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Revista de la educación superior

versión impresa ISSN 0185-2760

Rev. educ. sup v.37 n.148 México oct./dic. 2008

 

Análisis temático: fuga de cerebros

 

¿Fuga de cerebros o "doble movilidad"? Un análisis de las implicaciones de la migración de estudiantes marroquíes hacia Francia y su inserción profesional en Marruecos

 

Etienne Gérard*

 

* Sociólogo, Institut de Recherches pour le Développement/ DIE/CINVESTAV, México. Correo e: gerardeti@yahoo.fr.

 

Resumen

Si existe una "fuga de cerebros" quiere decir que el conocimiento no tiene un valor suficiente en el país que lo sufre. Existen varias razones, una de ellas puede ser porque el mercado laboral no tiene buenas ofertas u ofrece empleos menores a los que se dan en el extranjero, o los estudios locales no son tan acreditados como los de fuera. De tal forma que, estudiar el movimiento de los estudios que se ofrecen en Europa para los habitantes del sur del Mediterráneo es un proceso interesante de observar. Estudiaremos el caso de los jóvenes marroquíes que van a Francia en pos de una mejor educación para regresar a su país con una experiencia que ofrecer.

Palabras clave: fuga de cerebros, mercado laboral, mejores oportunidades.

 

Abstract

If a "brain drain" exists perhaps it means that knowledge is not valued enough within the country that suffers it. Several reasons may exist, one of them can be because the labour market does not have good offers or recommends minor employments opposite to which they are given abroad, or domestic universities are not so credited like the ones elsewhere. So, to study the movement of the studies that Europe offers for the inhabitants of the south of the Mediterranean is an interesting process to observe. In this paper, we will study the case of the Moroccan young men who go to France in pursuit of a better education to return to their country with a better experience as to have a better future.

Key words: brain drain, labour market, better opportunities.

 

Plantear la cuestión de la "fuga" o del "éxodo" de "cerebros" implica necesariamente tomar en consideración el lugar que se adjudica a los saberes en el país de origen. En efecto, si existe tal "fuga" o "éxodo", significa que la materia gris no está suficientemente valorada en su país de origen, ya sea porque el diploma obtenido por el estudiante que decide emigrar no está valorado a la medida de sus expectativas, o porque el mercado laboral no le ofrece salidas o sólo le brinda empleos de menor valor social y económico que los que se le ofrecen en el extranjero. Desde esta perspectiva, el movimiento de los diplomados del Sur del Mediterráneo hacia Europa podría constituir un interesante objeto de estudio.

Sin embargo, más allá de la expatriación de personas calificadas, la "movilidad estudiantil" es también la principal modalidad de circulación de las personas y de los conocimientos, y funciona en los dos sentidos: en el caso marroquí, que estudiaremos aquí, una parte nada desdeñable de los jóvenes que van a formarse a Francia vuelven a su país al concluir sus estudios o después de algunos años de experiencia profesional.

Este retorno invita a rebasar la perspectiva de la fuga o del éxodo unidireccional, y a restituir el saber en su doble dimensión de capital social individual y de factor de transformación de una sociedad. En efecto, la movilidad de los diplomados hacia su país de origen implica una circulación de los saberes –y no sólo un éxodo de competencias–, que tiene obvias repercusiones en el mercado laboral y en un conjunto de dinámicas sociales de la sociedad de origen.

Nos proponemos abordar esta dimensión a través de la movilidad estudiantil de los jóvenes marroquíes hacia Francia y el regreso a su país como titulares de diplomas franceses. Empezaremos por destacar algunos indicadores de la movilidad estudiantil hacia Francia, y luego abordaremos sus principales factores. Entonces podremos estimar las dimensiones de este "retorno de las competencias" –y particularmente las estrategias de acumulación de conocimientos y de diplomas de los jóvenes marroquíes–, así como una de sus implicaciones: la transformación de las jerarquías entre el saber y el trabajo en la sociedad marroquí. Esto nos llevará a emitir la hipótesis de que, hoy en día, esta movilidad estudiantil se inscribe en un juego político complejo –entre el Sur y el Norte del Mediterráneo– de control de la circulación de los saberes, que los lleva a fomentar tipos particulares de "desarrollo".

 

La movilidad estudiantil de los marroquíes en Francia: proceso que se lleva a cabo desde hace una década

En la actualidad, los jóvenes marroquíes que cursan estudios superiores, ya sea en su país o en el extranjero, siguen siendo una minoría en su grupo de edad. En efecto, de acuerdo con el último censo realizado en Marruecos en 2004, sólo uno de cada diez marroquíes de entre 18 y 24 años cursaba estudios superiores. No obstante, el acceso a la enseñanza superior se ha ampliado (e incluso democratizado) considerablemente durante las últimas décadas, puesto que entre 1970 y 2000 el número de estudiantes se multiplicó por 18 (Gérard y Chaouai, 2006). A esta característica se suma una tendencia muy fuerte desde hace una década: la movilidad estudiantil. En 2002, se podía estimar que más de uno de cada siete estudiantes marroquíes había cursado su año de estudios en el extranjero (Balac, 2003). Además esta población tiende a diversificarse. La migración estudiantil hunde sus raíces cada vez más profundamente en la sociedad marroquí, tanto en términos geográficos como en términos sociales. Ninguna estadística marroquí permite definir con exactitud el perfil de esta población estudiantil que se expatría, pero los datos franceses y los resultados de nuestras propias encuestas abundan en este sentido1.

