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Perfiles educativos

versão impressa ISSN 0185-2698

Perfiles educativos vol.37 no.148 México Abr./Jun. 2015

 

Claves

 

Las actividades laborales y extraescolares de jóvenes de la escuela secundaria en la Argentina de principios del siglo XXI

 

Labor and extracurricular activities of secondary school youth in Argentina at the beginning of the XXI Century

 

Ana Miranda* y Agustina Corica**

 

* Coordinadora Académica en el Programa de Investigaciones de Juventud de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Argentina. Doctora en Ciencias Sociales. Investigadora del CONICET. Líneas de investigación: juventud, educación y trabajo (en esta última: gestión y diseño de políticas públicas). Publicaciones recientes: (2014, en coautoría con A. Corica, M. Arancibia y J. Merbilhaá), "Educación+trabajo=menor desigualdad. La inserción educativa y laboral de los egresados 2011", en M. Busso y P. Pérez (comp.), Tiempos contingentes. Inserción laboral de los jóvenes en la Argentina posneoliberal, Miño y Dávila, pp. 123-143; (2013, comp.), Ahata Che: juventud, migración y género en el corredor paraguayo-argentino, Buenos Aires, FLACSO. CE: amiranda@flacso.org.ar

** Investigadora principal en el Programa de Investigaciones en Juventud de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Argentina. Doctora en Ciencias Sociales. Becaria post-doctoral del CONICET. Líneas de investigación: educación y empleo, juventud y familia; evaluación y seguimiento de políticas públicas de educación y juventud. Publicaciones recientes: (2014, en coautoría con A. Miranda, M. Arancibia y J. Merbilhaá): "Educación+trabajo=menor desigualdad. La inserción educativa y laboral de los egresados 2011", en M. Busso y P. Pérez (comp.), Tiempos contingentes. Inserción laboral de los jóvenes en la Argentina posneoliberal, Miño y Dávila, pp. 123-143; (2012), Lo posible y lo deseable. Expectativas laborales de los jóvenes de la escuela secundaria, Buenos Aires, Fundación UOCRA/Editorial Aulas y Andamios. CE: acorica@flacso.org.ar

 

Recepción: 25 de septiembre de 2013
Aceptación: 14 de enero de 2014

 

Resumen

El artículo brinda evidencia de las transiciones entre la educación y el empleo de un segmento particular de la juventud en Argentina: los egresados de la educación secundaria. El análisis se realiza con base en la información producida en el marco del proyecto "La inserción ocupacional de los egresados de la escuela media: 10 años después", un estudio que replica un proyecto anterior desarrollado en 1999. La información en análisis corresponde a periodos caracterizados por situaciones económico-sociales divergentes: el primer proyecto da evidencia de los procesos de inserción ocupacional durante la crisis de principios de 2000 y el segundo da cuenta de estos mismos procesos en un periodo de crecimiento económico y redistribución del ingreso de principios de 2010. Los resultados se presentan de manera comparativa, con la finalidad de aportar al debate sobre las transiciones juveniles en distintos contextos y estrategias económicas.

Palabras clave: Investigación educativa, Educación secundaria, Jóvenes, Trabajo adolescente, Inserción laboral, Educación y trabajo.

 

Abstract

This article provides evidence of the transition from education to employment of a particular segment of youth in Argentina: graduates of secondary education. This analysis was carried out based on information provided during the project entitled "Labor force incorporation of middle-school graduates: 10 years later," a study that replicates a previous project developed in 1999. The information analyzed corresponds to periods characterized by dissimilar socio-economic situations: the first project provides evidence of labor force incorporation processes during the crisis in early 2000 and the second project shows these same processes in a period of economic growth and income redistribution at the beginning of 2010. The results are presented in a comparative fashion, in order to contribute to debate about youth transitions in different contexts and given different economic strategies.

Key words: Educational research, Secondary education, Youth, Adolescent labor, Labor force incorporation, Education and work.

 

Introducción1

Los vínculos entre la educación y el mundo del trabajo suelen ser heterogéneos y expresar las tensiones vigentes en cada momento o periodo histórico. En los estudios del campo existen numerosos acuerdos sobre el carácter cambiante y polisémico de estos vínculos, así como también de su naturaleza contradictoria, que se manifiesta en las intervenciones que se desarrollan en dicho campo, las cuales pueden tener efectos inesperados, no planificados, inclusive opuestos a los previstos (Braslavsky y Filmus, 1987; De Ibarrola, 2004; Gallart, 2006).

Dado que abarca dos campos muy distintos: la educación —el sistema educativo— y el mundo del trabajo y la producción, la complejidad del vínculo subyace al análisis y se manifiesta en distintas formas y espacios. En este sentido, la bibliografía recomienda que un estudio integral debe tomar en cuenta al menos tres fenómenos de forma conjunta: en primer lugar, el nivel de cobertura y de acceso al sistema educativo en el periodo en análisis; en segundo lugar, los aspectos estructurales del mercado de trabajo, tales como la composición sectorial de las ocupaciones, la lógica y la disputa en términos etarios y de generación, entre otros; y por último, la fase del ciclo económico y el modelo productivo vigente en términos de creación de empleo, actividad económica y desocupación (Gallart, 1984). Al mismo tiempo, debe contemplarse el marco de políticas sociales y las regulaciones laborales que acompañan los distintos regímenes y patrones de crecimiento (Miranda, 2007).

Los estudios sobre la transición educación-empleo constituyen una modalidad particular de abordaje e intentan dar cuenta de las tendencias al cambio y a la reproducción social a través del estudio de situaciones socio-históricas concretas. En este marco, se han desarrollado iniciativas que se proponen profundizar en la condición juvenil y en las actividades socialmente disponibles para la juventud. Estas investigaciones señalan que la mayor extensión del ciclo vital, la democratización del acceso a la educación (principalmente de nivel medio) y los cambios a nivel laboral fueron generando una nueva organización del curso de la vida, donde la etapa juvenil ha ganado un significativo espacio e importancia en los proyectos de vida de largo plazo (Casal et al., 2011).

La conceptualización sobre el curso de la vida y el estudio de las circunstancias sociales que tienen vigencia al momento que suceden las transiciones vitales de importancia (educación-trabajo/hogar familiar-hogar propio) ha tenido un muy importante desarrollo. Sus propuestas parten de la incorporación del análisis de la temporalidad y su significación en los acontecimientos que marcan la vida de las personas y contribuyen al proceso de estructuración social (Sautu, 2004). Dentro de esta línea, se ha desarrollado una serie de investigaciones sobre cohortes que atraviesan su inserción laboral durante un periodo de crisis; constituyen obras ya clásicas que brindan evidencia fehaciente sobre los efectos de la coyuntura socioeconómica en las trayectorias laborales y vitales de largo alcance (Jelin, 1976; Elder, 1994). Estos estudios forman el basamento a partir del cual se han expandido los nuevos programas que incorporan la noción de condición juvenil, e intentan ponderar las particularidades del periodo vital que corresponde socialmente a la juventud y su curso biográfico. La definición del efecto "generación", en tanto catalizador de la coyuntura específica que delinea las trayectorias de distintas cohortes de trabajadores, representa uno de los avances entre los distintos enfoques que intentan precisar modalidades predominantes de transición en diferentes periodos y sociedades (Busso y Pérez, 2013).

