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Revista de la educación superior

versión impresa ISSN 0185-2760

Rev. educ. sup vol.39 no.155 México jul./sep. 2010

 

Ensayos

 

Las científicas y los científicos extranjeros que llegaron a México a través del Subprograma de Cátedras Patrimoniales del CONACyT*

 

Isabel Izquierdo**

 

** Investigadora independiente. Maestra en Planeación y Desarrollo de la Educación por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Correo e: izcam@hotmail.com

 

Ingreso: 11/08/09
Aprobación: 25/02/10

 

Resumen

El objetivo fue conocer las experiencias de movilidad e inmigración de quienes obtuvieron una Cátedra Patrimonial, Nivel II, y que se quedaron a laborar de manera permanente en la Universidad Nacional Autónoma de México. ¿Qué pasó con ellas y ellos? El estudio se presenta a través de un análisis que incluyó tres puntos: la salida de su país de origen y procedencia; la llegada a México, sus estancias y algunas de sus aportaciones.

Palabras clave: Científicos, extranjeros, CONACYT, UNAM, exilio, personal altamente calificado.

 

Abstract

The objective of this study was to know the mobility and immigration experiences of foreign scientists who obtained a Cátedra Patrimonial, Level II, and after some years stayed in permanent academic positions at Universidad Nacional Autónoma de México. What happened with them? The study presents an analysis which included three aspects: their departure from their native country; arrival to Mexico and their residence, and their academic contributions.

Key words: Scientists, foreigner, CONACYT, UNAM, exile, highly qualified personnel.

 

Introducción

La historia de la inmigración en México nos recuerda que aunque no somos un polo de atracción de personal extranjero altamente calificado, sí han existido grupos de inmigrantes con esas características que se instalaron permanentemente en alguna institución universitaria en el país. Los casos históricos que nos muestran tal fenómeno, fueron los exilios de científicos españoles en 1930 (De León Portilla, 1987; Lida, 1994; Ordóñez, 2001) y el de intelectuales latinoamericanos, principalmente en 1970 (Margulis, 1986; Maira, 1998; Blanck–Cerejido, 2002).

En 1990 llegaron otros grupos de investigadores, de varias partes del mundo, que también se incorporaron a la vida académica nacional. Si bien sus características —como el tamaño, la dirección, los motivos y los marcos institucionales de migración— fueron distintas, en comparación con los desplazamientos predecesores, llama la atención que la inmigración de científicos, en los noventa, todavía es un tema muy poco explorado en México, hasta el momento sólo un par de documentos lo aborda (Rivera, 1993; Izquierdo, 2006). El estudio que presento, pretende contribuir para reducir ese vacío.

La oleada inmigratoria de los noventa tuvo lugar bajo un programa de atracción de científicos a México, que en principio se podría ubicar dentro de las acciones impulsadas desde los ochenta, por algunos gobiernos y organizaciones en América Latina (Izquierdo, 2008a) que intentaron obtener una ganancia de cerebros (brain gain), a través de la repatriación y atracción de científicos.

Este tipo de acciones se realizaron en el país una década después, pero su existencia fue de corto plazo. En 1991, el gobierno federal implementó el Programa de Apoyo a la Ciencia en México (PACIME), que tuvo como objetivo fundamental "incrementar, de manera significativa, el desarrollo y difusión de la actividad científica del país, aumentando en número y en calidad la planta nacional de investigadores". Para el desarrollo del Programa, el Banco Mundial otorgó un crédito al país por 150 millones de dólares y México aportó una contraparte equivalente (PACIME, 1991: 19). El programa financió tres grandes áreas: proyectos de investigación, proyectos de infraestructura, repatriaciones y cátedras patrimoniales de excelencia, Nivel I, II y III.

El Subprograma de Cátedras Patrimoniales tuvo el propósito de "estimular a profesores e investigadores de gran distinción nacional e internacional adscritos a las instituciones de educación superior y centros de investigación, en sus diversos niveles y modalidades" (CONACYT, 2003: 6). Existieron principalmente dos tipos de Cátedras Patrimoniales: el Nivel i aplicó para "catedráticos [mexicanos] de reconocido prestigio nacional e internacional". El Nivel II se otorgó a "profesores extranjeros visitantes, que tengan interés en desempeñar actividades docentes y de investigación en una institución mexicana por un año renovable a dos" (PACIME, 1991: 16) y que fueran "capaces de abrir nuevas líneas de investigación en México, reforzar los grupos ya existentes y coadyuvar a la formación de recursos humanos de alto nivel" (CONACYT, 1999: 2).

Muchos de ellos no sólo renovaron sus estancias sino que se establecieron de manera permanente en México ¿Qué fue de ese personal altamente calificado? ¿Quiénes fueron las y los que se quedaron? ¿Por qué salieron de sus países de origen y de procedencia? ¿Cómo fue su proceso de llegada a México y sus estancias? ¿Cuáles fueron algunas de sus contribuciones? ¿Piensan regresar a su país de origen o quedarse en México? Estas fueron las preguntas que se exploraron en el estudio.

El objetivo fue conocer las experiencias de movilidad e inmigración de quienes obtuvieron una Cátedra Patrimonial, Nivel II , y que se quedaron a laborar de manera permanente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El estudio se presenta a través de un análisis que incluyó tres puntos: la salida de su país de origen y procedencia; la llegada a México y sus estancias; algunas de sus aportaciones y sus (no) retornos.

 

Metodología

A principios de 2007, identifiqué todos los apoyos de Cátedras Patrimoniales, Nivel II , que el CONACYT registró para la UNAM durante la existencia del Subprograma (CONACYT, 1991–2001)1, aquí ubiqué 310 registros; con la información disponible, no pude encontrar cuántos de ellos "cancelaron" su Cátedra por 'los problemas que tuvieron las instituciones para obtener el permiso de trabajo para los catedráticos" (CONACYT, 1999: 9). En una búsqueda preliminar, encontré que 138 (de los 310) renovaron sus Cátedras en la UNAM, 80 de los cuales se establecieron de manera permanente en dicha institución.

En el segundo semestre de 2007, les realicé una entrevista en profundidad2 a 25 investigadores (10 mujeres y 15 hombres; 14 de Ciencias Exactas, 5 de Aplicadas, 2 de Naturales, 3 de Tierra y 1 de Salud; 22 en el Distrito Federal y 3 en el interior de la República), las preguntas tuvieron que ver con su experiencia en los tres ejes de análisis ya señalados.

El trabajo consta de cinco partes, en la primera se dan algunos datos sobre las y los científicos extranjeros que participaron en el Subprograma de Cátedras Patrimoniales; después, se brinda un panorama general sobre los motivos que tuvieron para salir de su país de origen y procedencia; en la tercera, se presentan algunas de sus experiencias de llegada a México y sus procesos de "integración"; más adelante, se aborda el tema de sus estancias, se señalan algunas de sus contribuciones y sus retornos; la última parte se reserva para las consideraciones finales.

