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Revista de la educación superior

versión impresa ISSN 0185-2760

Rev. educ. sup vol.46 no.182 México abr./jun. 2017

http://dx.doi.org/10.1016/j.resu.2017.03.002 

Artículos

Las nuevas figuras estudiantiles y los múltiples sentidos de los estudios universitarios

New types of students and the multiple meanings of university studies

Carlota Guzmán Gómez1 

1Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Universidad Nacional Autónoma de México, Cuernavaca, Morelos, México. Correo electrónico: carlota@unam.mx

Resumen

Con base en la revisión de las investigaciones realizadas en México sobre estudiantes universitarios en los últimos quince años, en este artículo analizo los múltiples sentidos que los estudiantes construyen en torno a sus estudios, de acuerdo con sus condiciones personales, familiares, académicas y de los contextos en los que participan. Para abordar la heterogeneidad, distingo algunas figuras estudiantiles que han emergido o que se han hecho visibles en las últimas décadas: los estudiantes indígenas, los de primera generación, los foráneos, los adultos y padres de familia, los de intercambio y los migrantes.

Palabras clave Estudiantes de educación superior; Condiciones de los estudiantes; Experiencias estudiantiles; Sentido de los estudios universitarios; Investigación sobre estudiantes

Abstract

Based on the review of research conducted on undergraduate students in Mexico over the last fifteen years. In this article, I analyze the multiple meanings that students build and develop in undergraduate studies, according to their own personal, familiar and academic conditions, as well as to the context in which they are involved. To address the student heterogeneity, I distinguish between several student types that have emerged, or have become visible, in the last few decades such as: the natives and first-generation students, foreigners, grown-ups and parents, international students on exchange programs and immigrants.

Keywords Undergraduate students; Conditions of students; Student experiences; Meaning of university studies; Research about students

Introducción

¿Qué sentido confieren los alumnos universitarios a sus estudios? Aparentemente dicha pregunta puede responderse si partimos de los objetivos establecidos por las instituciones de educación superior que se dirigen hacia la formación profesional de los jóvenes en el campo de las diversas ciencias, la tecnología y las humanidades con miras a la inserción en el mercado de trabajo. Sin embargo, los objetivos institucionales no siempre coinciden con lo que los estudiantes desean, buscan y encuentran.

La distancia entre los objetivos institucionales y los de los sujetos está mediada, entre otros aspectos, por la dimensión subjetiva, es decir, por una manera particular de los sujetos de posicionarse en los contextos en los que participan, de mirar su realidad social y la universidad. Por ello, ser estudiante no se puede definir a partir de un rol institucional, y tampoco se puede suponer que todos lo desempeñan de igual manera. Hay múltiples estudiantes con condiciones personales, familiares, académicas e intereses distintos que participan en contextos institucionales y sociales diversos. No se trata solamente de una adscripción administrativa o de entender a los estudiantes como meros receptores o usuarios del sistema educativo, sino como sujetos que construyen sus experiencias y que confieren un sentido a su formación.

En este artículo me interesa incursionar en los sentidos que los alumnos construyen en torno a los estudios universitarios, de acuerdo con sus condiciones personales, familiares, académicas y de los contextos en los que participan. Pretendo mostrar que los sentidos son múltiples y que tienen matices. Parto del reconocimiento de la heterogeneidad estudiantil y distingo algunas figuras que han emergido o que se han hecho visibles en las últimas décadas: los estudiantes indígenas, los de primera generación, los foráneos, los adultos y padres de familia, los de intercambio y los migrantes. A través del análisis de dichas figuras, intento mostrar también las transformaciones del sistema educativo de nivel superior y los nuevos sujetos que lo componen.

El artículo lo construyo a partir de la sistematización y el análisis de los resultados y hallazgos de las investigaciones realizadas en México sobre estudiantes universitarios en los últimos quince años; se trata de un análisis de la literatura del campo y no de la indagación directa. Cabe aclarar también que las investigaciones han sido construidas desde distintas perspectivas teórico-metodológicas tales como las representaciones sociales, los significados, las identidades, las experiencias o las expectativas académicas y laborales.1 Ante esta diversidad de enfoques, el eje analítico de la revisión consistió en identificar la orientación de sentido de los alumnos -que subyace en las distintas investigaciones- acerca de los estudios y la educación superior.

El artículo se divide en tres partes. En la primera presento la noción general de sentido a partir de la cual indagué y organicé las investigaciones; en la segunda expongo las distintas líneas y orientaciones de sentido que los estudiantes mexicanos atribuyen a sus estudios, y en la tercera organizo el discurso a partir de la presentación de algunas figuras estudiantiles y de las condiciones bajo las cuales construyen el sentido de los estudios. Cierro el artículo con un breve balance de los hallazgos.

El sentido, las experiencias y las vivencias

Al preguntarse acerca del sentido de los estudios universitarios es importante reconocer que el concepto de sentido tiene un significado particular de acuerdo con el campo de conocimiento que lo define, sea éste, por ejemplo, la lingüística, la filosofía, la psicología o la sociología, además de la perspectiva teórica particular de abordaje (González Rey, 2009); por ello, en este trabajo se lo entiende desde la sociología comprensiva con raíces weberianas, que lo concibe como el sentido mentado y subjetivo de la acción, en tanto que la comprensión equivale a la captación interpretativa o conexión del sentido; los motivos de la acción se refieren a la conexión de sentido que para el actor o el observador aparecen como el «fundamento» de una conducta (Weber, 1964, p. 11).

Considero que es necesario ubicar el sentido en relación con las vivencias y la experiencia, ya que se erigen como los pilares fundamentales de la dimensión subjetiva. Desde la perspectiva de la psicología histórico-cultural, estos tres elementos permiten comprender a los estudiantes a partir de sus componentes individuales-colectivos/subjetivos-culturales, de tal manera que se considera que «toda experiencia significativa se construye a partir del cúmulo de vivencias y de sentidos elaborados que la persona utiliza para guiar sus actuaciones y, al mismo tiempo, la experiencia produce/permite la reconsideración de las vivencias y de los sentidos» (Guzmán y Saucedo, 2015, p. 1028).2 En relación con las vivencias:

[. . .] son una unidad indivisible entre lo exterior y lo interior de la persona; llegan a ser significativas en su integración dinámica, situada y se convierten en experiencias cuando la persona hace acopio de un conjunto de las mismas para darse cuenta de que «lo que le pasa», «lo que le importa» es significativo. El sentido entra, entonces, como una manera de articular vivencia y experiencia como elemento de motivación, de guía de las acciones [. . .] (Guzmán y Saucedo, 2015, p. 1030).

