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Revista de la educación superior

versão impressa ISSN 0185-2760

Rev. educ. sup vol.47 no.186 México Abr./Jun. 2018

 

Artículos

Concepciones y orientaciones de acción de grupos de investigación académicos sobre sus entornos. Elementos motivacionales, políticos, disciplinares e institucionales

Conceptions and action orientations toward the environment of academic groups. Motivational, political, disciplinary and institutional elements

Mariana Di Bello* 

Lucía Romero** 

*Filiación institucional: Conicet, IESCT/UNQ. Docente UNLP, Argentina. Correo electrónico: mariana.di.bello@unq.edu.ar.

**Filiación institucional: Conicet, IESCT/UNQ. Docente UBA, Argentina. Correo electrónico: laromero@unq.edu.ar.

Resumen

Este trabajo analiza en forma comparada concepciones sobre el entorno y estrategias de interacción con agentes externos de grupos de investigación de dos universidades nacionales ubicadas en el conurbano sur de Buenos Aires, Argentina. A través del análisis de documentos y de la realización de entrevistas, se busca mostrar cómo tales concepciones y estrategias se comprenden a la luz de coyunturas políticas particulares, dimensiones subjetivas y/o grupales, dinámicas cognitivas-disciplinares del área de incumbencia y dimensiones institucionales.

Palabras clave: Universidad; Entorno; Grupos académico; Representaciones; Orientaciones

Abstract

This paper compares the conceptions of environment and the interactional strategies with external agents supported by academic groups of two national universities situated in the south suburb of Buenos Aires, Argentina. Through documentary analysis and personal interviews here it is displayed how conceptions and strategies can be understood in the light of political situations, subjective and collective dimensions, cognitive and institutional dynamics.

Keywords: University; Environment; Academic groups; Representations; Orientations

Introducción

Este trabajo analiza en forma comparada concepciones sobre el entorno y las estrategias de interacción con agentes externos de grupos de investigación de las universidades nacionales de Quilmes y Lanús, ubicadas en el conurbano sur de Buenos Aires, Argentina. Se busca mostrar cómo tales concepciones y estrategias se comprenden a la luz de coyunturas políticas particulares, dimensiones subjetivas y/o grupales (trayectorias, orientaciones, ideologías), dinámicas cognitivas-disciplinares del área de incumbencia y dimensiones institucionales.

Las políticas de promoción al establecimiento de vínculos con actores externos por parte de las universidades tuvieron su auge en Argentina, en sintonía con lo que estaba sucediendo a nivel internacional durante la década de 1990, cuando se sucedieron una serie de reformas en el campo de la educación superior tendientes a imprimirles a las universidades un perfil más “innovador” y al Estado un rol más activo en su carácter de evaluador de las actividades académicas (Vaccarezza, 2006; Krotsch et al., 2007; Versino, 2007; Albornoz y Gordon, 2011). Como señalan Rhoads y Torres (2006) la concepción que los gobiernos tienen del Estado y de la ciudadanía incide en las políticas de educación superior de cada momento. Así, hacia mediados de 1980, en la Argentina como en la región latinoamericana, las crisis fiscales de los Estados Nación, allanaron el camino para el advenimiento de la ideología y las políticas neoliberales. En este marco, bajo los préstamos del Banco Mundial y de sus paquetes de recetas, la educación superior fue objeto de una ola de cambios estructurales implementados durante los años 1990 y fuertemente dirigidos desde la cima del sistema (Krotsch, 2009). Las universidades que componen los casos de estudio, Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) fueron creadas bajo ese contexto político aunque tempranamente asumieron modelos de gestión diferentes.

Hacia mediados de los años 2000, una coyuntura política diferente -que no puede ser explicada sin hacer referencia a la gran crisis económico-social que experimentó el país entre fines de los años 1990 y principios de la década siguiente- constituyó un marco de sentidos e ideologías bajo el cual florecieron una serie de prácticas de vinculación con el medio social en las universidades públicas que rebasaron ampliamente los conceptos de vinculación o de transferencia tecnológica delineados por la literatura de los años 1980 y 1990.

Estas modificaciones en las universidades se vinculan a cambios de po-líticas públicas de ciencia y tecnología y de educación superior de los años 2000 orientadas a fortalecer los vínculos de las universidades con el entorno junto con la consolidación de estrategias de acción diseñadas en la década previa tanto en el Ministerio de Educación como en el de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.1

Por supuesto, la existencia de este tipo de iniciativas no implicó por sí sola un cambio en los lineamientos generales del modo de hacer ciencia y tecnología en el país, pero da cuenta de la incipiente conformación de un “clima de ideas” caracterizado por el cuestionamiento a modos previos de comprender la vinculación entre universidades y sectores sociales o productivos y un interés por pensar instrumentos de política alternativos. Los casos estudiados son ejemplos interesantes en este sentido, puesto que se trata de universidades ubicadas en el conurbano sur de la provincia de Buenos Aires, zona caracterizada por poseer un tejido urbano denso con problemáticas socio ambientales asociadas a la pobreza y una débil infraestructura productiva. En ese marco, el rol de las universidades excede en gran medida a la impartición de conocimientos y formación de profesionales e implica asimismo la producción de sentidos, la asociación con organismos públicos, privados y del tercer sector así como actividades de promoción de derechos, construcción de ciudadanía e inclusión social.

En cada caso se realizaron entrevistas semi-estructuradas a gestores del gobierno central de la universidad y de las áreas de extensión y vinculación así como a una selección de investigadores de grupos académicos. La estrategia de selección de los grupos académicos se realizó en base a una indagación preliminar donde se identificaron grupos con un perfil dinámico en términos de captación de investigadores y de actividades académicas, y una alta visibilidad en la institución a la que pertenecen y que obedeció asimismo a los siguientes criterios: los grupos mantienen un volumen de relaciones efectivas y/o potenciales entabladas con el entorno de la universidad en la que trabajan, pertenecen a diferentes disciplinas e ilustran una diversidad de estilos de ejercicio de la profesión académica. En el caso de la UNLa, se seleccionó un grupo del área de Diseño Industrial, el grupo de Salud Colectiva y la Orquesta Escuela. En la UNQ los grupos elegidos fueron los de Oncología Molecular, de Tecnologías para la Inclusión Social (TIS), del Programa Interdisciplinario de Desarrollo y Sustentabilidad Ambiental (PIIDISA) y de Economía Social y Solidaria (ESS).