 

Las y los científicos que llegaron a México y que se quedaron en la UNAM

El Subprograma de Cátedras Patrimoniales (SCP), Nivel II, registró aproximadamente un poco más de 1,000 apoyos en toda la República. Con los documentos disponibles hasta el momento del estudio, no encontré cuántos de ellos efectivamente llegaron al país. En un reporte (CONACYT, 1999)3, se informó que en el periodo de 1991 a 1997, llegaron 689 científicos extranjeros y de ellos, 218 se instalaron permanentemente en México, 90 se identificaron en la Universidad Nacional. Para los años subsecuentes de vida del Subprograma (1998–2002), no pude obtener algún documento del CONACYT que informara sobre las estancias permanentes de las y los científicos que recibieron este apoyo.

En mi primera búsqueda en la base de datos del SCP, Nivel II , (CONACYT, 1991–2001), encontré 310 registros de investigadores extranjeros (35 mujeres y 275 hombres) para la UNAM . Según la base de datos consultada, 31 se distribuyeron en alguna dependencia de esa universidad, al interior de la República, y 279 en el Distrito Federal (DF). Un poco más de la mitad de los registros se ubicaron en el Área de Ciencias Exactas, seguida de Aplicadas, Tierra y Naturales; apenas unos cuantos se encontraron en Salud y un par en Humanidades y en Ciencias Sociales. La escasa participación de científicos en Ciencias Sociales y Humanidades, quizá se debió al poco interés que mostraron las autoridades del Consejo para fortalecer y difundir dichas áreas y tal vez, al trabajo y gestión que hicieron (o dejaron de hacer) los propios directores de los centros de investigación en las Ciencias Sociales y Humanidades para participar en el Subprograma.

De las 310 Cátedras Patrimoniales (CP) ubicadas en la UNAM , encontré 138 científicos (21 mujeres y 117 hombres) que renovaron sus apoyos en dicha institución. Para seleccionar a las y los entrevistados, partí del supuesto de que quienes renovaron sus estancias fueron las y los que probablemente se habían instalado permanentemente en el país. Por ese motivo, me di a la tarea de buscar y cotejar algunos datos preliminares (como por ejemplo sus nombres, lugares de trabajo, nombramientos, etc.) en el directorio electrónico de la UNAM, así como en dos listas de personal que me brindó la Coordinación de la Investigación Científica (CIE) de dicha universidad, mi búsqueda también incluyó diversas páginas en internet y en algunos casos en los que no fue posible ubicarlos de esa manera, lo intenté directamente en el trabajo de campo.

Los resultados de mi segunda búsqueda, arrojaron que de los 138 investigadores que renovaron sus CP en la UNAM, 80 (14 mujeres y 66 hombres) se quedaron de manera permanente en esa institución, 30 se fueron a otro país o regresaron al suyo, nueve se cambiaron a otra institución de educación superior (IES), 18 no se encontraron (quizá entre ellos están los que nunca llegaron al país) y uno falleció en su estancia por México. La muestra que tomé de un universo de 80, fue de 254 científicos (10 mujeres y 15 hombres), tal y como se señala en el cuadro 1.

El área donde se registró el mayor número de profesores establecidos en la UNAM, fue en Ciencias Exactas y en menor medida en Ciencias Naturales, lo que coincidió con respecto al número total de mujeres y hombres para esas áreas. La mayoría de los académicos se concentró en el DF y otros tantos, se detectaron al interior de la República.

En el cuadro 2 se observa que prácticamente la mitad de las y los investigadores que se establecieron en la UNAM y que forman parte del estudio provienen de un país distinto de donde nacieron. Por un lado, ese es un reflejo del fenómeno de la movilidad de recursos humanos altamente calificados, el cual forma parte central de la dinámica de la ciencia contemporánea (Vessuri, 1998); pero, por el otro, también es un indicador que muestra los espacios en donde se produce y se concentra el conocimiento en el mundo.

No es casualidad que solamente aparezca una vez, un país de América Latina como lugar de procedencia y en varias ocasiones, Estados Unidos por ejemplo; la mayoría de las y los investigadores llegaron ahí para estudiar su posgrado o para realizar algunas de sus estancias posdoctorales. Lo anterior no es un dato menor porque el sistema educativo de ese país, en primer lugar, seguido del Reino Unido, Alemania, Francia y Australia, atraen el 80% de la movilidad internacional de estudiantes (Tremblay, 2002). En el estudio, se puede ver que la formación y los desplazamientos de recursos humanos en la ciencia también tienen sus centros y sus periferias.

 

La salida del país de origen y de procedencia

La movilidad estudiantil de las y los entrevistados inició especialmente con sus estudios de posgrado, excepto para las y los que nacieron y provenían del bloque de la ex Unión Soviética y para algunos jóvenes que realizaron su doctorado en su propio país. Los desplazamientos internacionales generalizados se identificaron a partir de las estancias posdoctorales. Aquí se encontraron seis casos de investigadores que vinieron al país para realizar un posdoctorado a través de los apoyos de las Cátedras Patrimoniales, sería interesante saber de qué manera funcionaban las Cátedras en esos casos y si eso no contradecía los objetivos que se habían estipulado en el Subprograma.

Se encontraron dos motivos principales que dieron lugar a los desplazamientos hacia el país: por problemas económicos y por no encontrar un trabajo permanente. Estas razones representan, por lo menos, dos grandes diferencias en algunas de las causas que podrían explicar la llegada de científicos a México en los noventa y desde países con un sistema científico con mayor desarrollo que el nuestro. Por un lado, se encuentran las y los científicos provenientes de Europa Oriental, aquellos países ex soviéticos que tuvieron que migrar cuando el sistema económico colapsó en esa región:

La devaluación era muy fuerte a finales de los ochenta. Las condiciones de trabajo [...], esto fue un poco ambiguo, yo tenía bastante apoyo, mi difunto suegro me apoyaba, yo tenía acceso a los equipos que en ese momento eran muy buenos y escribía artículos, pero con los artículos no se puede alimentar una familia. Había mucha investigación, escribíamos mucho pero no había dinero, los salarios no alcanzaban para comer [...]. No pensé en cambiar de profesión porque no existían áreas privilegiadas para que yo consiguiera algo mejor. Toda la ciencia era un desastre, ninguna área se salvó, todo cayó. La única opción era salir del país, esa fue la única salida y yo lo hice.

Todo fue un desastre en mi país, la gente no sabía qué hacer, no tenía dinero. En mi instituto, muchos de mis compañeros murieron por estrés, por la depresión que les causaba la situación. Cuando llegaba a mi instituto, había unas columnas donde se ponían los nombres de las personas que habían muerto, a veces había hasta 3 columnas llenas de nombres [...]. Yo sentía ansiedad, fui a ver a mis padres y les dije "cuiden a mi hija, yo me voy para buscar qué hacer y cómo vivir".