La transición entre la educación y el mundo del trabajo tiene especificidades en las distintas etapas del ciclo vital; en ellas, las circunstancias políticas, económicas y sociales imprimen efectos diversos. Durante las transiciones, los hitos y rituales sociales van cambiando de sentido y dirección a la luz de las tendencias generales vigentes en diferentes momentos históricos, y pueden expresar, incluso, movimientos inesperados o contradictorios. Por ejemplo, las recesiones económicas de principios del siglo XXI generaron, para la juventud, el entorno de una mayor continuidad educativa (que se ha denominado efecto parking o refugio), que luego puede revertirse rápidamente durante los ciclos, acarreando el desgranamiento educativo en periodos de crecimiento. O, de modo contrario, momentos de crecimiento promueven efectos de llamada a la actividad, los cuales provocan luego la escasez de ciertas calificaciones o perfiles profesionales por el bajo enrolamiento educativo.

Partiendo del debate sobre el vínculo entre la educación y el mundo del trabajo, el objetivo general de este texto es brindar evidencia de las transiciones entre la educación y el empleo de un segmento particular de la juventud en Argentina: los egresados de la educación secundaria. Con ese objetivo se trabajará con la hipótesis de que el sentido y los efectos del trabajo entre los estudiantes de la educación secundaria en Argentina fue modificándose ampliamente durante la última década, en directa relación con la expansión de la protección social y el avance de la inclusión educativa. Más específicamente, con base en la comparación entre las respuestas obtenidas en diferentes contextos históricos, se sostendrá que el marco de crecimiento y protección asociado a la expansión de los derechos entre los jóvenes, ha significado que la actividad laboral de los estudiantes del secundario refuerce el sentido complementario, antes que excluyente, de la actividad educativa; y, asimismo, que este marco ha promovido mayores tendencias a la actividad postsecundaria entre los egresados, sobre todo entre aquéllos que provienen de hogares medios y bajos.

El análisis se realiza con base en la información producida en el marco del proyecto "La inserción ocupacional de los egresados de la escuela media: 10 años después", una réplica de un proyecto que se desarrolló en 1999. Ambos proyectos tienen sede en la FLACSO y financiamiento de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. La información que se procesó corresponde a periodos caracterizados por situaciones económico-sociales divergentes: por un lado, los datos del primer proyecto dan evidencia de los procesos de inserción ocupacional durante la crisis de principios de 2000; por otro lado, los datos del segundo proyecto dan cuenta de estos mismos procesos en el periodo de crecimiento económico y redistribución del ingreso de principios de 2010.

Los resultados se presentan de manera comparativa, con la finalidad de aportar al debate sobre las transiciones juveniles en distintos contextos y estrategias económicas. El texto se estructura en cinco secciones: en el primer apartado se describen los antecedentes sobre la temática; en el segundo se aborda la estrategia metodológica general del estudio; en el tercero se analizan los procesos de inserción laboral de los estudiantes y las actividades extraescolares durante el último año de la educación secundaria; en el cuarto apartado se analiza la relación entre las actividades educativas previas y posteriores al egreso; y por último, se presenta un conjunto de reflexiones y conclusiones sobre los resultados de la investigación.

 

Antecedentes

Hacia finales del siglo XX las problemáticas asociadas a la desocupación juvenil comenzaron a ocupar un lugar de importancia en la agenda de investigaciones de los estudios del trabajo. La expansión del desempleo provocada por las transformaciones del modelo salarial-fordista, y su impacto desigual entre los trabajadores de distintos grupos de edad y nivel educativo, dieron lugar a la aparición de nuevas temáticas y estrategias de investigación al interior del campo laboral. Asimismo, en el campo de los estudios de juventud, en donde hasta ese momento habían sido predominantes los análisis sobre cultura adolescente y grupos desviados (p.e. Coleman, 2008), o los abordajes críticos abocados al análisis de grupos sub-culturales (mods, punks, hippies), se comenzaron a considerar las temáticas relacionadas a la inserción, trayectoria laboral y exclusión social juvenil como ejes centrales en la definición de las condiciones de vida.

La investigación sobre la desocupación y la vulnerabilidad juvenil fue ganando espacio tanto en el campo de los estudios del trabajo como en el ámbito de los estudios de juventud. Las iniciativas se extendieron desde distintas tradiciones y perspectivas teóricas en los campos de la sociología de la educación y del trabajo. Un conjunto de obras, consideradas al día de hoy como "clásicas", pueden ilustrar las influencias más importantes en este proceso; por ejemplo, Los herederos (Bourdieu y Passeron, 2004), Aprendiendo a trabajar (Willis, 1988) o La desigualdad de oportunidades (Boudon, 1983) brindan evidencia de una preocupación que se expresa, desde distintas tradiciones teóricas, por el lugar de los jóvenes en el mundo del trabajo, el estudio de las tendencias al cambio y la reproducción social a través del análisis del vínculo educación-empleo.

En este punto, es necesario advertir que tanto en estas obras como en las investigaciones que las precedieron, el estudio sobre el acceso, la cobertura y desigualdad educativa representan uno de los factores centrales en el análisis de la inserción laboral juvenil. Su centralidad se relaciona tanto con la lógica escolar —con sus tensiones frente a la expansión y selección educativa (en términos de reproducción y resistencia)— como con la influencia de la regulación estatal en el ciclo de vida (extensión de la obligatoriedad escolar y edades mínimas para el ingreso a la actividad laboral). También se relaciona con las oportunidades y estrategias de los jóvenes y sus familias en términos cíclicos y estructurales (estructura de opciones disponibles).

La educación representa el marco, la orientación y las restricciones que operan en el punto de partida de la transición entre la escuela y el mercado durante la etapa de la juventud. Es decir que, como actividad principal, la educación signa el inicio y la inserción laboral plena: la llegada de un recorrido central en el proceso de conformación de la estructura ocupacional. En su conjunto, esto representa un punto singular en el proceso de estructuración social, muchas veces irreversible aun frente al paso de los años. En efecto, durante el periodo que corresponde a la etapa vital de la juventud se producen dos transiciones claves en las condiciones de vida de las personas: la transición entre la educación y el empleo, y el paso del hogar de origen al hogar propio. Ambas expresan las principales tendencias hacia el cambio o la reproducción de los patrones que conforman la estructura social y la organización general de las sociedades.

