que las tierras extranjeras de los confines de Siria-Palestina vengan a ti trayendo todos sus productos sobre sus espaldas". "Haré que las tierras extranjeras del Punt vengan a ti trayendo toda clase de plantas aromáticas de sus tierras, con el fin de solicitar el perdón de tu mano y poder respirar el aliento que tú otorgas".

Otro documento en donde se habla de las imposiciones tributarias al extranjero es una inscripción de la tumba de Merira, supervisor del Tesoro y supervisor del harén real de Nefertiti, construcción ubicada en la ciudad de el-Amarda (texto recogido en K. Sethe y W., Helck: Urkunden des ägyptischen Altertums, Abteilung IV: Urkunden der 18 Dynastie, Leipzig-Berlín, 1906-1963. 2006, 9-20). El documento dice: "Las islas de en medio del mar presentan los productos al rey, (quien está) sobre el gran trono de Akhenatón para recibir todas las contribuciones de todas las tierras extranjeras y para otorgarles el aliento de vida". "Los jefes de todas las tierras extranjeras están presentando [los productos al rey] y solicitando la paz que él otorga para respirar el aliento de vida".

Una estela depositada en el templo de Hathor en Serabit el-Khadim, península del Sinaí, habla de una misión enviada por Amenofis III, dos años antes de morir, a dicha región. Obra del escriba Amonmose. (Recogida en K. Sethe y W., Helck, 1891, 1-1893.) "He seguido a mi señor en esta tierra extranjera, y me he ceñido al asunto que él me encargó. He marchado por ambos lados del mar para proclamar las maravillas del Punt, para recibir la goma resinosa para elaborar perfumes que trajeron los jefes de ocho barcos, como contribución de las tierras extranjeras que la gente desconocía".

14 Recogido en K. Sethe y W. Helck. 1, 1005-1008, Leipzig-Berlín, 1906.

15 Se refiere al rey Tutmosis IV (1401-1391 a. C.). Cabe mencionar que Tchanuny sirvió a dos monarcas anteriores, a saber: Tutmosis III y Amenofis II.

16 Palabras dirigidas por Montu-Ra al rey. Recogido en K. Sethe y W., Helck 1559-1560.

17 La estela en cuestión se encuentra actualmente en el Museo Británico, el texto ha sido editado en Edwards: Hieroglyphic Texts from Egyptian Stelae in the British Museum VIII, Londres, 1938, pl. 20.

18 Recogido en Die Ortsnamenlisten aus dem Totentempel Amenophis III, Bonn, 1966, pp. 34-35. Es de subrayarse que este testimonio es uno de los pocos que se conservan de las incursiones de Amenofis III en el Egeo.

19 Contenida en la estela de la isla de Cnoso en donde Amón entrega Nubia al rey Amenofis III, texto recogido en K. Sethe y W. Helck, ibid., 1664, 13-15, Leipzig-Berlín, 1906. Durante el reinado de Amenofis III se elaboraron un sinfín de escarabeos "propagandísticos" en donde se daba noticia de la grandeza del monarca, en dos de ellos puede leerse la fórmula referida (recogidos en Blakenberg-van Delden, The Large Commemorative Scarabs of Amenhotep III, Leiden, 1969). —En las arquitrabes del patio abierto del templo de Luxor, grabada por mandato de Amenofis III encontramos la frase citada. Recogido en B. Porter y R. Moss, Topographical Bibliography of Ancient Egyptian Hieroglyphic Texts, Reliefs and Paintings, 7 volúmenes, Oxford, 1927-1951, p. 317.

20 Gran Himno a Atón, 8-9.

21 Ha sido consultado The Assyrian Dictionary of the Oriental Institute of the University of Chicago, Volumen I, parte A.

22 Cf. Mémoires de la Délégation en Perse, 2, p. 108, v. 47 MB.

23 Cf. Altorientalische Bibliothek, 164: 45 Adn I, Berlín, 1910.

24 Cf. The annals of the Kings of Assyria, de E. A. W. Budge y L. W. King, Londres, 1920.

25 Cf. Annals of Archaelogy and Anthropology, 19, pl. 77. No. 170: 6, Liverpool, 1925. Leo Oppenheim cita un extenso vocabulario sumerio para referirse a los despreciados. "En los textos, los extranjeros aparecen con frecuencia mencionados por medio de gentilicios (amurrǔ, suntǔ, hattǔ, gutǔ, marhašǔ, hāpirǔ, humaya, ["hombre de Cilicia"]) que denotan bien el estatus bien la ocupación, o mediante términos despectivos, que hacen hincapié en el hecho que se trata de intrusos, fugitivos, prisioneros de guerra, o personas desplazadas". La antigua Mesopotamia. Retrato de una civilización extinguida, N. 4b, p. 335.