Con base en estas nociones, se puede afirmar que el sentido de los estudios no está predeterminado cuando los estudiantes llegan a la universidad, y si bien hay preceptos que establecen los objetivos institucionales, serán ellos mismos quienes lo tendrán que construir a partir de sus experiencias y vivencias.

En lo que se refiere específicamente a los estudiantes de nivel superior, François Dubet (2005) sostiene que la relación con los estudios es el elemento central de la experiencia, el cual se articula con una manera de ser joven. Los principios elementales que organizan la experiencia de los estudiantes se definen en función de tres lógicas: el proyecto, la integración escolar y social y, por último, la vocación. El proyecto del escolar es la dimensión instrumental, o sea, la representación subjetiva de la utilidad social que confiere a los estudios; la integración alude a las relaciones que el estudiante establece y coloca en una organización; la vocación designa a su vez el interés intelectual y el peso que el estudiante atribuye a su preparación académica.

A partir de los elementos expuestos, se toma como eje analítico el sentido de los estudios, en tanto orientación y elemento central en la construcción de las experiencias y de las vivencias. Desde esta mirada presento en el siguiente apartado los principales hallazgos de las investigaciones mexicanas.

Líneas y orientaciones del sentido de los estudios

La mayor parte de las investigaciones que abordaron específicamente el sentido de los estudios universitarios y de la educación en México encontraron que éste se construye como medio para la inserción al mercado de trabajo profesional, para la movilidad social o para el crecimiento personal, circunstancias que se entrecruzan con otros sentidos diferentes.

A partir de un estudio en ocho carreras de la Universidad Autónoma de Baja California, Rentería (2012) distingue dos sentidos principales: uno de tipo instrumental y otro expresivo; el primero alude a los objetivos de tipo material ligados a la búsqueda de un empleo profesional y de un estilo de vida, con el cual se identifican los estudiantes de carreras administrativas e ingenierías, mientras que el segundo apunta a los educandos de las disciplinas humanistas y sociales que se orientan más por el gusto e interés en los estudios, esto es, por un sentido expresivo. Rodríguez (2006), a partir de una encuesta en la Universidad de Sonora sobre el bienestar subjetivo, afirma que el estudiante típico ingresa con la meta de tener una carrera exitosa que le conceda seguridad en el aspecto económico, lo cual lo coloca claramente en un sentido instrumental. Por su parte, al abordar las representaciones sociales de la educación superior de los estudiantes de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Sifuentes (2013) identifica siete sentidos conferidos a la educación superior: identitario, humano, liberador, hedonístico, práctico, de prestigio y de certidumbre; los cuatro primeros corresponden al sentido expresivo que menciona Rentería (2012) y los dos últimos, al instrumental.

Es importante destacar que más allá del sentido de los estudios de tipo instrumental o expresivo, Rentería (2012) encuentra en los educandos analizados una idea común de autorrealización y de satisfacción asociada al desarrollo profesional dentro de la carrera elegida, donde la dedicación y el esfuerzo son importantes en un contexto de inestabilidad laboral. Estos hallazgos coinciden con los de Cortez (2015), quien, a través de una investigación sobre los proyectos laborales de los estudiantes que trabajan de la Universidad de Sonora, muestra que los alumnos en su mayor parte perciben un contexto laboral inestable y competitivo, aunque mantienen una postura positiva bajo la cual perfilan sus estrategias para lograr sus objetivos. En los alumnos de la Universidad de Aguascalientes impera el optimismo en los discursos; buscan la estabilidad económica; hacen algunas referencias a las dificultades del mercado de trabajo, pero no las miran como impedimento para realizar sus proyectos de vida (Romo, 2009).

Las diferencias de los estudiantes según el área de conocimiento de su carrera son muy importantes en la construcción del sentido de los estudios, ya que la elección se encuentra relacionada con los gustos e intereses de los jóvenes. Las siguientes investigaciones que enuncio ilustran de manera puntual las especificidades de algunas carreras. Piñero (2005) compara las representaciones de la profesión de quienes estudian medicina y enfermería en la Universidad Veracruzana, y encuentra en los jóvenes de enfermería una representación filantrópica, desinteresada en un sentido económico, ajena al reconocimiento y la valoración social; los estudiantes de medicina también tienen una visión generosa, ya que reconocen el carácter humanitario de la profesión, pero a la vez sobredimensionan el estatus y el prestigio, pues aspiran a una movilidad social y económica, aun cuando muchas veces de por sí gozan de una situación privilegiada.

En el análisis del tránsito por la carrera de antropología y etnología de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Chávez (2005) muestra que en las distintas etapas por las que pasa un estudiante se presentan momentos de crisis y de cuestionamientos entre el gusto y el interés por la disciplina, sumados a las dificultades en el mercado de trabajo que van conociendo a lo largo de la carrera. Esta crisis se resuelve hasta el egreso, cuando el educando logra trazar su propio camino y resolver dicha disyuntiva. Una situación similar reporta Chávez (2005) al investigar a los estudiantes de historia de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quienes tienen un alto sentido de pertenencia a su carrera, se sienten comprometidos con el conocimiento y la difusión de una interpretación de la historia más cercana con la verdad, a pesar de que sienten que su profesión no tiene un reconocimiento social porque no produce dinero y no tiene mucha resonancia. Situación similar viven quienes cursan antropología en la Universidad Autónoma de Yucatán: se sienten motivados por aprender y por conocer ambientes diversos, pero a la vez tienen que hacer frente a las presiones y a los estigmas de cursar una carrera considerada socialmente como de poco valor (Iturriaga, 2012).