Nuestras encuestas fueron realizadas en 2003 (ARES, 2003) a una población de 500 estudiantes marroquíes en Francia, que respondieron a un cuestionario, y otros sesenta entrevistados. Las respuestas constituyen un buen indicador de la morfología social de la población marroquí que estudia en Francia. En resumen, observamos que se distinguen tres perfiles, a los que hemos decidido denominar jóvenes "herederos", "pioneros" y "en vanguardia". La primera categoría es constituida por jóvenes cuyos padres han cursado estudios superiores, a veces en el extranjero, y quienes, gracias a este capital, han adquirido una posición social y económica desahogada en Marruecos. A menudo escolarizados en la escuela francesa en Marruecos, estos "herederos" siguen un camino ya trazado por sus progenitores y gozan de recursos financieros y de un sólido capital socioescolar que les ayudan a salir adelante en sus estudios. Además, su conocimiento del idioma francés y su temprana socialización en los modelos de enseñanza de la antigua potencia tutelar los predisponen a seguir semejante trayectoria en Francia, por lo general en los mejores establecimientos de enseñanza superior. Por el contrario, los "pioneros" suelen ser los primeros de su familia en cursar estudios superiores, y con más razón en el extranjero.

Provenientes de medios humildes, rurales o urbanos, no cuentan con un capital social y económico que les ayude a tener éxito en semejante trayectoria de estudios en el extranjero. Y como tampoco heredaron de su familia un capital académico, les resulta mucho más difícil que a los precedentes acceder a las carreras universitarias más prestigiosas, por lo que se suelen orientar hacia la universidad pública. Por su parte, los jóvenes "en vanguardia", que provienen de medios sociales aún más desfavorecidos, no tienen quién los apoye en el extranjero para poder emprender Su carrera universitaria. Por más que el conjunto de su familia los aliente a lograr su meta, carecen de recursos y deben aprenderlo todo por ellos mismos.

Nuestras encuestas no permiten determinar con exactitud la proporción de cada categoría en el conjunto de la población estudiantil expatriada en Francia; sólo se puede estimar de manera aproximativa: los "pioneros" representarían prácticamente la mitad del conjunto, mientras que cada uno de los otros dos perfiles ("herederos" y jóvenes "en vanguardia") correspondería a una cuarta parte de esta población total. Con todo, resulta muy relevante la presencia en Francia de estos jóvenes "pioneros", y más aún la de los que están "en vanguardia": no sólo tienen acceso hoy en día a la enseñanza superior, sino que se orientan también hacia el extranjero para ir a conseguir títulos universitarios. De modo que en la actualidad, la movilidad estudiantil de Marruecos hacia el extranjero involucra al conjunto del abanico social marroquí.

 

Entre las políticas de acogida adoptadas por Francia y el ámbito marroquí de la formación: análisis de los factores de la movilidad estudiantil

¿Cómo comprender este movimiento masivo de jóvenes que van a estudiar al extranjero, particularmente a Francia? Los resultados del estudio anteriormente mencionado nos indican dos ejes de investigación que nos permiten entender mejor la movilidad estudiantil: por una parte, las políticas de acogida de estudiantes extranjeros implementadas por el país de destino (en este caso, Francia), y por otra el contexto del país de origen (aquí, Marruecos), tanto desde el punto de vista de la formación como de sus salidas.

Francia siempre ha sido el primer país de destino de los jóvenes marroquíes que "deciden" ir a estudiar en el extranjero. Entre 1998 y 2003, la población estudiantil marroquí expatriada a Francia se duplicó, pasando de 10,200 a casi 24,200 individuos2.

Recíprocamente, desde hace más de diez años los estudiantes marroquíes constituyen la mayor población de estudiantes extranjeros en Francia. En 2003, año en el que el número de estudiantes marroquíes ha sido el más elevado, éstos representaban uno de cada siete estudiantes extranjeros y el 2% de la población estudiantil total en Francia. Sin embargo, esta importancia de la presencia de estudiantes marroquíes ha ido variando. De hecho, las políticas francesas de regulación de los flujos migratorios y de gestión de las necesidades de mano de obra extranjera han influido en la movilidad estudiantil, ya sea frenándola o, por el contrario, alentándola.

No obstante, las políticas francesas de regulación de los flujos migratorios y de gestión de las necesidades de mano de obra extranjera no son el único elemento que explica la movilidad estudiantil de los extranjeros. En el caso que nos interesa, destacan otros dos elementos esenciales: por una parte, las políticas marroquíes de "externalización" de sus formaciones (Geisser, 2000), y por otra las dinámicas del sistema de formación y del mercado laboral marroquí. En efecto, tras obtener su independencia, Marruecos recurrió a la antigua potencia tutelar para garantizar la formación de los funcionarios necesarios para la reconstrucción del Estado. Esta proximidad con Francia sigue fomentando en gran parte la movilidad de estudiantes marroquíes hacia este destino: en su mayoría subrayan el carácter histórico de las relaciones entre ambos países, evocan los lazos establecidos con Francia por personas conocidas, allegadas o lejanas, y reivindican el conocimiento del idioma francés así como cierta similitud entre los sistemas educativos marroquíes y franceses3 –que corroboran las equivalencias concedidas por las universidades francesas a los diplomas obtenidos en Marruecos.