Por el otro, están las y los científicos formados y provenientes de Europa Occidental y de Norteamérica, particularmente de Estados Unidos, que tienen un sistema de contratación muy rígido, lo que condena a mucha gente a viajar por el mundo empalmando una estancia posdoctoral con otra y esperando una oportunidad de asentamiento laboral que nunca llega. En el estudio encontré a investigadoras e investigadores que refirieron que no contaron con una plaza en sus países de origen o de procedencia, razón por la que, en varios casos, realizaron estancias posdoctorales de hasta 5 años o más:

Terminé mi doctorado en Holanda, después salí a Estados Unidos para hacer algunos posdocs, estuve allá 5 años; luego regresé a Holanda para trabajar, me contrataron en posdocs como por 2 o 3 años más. Cuando regresé a Holanda, yo pensé que todo iba a estar bien, pensé en regresar a mi país para quedarme, pero no siempre se puede predecir lo que va a pasar. No había financiamiento para abrir plazas, se jubiló mucha gente en la universidad pero dieron las plazas a otras áreas [...], las pocas plazas que dieron fue una decisión política, fue una batalla, no fue muy agradable.

Hice posdocs en Estados Unidos y en Alemania por cuatro años y medio, después regresé a mi país [Canadá] a trabajar, ahí se me había prometido un contrato a largo plazo pero no sucedió [...]. El programa al que llegué se desvió, al final el financiamiento sólo se usaba para aumentar la capacidad de trabajo de la institución y no para contratar de tiempo completo a jóvenes investigadores. Pero, entre no tener trabajo a que te den un contrato corto, tienes que ceder. Entonces, a los 6 años de estar en Toronto, en vez de buscar otro empleo temporal en Canadá, opté por irme a otros centros en el mundo.

Aunque la crisis económica y la falta de un trabajo permanente fueron las dos razones de inmigración más importantes, también encontré a tres científicos que señalaron que ellos ya contaban con un trabajo permanente en los países de donde provenían y que su llegada al país, se debió a la "fuerte relación científica" que habían establecido con algunos de sus colegas, en México: al llegar "yo ya tenía la plaza, la Cátedra fue un apoyo adicional para cubrir mi nivel del SNI en los primeros dos años; hubo personas que vinieron y que iban a seguir viniendo, aun sin ella". En este mismo caso otro investigador, además, comentó que su decisión de llegar al país también estuvo influida porque "en Estados Unidos [su país de origen] el estilo de vida es mucho más estresante que aquí, allá debes producir mucho, hay mucha competencia y pocos estudiantes para asesorar porque yo estaba en un instituto no en una universidad".

Para más de la mitad de las y los entrevistados fue su país de origen, el lugar donde buscaron establecerse desde el primer momento aunque, al final, eso no fue posible: "no llegué a México para salvarlo de nada, llegué porque Europa no me dio trabajo. En ese sentido, fue México quien me salvó y no yo a él".

Las y los científicos se enteraron de las Cátedras Patrimoniales a través de la información que personas cercanas les proporcionaron (colegas, connacionales que ya estaban establecidos en el país, compañeros (as) sentimentales de origen mexicano). En otros casos, fue resultado de la indagación personal. Algunas y algunos investigadores provenientes de Rusia fueron invitados directamente por una comisión mexicana que visitó su país en la década de los noventa:

Llegó a mi país [Rusia] un grupo de mexicanos a ofrecernos trabajo [...]. Para algunos de nosotros fue una opción para salir de esa catástrofe, otros lo vieron como un oportunismo, que de hecho comenzó con Estados Unidos y otros países [...]. Es difícil opinar cuando tú estás en medio de los problemas, pero ahora puedo decir que mi país tuvo una gran pérdida porque se quedó sin sus científicos, sin su magnífica ciencia.

La cita anterior es reveladora porque nos permite conocer una problemática, que de hecho fue planteada en el siglo pasado. En las décadas de los cincuenta y sesenta, inició una discusión sobre las repercusiones de la migración internacional de personal altamente calificado, dos de las perspectivas en pugna, fueron los "internacionalistas" vs. los "nacionalistas". Los economistas, simpatizantes del modelo internacional o cosmopolita, planteaban como beneficiosa la circulación internacional del capital humano, no sólo para los actores, cuya decisión "refleja" una "libre elección" de movilidad sino, también, porque "posiblemente implique beneficios sustanciales en la eficiencia mundial" (Johnson, 1971: 122), cuya integración y desarrollo se convertiría en "una fuerza poderosa que actúa elevando niveles de vida en el mundo y diseminando técnicas, prácticas y productos que aumentan la productividad y el bienestar humanos en el mundo entero" (Johnson: 147).

Por su parte, los llamados "nacionalistas" sostenían que la migración altamente calificada debía verse como una pérdida, especialmente para los países en desarrollo (Oteiza, 1971), porque "estos países no sólo pierden la inversión económica y social que han efectuado para entrenar a quienes luego se van [...], sino que además este tipo de migración selectiva refuerza las estructuras que expanden y perpetúan las diversas formas de intercambio desigual [...]" (Oteiza, 1998: 73). Desde esas posturas, se desprende una pregunta crucial ¿las migraciones internacionales de científicos son una pérdida o una ganancia? El cuestionamiento tiene varios puntos de reflexión y consideración, entre ellos puedo destacar el contexto socioeconómico de cada país, el nivel de consolidación del sistema científico y el nivel de desarrollo de las políticas de atracción de recursos humanos altamente calificados.

En el caso de los académicos nacidos y provenientes de la ex URSS , todas y todos manifestaron que la migración de investigadores fue una "pérdida irreparable", "fue un doble golpe porque no sólo se perdió a los científicos que nos tuvimos que ir del país, también se perdió a los que se quedaron, muchos de ellos tuvieron que cambiar de profesión, varios de mis colegas empezaron a emplearse en el comercio".

Las y los científicos que no nacieron ni provenían de esa región, dividieron sus opiniones en dos grupos. En el primero, la migración internacional en la ciencia fue descrita como algo "completamente normal", como un fenómeno "necesario" para el desarrollo de la ciencia en el mundo. Algunos de los profesores no se pensaban a sí mismos como una "fuga de cerebros", es decir no se consideraban como una pérdida, incluso para aquellos casos en donde sus países financiaron sus estudios hasta el posgrado: "mi país también recibe científicos extranjeros, unos nos vamos y otros llegan", "en la ciencia no existe pérdida porque los científicos siempre nos colocamos en algún lugar para trabajar, en ese sentido no somos desperdiciados". Dentro de las consideraciones de las que hablé en unos párrafos arriba, encontré que justamente algunos de los académicos que hicieron estos comentarios habían nacido en países con un mayor desarrollo científico, como Alemania, Canadá y Estados Unidos.

