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Nova tellus

versión impresa ISSN 0185-3058

Nova tellus vol.27 no.1 México jun. 2009

 

Noticias

 

Cómo verter villancicos de seis lenguas modernas al latín

 

Tarsicio Herrera Zapién*

 

* Doctor en Letras (Clásicas) por la Universidad Nacional Autónoma de México, es profesor de latín y etimología, y estudioso de Horacio, Tibulo, Ovidio y Marcial, así como de los autores neolatinos Fray Diego Valadés, Diego José Abad y Sor Juana Inés de la Cruz; miembro de la Real Academia Mexicana de la Lengua. traherzap@prodigy.net.mx.

 

¡Qué bien recuerdo, a mis cuarenta y dos años de investigador del Centro de Estudios Clásicos, que esta institución se inauguró el día de Santa Cecilia, Patrona de los Filarmónicos! Era el veintidós de noviembre de 1966; el entonces llamado "Centro de Traductores de Letras Clásicas" se acogió así bajo las musicales alas de Santa Cecilia.

Eran mis años juveniles y estaba recién retirado como organista de la parroquia de Santiago Tlatelolco, exactamente donde rezaba Juan Diego por su tío Juan Bernardino. En dicho sitio se reunía cada Navidad un coro entusiasta de jovencitos para cantar villancicos. Fue entonces que corroboré que existen varios coros navideños que siempre se han cantado en latín.

Ante todo, recordé el más fácil: O sanctissima, que en la película Stromboli de Vittorio de Sica se les oye cantar a las ancianitas de esa volcánica ciudad:

O sanctissima, o dignissima

dulcis Virgo Maria.

Intemerata, immaculata.

Pro nobis ora, Virgo pia.

(Villancicos de ambos mundos, 10o)1

Se trata de una tonada favorita en Alemania, y aparece en numerosos discos germanos con el título de Marineros sicilianos, cantado con la letra:

O du fröhliche, o du selige,

gnadenbringende Weihnachtszeit!...

 

I. Corales solemnes

Luego recuerdo también el Gloria in excelsis Deo, que en mi coro de Tlatelolco, todos los domingos del año cantaban los niños en latín durante su misa de las nueve de la mañana. Primero yo entonaba una estrofa en latín que había encontrado en un cancionero navideño:

Laetare, puerpera,

in adventu Filii.

Tua beata viscera

cuna fuerunt Dei.

Y toda la chiquillada me hacía eco en buena latinidad:

Gloooo-oria

in excelsis Deo! (bis)

(Ibidem, 4°)

Y recuerdo también el coral In dulci jubilo, que es tan popular entre los coros de Alemania, donde lo cantan alternando hemistiquios de estrofas alemanas con otras latinas. Dice así:

In dulci jubilo

nun singet und sei froh!

Unser Herzens Wonne

leit in praesepio

Und leuchtet als die Sonne

matris in gremio.

alpha est et o (bis).

(Ibidem, 14°)

Y, en esta línea, el coro In dulci jubilo es tan gustado, que la Sociedad Coral Mexicana de Ramón Noble (el patriarca de los coros capitalinos durante treinta años), ha escogido esa melodía como su rúbrica navideña. Para esta pieza he procedido a reconstruir la versión latina original. Dice así:

In dulci jubilo

et in gaudio mystico

qui nos nutrit fidus

jacet in praesepio

et splendet sicut sidus

matris in gremio.

alpha est et o (bis).

También recuerdo el himno Resonet in laudibus, que Pedro Vargas difundió en México allá en los años cincuenta con la letra: "La Virgen junto al romeral..."

Mencionamos a continuación el que suele admirarse como el himno navideño de aire majestuoso más reiterado del mundo: Adeste, fideles! Lo cantan en latín, desde coros pueblerinos, hasta el propio Andrea Bocelli, admirado tenor italiano que lo que le falta en vista, le desborda en voz. El texto latino todos lo conocemos:

Adeste, fideles,

laeti, triumphantes.