Pero esta adhesión a los modelos franceses no debe sobredimensionarse. Unos "factores centrífugos" (Coulon y Paivandi, 2003) inherentes a las políticas implementadas en materia de enseñanza superior y al mercado laboral marroquí alientan también esta decisión de ir a estudiar al país galo. En opinión de los estudiantes marroquíes interrogados en Francia, es la situación actual de Marruecos la que los disuadió de proseguir sus estudios en su país, al no favorecer la inserción socioprofesional de los jóvenes egresados de la universidad. Lo cierto es que el diploma francés representa una indiscutible ventaja comparativa en el mercado laboral marroquí. Ahora abordemos estos distintos puntos.

 

Desempleo de los diplomados, devaluación de los diplomas universitarios marroquíes y necesidad de "recalificarse"

Una de las principales problemáticas sociales y económicas que afecta a Marruecos desde hace dos décadas es la falta de salidas ofrecidas a los egresados de la enseñanza superior universitaria. Un informe gubernamental de 2006 indicaba por ejemplo que "la tasa de desempleo urbano se triplicó entre 1985 y 2003" para los diplomados de la enseñanza superior (Colectivo, 2006). Además la tasa de desempleo crece conforme se va elevando el nivel académico, incluso hasta el doctorado: los titulares de diplomas universitarios padecen más esta situación que los egresados de la enseñanza profesional y que quienes obtienen diplomas de "nivel medio". En cambio, "los diplomas de la enseñanza superior técnica se ven mucho menos afectados por el desempleo (12.5% y 40.3 meses)".

Este desempleo de los "jóvenes diplomados" por una universidad –por emplear la terminología usual en Marruecos– plantea fundamentalmente la cuestión del valor social y económico de los diplomas superiores. Desde la aplicación de los programas de ajuste estructural impulsados por el Banco Mundial en 1983, este valor se inscribe en el marco político y económico de la "adecuación formación–empleo" (Tanguy, et al. 1986): las formaciones "comunes" están cada vez menos valoradas (salvo algunas excepciones, como el derecho) porque no corresponden a las necesidades del Sector "moderno" de la economía, mientras que las formaciones "de vanguardia", que satisfacen las expectativas de este sector (por ejemplo, en materia de marketing, gestión empresarial e informática), están sobrevaloradas.

Varios indicadores observados en el funcionamiento del mercado laboral confirman esta tendencia. Las estadísticas proporcionadas por la Agencia Pública Nacional de Promoción del Empleo y de las Competencias (ANAPEC4) en 2004 indican por ejemplo que las empresas ofrecen mucho más puestos a los técnicos que a los egresados de preparatoria, siendo los titulares de diplomas universitarios los más desfavorecidos (ANAPEC, 2005).

Las dificultades de las agencias de reclutamiento para "colocar" a los egresados de la universidad en las empresas reflejan también esta jerarquización de las formaciones y de los empleos requeridos en el mercado laboral. A modo de ejemplo, la directora de una de estas agencias nos comentaba en 2006 que en nueve años de ejercicio, no había logrado conseguir un solo empleo para estos diplomados, con excepción de unos juristas.

Ya se han identificado los factores de desempleo de los egresados de la enseñanza superior. El Estado, principal proveedor de empleos hasta la implementación de los programas de ajuste estructural (adoptados en 1983), ha ido reduciendo paulatinamente el número de sus funcionarios, hasta el punto de proceder en 2005 a una serie de "retiros voluntarios" de burócratas5. Por otra parte, el sector privado aún no se ha desarrollado suficientemente como para responder a la creciente demanda de los diplomados de la enseñanza superior. Paralelamente, este sector se está diversificando y requiere una necesaria recalificación de los estudiantes y diplomados en unas formaciones que no se imparten en Marruecos (marketing, gestión empresarial, informática, o en servicios modernos como la hostelería), a no ser en unos institutos prestigiosos y onerosos, ya sean públicos o privados.