El segundo grupo sí lamentó haber tenido que salir de su país de origen, argumentando que si hubieran tenido las condiciones laborales adecuadas, una plaza, un salario que les permitiera mantener a su familia, no se habrían desplazado. En algunos casos se encontró una especie de resentimiento hacia las políticas y hacia los dirigentes de sus países porque no existió la capacidad, ni la voluntad para retenerlos. En este grupo se notaron las opiniones de algunos que habían nacido en Venezuela, Argentina y España.

El rango de edad en la que llegaron al país fue de 36 a 40 años, en cuatro casos se encontró a profesores de 50 y 51 años (dos de Rusia —mujer y hombre—, uno de Azerbaiyán y un "soviético"). La mayoría de las y los entrevistados estaban casados cuando llegaron al país, varias de las familias trajeron hijos pequeños, otros llegaron solteros, sin familia o disolvieron sus lazos familiares en el país. De las y los 25 científicos, 10 llegaron sin saber prácticamente "nada" de español. Esas características, que se aprecian generales, tuvieron su importancia porque en algunos casos determinó la trayectoria académica de las y los científicos en la UNAM, así como sus experiencias de llegada y de "integración".

 

La llegada a México y el proceso de "integración"

La llegada al país se describió como "temporal" en la mayoría de los casos. Varios de las y los científicos pensaban que al cabo de unos años iban a regresar a su país de origen, porque confiaban en que encontrarían una plaza; otros añoraban que la crisis económica y social en su país se transformaría y les permitiría retornar. La espera se alargó y poco a poco se fueron "conformando" y estableciendo de manera permanente en México:

Al llegar a México, no sabía que había posibilidades de quedarse; en mi mente, yo sólo venía por un año, era una parada más en mi viaje de colaboración por el mundo. No sé cuantos años más habría seguido en esta pista pero me enteré de que había la posibilidad de renovar contrato de manera indefinida, lo cual hice. A los 3 años intenté y gané un concurso, luego me involucré en algunos problemas de organización del Instituto, tuve estudiantes, así me fui involucrando y me quedé.

Cuando veníamos para acá, no pensábamos quedarnos para siempre, siempre tienes la esperanza que tu país se recupere pero, hasta ahora ha sido un desastre total y desde hace muchos años ya no pensamos en regresar porque las cosas ya no se pueden cambiar.

La decisión de quedarse no fue automática y en algunos casos se reconoció como "forzada", varios profesores dijeron que durante sus estancias por el país siguieron buscando oportunidades laborales en sus países de origen; otros buscaron también en el continente americano (principalmente en Estados Unidos, seguido de Canadá), pero sus intentos no fructificaron. Incluso se relataron dos ejemplos sobre ese tipo de experiencias:

Conozco a dos familias de colegas extranjeros que trabajan en esta universidad como científicos, ellos estuvieron un tiempo en México y luego se fueron, uno a Estados Unidos y otro a Canadá, cuando me los encontré supe que ya habían regresado otra vez a México y les pregunté ¿por qué? y me dijeron 'sabes, allá es muy duro, hay mucho trabajo, en México es más fácil trabajar, aquí se puede descansar' [...]. En México puedes trabajar en la ciencia a un ritmo moderado, en comparación a como lo hacíamos en la URSS y, en un periodo bastante corto, puedes llegar a los máximos niveles. Claro, el trabajo moderado tiene un significado distinto para ustedes.

Una vez instalados, el proceso de "integración" en el país fue calificado "sin problemas", especialmente para quienes se habían casado con parejas mexicanas (9 de los casos). En estos ejemplos, se desarrolló un fuerte tejido social, el cual se estructuró alrededor de las relaciones familiares:

Mi integración ha sido poco a poco, conocer a mi esposa [mexicana], me ha ayudado mucho porque si no, me hubiera quedado en el ciclo de la relación con los compañeros del trabajo y muchas veces con otros extranjeros. Gracias a ella me he integrado al país, a través de ella yo conocí más a fondo a México, con su familia, con sus amigos.

La apreciación fue distinta para la siguiente científica "yo no puedo decir que estoy integrada a México, más bien creo que con los años, me enojan menos cosas que cuando llegué". Un investigador lo explicó de la siguiente manera:

Las cosas lindas de un país las aprendes y las incorporas muy rápido, pero las cosas no tan buenas no son sencillas [...], después de diez años, te pasa un poco que al fin y al cabo es muy cómodo ser extranjero porque esas cosas no tan buenas que te quedan por incorporar para ser un local, las puedes desechar y dices 'no, yo paso' y ahí ya te quedaste extranjero.

Para los hombres que venían solos, sin una red de apoyo y sin la familiaridad del idioma, fue un proceso que manifestaron como "muy difícil": "tuve tristeza los primeros cinco años de estar aquí, no sabía ninguna palabra en español [...]. Extrañaba la comida de mi país, mi familia, los amigos". En cambio, para algunas mujeres con esas características, ese proceso resultó aún más adverso, incluso discriminatorio.

A nivel nacional (Blazquez, 2003; 2005; 2008; Izquierdo, 2008b) ya se han mostrado evidencias de inequidad de género cuando las mujeres se forman y trabajan en la ciencia. En esta investigación, además, se encontró un elemento adicional: ser extranjera. En cinco de las académicas, se observó que la condición de extranjera en México profundizó la "discriminación" de las mujeres en el ámbito científico, "me siento parte de una minoría en dos aspectos, como extranjera y como mujer. Para mí ha sido difícil porque soy extranjera y soy americana y he tenido el doble trabajo de interactuar con gente que no quiere a los extranjeros pero, además, odia a los gringos'". En ese mismo sentido, el juicio de otras entrevistadas fue el siguiente:

Sí siento que se me ha discriminado por ser científica extranjera [...]. Algunos de los problemas que enfrenté fue por los prejuicios hacia lo español [...], eso se mezcló con los resultados de mi trabajo, mi investigación empezó a tener reconocimiento internacional y eso no les gustó mucho a mis colegas, creo que fueron celos, decían '¿Esta españolita qué se cree?'.

Tuve dificultades no sólo por ser mujer y ser extranjera, sino por ser inteligente y cuestionar en voz alta muchas de las acciones de la administración. Acciones que involucraban mentir en lugar de reconocer no saber hacer las cosas o no hacerlas bien.

