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Nova tellus

versión impresa ISSN 0185-3058

Nova tellus vol.26 no.1 México ene. 2008

 

Artículos y notas

 

Recordando a Nicole Loraux, Pierre Vidal–Naquet y Jean–Pierre Vernant*

 

Ana Iriarte

 

Universidad del País Vasco, Correo electrónico: ana.iriarte@ehu.es

 

Recepción: 22 de enero de 2008.
Aceptación: 31 de marzo de 2008.

 

Resumen:

El presente texto repasa, en tono de homenaje, la trayectoria intelectual y los logros teóricos de tres reconocidos helenistas franceses fallecidos en la primera década del siglo XXI; a saber, Jean–Pierre Vernant (1914–2007), Pierre Vidal–Naquet (1930–2006) y Nicole Loraux (1943–2003). Punto de referencia esencial para el recorrido que proponemos es el Centre L. Gernet, en el que confluyen durante las décadas de 1970 y 1980 las preocupaciones de nuestras tres figuras.

Palabras clave: antropología, Centro de Investigaciones Comparadas sobre las sociedades antiguas, filología, Louis Gernet, Nicole Loraux, Jean Pierre Vernant, Pierre Vidal–Naquet.

 

Abstract:

The present text revises, in a way of homage, the intellectual evolution as well as the theoretical achievements of three recognized hellenists that died in the first decade of the 21st century: Jean–Pierre Vernant (1914–2007), Pierre Vidal–Naquet (1930–2006) and Nicole Loraux (1943–2003). An essential frame of reference we propose to look through is the Centre L. Gernet where the intellectual interest of the three French scholars meet around the 70's and the 80's.

 

Quisiera aquí recordar a tres conocidos helenistas franceses asociados a la "Escuela de París", la "familia intelectual" fundada por el también recientemente fallecido Jean–Pierre Vernant, cuyas referencias intelectuales evocaré en primer lugar.

Desde la perspectiva metodológica, Vernant es hijo de dos reconocidos intelectuales del siglo XX:1 Louis Gernet (1882–1960), filólogo, sociólogo y destacado helenista e Ignace Meyerson (1888–1983), promotor de la Psicología histórica en Francia. Junto con las enseñanzas de estos dos creadores, Vernant contaba, en su juventud, con un profundo conocimiento del materialismo histórico —metodología dominante entre los intelectuales parisinos de los años cuarenta—. A finales de los años cincuenta, Vernant se interesó por los planteamientos del estructuralismo tal y como fue definido por Claude Lévi–Strauss en su Anthropologie structurale, publicada en 1958 con la resonancia que todos conocemos. Tales son, en esencia, los precedentes teóricos que Vernant reelabora, dando origen al innovador método que preside tanto su propia obra, como el consolidado grupo de helenistas conocido como la Escuela de París.2 En concreto —físicamente, podría decirse— Vernant funda el llamado Centro de investigaciones comparadas sobre las sociedades antiguas, en el año 1962. En 1964, consigue su integración como parte del CNRS, así como ubicarlo en la antigua casa de Auguste Comte, en el corazón del barrio latino, y lo dirige durante veinte años, hasta su jubilación en 1984, momento en el que el Centro adopta la nueva denominación de Louis Gernet.

Así pues, la Escuela de París nace en los vibrantes años sesenta, que marcarán un antes y un después en el desarrollo de las ciencias sociales y de la propia sociedad del siglo XX, contando con acontecimientos de tanta resonancia como la revuelta estudiantil de Mayo del 68. En lo que se refiere, concretamente, a la situación de los estudios sobre la antigua Grecia por aquellos años, a Vidal–Naquet le gustaba describirla como sigue,

...estaban determinados por el dominio de una Iglesia, la Sorbona, a la que se enfrentaban varias sectas que resistían como podían: secta marxista, en Besançon, con Pierre Léveque en cabeza; secta filológica, en Lille, con Jean Bollack y sus discípulos; y secta antropológica en el École con Jean–Pierre Vernant y sus amigos.3

Antropológica es, en efecto, la denominación que mejor traduce el tipo de perspectiva histórica de la antigua Grecia desarrollada por Vernant y su Escuela: la Antropología histórica,4 método abocado a deconstruir la perspectiva analítica que se dio en llamar el "milagro griego".5 Es decir, a desmontar la muy asimilada imagen de una Grecia apolínea en la que el pensamiento, la política y la estética de Occidente encontraban su origen "natural". Esta Grecia, milagrosamente creativa, triunfó en las décadas de entre guerras y era la que la Sorbonne, a través de portavoces como Jacqueline de Romilly, seguía rememorando en plenos años 60.