En esta dirección, los cambios culturales y económicos de finales del siglo XX tuvieron un amplio impacto en la organización del curso de la vida, asociados a la extensión de la etapa juvenil. Justamente, el aumento de la esperanza de vida de la población y el incremento de la escolaridad entre las nuevas generaciones había generado que la juventud se extendiera temporalmente, inclusive hasta pasados los 30 años de edad (entre algunas sociedades de mayor desarrollo económico). En esta dirección, y si bien la definición estrictamente demográfica de la categoría joven estuvo siempre precedida de amplios cuestionamientos, los estudios argumentaron que el paso de la educación al trabajo y los procesos de inserción laboral son más extensos, y que la transición se da de forma heterogénea y desestandarizada. Lo anterior explica por qué ya no puede hablarse de una transición, sino de "transiciones" (Casal et al., 2011).

A partir de este recorrido conceptual, a lo largo del texto se trabajará bajo la presunción de que el paso de la educación (como actividad única) a la inserción laboral plena se produce durante la juventud, y tiene una amplia importancia en el proceso de estructuración social; también se parte del supuesto de que los cambios culturales y económicos han significado un nuevo marco contextual en donde dicha transición tiene lugar, y donde predomina una mayor incertidumbre y diversidad de opciones y alternativas. Asimismo, se presume también que los riesgos y las inseguridades afectan de forma mayoritaria a la juventud que cuenta con menores recursos económicos. Justamente, tanto la bibliografía europea como la latinoamericana han sido consistentes en demostrar que los procesos de cambio y la menor estructuración social han tenido un mayor impacto entre la juventud de menores recursos, consolidándose con ello patrones reproductivos en donde se detectan fuertes tendencias hacia una mayor desigualdad social.

En este marco, a principios del siglo XXI la particularidad del contexto latinoamericano ha ido creando nuevas especificidades en los argumentos sobre las transiciones juveniles que están relacionadas con la expansión de una serie de políticas y acciones gubernamentales destinadas a la protección de jóvenes menores o adolescentes, las cuales han promovido una mayor inclusión y permanencia educativa. Este tipo de acciones se desarrollan desde distintos sectores de la política social, y abarcan la provisión de recursos económicos para los grupos familiares con hijos menores para incentivar la inclusión educativa, el incremento de los controles sobre trabajo infantil, la mayor regulación de las pasantías y las prácticas educativo-laborales, y la nueva legislación sobre trabajo adolescente. El caso argentino refleja la expansión de este marco de protección en un contexto de crecimiento económico que brinda una mayor estabilidad de los ingresos familiares; a ello se agrega la vigencia de una nueva legislación educativa que promueve la obligatoriedad escolar hasta el nivel medio superior, para completar un ciclo de 13 años de escolaridad obligatoria entre los cinco y los 17 años de edad (Ley de Educación Nacional N.26.206).

A continuación se analizan los procesos de inserción laboral en la juventud temprana, partiendo del seguimiento de las actividades laborales y extraescolares de estudiantes del último año de educación secundaria, para luego observar su continuidad durante el primer año del egreso. La información que se utilizó para el análisis es de producción propia y refleja dos coyunturas socioeconómicas muy distintas. En el apartado que sigue se detalla la estrategia metodológica y se presenta el contenido general del proyecto.

 

Presentación del estudio: estrategia metodológica

El interés que despiertan los estudios sobre la transición educación-trabajo se relaciona con la posibilidad de dar cuenta de las transformaciones sociales y las tendencias hacia el cambio y la reproducción de la estructura social a través de historias de vida de sujetos concretos (Cachon, 2000). En este punto, algunas de las preguntas centrales que se plantean son: ¿cuál es el papel de las estrategias individuales, y cuál es la fuerza de las limitaciones estructurales durante la transición entre la educación y el empleo? ¿Cuánto incide la desigualdad educativa y cuál es el peso de la estructura de empleos disponibles en las oportunidades a las que los jóvenes acceden durante su transición?

Los estudios toman en cuenta, de forma combinada, distintos aspectos estructurales que marcan el entorno de las transiciones juveniles. Entre los más importantes destacan:

1. La educación: cuál es el alcance de la escolaridad, cuán desigual es el acceso, cuán segmentada está la oferta educativa, cuál es la distribución de estudiantes entre las distintas carreras y tipos de enseñanza (técnica, humanística, etc.), entre otros factores.

2. El mercado de trabajo: cómo se estructura la oferta y la demanda laboral, cuál es el lugar que se le otorga a las distintas generaciones que participan de la actividad productiva, si existe un ajuste o un desajuste entre el nivel educativo y la calificación laboral, cómo funcionan los distintos segmentos laborales, entre otros factores.

3. Las políticas públicas: cuál es el alcance de la cobertura social del Estado, cuál es la regulación sobre la obligatoriedad educativa y el ingreso a la actividad laboral, si existen programas de becas o retención escolar, así como políticas de apoyo a las transiciones, entre otros.

Frente a estos aspectos de carácter estructural, se presentan también algunos vinculados a la coyuntura en términos socio-históricos. En efecto, el proceso de inserción laboral durante una crisis económica profunda puede tener amplias repercusiones a lo largo de la carrera ocupacional en el largo plazo. De hecho, diversos estudios han demostrado que las generaciones que atraviesan su ingreso al mercado de trabajo en coyunturas adversas tienen menores logros a lo largo de su carrera laboral. De esta forma, para el caso específico de la juventud, las investigaciones contemporáneas toman en consideración aspectos tales como la situación y estrategia económica (crecimiento/recesión), las tendencias en términos de consumos culturales y estilo de vida, el cambio tecnológico y su impacto en los procesos productivos, etc. Estos aspectos contribuyen, junto con los de tipo estructural, a la definición del escenario donde las transiciones juveniles entre la educación y el empleo van teniendo lugar.

Frente a la creciente complejidad en las transiciones entre la educación y el empleo se han tendido a desarrollar —de forma cada vez más extendida— estrategias metodológicas que intentan estudiar o reconstruir las trayectorias o procesos de inserción laboral a partir del estudio de trayectorias de sujetos concretos. La utilización de este tipo de estrategias, sobre todo la del análisis longitudinal, permite reconstruir recorridos biográficos a partir de itinerarios escolares y experiencias laborales, y así dar cuenta de los procesos de estructuración social dinámica (Jacinto, 1996). De esta forma se establecen modalidades de transición preponderantes en diferentes periodos históricos (EGRIS, 2000; Casal et al., 2011).