Esas observaciones contrastaron con la opinión de una académica nacida en Sudamérica "[...], me gusta eso de que los mexicanos son muy cálidos, son más amables que los venezolanos y nos quieren mucho a los extranjeros, ustedes tienen ese aspecto malinchista que les perjudica, pero a los extranjeros nos va muy bien". Las cuatro investigadoras restantes, aunque aceptaron la existencia de la "discriminación de género en la ciencia", dijeron no haber pasado por esa experiencia. En cambio, esa situación fue identificada en el caso de las académicas que se instalaron en el interior de la República. Aquí muestro la respuesta de una científica, casi en su totalidad, por la riqueza de su relato:

Trabajar en el Distrito Federal tiene más ventajas porque es como más cosmopolita, más internacional. Trabajar en provincia, en cambio, lo puedo definir como pueblo chico, infierno grande. [...]. En provincia noté que ser mujer independiente, ofendía, no encajaba bien [...]. Si yo hubiera llegado con una familia, con un marido, mis problemas en el instituto habrían sido noventa por ciento menos. Tener marido e hijos me habría dado más respetabilidad como mujer y me habrían visto más confiable. [...], como mujer sola, profesional y extranjera era peligrosa, eso lo aprendí en México [...]. En provincia, mis colegas me veían y se preguntaban '¿Qué hace ésta metida en el laboratorio? ¿A qué ha venido realmente?' [...], mis colegas piensan que una mujer sola, como yo, no va por el mundo para hacer ciencia, una mujer sola va por el mundo buscando marido.

En los dos casos ubicados en el interior de la República, se encontró un trato diferenciado hacia ellas, pero la cuestión se acentuó para la académica instalada en el Sur porque llegó soltera y sin familia, "me ven sola y piensan que necesito protección, mi comportamiento de autosuficiencia les molesta, he tenido problemas con mis colegas por eso, me aíslan, me ponen obstáculos o hablan mal de mí". Esa situación, incluso tuvo repercusiones directas en el avance de su carrera académica:

Extrañamente, en mi caso se retrasó demasiado la definitividad [...], ese trámite exige el beneplácito de la dirección porque son ellos los que tienen que presentar la solicitud y si ellos dicen que no, tú tienes que esperar. No hay una forma institucional o reglamentaria que diga que si tú cumples en tu trabajo, tú tienes el derecho de pasar a dictamen directamente. No, siempre hay un filtro invisible que hace que pases por la bendición del director y mientras tengas que pasar por sus manos y le caigas mal, vas a tener que esperar.

Actualmente, la situación de esta investigadora no ha cambiado mucho, pero ella sí. Ha aprendido a "enfrentar los problemas" y una de sus estrategias es presentar y hacer visibles los resultados de sus investigaciones que le han valido el reconocimiento internacional.

Otro grupo que identifiqué fue el de las y los científicos que provenían de la ex URSS y que llegaron con 50 y 51 años, en quienes las dificultades de "integración", también se exacerbaron por su "edad avanzada" —en un caso encontré que el investigador dijo no haber aprendido "bien" el español y no haber desarrollado redes sociales en México— y porque ya estaban "acostumbrados" a una manera de hacer su trabajo científico, la cual, según sus criterios, es "totalmente diferente" a lo que encontraron aquí:

En Rusia no todos pueden dar clases, yo no podía dar clases porque hay ciertas universidades donde te preparan para eso, no puede ser cualquiera, aquí no es así. Entonces, cuando llego, me dicen 'vas a dar clases', yo me pregunté '¿cómo, cualquiera puede dar clases?'. En Rusia esto era algo muy especial, los que querían dar clases tenían que convencer que estaban suficientemente preparados y maduros para dar clases, las exigencias eran muy fuertes porque se sabía que si los profesores eran buenos se podía lograr formar a los mejores estudiantes.

[...] trabajé durante 25 años de mi vida en un sistema específico de organización de la ciencia, después de todos esos años, sorpresivamente llegué a otro sistema totalmente diferente [...]. Llegué aquí con una concepción distinta de cómo se debía hacer la ciencia [...], aquí la situación es muy suave, el trabajo en ciencia es más descansado. En México puedes trabajar en la ciencia a un ritmo moderado, en comparación a como lo hacíamos en la URSS, y en un periodo bastante corto, puedes llegar a los máximos niveles. Claro, el trabajo moderado tiene un significado distinto para ustedes.

Las opiniones sobre las diferencias en la forma de trabajo académico entre México y la ex URSS, prácticamente fueron similares en el grupo de las y los científicos que nacieron y provenían de ahí. Sería interesante conocer, después de todos estos años, si las prácticas académicas de las y los investigadores se han transformado y de qué manera eso ha beneficiado o no el desarrollo de los espacios de investigación y docencia donde ellas y ellos se encuentran.

Además de las diferencias en el trabajo científico, otros comentarios que también se externaron, fueron en torno al Subprograma de Cátedras Patrimoniales. Cinco entrevistados (tres mujeres y dos hombres) hicieron varios señalamientos, a continuación resumo cuatro que, a mi juicio, fueron de los más importantes

En primer lugar, se comentó que las acciones que se implementaron para la atracción de recursos humanos altamente calificados en el país, no conformaron un proyecto de largo plazo "diez años fue muy poco ¿no?", "a mí me hubiera gustado que este programa hubiera tenido una visión de futuro y que se hubieran establecido objetivos profundos como para aprovechar todo lo que nosotros podíamos ofrecer". El cortoplacismo es, en realidad, una característica que forma parte de las políticas del gobierno federal en ciencia y tecnología. Incluso, se ha señalado que el "desdén por la ciencia" se ha incrementado a partir del año 2000 con el "gobierno del cambio", no sólo por su escasa visión de futuro, también con respecto a su incondicional financiamiento al "fomento tecnológico de las empresas, en detrimento implícito de la ciencia básica" (Loyola y Zubieta, 2005: 260).

La segunda preocupación fue el apoyo para retornar a los recursos humanos mexicanos. Debemos recordar que en el Programa PACIME, se incluyó el Subprograma de Repatriación. En los noventa continuaron los apoyos para las repatriaciones, pero a principios de esta década no se abrieron convocatorias, si no hasta a finales del 2004. En ese tiempo, las críticas más fuertes (Aziz, 2004; Herrera, 2004; Galán, 2005; Sánchez, 2007) se centraron en la falta de compromiso del gobierno federal para la creación de plazas de tiempo completo que garantizaran la incorporación de las y los jóvenes a las universidades mexicanas.

Ante la pregunta de si debiera reabrirse el Subprograma de Cátedras Patrimoniales, Nivel II, las respuestas fueron distintas. Por un lado, se argumentó que "fue importante ese programa pero, no sé si deba darse otra vez, primero hay que abrir plazas para los estudiantes mexicanos, porque les pagan sus becas de doctorado y cuando terminan se van a trabajar a otro [país] lado, esa es una mala inversión". Y por el otro, se señaló que "depende de las áreas del conocimiento. Hay áreas suficientemente maduras que ya pueden reclutar a sus propios estudiantes, a los jóvenes investigadores. Sin embargo, otras áreas, requieren de aumentar el número de profesionales [...], gente muy bien formada y móvil en diferentes partes del mundo [...], creo que se podría aprovechar esta oportunidad con un sistema de Cátedra Patrimonial similar".