Venite, venite in Bethlehem.

Natum videte Regem angelorum.

Venite adoremus (ter) Dominum.

(Ibidem, 1°)

Lo notable es que existen varias sonatas de navidad para órgano basados en este solemne tema. Tan sólo en México se han compuesto dos: uno es de Julián Zúñiga, el queretano que fue organista de la Basílica de Guadalupe durante cinco décadas en el siglo XX. La elaboró en 1953.

La otra Sonata de Navidad sobre Adeste fideles la había compuesto en 1942 mi abuelo musical Miguel Bernal Jiménez, el genial organista de la Catedral de Morelia de los años treinta a los cincuenta. Es una obra tan brillante, que todos los organistas mexicanos profesionales la sabemos de memoria. Mi amigo Víctor Urbán la ha tocado en conciertos en el Nuevo y en el Viejo Mundo. Por cierto que he descubierto en esa Sonata de Navidad de Bernal, como segundo tema de sonata, otro himno navideño en latín: Memento rerum Conditor. Nadie más lo había consignado con anterioridad.

Tenemos, así, seis coros navideños en latín, tomados directamente de la liturgia.

 

Haendel y Mendelssohn, "villanciqueros"

Varios otros coros solemnes de Navidad han sido extraídos de los oratorios mayores de los genios del barroco. Así, el coro navideño Joy to the world, es de George Friederich Haendel, autor del oratorio Mesías, del Judas Machabeus y de muchos otros. Al mismo Haendel le ha atribuido algún experto alemán el citado Adeste fideles, que varios consideran un coro portugués del siglo XVII, pero los ingleses lo atribuyen a Francis Wade, del s. XVIII. Por ello pensé en poner también en latín esos solemnes coros.

Un favorito navideño es también el coro solemne Hark! The herald angels sing, de Felix Mendelssohn, el compositor que se inmortalizó por su música incidental a la comedia Sueño de una noche de verano, de Shakespeare.

De esa partitura nació la más popular de las "Marchas nupciales". He latinizado así ese coro:

Signifer per mundum nuntiat:

Gloria regi nostro sit!

Gaudium nobis jucundum:

Homo jam triumphans it!

Exsultantes nationes

Caeli exaudiunt praecones.

Chorus clamat caelicus:

Laetitiam hominibus (bis).

(Ibidem, 3°)

Y es digno de honores el magnífico coro tradicional alemán: O Tannenbaum! O Tannenbaum! ("¡Oh abeto navideño!"). Es una de las grandes melodías decembrinas. La he latinizado así:

Nativitas laetissima!

Tu illustras nostram vitam (bis)

Nos pauperes te colimus

et divites te colunt.

Nativitas...

(Ibidem, 5°)

Llegamos al coro más solemne de la navidad italiana. Es el debido a San Alfonso María de Liguori (Ligorio):

Tu scendi dalle stelle,

o Re del cielo

e vieni in una grotta

al freddo al gelo (bis).

Escuchábamos tocar este coro en la zampoña pastoril a las puertas de la Basílica de Sancta Maria in Aracoeli de Roma, en fiestas como el Día de los Reyes y el Año nuevo. Así la canto en latín:

Sideribus descendis,

o caelorum Rex

et in cavernam venis

ubi est frigus et nix (bis)

(Ibidem, 8°)

 

II. Coros místicos

Después de recordar tanta belleza, pensé que yo podía seguir trasvasando villancicos de las lenguas modernas al latín. Y proseguí con el

Stille Nacht, heilige Nacht!

Alles schláft, einsam wacht...

Se trata del inglés Silent night, O holy night!; o sea, del italiano Astro del ciel, pargol divin. Es el mismo francés O sainte nuit, o douce nuit!, o sea, de ¡Noche de paz, noche de amor!

Ya es tiempo de añadir mi versión latina, que parece ser la única que le faltaba a este que es el coro místico navideño por excelencia:

O sancta nox! O dulcis lux!

Refulserunt sicut nix

ora Jesu parvuli

atque stella canduit.