26 La antigua Mesopotamia..., pp. 90-91.

27 Cf. 14, 2, 28. De hecho, este giro semántico es resultado de la asimilación de ideas anteriores plasmadas en las siguientes obras: Aesch., Ag., 1051; Pl., Prot., 341c; Hdt., I, 57; S., A., 1263, y en el Himno a Isis, 26.

28 Cf. Hdt., III, 20-23. Coincide con Heródoto, Estrabón, cf. 1, 2, 27.

29 Los hiperbóreos vivían al "norte de la montaña", al menos eso se especula que significa el término βορέας, a través de la comparación con diversos vocablos de origen indoeuropeo que guardan cierto paralelismo con la palabra griega, a saber: giri, en indio antiguo, gaíri en avesta, y gora en antiguo eslavo. Heródoto nos da noticia de los hiperbóreos y de sus vecinos: "Aristeas, hijo de Caistrobio, oriundo del Proconeso y poeta de profesión, dijo que, poseído por Febo, llegó al país de los isedoneos. Más allá de estos, habitan los arimaspos, que sólo tienen un ojo; todavía más allá, los míticos grifones, guardianes del oro; y aún más lejos, viven los hiperbóreos [...] Todos estos pueblos —menos los hiperbóreos, dominados por los arimaspos— están continuamente en guerra con sus vecinos". IV, 13. Más información sobre los hiperbóreos puede encontrarse en los capítulos 32-35. Otras fuentes que nos hablan de los hiperbóreos son: Suda, s. v. Aristeas, y [Longino], Subl., 10, 4. Sobre los grifones cf. Paus., 1, 24, 6.

30 Mencionados por primera vez, dentro de literatura griega por Hecateo de Mileto, s. VI a. C., autor de un texto perdido intitulado Contorno de la Tierra. Sabemos de su conocimiento somero de los celtas por un escolio a Apolonio de Rodas. La mención de los celtas es sencilla y no intenta hacer otra cosa más que dar noticia de su existencia: "Y Timageto, en el libro primero de Sobre los puertos afirma que el Fasis y el Istro proceden de los montes Ripeos, que son de la tierra céltica, y luego va a parar a una laguna de los celtas. Y tras eso el agua se divide en dos: una desembocadura en el Ponto Euxino y la otra en el mar céltico; por esa boca navegaron los Argonautas y llegaron a Tirrenia". Fr. 18 a 10.11.13, sigo la versión de Juan Antonio López Férez. Heródoto habla de los celtas en estos términos: "Los celtas, por cierto, están más allá de las columnas de Heracles y confinan con los cinesios, que son, de todos los pueblos establecidos en Europa, los que habitan las zonas más occidentales". II, 33, 3.

31 Los límites del mundo son establecidos en estos términos por Heródoto: "me da risa que ya ha habido muchos que han trazado mapas del mundo sin que ninguno los haya comentado detallada y sensatamente..... [En Asia] habitan los persas que se extienden hasta el mar del sur llamado Eritreo. Más allá de ellos, hacia el norte, habitan los medos; más allá de los medos, los saspires; y más allá de los saspires, los colcos, que se extienden hasta el mar del norte, en el que desemboca el río Fasis. Estos cuatro pueblos habitan de mar a mar.

A partir de dicha zona, y hacia el poniente, se extienden en dirección al mar dos penínsulas, cuya descripción voy a realizar. Desde esa parte de Asia, una de las penínsulas, que por el norte comienza en Fasis, se prolonga en dirección al mar, bordeando el Ponto y el Helesponto, hasta Sigeo, en la Tróade. Y, por el sur, esa misma península, empieza en el golfo Miriándico, que se halla cerca de Fenicia, y se extiende hacia el mar hasta el cabo Triopio. En esta península hay treinta pueblos.

Esta es, en suma, una de las penínsulas. Por su parte, la otra, que comienza en Persia, se prolonga hasta el mar Eritreo; es decir, comprende Persia, a la que sigue Asiria, y a Asiria, Arabia. Esta península termina —aunque en realidad ese límite es netamente convencional— en el golfo arábigo, hasta el que Darío hizo llegar un canal procedente del Nilo [...] Por otro lado, esta península se extiende desde Fenicia a lo largo de este mar, siguiendo las costas de Siria Palestina y Egipto, que es donde termina. En dicha península hay tres pueblos.