Los recursos humanos que llegaron a México a través de las Cátedras Patrimoniales, Nivel II, y que fueron "desaprovechados", fue el tercer señalamiento que se hizo notar. Desde el punto de vista de las y los académicos, algunos de los científicos extranjeros consolidados que llegaron y en los que México invirtió, no fueron "cuidados" ni por las y los investigadores mexicanos responsables de sus estancias, ni por la institución de acogida, en esta investigación, se supo del siguiente caso:

México no aprovechó todo lo que atrajo. Por ejemplo, invitaron a un científico de una edad muy grande pero era excelente, tenía que dar clases pero no sabía el idioma. Mientras más edad tengas, por más bueno que seas, eres extranjero y no sabes el idioma ¿qué haces? Cuando llegas a un país en donde eres extranjero y no sabes nada dependes casi, casi de lo que te digan, incluso dependes del traductor si es que no sabes el idioma. Yo era joven cuando llegué pero imagínate a un científico mayor, que es una eminencia pero que llega solo, al final él fue un recurso desperdiciado por México porque lo dejaron completamente abandonado.

En el mismo tono, se comentó lo siguiente:

En mi instituto, nadie entendió la importancia de estas contrataciones, ni el valor de mi trabajo anterior que me permitió obtener una Cátedra Patrimonial para llegar a México. Nos calificaron de "extranjeros privilegiados" [...]. Se debió haber dado más difusión para explicar qué eran las Cátedras, para que nuestros compañeros entendieran que nuestra presencia era algo que enriquecía a la dependencia y no lo contrario. Tampoco se pensó en la utilidad que pudo haber tenido el poner en contacto a toda la comunidad de extranjeros que llegamos, para que pudiéramos conocer los diferentes procesos que enfrentábamos cada uno. Este tipo de encuentros le habrían permitido reunir información a los del CONACYT y ayudarnos, en el proceso de integración, a nosotros.

Las citas anteriores se vinculan con lo que encontré al iniciar el estudio, una falta de seguimiento para conocer qué pasó con las y los científicos que fueron apoyados con el Subprograma de Cátedras Patrimoniales y para saber cuáles fueron las repercusiones de haber hecho esa inversión para el desarrollo de la ciencia mexicana. Si ya de por sí el gobierno federal financia muy poco a la ciencia en el país —apenas alcanza el 0.33% del Producto Interno Bruto nacional (Ruiz, 2008), porcentaje menor que el otorgado en las dos crisis económicas pasadas— después, no muestra mucho interés para darle seguimiento a los programas y subprogramas en los que llega a invertir. Lo anterior, nos lleva al último punto: los resultados.

La evaluación del Subprograma y de las y los científicos apoyados, fue otro aspecto relevante que se señaló, "no sé si el programa en general fue bueno o malo pero, como yo soy producto de él, me gustaría saber cuáles fueron sus resultados", "yo conozco científicos de varios países que también se vinieron a trabajar a México y pienso que cada uno de nosotros estamos ayudando con nuestro trabajo; claro, no todos, habría que ver qué hemos hecho en estos años".

En la base de datos consultada, no se distinguió a las y los investigadores que venían a realizar un posdoctorado de quienes se incorporaron al país como científicas y científicos consolidados. Esa diferenciación habría sido muy importante, por ejemplo, para llevar a cabo una investigación sobre los impactos del trabajo académico de ambos grupos y para saber, en qué casos "el catedrático no tuvo la calidad que sugería su currículum vitae" (CONACYT, 1999: 18).

 

De estancias, contribuciones y (no) retornos

Las estancias de los científicos en el país han tenido una duración de entre 15 y 9 años, desde que obtuvieron una Cátedra Patrimonial hasta el momento del estudio. Durante ese tiempo, las y los entrevistados obtuvieron una plaza, en algunos casos ya alcanzaron los máximos niveles académicos en la UNAM y en el Sistema Nacional de Investigadores.

Pese a las diferencias y dificultades que han encontrado en sus ámbitos laborales, prácticamente todas y todos calificaron su estancia académica como "muy buena" y en esa afirmación, también aceptaron que por su posición laboral actual y por su edad, ya no les convenía moverse hacia otro país "mientras yo conseguí una plaza en México, mis colegas de generación, que estaban en Estados Unidos, siguieron buscando posdocs, [...]. Yo llegué como posdoc a México y ahora [14 años después] soy titular C y SNI III. [...], aquí me ha ido bastante bien", "ya tengo 40 y las oportunidades no son las mismas, ahora en mi país [España] van a coger a un chico que acabó su posdoc de 32, alguien como yo, ya es vieja". Otro científico, añadió:

Es muy difícil imaginar que ya hayan pasado 15 años porque yo sólo venía por 2, [...]. Yo tengo muchos logros en México y por eso me quedo aquí. [...], yo soy una pérdida para Rusia porque ahora mis productos en ciencia pertenecen a México, si Rusia me hubiera apoyado para quedarme, en estos momentos ellos no estarían traduciendo mis libros del español al ruso.

Desde el punto de vista de las y los científicos entrevistados, sus contribuciones más importantes durante su estancia en el país tienen que ver con la formación de recursos humanos, los vínculos académicos e intercambios internacionales, el desarrollo de los proyectos de investigación y la publicación de sus resultados.

En la formación de estudiantes, es el "ejemplo" y la manera de "hacer docencia", en la que ellos creen distinguirse "tengo una forma distinta de dar clases, muy a la manera de cómo yo la tuve en Alemania. Por ejemplo, trabajo con mis estudiantes en tareas semanales y me dedico a ellos, creo que aquí no se estila así". Otro profesor, comentó:

Una manera relevante en la que he ayudado es a través del ejemplo. Ninguno de los estudiantes que he formado, que han trabajado conmigo, me puede decir que trabajé menos que ellos; sé que si voy a exigirles dedicación completa a la investigación, yo debo ser un ejemplo. Ellos deben ver que yo trabajo muy duro y ellos deben responder de la misma manera. Tus estudiantes son como tus hijos académicos, les das el ejemplo, les exiges y les pegas moralmente en caso de que no te respondan.

Los vínculos académicos internacionales es otra cuestión que las y los científicos ven como una contribución porque a través de éstos, han logrado que algunos de sus estudiantes mantengan intercambios o estancias de trabajo, "mi experiencia internacional le ayuda a mis estudiantes básicamente en su trabajo, a obtener resultados usando aparatos en otros laboratorios que aquí no tenemos", "les abro oportunidades que no tendrán sin contactos internacionales. Y eso es independientemente de ser extranjero o no, es simplemente por tener contactos en el extranjero y haber colaborado exitosamente a nivel internacional".