La primera parte del trabajo presenta una revisión de la literatura que desde diferentes abordajes estudia los vínculos entre universidades y entornos. En el segundo apartado se sistematiza cómo se incluye el entorno en el nivel institucional de las universidades aquí estudiadas. Tercero, se caracterizan los grupos y se analizan sus concepciones predominantes sobre el entorno y el tipo de orientaciones de acción que se asocian a las interacciones con actores extra académicos analizando cómo ambos aspectos se asocian al modelo de institución universitaria en la cual trabajan, a la coyuntura política, a la disciplina o área de conocimiento a la que pertenecen y a dimensiones subjetivas y/o grupales ancladas en el plano de las motivaciones, las trayectorias y las ideologías. Las reflexiones finales vuelven sobre la interrelación entre tales dimensiones analizando dinámicas de continuidad, de reconversión, de invención y de acreditación de nuevo tipo por parte de los grupos estudiados. Se concluye asimismo que, aun cuando están fuertemente apoyados por la institución y demuestran vínculos con el entorno, los grupos orientados por la disciplina tienen a ésta como principal fuente de legitimidad y recursos, mostrando continuidad en el tiempo en sus temas de investigación, fuentes de recursos, canales de comunicación de resultados y actores externos con quiénes se vinculan.

Universidad y entornos: discusiones y abordajes posibles

Aun con raíces históricas de largo plazo, el denominado “tercer rol” de las universidades ha cobrado un renovado interés durante las últimas décadas en la literatura académica. Ciertamente, en el contexto de la denominada sociedad del conocimiento se ha incrementado el interés por analizar el aporte de las instituciones de educación superior al desarrollo socio-productivo de sus regiones, por una parte, y las modificaciones que estos procesos han generado al interior de la universidad, por otra. Las universidades, en tanto instituciones centrales en los procesos de producción de conocimientos de los países, también han sido crecientemente estudiadas haciendo referencia al sostenido desvanecimiento de las fronteras entre estos centros de producción de saber y arenas sociales más amplias (Nowotny et al., 2002). En cualquier caso, el entorno de la universidad se ha vuelto una dimensión de análisis central para comprenderla como institución y como espacio que alberga un conjunto de prácticas científicas. El extensamente citado y debatido trabajo de Gibbons, Michael et al. (1997), sobre el advenimiento de una nueva modalidad de producción de conocimientos orientada hacia el “contexto de aplicación” puede considerarse un indicador del interés por estos temas.

En cuanto al rol de las universidades en el desarrollo local, regional o nacional pueden identificarse dos grandes perspectivas (Gal y Zsibók, 2011): el enfoque de la Triple Hélice y la perspectiva del compromiso regional de las universidades (regional engagement). El primero, elaborado por Etzkowitz y Leydesdorff (1997), realiza una aproximación institucional al estudio de los modos de aplicación de conocimientos dando cuenta de las relaciones recursivas entre universidades, gobiernos y sector productivo, en las cuales las primeras ocupan un lugar esencial en el desarrollo tecnológico y regional. Los trabajos encuadrados dentro de la perspectiva del compromiso regional de la universidad ponen menos énfasis en el carácter emprendedor de las universidades que el modelo de la Triple Hélice (Kruss et al., 2012) al subrayar las actividades orientadas al entorno societal de las universidades así como la conexión de estas instituciones con los usuarios finales de los conocimientos e investigaciones desarrollados como parte de sus actividades (incluyendo la producción curricular y procedimientos de enseñanza orientados a las necesidades del entorno, el involucramiento en la generación de programas y planes requeridos por los gobiernos y empresas de la región así como un compromiso activo en la tarea de reclutamiento y mantenimiento de la matrícula) (Holland, 2001; Goddard y Chatterton, 2003; Arbo y Benneworth, 2007).

Estos abordajes suelen opacar las diferencias que al interior de cada institución se dan por factores como las trayectorias personales o grupales de los investigadores, los distintos modos de gestionar las facultades o departamentos así como las características propias que las disciplinas imprimen al ejercicio de la profesión académica (Tuunainen, 2005; Becher, 2001). Asimismo, estos enfoques han sido cuestionados por tomar como modelo a universidades que mantienen un alto dinamismo respecto de sus vínculos con el medio productivo, creando la imagen de un patrón generalizado de gestión institucional que no siempre se condice con universidades de menor tamaño o que se encuentran en regiones con una baja actividad innovativa (Gál, 2013; Sánchez Barrioluengo et al., 2016)

Los trabajos de Clark (1998, 2004) y Slaughter y Leslie (1997) hacen hincapié en el impacto que las transformaciones aludidas producen en el seno de las instituciones de educación superior. Slaughter y Leslie representan con el concepto de “capitalismo académico” a las modificaciones en los sistemas de educación superior en el marco de la globalización de la economía de mercado y la consolidación de un comportamiento capitalista al interior de las universidades. Clark desarrolló el concepto de “universidad emprendedora” para caracterizar a instituciones de educación superior cuyo rasgo distintivo es un alto grado de dinamismo en su propia gestión.

En los trabajos referenciados hasta el momento el entorno es casi exclusivamente abordado como el medio productivo o el espacio innovativo en el cual se inserta la universidad. Un enfoque diferente es llevado a cabo por abordajes de sociología de la ciencia centrados en las prácticas de los investigadores. En esta literatura el entorno es captado a partir de las concepciones de los investigadores y se conceptualiza de una forma amplia como arenas o situaciones (Clarke, 2005), redes (Latour, 2008; Callon, 2008) o relaciones de recursos en arenas transepistémicas (Knorr Cetina, 1996) que forman parte de los marcos significativos de los investigadores y que son inestables en el tiempo y variables en su extensión. En el ámbito latinoamericano, los trabajos de Vaccarezza y Zabala (2002), Di Bello (2013) y Vessuri (1995) analizan prácticas y estrategias de investigadores para dotar de un significado de utilidad a sus trabajos y se focalizan en el impacto que el contacto con usuarios o intermediarios de sus productos de investigación generan en los modos de producir conocimiento y en las expectativas de utilidad del mismo. En esos trabajos el entorno es todo aquello que forma parte del marco significativo de los investigadores en sus procesos de construcción de utilidad (coyuntura política, cultura institucional, reglas disciplinares, redes interaccionales).

Sin desconocer que las dos grandes perspectivas citadas parten de concepciones epistemológicas distintas y, por lo tanto, difícilmente reconciliables, en este trabajo nos valemos de herramientas conceptuales de los dos enfoques para intentar componer un cuadro explicativo de los factores que inciden en la representación que los académicos tienen del entorno de la universidad en la cual trabajan y en los modos de relacionarse con el mismo.

En este sentido identificamos tres niveles de análisis que, a la luz de los hallazgos empíricos, resultan significativos para comprender prácticas y representaciones de los investigadores sobre el entorno. En primer nivel de análisis se sitúa en el plano de la coyuntura política. La urgencia por resolver problemáticas sociales derivadas de “crisis de 2001” que motivó a muchos actores académicos a intervenir sobre ellas, y la posterior emergencia de varios programas de educación superior, entre los cuales se destaca el voluntariado universitario, fomentaron un acercamiento de la universidad a problemáticas del entorno.2 Un segundo nivel de análisis es el institucional, en el cual identificamos por una parte el estilo de gobierno universitario dominante de cada universidad fundamentalmente a partir de señalar el grado de centralidad o disgregamiento que posee la toma de decisiones (Romero et al., 2015), y por otra, parte, señalamos a qué modelo estilizado de universidad (Pinheiro et al., 2012) se asemeja cada uno de los casos y el tipo dominante de relacionamiento con el entorno (Romero et al., 2015).