Esta transformación del papel respectivo de los sectores públicos y privados de la formación, junto con la creciente importancia de las formaciones de carácter profesional, han trastocado la jerarquía de los diplomas y de las calificaciones, así como las antiguas relaciones entre los distintos diplomas y el acceso al empleo: la equivalencia que existía entre la obtención de un diploma superior y la movilidad social –basada en un reclutamiento prácticamente sistemático para la función pública– ya no sigue vigente. El desempleo que afecta a los graduados, las demandas de las empresas que favorecen a los menos calificados dispuestos a aceptar empleos de técnicos, así como las bajas remuneraciones que reciben muchos profesionistas, reflejan también su creciente "precarización". Por añadidura, numerosos jóvenes quedan atrapados en la espiral de los periodos de prácticas no remuneradas, que se ven obligados a realizar para contar con una "experiencia profesional", exigencia frecuente de los empleadores. Al no poder actualizarse ni encontrar un empleo en el sector público que les dé acceso al sistema de protección social, se tienen a menudo que conformar con empleos poco calificados (El Aoufi y Bensaïd, 2005). De tal suerte que la devaluación de los títulos universitarios incita a sus egresados a recibir formaciones complementarias de tipo profesional (Gérard y Chaouai, 2006). Pero, para llevar a cabo esta "reconversión", necesitan contar con suficientes recursos sociales y económicos, puesto que el acceso a las escuelas e institutos superiores resulta muy oneroso. De modo que la transformación del mercado de la formación y devaluación de los títulos universitarios tiene otra consecuencia: la restricción a la franja más rica de la población de las formaciones que desembocan en unos empleos bien valorados tanto social como económicamente. Dicho de otra manera, la valorización del capital académico depende cada vez más del capital social y económico que posee el profesional o su familia.

Así es como el valor del título académico y universitario en el mercado laboral registró dos transformaciones fundamentales que favorecen la movilidad hacia el extranjero: los estudios deben ser cada vez más "profesionalizantes" y "calificantes", o realizarse en las "grandes escuelas", y si es posible extranjeras, que impartan formaciones modernas, tanto desde el punto de vista académico como profesional. Paralelamente, la obtención de semejante título depende cada vez más de la posesión previa (o de la herencia) de un capital académico, social y económico. De modo que las transformaciones que alteran la jerarquía de los diplomas y calificaciones repercuten, de manera más fundamental, en el valor social y económico de estas formaciones y títulos superiores.

 

Estrategias de prolongación de los estudios y de acumulación de diplomas

La migración de los estudiantes marroquíes que van a estudiar a Francia se debe entender como consecuencia de cuatro parámetros fundamentales: la devaluación de los títulos universitarios y el desempleo que afecta a los egresados universitarios, la necesidad de obtener diplomas más elevados (que en su mayoría no se ofrecen en Marruecos), las demandas de nuevas calificaciones por parte del mercado privado de la economía, y finalmente una selección social cada vez más exclusiva para las nuevas formaciones impartidas en su país.

En este sentido, la búsqueda de diplomas franceses –ya sea de alto nivel (tesis de doctorado) o especializados y modernos (institutos y "grandes escuelas")– aparece como una estrategia de adaptación de los jóvenes marroquíes a las transformaciones del ámbito de la formación y del mercado laboral en Marruecos. Recíprocamente, la nueva jerarquización de los títulos académicos y las nuevas relaciones entre formaciones y trabajo han generado estrategias tales como la movilidad hacia el extranjero, que se ha convertido en una de las principales alternativas.

Estas estrategias de adaptación se orientan hacia distintos rumbos, que habremos de examinar para comprender mejor las dimensiones de la movilidad estudiantil.

Volvamos a la distinción que hacíamos entre los estudiantes: algunos de ellos son "herederos", otros, "pioneros" y otros más, "en vanguardia": al no contar con los mismos capitales, resulta casi natural que no tengan acceso a los mismos tipos de formaciones en Francia. En efecto, las "grandes escuelas" no sólo son más onerosas sino que también requieren de un dominio casi perfecto del francés y de una socialización previa que le permita habituarse con las características de la enseñanza superior francesa. Ahora bien, las formaciones más apreciadas en Marruecos son precisamente las que dan estas instituciones, particularmente las orientadas hacia el mundo empresarial. En este sentido, favorecen doblemente a los "herederos". Los demás estudiantes, que son la gran mayoría, se orientan principalmente hacia la universidad, para obtener un diploma de posgrado en unas carreras generalistas (el 80% según nuestras encuestas), o hacia formaciones más cortas y más especializadas (el 17%), por ejemplo en los Institutos Universitarios Tecnológicos. Al igual que en Marruecos (Ibaaquil, 2000), el título que se pretende y las carreras cursadas en Francia revelan un fuerte determinismo de clase.

Independientemente de estas disposiciones desiguales para acceder a las mejores carreras en Francia, unos y otros van adaptando sus estrategias de estudios en función de la evolución del mercado laboral en Marruecos. Tres indicadores dan fe de ello: la elección de las especialidades cursadas (como las de economía, administración o gestión de empresas, que en Marruecos ya gozan de mayor prestigio que las de ingenieros técnicos (Vermeren, 2000), una prolongación de los estudios universitarios con el fin de obtener los títulos más reconocidos en Marruecos (como los diplomas de estudios especializados y los doctorados), y finalmente la acumulación de diversas carreras con la perspectiva de limitar en lo posible el riesgo de desempleo y de aumentar las oportunidades de movilidad social en Marruecos.