Explícitas son, en el sentido de esta innovación, las palabras con las que Vernant inicia el primer tomo de Mito y pensamiento entre los griegos, publicado por Maspero en 1965:

Nuestros trabajos se basan en los mismos documentos con los que trabajan los especialistas, helenistas e historiadores de la Antigüedad. Sin embargo, nuestra perspectiva es diferente. Se trate de hechos religiosos —mitos, ritos o imágenes— de filosofía, de ciencia, de arte, de instituciones sociales, de hechos técnicos o económicos, los consideraremos siempre como obras creadas por hombres, como expresiones de una actividad mental organizada. A través de estas obras, investigamos lo que fue el hombre en sí, el antiguo hombre griego al que no debe separarse del marco social y cultural del que es, al mismo tiempo, creador y producto.

Al llamado "milagro griego", basado en la idea de la existencia del "hombre eterno", Vernant opone una "vuelta a los griegos" que considere sus rasgos distintivos:

Lo bastante alejado de nosotros como para que sea posible estudiarlo como un objeto —y como un objeto otro— al que no se pueden aplicar nuestras mismas categorías psicológicas, el hombre griego nos resulta, sin embargo, lo bastante cercano como para que podamos, sin demasiados obstáculos, comunicarnos con él, entender el lenguaje que habla en sus obras, alcanzar, por encima de los textos y documentos, las formas de pensamiento y de sensibilidad, los modos de organizar la voluntad y los actos...6

Sin dejar de reconocer a la antigua Grecia como origen de aspectos tan esenciales en las actuales civilizaciones occidentales como el sistema democrático, Vernant propone estudiar a los griegos como Otros, es decir, reconociendo las diferencias que nos distancian de ellos.7 La noción de alteridad, es, en efecto, uno de los puntos fuertes del sistema de interpretación propuesto por la Escuela de París y dio lugar a innovadores estudios sobre las mujeres, los artesanos, los esclavos, los efebos..., en definitiva, sobre los grupos de población olvidados por la historiografía tradicional en la medida en que quedaban al margen de la figura central del ciudadano, de la celebrada vida política griega.

Junto a la relevancia dada a estos nuevos objetos de estudio, la Antropología histórica se propuso derribar los muros que, en la perspectiva académica, separaban la tradición propiamente mitológica de los testimonios referidos a otros sectores de la vida material, social y espiritual de los antiguos griegos. En este sentido, es importante precisar que si bien, como antes decíamos, Vernant retoma planteamientos esenciales de la Antropología estructural definida por Claude Lévi–Strauss, también insiste en la idea de que los diferentes niveles de contenido del mito no pueden revelarse teniendo simplemente en cuenta el sistema de relaciones que dicho mito establece con otros en el puro contexto mitológico:

Desde la perspectiva de Lévi–Strauss, el mito no debe comprenderse sino descodificarse. No se trata de descifrar un mensaje, partiendo de un código común, para restituir el sentido sino de encontrar —partiendo de un mensaje dado, insignificante o absurdo en sí— el código secreto en el que se basa y que controla su emisión. Así, negándole al mito su condición de mensaje, se le niega la capacidad de decir algo, de formular una aserción, verdadera o falsa, sobre el mundo, los dioses o el hombre.8

Está claro que sólo con severas reservas se puede encasillar a la llamada Escuela de París en el marco del análisis estructural, tal y como se acostumbra a hacer en ámbitos no especialmente próximos al proyecto intelectual del mismo.9 Para Vernant, la comprensión de cada versión del relato mítico griego (ya sea épica, lírica, trágica, etc.) implica considerar su carácter de obra literaria, así como el lugar y el momento histórico en que fue fijada por escrito y de los que también es producto. En definitiva, bajo la premisa de que "el mito está presente en la sociedad y la sociedad en sus mitos", Vernant se interesa por el "mito como hecho social".10