Los estudios longitudinales pueden desarrollarse a partir de encuestas o entrevistas retrospectivas con base en las cuales se elaboran categorías y/o tipologías de trayectorias (traces studies). Pueden también realizarse estableciendo un punto de partida con base en el cual se realizan encuestas y/o entrevistas de manera diacrónica (follow up studies). Pueden también diseñarse con base en ciertos supuestos sobre agregados poblacionales (cohortes teóricas) a partir de los cuales se realizan comparaciones.2 Dentro de esta corriente, y en el contexto de los cambios y transformaciones estructurales de los noventa provocados por la aplicación de medidas de corte neoliberal, se inició un proyecto de investigación titulada "La inserción ocupacional de los egresados de la escuela media", en el año 1999. El objetivo central de dicha iniciativa estuvo relacionado con una serie de preguntas relativas a la función social de la educación secundaria, y al debate sobre el vínculo entre la educación y el trabajo en el caso especial de la juventud.

El estudio se realizó mediante una estrategia metodológica de corte longitudinal, entre estudiantes del último año de la secundaria. Se trató de un estudio follow-up, a partir de una muestra intencional y segmentada de establecimientos educativos, en donde se aplicó un cuestionario entre 600 jóvenes, para su posterior seguimiento telefónico hasta tres años después del egreso. El saldo general del proyecto fue ampliamente satisfactorio en términos de aprendizaje, producción y transferencia. El estudio brindó amplia evidencia para el debate sobre la función social de la educación secundaria, el apoyo a la educación técnica, y una mayor precisión en el análisis del vínculo entre la educación y el trabajo en etapas de crisis. Sin embargo, los resultados dejaron la certeza de que la complejidad de los procesos de transición juvenil hacía necesaria una mayor amplitud temporal para su estudio. Con esta presunción, y frente al importante cambio de contexto social y económico que se registró en Argentina a partir de mediados de 2000, se propuso la continuidad y la realización de un nuevo panel entre egresados de la educación secundaria. El nuevo proyecto se inició en 2008, se tituló: "La inserción ocupacional de los egresados de la escuela media: 10 años después", y se llevó a cabo mediante un nuevo panel con egresados de 2011. El procedimiento replicó los criterios de selección de establecimientos educativos utilizados en 1999, y con base en dicha muestra, en el año 2012 se procedió a la realización de un seguimiento telefónico de las actividades educativas y laborales de los egresados.3

Con base en el trabajo realizado, en la actualidad están disponibles dos bases de datos con información análoga sobre actividades educativas y laborales previas y posteriores al egreso de la educación secundaria de dos cohortes que ingresaron al mercado laboral en dos periodos diferentes. En el primer caso, se trata de una cohorte que egresó durante el año 1999, en establecimientos educativos de la Ciudad de Buenos Aires, los Partidos del Conurbano Bonaerense (en su conjunto, el Gran Buenos Aires), la ciudad de La Plata y la Provincia de Santa Fe, y que cursó el último año de la educación secundaria con anterioridad a la reforma educativa promovida por la Ley Federal de Educación. En el segundo caso se trata de una cohorte que egresó en el año 2011, en el mismo ámbito territorial pero con el reemplazo de la Provincia de Santa Fe por la de Buenos Aires, y que cursó el último año en que se impartió la educación en la versión del Polimodal.

Ambas cohortes tuvieron experiencias ampliamente divergentes durante el periodo que abarcó su escolaridad: en el primer caso, vivieron un contexto social con amplias dificultades asociadas a la desocupación y al aumento de la pobreza, así como un ambiente "cultural" en donde la política y las ideologías fueron diagnosticadas en fase terminal. En el segundo caso experimentaron una etapa de fuerte recuperación económica, en la cual el Estado comenzó a ocupar un lugar central en la intervención y en las políticas públicas, y donde la "política" en sí misma comenzó a revitalizarse en tanto espacio habilitado de intervención. En esta dirección, y como se señaló, entre las principales ventajas del carácter replicativo de los estudios se halla el hecho de realizar preguntas análogas en dos contextos sociales y económicos divergentes.

Los datos que se analizan a continuación representan los primeros resultados de la fase comparativa. La idea central es trabajar con algunas tendencias que se irán profundizando, pero que se ponen al debate con el objetivo de colaborar en el proceso de análisis general de los resultados del proyecto.

 

Participación laboral y actividades extra-escolares de los estudiantes del último año de la educación secundaria

Entre las primeras temáticas que se abordan se encuentra el debate sobre cuándo efectivamente comienzan los procesos de inserción laboral. Con anterioridad se ha planteado que dichos procesos son cada vez más extensos, y que muchas veces se desarrollan en estadios de "aproximación sucesiva", en donde la educación, como actividad principal, representa un punto de inicio, y la inserción laboral plena expresa el "cierre" de dicha etapa. Sin embargo, más allá del estado general que comparte la juventud por estos días, los procesos de inserción laboral son muy distintos entre los grupos sociales y de género. El momento de inicio, su intensidad y el nivel de dependencia de los ingresos laborales presentan fuertes antecedentes entre hombres y mujeres según sean las características socioeconómicas de su hogar de proveniencia.

Los indicadores clásicos del mercado de trabajo muchas veces pueden representar fenómenos poco transparentes, sobre todo si son analizados de forma aislada o fuera de contexto. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) dan cuenta de distintas situaciones. Justamente, si bien los periodos en análisis cuentan con marcos normativos que no son análogos en lo que hace a las edades mínimas habilitadas para el ingreso a la actividad laboral y en la obligatoriedad educativa, en el seguimiento de las tasas se hace evidente la necesidad de considerar varios factores de forma simultánea, de manera que sea posible abarcar la complejidad del proceso durante toda la serie. Entre los primeros años (1996-2002) la tendencia es a la baja de la actividad laboral y el escaso número de adolescentes ocupados; en cambio, en los últimos años (2004-2012), los indicadores laborales están asociados a los efectos complementarios y opuestos que se presentan entre actividad/inactividad-oferta de ocupaciones-participación educativa.

La Tabla 1 permite observar ese movimiento a través de una serie que representa al conjunto de los aglomerados urbanos en Argentina. El primer año exhibe la situación durante el periodo de la convertibilidad (un año después de la crisis denominada "tequila") previa a la implementación de la obligatoriedad educativa hasta los 15 años de edad.4 En ese momento destaca una mayor búsqueda de ocupaciones, una alta inactividad absoluta y una menor asistencia escolar. Más adelante, y junto con el avance de la crisis del año 2001, la actividad baja, así como el empleo; se incrementa la inactividad y, como contraparte, se produce un crecimiento de la asistencia educativa. Posteriormente, y como correlato de la recuperación económica, suben la actividad y el empleo, y la actividad laboral vuelve a competir con la escolaridad, la cual alcanza los mayores porcentajes en los últimos dos años de análisis (2010-2012). Este periodo corresponde a la implementación de la Asignación Universal por hijo (AUH),5 política que impactó positivamente en la población, mejorando los indicadores sociales.6

Ahora bien, frente a los distintos contextos descritos sigue vigente un debate sobre la importancia de las experiencias tempranas de inserción laboral, ya que éstas muchas veces son cuestionadas por establecer cierta competencia con el tiempo de dedicación propio de una formación escolar. En este sentido, resulta interesante poner en juego estos supuestos con base en las experiencias concretas de los estudiantes del secundario. Con ese objetivo, en este apartado se caracterizan las experiencias de inserción al mundo laboral que tuvieron los estudiantes de las cohortes 1999 y 2011, con énfasis en los indicadores asociados a la condición de actividad, el nivel ocupacional y la intensidad de las ocupaciones.