Se han documentado casos en los que la disciplina es más importante en la definición del sentido de los estudios que la adscripción institucional y el origen socioeconómico. En Guadalajara, Jalisco, Castañeda y Médor (2010) comparan el sentido que tiene la carrera para los jóvenes que cursan administración en una institución privada (el Instituto Tecnológico de Estudios de Occidente [ITESO]) y en una pública (la Universidad de Guadalajara); los autores muestran que a pesar de que los estudiantes provienen de contextos sociales y culturales distintos, su visión del mundo y del futuro, en lo que concierne al desarrollo profesional, es similar; ambas instituciones manejan un discurso empresarial de éxito y de liderazgo en el que confieren la responsabilidad laboral a los propios egresados.

El contexto institucional constituye un elemento muy importante en la construcción del sentido de los estudios y de la identidad. Las investigaciones realizadas en la UNAM muestran que sus estudiantes reconocen el prestigio de la universidad, su tradición histórica y su importancia para el país; se sienten privilegiados y orgullosos por pertenecer a esta casa de estudios y, a la vez, tienen un lazo afectivo (Sifuentes, 2013; Sánchez, 2011; Cuevas, 2007; Cortés, 2002). De acuerdo con los resultados de Cuevas (2007), la UNAM representa para sus estudiantes su lugar de estudios, su posibilidad de movilidad social, pero también su alternativa de reivindicación social. Sifuentes (2013) también encuentra el fuerte sentido de pertenencia a la institución de quienes estudian en la UNAM y el orgullo que sienten por ser parte de ésta, mismo sentimiento que se antepone a las deficiencias que encuentran cotidianamente en su carrera y con los profesores. La valoración hacia la UNAM contrasta con el débil sentido de pertenencia que tienen quienes cursan en instituciones consideradas, por los mismos estudiantes, con poco prestigio, como el caso de quienes pertenecen al Tecnológico de Ecatepec (Ramírez, 2013), del Centro Universitario del Sur (Cusur) (Ramos, 2013) y de la Universidad Veracruzana Intercultural, Región Selvas (Matus, 2010).

Al tomar como eje de análisis la diferenciación institucional de las universidades privadas en relación con el sentido de los estudios, se ubican las investigaciones de Cuevas (2015), Pérez (2013) y Médor (2007) . A través de un análisis de las representaciones sociales, Cuevas (2015) analiza el significado que tiene para los estudiantes pertenecer a instituciones llamadas de perfil bajo, de bajo costo, o bien de absorción de la demanda. La autora encuentra que estudiar allí significa para ellos un sacrificio, por el gasto económico que representa para los padres pagar las cuotas. Son familias de escasos recursos que realizan este sacrificio porque consideran que es la única manera de que sus hijos continúen los estudios profesionales ya que no pudieron ingresar a las universidades públicas, su primera opción. Para estos estudiantes significa también un privilegio proseguir sus estudios porque es la posibilidad de mejorar su condición actual. Pérez (2013) presenta el caso de una universidad concreta con características similares, en donde los jóvenes, después de varios intentos fallidos por ingresar a las universidades públicas y poniendo en juego su capacidad resiliente, optan por esta universidad privada a pesar de las deficiencias, pues la institución les ofrece un lugar social que los reivindica como estudiantes. Para ellos, la educación superior representa un vehículo institucional que les permite obtener lo que no tienen y, de esta manera, cumplir sus aspiraciones personales y/o laborales.

Dentro del sector de universidades privadas de perfil medio, que atienden a una población con mayores recursos económicos que las instituciones de perfil bajo, Cuevas (2015) sostiene que el prestigio de pertenecer a este tipo de universidades representa el elemento central que estructura sus representaciones sociales, a pesar de que reconocen que es menor al prestigio que tienen las universidades llamadas de élite. En lo que se refiere propiamente a las universidades de élite, Médor (2007) apunta que en el ITESO el sentido de los estudios se encuentra ligado a la búsqueda de distinción o de diferenciación social, de tal manera que el paso de los alumnos por esta institución refuerza su capital simbólico y social; los estudiantes del ITESO se sienten parte de una clase privilegiada que puede elegir el lugar donde estudia, están satisfechos con la orientación de su universidad y con sus profesores, y se sienten seguros de que se van a cumplir sus altas expectativas laborales.

Ligado a la identidad y desde una perspectiva de género, Andrade (2011) analiza la manera como el acceso a los estudios profesionales transforma las identidades de un grupo de mujeres de la Universidad Veracruzana que provienen de familias de escasos recursos y de baja escolaridad. Sus hallazgos muestran que el acceso a la educación les permite resignificar su papel como mujeres y pasan a segundo plano el rol de amas de casa, de madres o de esposas, dejando atrás el papel tradicional que, en su lugar de origen, se asigna a las mujeres.

Cabe mencionar que también hay investigaciones que han abordado el sinsentido de los estudios y de la universidad. A partir de una reflexión en torno a la contraposición de la noción del tiempo institucional y la de los jóvenes, Basaldúa, Núñez, Alcántara y Hernández (2012) sostienen que las instituciones universitarias manejan el discurso de la formación profesional que alude al futuro proyectado sobre los universitarios, es decir, lo que será y no lo que es. Los educandos en ocasiones asumen dicho discurso, pero a la par elaboran los propios y van transitando entre el sentido y el sinsentido; sostienen los autores que la valoración social que tiene el estudiante de la universidad, al paso del tiempo se va haciendo cada vez más débil y difusa. Ligado a lo anterior y a partir de una investigación sobre la integración de los jóvenes en el sistema universitario, llevada a cabo por De Garay (2004) en la Universidad Autónoma Metropolitana, el autor encuentra que el interés por los cursos no constituye el eje central de la vida cotidiana de los estudiantes, sino que hay una visión pragmática en la que priva la idea del menor esfuerzo. Sin embargo, los jóvenes transitan con relativo éxito curricular, ya que desarrollan estrategias para lograrlo.

Una vez expuestas las líneas generales de sentido que identifiqué en las investigaciones que menciono, en el siguiente apartado presento con mayor detalle algunas figuras estudiantiles, su contexto y la manera como construyen el sentido.