Finalmente, a nivel de las prácticas de los grupos académicos se identificaron las redes de interacciones con el entorno, su extensión, frecuencia y composición; las orientaciones de acción (con arreglo a valores/ instrumentales) (Weber, 1964) predominantes de los grupos en relación a su interacción con el medio así como estrategias de desempeño profesional (Vaccarezza, 2000), esto es, si sus acciones se guían predominantemente por la disciplina o no, si el reconocimiento (Hagstrom, 1964) o capital científico (Bourdieu, 2003) acumulado proviene mayormente del ámbito disciplinar o institucional/social.

El peso del entorno en la institución

La UNLa se creó el 7 de junio de 1995 (Ley 24496). Entre las principales consideraciones del proyecto de creación se establecía implementar una estructura académica que no se superpusiera con las de otras casas de altos estudios instaladas en el Gran Buenos Aires, adecuando los programas y las carreras de grado al perfil productivo de la región.

Si consideramos su estatuto (modificado en 2014), la relación con el entorno aparece explícitamente en la misión primaria de la universidad y entre casi todos sus fines, desde el punto de vista de su rol en el desarrollo social, económico y cultural de la comunidad y de la articulación de los conocimientos científicos con los saberes populares. Entre los fines de la universidad se establece en primer lugar la enseñanza y en segundo lugar el aporte al mejoramiento de la comunidad, a través de la transferencia de tecnologías, conocimientos y elevando su nivel socio-cultural. Luego aparece la investigación básica y aplicada, “otorgando prioridad a las necesidades y problemáticas comunales, regionales y nacionales”. Se menciona también entre los fines de la universidad la cooperación comunitaria (extensión), la realización de asesorías y servicios a instituciones públicas y/o privadas, el establecimiento de vínculos con organismos estatales, sociales, privadas de nivel local, regional, nacional, e internacional que comulguen con los fines de la universidad (Resolución 228/2014). Otra vía explícita mediante la cual aparece el entorno social en un primer plano es la figura del Consejo Social Comunitario inte-grado por representantes de entidades y personalidades destacadas de la comunidad local. Este órgano tiene entre sus principales finalidades: a) atender las necesidades específicas de la comunidad, b) favorecer todo tipo de acciones académicas, productivas, de investigación, de cooperación universitaria y transferencia tecnológica, en acuerdo con distintas organizaciones sociales, c) contribuir a generar convenios para que los estudiantes de la Universidad puedan realizar prácticas, pasantías, estadías y/o sistemas de alternancia, con las organizaciones de la comunidad. Un consejero/representante del Consejo Social Comunitario integra el Consejo Superior de la universidad, con voz y voto.

La organización de la universidad es de tipo departamental (Depto. De Salud Comunitaria, Planificación y Políticas Públicas, Humanidades y Artes y Desarrollo Productivo y Tecnológico) y ha ido estructurando una oferta curricular con carreras profesionales y técnicas -inexistentes en las universidades nacionales tradicionales- muchas de ellas orientadas por problemas, demandas o necesidades locales, como Tecnología de los Alimentos, Seguridad ciudadana, Enfermería, Turismo, Tecnologías ferroviarias. En este sentido, podemos caracterizar a la UNLa como una universidad de tipo profesional con un fuerte sesgo regional/local.

La universidad es de tipo centralizada ya que posee un gobierno basado en una conducción central fuerte que logra bajar líneas de acción y de concepción en todos los niveles. A diferencia de las universidades tradicionales, vistas como organizaciones de base pesada, es decir, donde los académicos gozan de grandes niveles de libertad de acción y pensamiento, por lo cual están por sobre la institución en términos de poder (Clark, 1996), en la UNLa el estilo de gobierno central fuerte ha hecho que mayormente la institución sea la que orienta a las individualidades.

La UNQ fue creada a través de la ley 23.749 en 1989 y se normalizó en 1992. En el proyecto de creación de la universidad se destaca la urgencia de contar con una institución que se adecue a las necesidades locales. Los referentes territoriales que impulsaron su creación propusieron que la universidad adopte una característica preeminentemente profesionalista, que fortalezca “los importantes establecimientos fabriles de la región” mediante la oferta de carreras “poco frecuentadas o novedosas” (Rovelli, 2011; Informe de Evaluación Externa CONEAU, 2010). Este argumento convive en el proyecto de creación de la universidad con la idea de que era preciso descomprimir la matrícula de universidades nacionales tradicionales situadas en las cercanías. No obstante, la forma que finalmente adoptó la UNQ, a través de la impronta del rector Julio Villar, de tres períodos consecutivos, se acercó más a una universidad volcada hacia las actividades de investigación (Rovelli, 2011). Esto se visualiza en una proporción relativamente alta de docentes con dedicación exclusiva y con nivel académico de posgrado así como una nutrida oferta de carreras de posgrado. La UNQ presenta una modalidad de conducción descentralizada, con niveles relativamente altos de autonomía para establecer lineamientos dentro de cada área de gestión, aunque esto difiere según el área de la que se trate. En los espacios dedicados a la misión, objetivos y funciones de la universidad en el estatuto no se observa ninguna mención al entorno inmediato.

La forma de organización de la UNQ se basa en una estructura departamental (Dpto. de Ciencia y Tecnología, Ciencias Sociales y Economía y Administración) y su oferta curricular de la UNQ respondió más a criterios de diferenciación respecto de las carreras ofrecidas por las universidades “tradicionales” de Buenos Aires y La Plata y, especialmente, a generar espacios de investigación que pudieran atraer a investigadores con amplias trayectorias de dichas instituciones académicas, que a un intento por contribuir a la formación de recursos humanos demandados por las actividades socio productivas del entorno local. El Consejo Social Comunitario no reviste actualmente casi ninguna relevancia dentro del funcionamiento de la universidad.

En los años recientes desde el gobierno de la universidad se fomentó la participación de la comunidad académica en proyectos y programas de extensión con un anclaje territorial a partir del otorgamiento de financiamiento específico. Esto contribuyó a la mayor participación y circulación de personas que no tienen un vínculo formal con la institución en sus espacios a partir de diferentes dispositivos entre los cuales se destacan los diplomas de extensión y la organización de ferias y mercados populares.

La modalidad de interacción predominante de la universidad con el entorno parece adoptar una dinámica ofertista. Así, aunque en muchas ocasiones el contacto se inicia a partir de pedidos de actores externos luego la interacción se sostiene más bien en la voluntad de los distintos grupos académicos de ofrecer conocimientos o servicios. En suma, si bien la forma preeminente de relacionamiento universidad-entorno es de tipo horizontal entre actores que integran la organización universitaria y actores que pertenecen a otras organizaciones políticas, empresariales o civiles, la UNQ brinda actualmente un paraguas institucional de legitimidad a estas interacciones.

