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Revista de la educación superior

versión impresa ISSN 0185-2760

Rev. educ. sup v.37 n.145 México ene./mar. 2008

 

Análisis temático. La profesión académica: un mosaico internacional

 

Los académicos en instituciones privadas que captan demanda. Una aproximación a otros actores, hoy en la sombra

 

Manuel Gil Antón*

 

* Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, Coordinador del Departamento de Sociología Correo e: maga@correo.azc.uam.mx

 

Resumen

A partir de un relato producto de varias entrevistas a profesores que laboran en instituciones privadas que absorben la demanda no atendida por las IES públicas y las Particulares de elite, pertenecientes a la Tercera Ola de Privatización en la tipología de Daniel Levy, se ensaya una aproximación a las condiciones de trabajo de este sector de la profesión académica en comparación con otros segmentos del mercado respectivo. Más allá de las condiciones de trabajo, hay un sentido que supera las restricciones que, aunque son impropias y deben ser reguladas, sociológicamente no impide que esa actividad tenga, para sus actores, un sentido de contribución con el país.

Palabras clave: Profesión académica, segmentación del mercado académico, instituciones de absorción de demanda no atendida.

 

Abstract

By means of a story told, as a result of many interviews made to teachers that work for private institutions that absorb the inquiry non attended by the public higher education institutions and also, the private ones that work for an elite, it belongs to a Third Privatization Wave, as Daniel Levy's typology expresses, an approach to the labour conditions in this academic professional sector in comparison with other segment of the respective market. Further more than labour conditions, there is a sense that overcomes restrictions, that, even though, they are unappropiated and should be regulated, that activity its not badly thought since for its actors has a mean of contribution to their country, in a sociologically way.

Key words: Academic profession, academic market segmentation, absorption institutions on non attended requests.

 

"Espéreme Doctor:
veámonos más lejos,
no vaya a ser que el director me mire platicando
con usted.
Allá hay, luego del salón de baile, un cafecito.
Me espera ahí y le digo cómo me ha ido. "
1

 

En el café

Mientras espero a mi ex alumno en el café pienso en este país nuestro. Recuerdo como si viera el pasado en la superficie del express. Hace muchos años, tal vez cuando empezábamos a contar la última década del siglo XX, me encontré a un estudiante muy destacado al que atendí en el Colegio de Bachilleres a inicios de los ochenta: ya había iniciado su carrera y se mantenía trabajando. No esperaba verlo enfundado en un overol anaranjado, y menos con una escoba de varas. Era la lateral del periférico. Me detuve y lo saludé. Hola profe, me dijo, qué gusto. Sus ojos estaban irritados. Nos dimos un abrazo. ¿Sigues estudiando? Claro, pero perdí el trabajo que tenía y ahora suplo a un amigo del barrio unos días para sacar algo de dinero. Ya pronto seré economista... ¿Dónde andarás, Faustino, en estos días? No lo sé.

Llega Fernando a la cafetería. Carga un bulto de exámenes o trabajos; gasta un saco que ya requiere tintorería o reposición. Sonríe. Más que sentarse en la silla, se deja caer y suspira. Qué gusto, profe... Ya van como cinco años que salí de Azcapotzalco, cómo la ve: tengo un niño de dos años y pinta para ser buen futbolista. ¿Le sigue yendo al Veracruz? Claro, respondo: no soy aficionado, soy devoto... Pedimos café: capuchino bien cargado para él; yo otro buchito de express.

Le recuerdo que estoy haciendo un trabajo sobre los profesores de las que he dado en llamar: Instituciones de Educación Superior Privadas de Absorción de Demanda Residual, a las que, como si fuera físico, doctor doctorado en extranjia, y trabajara en la SEP, ya les puse siglas: IESPADR.2