Los resultados del proyecto muestran que la inserción laboral de los estudiantes de los últimos años de la educación secundaria sigue siendo un fenómeno relevante y caracterizador de los jóvenes, independientemente de los contextos en los que les ha tocado pasar por esta fase de la condición juvenil. En efecto, si bien la desocupación (jóvenes que buscaron o buscan ocupación) ha ido disminuyendo entre 1999 y 2011 en porcentajes importantes, tomados en su conjunto aún siguen siendo relativamente altos.7 Sin embargo, las diferencias entre ambos contextos se presentan al observar los procesos de inserción laboral de los estudiantes según el sector social al que pertenecen, sobre todo en la proporción de los alumnos que están ocupados en los sectores medios (de 34.1 a 22.9 por ciento). Si continuamos con la comparación entre ambas cohortes, considerando el sector social de la escuela, se observa que es menor el porcentaje de estudiantes de sectores altos ocupados en 2011 (de 15.1 a 8.8 por ciento) y que, por el contrario, en los sectores bajos dicho porcentaje es mayor (de 29.6 a 27.3 por ciento).

Tabla 2

Asimismo, y considerando los datos por sexo, se destaca que la participación en el mercado de trabajo de los estudiantes varones es mayor que la participación laboral de las estudiantes mujeres. A su vez, la participación laboral es mayor entre los jóvenes varones de los sectores bajos que entre los sectores medios y altos. Es decir que se da un comportamiento diferente entre varones y mujeres, semejante a los patrones tradicionales de género, donde el hombre es el proveedor y sostén del hogar y la mujer cumple la función reproductiva y, por lo tanto, inactiva (Miranda, 2010). A ello se suma la desigualdad social entre los distintos sectores sociales.

Tabla 3

Una diferencia significativa se expresa también en la proporción de estudiantes que han trabajado alguna vez. En la comparación entre cohortes se registra un aumento en el porcentaje de jóvenes que tienen alguna experiencia laboral previa al egreso (de 31.2 a 34 por ciento). En este sentido, los datos pueden estar señalando que el proceso de inserción laboral de los y las jóvenes estudiantes de la escuela media se da cada vez más como estadios de "aproximaciones sucesivas", es decir, que acumulan distintas experiencias laborales a lo largo de su carrera educativa. Ahora bien, el incremento —aunque leve— se da únicamente entre los jóvenes de los sectores bajos, y que han trabajado anteriormente (de 45.8 a 50.6 por ciento). La nueva coyuntura económica y la apertura de oportunidades laborales en un nuevo contexto social podrían estar permitiendo a este sector social más posibilidades laborales.

Por otro lado, destaca el hecho de que en 2011 se da una mayor propensión a la búsqueda de ocupaciones a edades más tempranas. Esta situación diferencial puede estar relacionada con la particularidad de la composición de la muestra de escuelas de la cohorte 2011, que incluye más estudiantes de escuelas agrarias; estos estudiantes comienzan a trabajar —mayoritariamente— entre los 14 y 15 años.8 Pero también hay que destacar que esta situación particular se da en un contexto de crecimiento económico, como se señaló anteriormente, donde hay más oportunidades de conseguir trabajo, pero ahora en un nuevo marco normativo laboral de protección del trabajo adolescente.9

Tabla 4

Frente a la consulta sobre las principales razones por las cuales durante la secundaria se ingresa a la actividad laboral, el hecho de solventar sus gastos personales es un punto central, así como aprender y adquirir experiencia laboral; en tercer lugar aparece la necesidad de mantener/ayudar con los gastos del hogar. Como surge de los datos relevados, el porcentaje de aquéllos que en 2011 dicen trabajar para mantener o ayudar a mantener el hogar disminuye de 16.1 a 13.7 por ciento; el de quienes afirman trabajar para solventar sus gastos personales aumenta significativamente en 2011 de 49.9 a 65.8 por ciento, mientras que al mismo tiempo disminuye 6 puntos porcentuales el porcentaje de aquéllos que afirman trabajar para aprender o adquirir alguna experiencia laboral. Frente a la evidencia, se considera que estos cambios son parte de un mejoramiento de la situación económica general de sus familias (incluido el acceso a la Asignación Universal), pero también son resultado de cambios en los proyectos de vida de los jóvenes.

Tabla 5

Efectivamente, al observar esos datos por sector social, se puede interpretar que los proyectos de vida son diferenciales entre los distintos grupos de estudiantes: en los jóvenes de sectores bajos destaca el mayor porcentaje vinculado con los motivos de "mantener y/o ayudar en el hogar", razones que pueden estar vinculadas con la maternidad/paternidad temprana o con las carencias del hogar de origen. Mientras tanto, entre los estudiantes de los sectores medios prevalecen los motivos como "solventar gastos personales", que les otorgaría una mayor independencia económica. Inclusive, es llamativa la distribución porcentual de las razones de por qué trabajan los jóvenes de los sectores altos: entre los jóvenes de este sector social, los motivos están más vinculados con "aprender/adquirir alguna experiencia", es decir, acumular antecedentes laborales que generalmente tienen que ver con sus estudios universitarios (Corica, 2012). En estos casos el trabajo está asociado a la carrera profesional más que a las necesidades básicas de sustentación e independencia. Por otro lado, entre los jóvenes de los sectores bajos se registra un aumento en cuanto a las razones por las cuales trabajan, vinculadas con adquirir alguna experiencia (de 1.9 a 20 por ciento). En este grupo social, en cambio, el trabajo se asocia con aprender un oficio, más que con experiencias profesionales. Claramente las razones por las cuales los jóvenes trabajan son distintas según el sector social y cambian de un contexto y a otro. Esta diferenciación da cuenta de que el trabajo ya no pareciera ser excluyente, sino complementario a los proyectos de vida.

Otra de las características de los trabajos de los estudiantes de la investigación indica que los jóvenes de ambas cohortes desempeñan/desempeñaban en su mayoría trabajos no jerárquicos en el sector privado y trabajos por cuenta propia. Si se analizan los tipos de contratos laborales que tienen los que trabajan se puede ver que existen diferencias entre ambas cohortes: entre la cohorte de estudiantes de 1999 los contratos se concentraban mayormente en trabajos por tiempo indeterminado (43.8 vs. 29.6 por ciento en 2011) mientras que en la cohorte de estudiantes de 2011, los trabajos se concentran en contratos temporales (39.1 vs. 29 por ciento en 2009). A su vez, entre los estudiantes de la cohorte 2011 el porcentaje de experiencias laborales tipo "changas"10 es mayor que en la cohorte de 1999.