Cuadro 1 

DIMENSIÓN INSTITUCIONAL
Estilo de gobierno Estilo predominante de relación con el entorno Modelo estilizado de universidad
UNLa Centralizado Alto nivel de Compromiso. Acercamiento predominantemente intervencionista o “militante”* con enclaves de experticia. Vertical Profesional regional
UNQ Descentralizado Alto nivel de Compromiso. Acercamiento predominantemente experto con enclaves intervencionistas o “militantes”. Horizontal De investigación

*Acciones con intención de transformar el estado de cosas existentes, en muchos casos con identificaciones político partidarias nacionales.

Fuente: elaboración propia con base a entrevistas y documentos.

Los grupos: orientaciones de acción y percepciones sobre el entorno

El grupo de diseño industrial de la UNLa se ha integrado en el Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación en Diseño Industrial desde 2012. Su origen se vincula con las motivaciones de sus miembros fundadores -provenientes de la carrera ubicada en la UNLP- de proyectarse hacia un diseño industrial menos universalista y más anclado a los requerimientos de un entorno espacial y temporal determinado, encontrando en la UNLa, dado el proyecto institucional de origen de la universidad, el lugar adecuado donde poner en práctica tales motivaciones. En ese marco se abrieron tres orientaciones de la Licenciatura en Diseño Industrial, guiadas por las características y necesidades del entorno productivo inmediato: Orientación maquinaria, equipos y vehículos, Orientación textil y Orientación transporte.

Las actividades del Centro consisten en servicios a terceros (impresión de piezas 3D principalmente) a PYMES y cooperativas de la zona (carcazas, prototipos), investigaciones históricas (historia del auto justicialista) y aplicadas (desarrollo del bandoneón, a pedido del rectorado de la universidad) y de coproducción entre alumnos, docentes y trabajadores en el desarrollo de innovaciones de diseño en productos, como fue el caso de las vajillas de la Cooperativa Cristal Avellaneda (Durax) para relanzar la marca al mercado.

Las vías de financiamiento fundamentalmente han sido internas (fuentes y convocatorias de la universidad, como la Convocatoria Emprendedores para micro PYMES) y externas provenientes de convocatorias de la Secretaría de Políticas Universitarias SPU del Ministerio de Educación de la Nación, como fue el Programa Universidad, Diseño y Desarrollo Productivo (para la producción de prototipos) y del MINCYT (Procodas). No publican en revistas especializadas y sus vías de difusión y de legitimación son en ferias con usuarios antes que con pares de la disciplina.

El grupo de salud colectiva tiene un claro perfil académico de investigación de excelencia. Es uno de los únicos grupos CONICET en la UNLa (esto es, son los únicos que pertenecen al organismo de ciencia y tecnología que tiene la carrera académica más antigua y orientada por reglas científico académicas vinculadas a la evaluación por pares, a la excelencia de las investigaciones y a la publicación periódica de sus trabajos en revistas de la disciplina del país). Cuenta con cuatro licenciaturas, una tecnicatura y varios programas de posgrado con más de cien tesis defendidas y con diecinueve cohortes consecutivas. Esto ha sido una vía de transferencia de recursos humanos al medio socio sanitario, especialmente a ámbitos de gestión política de salud de niveles municipal, provincial y nacional.

Este grupo se ha integrado en el Instituto de Salud Colectiva, reconocido como Unidad Asociada al CONICET desde 2015, orientado a producir conocimientos a partir del desarrollo de investigaciones en los ejes de la epidemiología, la planificación, las políticas y la gestión y las ciencias sociales y salud. Cuenta con temas de investigación sobre morbimortalidad nacional con análisis espacial, violencia laboral, evaluación de tecnologías sanitarias, mortalidad por violencia en conglomerados urbanos y su relación con características socioeconómicas (perfil epidemiológico), equidad en salud en el Partido de Lanús, mortalidad infantil y análisis georreferencial en Lanús. Las tareas de difusión y comunicación de resultados la realizan a través de la publicación periódica Revista Salud Colectiva, con niveles de alta visibilidad en la comunidad científica nacional e internacional.

Junto al Instituto de Salud Colectiva existen los centros de Adulto Mayor y de Salud Mental. El primero con mucho trabajo con el entorno de la población de tercera edad a través de la realización de talleres en barrios y apertura de clubes de día. El segundo tiene un desempeño muy similar al de Salud Colectiva, con orientaciones hacia el entorno académico y político en simultáneo. Han sido áreas que crecieron al calor de los criterios más “academicistas” y “cientificistas” posibles de hallar en la UNLa (publicaciones científicas, formación de recursos humanos, tipo de financiamiento externo vía agencias nacionales e internacionales de ciencia), pero al mismo tiempo y con igual rigor dedicaron esfuerzos a la construcción de una reputación y trayectoria pública en la gestión de la salud y en la instrumentación, implementación y evaluación de instrumentos de políticas. La construcción de posgrados, como vías de reclutamiento y de entrenamiento de recursos humanos para la gestión en salud, ha sido una vía fundamental para el objetivo señalado. La ocupación de puestos de gestión de gobierno en las estructuras burocráticas de nivel ministerial por parte de alumnos fue la vía fundamental de transferencia de conocimientos al Estado y al medio social. Las asesorías a gestores y funcionarios son otro modo de intervención y transferencia de conocimientos y modos de abordajes de salud.

De este modo, en los grupos de Salud Colectiva y Mental se ha concebido al entorno (y se han orientado hacia el mismo) desde alcances locales, territoriales, municipales, provinciales, nacionales, más asociados a prácticas de asesorías, capacitación de recursos humanos y provisión de capacidades para las distintas gestiones políticas, y alcances internacionales, ligados a la lógica de publicación disciplinar, o la obtención de financiamiento de organismos de ciencia y tecnología extranjeros.

Fruto de una iniciativa conjunta entre el director del Centro de Investigación y Estudios Musicales de la UNLa, su rectora Ana Jaramillo y la Dirección de Cooperación se encaró el armado de una Orquesta infantojuvenil en la Universidad. La idea inicial fue que la orquesta funcione en territorio, fuera de la UNLa. Por eso aprovecharon el Programa de Educación Permanente inserto en la Dirección de Cooperación, que trabaja con escuelas primarias de la zona, para elegir una de ellas como sede de trabajo para la Orquesta Escuela. La escuela, en Villa Luján, en Lanús Este (a unas trece cuadras de la Universidad), se eligió por las características de su Directora, quien le daba una impronta artística importante y tenía un compromiso muy fuerte con la institución y los chicos. Con financiamiento del gobierno de la provincia de Buenos Aires, centralmente para solventar los salarios de los docentes músicos y para la adquisición de instrumentos, el proyecto inició su camino en el año 2009.

La Orquesta tiene una serie de presentaciones durante el año, en la universidad brinda conciertos de cierre y de mitad de año y luego a lo largo del mismo suele tocar en salas y teatros de la zona. Su repertorio tiende a la música clásica aunque en muchos casos con incursiones en arreglos provenientes de la música popular.