¿Cómo te va en el trabajo? Pues siquiera tengo y tiene que ver con lo que estudié. No viera qué difícil está la cosa del empleo. Desde que salí de la carrera traté de encontrar trabajo en una universidad como la UAM, pero sin posgrado haga de cuenta que uno no existe. Donde sí me aceptaron fue en una escuela de monjitas; es una prepa, y me tocaron cursos de problemas sociales de México. Mala paga, pero para aprender estuvo bien. Ya luego, como en un año me casé y busqué trabajo en una universidad. Un amigo tenía contactos en ésta, y aunque está a la orilla del Metro me pagan mejor y tengo más cursos. ¿Cuántos? Cuatro horas diarias, en la tarde, porque en la mañana sigo con las madrecitas. ¿Y la paga? Lunes, miércoles y viernes doy tres clases en la mañana: a 50 pesos la hora, me salen 450 limpios, pues ni recibo me piden; y acá pagan a 75 pesos la hora. Échele lápiz y verá: 300 diarios, o sea, 1500 a la semana. Entonces, Fer, sacas 1,950 pesos a la semana. Sí. Digamos 2 mil, para que la suma sea más fácil. 8 mil al mes. ¿No está mal, verdad profe Gil?

Recuerdo mis inicios en la docencia: 27 horas era el máximo en Bachilleres. Fernando tiene 29. ¿Y los grupos? Grandecitos, maestro, no como en la UAM que ya al final éramos como 10; acá y en la prepa lo mínimo son de 40, para que les luzca el dinero a los dueños y a las religiosas. ¿Y de qué das clases? Mire profe, esto de ser sociólogo es como ser mil usos: a veces me siguen dando de problemas de México, otras veces de Historia, hasta de filosofía me ha tocado y, cuando la cosa está escasa, pues le entro a redacción. En la prepa hay una materia para los del área 4 que es sociología, y me toca a veces; ya en la universidad, como sólo hay Derecho, Contabilidad, Administración y Computación, pues me asignan las optativas que le dije.

¿Y el contrato? En las mañanas, nada, es a la pura palabra. Y en la universidad de acá son contratos de tres meses y medio, por horas clase, y al siguiente cuatrimestre, si tiene uno suerte, pues lo renuevan pero del mismo tipo, profe, no hay ni antigüedad y luego de un año, si ven que uno es dedicado, lo meten al seguro pero no hay que enfermarse entre cuatrimestres... (Sonríe: no he probado el segundo express y aunque me platica ya se tomó el capuchino y dos conchas. Buen estudiante, recuerdo)

¿Y de qué va su investigación? Se me hace raro que en vez de hacer un cuestionario ande usted con una libreta: parece antropólogo... A usted siempre le gustaron los cuadros y las famosas regresiones. ¿Qué mosca le picó? Pues hay que aprender siempre, Fer, y como no me dejaron hacer cuestionarios en las escuelas, a pesar de que es una investigación en forma y aseguré anonimato y todo eso, he buscado, a través de ex alumnos platicar con muchachos que, como tú, trabajan en estas universidades.

Somos un buen, profe. Casi todos los que conozco salieron de universidades públicas, pero como le dije, una plaza en la UAM o en la del Estado de México está muy difícil. Claro, las condiciones de trabajo serían muy buenas, pero no hay más cera que la que arde, como decía mi padre, y pues acá andamos.

¿Tienes libertad para dar tus cursos? Bueno, en teoría no, pues nos dan el programa y hay que dar las clases como ellos dicen, pero siempre se puede uno hacer un espacio para hablar de lo que de veras importa. Eso sí, con cuidado, pues si un alumno se queja, hay problemas. ¿Investigar? Ya ni la burla perdona, maestro: con que nos den clases nos damos por bien servidos. No nos pagan el tiempo de calificar, ni de preparar las clases: ahí anda uno calificando mientras ve o escucha el fut.

¿Te gusta tu trabajo? Bueno... y se queda callado un rato. Haga de cuenta que tiene dos partes: la primera es que no, porque no tenemos seguridad en el empleo, no hay tiempo para estudiar y sin maestría siquiera pues no hay modo de prosperar y pasarse a una universidad mejor; por otro lado, casi no se puede hablar con los compañeros pues los directores lo acusan a uno de andar grillando, hay que obedecer y muchos estudiantes lo tratan a uno mal: "si yo te pago, pues cuidado y me repruebas..." A veces le digo a mi esposa que me siento como su sirviente, no como un profesional. Esas cosas no son buenas y calan, maestro, calan mucho porque uno no estudió para eso...