Tabla 6

El aumento del trabajo temporal y de las "changas" en 2011 se manifiesta en todos los grupos sociales y es particularmente importante entre los jóvenes de sectores sociales altos (de 33.3 a 50 por ciento); sin embargo, dicho aumento también se da entre los sectores medios y bajos. La disminución de contratos de trabajo permanente y el concomitante aumento del trabajo temporal y de las "changas" en 2011 parece indicar que, en una situación de crecimiento económico, el trabajo pasa a ser complementario entre los estudiantes de la secundaria. La continuidad educativa en estudios universitarios se convierte en prioritaria y potencia la futura inserción laboral en un contexto de mayores oportunidades de desarrollo.

Por último, al considerar la carga horaria laboral que tienen los que trabajan, vemos que ésta es muy distinta entre ambas cohortes. La cohorte 1999 trabajaba más horas que la cohorte 2011: en 1999, alrededor de 51 por ciento de los jóvenes entrevistados de los niveles socioeconómicos bajo y medio que trabajaban desempeñaban tareas que implicaban una carga horaria de entre 16 y 35 horas semanales; en 2011 esta tasa se reduce a 45.4 por ciento, mientras que el ejercer trabajos de hasta 15 horas semanales aumentó de 49 a 66 por ciento. Una vez más, de los datos surge que la cohorte de 1999 se encontraba en un contexto más desfavorable para sostener la asistencia escolar y, por lo tanto, el trabajo aparece como un factor que excluye las posibilidades de educación para estos jóvenes.

Tabla 7

En síntesis puede afirmarse, tomando en cuenta la edad de inserción al primer trabajo, los tipos de trabajos desempeñados por los estudiantes de ambas cohortes, así como la carga horaria asumida, que las características estructurales de inserción laboral entre los jóvenes que están por egresar de la escuela secundaria son tendencialmente distintas en cada uno de los contextos analizados. Con base en los datos de estos indicadores es posible plantear la hipótesis de que en condiciones de crecimiento económico y de cambios estructurales en los sistemas educativo y laboral, así como de apoyo a las familias a través de determinadas políticas sociales (Asignación Universal por Hijo), la tendencia a realizar experiencias de trabajo y de inserción laboral temprana a tiempo completo tienden a disminuir progresivamente y a revertirse en su contrario, es decir, hacia una permanencia más prolongada en los sistemas de formación secundaria y terciaria. Por lo tanto, en el contexto de mejoramiento de las condiciones socio-económicas de la cohorte 2011 se refuerza el carácter complementario de ambas actividades (educativa y laboral), el cual brinda la posibilidad de la continuidad educativa y de ir ganando algo de autonomía y responsabilidad.

Otra de las actividades que compiten con la educación son las actividades extra-escolares que realizan los jóvenes en su vida cotidiana; se trata de actividades cotidianas que repercuten en el tiempo dedicado a los estudios. Se afirma, como en investigaciones anteriores, que todos los estudiantes realizan alguna actividad extra-escolar; sin embargo, la intensidad con la que realizan estas actividades es el factor diferenciador (Miranda y Corica, 2008). En este sentido, con los datos procesados se corrobora que las mujeres de sectores bajos son las que realizan con mayor intensidad actividades domésticas en comparación con el resto de los jóvenes. Este contraste está fuertemente asociado con el papel deferencial de las mujeres al interior de las estrategias reproductivas familiares en los distintos grupos sociales (Gallart, 1992).

Tabla 8

Con base en la información analizada se puede concluir que el vínculo educación-trabajo está mediatizado por factores económicos, sociales, culturales y políticos, y por lo tanto, esta relación sólo puede ser analizada frente a una situación socio-histórica concreta. En este sentido, los resultados de investigación dan cuenta de que en un contexto de recesión o crisis económica este vínculo se da de forma excluyente entre los estudiantes de la escuela secundaria; en cambio, en momentos de crecimiento económico el trabajo puede convertirse en una actividad complementaria a la educación.

 

Actividades durante el primer año de egreso

La investigación continuó con el registro de las actividades al primer año de egreso con el objetivo de analizar cómo se da el proceso de inserción social y laboral entre los egresados de la escuela secundaria. En este marco, otras investigaciones han señalado que los jóvenes van construyendo su trayectoria combinando recursos y oportunidades, en un marco cambiante y de creciente complejidad. El contexto actual se caracteriza, además, por los procesos contemporáneos de fragmentación e individuación, en los cuales los individuos se van convirtiendo en "administradores de sus propias biografías". Es por eso que se considera que las trayectorias laborales y educativas futuras de los jóvenes egresados de la escuela secundaria adquirirán distintos rumbos según las "elecciones" individuales y las oportunidades que ofrece el contexto.

En este sentido, se les preguntó a los egresados de ambas cohortes qué estaban haciendo al año de haber egresado. Las respuestas obtenidas se exponen en una lógica que muestra cómo en los distintos contextos socio-económicos, los y las jóvenes realizan distintas actividades según el sector social al que pertenecen: la continuidad educativa de nivel superior es propia de los sectores medios y altos; en cambio, la inserción laboral como actividad principal es de los sectores bajos. Sin embargo, existen matices entre ambas tendencias que dan cuenta de que la continuidad educativa y la inserción laboral pueden ser complementarias y, a la vez, sustitutas. Son complementarias porque muchos jóvenes, sobre todo quienes forman parte de los sectores medios, las realizan de forma simultánea, al tiempo que son sustitutas o excluyentes entre los jóvenes que asisten a carreras y universidades de mayor prestigio y estatus social (Bourdieu y Passeron, 2004). En esta dirección, los resultados del estudio son contundentes en demostrar que la continuidad educativa es muy superior entre los jóvenes que provienen de grupos familiares de mayores recursos económicos, y que esta proporción es de alguna manera "independiente", o "inmune", a periodos de crisis o de crecimiento económico. Es decir que el porcentaje de los jóvenes de este sector social que estudian al año de haber egresado es estable en ambas mediciones.

La situación es bien distinta entre los grupos del sector medio y bajo. Entre ellos, las crisis y los periodos de crecimiento tienen impactos diferenciales: entre los del sector medio, el crecimiento económico y la mayor estabilidad de los ingresos familiares promueven un clima en donde las prácticas hacia la continuidad educativa de nivel superior como actividad principal se van extendiendo, y sus conductas se van homologando a las de los grupos de mayor poder económico. Como puede observarse en la Tabla 9, el incremento de los jóvenes que estudian entre los grupos de ingreso medio es muy importante, y se hace especialmente notorio entre quienes estudian como actividad principal (un porcentaje que va de 22.4 a 38.3 por ciento). Entre los jóvenes de los sectores bajos también se da un incremento de los que continúan estudiando al mejorar las condiciones, ya que lo hacen en mayor medida de forma exclusiva (20.3 a 24.5 por ciento entre las mujeres y de 14.4 a 29.3 por ciento entre los varones).