Demum pacis est vix.

O sancta nox, dulcis lux!

(Ibidem, 9°)

A este respecto, un amigo me contaba que en la población norteamericana de Frankemut, Michigan, se sorprendió de ver una capilla dedicada a un villancico. Le comenté que, sin duda, ese villancico es Stille Nacht!, el villancico más amado del mundo.

Si Noche de paz es el coro místico favorito de todos los continentes, el arrullo mexicano Por el valle de rosas, debido al genio de Miguel Bernal Jiménez, es quizá el más hermoso canto navideño de América, aunque para Víctor Urbán lo es de todo el mundo. Su razón tendrá, pues él ha dado recitales en ambos continentes.

Por cierto, "Por el valle de rosas" ya venía de Sevilla desde el siglo XIX, con una melodía distinta y muy juguetona, que le encantó al maestro Bernal cuando la escuchó cantar a los niños en las "posadas" navideñas de Morelia.

Bernal llamó a un chiquillo y le pidió que le repitiera la letra completa. La anotó, y muy pronto ya había compuesto su propia melodía, pero ya no juguetona, sino arrulladora. La tonada sevillana original (tal como me la tarareó el abogado moreliano don Rafael Estrada Sámano) sonaba así:

Por el valle de rosas

de tus mejillas (bis)

corren dos arroyitos

de lagrimitas (bis).

Déjame, deja (bis)

que ellas la sed apaguen

que me atormenta (bis).

Bernal creó para esos versos una melodía que al principio es elevada y tranquila, pero luego se vuelve un homenaje a la "Sonata patética" de Beethoven, con una tonada que va ascendiendo y agigantándose.

Medio siglo después de haber sido corista en el estreno europeo del villancico de Bernal en español (en la Universidad Gregoriana de Roma), encontré mi turno de poner en mi latinidad académica esas estrofas, diciendo:

Inter rosarum vallem

tui genarum

Duo decurrunt amnes,

fons lacrimarum.

Perfer, obdura (bis),

illas sedare sitim

quae me perturbat.

Somnum carpe, mi Jesu,

meis in bracchiis,

amplius sed ne plores

mei in peccatis.

Somnum assume (bis),

et me plorantem audiens,

ne a somno surge.

(Ibidem, 21°)

Por cierto, sobre ese inmortal villancico me vino a la mente una anécdota:

Va el maestro Miguel Bernal por la plaza mayor de Morelia llevando de la mano al décimo de sus once hijos. En eso se les cruza un chiquillo cantando:

- "Por el valle de rosaaas..."

-Oye, niño -le dice don Miguel-. ¿Sabes de quién es esa canción que vas cantando?

-Claro. Es de un señor muy bueno que toca el órgano en la catedral. Dicen que está muy enfermo y se va a morir muy pronto.

El chavalito sale corriendo, mientras que el pequeño hijo de Bernal se queda llorando.

-No llores, hijo -le dice don Miguel - . ¿No ves que ese niño que iba cantando mi villancico preferido, está dando a entender que yo no me voy a morir nunca?

En una conferencia sobre Bernal conté esta anécdota que me inspiró el narrador peruano Lauro Palma. Un mes después, ya Ramón Noble la estaba repitiendo como anónima en una presentación en el Auditorio Nacional. Pasé luego a ver a Noble, y le dije: "Ramón, me quedaste a deber mi crédito de autor (o al menos, el de adaptador)".

 

¿Las Mañanitas?

Cuando el papa Juan Pablo II amanece por primera vez en México en 1985, en la Delegación Apostólica, acude el Coro del Colegio Alemán al pie de su ventana y le canta Las Mañanitas.

El papa mismo sale muy feliz, y les comenta: -¡Ésa! ¡Ésa!

Los cantores no parecieron entender la alusión, pero yo casualmente ya tenía en mi repertorio de órgano una pieza llamada "Variaciones sobre un Noel polaco", de Alexandre Guilmant, y le había anotado al margen: "parecido a Las mañanitas".