Pero hay otro lado de la cosa: tengo trabajo. ¿Se acuerda de Clementina? Me la encontré trabajando en Elektra el otro día, y acuérdese que era muy buena en las clases. Enseñar es muy a todo dar. Habrá estudiantes pesados, pero otros lo saludan a uno con respeto: ¿Cuándo nos vuelve a dar clases maestro Fer? Eso da gusto y, dirá que resulté más idealista que nada, pero siento que así ayudo un poco al país, porque eso sí, profe Gil, la mayoría de los que estudian acá no pudieron entrar ni a la UNAM, ni a la UAM, ni al Poli y mucho menos a la Ibero o a la que tienen los Maristas por mi rumbo: las públicas que le digo casi no tienen espacio y las otras son muy caras. Somos su único chance de aprender y eso, no crea, me da gusto a pesar de los pesares.

Oiga, ya le paramos, ¿no? Tengo que calificar y quiero llegar a ver despierto a mi chiquillo. No se desaparezca, lo recuerdo con gusto aunque era medio neuras con la ortografía y eso de leer mucho. ¿Nunca le dijeron que le decíamos el neuras Gil? No. Pues ahora ya lo sabe. ¿Cuándo lo puedo ver? Me gustaría intentar de nuevo una maestría y ya sabe, siempre piden cartas de recomendación...

Me levanté y antes de poder pagar, se me adelantó: este cafecito va por mi cuenta, y gracias profe. Lo busco en Iztapalapa, porque ya se cambió, ¿verdad? (Sociólogo, egresado de la UAM–Azcapotzalco; versión no literal de la entrevista).

Salió del changarro con ese andar que uno va perdiendo con los años. Al Metro. Yo me quedé un rato haciendo unas notas y entonces pedí otro express y me lo bebí a su salud. ¡Cuánta agua ha corrido en México entre sus veintisiete años y los míos!

 

La transición silenciosa

En el periodo que en el futuro habrá de llamarse entre siglos, del inicio de los noventa a un poco más allá de la mitad de los primeros años del nuevo milenio, han ocurrido en México muchas cosas. Entre ellas, el crecimiento impresionante de las IESPADR3. Philip Altbach, en un recorrido reciente por la ciudad de México sugirió, como lema de nuestra metrópoli, con buen humor y agudeza, el siguiente: "La ciudad con una universidad en cada esquina". Es cuestión de ir por la Calzada de Tlalpan, o por Insurgentes, cerca de la Glorieta del Metro; o, si se prefiere, por los rumbos del Centro o las cercanías de la Central de Abasto.

En otras ciudades del país, en cuanto se baja uno del camión, inician los anuncios que pueden ir desde una sucursal del Tec de Monterrey a bajo costo —Tec milenio— o la Universidad Stanford, campus Temizco en el estado de Morelos.

Llegó la tercera ola, casi toda una "tercera vía" para el flujo de estudiantes en búsqueda de opciones educativas entre el nivel medio superior y la licenciatura. La Tercera Ola, como construcción conceptual típica propuesta por Daniel Levy (1995) ya no es, como la primera, el surgimiento de instituciones privadas en contraposición ideológica con el Estado; ni la segunda que, en síntesis, se orientó por la distinción entre los circuitos de reproducción social de las elites versus la masificación de las opciones públicas y su inestabilidad política. Ahora, desde hace quizá veinte años, estamos en medio de la tercera ola de crecimiento de la oferta privada: se caracteriza por atender a la demanda que las instituciones públicas no aceptan por falta de cupo y de interés en la educación superior como estrategia de inclusión social, y la que no tiene acceso ni económico ni imaginario a las instituciones donde asisten a estudiar las elites cada vez más pequeñas, pero poderosas, de un país quebrado por la desigualdad.

Esta transformación del sistema por el lado de la oferta, frente a una demanda creciente y la renuencia del Estado de hacerse cargo de ella, trasladó a los particulares los costos (si se trata de las familias) o las ganancias muy grandes (si son los empresarios) contribuyendo en la creación de este gran mercado, además de con el recurso a la restricción del cupo en las IES públicas, incrementando la laxitud en la emisión de Reconocimientos de Validez Oficial de los Estudios (RVOE)4 a la que acompañó la proliferación a su vez "generosa" de incorporaciones de estas entidades a universidades públicas.