Para desarrollar este proyecto intelectual contó con un nutrido grupo de estudiosos11 entre los que destaca, por un lado, Marcel Detienne, interlocutor de excepción en lo referido a "la historia, o la prehistoria, de una ciencia de los mitos".12 Con Detienne, Vernant publicaría, en 1974, Las artimañas de la inteligencia, ensayo que reveló la importancia que tuvo en el pensamiento griego la categoría mental denominada métis, una forma de inteligencia que fue relegada, en favor de sophía, por las vertientes metafísicas de dicho pensamiento que triunfan a partir del siglo V a.C. La métis, "múltiple y polimorfa, se aplicaba a realidades fugaces, inestables, desconcertantes y ambiguas, nada apropiadas para la medida precisa, el cálculo exacto ni el razonamiento riguroso".13 De tal manera que el reconocimiento de su importancia demostraba que el pensamiento griego no sólo se había centrado en la búsqueda de la Verdad y la Belleza con mayúsculas.

El libro dedicado por Vernant y Detienne a la métis de los griegos causó un considerable revuelo en el activo universo intelectual del París de mediados de los 70, constituyendo el manifiesto más explícito que los nuevos helenistas liderados por Vernant contraponían a la manida consideración del "milagro griego" a la que acabo de referirme. De hecho, métis será el nombre de la revista impulsada por el Centre L. Gernet a mediados de los años 80. Revista de antropología del antiguo mundo griego que nace con la vocación de acoger un tipo de investigaciones sobre el mundo clásico, atentas a las nuevas aportaciones de la lingüística, la psicología, el psicoanálisis, la sociología y la etnología, que las revistas de estudios clásicos existentes hasta ese momento en Grecia y Francia, no podían acoger debido a la hiperespecialización que las caracterizaba.14

En definitiva, así de fructífera fue la colaboración entre Vernant y Detienne, el representante de la Escuela más desligado de la disciplina histórica; y el que aplicó con mayor énfasis el método estructuralista al análisis del pensamiento griego,15 al menos hasta que publicó, en 1981, L'invention de la mythologie,16 ensayo que marca un hito en la época parisina de una carrera intelectual17 que proseguiría en Estados Unidos. En lo referente a la relación entre los elementos míticos y una sociedad histórica, Vernant contaría como aliado de excepción con Pierre Vidal–Naquet, quien le sustituyó en la dirección del Centre L. Gernet desde 1984 hasta su propia jubilación en 1997.18

Nacido en París, en julio de 1930, en el seno de una familia judía, Vidal–Naquet murió el pasado mes de julio, en la casa familiar que conservaba en el Midi. Tras formarse como historiador en la Sorbona, fue profesor de Historia griega en varias universidades antes de volver a París, contratado por la École Pratique des Hautes Études en 1966, momento en el que ya empezó a colaborar de forma más directa con el equipo congregado por Vernant.

Tres son los teóricos "bajo cuyo signo" situó explícitamente su investigación: Finley, de quien habría aprendido que la Historia antigua necesita del método comparativo para ser entendida; Vernant, quien le habría enseñado a interpretar el trabajo del poeta trágico, convocando al escenario a héroes de tiempos remotos para confrontarlos con los valores de la polis del siglo V; y Momigliano, "capaz de dominar tanto la historia directa del mundo griego, del judío y del romano, como la tradición historiográfica de la Antigüedad a nuestros días".19 Junto con sus particulares orígenes, siempre presentes en su vida privada y profesional, esta triple influencia explica la tendencia de Vidal–Naquet al comparatismo, el hecho de que su obra no se encierre en la Antigüedad griega, sino que analice también acontecimientos políticos del siglo XX tan determinantes como la guerra de Argelia, la segunda guerra mundial, el golpe de los coroneles griegos o el conflicto judeo–palestino.