La encuesta realizada a unos estudiantes marroquíes en Francia puso en evidencia estas características, al tomar en cuenta sus trayectorias académicas en su país natal hasta sus carreras en Francia. En la mayoría de los casos, estas trayectorias son "lineales" (Gérard, en prensa): por una parte, los estudios hechos en Francia se inscriben en la continuación de los estudios secundarios o superiores realizados en Marruecos, siguiendo las etapas lógicas de una carrera dada; por otra, una vez inscrito en una carrera y en una disciplina en Francia, la mayoría de estos estudiantes permanece en ella hasta acabarla. Las dificultades de adaptación a un nuevo país, la escasez de los recursos financieros, la complejidad de los estudios y las trabas administrativas (Cerisier ben–Guiga y Blanc, 2005), sin olvidar las dificultades para ganarse un poco de dinero trabajando, obligan a los estudiantes a proseguir su carrera con constancia; la posibilidad de obtener el diploma anhelado depende de esta perseverancia y de un cálculo muy ajustado entre los recursos con los que se cuenta y el objetivo al que se aspira.

No obstante, algunos estudiantes se reorientan y adoptan estrategias más complejas, que podemos calificar de "acumulativas". Por ejemplo, algunos cursan primero una formación en una escuela de ingeniería antes de proseguir con un posgrado universitario; otros se inscriben en dos DESS (Diploma de Estudios Superiores Especializados) o dos formaciones especializadas complementarias. Estas estrategias resultan interesantes pues implican una alianza entre el saber y la práctica, entre la fuerza simbólica del más alto título universitario y el valor mercantil de las enseñanzas recibidas. En efecto, el principal objetivo de los estudios en el extranjero no deja de ser la búsqueda de diplomas calificados muy cotizados en el mercado laboral marroquí. Prueba de ello es que los estudiantes que cambian de orientación suelen privilegiar las disciplinas que les permiten proseguir unos estudios de posgrado, particularmente en unos DESS y doctorados que no existen en su terruño, para poder valorizar este capital al volver a él.

Esta perspectiva revela el verdadero sentido de la migración estudiantil: lejos de huir, los estudiantes marroquíes buscan en otra parte lo que su sociedad no puede ofrecerles; lejos de desear exiliarse o valorizar sus competencias en el extranjero, muchos de ellos buscan la manera de progresar socialmente en su propio país, con más eficacia que los egresados de las universidades marroquíes. Presentaremos a continuación algunos elementos relativos a este retorno a Marruecos de los estudiantes diplomados y sus perspectivas.

 

El diploma francés: una ventaja comparativa en el mercado laboral marroquí

Que yo tenga conocimiento, ninguna estadística o estudio marroquí ha tratado el tema del retorno a su país de los estudiantes nacionales formados en el extranjero, por lo que resulta muy difícil darle una dimensión precisa a este fenómeno6.

Para evaluarla, recurriremos a un estudio cualitativo, colectivo, que hemos realizado en Marruecos entre 2005 y 2006 tomando como grupo de referencia a unos 50 marroquíes diplomados en Francia y unos empleadores de los Sectores públicos y privados. Una vez más, las trayectorias de los individuos constituyen un hilo conductor que permite apreciar las estrategias de valorización del capital académico y el valor de los diplomas con miras a la inserción profesional. Buscando determinar en qué medida los títulos franceses constituyen una ventaja comparativa en el mercado laboral marroquí y cuáles son los factores que pueden ayudar a estos profesionistas a obtener un trabajo, hemos registrado sus trayectorias académicas y universitarias, en ambas naciones, así como sus esfuerzos para buscar y obtener un empleo en Marruecos. Equiparadas con los mismos criterios de la encuesta realizada en Francia (edad, sexo, estudios, diploma, origen social), estas trayectorias ponen en evidencia dos elementos decisivos: por una parte, la existencia de distintas categorías de empleados, y por otra la importancia de los diplomas en el conjunto de los factores de inserción. Enfocaremos principalmente estos dos puntos para evocar la cuestión de la "doble movilidad" de los estudiantes y diplomados marroquíes en Francia.

Descartemos de antemano una posible duda acerca del motivo del retorno de los marroquíes a su país: en la mayoría de los casos, la decisión de volver es deseada y no impuesta; corresponde más a un anhelo que a una obligación. Ciertamente, existen varios factores que incitan al regreso, tanto en Francia como en Marruecos: la legislación francesa en materia de permanencia y de empleo de los extranjeros suele ser desfavorable; las discriminaciones de las que son víctimas a la hora de buscar un empleo. Del mismo modo, la necesidad de asumir la dirección de la empresa familiar en Marruecos puede llegar a precipitar su regreso. Pero estos factores, estructurales y coyunturales, sólo intervienen de manera secundaria en la decisión de volver a Marruecos. Al decir de los diplomados entrevistados, influye más la voluntad de regresar a su país y reencontrarse con su familia, de aprovechar condiciones de vida consideradas como más agradables, o de contribuir al desarrollo de su país. No cabe duda que, en algunos casos, esta decisión obedece a la "ley de la necesidad" y que las obligaciones que motivan el regreso pueden ser disfrazadas en una decisión personal. Pero la intención de volver, que en algunas ocasiones existe antes siquiera de llegar a Francia, suele ser la principal causa de este retorno. Muchos diplomados con los que hemos hablado sólo habían concebido los estudios en Francia como una etapa, convencidos de que su futuro familiar y profesional se encontraba en Marruecos. Por otra parte, dos factores importantes alimentan esta convicción de poder gozar de muy buenas condiciones de trabajo y de poder desempeñar un papel: los capitales adquiridos en Francia, generalmente convertidos ventajosamente en el mercado laboral marroquí y también la situación del empleo en Marruecos, que favorece a los titulares de diplomas universitarios franceses.