Según los entrevistados, este proyecto para muchos chicos implicó la posibilidad de aprender música pero también de ampliar sus “entornos” (con la Orquesta conocieron el mar por primera vez cuando fueron a tocar a Mar del Plata, y lugares emblemáticos de la capital nacional como el obelisco y el Teatro Colón). Asimismo, muchas veces tocaron en la UNLa y poco a poco hicieron de ella un lugar más familiar y cercano para ellos, y ahora ya son “locales”. En su mayoría, ni ellos ni sus padres nunca antes habían ido ni imaginado entrar a la universidad a pesar de vivir a trece cuadras (no la conocían).

Las representaciones que existen en la UNLa y en la Orquesta Escuela sobre el proyecto y el desarrollo de la Orquesta no los asocian con acciones tendientes a “sacar a la Universidad” al territorio o de publicitar a la misma a través de la Orquesta, sino con la idea de hacer que los chicos, a través de la música, ingresen y conozcan la universidad. Si bien en un comienzo la Escuela empezó en el territorio del entorno universitario, en Villa Luján, luego se planeó que uno de los ensayos semanales empezara a hacerse en la UNLa. Este emprendimiento consistió en introducir al entorno en la UNLa, representación que a su vez está en línea con la cultura y la misión histórica de esta institución, proclive a ampliar la ciudadanía universitaria y el tipo de actividades legítimas. Esto es, la idea que afirma que quiénes pueden habitar legítimamente la universidad no son sólo los estudiantes universitarios de 18 años en adelante, sino los niños, los jóvenes y los adultos mayores.

Otras de las representaciones que emergen es la de la coproducción o de la apropiación social del proyecto. La UNLa avanzó en “poner a disposición de la comunidad ciertos recursos culturales, educativos, musicales” para desarrollar el proyecto de la Orquesta que poco a poco fue siendo apropiado y producido por los mismos chicos y padres. Si uno les preguntara de quién es la Orquesta seguramente nadie diría que es de la universidad.

El Laboratorio de Oncología Molecular se constituyó hace más de dos décadas y puede clasificarse como un caso típico de vinculación universidad-empresa a partir de la transferencia de conocimientos con potencial de aplicación en la producción de fármacos a la industria. Su equipamiento original fue en gran parte financiado por la UNQ, institución que asimismo fomentó el carácter trasferencial de sus investigaciones.

Las líneas de actuación del laboratorio abarcan el diseño de estrategias antitumorales en oncología molecular, la I+D de productos antitumorales y de sistemas de diagnóstico molecular así como servicios a terceros relativos a la aplicación de técnicas moleculares, el manejo de cultivos celulares o el diseño de modelos preclínicos animales. El grupo lleva adelante interacciones frecuentes con empresas farmacéuticas a partir de la prestación de servicios que ayudan a validar las investigaciones para el desarrollo de productos antitumorales por parte de la empresa y de la participación en proyectos de I+D para la creación de nuevos productos antitumorales, métodos o protocolos de tratamiento. Un hito importante fue la participación del grupo en un consorcio público-privado de I+D que tuvo como resultado la comercialización de una vacuna contra el cáncer de pulmón.

En cuanto a la dinámica de trabajo y la modalidad de ejercicio de la profesión académica, existe en el equipo una estrategia de desdoblamiento que apunta a mantener dos líneas paralelas sobre un mismo objeto de estudio: una de corte más básico que facilita las publicaciones en revistas académicas y otra de carácter más aplicado donde los investigadores aducen que es más difícil encontrar canales de publicación.

Las interacciones que el grupo mantiene con el entorno inmediato de la UNQ se reducen a la prestación de servicios (típicamente caracterización de muestras de pacientes) a organismos de salud pública del municipio y eventualmente de la región del conurbano sur. La noción de entorno que manejan es por supuesto la ciencia universal aunque puede vislumbrarse una idea de generación de conocimientos aplicados al servicio del desarrollo nacional (en este caso, de la salud pública). El entorno más inmediato o territorial de la universidad aparece casi exclusivamente en tareas que no implican al grupo la generación de conocimientos, sino más bien la aplicación rutinaria de técnicas en la forma de servicios a terceros donde existe una demanda puntual que se resuelve.

El grupo de investigadores que conforma el PIIDISA se propuso desde el principio generar conocimientos orientados a intervenir en el territorio cercano a la universidad. El Programa se armó y se puso en funcionamiento a principios de 2013 a partir de la obtención de un subsidio por parte de la SPU orientado a financiar proyectos de I+D en temáticas socio-ambientales. Sus objetivos apuntan a realizar y a ejecutar proyectos relacionados al diagnóstico socio-ambiental de la costa sur del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y de determinación de consorcios microbianos en soterramiento de basura así como de intervención en el Partido de Quilmes en las áreas de reciclado de residuos y sanidad y ambiente en territorios socialmente vulnerables del municipio.

Desde su puesta en marcha el proyecto más grande que se desarrolló fue un relevamiento de la situación socio-ambiental de un barrio habitado por ciudadanos en situación de vulnerabilidad social y el armado de un diploma de extensión sobre la problemática socio ambiental del barrio y el manejo de residuos y recursos como el agua para sus habitantes. El grupo participó también en el programa municipal “Quilmes Recicla” realizando trabajos de seguimiento de cooperativas de recicladores.

Se trata de un grupo que presenta una amplia variabilidad en sus investigaciones y en sus trayectorias académicas. Está integrado tanto por becarios e investigadores del CONICET como por docentes e investigadores de los distintos departamentos de la UNQ que cumplen funciones dentro de la gestión académica de posgrado y administrativas.

El Programa está enteramente orientado hacia la producción de conocimientos con impacto en el entorno territorial inmediato de la universidad. No obstante, la modalidad de relación con el entorno es variable como lo son los proyectos y los miembros que conforman el programa. Así, según sea el componente del programa, el entorno refiere a demandas de servicios puntuales de empresas o del municipio, a vecinos afectados por la baja calidad de las condiciones medioambientales del territorio en el que viven, o a asociaciones de trabajadores. Del mismo modo, el abordaje del entorno no es unívoco: conviven en el programa un acercamiento de tipo antropológico que busca conocer las representaciones de los actores sobre sus condiciones de trabajo y las cuestiones socio ambientales del territorio en el cual viven, con otro de carácter económico ambiental que busca establecer los alcances de las actividades relacionadas con el manejo de residuos en tanto subsistema productivo territorial, con acercamientos ligados a la aplicación de servicios biotecnológicos y de capacitación y asistencia en el manejo de recursos ambientales.

El grupo ESS tiene como antecedente más lejano al Proyecto de Extensión CREES (Construyendo Redes Emprendedoras en Economía Social) creado en 2007 por un equipo de docentes del Departamento de Economía y Administración para brindar capacitación y asistencia técnica a emprendedores de la economía social de municipios cercanos a la UNQ. El proyecto CREES se articuló en el marco de la Dirección General de Apoyo y Vinculación Sectores Sociales y Productivos que había sido creada en 2004 dentro de la Secretaría de Extensión de la Universidad. Paralelamente el equipo obtuvo financiamiento de la primera convocatoria a proyectos del Programa de Voluntariado Universitario de la SPU.