En el mundo de habla hispana, los títulos que demuestran este interés por la Historia Contemporánea son, por orden cronológico: los Ensayos de historiografía,20 volumen concebido por José Carlos Bermejo para reunir los trabajos sobre Flavio Arriano y Flavio Josefo aparecidos en Francia21 por separado; La Democracia Griega, una nueva visión. Ensayos de historiografía antigua y moderna;22 el breve ensayo sobre Los asesinos de la memoria23 y Los judíos, la memoria y el presente.24

En lo que a la Antigüedad clásica se refiere, el inicio de su carrera estuvo marcado por la historia económica y el tema de la esclavitud. Con el marxista Pierre Lévêque publicó, en 1972, el conocido ensayo Economías y sociedades en la antigua Grecia, en el que negaban la existencia de una noción de economía en el mundo antiguo. Por el contrario, insisten en la idea de una diversidad de universos griegos que impiden representarse Grecia como una unidad, así como en la total integración de lo socio–económico en lo político griego que impide hablar de una economía en el sentido que nosotros le damos. En esta primera etapa de sus investigaciones, Vidal–Naquet se siente especialmente deudor de los postulados de su gran amigo Finley, cuya obra hizo traducir al francés casi por entero.

Entre la formación prioritariamente filosófica de Vernant y la filológica de Detienne, Vidal–Naquet despunta como el miembro del Centre L. Gernet con más determinada vocación de historiador; si bien su proyecto intelectual niega los criterios tradicionales del análisis histórico desde sus propias bases. Dejemos que él mismo se explique al hilo del subtítulo elegido para el principal de los ensayos que dedicó al mundo griego, El cazador negro:

Formas de pensamiento, formas de sociedad. Por una parte, textos literarios, filosóficos, históricos, relatos míticos o análisis descriptivos, por otra, prácticas sociales: la guerra, la esclavitud, las instituciones juveniles, la construcción de monumentos conmemorativos; por un lado, el imaginario de la ciudad, de sus ciudadanos, con la realidad que conlleva, por otro el concretísimo mundo de los ritos, de las decisiones políticas, del trabajo, en los que hay que señalar la dimensión imaginaria que tienen. [...]

Tales son los ámbitos, bien diferenciados, que Vidal–Naquet acerca: "Lo que me interesa es su confluencia" —dice, pues "el análisis estructural de los mitos, separado del estudio de las prácticas sociales" corre el riesgo de aplicar conclusiones estereotipadas para cualquier sociedad.

Inversamente, en mi opinión, la historia institucional, social, económica [...] no llega a representar todo su valor hasta que viene a sumársele el estudio de las representaciones que acompañan e incluso penetran las instituciones y las prácticas del juego político y social.25

Como vemos, el estudio de la compleja dependencia entre mito e historia es uno de los rasgos definitorios de la Escuela de París. Y ésta es una premisa metodológica en la que también Nicole Loraux marcó su impronta.

Catedrática de Historia y antropología de la ciudad griega en el École des Hautes Études en Sciences Sociales, Nicole Loraux nació en París en 1943 y murió, en esa misma ciudad, a los sesenta años, tras haber sufrido nueve de penosa enfermedad. De tal manera que su carrera investigadora fue corta, pero extraordinariamente intensa. En líneas muy generales, puede decirse que dicha carrera se organizó en torno a lo que ella misma denominó el "pensamiento de la división en la ciudad griega": división sexual, por un lado y, por otro, división cívica (o stásis) como una de las bases de esa política griega que sólo como ideal, como fantasma, se concibe bajo el signo de la unidad.26 De esta doble vertiente, comienzan a dar significativa cuenta, ya en 1981, los dos primeros ensayos publicados por nuestra helenista: su célebre tesis, La invención de Atenas. Historia de la oración fúnebre en la ciudad clásica27 y Los hijos de Atenea. Ideas atenienses sobre la ciudadanía y la división de los sexos.

Desde estos primeros trabajos, Nicole Loraux se muestra como digna representante de la Escuela de París, postulando que la oposición entre mitos y realia no es una fatalidad, así como animando a "leer los mitos en su anclaje cívico". Un proyecto metodológico que implica "utilizar un capital de conocimientos históricos", pero sobre todo "esforzarse por reconocerle al mito el lugar al que tiene derecho en el ámbito analítico del historiador de Grecia".28 Proyecto éste sutilmente perfilado por una pensadora todavía treintañera, quien, hasta su último ensayo, se mantendrá implicada en el proyecto de transformar la imagen canónica de la antigua Grecia que movió a la Escuela de Vernant.