Era el caso que ese canto mexicano le recordaba al papa Wojtyla ^ el arrullo más amado de Polonia, que hace años puse en español diciendo:

Duerme, duerme, pequeñito,

de mis brazos al calor.

Duerme y oye muy quedito

los arrullos de mi amor.

Nada temas esta noche

ni suspires, pues te doy

los arrullos de mi amor (bis).

Y muy pronto también la había latinizado diciendo:

Dormi, dormi, Puer bone

mea bracchia ad calida,

Dormi et audi leni voce

naeniolas placidas.

Nihil time hac in nocte

nec suspires, tibi et do

Naeniolas placidas (bis).

(Ibidem, 20°)

Por cierto que algunos estudiantes de Letras Clásicas de la UNAM ya me habían solicitado hace años mi versión latina de Las mañanitas. Y aquí está, después que la estrené públicamente durante julio de 2008 en Puebla, en honor de mi esposa, por Radio 1010 AM, en el programa de Paco Jiménez, "La voz de Tepeaca".

He aquí mis "Mañanitas" en latín:

Ecce laudes matutinas

quas cantabat David rex.

Ad personas peregrinas

Hic nunc cantabitur prex.

Exsurge, dilecta (seu: dilecte), exsurge;

Vide: surrexit sol jam.

Nunc cecinerunt volucres

Lunaque velata est clam.

(Ibidem, 71°)

Todos estos villancicos, y muchos otros, han quedado incluidos en mi librito Villancicos de ambos mundos. De seis lenguas al latín, 2008.

Este libro nació cuando leíamos a un periodista que había escrito de mal humor un artículo en el que opinaba que la música navideña era "triste y deprimente".

¡No lo hubiera dicho! Yo, entusiasta permanente de los villancicos, me puse a catalogarlos y encontré unos diez estilos diversos:

1° Los coros solemnes, como Adeste fideles;

2° Los coros místicos, como Noche de paz;

3° Las marchas, como Ya nació el Hijo del Creador;

4° Los arrullos, como Duerme y no llores;

5° Los cantos bullangueros, como ¡Ay del chiquirritín!;

6° Las romanzas vueltas villancicos, como No sé, Niño hermoso;

7° Los coros folclóricos, como El niño del tambor;

8° Los coros de banquete y de bebedores, como Los peces en el río;

9° Las tonadas nostálgicas, las únicas conocidas por el citado periodista, como Blanca Navidad;

10° Los coros sociales, como ¡Feliz Navidad!

¡Conque esa música que alguien denominó "deprimente" era sólo uno de los diez géneros navideños que yo llegué a catalogar!

 

El catalán universal

Escuché mencionar hace medio siglo, como materia de noticia internacional, un villancico catalán llamado El cant dels ocels ("El canto de los pájaros").

Resulta que a Pablo Casals, quien fuera el rey del violonchelo hasta su muerte a los 97 años (el violonchelo lo mantuvo siempre joven), le encargaron componer un "Himno de las Naciones Unidas" y lo invitaron a estrenarlo en la respectiva sede neoyorkina a finales de la II Guerra Mundial. En un reportaje se informa de un solemne recital que ofreció allí con una deslumbrante Suite para violonchelo, de Juan Sebastián Bach.

Luego, como encore, Casals dijo: -Ahora tocaré en el "chelo" para ustedes mi melodía favorita: El cant dels ocels.

Si un villancico era la melodía favorita del genial Pablo Casals, evidente para él la música navideña no resultaba para nada deprimente.

Años después escuché la versión de ese canto en inglés, en la voz de la expresiva contralto Joan Baez. Entendí en la letra la idea principal: I saw the morning star. A partir de esa imagen, yo redacté mis propios versos en español para que los cantara mi hija mayor. Años después creé mi versión latina, que dice así:

Cum visa est fulgida

stella alta et rutila

a passeribus spatii,

cantica liquida

volarunt nitida

in aurora illa solatii... (bis)

(Ibidem, 12°)

 

Minuit, chrétiens!