Según nuestras encuestas, los jóvenes diplomados marroquíes que vuelven a su país después de concluir sus estudios o de una breve experiencia profesional en Francia suelen haber obtenido un diploma de alto nivel: ya sea de posgrado o de "grandes" escuelas de ingeniería o de comercio. Una minoría de los diplomados que hemos encuestado cursó una carrera de menor nivel (de 2 a 4 años), pero en escuelas especializadas (cine, artes aplicados, etc.).

Gracias a sus diplomas y calificaciones, estos jóvenes ocupan una posición doblemente favorable entre el conjunto de los diplomados que buscan empleo en Marruecos.

En efecto, en la escala de los títulos universitarios, y desde el punto de vista de los empleadores, los diplomas franceses ocupan una posición superior. En segundo lugar, los títulos franceses implican una formación de alto nivel y una experiencia profesional adquirida mediante prácticas o empleos ejercidos durante los estudios, así como una sociabilización particular. Los empleadores valoran esta experiencia en términos de adaptación, desenvoltura, mejor capacidad para "venderse", así como cierta capacidad de distanciamiento necesario para el análisis de las situaciones: "En Francia, nos decía un empleador de Rabat, se le alienta a uno a reflexionar y a sentir las cosas por sí mismo. En Marruecos, se trata más bien de aprender de memoria. Hay una diferencia: hay gente rápida, reactiva, de amplio criterio y otra que no tiene estas cualidades". Ser titular de un diploma francés significa, en cierto modo y de manera paradigmática –en el mundo empresarial, donde ser "competente" vale tanto o más que los conocimientos académicos–, ser dotado de capacidades de gestión empresarial que no tendría un diplomado marroquí.

Por lo tanto, el diploma francés suele gozar de un fuerte capital simbólico y posee, en el mercado laboral marroquí, un valor mercantil muy superior al de la mayoría de los títulos nacionales, cuando menos universitarios7.

Estamos señalando una regla general, lo que significa que existen excepciones, como también hay reglas que rigen esta jerarquía, particularmente en lo que concierne al valor respectivo de los diplomas franceses y marroquíes en el mercado laboral marroquí. Entre estas reservas, cabe señalar un hecho importante: la diferenciación de las trayectorias de los diplomados parece radicar en el tipo de estrategia de "adaptación" al mercado laboral marroquí. Al respecto, algunas variables aparecen como discriminantes en el acceso a los empleos, sobre todo calificados: la percepción que tiene el estudiante de las relaciones entre saber y trabajo, el valor concedido respectivamente a los distintos saberes en Marruecos, y finalmente las condiciones y posibilidades de poseer y de valorizar los diferentes saberes adquiridos en el extranjero. Como nos lo comentaba la directora de una agencia de reclutamiento de Casablanca "un joven de clase acomodada que ha estudiado en Francia, sobre todo en una `gran escuela', con una práctica o una experiencia profesional, conseguirá de inmediato un muy buen puesto gracias a su red de contactos" (entrevista, Casablanca, 2006).

Asimismo, las características de los mercados locales de trabajo, el reconocimiento, en Marruecos, de los distintos establecimientos franceses, así como la importancia que tienen para los empleadores ciertas disciplinas, van modulando el valor del diploma francés, por lo que éste no deja de ser relativo. Estas reservas resultan importantes, pues permiten restituir la complejidad de las relaciones entre saberes y trabajo, entre formaciones e inserción profesional, así como la complejidad de las modalidades de esta inserción. Del mismo modo que infieren en esta complejidad, las características y trayectorias individuales de formación dependen mucho de ella.

Por lo demás, la formación en Francia representa generalmente una ventaja comparativa en el acceso a los empleos calificados en Marruecos y, por ende, constituye la esencia de la movilidad entre ambos países. El hecho de que los profesionistas en Francia suelan encontrar un trabajo a los tres meses de haber regresado, los egresados universitarios marroquíes viven a menudo un periodo de desempleo de varios años, lo que constituye un buen indicio de este valor. Más aún, los diplomados, y particularmente los de las "grandes escuelas" empiezan a veces a trabajar unos cuantos días después de haber vuelto a Marruecos, debido a que son "rastreados" –incluso antes siquiera de haber concluido sus estudios– por unos empleadores en busca de semejantes perfiles.

 

Desarrollo del mercado laboral y movilidad social de los diplomados en el extranjero

Como país en pleno desarrollo, Marruecos presenta situaciones aparentemente paradójicas: debido a las orientaciones del sector privado de la economía, registra una fuerte movilidad de sus estudiantes y diplomados en busca de calificaciones suplementarias para escapar del desempleo. Al mismo tiempo, el desarrollo de los sectores secundarios y terciarios genera una necesidad, insatisfecha, de mano de obra y de personal calificado. Un buen ejemplo de ello es la multiplicación de las empresas creadas en el marco de las actividades externas (offshoring) de Europa (y por ende de Francia) hacia Marruecos, como son los call centers8, los servicios financieros, los seguros, la alta tecnología, o la Investigación y Desarrollo. En cierto modo, la externalización de las formaciones de Marruecos hacia el extranjero se conjuga con la internacionalización en Marruecos de actividades extranjeras, y con la penuria de profesionales y de técnicos requeridos por este offshoring.