Sin embargo, con el tiempo, Nicole Loraux fue distanciándose de esta "familia intelectual" que componía el Centre L. Gernet. En los primeros años de los 90, plasmó las razones teóricas que le indujeron a ello en el artículo titulado "¿Volver a los griegos? Crónica de una lejana expedición a tierras conocidas".29 A contracorriente de las tendencias historiográficas de los años 90, Nicole Loraux evoca los peligros de inmovilización que para la perspectiva histórica de la polis supone la mirada antropológica, especialmente cuando ésta se "fija" unívocamente en la iconografía, y aboga por repolitizar la polis,30 por "desalterizar" la ciudad para reencontrar la proximidad de los inventores de la demokratía. Cosa que no equivale tanto a negar un recorrido antropológico anterior, como a avanzar un paso más sobre la base teórica de que lo Uno y lo Otro son "opuestos compatibles".

Ahora bien, de entre las propuestas teóricas de Nicole Loraux, la más controvertida es la que arremete contra uno de los convencionalismos que sirve de base a la investigación histórica: la idea de que el anacronismo es el peor de los errores que puede cometer un historiador. Convencida de que "el anacronismo se impone a partir del momento en que, para un historiador de la Antigüedad, el presente es el motor más eficaz de la pulsión de entender", Nicole Loraux invita, audazmente, a la muy comentada "práctica controlada del anacronismo en historia".31 Y define este ejercicio historiador al hilo de la propuesta de Marc Bloch según la cual "hay que comprender el presente mediante el pasado y el pasado mediante el presente":

En lo que a mí respecta, invirtiendo el orden en el que se enunciaban estas dos operaciones es como reflexionaré sobre el método consistente en acercarse al pasado con preguntas del presente, para volver hacia un presente enriquecido con lo que se ha comprendido del pasado. [...] Así que voy a abogar por una práctica controlada del anacronismo.32

Un ejercicio intelectual que requiere gran control y mayor movilidad, pues "hay que saber ir y volver y desplazarse constantemente para realizar las distinciones necesarias". Tal es el desafiante programa con el que Nicole Loraux anima a los clasicistas a comprometerse con la comprensión y crítica del momento presente tanto como con el pasado. Y tal es, precisamente, el rasgo que vuelve a definir a Nicole Loraux como integrante aventajada de la escuela sucesivamente dirigida por Vernant y Vidal–Naquet.

En efecto, sería injusto poner punto final a nuestra conmemoración, sin insistir en la dimensión de historiadores comprometidos con el presente que caracterizó a estos dos maestros. Entre otras cosas porque ésta es la faceta de la que se sentían más satisfechos en su vejez. Los autores de Mito y tragedia, no se conformaron con ilustrarnos sobre la concepción griega del poder, reflexionando sobre las tiranías encarnadas, en el teatro ático, por héroes ancestrales como Edipo, Penteo, Creonte o Agamenón.33 En las mentes de nuestros pensadores, los estudios que les hicieron célebres nunca estuvieron escindidos de la crítica y denuncias efectivas de las dictaduras que les fueron contemporáneas.

Vidal–Naquet, analista agudo de la interferencia entre mito, memoria histórica e historia propiamente dicha, también empleó su gran erudición como captor de las grandes problemáticas de su época. Así, denunció las atrocidades cometidas por el ejército francés en Argelia, insistiendo, como anticolonialista convencido, en que la tortura alteraba la democracia francesa.34 Como hijo de judíos asesinados en Auschwitz, su trayectoria de historiador estuvo muy marcada por una activa oposición al movimiento negacionista35 y actuó durante décadas como intermediario entre árabes y judíos en pro de un acuerdo de paz. Nunca perteneció a ningún partido, pero puede decirse que militó hasta su último aliento, pues dos días antes de morir firmaba el comunicado en el que el colectivo Trop c'est trop declaraba:

Contrariamente a la lógica guerrera, pensamos que las victorias militares no garantizan el futuro de Israel.36

"Ciudadano francés antes que judío" (como a él le gustaba definirse), Vidal–Naquet fue un historiador comprometido, al tiempo que devenía, él mismo, un significativo sujeto histórico. De ello dio una idea el que su homenaje póstumo más oficial estuviera organizado no sólo por las instituciones en las que impartió su docencia, sino también por la Bibliotèque Nationale de France, la Liga de derechos del hombre, France culture y Le Monde diplomatique. La participación de estas instituciones, así como el hecho de que su correspondencia (compuesta de 15 000 cartas) haya sido acogida por los Archivos nacionales de Francia, indica a las claras que la dimensión pública del personaje trascendió con creces los muros universitarios.