Así se llama un solemne arrullo francés. He comentado que esa sola página musical le ha dado más fama a Adolphe Adam que sus varios ballets.

En efecto, he visto programado una sola vez en muchos años, su más conocido ballet, La fille mal gardée, en tanto que Minuit, chrétiens! lo tengo en grabaciones realizadas por Plácido Domingo, por Charlotte Church, por José Carreras, por Mireille Mathieu y por su padre, excelente barítono. Y así sucesivamente por todas las grandes voces que gustan de exaltar la Navidad.

 

III. Marchemos por la Navidad

Una manera favorita de celebrar la Navidad consiste en organizar jubilosas marchas en todas las comunidades, ya sacras, ya sociales, tanto en Europa como en América. En el Renacimiento y en la Edad Media no había Navidad sin gozosos desfiles. Por algo el nombre dado en inglés a los villancicos es carol, o sea, "marcha".

Así, cuando Perry Como acudió a celebrar sus noventa años brindando una audición navideña en el Teatro Mayor de Dublín, ante la propia Presidenta de la República de Irlanda, llegó al escenario después de haber entrado al teatro en medio de una multitud que lo aclamaba. Y lo primero que hizo al subir al estrado fue entonar una alegre marcha:

It's beginning to look a lot like Christmas

Ev'rywhere you go...

(Ibidem, 19o)

Por excepción, he dejado sin latinizar esta marcha porque tiene toda una docena de versos, y los alumnos no los aprenden tan rápidamente. Mas me compensé dando letra latina al marcial coro barroco inglés God rest ye merry, gentlemen. Así suena en mis versos latinos:

Ad fines Orientis pervenit nuntius.

Aethereum praeconium replevit terminos,

Regesque vasti imperii

fiunt ut famuli,

Adorantes hunc Principem,

terris qui in minimis

occultavit cetrum

forma Parvuli.

(Ibidem, 16°)

A continuación, puse en latín la marcha navideña Good King Wenceslas look'd out. La había escuchado en el gran órgano teatral del Radio City Music Hall de Nueva York:

Exit Wenceslaus rex

hiberna in pruina.

Servus humilis ecce est,

colligit dum ligna.

Ipse rex est laetus tum

dapes ei afferre,

donum natalitium

ut servo praeberet.

 

Una marcha navideña, emblema operático

Una marcha del Día de los Reyes Magos, llamada en francés Farandole -muy amada por Georges Bizet, el compositor de la ópera Carmen- resulta una notable prueba de la universalidad de la música navideña.

Este compositor usó dicha Farandole como tema de una serie de variaciones en su ópera La arlesiana, que jamás he visto programada, pero que mi amigo Eduardo Lizalde ha adoptado gallardamente por años como tema de su programa de crónicas operáticas en Radio UNAM: La ópera ayer, la ópera hoy, la ópera siempre.

Por si fuera poco, circula en un disco Philips una imponente tocata improvisada con base en este gran coro marcial, y realizada en la cascada de los cinco teclados del gran órgano de la catedral de Nótre Dame de París. La creó el virtuoso Pierre Cochereau hará unos treinta años y es una de esas obras que se han transmitido muchas veces por radio. Yo la adquirí en un clásico long play a la entrada misma de la Catedral de París.

Todo el mundo tiene en el oído ese tema navideño, que en francés comienza:

Du bon matin

éle train de trois

grands Rois

qui allaient en voyage...

Naturalmente, lo puse en la mira de mi punzón latino, y escribí:

Natus est

ad nos caelorum Rex.

Monarchae pergunt adorantes

vivum Deum.

Natus est

ad nos caelorum Rex.

Monarchae stant ut colat

Regem grex.

(Ibidem, 18o)

 

IV. Un manojo de arrullos

Enumero aquí brevemente un par de arrullos españoles favoritos: A la nanita, nana, no menos que Yo soy Vicentillo. Igualmente podría sumar el gustado arrullo sevillano llamado Los brazos de la Virgen.