Las nuevas figuras estudiantiles

La investigación educativa desde hace más de veinte años ha documentado la heterogeneidad estudiantil que se expresa en las diferencias de condiciones entre hombres y mujeres, en el origen socioeconómico, en el tipo de carrera e institución, así como en los procesos educativos relativos al ingreso, la permanencia, el egreso o la inserción laboral (Guzmán y Saucedo, 2005; Guzmán, 2013). La heterogeneidad estudiantil está asociada a la ampliación de la cobertura educativa, lo que ha permitido el acceso de jóvenes que antes no lograban ingresar al nivel superior. Asimismo, dicha heterogeneidad se encuentra relacionada con la diversificación de la oferta educativa, en términos organizacionales y de orientación académica, e incluso con las propias transformaciones sociales. A partir de la última década, las investigaciones han profundizado en la composición de la población estudiantil al documentar situaciones específicas que han emergido o estudiantes que se han hecho visibles; por ejemplo, la entrada cada vez más frecuente de indígenas a la universidad, los de primera generación, los foráneos, los trabajadores y los de intercambio (Guzmán, 2013 y Guzmán, 2011).

Las investigaciones han mostrado que, en los distintos contextos institucionales y sociales, los estudiantes tienen múltiples experiencias y vivencias (Guzmán y Saucedo, 2015). De acuerdo con lo anterior, la heterogeneidad escolar tiene dos aristas: una de carácter contextual y otra experiencial, lo cual conforma un variado mosaico estudiantil y un mundo universitario cada vez más complejo.

Me refiero a las figuras estudiantiles como esbozos o trazos de las condiciones personales, socioeconómicas y académicas de los estudiantes, los contextos en los que participan, sus vivencias y las experiencias que construyen. No se trata de perfiles definidos a partir de categorías establecidas, así como tampoco de una tipología o clasificación. Desde esta mirada amplia de las figuras estudiantiles, a continuación presento algunas de éstas, su contexto y la manera como procesan el sentido de los estudios. De ninguna manera pretendo agotar la diversidad estudiantil, sino que presento algunos ejemplos con base en tres criterios: 1) las condiciones de vulnerabilidad de los estudiantes; 2) la movilidad espacial que ha ampliado el espectro estudiantil, y 3) los cambios en el perfil tradicional del estudiante. Estos fenómenos dan cuenta de importantes transformaciones institucionales y sociales actuales. Inicio con los estudiantes indígenas y con los de primera generación, quienes tienen condiciones de alta vulnerabilidad social y económica. Posteriormente presento a los estudiantes foráneos, a los migrantes y de intercambio, quienes construyen el sentido de los estudios en un contexto de movilidad tanto nacional como internacional. Finalmente expongo los casos de los adultos y padres de familia, cuya etapa de vida marca el sentido de sus estudios y dan cuenta de la diversidad de los públicos universitarios.

Estudiantes indígenas

El acceso de la población indígena al nivel superior en México ha sido históricamente marginal, lo cual se explica a partir de las condiciones de pobreza de esta población y de la limitada oferta educativa que está a su alcance. Los estudiantes que han logrado ingresar a dicho nivel lo han hecho a partir de un esfuerzo personal y familiar para vencer los obstáculos económicos, sociales y culturales a lo largo de su trayectoria educativa, así como de una gran motivación personal y/o familiar. En las dos últimas décadas se han hecho esfuerzos institucionales por visibilizar a esta población, mostrando sus condiciones, sus particularidades y sus potencialidades. Algunas universidades han puesto en marcha programas de atención a los estudiantes indígenas, y ha sido especialmente importante la creación de las universidades interculturales destinadas a darles cabida.

Las investigaciones realizadas en torno a esta población muestran condiciones económicas de alta precariedad que les dificultan afrontar los gastos que implica una carrera. Adicionalmente, ante la falta de oportunidades educativas en los sitios de origen, hay quienes se trasladan a otros lugares y deben afrontar también los gastos de vivienda, o tienen que trabajar para sostener sus cursos (Martínez, 2016; Hernández, 2013; Silva y Rodríguez, 2013; Casillas, Badillo y Ortiz, 2010, y Matus, 2010). En lo que respecta al ámbito educativo, es frecuente que los alumnos cuenten con un bajo nivel académico que les dificulta su desempeño, y algunos de ellos tienen barreras lingüísticas (Silva y Rodríguez, 2013; Casillas et al., 2010).

Ingresar a la universidad para quienes provienen de grupos indígenas implica afrontar un mundo nuevo con reglas propias y exigencias académicas para las cuales muchas veces no están preparados. En este contexto de dificultades no es casual que estos jóvenes, a partir de sus vivencias y experiencias, asocien ser estudiantes con un sacrificio, en tanto que reconocen las condiciones precarias en las que viven, sumadas al esfuerzo económico de las familias para apoyarlos, como lo documentan Hernández (2013) para el caso de quienes cursan en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y Martínez (2016) sobre los indígenas téenek que migran a Monterrey; sacrificio también implica sentirse lejos de su comunidad, de sus amigos y familiares, así como la dificultad para adaptarse a un ambiente cultural distinto al de su lugar de origen.

En el contexto universitario, las investigaciones revelan que los estudiantes suelen participar poco de las actividades sociales y culturales que ofrecen las instituciones. Al parecer, los retos académicos son suficientes y se centran en cumplirlos. De igual manera, conviven principalmente con los compañeros que provienen del mismo lugar de origen y son frecuentes las dificultades para afrontar las diferencias entre los jóvenes de distintas etnias (Silva y Rodríguez, 2013; Casillas et al., 2010, y Matus, 2010).

En la obra de Hernández (2013) se destaca, como un rasgo importante de los indígenas, el privilegio y el orgullo que sienten por ser estudiantes; reconocen que llegar a la universidad no es la pauta común de los jóvenes indígenas, se saben y se sienten diferentes; consideran que son privilegiados porque cuentan con mayores oportunidades futuras; se sienten orgullosos frente a ellos mismos y frente a sus familias por haber alcanzado el nivel superior; asumen una gran responsabilidad con la familia que los ha apoyado y que se ha generado expectativas, e incluso en ocasiones con la propia comunidad que los espera a su regreso. Los apoyos y expectativas engendrados muchas veces se traducen en compromiso, pero también en una presión y una atadura frente a los múltiples caminos que se les abren.