El Proyecto CREES posee actualmente tres líneas de trabajo: Gestión Local Asociada; Cooperación Social y Salud; y Formación en ESS. La primera vinculada al trabajo en el territorio local en articulación con otros actores como organizaciones de la sociedad civil y áreas del municipio y el estado provincial nucleados en la Mesa de Promoción de la Economía Social y Solidaria (MePESS) desde donde se ejecuta el Proyecto Integral de Desarrollo Socio-Productivo del partido Quilmes; en ese marco, el equipo desarrolla periódicamente la Feria de Economía Social y Solidaria en la UNQ. La segunda línea tiene por objetivo la realización de una investigación aplicada en la temática de empresas sociales y gestión asociada en ESS y desarrollo local, con referencia específica al espacio territorial de influencia de la UNQ. La tercera línea implicó la creación en 2010 del Diploma de Extensión Universitaria en ESS y en el 2011 la Tecnicatura Universitaria en ESS y la carrera de posgrado de Especialización en ESS. En los tres casos, el dinero para financiar el pago de profesores provino del Ministerio de Desarrollo de la Nación, con quien el equipo firmó asimismo un convenio para formar cooperativistas. Recientemente, en 2014, el equipo ha generado el Programa Universitario de Incubación Social en Economía Social y Solidaria en el marco de la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNQ orientado a la incubación de emprendimientos de ESS y la provisión de servicios de gestión, de comercialización y de comunicación.

La trayectoria del equipo de trabajo sigue un sendero que va de las tareas de extensión y de docencia de grado a actividades de formación de cuadros de la ESS, de investigación y de desarrollo innovativo. De esta manera, la investigación emerge en el grupo íntimamente asociada a la práctica de la extensión y de la formación en el ámbito de la ESS. Sus canales de publicación son en su gran mayoría revistas de divulgación de procesos de extensión universitaria. Los vínculos que el equipo mantiene con actores que no pertenecen a la UNQ son constantes, amplios y variados tanto con programas públicos de ESS como con asociaciones gremiales, civiles, cooperativas de trabajo y redes universitarias ligadas a la temática.

Los investigadores ubican a sus tareas como un ejercicio de transformación social y apuntan como uno de sus requisitos a la transformación institucional. En este sentido señalan que, gracias a la presión de algunos miembros de la comunidad universitaria, en los últimos años se han logrado avances en la UNQ al revalorizar las tareas de extensión dentro de las evaluaciones docentes. Por lo tanto, otro de los objetivos del equipo es ocupar espacios institucionales dentro de la UNQ que les permitan impulsar políticas que legitimen y fomenten modos alternativos de ejercicio de la profesión académica.

La generación de redes de trabajo e intercambio de experiencias es una estrategia sostenida por el grupo. En todos los casos se trata de redes con anclaje territorial, sea éste nacional, regional o local. Así, la noción de entorno que mantiene el equipo se asocia fuertemente a lo territorial, al trabajo en un espacio geográfico específico. El entorno se delimita en extensiones variadas de acuerdo con las diferentes redes en las cuales se involucra el equipo e implica asimismo dimensiones diversas: desde el plano político y simbólico de las políticas públicas nacionales hasta un plano empírico de intervención en las prácticas de cooperativas y emprendimientos concretos en un territorio dado. En el plano de la reflexión conceptual, el entorno se configura a escala global como la problemática emergente de la ESS. No obstante, el trabajo en el territorio local constituye la escala de intervención más habitual del equipo y muchas de sus prácticas y reflexiones se alimentan de ese abordaje territorial local.

El grupo TIS se originó hacia fines de los años 1990 con trabajos de casos históricos sobre desarrollos tecnológicos y mudó, hacia fines de los 2000, a estudios sobre casos contemporáneos de “Tecnologías para la Inclusión Social” (TIS). A partir de financiamiento internacional y nacional el grupo realizó en 2008 un mapa de experiencias en TIS que le permitió iniciar un sendero de interacciones periódicas con otros actores extra académicos. Sus actividades actuales incluyen, además de las tareas de investigación, a la formación de capacidades de planeamiento estratégico de TIS, construcción de vínculos entre organizaciones sociales e instituciones públicas de I+D y asesoramiento y diseño de políticas públicas de cti orientados a la generación de dinámicas de inclusión social. En ese marco, el grupo empezó a interactuar periódicamente con el MINCYT, especialmente en el armado del Programa Procodas que está orientado a financiar proyectos de TIS y, junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el INTA, el grupo generó un Proyecto de Desarrollo Tecnológico y Social (PDTS) cuyo objetivo es la generación de nuevas modalidades de gestión tecnológica de recursos socioambientales en territorios rurales de la provincia del Chaco. A su vez el grupo impulsó, junto a otras instituciones, el armado de la Red de Tecnologías para la Inclusión Social Argentina (RedTISA). En el plano académico el grupo creó recientemente el Diploma de Posgrado en Diseño Estratégico de Tecnologías para el Desarrollo Inclusivo Sustentable.

El caso muestra una trayectoria que va desde las actividades de investigación exclusivamente hacia la creciente incorporación de tareas de asistencia técnica, de capacitación y asesoramiento, de formación de cuadros técnicos y de establecimiento de redes que insumen fundamentalmente un trabajo de gestión. Esto repercute por supuesto en el tamaño y tipo de actores que forma parte del grupo, en las estrategias de publicación y canales de legitimación de sus saberes y en las fuentes de financiamiento. Ciertamente, el grupo ha crecido considerablemente, incorporando becarios e investigadores principalmente con un perfil abocado a la producción de conocimientos aplicables en el territorio y experiencia en la gestión de proyectos de estas características. La trayectoria de los investigadores que conforman el núcleo inicial del grupo les permite acceder a revistas de calidad dentro del área de referencia, pero recientemente también se han abocado a la producción de libros e informes que tiene como destinatarios un público más amplio.

En relación a las concepciones sobre el entorno que se mantiene en el grupo, puede decirse que predomina una idea de entorno nacional, definido principalmente en términos de política de desarrollo nacional.