Pero, de los tres intelectuales explícitamente comprometidos con la historia política contemporánea que estamos evocando, Vernant es, sin duda, el que posee el auténtico kléos. Una fama internacional difícil de alcanzar para un helenista y que los homenajes póstumos que ha recibido (incluido el de algún adversario intelectual)37 asocian unánimemente a su virtud por excelencia: una extraordinaria generosidad.

Militante antifascista ya en los años 30, Vernant actuó, durante la Résistance como jefe del Ejército secreto en la región de Toulouse, siendo nombrado Compagnon de la Libération con el nombre de Coronel Berthier. Formó parte del PCF hasta 1970 y nunca renegó por completo del marxismo:

Sigo siendo marxista —afirmaba a finales de los 90— a condición de saber que Marx es un autor, es una obra, es una orientación. [...] creo que toda sociedad, toda cultura, toda civilización deben ser consideradas en bloque, no se puede pensar que existe un cielo de ideas autónomo, los hechos técnicos o económicos son fenómenos que cuestionan las formas de pensamiento.38

Pero su posición teórica al respecto se transformó radicalmente a lo largo de su evolución intelectual.39 Analista y admirador de la fecundidad del pensamiento no dogmático desarrollado por los griegos,40 Vernant confrontó durante buena parte de su vida sus convicciones de juventud con frecuentes visitas a la Unión Soviética. Estos viajes que siempre hizo en compañía de su esposa Lida —rusa y profesora de lengua y literatura rusa en Paris VIII — , le permitieron conocer de primera mano la represión de los disidentes y la tortura de los deportados;41 lo que le indujo a denunciarlas desde la siempre libre tribuna parisina y a sostener, materialmente incluso, a numerosos afectados. En definitiva, este "maestro liberador" —que decía Vidal–Naquet— combatió con igual énfasis los abusos del nazismo, que los del todopoderoso Estado soviético, apareciendo como infatigable defensor de esa misma libertad con la que auspició la naciente revista Mètis:

... que sea libre y abierta —reza el editorial de la misma—, que escapando al provincialismo de las fronteras nacionales y a la estrechez de las costumbres universitarias, no se deje encerrar en el horizonte exiguo de las modas, las capillas y las escuelas.

Libertad y apertura, fueron los principios siempre presentes en los análisis del maestro Vernant, y en los de sus interlocutores Vidal–Naquet y Nicole Loraux, auténticos "animales políticos", en el sentido aristotélico de la expresión, de quienes, ante todo, aprendimos que el pensamiento mítico de los griegos no tuvo nada de etéreo.

¿Acaso hay mejor manera de probar la importancia de mantener viva la tradición clásica en nuestros días?

 

Notas

* El presente texto se enmarca en el Plan Nacional de I+D+I del MCYT a través del Proyecto HUM2004–03690/HIST.

1 Para una amplia presentación de estas tres figuras intelectuales: R. Di Donato, Per una antropologia storica del mondo antico, Florencia, La Nuova Italia, 1990, pp. 1–130 para la figura de Gernet y pp.         [ Links ] 133–192 para la de Meyerson. A cargo de este especialista, véase también la edición de los textos de L. Gernet, Les Grecs sans miracle, París, Maspero, 1983.         [ Links ]

2 Para una perspectiva de esta denominación que desborda el ámbito del helenismo, véase F. Dosse, Historia del estructuralismo. II. El canto del cisne, 1967 hasta nuestros días (1992), Madrid, Akal, 2004, pp. 219 ss.         [ Links ]

3 P. Vidal–Naquet, Mémoires 2. Le trouble et la lumière, París, Seuil–La Découverte, 1998, p. 209.         [ Links ]

4 Para esta denominación referida, de forma más global, a una rama de la Nueva historia francesa, véase A. Burguière, "La antropología histórica", J. Le Goff, R. Chartier y J. Revel (eds.), La nueva historia (1978), Bilbao, Ed. Mensajero, 1988, pp. 38–62.         [ Links ]

5 De ahí, por ejemplo, que la recopilación de textos de Gernet prologada por su discípulo Vernant recibiera el significativo título de "Los griegos sin milagro": L. Gernet, op. cit., n. 1.