En la cuestión de investigación, tanto en los proyectos como en la publicación de los resultados, dijeron que "no sé si mi presencia ha sido importante o no [...]. Si abres la website, el Instituto de Química (IQ) va aparecer 130 veces desde 1995, que es cuando yo llegué, habría que ver cuántas veces aparece el iq desde su creación". Otras aportaciones que mencionaron, tuvieron que ver con su participación como evaluadoras y evaluadores internacionales y en las publicaciones de sus artículos:

He participado como autora en la reciente evaluación del estado de la ciencia del cambio climático del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, auspiciado por las Naciones Unidas, lo cual ha representado, en mi opinión, uno de los mayores reconocimientos de mi labor a nivel internacional y de lo cual me siento particularmente orgullosa.

Yo soy uno de los editores de la revista en nanotecnología y eso muestra la confianza de la casa editorial americana en mi trabajo, porque me escogió a mí como representante de toda América Latina

Cuando vienen investigadores a visitarme dan seminarios, interactúan con otras personas aquí. Con este tipo de contactos, inclusive la UNAM es conocida en el mundo. Es claro que para la UNAM es bueno porque en mis publicaciones viene la UNAM, en mis congresos aparece la UNAM . Yo creo que esto tiene valor para el instituto porque a través de mis artículos, lo conocen en el mundo.

Una de las entrevistadas comentó sobre la importancia de poder "cuantificar" la calidad del trabajo de las y los científicos, cuestión que advierto como un tema muy relevante y por explorar en el futuro:

Las publicaciones que reflejan contribuciones originales a la ciencia universal, son lo más importante de nuestro trabajo científico. Éstas se miden en número pero sobre todo en calidad, según el factor de impacto de la revista. Es muy importante también conocer el impacto de nuestro trabajo, es decir, cuántas veces citan nuestro trabajo en la literatura. Todo ello permite cuantificar la calidad del trabajo de investigación que se está desarrollando y el nivel de liderazgo del investigador.

En principio, las contribuciones de las que hablan las y los entrevistados, también las hacen las y los científicos mexicanos que se formaron en el exterior y aquellos que estudiaron su posgrado en el país, entonces ¿de qué otra manera enriquece su presencia en el país? Quizá existan varias formas, aquí resalto una que me parece fundamental:

La universidad no sólo ofrece cursos, ofrece una exposición internacional. Los alumnos no sólo tienen profesores mexicanos también tienen profesores extranjeros, de los cuales formo parte. Nosotros nos comportamos distinto, das clases y ahí tú usas el hecho de que eres extranjero, tú no te haces el mexicano para darla, tú te haces el extranjero y les presentas a los estudiantes cómo es interactuar con otras culturas: ahí está el alemán, el chino, el argentino. Una parte fundamental en las universidades, es la exposición a las diversas culturas del mundo, mediante su cuerpo de profesores.

La diversidad cultural que representan, es un elemento que enriquece su presencia en el país pero, también, al interactuar con los otros, ellos mismos reconocieron experiencias que las y los transformaron:

Me ayudó mucho salir a otros países, venir a México cambió mi punto de vista sobre la muerte y sobre la vida [...]; mi estancia en Estados Unidos, en Francia y en México, me ayudó a pensar más globalmente. Pienso que eso me ayudó a ser más flexible, a aceptar más lo que veía.

Mis viajes y estancias en otros países me hicieron ser más tolerante para integrarme a México, aquí y a donde voy, veo lo que sí funciona [...], yo no comparo, puedo aceptar al país tal como es, por lo que tiene que ofrecer, [...]; después de estar viajando, soy una persona más flexible, [...]. Yo creo que la flexibilidad es muy importante para ser feliz en un país de cultura distinta y eso lo he logrado gracias a mis viajes por diversos países.

Además de la flexibilidad, las experiencias de inmigración también modificaron varios aspectos de su vida, "siento que me he mexicanizado en mis horarios, ahora son más relajados, cuando regreso a Suiza me siento raro, siento que hay demasiado orden en comparación con mis estándares de vida mexicana [ríe]", "la vida en Kiev es muy dura, hasta para mí ya es muy dura, después de vivir tantos años aquí, ya me acostumbré al clima, a la gente, en Ucrania no estábamos acostumbrados a expresarnos".

Aunque prácticamente la mayoría de las y los entrevistados dijeron que en general estaban a gusto viviendo en México, hubo varios que reconocieron su deseo por regresar a su país de origen a "cerrar su ciclo". En esos casos, los argumentos que habían construido para el no retorno laboral (situación económica, falta de plazas, edad, etc.), se disolvieron cuando abordaron el tema del "retorno definitivo", la muerte:

No es que hable mi corazón, más bien habla mi vida [...]. El país donde naces es algo que está relacionado con tu vida, tu niñez, juventud, tu familia, son cosas que tú no puedes olvidar, forma parte de ti a donde quiera que vayas, eso es lo que te constituye.

Quiero que me entierren en España, me siento profundamente catalana, quiero que avienten mis cenizas en el mediterráneo [ríe], esto sí lo tengo muy claro. Estoy muy agradecida con México pero el sentimiento catalán es primero. La otra cosa que es cierto, es que somos distintos [...]. Tienes que aprender a darte cuenta que estás viviendo en un país que no es el tuyo, que te da muchas cosas buenas, pero que nunca va a ser tu país.

Para otras y otros investigadores, especialmente para quienes habían realizado estancias en más de 3 países, la idea del retorno tuvo un significado distinto. Dijeron que no buscaban el regreso físico a sus lugares de origen porque se sentían parte de una comunidad científica global que no necesitaba de "ataduras geográficas" para su desarrollo. Además, reconocieron que "lo que queda en mi país es mi familia, se puede pensar que son mis raíces, pero ya soy ciudadano del mundo y esas raíces las llevo conmigo como persona que soy, ya no son las raíces que necesitan estar arraigadas a un espacio concreto".

 

Consideraciones finales

La construcción de los espacios de investigación y de docencia en México fue posible, en parte, gracias a la participación de científicas y científicos extranjeros que tuvieron que desplazarse de sus países de origen hacia tierras nacionales. En la riqueza de esa construcción, se sabe que la llegada de las y los exiliados españoles y refugiados latinoamericanos fue muy importante. En la década de los noventa, otros grupos de extranjeros, de diversas partes del mundo, arribaron a la República mexicana pero de estos desplazamientos se desconoce todavía mucho. El estudio que se presentó, intentó contribuir al conocimiento de esa última oleada.

En la investigación del caso, encontré que a diferencia de las inmigraciones de académicos en los años treinta y setenta, la de los noventa contó con una plataforma institucional que se implementó especialmente para su ingreso al país, a través de un subprograma de atracción de recursos humanos altamente calificados. A principios de los noventa, estas acciones parecían estar integradas en una política de largo plazo para obtener una ganancia de cerebros; sin embargo, en los primeros años de la década siguiente, los apoyos se fueron extinguiendo y finalmente el Subprograma cerró sus puertas en 2002.