Ahora bien, se registran comportamientos distintos en cuanto a las actividades que realizan las mujeres y los varones de los sectores medios y bajos: la continuidad educativa es una de las tendencias generales propiamente femenina; sin embargo, se registra un incremento en la asistencia a establecimientos educativos entre los varones. Por el contrario, disminuye la participación laboral entre los varones y aumenta o se mantiene constante la participación de las mujeres 11 en el mercado de trabajo entre ambas cohortes (Tablas 9 y 10). Asimismo, destaca un dato significativo: el aumento de la proporción de los jóvenes varones que no estudian ni trabajan en los sectores medios y bajos, que puede deberse a una prolongación en las decisiones, inclusive un sentimiento de mayor incertidumbre e inseguridad sobre qué hacer después del secundario.12 Se puede pensar, siguiendo la línea de análisis desarrollada, que el primer año de egreso es un año de definiciones, más difícil de transitar e inclusive —para algunos— es un año de finalización del secundario (por ejemplo, para los que se llevan materias, puesto que terminan de rendirlas a mitad del año siguiente). Esta situación da cuenta de que la finalización del secundario y la inserción laboral, o la continuidad de estudios superiores, se da de forma más alargada,13 e inclusive reflexiva frente a las distintas alternativas y/u oportunidades a elegir. Una de las cuestiones que surgen de anteriores investigaciones es la diversidad de oportunidades educativas y laborales que se les presentan a los jóvenes una vez finalizados sus estudios secundarios (Corica, 2012).

Los datos registrados al primer año de egreso demuestran que existen distintas modalidades de transición que no sólo tienen que ver con la condición de género, sino que difieren según los grupos sociales y, fundamentalmente, que son influenciadas por los distintos contextos económicos analizados.

 

Comentarios finales

En la introducción se planteó que la transición entre la educación y el mundo del trabajo tiene especificidades en las distintas etapas del ciclo vital en las cuales las circunstancias políticas, económicas y sociales imprimen efectos diversos. En esta dirección, y con el objetivo de "historizar" el análisis del vínculo entre la educación y el trabajo, a lo largo del texto se trabajó con la hipótesis de que el sentido del trabajo entre los estudiantes de la educación secundaria en Argentina se ha ido modificando durante la última década, en un contexto de expansión de la protección social y el avance de la inclusión educativa. Esta hipótesis fue formulada como parte de un programa de investigación basado en la elaboración de paneles de estudiantes de la escuela secundaria a partir de la aplicación de la técnica follow up, de seguimiento de egresados.

La evidencia empírica que se presentó se obtuvo principalmente a partir del desarrollo de un seguimiento de las actividades postsecundarias de dos cohortes que experimentaron la transición entre la educación y el mercado de trabajo en dos contextos socioeconómicos muy distintos: por un lado, una cohorte que cursó la educación secundaria durante la recesión económica de la segunda mitad de los años noventa y que egresó en el transcurso de una de las peores crisis por las que ha atravesado nuestro país: cohorte 1999. Por otro lado, un conjunto de egresados que fueron protagonistas de la implementación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) durante su escolarización y que egresaron en un contexto económico favorable: cohorte 2011.

En la información primaria en análisis se pudo observar que en la cohorte 2011 hay una menor proporción de estudiantes en actividad laboral durante el último año de la educación secundaria respecto de 1999, es decir que menos jóvenes trabajaban al mismo tiempo que asistían a la escuela. Al mismo tiempo, se pudo comprobar que más jóvenes tienen experiencias laborales previas al egreso, especialmente entre los de sectores bajos. La combinación de ambos fenómenos da cuenta de un proceso de inserción laboral por "aproximaciones sucesivas", es decir, por experiencias esporádicas y discontinuas, que no necesariamente implican un abandono de la actividad escolar. En efecto, en las investigaciones anteriores se pudo advertir que la actividad laboral de la juventud en un contexto de crisis implicaba, muchas veces, el abandono educativo, y a partir de este nuevo estudio se podría pensar que este proceso puede estar modificándose vía la promoción de la escolaridad generada en los últimos años por las políticas sociales y educativas.

En lo que se refiere a las características de los distintos trabajos que tienen los jóvenes estudiantes del último año de la escuela secundaria que componen la muestra, los resultados concuerdan con lo que han señalado otras investigaciones del campo: estos estudios han sido contundentes en demostrar que las experiencias laborales juveniles son muchas veces inestables, precarias y de pocas horas, razón por la cual la inserción laboral ha dejado de ser un camino directo y homogéneo para convertirse en un "proceso" de marchas y contramarchas con amplia heterogeneidad (Jacinto, 2010).

Haciendo una revisión de las actividades anteriores y posteriores al egreso se pudo corroborar que el trabajo adolescente cumple funciones sociales diferenciadas, en directa asociación con el contexto social y económico donde tiene lugar. En los hallazgos de la primera investigación, realizada en una coyuntura de crisis, se había observado que la educación secundaria representaba el "último refugio" de reconocimiento frente a la escasez de opciones laborales y que el trabajo se realizaba principalmente para aportar a la canasta familiar (Filmus, et al., 2001). En los resultados del segundo estudio, en cambio, se pudo corroborar que en momentos de crecimiento económico e incremento de la protección social, el trabajo puede convertirse en una actividad complementaria a la participación educativa. Todo ello, podría pensarse, estaría generando un vínculo más placentero con el trabajo, produciéndose una potenciación de la búsqueda vocacional y del dinero de bolsillo (antes que el aporte para el sustento familiar). No obstante, y a pesar del crecimiento y la mayor protección, las actividades extra-escolares siguen siendo un factor diferenciador por género: las mujeres de los sectores bajos son las que llevan adelante estas actividades con mayor frecuencia que el resto de los jóvenes; esto es, los patrones tradicionales de género siguen vigentes entre este grupo de jóvenes.

En lo que se refiere a la actividad educativa postsecundaria, se ha verificado, en la comparación entre ambas muestras, que aumenta la proporción de jóvenes que continúa estudiando durante el primer año de haber egresado de la escuela secundaria. Sin embargo, también se constató que existe mayor incertidumbre sobre el futuro y, por lo tanto, la continuidad educativa y la inserción laboral podrían tender a alargarse en el tiempo, y se profundizaría la menor linealidad que caracterizaba el pasaje a la vida adulta; este fenómeno, por lo tanto, se presenta como una clave de la continuidad de la investigación desde una perspectiva biográfica y a través de estudios longitudinales.

Finalmente, es posible sostener que los primeros resultados del estudio muestran que en un contexto de crecimiento económico las orientaciones son positivas en la mayor permanencia educativa y en la inserción laboral. La continuidad de la investigación permitirá especificar el abordaje de estos procesos, de forma que sea posible brindar evidencia acabada de la importancia de una estrategia económica inclusiva y del desarrollo de políticas que aporten a transiciones de acumulación, disminución de desventajas y la terminalidad de la educación secundaria.