Esas son las regiones de Asia situadas al oeste de Persia. Por lo que se refiere a las zonas situadas hacia el lejano oriente, más allá de los persas, medos, saspires y colcos, al sur se extiende el mar Eritreo, mientras que al norte se encuentra el mar Caspio y el río Araxes, cuyo curso se dirige al oriente. Asia se halla habitada hasta la India; pero al este de dicho país, no hay más que un desierto y nadie puede decir, ni siquiera aproximadamente, qué características presenta [...] Tales son las configuraciones y extensión de Asia. Por su parte, Libia, dado que sigue, sin solución de continuidad, a Egipto, se halla en la segunda península. Efectivamente, dicha península, a la altura de Egipto, es estrecha, ya que desde nuestro mar hasta el mar Eritreo hay cien mil brazas lo que supondría mil estadios. Pero, a partir de esa estrecha franja, la península que recibe el nombre de Libia vuelve a ser sumamente ancha". IV, 36-41. El subrayado es mío. La referencia del desierto oriental que colinda con la India es la mención griega más antigua que refiere el Lejano Oriente.

32 Tzetz., Chil., 7, 678.

33 Fr. 18 a 19.11.13.

34 Strab., 11, 6, 2.

35 Cf. los fragmentos de Heródoto citados líneas arriba.

36 Hell., VII, 120.

37 Cf. Fr. 129.8 de Pseudo Escimno.

38 Leg., 637 d.

39 Pol., 1269 b 26.

40 Eth. Eud., 1115 b 28.

41 Fragmento recogido por Diódoro 5, 32, 6.

42 4, 4, 5.

43 "Las dos caras del protagonista en Los Persas de Esquilo", p. 57.

44 Cf. sobre todo los primeros capítulos de I.

45 Cf. SEG, III, 22.506.9. Leiden, 1923.

46 Cf. Rose, 6; Ross, 6 a, fragmento considerado como parte del diálogo Sobre la filosofía: "Aristóteles en el primer libro de su obra Sobre la filosofía afirma que los Magos son más antiguos que los egipcios; y que de acuerdo con ellos hay dos principios, un espíritu bueno y otro espíritu malo, y que uno tiene por nombre Zeus y Oromasdes y el otro, Hades y Arimanio. Esto lo afirma igualmente Hermipo en el libro primero de su obra Sobre los magos, Eudoxo en su Viaje y Teopompo en el libro octavo de sus Filípicas". Según lo que nos muestra este fragmento de Diógenes Laercio, Aristóteles trata el pensamiento iranio con la misma consideración que el heleno. Quizá dándole un poco más de importancia, puesto que su origen es más antiguo. Además, cabe señalar que el Estagirita no es el único que se toma la molestia de tratar el asunto, resultándonos más o menos clara la inquietud de los griegos por los orientales. Otra referencia a un pasaje de Sobre la filosofía que vale la pena mencionar es el siguiente: "Eudoxio, que defendía que ésta debía ser considerada la más excelente y valiosa de las sectas filosóficas, afirmó que Zoroastro vivió seis mil años antes de la muerte de Platón. Así también Aristóteles". Pliny, HN, XXX, 3.

47 Praep. Evang., 9, 27, 3-4.

48 109-111.

49 "Y como los tracios vivían miserablemente y eran bastante simples, el tal Salmoxis que se había hecho al género de vida jonio y a un modo de pensar más reflexivo que el de los tracios..." IV, 95, 3. "Por su parte, el Ponto Euxino [Mar Negro], contra el que Darío apretaba a entrar en campaña, es, de entre todas las regiones, la que contiene, excepción hecha de los escitas, los pueblos menos evolucionados. En efecto, por su nivel intelectual no podemos citar a ningún pueblo de los aledaños al Ponto, ni tenemos conocimiento de que haya existido algún hombre de talento, con salvedad del pueblo escita y Anacarsis". IV, 46, 1. En el mismo libro, en 93-96, Heródoto describe un sacrificio humano practicado por los getas que se distingue por la crueldad con la que la víctima era tratada.

50 Hoy en día la relación entre Grecia y Macedonia no es la mejor. Contrasta con lo anterior el hecho que, hasta hace menos de una década, las monedas de cien dracmas mostraban en una de sus caras la efigie de Alejandro Magno y en la otra el sol de Macedonia, emblema nacional de este pueblo, usado todavía en la actualidad en su bandera.

51 "...cuando paren, sirven a los hombres y los acuestan a ellos en vez de ellas". Fragmento recogido por Estrabón, 3, 4, 17.

52 Cf. Vida pitagórica, 173.

53 Cf. LXX 2 Mal., v. Vetus Testamentum, 2, 21 —Entendiendo ahora pueblo como sinónimo de έκκλησία.

54 Cf. Epifanio de Constantinopla (siglo vi d. C.), Anac, 1 (p. 162.6).

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