Otro elemento de estos trabajos radica en exteriorizar claramente que, ante las condiciones de pobreza en que viven, los estudiantes indígenas encuentran en su preparación académica una oportunidad para salir de esa situación; reconocen las dificultades laborales, pero tienen la fuerte convicción de que al contar con una instrucción universitaria accederán a un trabajo que les brindará mejores condiciones de vida. Para algunos, ser estudiante universitario, como indican Hernández (2013) y Matus (2010), es también una forma de resistencia y de reivindicar su identidad indígena, al proyectarse como jóvenes capaces de ejercer su profesión. Se puede concluir que los estudiantes indígenas comparten con otros el sentido instrumental de su preparación y, particularmente, el que se encuentra asociado a la movilidad social. Sin embargo, en esta población, la pobreza y la precariedad en la que viven otorgan un sentido particular a su formación académica, dado que el sentido instrumental de los estudios se encuentra entrecruzado por el sentimiento de sacrificio, orgullo y privilegio, más cierta postura de resistencia.

Estudiantes de primera generación

A partir de la ampliación de la matrícula en los niveles medio superior y superior, nuevos públicos estudiantiles han ingresado a la universidad. Se trata de estudiantes que provienen de familias con bajo nivel educativo y de bajos recursos económicos que anteriormente no tenían acceso a la educación superior. A estos nuevos públicos universitarios se les conoce como pioneros o de primera generación, en tanto que son los primeros del grupo familiar en acceder al nivel superior. Los estudiantes de primera generación, al provenir de familias con bajos recursos económicos, no han contado con los apoyos educativos necesarios ni con las condiciones materiales óptimas para prepararse (Ramírez, 2013, y Silva y Rodríguez, 2013). Sus condiciones de precariedad no son muy distintas a las de sus pares indígenas: la diferencia es quizás que no provienen de pueblos originarios y que no necesariamente cambian su lugar de residencia para estudiar.

Los estudiantes de primera generación, por lo regular, no logran ingresar a las carreras e instituciones educativas de mayor demanda y tienen que tomar la opción en la que encuentren un lugar. Frecuentemente ingresan a los Institutos Tecnológicos, o a las Universidades Politécnicas, como lo muestra Ramírez (2013) para el caso del Tecnológico de Ecatepec, y Silva y Rodríguez (2013) para el Tecnológico de Nezahualcóyotl, ambos en el Estado de México. Los estudiantes inician su recorrido universitario con fuertes deficiencias académicas que les dificultan su trayectoria. Al mismo tiempo, el nuevo contexto les resulta ajeno, ya que no tienen los referentes familiares y culturales para hacer frente a las exigencias y a las normas del campo universitario.

Algunos estudiantes de primera generación cuentan con el apoyo familiar aunque éste sea limitado; otros emprenden el camino solos. Frecuentemente las familias sienten orgullo porque sus hijos ingresen a la universidad y se generan expectativas de movilidad social. En general, las experiencias de los llamados estudiantes de primera generación están marcadas por las dificultades de todo tipo. Se afirman conscientes de la situación del mercado de trabajo, y a pesar de ello perfilan una apuesta en la educación superior. Si bien el sentido de los estudios apunta hacia lo instrumental, su precariedad y vulnerabilidad social los coloca permanentemente en riesgo de concluir su preparación y lograr las metas laborales y económicas que se han trazado.

Estudiantes foráneos

Como parte del fenómeno de la movilidad espacial se ubican los estudiantes foráneos. Ellos no encuentran en su lugar de residencia la opción de carrera que desean: o bien no les satisface la calidad de la oferta educativa, o no obtuvieron un lugar. Este desplazamiento puede implicar un cambio de municipio o de entidad federativa. De esta manera, no sólo viven una transición entre el bachillerato y la universidad, sino de manera paralela tienen que afrontar un cambio de residencia. Ramos (2013) se centra en los estudiantes foráneos del Cusur, y Martínez (2016), en los indígenas téenek que estudian en Monterrey. Las investigaciones muestran que estos jóvenes están muy motivados por prepararse, pero este cambio va acompañado de cuantiosas dificultades de orden práctico y emocional, pues tienen que enfrentarse a un medio desconocido. Además, para muchos resulta difícil alejarse de la familia. Esta situación se suma a las dificultades de conocer y de adaptarse a un nuevo contexto educativo, con nuevas reglas y retos.

Hay estudiantes foráneos que valoran la libertad y el crecimiento que implica alejarse de la familia, de modo que aprovechan para hacerse responsables con libertad. El proceso de transición del bachillerato a la universidad se dificulta cuando los estudiantes no cuentan con recursos socioeconómicos suficientes y tienen que vivir en condiciones inestables o trabajar para sostenerse económicamente. Asimismo, la precariedad financiera les impide visitar con frecuencia su lugar de origen y esto los mantiene alejados, y muchas veces nostálgicos. En este proceso la presencia de los pares es muy importante en términos de acompañamiento y de ayuda, pues promueven los agrupamientos entre quienes provienen del mismo lugar o viven una situación similar. Los apoyos institucionales -becas, ayudas para transporte o dispositivos de integración- resultan también de gran utilidad y les permiten estudiar en mejores condiciones. De esta manera, el sentido de los estudios -que bien puede tener un carácter de interés profesional, de movilidad social o de crecimiento personal- se construye en un contexto de múltiples dificultades. Los estudiantes que se integran en términos sociales y académicos son aquellos que logran vencer los obstáculos y aprovechar las ventajas de estar lejos de la familia.

Estudiantes migrantes

En el contexto de la globalización y de las transformaciones del papel social de la educación se han hecho presentes o visibles nuevas figuras relacionadas con la movilidad internacional, como ocurre con los estudiantes migrantes y de intercambio.