Cuadro 2 

PRÁCTICAS DE LOS GRUPOS ACADÉMICOS
Interacciones Orientación de la acción Desempeño profesional Producción de conocimiento
Diseño Industrial Frecuentes. Extraacadémicas: PYMES y cooperativas Regionales Orientada al entorno. Valorativa Orientado a la docencia y provisión de servicios. Reconocimiento social Prototipos. Productos. Servicios técnicos
Salud Colectiva Frecuentes. Académicas y extraacadémicas (con áreas de salud del gobierno). Nacionales (gobierno) e internacionales (académicas) Orientación mixta: disciplinar/ intervención en políticas públicas Investigación y formación de posgrado. Reconocimiento disciplinar y social Papers. Capacidades de gestión
Orquesta Escuela Frecuentes Extraacadémicas: con niños y jóvenes del ámbito local Locales Valorativa. Orientación hacia la inclusión ciudadana Formación artística infanto juvenil. Reconocimiento social Obras, piezas musicales
Oncología Molecular Frecuentes. Académicas y extra académicas: con industrias farmacéuticas. Internacionales Orientación disciplinar y aplicada (valorización del conocimiento en ámbitos privados) Investigación y desarrollo. Reconocimiento disciplinar Papers. Servicios a la industria. Desarrollo de productos con aplicación en la industria farmacéutica
Programa socioambiental Frecuentes. Extraacadémicas: cooperativas locales, gobierno municipal. Locales Orientación hacia el entorno. Valorativa/ instrumental Investigación orientada. Formación orientada a la capacitación de sectores vulnerables. Reconocimiento social Informes. Papers. Capacidades de gestión
Economía Social Frecuentes. Académicas (redes universitarias temáticas) y extra académicas (cooperativas, feriantes, gremios, gobierno nacional y municipal) Orientación de intervención territorial y en políticas públicas. Valorativa Centrado en formación y extensión universitaria. Reconocimiento social institucional Papers en revistas de extensión. Capacidades de gestión
Tecnologías Sociales Frecuentes. Académicas y extra académicas (gobierno nacional, redes de actores en TIS) Orientación disciplinar y de intervención territorial y en políticas públicas. Valorativa Investigación. Formación de capacidades. Reconocimiento disciplinar Papers. Manuales informes. Capacidades de gestión

Fuente: elaboración propia en base a entrevistas y documentos institucionales.

Cuadro 3 

CONCEPCIONES SOBRE EL ENTORNO
Extensión Composición Modalidad de interacción
Diseño Industrial Local. Sectorial PYME Cooperativas Prototipos (de producto y proceso)
Salud Colectiva Nacional. Internacional Sector público Estatal Recursos cognitivos y organizacionales. RRHH
Orquesta Escuela Local Grupos sociales vulnerables Recursos culturales
Oncología Molecular Internacional Empresas farmacéuticas I+D conjunta con empresas. Recursos cognitivos. Servicios técnicos
Programa socioambiental Local. Sectorial Cooperativas de recicladores. Municipio Recursos organizacionales y cognitivos. Baja co-producción
Economía Social Local. Sectorial Actores de la economía social (cooperativistas feriantes). Sindicatos. Programas ministeriales Recursos materiales, organizacionales, cognitivos. Co-producción de saberes en el marco de prácticas docentes y de gestión
Tecnologías Sociales Nacional. Internacional ONG’S. Programas ministeriales Conocimiento experto disciplinar. Conocimiento experto de gestión público y territorial

Fuente: elaboración propia en base a entrevistas y documentos institucionales.

En suma, si ejercemos una mirada comparativa al conjunto de los grupos, en el caso de diseño industrial, Orquesta Escuela, PIDIISA y ESS predominan concepciones de entorno cuya delimitación es de tipo comunitaria, territorial y sectorial (ramas de industrias o de la economía en el caso de diseño y ESS y zonas vulnerables del municipio en PIDIISA y Orquesta), con discursos y orientaciones de acción más cercanas a la co-construcción de conocimientos, con canales de validación más asociados al uso y a la pertinencia que a la publicación científica y vías de financiamiento externo que pasan principalmente por la priorización de tales valores. Mientras que en los casos de los grupos de salud colectiva y de oncología molecular predominan vías de financiamiento externo ancladas en la excelencia y la originalidad de la producción de conocimiento y de concepciones de entorno cuyas referencias no lo restringen o enfatizan en la comunidad o el territorio. Su estilo de ejercicio de la profesión académica se sustenta en la producción de conocimiento guiado por el canon de la originalidad y la excelencia (el componente de la pertinencia no deja de estar presente, aunque en un nivel de importancia semejante al de la excelencia, cuestión ausente en los otros grupos) y validado a través de publicaciones en revistas arbitradas especializadas.

Aunque todos los casos han sido estilizados a fin de mejorar el análisis comparado, salud colectiva y TIS presentan orientaciones de carácter más marcadamente mixto. En el caso de salud colectiva, el valor de pertinencia o producción de conocimiento orientada por problemas sociales del área de salud existe fuertemente aunque bajo una modalidad de excelencia y de experticia política. Esto significa que sus productos pueden competir en dinámicas propiamente académicas como la publicación en una revista indexada y en otras de índole más políticas, como capacitaciones o informes de gestión. La utilidad política, de producción de cuadros técnicos y de gestión de recursos y servicios de salud es un valor que ha organizado y guiado las prácticas de estos grupos. En el caso del grupo TIS se observa una combinación de ambas tendencias: una creciente vocación por incidir en el plano de la política pública (directamente y a través de la formación de cuadros) y obtener financiamiento que exceda los canales académicos “clásicos” y, al mismo tiempo, el mantenimiento de un tipo de producción capaz de insertarse en las vías de publicación académicas de referencia en el área. Asimismo, el grupo posee investigadores con perfiles mixtos, con orientación hacia la experticia política y carreras académicas que les permitan insertarse y permanecer en instituciones como CONICET u obtener subsidios altamente competitivos.

Reflexiones finales

Si cruzamos trayectorias de grupos, con coyunturas sociopolíticas (como la crisis del 2001) y políticas de educación superior, ciencia y tecnología (Programa de voluntariado de la SPU o líneas de financiamiento como Procodas del MINCYT), y nuevas señales o incentivos de las instituciones y sus gestiones (apoyo simbólico y financiamiento para tareas y proyectos de extensión), encontramos dinámicas de continuidad, de reconversión, de invención y de acreditación-reconocimiento de orientaciones de los grupos. En grupos fuertemente estructurados según áreas de investigación disciplinar, la primera dinámica ha sido la predominante (oncología molecular, salud colectiva); en grupos con capital en la producción académica pero con inclinaciones a reinvertir en nuevas áreas, ya sea por orientación valorativa (producción académica orientada a resolver problemas sociales) o instrumental (captación de subsidios), han existido dinámicas de reconversión (es el caso de TIS), e incluso hemos detectado dinámicas de invención (surgimiento de grupos) a propósito de ciertas políticas macro y de la apertura de incentivos institucionales (es el caso de PIDIISA, de la Orquesta y de Diseño Industrial). Por último, en casos como el grupo de ESS donde surgieron como marginales o alternativos a la forma de producción académica dominante de la institución en un primer momento, ante un cambio de políticas públicas y de señales de la gestión de gobierno de la universidad este grupo pasó a ser reconocido y a ocupar un lugar central dentro de las actividades de investigación que la institución promociona.