Para hacer frente a esta escasez, un programa de acompañamiento ha implementado tres medidas: la reconversión de los jóvenes diplomados de la enseñanza superior mediante la formación continua, la formación de técnicos por parte de la Oficina de Formación Profesional y de Promoción del Trabajo y, finalmente, el otorgamiento de subsidios a las empresas externalizadas para cada persona formada por ellas. Pero aún falta mucho tiempo para llegar al 2015, año en que debe concluir el plan Emergencia. Algunas necesidades tienen que satisfacerse desde ahora para generar otras tantas oportunidades para los graduados marroquíes formados en Francia.

Por añadidura, el offshoring no es la única dimensión de un desarrollo económico en expansión. Del mismo modo, la presencia de filiales de grandes empresas europeas (particularmente francesas, en los sectores de la energía, las tecnologías, los transportes, las finanzas, los seguros, etc.9) constituye una fuente idónea de empleos calificados para los pocos marroquíes diplomados de las escuelas de comercio y de estudios especializados de Francia (formaciones que no se imparten en Marruecos).

Como ya lo hemos dicho, los diplomados no se encuentran en igualdad de condiciones frente al mercado laboral, debido a sus distintos capitales de origen o a los que han adquirido en Francia. Tampoco cuentan todos con redes de contactos equivalentes para integrarse a los sectores "prometedores" que confieren a sus ejecutivos unas situaciones envidiables social y económicamente. Sin embargo, los diplomas obtenidos en Francia y las necesidades de diplomados calificados que tienen estos sectores modulan las jerarquías entre capital académico y socioeconómico.

En efecto, el estudio de las trayectorias socioprofesionales, aunado al de las trayectorias universitarias y del origen social de los diplomados, muestra que unos jóvenes "pioneros" y "en vanguardia" tienen acceso a puestos equivalentes a los que suelen ocupar los "herederos", ya sea en grandes empresas marroquíes o en multinacionales, gracias a los títulos y experiencia profesional lograda en Francia.

Otros más, con el mismo perfil, logran después de un primer empleo, volverse funcionarios –consagrando así el valor que se le da "tradicionalmente" al diploma superior en Marruecos– o a ocupar unos puestos en algunos sectores en pleno desarrollo, como el de la enseñanza privada.

Estos jóvenes "pioneros" o "a la vanguardia" que consiguen empleos en unos sectores y puestos idénticos a los de los" herederos" son el vivo testimonio de que existe una posibilidad para ascender socialmente gracias a los diplomas y experiencias adquiridos en Francia, a pesar de sus condiciones sociales desfavorecidas.

Es por esta razón que podemos hablar de "doble movilidad", a la vez geográfica y social, hablando de los jóvenes que van a estudiar a Francia. Ésta tiene importantes implicaciones: mediante la introducción de saberes y diplomas exógenos, modifica profundamente la jerarquía de los títulos académicos y la que se ha constituido tradicionalmente entre saber y trabajo. De esta manera, desempeña un papel importante en la transformación de la jerarquía social.

Desde luego, persisten realidades inamovibles: los últimos peldaños de la escala social siempre están ocupados por los que no han tenido la oportunidad de estudiar y por los que, al no contar con el suficiente capital socioeconómico, sólo pueden aspirar a los títulos universitarios marroquíes. Y en lo más alto de esta escala siempre se encuentran los diplomados de las "grandes escuelas" foráneas, y particularmente francesas. Pero los que realizan estudios en el extranjero logran escapar en parte a las equivalencias tradicionalmente instituidas entre capital social, obtención de diploma e inserción profesional: algunos jóvenes "pioneros" o "en vanguardia" titulares de diplomas universitarios franceses acceden a unos peldaños intermedios de esta escala social, al lado de "herederos" diplomados de "grandes escuelas" marroquíes. En cierta medida, la movilidad estudiantil redistribuye así las oportunidades en el espacio social y al hacerlo, puede llegar a frenar el éxodo o la fuga de cerebros.

Sin embargo, esta última aseveración no deja de ser hipotética. Como lo hemos visto, esta dinámica social descansa en al menos dos pilares: por una parte, un aumento de las posibilidades de movilidad estudiantil hacia el extranjero mientras el país en desarrollo no cuente con formaciones que respondan a sus necesidades, y por otra el surgimiento de nuevos mercados en los cuales estos estudios en el extranjero puedan hacer valer profesionalmente sus títulos académicos. En Marruecos, esta segunda condición ya es un hecho. En Francia, la política de "inmigración escogida" implementada por el ministro del Interior del gobierno anterior, y reforzada por el gobierno actual, privilegia las formaciones de excelencia y, por lo tanto, la selección de los "mejores estudiantes" extranjeros con el fin de iniciar un "proceso de acumulación del capital humano, proceso que permite mejorar el potencial de investigación y de innovación para garantizar así la futura competitividad de las economías" (Harfi y Mathieu, 2005) en Francia y en el país de origen de los estudiantes. Semejante política contribuye a limitar las condiciones de movilidad que permiten a estudiantes de múltiples orígenes sociales acceder a formaciones de prestigio y a la inserción profesional en países como Marruecos. Es probable que en un futuro cercano la formación de estudiantes marroquíes vaya en declive respecto al nivel alcanzado durante la última década. Además, en la medida que "inmigración escogida" viene acompañada de dispositivos que favorecen la contratación, en Francia, de estos estudiantes extranjeros formados en sus escuelas, es de temer que el "éxodo" de cerebros se reactive una vez más.