Los estudiantes migrantes internacionales, al igual que los foráneos, cambian su lugar de residencia para poder prepararse. En el contexto de la migración México-Estados Unidos, Cortez, García y Altamirano (2015) analizan específicamente el caso de los migrantes de retorno en México. Se trata de jóvenes mexicanos indocumentados que vivieron desde pequeños en Estados Unidos, pero que ante las políticas discriminatorias y el alto costo de los estudios en ese país no pueden continuar los estudios universitarios y deciden regresar a México para cumplir su aspiración de ser profesionistas. No obstante, enfrentan adversidades administrativas, económicas, familiares, culturales y lingüísticas tanto para dejar su lugar de residencia como para insertarse en una universidad mexicana.

En un contexto completamente desfavorable, despliegan una variada gama de estrategias para resolver su sustento económico, para encontrar un lugar para vivir y para ingresar y permanecer en instituciones que les resultan completamente extrañas. El sentido de estudiar tiene un carácter instrumental que se orienta hacia la inserción en el mercado de trabajo, como muchos otros; sin embargo, va también acompañado de un sentido reivindicativo de su condición de indocumentados y marginados, en tanto que les permite construirse una identidad como estudiantes universitarios. Además, elaboran una nueva identidad imaginaria desde la cual perfilan nuevos proyectos para continuar un posgrado, regresar a Estados Unidos con otro estatus, o buscar nuevos caminos en otros países. Si bien la obra referida antes se centra en un caso particular de migración, su importancia radica en que este fenómeno no había sido visibilizado por la investigación educativa, de suerte que abre preguntas que apuntan hacia otro tipo de migraciones y su relación con el sentido de los estudios.

Estudiantes de intercambio

Los estudiantes de intercambio se ubican claramente en los contextos de la globalización y de la movilidad educativa, pues a diferencia de los estudiantes foráneos o migrantes, ellos han cambiado su lugar de residencia de manera temporal y sus experiencias han sido documentadas por diversos autores: Sieglin y Zúñiga (2010) para el caso de quienes cursan ingeniería y ciencias naturales en la Universidad Autónoma de Nuevo León y que viajaron a Alemania, González (2009) sobre los estudiantes de la Universidad Veracruzana que realizaron estancias también en Alemania, mientras que Gómez (2007) se centra en los de la carrera de derecho de la Universidad de Colima que viajaron a diversos países.

Los programas de movilidad estudiantil se han promovido con mayor fuerza desde hace una década, a partir de las propuestas de internacionalización y de flexibilidad curricular. Los participantes en dichos programas están inscritos en la última fase de su preparación y cursan por un periodo semestral en alguna institución extranjera que revalida sus estudios. Comúnmente son estudiantes destacados que, a través de concurso o de un proceso de selección, se han hecho acreedores a una beca y/o que cuentan con recursos económicos sólidos (sus familias pueden cubrir o complementar los gastos que implica una estancia en el extranjero).

En la mayoría de los casos los estudiantes de intercambio están motivados por su carrera y buscan, por medio de los programas de intercambio, la posibilidad de conocer nuevos lugares y tener experiencias distintas. Al encontrarse en nuevos contextos sociales e institucionales viven esta etapa con gran intensidad, dado que prepararse fuera de su lugar de origen los enfrenta a retos y desafíos. Esta situación no está ausente de dificultades de adaptación, de sentimientos nostálgicos hacia la familia y los amigos, de apuros para contar con las condiciones mínimas para su estancia, de barreras culturales y lingüísticas, así como de contrariedades para comprender e integrarse al ámbito universitario al que arriban.

Para los jóvenes que logran adaptarse, el interés por los estudios y por aprender pasa ocasionalmente a un segundo plano, pues las experiencias personales tales como vivir lejos de su familia, sentirse independientes o ampliar su espectro de relaciones tienen mucho mayor peso que los conocimientos que pueden adquirir durante su estancia. Asimismo la experiencia de estudiar fuera les permite confrontar lo que les ofrece su propia institución educativa de origen con la universidad de acogida. En ocasiones los estudiantes encuentran evidencias de las deficiencias de las instituciones mexicanas, pero en otras revaloran lo que su país les ofrece. Es importante mencionar que la estancia en el extranjero les abre nuevos horizontes de vida, e incluso hacen referencia al interés por realizar cursos de posgrado en el extranjero o por trazar proyectos laborales en otros países al egresar de la licenciatura.

Estudiantes jóvenes, adultos y padres de familia

Los estudiantes universitarios que tienen una trayectoria continua se sitúan en la etapa propiamente juvenil, la cual suele estar marcada por actividades y formas asociadas a una manera libertaria de vida, a la socialidad, a las relaciones amorosas, al placer, entre otros muchos otros elementos. Se ha documentado ampliamente la heterogeneidad de los jóvenes, haciendo énfasis en que no se reduce a una etapa biológica, sino que engloba las múltiples experiencias y maneras de vivir la juventud de acuerdo con las condiciones sociales de existencia, sumadas a los contextos culturales y de época (De Garay, 2008, y Guzmán, 2013). Para Dubet (2005), la condición estudiantil es una experiencia juvenil, ya que considera que los estudiantes forman parte de la juventud, definida ésta por condiciones de vida que sobrepasan la universidad. Para destacar este rasgo, Weiss (2012) y De Garay (2004) han propuesto el abordaje de los estudiantes como jóvenes estudiantes.

Si bien, la mayor parte de los estudiantes son jóvenes, es importante reconocer que hay adultos que también se preparan, o que tienen condiciones particulares de vida que no les permiten desplegar y disfrutar la vida juvenil. Estos casos, que se presentan a continuación, se refieren a quienes son padres y que tienen la responsabilidad del sostén económico y de la crianza de los hijos.

La investigación de Preciado, Acuña, García y Kral (2009), basada en estudiantes padres y madres de Colima, reporta que las mujeres no planearon su embarazo y se enfrentaron a una nueva situación que dificultó sus estudios y que les planteó nuevas necesidades. La falta de tiempo es un elemento nuevo que marca sus experiencias. En su mayoría son madres solteras y, por ello, tienen que recurrir a la ayuda de la familia para el cuidado del hijo, mientras que los compañeros y amigos de la universidad las apoyan para resolver las exigencias escolares. Independientemente del sentido que atribuían a los estudios antes del embarazo, ante esta nueva condición la preparación académica se resignifica y se vuelve un medio necesario para obtener un empleo profesional que les permita sostener a los hijos. Los hombres que son padres y que asumen su responsabilidad como tales buscan un empleo que les permita afrontar su nueva condición. Se puede observar que cada uno de ellos asume el rol tradicional: las mujeres como responsables de la crianza y los hombres como proveedores económicos.