En esos once años llegaron al país grupos de científicas y científicos provenientes de diversas partes del mundo; en ese sentido, la composición de la inmigración fue heterogénea y el camino que emprendieron fue multidireccional. Por ejemplo, las y los científicos nacidos en países centrales también buscaron oportunidades laborales en las llamadas periferias. Sin embargo, el comportamiento de esos casos no podría sustentar la hipótesis de una redireccionalidad de la migración altamente calificada porque la primera opción de las y los científicos, tanto para formarse como para buscar oportunidades de trabajo, fueron los países centrales.

En ese sentido, pude advertir en el estudio, de manera general, que México no fue de interés académico para formarse en la ciencia ni fue un país de destino principal para trabajar en la ciencia. La inmigración de científicos en los noventa, llegó al país por motivos esencialmente económicos. Lo cual es un tanto paradójico porque justo en esa época, México estaba enfrentando su segunda crisis económica contemporánea más importante.

A partir de los ochenta inició la conformación de un nuevo orden económico y una década después, sus estragos se hicieron presentes en todo el mundo. Eso influyó profundamente para que los recursos humanos altamente calificados tuvieran que salir de sus países de origen a buscar oportunidades de trabajo en otras regiones. Lo anterior fue evidente en el estudio que presenté; en varios casos, las y los entrevistados identificaron sus desplazamientos como una pérdida para sus países de origen y lamentaron haber tenido que salir por las presiones económicas y por la falta de un empleo permanente.

La llegada a México se describió, en la mayoría de los casos, como temporal y de paso. Una vez que las y los académicos se fueron "asentando", su experiencia de "integración" al país y a la institución de llegada no fue igual para todas y todos. Una cuestión que se encontró en el estudio fue que las características generales de las y los científicos (sexo, edad, estado civil, redes familiares, de colegas y amigos, etc.) influyeron y, en algunos casos, determinaron sus trayectorias y experiencias de inmigración; por ejemplo, eso fue evidente para el caso de las y los científicos que llegaron solos y sin el apoyo de una red familiar.

La condición de extranjera en México fue otro hallazgo que también se encontró en la investigación. Esa condición tuvo una implicación doble para las científicas originarias de Estados Unidos y España, por la extranjería y por el "rechazo cultural" que existe en México hacia esos países.

Con respecto a las contribuciones, las y los profesores resaltaron especialmente tres aspectos: la publicación de artículos, la formación de recursos humanos y los intercambios internacionales. Además de los aportes generales que se mencionan, también identifiqué otro elemento: su diversidad cultural, y en la relación con los otros, los científicos extranjeros en México, también experimentaron transformaciones en su propia vida.

Después de una movilidad y migración internacional, seguida de una larga estancia laboral en México, en donde han obtenido diversos reconocimientos por su trabajo, una parte de las y los académicos admitió que no piensa volver a su país, varios de ellos se ven como los "científicos del mundo". En otros casos, piensan retornar para "cerrar su ciclo".

En el estudio hubo por lo menos tres puntos que se quedaron pendientes y que valdría la pena profundizar en futuras investigaciones. La primera tiene que ver con las instituciones de educación superior y sus sistemas de evaluación de ingreso, promoción y permanencia; aquí se podría explorar hasta qué grado se impulsa la equidad de oportunidades laborales para las científicas (nacionales y extranjeras) en los establecimientos universitarios públicos y cuáles son los resultados tangibles para las académicas.

El segundo atañe a las políticas en ciencia y tecnología; en este tema interesaría saber cuáles son los "esfuerzos" del gobierno federal, no sólo para la atracción de recursos humanos especializados (tanto mexicanos como extranjeros, mujeres y hombres) sino, para el apoyo y seguimiento que le brinda a la comunidad científica que se instala en el país. Esa puede ser una manera de medir el interés del gobierno federal en los programas que se desarrollan en el CONACYT, dado que en sus discursos plantean el "impulso" de la ciencia. Confrontar los hechos con el discurso político ayudaría a entender un poco más la realidad en la que viven las científicas y los científicos en México, y permitiría plantear algunas líneas de atención.

Si bien el Subprograma de Cátedras Patrimoniales de Excelencia, Nivel II , resultó un mecanismo importante para la incorporación de personal extranjero altamente calificado en México, en el tercer punto sería relevante saber si se cumplieron los objetivos del Subprograma. Es decir, se tendría que analizar si las y los científicos que fueron apoyados abrieron nuevas líneas de investigación o si reforzaron las ya existentes y si formaron recursos de alto nivel. Además, interesaría conocer de qué manera ese financiamiento contribuyó a consolidar la planta académica en las universidades públicas y a fortalecer la internacionalización de la ciencia en el país. Todo ello implicaría, desde luego, profundizar en el nivel de impacto de las contribuciones de las y los académicos y en exigir la rendición de cuentas de las autoridades del CONACYT y del gobierno federal.

 

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Notas

* Agradezco la participación de las científicas y los científicos en el estudio. Esta investigación se realizó con financiamiento propio. Dos participantes (mujer y hombre) leyeron la primera versión de este texto, por sus valiosos comentarios, muchas gracias.

1 El Subprograma (para el caso de los apoyos a científicas y científicos extranjeros) existió desde 1991 hasta 2002, en este estudio se tomó hasta 2001 porque hasta ese año se obtuvieron los datos.

2 En el caso de dos científicas, les envíe las preguntas vía internet. Las razones fueron las siguientes: una de ellas dijo "no tener tiempo" para brindarme la entrevista y en el caso de la otra académica, fue por mis dificultades económicas para desplazarme hasta su lugar de trabajo, en el interior de la República.

3 Las cifras del reporte incluyen tanto las y los académicos que fueron apoyados con una Cátedra Patrimonial, Nivel II, como las y los que participaron en el Programa de Apoyo de Estancias Posdoctorales y Sabáticas para Científicos de Iberoamérica (hasta el año 2004) de manera indistinta, por lo tanto, en ese documento no es posible reconocer cuántos de los apoyos totales correspondieron a las Cátedras.

4 La muestra puede ser considerada como pequeña y sesgada dado que el análisis está limitado a una universidad y casi exclusivamente se centró en el Distrito Federal (DF). Habría que añadir, sin embargo, que la universidad donde se llevó a cabo el estudio es la institución más grande del país y que el DF fue la zona geográfica a donde se dirigieron la gran mayoría de las y los científicos extranjeros. Aún así, considero que hacen falta estudios contemporáneos que ilustren el fenómeno de la inmigración de científicos en el país, tomando en cuenta otras instituciones y contextos.