6 J.–P. Vernant, Mythe et pensée chez les Grecs, París, Maspero, 1965, p. 6.         [ Links ]

7 Como guía del conjunto de la obra de Vernant remitiremos a su propio libro, Entre mythe et politique, París, Seuil, 1996, en especial al apartado "Sources", pp. 631–636.

8 J.–P. Vernant, Mythe et société en Grèce ancienne, París, Maspero, 1974, p. 243,         [ Links ] pero véase todo el capítulo "Raisons du mythe" para el conjunto de su propuesta metodológica. Especialmente significativo es, al respecto, el título de la autobiografía intelectual que Vernant publicó en el ocaso de su vida y que he citado en la nota anterior.

9 Para una localización ajustada entre los estudios españoles, véanse el de J. C. Bermejo, El mito griego y sus interpretaciones, Madrid, Akal, 1988, pp. 56–58, y el de C. García Gual, Introducción a la mitología griega, Madrid, Alianza Editorial, 2006, pp. 296–297 y 310–311.

10 Una premisa que deja especialmente clara en la p. 10 de la introducción a Mythe et société en Grèce ancienne.

11 Véase el historial del Centro L. Gernet, así como su actual composición en www.ehess.fr/centres/gernet.

12 Palabras de agradecimiento que J.–P. Vernant sitúa en la primera nota de "Raisons du mythe", trabajo al que acabamos de referirnos.

13 Les ruses de l 'intelligence. La mètis des Grecs, París, Flammarion, 1974, p. 10.

14 Según reza el editorial de la revista firmada por Vernant: Mètis, I, 1, 1986, p. 6.

15 M. Detienne, "Mythes grecs et analyse structurale: controverses et problèmes", Il mito greco, Urbino, Ed. de l'Ateneo, 1973, pp. 71–89.

16 Ensayo publicado en París, en 1981.

17 Y ello —comenta P. Vidal–Naquet—, a pesar de que dicho ensayo se presenta "como si los griegos no hubieran tenido una mitología, como si ésta fuera un invento del siglo XVIII": L'histoire est mon combat, París, Albin Michel, 2006, p. 155.

18 Para el perfil de este historiador véase el estudio de P. Schmitt–Pantel, "Pierre Vidal–Naquet", V. Sales (coord.), Les historiens, París, A. Colin, 2003, pp. 317–335.         [ Links ] Una recopilación de referencias a las principales biografías sobre R Vidal–Naquet se incluye en mi artículo: "Pierre Vidal–Naquet y la Grecia marginal de los esclavos", Studia Historica. Historia Antigua, 25, 2007, pp. 35–44.

19 P. Vidal–Naquet, Mémoires 2, op. cit., pp. 230–231.

20 Ensayos de historiografía. La historiografía griega bajo el Imperio romano: Flavio Arriano y Flavio Josefo, Madrid, Alianza Editorial, 1990.

21 Me refiero a Flavius Joseph ou du bon usage de la trahison, prefacio de La guerre des Juifs, París, Minuit, 1977, y a Flavius Arrien entre deux mondes, París, Minuit, 1984.

22 Traducción editada por Akal Universitaria (Madrid, 1992) de La démocratie grecque vue d'ailleurs, París, Flammarion, 1990.

23 Historia y crítica, II, 1992, pp. 93–136. El título Les assassins de la mémoire ha sido objeto de varias reediciones y reelaboraciones en Francia, entre las que destacaremos la de La Découverte, París, 1987, pp. 133–186.

24 Fondo de Cultura Económica de Argentina, 1995; volumen éste que corresponde al segundo de los tres editados por Vidal–Naquet en Francia bajo el título Les Juifs, la mémoire et le présent.

25 Le chasseur noir. Formes de pensée et formes de société dans le monde grec, París, Maspero, 1981, pp. 14–15.

26 Véanse al respecto mis trabajos: "Nicole Loraux, maestra de pensamiento", Homenaje a Olga Omatos, Universidad del País Vasco (en prensa); "Descifrando enigmas con Nicole Loraux", Homenaje a Nicole Loraux, Universitat de Barcelona (en prensa); "Nicole Loraux y la teoría feminista", IV Congreso Internacional AUDEM (en prensa); "Atenas imaginaria o la indivisibilidad como ideal político", Studia Historica. Historia Antigua, 23, 2005, pp. 161–175. "Ciudadanía y andreía en la obra de Nicole Loraux", D. Plácido, M. Valdés y otros (eds.), La construcción ideológica de la ciudadanía. Identidades culturales y sociedad en el mundo griego antiguo, Madrid, Universidad Complutense, 2006, pp. 223–228;         [ Links ] "El pensamiento de la división en la ciudad griega", Prólogo a La guerra civil en Atenas, Madrid, Akal, pp. 5–28.