Añado el popular arrullo mexicano Duerme y no llores, y otro mexicano no popular, sino absolutamente de concierto, que fue grabado ya desde el primer disco de los Niños Cantores de Morelia dirigidos por el veneciano Romano Piccuti. Me refiero al coral de Bernal Jiménez, con letra del poeta Manuel Ponce Zavala: En las pajas de Belén.

Viene después el arrullo francés Il est né le divin Enfant, para el cual compuse esta letra latina:

Jam Salvator conceptus est.

Omnis terra det illi honores.

Jam Salvator conceptus est.

Illi det hymnos nostra vox

(Ibidem, 26°)

También he puesto en latín el famoso y dulce coro irlandés Noel, Noel, además de otros dos coros alemanes: Still, still, still, y el delicado Leise rieselt der Schnee. Cierro con el encantador coro inglés Away in a manger, para el cual tracé una versión latina a la que procuré dar la mayor fluidez:

Deus parvus videtur.

Juxta pueros stat.

Ut illi laetentur,

eis gaudium dat.

Pusilli senserunt

ignem qui ad illos it,

et dum illi riserunt

mundus melior fit.

(Ibidem, 30°)

 

V. Los villancicos bullangueros

Aquí se encierra una lista desbordante de regocijo y de múltiples orígenes.

El Hosanna in excelsis es un derivado inglés del citado Gloria in excelsis francés. El Deck the halls with boughs of holly es otro infaltable canto inglés de acento saltarín.

Y sigue luego un par de traviesas tonadas alemanas. A una la denomino: Campanas, dindelín, delín; y a la otra la titulo Vengan todos con regocijo. Se integra aquí el Alegres pastorcillos, del genial Bernal. Y cierro con un trío de jocosas piezas españolas: Ay del chiquirritín; Los pastores a Belén, y el célebre Veinticinco de diciembre.

Este último lo canto así en latín:

Finiente jam decembri, fum fum fum (bis),

Nostro amore natus est

parvulus Rex (bis),

Hodie ex virgine Maria,

quae eum generavit pia,

fum, fum, fum (bis).

(Ibidem, 38°)

 

VI. Las emotivas romanzas

Subrayo aquí que varias canciones de amor se han ido convirtiendo, con el paso del tiempo, en cantos navideños. Baste con citar la romanza española:

No sé, Niño hermoso,

qué he visto yo en ti,

que no sé qué tengo

desde que te vi.

(Ibidem, 41°)

Incluso Por el valle de rosas, parece haber nacido como romanza, con aquellas "lagrimitas... que ellas la sed apaguen / que me atormenta".

 

VII. Los villancicos folclóricos

Varias de estas chispeantes tonadillas las consigné sin verterlas al latín, pues nacieron inconfundiblemente castizas: Hacia Belén va un burrito; Resuenen con alegría; Arre, borriquito.

Pero sí latinicé Campana sobre campana:

Campana super campanam

et super campanam una.

Inter fenestras appareas.

Jesum videbis in cuna.

(Ibidem, 43°)

También vuelvo latino el cadencioso sonecito venezolano: Trin, trin, trin. Ya es hora de partir. Y dice así mi versión latina:

Trin, trin, trin. Hora exeundi est.

Trin, trin, trin, Pergentes Bethlehem.

Maria et Joseph sunt ex Nazareth (bis).

(Ibidem, 49°)

¿Y qué mejor manera de cerrar los coros folclóricos que con este canto rural mexicano, que circula de boca en boca?

Chilpayatito Dios,

tunita fresca.

Capullito de algodón.

México está de fiesta.

(Ibidem, 51°)

 

Coros de bebedores

Como la Navidad es una época de regocijo, y toda bella melodía puede volverse villancico, se fue colando hasta allí la música de diversión de los bebedores, que "beben y beben y vuelven a beber". Estos son los versos en latín:

Potes cernere bibentes

pisces rivum per altum.