 

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Notas

1 Las autoras agradecen muy especialmente los aportes de dos evaluadores anónimos, los cuales brindaron contribuciones de gran importancia para la elaboración final del texto.

2 En términos generales, las cohortes se definen como un conjunto de unidades de observación (individuos, uniones, hogares, etc.) que experimentan un determinado acontecimiento en un mismo periodo. La observación retrospectiva es la que permite reconstruir la historia de las cohortes y el análisis longitudinal es la observación diacrónica de cohortes reales (Torrado, 2005). En el caso específico de los estudios de juventud, las cohortes se definen en relación a la edad biológica, la cual funciona como un indicador del tiempo histórico en el cual sus integrantes viven o vivieron su "juventud", de manera análoga al concepto de generación.

3 La selección de los estudiantes se realizó a partir de la elaboración de una muestra de establecimientos educativos de carácter intencional y no probabilístico. La definición de la muestra correspondió con la envergadura del financiamiento con el que se contó en cada caso. El carácter no probabilístico agregó gran complejidad en la lectura de la información en análisis, ya que los valores de las respuestas obtenidas tienen valor como tendencias comparativas en el interior de cada una de las muestras. En efecto, si bien en la estrategia de selección de establecimientos se utilizaron los mismos criterios, el cambio en el contexto social y en la lógica escolar de los establecimientos educativos ha implicado que los resultados no sean comparables en términos estrictos, en tanto tasas o promedios elaborados con muestras probabilísticas. En la selección de establecimientos educativos se trabajó a partir de los criterios clásicos que se utilizan para el análisis de la segmentación educativa. Siguiendo la tradición de los estudios del campo de la sociología de la educación se distinguieron tres segmentos (bajo, medio, alto) tomando en cuenta los siguientes indicadores: a) infraestructura escolar; b) titulación de los docentes; y c) características socioeconómicas de la población que asiste. Nótese aquí un segundo recaudo: la población sobre la que se aplicó el seguimiento representa una porción parcial del grupo de adolescentes o jóvenes menores, que son aquellos/as que están cursando el último año de la educación secundaria, por lo cual las tendencias detectadas son sólo válidas para este grupo particular. El número de escuelas que formaron parte de la muestra fueron 18 en la cohorte 1999 y 19 en la cohorte 2011. La distribución por sector social fue análoga entre las dos cohortes (1999 y 2011). En cuanto a la cantidad de alumnos encuestados, en la cohorte 1999 se logró encuestar a 594 alumnos, de los cuales 40 por ciento son de sector bajo, 38 por ciento de sector medio y 20 por ciento del sector alto. En la cohorte 2011 se encuestó a 538 alumnos y la proporción por sector social fue análoga.

4 La reforma en la modalidad de organización de ciclos y niveles educativos prevista por la Ley Federal de Educación 25.195 se comenzó a implementar en la Provincia de Buenos Aires en el año 1997.

5 Véanse algunos trabajos empíricos sobre la Asignación Universal por Hijo en Agis et al., 2010; y Mauricio y Perrot, 2011.

6 La mejora también puede observarse en que a lo largo del periodo en análisis los jóvenes de entre 15 y 18 años que no estudian ni trabajan disminuyó de 22.2 a 9.2 por ciento.

7 La desocupación en esta franja etárea resulta ser alta en relación a los otros grupos poblacionales activos, ya que se considera que los primeros años de inserción laboral se da a través de un "proceso coyuntural" que implica rotación laboral y etapas de inactividad.

8 En la selección de las escuelas se consideraron, además, la modalidad educativa y la localización geográfica. En el primero de los casos debe tomarse en consideración que entre ambas investigaciones hubo importantes modificaciones en la organización de los ciclos, niveles y modalidades educativas. En este sentido, la cohorte 1999 relevó a estudiantes que cursaron el último año de la organización educativa previa a la Ley Federal de Educación (Ley 24.195/93), en la cual la educación secundaria se organizaba en distintas modalidades postprimarias, entre las cuales tenían mayor difusión: bachiller, comercial y técnica. En la cohorte 2011 se encuestó a estudiantes que cursaban regímenes distintos: por un lado, en la Ciudad de Buenos Aires la continuidad del régimen previo a la Ley Federal (ya que su estructura nunca fue modificada), y por otro lado, la última cohorte del Polimodal en la Provincia de Buenos Aires. Por lo tanto, la cantidad de escuelas por modalidad en la cohorte 1999 son: 7 escuelas de modalidad Bachiller, 3 de modalidad Comercial, 7 de modalidad Técnica y 1 de modalidad Agraria. En la cohorte 2011 la modalidad de las escuelas que formaron parte de la muestra fueron: 11 escuelas de modalidad Bachiller, 5 de modalidad Técnica, 2 de modalidad Agraria y 1 modalidad Artística.

9 La inserción laboral de los estudiantes de la cohorte 2011 se da en una nueva regulación del trabajo de los jóvenes menores de 18 años. Específicamente, la ley N°26.390, sancionada en el 2008 sobre la Prohibición del trabajo infantil y protección del trabajo adolescente es la que determina la edad de vinculación laboral, elevando la edad mínima de admisión al empleo a 16 años. Asimismo, la Ley 26.727, sancionada el 21 de diciembre de 2011 sobre el trabajo agrario, constituye la única excepción a la posibilidad de contratar menores de 16 años, ya que permite el trabajo de adolescentes entre los 14 y 16 años en empresas familiares, siempre y cuando se asegure su asistencia a la escuela.

10 Una "changa" son trabajos esporádicos y precarios. Son considerados también trabajos ocasionales o de "subsistencia".

11 Estudios actuales señalan que las oportunidades laborales de los jóvenes son espontáneas y muchas de ellas por incorporación al trabajo familiar. Estas oportunidades son más frecuentes entre quienes empezaron a trabajar a edad más temprana, y particularmente entre las mujeres (Jacinto y Chitarroni, 2010). Por lo tanto, según los datos registrados en la investigación, pareciera que el contexto económico de 2011 favoreció la incorporación de las mujeres jóvenes al mercado de trabajo.

12 Esta idea se fundamenta en los resultados obtenidos en el proyecto de investigación sobre las expectativas futuras, es decir, qué piensan hacer cuando egresen de la escuela secundaria. Entre las respuestas dadas por los estudiantes destaca que la indecisión sobre el futuro aumenta entre ambas cohortes, pasando de 1 a 7 por ciento.

13 Es decir, que los jóvenes se toman más tiempo en decidir qué hacer. Inclusive algunos jóvenes el primer año de egreso del secundario lo consideran un año sabático para pensar en qué estudiar y/o de qué trabajar.

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