27 L'invention d'Athènes. Histoire de l'oraison funèbre dans la "cité classique", París, Plon, 1981.

28 Les enfants d'Athèna. Idées athéniennes sur la citoyenneté et la division des sexes, París, Maspero, 1981, pp. 7–8.

29 Aunque no fuera publicado hasta 1996 por J. Revel y N. Wachtel, Une école pour les sciences sociales, París, Ed. du Cerf, p. 275.         [ Links ]

30 Concretamente, Nicole Loraux apuesta por esta perspectiva desde 1986, año en que publica "Repolitiser la cité" (L'homme, 97–98, 1986, pp. 239–254). Este artículo será retomado como capítulo metodológico que centra La cité divisée, pp. 41–58. Para un resumen de su contenido: A. Iriarte, "Los peligros del olvido como estrategia política", Claves de razón práctica, 93, 1999, p. 73.         [ Links ]

31 Véanse, por ejemplo, los tres artículos centrados en la citada problemática que recoge el volumen dedicado en 2005 a Les voies traversières de Nicole Loraux por las revistas EspacesTemps y Clio: S. Wahnich, "Sur l'anachronisme–pratique" (pp. 140–146), J.–M. Baldner, "Un anachronisme–pratique" (pp. 147–155), y F. Dosse, "De l'usage raisonnée de l'anachronisme" (pp. 156–171).

32 N. Loraux, "Éloge de l'anachronisme en histoire", en La tragédie d'Athènes. La politique entre l'ombre et l'utopie, París, Seuil, 2005, p. 179.         [ Links ]

33 Aunque la figura del turannos está muy presente a lo largo de la obra, son capítulos más centrados en el tema "Ambiguïté et renversement. Sur la structure énigmatique d'CEdipe Roi", en Mito y tragedia I (1972), Madrid, Taurus, 1987, pp. 21–41, y "Le Tyran boiteux: d'CEdipe à Périandre", Mito y tragedia (1986), Madrid, Taurus, 1989, pp. 47–71.

34 Véase, sobre el tema L'affaire Audin, París, Éditions de Minuit, 1958; Face à la raison d'État: un historien dans la guerre d'Algérie, París, La découverte, 1989, o La Torture dans la République. Essais d'histoire et de politique contemporaines (1954–1962), París, Éditions de Minuit, 1972 y Memorias 2, op. cit., p. 185.

35 Les assassins de la mémoire. Un Eichmann de papier et autres essais sur le révisionnisme, París, Maspero, 1981; Les Juifs, la mémoire et le présent I, París, Maspero, 1981; Les Juifs, la mémoire et le présent II, París, La Découverte, 1991, y Reflexions sur le genocide. Les Juifs, la mémoire et le present III, París, La Découverte, 1995.

36 Libération, 27 de julio de 2006.

37 Como J. de Romilly: Le Figaro, jueves 11 de enero de 2007.

38 La volonté de comprendre, París, Éd. de l'aube, 1999, pp. 52–53.

39 Con respecto a los supuestos progreso y sentido de la historia en la línea marxista, véase, por ejemplo, la entrevista concedida en 2002, R. P. Droit (éd.), La compagnie des contemporains, París, Odile Jacob, pp. 67–68.

40 Véanse, por ejemplo, Mythe et religion en Grèce ancienne, París, Seuil, 1990, pp. 21 ss., Mythe et société en Grèce ancienne, París, Maspero, 1974, p. 215, etcétera.

41 "Libérez Fiodorov et Mourjenko", Le nouvel observateur, 11 dic., 1982, pp. 101–102.

 

Información sobre la autora

Ana Iriarte, doctora por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris, es profesora de Historia antigua en la Universidad del País Vasco, sus áreas de interés son la antropología histórica, teatro ático y democracia, género e identidad, mitologías antiguas.