Potes cernere bibentes

dum Deum vident natum.

Bibunt et bibunt et bibunt iterum

Illi pisces inter rivum

dum Deum vident natum

(Ibidem, 52o)

Y, desde luego, el Jingle bells era un canto de banquete del Día de Gracias (Thanksgiving day), y luego fue transferida a la Navidad:

Sonat jam, sonat jam

tintinnabulum

Niveum curriculum

evolat (1a.) per rura (bis).

(2a.) per rus.

Lo mismo pasó con un solemne coro universitario alemán Wir hatten gebauen, al que en Suecia le crearon una letra navideña. La alegría navideña nos hace acercarnos hasta las más lejanas lenguas, cuando oímos el título en sueco: När Juldags Morgen Glimmar. Y entonces imagino esta letra navideña:

Aurora natalitia

Spargit dulcedinem,

Nam Jesus dat laetitiam,

Natus ex Virgine (bis).

(Ibidem, 54o)

Ya se ve, así, que un cancionero de Navidad bien nutrido no sólo incluirá música navideña, sino de varios otros tópicos emotivos, incluyendo el tan solicitado Gaudeamus igitur y hasta Las mañanitas. También hay que considerar a Beethoven con el coro final de la Sinfonía pastoral al recién nacido:

Puer divine, qui das solacia:

diffunde per mundum

jucunda gaudia.

Tui splendores perlustrent aequora,

Et sis super mundum

Laeta Praesentia.

(Ibidem, 67°)

Éste es el lugar adecuado para incluir también nuestra latinización del coro final de la Novena Sinfonía ("la Coral").

Exaudi, frater, cantionem exsultantem,

Cantum jucundum

Nuvum diem exspectantem.

Canta, aude, somnia cantans,

Somnians vive auroram hanc

Qua homines cuncti

Fratres iterum evadent.

(Ibidem, 66°)

 

IX. Canciones nostálgicas

Expresan la añoranza por la casa paterna de quienes están lejos en Navidad. Así sucede con Blanca Navidad, de Irving Berlin. En mi latín suena así:

Natalis candide: huc redi,

cordibus dans solacium,

ut sint, pace pleni,

omnes sereni

per terrarum ambitum.

Per mentes volitant cantus

melismate in dulcissimo,

qui nos replent gaudio magno

in aetherei regni initio.

(Ibidem, 55°)

Habrá quien encuentre deprimente esta canción. Pero miles de melómanos la hemos cantado y tocado con regocijo.

 

X. Coros sociales

Sugieren la alegría de quien sabe que la Navidad es época de disfrutar, y se lanza cantando: Winter wonderland!; We wish you a merry Christmas; Let it snow! y muchos otros coros, hasta llegar a la perspectiva optimista del año nuevo: No es más que un ¡Hasta luego! Y cerramos con la alegre canción de José Feliciano:

¡Feliz Navidad (ter)

próspero año y felicidad!

Y en latín lo diríamos:

Laetitiam

natalitiam!

Laetitiam,

Prosperum annum et gaudium!

Vobis auguro jucunditatem (ter)

Inde ab imo corde nunc.

Laetitiam

natalitiam!

Laetitiam,

Prosperum annum et gaudium!

(Ibidem, 69°)

Espero que mi antología de coros navideños aporte, más que la añoranza de dos o tres canciones nostálgicas, la optimista alegría de los setenta villancicos felices de ambos continentes que he coleccionado durante varios decenios para incluirlos en ella. Con esas melodías atisbo un resquicio hacia el infinito, entonándolo en el idioma perdurable del canto coral: el latín universal.

 

Notas

* Los días 4 y 5 de septiembre de 2008 se desarrolló el II Coloquio Internacional Noua tellus. Dejamos constancia aquí de la conferencia que dictó el melómano y latinista Tarsicio Herrera Zapién.

1 Al pie de cada estrofa iré anotando el número que he dado a cada villancico en mi libro Villancicos de ambos mundos. De seis lenguas al latín, México, Ediciones

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