En pocas palabras, el sector público (estatal y autónomo) creó este segmento del sector privado educativo, en aras de disminuir presión en su demanda, abaratar la inversión estatal en la materia o intentando, al cerrar espacios en las carreras más solicitadas, modificar la orientación de la demanda. Una mezcla de todo esto también es posible. Es casi seguro, lo interesante a dilucidar es el peso de cada uno de estos impulsos en la resultante general.

Y de manera concomitante, al abrirse este espacio de negocios nada despreciable5, se generó un segmento para el empleo en el mercado de trabajo académico. ¿Cómo asegurar ganancias crecientes? Pues abriendo programas baratos en su infraestructura (derecho, contabilidad, administración, psicología, paquetería computacional investida con el nombre de alguna "Ingeniería"...) sin necesidad de laboratorios ni acervos bibliotecarios, cobrando mucho más que las públicas que son muy baratas casi todas, cuasi gratuitas, y mucho menos que las de elite, pero con suficiente margen de ganancia merced al ahorro en inversión – locales precarios, donde lo más caro, a veces, es el anuncio en neón — y los salarios bajísimos y sin condiciones laborales mínimas a sus académicos. Eso es lo que ilustra el caso de Fernando.

 

Algunos datos

Con base en un estudio coordinado por Rocío Grediaga (2004)6 en el que se construyó una muestra nacional de 3,825 académicos de todos los tipos de instituciones. En la siguiente tabla el lector encontrará los tipos con los que trabajé en el estudio, y los valores sobre grados, modalidades y tiempos de contrato.

Tabla 1. Porcentaje de académicos por grado máximo, modalidad de contrato y tiempo de contrato, en los distintos tipos de instituciones

Destaquemos, ya que se trata de ese sub–sector, que en la dotación de personal con doctorado se acerca a cero. El dato de los tecnológicos estatales es desconcertante, pero si es un problema derivado de la muestra– no las hay perfectas— lo que sí es un alto contraste es con el 30% de doctores en las universidades e institutos tecnológicos federales. Lo mismo pasa en cuanto a la definitividad: Las IESPAD tienen en condiciones de temporalidad definitiva (nunca podrán ser definitivos) a más de dos tercios, cuestión que en el sector público en sus tres niveles no alcanza o roza a un tercio. Y los contratos por horas también son abundantes en las IESPAD, pero no pocos en las de elite, quizá por el hecho de tener carreras tradicionales y preferir, no sin razón, involucrar a profesionistas con amplia y reconocida experiencia —abogados, por ejemplo– a los que de ninguna manera les interesa un tiempo completo...

El espacio disponible no permite incorporar más información y comentarla, dado que la sección temática tiene ciertos límites y el autor de este apunte ha preferido ceder espacio a colegas de otras latitudes. Las condiciones clásicas para la carrera académica, en general, son relativamente abundantes en el sector público y en especial en las instituciones federales: mientras que en las privadas de elite, pero sobre todo en las IESPADR, estas condiciones son muy distintas, adecuadas a una especie de mercado de tercera clase.

 

Y sin embargo...

A lo largo de las entrevistas, los profesores contratados en las instituciones claramente de tercera ola en la tipología de Levy, insistieron en dos cosas: lo incómodo que resultaba trabajar en esas condiciones laborales, sin duda, pero para sorpresa quizá de más de alguno, entre ellos yo al momento de escucharlos, el sentido que a su labor le otorgaban y les hacía sentirse estimados y contribuyendo al aprendizaje de sus alumnos.

Un egresado de Ciencia Política de una universidad pública, laborando en tres diferentes IESPAD, decía de una de ellas: "Cada año la universidad reconoce a los mejores profesores en una ceremonia, y yo he conseguido esa distinción varias veces... se trata sólo de un diploma, sin dinero de por medio, pero yo los conservo en casa. Me gusta verlos y mostrarlos a mi familia: cuando mis papás vienen a la casa pueden verlos y se sienten muy orgullosos..."