Tanto a los hombres como a las mujeres, la condición de padres los lleva a plantearse el sentido de los estudios como un medio necesario para afrontar el sustento, no en abstracto, sino el de los hijos o el de una nueva familia. Antes que abandonar la universidad, esta situación los obliga a permanecer y a cumplir con su doble condición de estudiantes y de padres.

Arvizú (2016) también se interesa por las estudiantes que son madres y que, por este hecho, salen del modelo normativo y de la idea tradicional de la figura estudiantil. Se centra en el caso de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Azcapotzalco, y distingue a las estudiantes que iniciaron la maternidad antes de ingresar a la universidad y las que lo hicieron durante los cursos. La segunda situación corresponde a la documentada por Preciado et al. (2009) en el caso de Colima; sin embargo, Arvizú (2016) advierte que también hay casos de escolares que decidieron y planearon ser madres. Desde una perspectiva de género, reconoce las dificultades de las estudiantes en el ejercicio de la maternidad y, al igual que en el caso de Colima, Arvizú (2016) encuentra que las madres estudiantes buscan, a través de la instrucción universitaria, mejores oportunidades sociales y laborales para ellas y para sus hijos, al tiempo que buscan erigirse como un ejemplo para éstos.

Un caso también marcado por el ciclo de vida es el de los estudiantes adultos que presentan Arvizú (2016), Bolio (2003) y Mata (2013), quienes por razones familiares, personales o econó- micas abandonaron sus cursos cuando eran jóvenes, o bien simplemente no pudieron realizarlos en esa etapa de su vida.

Arvizú (2016) y Bolio (2003) se centran en las mujeres adultas que estudian en la UAM Azcapotzalco, cuyos hijos ya no requieren del cuidado materno y, por ello, cuentan con condiciones para iniciar o retomar un proyecto escolar. Arvizú (2016), como se mencionó antes, ubica a estas mujeres como las que iniciaron la maternidad antes de ingresar a la universidad, de modo que en ellas la decisión de estudiar adquiere un sentido de recuperar deseos que no fueron cumplidos, o bien de iniciar un camino personal de superación o de reencuentro consigo mismas. Arvizú (2016) también encuentra que estas mujeres valoran la universidad como un espacio de generación de conocimiento y están motivadas por vivir nuevamente la experiencia escolar, por sentirse estudiantes más que amas de casa, es decir, el sentido personal que marca sus experiencias va acompañado muchas veces del deseo de trazar nuevos proyectos laborales, de mejorar su condición económica y de poder ofrecer un futuro mejor para sus hijos. La decisión de estudiar en la etapa adulta implica reacomodos y negociaciones familiares ante responsabilidades en el hogar que se cumplían con anterioridad; asimismo, la inserción en el mundo escolar cambia las rutinas, tiempos y espacios de quienes se encontraban laborando.

Más allá de la condición de género, Mata (2013) documenta el caso de los estudiantes adultos del Sistema de Educación Abierta de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. La autora encuentra en ellos interés y motivación por estudiar, pues intentan cumplir con las exigencias escolares; pero la acreditación no es el móvil principal por el que estudian, sino el disfrute, de allí que tienen sus propios ritmos y, de esta manera, buscan un espacio para estudiar y hacerlo compatible con sus actividades. Se puede concluir que los estudiantes adultos muestran claramente el sentido de los estudios como una reivindicación personal, como un medio para reorientar un camino iniciado, para insertarse en el mercado de trabajo, para lograr su independencia económica, o bien, para resarcir viejos deseos; exhiben también una manera libertaria de prepararse que se aleja de las exigencias de la lógica escolar, demostrando que no todos los estudiantes son jóvenes.

Balance final

A través de las distintas figuras estudiantiles se ha podido revelar un diverso y complejo mosaico universitario, no sólo por las características de los estudiantes y sus condiciones, sino por las múltiples experiencias y maneras de vivir los estudios. Como se ha podido observar, la emergencia o visibilidad de las figuras está ligada a las transformaciones del sistema educativo del nivel superior. Concretamente destacan los procesos de internacionalización, la diversificación de la oferta educativa y la segmentación del sistema con opciones de distinta calidad que ofrecen oportunidades distintas. Asimismo, la desigualdad social que se expresa en las inequidades educativas marca las dinámicas institucionales.

Cabe señalar que la heterogeneidad estudiantil también ha dado lugar a transformaciones institucionales, es decir, se han abierto opciones educativas como las Universidades Interculturales o los nuevos campus universitarios en regiones donde no existían. Incluso al interior de las universidades existentes, las autoridades se han visto obligadas a abrir nuevos espacios y departamentos de atención para adecuarse a una demanda cada vez más diversa que presenta nuevas necesidades. Éste no ha sido un proceso fácil ni tampoco acabado, sino que está en marcha y que deberá continuar para afrontar los retos que presenta un mundo estudiantil diverso.

Las investigaciones presentadas manifiestan que los sentidos conferidos a los estudios son múltiples, se entrecruzan, se confrontan y se negocian. Se puede observar también que los alumnos construyen el sentido de los estudios como parte del sentido de sus propias vidas.

El sentido del trabajo de tipo instrumental aparece como predominante, particularmente la orientación hacia la búsqueda de un trabajo profesional que permita a los estudiantes ejercer en el área que se han formado, pero, sobre todo, el sentido instrumental se relaciona con el sustento o la estabilidad económica. El deseo de movilidad social está presente, principalmente en quienes provienen de familias con bajos recursos, como sucede con los indígenas, los de primera generación y quienes estudian en universidades privadas de absorción de la demanda. Los estudiantes padres de familia también buscan, a través de los estudios, un futuro mejor para sus hijos. En otros casos, se orientan a mantener un estatus igual al de su familia de origen, aspecto que más claramente se observa entre quienes provienen de universidades privadas de perfil medio y de élite, pues buscan mantener los privilegios de que siempre han gozado.