Cabe destacar otra conclusión, de orden problemático y metodológico: como lo hemos visto, las trayectorias universitarias revelan la jerarquías complejas (particularmente la que vincula el capital académico con el capital social) conformadas al exterior y al interior de la sociedad de origen de los estudiantes. En efecto, reflejan las diferenciaciones sociales de la población estudiantil marroquí y se ven afectadas de manera desigual por las condiciones económicas y sociales con las que se debe cumplir para hacer posible la movilidad estudiantil. Las trayectorias revelan también la dimensión social, pasada y presente, del saber en Marruecos. Permiten discernir los modos de apropiación y de valorización de estos conocimientos, así como su papel en los procesos de diferenciación y de reproducción sociales. Vemos hasta qué punto las trayectorias constituyen un prisma de la sociedad de origen de los jóvenes que se van a estudiar al extranjero. De hecho, su estudio permite desviar nuestra mirada sobre esta sociedad. Por ello consideramos que tiene un valor heurístico. Gracias al seguimiento de los graduados que vuelven a su país, vemos también que las trayectorias proporcionan valiosas claves para comprender el sentido de la migración estudiantil: ésta es en realidad una doble movilidad, geográfica y social, y no una simple "fuga de cerebros". En última instancia, esta movilidad aparece no sólo como el producto de los cambios que afectan los ámbitos de la formación y del trabajo, sino también como un factor decisivo de transformaciones sociales en la sociedad de origen de los jóvenes diplomados en el extranjero. En efecto, es precisamente porque importan nuevos saberes a dicha sociedad que estos diplomados contribuyen a transformar las jerarquías entre diplomas y empleos, entre saber y trabajo.

 

Referencias

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Notas

Traducción del francés al español: Adrien Pellaumail

1 Los datos franceses son proporcionados por el Ministerio de Educación Nacional. Pero no dejan de ser aproximativos puesto que no se menciona el origen de los estudiantes en más de la tercera parte de las respuestas.

2 A un nivel general, la proporción de los estudiantes extranjeros en el alumnado de la educación superior extranjera pasó de 7% a 10% entre 1998 y 2002. En 2002–2003, casi el 13% (221,600) de los estudiantes de las universidades francesas era de nacionalidad extranjera (HCI, 2006: 232).

3 Antes de que decida, en los años 70, arabizar su enseñanza y "marroquinizar" a los funcionarios, Marruecos seguía impartiendo una enseñanza en francés, y recurriendo a personal francés en muchos sectores de su administración.

4 Agencia publica creada en 2001 y destinada a favorecer la inserción de los jóvenes.

5 Esta operación afectó a casi 38,800 burócratas, lo que representa el 7.6% de los funcionarios civiles del Estado (Véase el sitio http://www.maroc.ma/NR/exeres/D8263808–DC10–4F3E–A243–232E3904CEB7.htm).

6 Los datos sacados del estudio realizado en Francia no dejan de ser relativos porque fueron obtenidos mientras los jóvenes estaban cursando sus estudios, por lo que no hemos tenido acceso a los diplomados que habían decidido permanecer en Francia tras concluir sus estudios. Además, los estudiantes marroquíes interrogados en Francia se mostraban muy indecisos en cuanto a sus perspectivas: un 28% de ellos (N = 500) declaró querer regresar a Marruecos después de sus estudios, un 50% no sabía lo que haría y un 12% preveía permanecer en Francia. Correlativamente, el 34% planeaba su futuro profesional en Marruecos, el 16% en Francia y el 41% vacilaba entre las dos opciones. Pese a estas reservas, el cruce de los datos de las dos encuestas proporciona unos indicadores cualitativos muy valiosos acerca de lo que nos interesa aquí: la valorización en Marruecos de los diplomas obtenidos en el extranjero.

7 Es importante señalar aquí dos excepciones: por una parte, los diplomas de técnicos, que dan acceso a unos empleos poco calificados, se están desarrollando en Marruecos y no tienen equivalentes entre los diplomas que buscan los marroquíes en Francia, y por otra, las "grandes escuelas" marroquíes de ingeniería o de comercio no tienen nada que envidiarles a sus homólogas francesas. La diferencia de formación reside en la sociabilidad adquirida, en Francia, y en la confrontación con el mundo empresarial.

8 En 2005, ya se habían instalado 100 centros de este tipo en Marruecos, que habían generado unos 100,000 empleos.

9 Francia es el primer inversor bilateral en Marruecos, y su primer socio comercial ("Les relations économiques et financières franco–marocaines", Embajada de Francia en Marruecos, Misión económica, junio 2007). De hecho, existen más de mil de empresas francesas instaladas en Marruecos.