En esos nichos, como en casi todas las zonas de la vida social, hay sol y sombra. El sentido de la acción lo otorga el sujeto y aún en esas muy malas condiciones de trabajo, la certidumbre de estar haciendo algo significativo persiste. ¿Lo será, en igual proporción, entre los profesores con buenas condiciones en instituciones privadas de elite, o en las estatales y federales?

La segmentación es nítida y no es buena para el país y su sistema educativo superior. No propongo, de ninguna manera, que no sea imprescindible atender a estas instituciones en términos de calidad, de cumplimiento con la ley laboral y muchas otras cosas, pero hay que hacerlo sin la soberbia de que es ahí donde las cosas no marchan bien y la profesión académica es concebida como una pésima decisión. No es así siempre. Y en los otros lados, la satisfacción profesional y el sentido de la vida académica no lo aseguran condiciones distintas, incomparables.

Ese es el reto de abrir ventanas con una mirada sociológica: se arremolinan las preguntas y se abren muchas vetas.

 

Referencias

ANUIES. (1999) Tipología de instituciones de educación superior. México, ANUIES.        [ Links ]

Gil–Antón, Manuel (2007). "Segmentation or diversification? Conditions of Academic Work in Mexico", en Stromquist, Nelly (Ed.): The Professoriate in the Edge of Globalization, Sense Publishers, Published as a part of the Fulbright New Century Scholars Program, Rotterdam/Taipei.        [ Links ]

Grediaga, R. Rodríguez, J, Padilla, L. (2004): Políticas públicas y cambios en la profesión académica en México en la última década, México, DF, ANUIES/UAM.        [ Links ]

Levy, D. (1995) La educación superior y el Estado en Latinoamérica. Desafíos privados al predominio público, México DF, CESU/UNAM y Miguel Ángel Porrúa Ed., México.        [ Links ]

 

Notas

1 Un tratamiento extenso de la situación de los académicos de las instituciones de educación superior privadas que absorben demanda residual, y que viven en condiciones académicas y laborales precarias, puede verse en el texto con el que inician las Referencias, publicado por Sense Publishers.

2 Nunca, me enseñaron mis profesores, es conveniente que un sociólogo emplee adjetivos: llamarlas "patito" o de "calidad desconocida" implica, por un lado, adjetivar o prejuzgar, y, por el otro, asumir que en las públicas y privadas de elite todo es maravilla: falso. En adelante usaré estas siglas para ahorrar espacio. Y me hago cargo de lo inicial de esta clasificación, pues para el sector privado resulta muy polar: o de elite o de absorción de demanda residual, Creo que hay más subdivisiones, alguna de las cuales podrían ser las de orientación confesional no orientadas al lucro o las destinadas a los sectores medios con poder adquisitivo mayor, lo cual formaría un estrato de instituciones de nivel medio en el espectro.

3 En el texto que se publicó en Inglés, como capítulo en un libro, redactado por el que esto escribe, estas instituciones fueron llamadas Non–elite (Higher Education) Private Institutions, y se abreviaron como NEPIs, formando un tipo institucional específico dentro de las IES particulares (Gil–Antón, 2007).

4 Estos reconocimientos oficiales son otorgados por la Secretaría de Educación Pública central, o las de los estados de la federación. Las licencias a través del proceso de incorporación las conceden las universidades públicas.

5 No todas son empresas lucrativas, tal vez. Algunas pueden ser Sociedades Civiles sin fines de lucro, pero todas pasan por ser de este tipo para eludir impuestos. Y de que se trata de un gran negocio valga un ejemplo: una de ellas, que tiene franquicias en toda la ciudad al menos, se anuncia en el intermedio de los partidos de la final del campeonato nacional, cuando cada segundo de publicidad cuesta mucho dinero.

6 Agradezco mucho a mi colega Rocío Grediaga el permitirme trabajar con la base de datos que elaboró con sus colaboradores. De ella es el mérito de haberla construido, y la responsabilidad del empleo que yo hago sólo del que esto escribe. En la muestra de Grediaga se empleó la tipología de la ANUIES (ANUIES, 1999); en el tratamiento que hago a los datos, como se verá, realizo otra manera de agregación.