Al articular la dimensión de las representaciones y orientaciones de acción de los grupos relevados con aquellas vinculadas a las características institucionales de las universidades donde realizan sus actividades notamos que, si bien pueden distinguirse a nivel institucional diferencias entre ambas universidades (UNLa presenta una orientación hacia el entorno de carácter más militante (Romero et al., 2015) y UNQ más relacionada con la experticia) no parece existir una relación directa con las orientaciones de los grupos que trabajan allí. Es cierto que en la UNLa existe una mayor proporción de grupos que presentan una orientación aplicada y menores dedicaciones a la investigación que en la UNQ, pero en muchos casos esto parece deberse más a la trayectoria previa de los grupos que se “instalaron” en cada casa de estudios a principios de los años 1990 que al seguimiento de una línea estratégica de la universidad. De todos modos, posiblemente el “estilo institucional” de cada universidad atrajo a grupos variados y, además, es también factible que la conducción centralizada de la UNLa refuerce esta tendencia mientras que el estilo de gobierno más disgregado de la UNQ dé lugar a una mayor amplitud de estilos de profesión académica y orientaciones hacia el entorno.

De la descripción de los grupos realizada en el trabajo se trasluce que existen variadas orientaciones de acción de los grupos al interior de cada universidad. Así, los grupos de música y de diseño industrial se asocian o se encuentran más alineados sin fisuras con el modelo de institución universitaria en la cual trabajan y al área disciplinar a la que adscriben, mientras que los de Salud, aún con un alto prestigio dentro de la institución, complejiza la misión y el discurso institucional de universidad comprometida de la UNLa, realizando una mixtura entre estos y otros principios propios, más ligados a la experticia y al universalismo (Romero et al., 2015). En el caso de la UNQ, el grupo de oncología molecular presenta una forma de vinculación con el entorno que puede clasificarse dentro de los parámetros “clásicos” de la literatura que aborda el tema vinculación universidad-empresa, mientras que en los otros tres grupos existe una fuerte vocación por incidir en políticas nacionales o locales a partir del trabajo con comunidades en el territorio, aunque sus estrategias varían desde aquellas que se abocan casi exclusivamente a las actividades en este plano a otras que desdoblan sus tareas para mantener al mismo tiempo patrones de publicación acordes a los estándares exigidos por instituciones como el CONICET.

Una característica compartida por varios autores es señalar a la dupla disciplina/institución universitaria como los dos espacios en los cuales se conforman las orientaciones de los académicos con preeminencia, para algunos autores, de la instancia disciplinar (Clark, 1988; Altbach, 2002; Becher, 2001; Henkel, 2000). Así, de acuerdo a Henkel (2000), las reglas, criterios y normas de la disciplina continúan ejerciendo un rol crucial en el sistema de recompensas científicas y en el establecimiento de las agendas de investigación al tiempo que sigue siendo una fuente importante para la conformación de una identidad académica. Pero si miramos los casos estudiados a la luz de estas observaciones podríamos argumentar que esto es válido sólo en algunos casos. Por cierto, se trata de casos con una inserción “exitosa” dentro de sus disciplinas de referencia como el grupo de oncología molecular donde es claro que sus orientaciones se guían primordialmente por las reglas internacionales de la disciplina. No obstante, otros grupos con trayectorias reconocidas dentro de su campo disciplinar de actuación, como salud colectiva o TIS, no parecen dirigir sus prácticas únicamente a satisfacer los requisitos de los campos de conocimiento a los cuales adscriben.

De manera similar, varios trabajos coinciden en señalar que la práctica académica puede verse afectada por los “nuevos roles” que asumen los académicos en función de las crecientes vinculaciones que mantienen con el medio externo (Musselin, 2008; Vessuri, 1995). Ciertamente, podemos pensar que las acciones de los grupos y las representaciones sobre el entorno se reconfiguran en las modalidades de interacción que mantienen con otros actores dando lugar a nuevas o variadas formas de producir conocimientos, legitimarlos y ejercer la profesión académica al interior de la universidad.

Podemos afirmar que aun cuando son apoyados fuertemente por la institución y revelan vínculos con el entorno productivo, social, económico o cultural, los grupos orientados por la disciplina tienen a ésta como principal fuente de legitimidad y de recursos. Mientras que en los casos más débilmente insertos en la dinámica disciplinar y con mayor orientación hacia actividades que implican un involucramiento directo en problemáticas sociales, las ideologías de los jefes de grupo (motivaciones para la vinculación con el entorno), su poder y capital social y el componente institucional, en términos de reglas y de recursos materiales, simbólicos y de autoridad tienen un peso fundamental en sus desarrollos. Es aquí entonces donde la forma de conducción y las estrategias de gestión organizacional de la universidad y una coyuntura política afín cobran mayor peso relativo en la facilitación u obstaculización de los objetivos cognitivos, pero también políticos y profesionales de los grupos.

Finalmente, es amplia la literatura que enfatiza cómo en el marco de los cambios ocurridos en las últimas décadas la universidad ha asumido una mayor mercantilización de sus funciones y actividades (Slaughter y Leslie, 1997; Altbach, 2001; Mollis, 2003). En ese marco, el análisis de las orientaciones de acción de los académicos es plausible de ser entendida bajo la primacía de los intereses instrumentales (comerciales, económicos). No obstante, y sin llegar a contrarrestar una tendencia global, elementos coyunturales permitieron que en años recientes en Argentina emergiera (o re emergiera) una voluntad en vastos grupos académicos por comprometer parte de su trabajo en procesos de resolución de problemáticas sociales. Así a nivel de las concepciones, hemos expuesto que en las universidades estudiadas las representaciones de los diferentes grupos hacia el entorno muestran fuertes componentes valorativos (relativos a la función de la universidad en la inclusión social, en el desarrollo productivo, en la educación universal, en la sustentabilidad medioambiental). Estos componentes valorativos se encuentran mezclados con otros de tipo instrumental (intervención en dimensiones del entorno ante ventanas de oportunidad dadas por contactos, convocatorias de subsidios, capitalización política) pero permiten poner en cuestión ciertas categorías teóricas que generalizan el comportamiento de los académicos en torno a orientaciones instrumentales de acción.

Las orientaciones de tipo valorativas hacia el entorno se ven legitimadas en programas de educación superior y en dispositivos institucionales que les otorgan reconocimiento. Sin embargo, los recursos simbólicos y materiales que sustentan estas prácticas resultan más débiles que los ya consolidados recursos otorgados por el reconocimiento disciplinar porque se encuentran menos institucionalizados y fuertemente dependientes de coyunturas políticas. En este sentido, hablar del compromiso valorativo de ciertos grupos académicos con el entorno no significa auspiciar una tendencia consolidada; al contrario, son prácticas que pueden debilitarse mucho ante escenarios político-institucionales cambiantes.

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1 El Ministerio de Educación de la Nación generó actividades destinadas a debatir y promover la jerarquización de la función social de las universidades (convocatorias nacionales a proyectos de extensión universitaria, realización de los Congresos y Jornadas Nacionales de Extensión Universitaria y la creación en el año 2006 del Programa Nacional de Voluntariado Universitario). El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (creado en 2008) creó. NOTA INCOMPLETA

2Excede los límites de este trabajo un análisis exhaustivo de las políticas de CT y Educación Superior de los últimos años en Argentina. Para conocer este tema se sugiere la lectura de Albornoz y Gordon, 2011; Versino y Di Bello, 2013.

Recibido: 11 de Marzo de 2017; Aprobado: 25 de Junio de 2018

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