Los estudiantes están conscientes de que el mercado de trabajo ofrece pocas oportunidades. Sin embargo, la preparación universitaria se constituye en un recurso posible para intentar cumplir con sus metas. Hay quienes se muestran optimistas al poner en juego los recursos con los que cuentan; seguramente algunos lo lograrán y otros, por lo menos, lo intentarán.

Más allá del sentido instrumental, hay estudiantes para quienes los estudios se constituyen en fuente de placer, en un fin en sí mismo o en un medio que responde a sus intereses existenciales o intelectuales; su preocupación no está fincada en el mercado de trabajo, como tampoco en los bienes materiales que se deriven; no tienen clara la manera como resolverán su vida material, pero por el momento dan cauce a sus preocupaciones.

Las diferencias del sentido de los estudios de acuerdo con las carreras son muy claras, ya que en la elección de éstas van implícitos los gustos e intereses, así como las oportunidades que ofrece cada campo. Las diferencias institucionales también están presentes, pues los estudiantes permanecen conscientes de que no todas las universidades ofrecen la misma calidad, las mismas oportunidades, ni tienen igual prestigio. Además de las diferencias institucionales, los estudiantes saben que no todos los jóvenes tienen la oportunidad de estudiar; para algunos, hacerlo significa un privilegio. El origen socioeconómico aparece y constituye el telón de fondo desde el cual se orientan los estudios: en algunos casos resulta un factor determinante y en otros no tiene peso.

Las investigaciones muestran que hay estudiantes que encuentran un lugar en el mundo a través de los estudios universitarios, un sentido de pertenencia a la institución que los lleva a perfilar su propia identidad o a reconstruirla, sobre todo quienes desean cambiar su estatus presente. En este mismo sentido, para algunos estudiar es un motivo de orgullo, una forma de resistencia, de reivindicación personal o de rechazo a los roles socialmente asignados, como es el caso documentado de los indígenas, de las mujeres de primera generación, de las madres que retoman los estudios, de los adultos o de los migrantes. Los estudios también se proyectan a futuro y abren la posibilidad de nuevas identidades.

A través de las investigaciones se muestra que el sentido de los estudios es distinto según la época de vida de los estudiantes: quienes pueden hacerlo durante su etapa juvenil viven una tensión y una negociación constantes entre las actividades propias de los jóvenes y los estudios; quienes estudian en la etapa adulta tienen un deseo por reorientar su camino, por realizar lo que no pudieron o no quisieron durante su juventud, en cuyo caso la preparación se torna una reivindicación personal, una oportunidad por cambiar el rumbo de sus vidas. Se ha observado también que el sentido de los estudios es cambiante, y hay quienes iniciaron con objetivos que se transformaron a partir de sus experiencias y situaciones personales, como quienes se enfrentaron a la maternidad o a la paternidad durante los estudios. Un caso especial es el de los estudiantes de intercambio, quienes a través de la movilidad construyeron nuevas experiencias y se plantearon retos que se antepusieron o sobrepasaron temporalmente el interés de los estudios que habían tenido en un inicio.

Hay estudiantes para quienes prepararse significa librar una lucha, como aquellos con grandes dificultades económicas, pero también lo es para quienes cruzan fronteras, como los foráneos o los migrantes, o quienes distribuyen su tiempo con el cuidado de los hijos, o los que estudian en universidades privadas de perfil bajo; de ahí que algunos asocien la condición estudiantil como un sacrificio, mientras que para otros los estudios son parte de un proceso casi natural de transición entre el bachillerato y el nivel superior, circunstancia que asumen porque les corresponde cumplirla como jóvenes.

A través de las investigaciones, la alta valoración por los estudios universitarios, ya sea de tipo instrumental o expresivo, se asoma en el deseo que manifiestan los estudiantes por continuar un posgrado. Sin embargo, no se puede soslayar que también aparece en algunos un sinsentido de los estudios, una falta de interés que revela que los objetivos institucionales no logran atraerlos.

A partir de la revisión expuesta quedan abiertas varias preguntas de investigación y aspectos por profundizar. Resultaría importante continuar con el análisis de los sentidos de los estudios que construyen los estudiantes de las distintas carreras y modalidades institucionales, así como en el de las figuras estudiantiles particulares de las universidades, de acuerdo con sus adscripciones políticas y culturales. El origen socioeconómico y el género son dimensiones de análisis relevantes, y es importante continuar analizándolas.

Se perfila como una interesante línea de investigación conocer las transformaciones del sentido de los estudios a través del tiempo y a partir de las experiencias de los estudiantes una vez egresados de la universidad e insertos en el mercado de trabajo. Esta línea permitiría abordar las valoraciones retrospectivas de los estudios, las resignificaciones y, sobre todo, si fueron cumplidas las expectativas que se fincaron en su momento como estudiantes.

Ha sido un gran avance conocer el sentido de los estudios para los educandos indígenas; se requiere ahora profundizar en las diferencias de quienes provienen de las distintas etnias y regiones. Del mismo modo resultará significativo ampliar y ahondar la investigación hacia otro tipo de estudiantes vulnerables como los que tienen alguna discapacidad. Queda abierto también el análisis para los diferentes tipos de migrantes, ya que sólo han sido documentados los de retorno. Si bien el mundo estudiantil parece inabarcable, se puede por lo menos continuar el camino para avanzar y completar este panorama.

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1Se revisaron productos de investigación publicados como libros, capítulos en libros, artículos, además de ponencias y tesis de posgrado. Se incluyeron los productos que consideré más significativos de acuerdo con la temática.

2Lev Vygotsky ha sido considerados el pilar fundamental de esta perspectiva, cuya premisa principal es que los procesos psicológicos se co-construyen a partir de la participación de las personas en contextos situados (Guzmán y Saucedo, 2015).

Recibido: 21 de Octubre de 2016; Aprobado: 09 de Marzo de 2017

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